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viernes, 15 de octubre de 2010

El fanático y el cínico


Ética: cuestiones fundamentales
, un libro pequeño y jugoso de Robert Spaemann del que se ha publicado la novena edición hace pocos meses, está compuesto por una serie de ocho charlas radiofónicas con estos títulos: «¿son relativos el bien y el mal?», «educación o el principio del placer y de la realidad», «formación o el propio interés y el sentido de los valores», «justicia o yo y los otros», «¿el fin justifica los medios?», «¿hay que seguir siempre la conciencia?», «¿qué convierte una acción en buena?», «serenidad o actitud ante lo que no podemos cambiar».

A este último capítulo pertenece lo siguiente: «El fanático es aquel que está afincado en la idea de que no existe más sentido que el que nosotros damos y ponemos. Si conoce el hecho de que quien actúa se enfrenta a la hegemonía del destino, entonces se niega a aceptarlo. Quiere variar las condiciones ambientales o irse a pique. Michael Koolhaas se convierte en un fanático. No está dispuesto a aceptar su impotencia ante la injusticia que sufre, y pone fuego al mundo para que el derecho vuelva a ser implantado. Fanático es el revolucionario que no reconoce límites morales a su proceder, porque parte de la idea de que sólo gracias a éste adquiere sentido el mundo; el punto de vista moral parte, en cambio, de que el sentido está ya ahí, en la existencia de cada hombre, y de que, si no fuera así, serían vanos todos los esfuerzos de hacer algo con sentido. El fanático es aquel que exclama con Hitler: si fracasamos, la historia mundial ha perdido su sentido.

Lo contrario del fanático es el cínico, aunque de un parecido tan sorprendente que, en la práctica, se confunden. El cínico no adopta el partido del sentido contra la realidad, sino el de la realidad contra el sentido, renuncia al sentido. Considera la acción bajo el aspecto del acontecer mecánico. Cree en el derecho del más fuerte. (...) El cínico es inaferrable porque ha tomado de antemano el partido de la realidad falta de sentido. El fanático tiene, por así decirlo, espuma en la boca; el cínico, ironía. A menudo, después de algún tiempo, el fanático se convierte en cínico, justamente cuando ha experimentado el poder de la realidad que él combate. En el fondo, ambos están de acuerdo, desde el principio, en que la realidad que rodea nuestras acciones, que les sirve de presupuesto y en la que desembocan, no tiene sentido».

Robert Spaemann. Ética: Cuestiones fundamentales (Moralische Grundbergriffe, 1982). Pamplona: Eunsa, 2010, 9ª ed.; 136 pp.; col. Astrolabio; trad. de José María Yanguas; ISBN: 978-84-313-2335-6.

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