Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Nota: 'Una interiorización radical' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta

domingo, 22 de noviembre de 2009

Una interiorización radical


Robert Spaemann:
«La indignidad es una característica que sólo poseen las acciones y las actitudes de las personas, esto es, de seres libres de los que esperamos un cierto grado de dignidad para que no nos produzcan una sensación penosa ni vergüenza ajena. El resentimiento, el odio, el fanatismo son actitudes intuitivamente opuestas a la dignidad, y humillar intencionadamente a alguien más débil que nosotros es una acción igualmente indigna que arrastrarse ante alguien más fuerte. La dignidad del hombre es inviolable en el sentido de que no puede serle arrebatada desde fuera. Sólo uno mismo puede perder la propia dignidad. Los demás solamente pueden vulnerarla no respetándola. Quien no la respeta no quita al otro su dignidad, sino que pierde la suya propia. No fueron Maximiliano Kolbe ni el P. Popieluszko quienes perdieron su dignidad, sino sus asesinos.

Lo que, con todo, sí que se puede quitar a los demás es la posibilidad de manifestar dignidad. Cuando el derecho romano prohibía que se crucificase a ciudadanos romanos no era solamente porque la muerte en la cruz era más dolorosa que la decapitación, sino sobre todo porque forzaba al ejecutado a adoptar una postura que lo exponía a las miradas de todos sin la posibilidad de ningún tipo de automanifestación. El ejecutado se ve confrontado con otros sin que, por su parte, esa confrontación tenga el carácter del mostrarse que resulta esencial para la comunicación personal. La situación es objetivamente indigna.

También la costumbre de la exposición en la picota tenía el sentido de entregar al reo a las miradas de todos en una situación de indignidad objetiva. El arte cristiano se ha ejercitado una y otra vez de forma siempre renovada en este “asunto repulsivo” (Goethe) a fin de, con todo, hacer visible la dignidad del crucificado precisamente en esa situación de indignidad objetiva. El crucificado queda así expuesto a las miradas durante milenios, pero ahora como objeto de adoración. La cruz es un paso para la interiorización radical del concepto de dignidad».

Robert Spaemann. «Sobre el concepto de dignidad humana», en Limites, acerca de la dimensión ética del actuar (Grenzen, Zur ethischen Dimension des Handelns, 2001). Madrid: Eiunsa, 2003; 512 pp.; col. Ética y sociedad; trad. de Javier Fernández Retenaga y José Carlos Mardomingo Sierra; ISBN 10: 84-8469-074-1.

Enviar Imprimir

publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo