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jueves, 11 de septiembre de 2008

Joyas en el recuerdo


Después del ensayo biográfico sobre Dickens, el más conocido de Chesterton es el que preparó sobre Robert Louis Stevenson, también con el ánimo de reivindicarlo ante los críticos que no lo consideraban un gran escritor.

De las citas y consideraciones de ese libro que ya he puesto en el comentario a las obras de Stevenson, unas se refieren a sus cualidades literarias: a su maestría como narrador, a su esfuerzo y su capacidad para encontrar la palabra precisa, a sus descripciones vivas y enérgicas a base de frases cortas, a su excepcional don para dibujar siempre a sus personajes, etc. Además, Chesterton indica cómo Stevenson presenta siempre a sus personajes no de modo estático sino dinámico: cuenta cómo un hombre hizo o dijo algo y no cómo era ese hombre. Y añade que también de sus cualidades deriva su defecto como escritor: que tal vez simplificaba demasiado y, en su afán por «encerrar en una línea lo que otros ponían en una página», no podía mostrar bien la complejidad de la vida real; o, dicho de otro modo, que «es tan ahorrativo que sus personajes son casi delgados».

Otras observaciones que aparecen en el mismo comentario están relacionadas con su talante optimista forjado a partir de la felicidad de su infancia y como reacción contra el puritanismo y el pesimismo de su tiempo. Tal vez pensando también en sí mismo, Chesterton explica el modo de ser de Stevenson a partir del hecho psicológico, comprobado por muchos testimonios, «de que el niño experimenta goces que resplandecen como joyas en el recuerdo».

Se puede subrayar, además, cómo Chesterton multiplica las observaciones útiles para quien esté interesado en apreciar correctamente una obra literaria: «La literatura no es más que lenguaje; es sólo un sorprendente milagro en virtud del cual un hombre dice realmente lo que quiere decir». Aparte, claro, de las luminosas referencias al paso a escritores como Edgar Allan Poe o Henry James.

Decía Chesterton que la lección de la vida de Stevenson «sólo se verá cuando el tiempo haya revelado el pleno sentido de nuestras tendencias actuales; creo que será vista de lejos como un vasto plano o laberinto trazado sobre la ladera de una montaña; trazado, tal vez, por uno que ni siquiera veía el plano mientras trazaba los caminos». Y, efectivamente, esa moraleja que sigue vigente, que «se relaciona con el futuro de la cultura europea y con la esperanza que ha de guiar a nuestros hijos», es la necesidad de volver a la infancia para rehacer los caminos mal andados y reaprender a gozar con una visión romántica y aventurera de la vida: el talento poético de Stevenson está en habernos hecho comprender qué grandes eran aquellas emociones que sentimos cuando éramos niños y qué necesarias siguen siendo cuando hemos crecido.

G. K. Chesterton. Robert Louis Stevenson (1927). En Obras completas, tomo IV. Barcelona: Plaza & Janés, 1962; col. Los clásicos del siglo XX; trad. de P. Romera. Nueva edición en Valencia: Pre-Textos, y Madrid: Fundación Once, 2001; 148 pp.; col. Letras diferentes; trad. de Aquilino Duque; ISBN: 84-8191-397-9.

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