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Nota: 'Un reformador optimista' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 31 de julio de 2008

Un reformador optimista


Cuando Chesterton publicó su biografía sobre Dickens provocó una nueva consideración del escritor victoriano hasta el punto de que un editor decidió volver a publicar nuevas ediciones de todos sus libros e invitó a Chesterton a prologarlos. Con el paso del tiempo, los especialistas en Dickens consideran que la mejor obra que se ha escrito sobre él sigue siendo la de Chesterton. Para la mayoría de los lectores de Chesterton, también sigue siendo esta su biografía más conocida, algo lógico pues Dickens es un autor tan popular que se pueden contrastar las propias opiniones con las del libro y darse cuenta de qué acertados son sus juicios. Y para quien desee hacerse cargo de cómo Chesterton va siempre a la busca del núcleo de la obra y la personalidad de su biografiado, es una buena recomendación la de comenzar por esta obra.

Aspectos que se destacan en ella están en el comentario que hay en esta página web a las novelas de Dickens: su talento para crear personajes secundarios inolvidables, su capacidad de conmover y de divertir al mismo tiempo, su conexión total con la gente común, etc. En cuanto a su personalidad, Chesterton señala que lo esencial en su carácter era «que el sentido común iba unido con una sensibilidad descomunal», pero eso se precisa bien: «por sentido común entendemos una sensibilidad debidamente repartida en todas las direcciones normales, mientras que sensibilidad viene a significar la receptividad especializada en una sola dirección. Y aquí está la inconveniencia, porque la sensibilidad en sí no es lo malo, sino la especialización; esto es, la falta de sensibilidad para todas las demás cosas. (...) A este equilibrio de las sensibilidades es a lo que llamamos sentido». Esa capacidad de conectar de lleno con las emociones de la gente justifica que Chesterton hable de Dickens como de «un conductor de multitudes» que «consiguió lo que quizá no haya logrado verdaderamente ningún estadista inglés: levantar al pueblo». A eso le ayudó mucho también su talante positivo: para Dickens «el optimista es mucho mejor reformador que el pesimista; el que está persuadido de que la vida es excelente es el que más la modifica».

Como en todas las biografías que firma Chesterton, también en esta sitúa históricamente al autor, contrasta sus méritos con los de otros escritores, y hace muchas observaciones literarias luminosas. Ese modo de plantear la crítica, no tanto de observar los defectos o los trucos del autor como de atender a su mundo interior y al de su público, sirve para dar al lector una perspectiva más justa. Por otra parte merece ser destacado una vez más que a Chesterton le gusta incidir en la condición de hombre común de sus biografiados, y en que su éxito se debe también a que son hombres que sufren y se alegran como los demás pero, eso sí, saben expresar luego esos sentimientos con un gran talento poético: es significativa la frase de que «Dickens permanecerá como señal imperecedera de lo que ocurre cuando un gran genio de las letras tiene un gusto literario coincidente con el del común de los hombres».

G. K. Chesterton. Charles Dickens (1906). Valencia: Pretextos, 1995; 210 pp.; trad. de Emilio Gómez Orbaneja; ISBN: 84-8191-052-X.

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