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Nota: 'Ancianos respetados...' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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Reading House,
«Literary Digest», 1922.

martes, 23 de enero de 2007

Ancianos respetados...


Ya que salió el otro día Frederic Remington, ahora le toca el turno a Norman Rockwell, otro de los ilustradores norteamericanos de referencia del siglo XX, que se ve que no cae muy bien a Robert Hughes:

«Su obra se dirigía a su vasta audiencia a través de la reproducción. Sus imágenes no tienen superficie. Su minuciosa verosimilitud, así como la exageración de cada guiño, ceño fruncido, sonrisa o mueca de los rostros de sus personajes tiene la claridad narrativa carente de profundidad de la televisión [claridad narrativa sí, carencia de profundidad según]. Ofrecía una Arcadia [como Pollock un barullo, si vamos a eso]. En la América de Rockwell [y en el mundo en el que yo crecí], los ancianos no eran arrojados como vegetales paralíticos e incontinentes a asilos por sus hijos, sino que se quedaban en casa, respetados, tomando el sol en el porche, con sus mejillas sonrosadas y eternamente activos [pocos, pero los hay; en cualquier caso, esta última frase es la exageración de quien sabe que sus afirmaciones anteriores están forzadas]. Los chicos no tomaban éxtasis [claro, no había] ni las chicas se quedaban embarazadas [entonces pasaba mucho menos y, ¿por qué había de pintar justamente eso?]; robaban manzanas, pero rezaban una oración antes de las comidas [así sucedía muchas veces]. El gran hecho social era la continuidad de la familia [y menos mal, se puede decir]. Se trataba de un mundo ajeno a la duda, la violencia o la avaricia [el mundo que pintaba Rockwell sí, era una mezcla entre el que conocía y el que deseaba; hay relatos que hablan no de lo que los hombres son sino de lo que los hombres sueñan, decía Stevenson, y todos los necesitamos]. (...) Norman Rockwell era más hogareño que la tarta de manzana, más americano que la bandera, más amable y positivo que papá, y esto era lo que quería el público americano a principios de los años cincuenta [¿y?]».

Con todo, el libro en el que Hughes dice lo anterior, al que volveré, es magnífico. Aprendí mucho con él y sus juicios me parecen acertados casi siempre.

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano (American Visions: The Epic History of Art in America, 1997). Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2001; 652 pp.; trad. de Vicente Campos; ISBN: 84-8109-344-0.

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