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miércoles, 29 de noviembre de 2006

La representación de los ángeles


Romano Guardini: «La deformación de la figura del ángel comenzó ya muy temprano. Si tomamos las artes plásticas como expresión de las formas dominantes del sentimiento y representación, (...) en los mosaicos cristianos primitivos (...) se considera aún al ángel en su plenitud divina y en su grandeza celestial». (...) En estas representaciones, los ángeles tienen un carácter hierático, propio del arte bizantino, y la movilidad que muestran es interior, como la de los dioses y emperadores del arte egipcio. Luego, la vida se hace más activa y, «cual si hubieran abandonado el trono de los dioses y los emperadores, los ángeles (...) van asumiendo un movimiento exterior. Acaso esta fase comience ya en el arte románico y se prolongue hasta Giotto, el amigo de la juventud de Dante, y aún más. Los ángeles de Giotto son todavía misteriosamente grandes, pero ya han perdido su actitud hierática y han entrado en acción. En los cuadros de Grünewald adquieren vivos movimientos, pero todavía están llenos de un espíritu ardiente. Los ángeles del Greco y de Rembrandt tienen ya una determinación psicológica, siendo así que las antiguas representaciones de los ángeles nada saben de psicología, sino que solo son realidad, verdad, fuerza y luz. (...) En la mayor parte de los artistas, la figura del ángel es completamente terrenal, “natural” (...). En el mejor de los casos esos ángeles son seres humanos devotos o criaturas legendarias; pero ya no proceden del cielo (...). Al mismo tiempo, su figura ha ido entrando en lo bonito, en lo sensiblemente conmovedor, pequeño, gracioso..., para no hablar de las ambigüedades del barroco y del rococó. Tal vez el único arte que se ha conservado en la gran tradición sea el de los iconos orientales, aunque también aquí parece que se ha verificado una degeneración, la de un amaneramiento peculiarmente barroco (...)».

Romano Guardini. El ángel en la Divina Comedia de Dante (Der engel in Dantes Göttlicher Komödie, 1937). Buenos Aires: Emecé, 1961; 123 pp.; col. Grandes ensayistas; trad. de Alberto Luis Bixio.

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