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Notas de septiembre de 2019 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 14 de septiembre de 2019

He actualizado los comentarios, aprovechando que han salido nuevas ediciones, de tres libros excelentes: El pato granjero, que había puesto hace años en la página pero en su edición inglesa, El cuento sin fin de Martín, nueva edición y traducción de un álbum publicado hace tiempo con el título El libro favorito de Carlitos, y Zlateh, la cabra y otras historias, una nueva edición y traducción de Cuentos judíos de la aldea de Chelm.

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AlexievichZinc.jpg
viernes, 13 de septiembre de 2019

Los muchachos de zinc, de Svetlana Alexiévich, es un libro dedicado a los más de 50.000 soldados que murieron en la guerra de Afganistán (1979-1989): sus cadáveres eran repatriados en ataúdes de zinc. Como para sus otros libros, la autora entrevistó a centenares de personas: soldados supervivientes, enfermeras de los hospitales, madres de los fallecidos... Una de sus ideas es dar voz a quienes no la tienen o a quienes no se la dan las versiones oficiales de lo sucedido y, en esa línea, presta particular atención a los testimonios de las mujeres: una de ellas le dice que «los hombres combaten en la guerra, y las mujeres lo hacemos después… Nosotras combatimos después de la guerra».

Una pregunta detrás del trabajo de Alexiévich es «¿cuánto hay de humano en el ser humano? Unos creen que mucho, otros opinan que poco. Debajo de la fina capa de la cultura enseguida aparece la bestia». Y una de sus inspiraciones es Dostoievski, de quien cita Los demonios: «El hombre y sus convicciones son, está claro, dos cosas muy diferentes. Todos somos culpables, todos somos culpables… ¡solo nos falta convencernos de ello!» (aunque, continúa Alexiévich, él decía que esta reflexión no era suya, sino de Vladímir Soloviov). Con todo, dice, «si no hubiera leído a Dostoievski me sentiría aún más desesperada…»

Explica que a ella le gusta el lenguaje oral pues «fluye libremente» y con él es como se pueden reconstruir los sentimientos: «Yo rastreo el sentimiento, no el suceso. Cómo se desarrollan nuestros sentimientos, no los hechos». Afirma también que los grandes acontecimientos ya quedan fijados en la Historia pero que los pequeños, importantes para el hombre pequeño, desaparecen sin dejar huella: «eso es a lo que yo me dedico desesperadamente (libro tras libro): a disminuir la historia hasta que toma una dimensión humana».

Más adelante lo dice así: «los libros que escribo son un documento y a la vez mi visión de los tiempos. Yo recopilo los detalles, los sentimientos, no de una vida concreta, sino del aire del tiempo en su totalidad, de su espacio, de sus voces. No invento, no fantaseo, sino que construyo los libros a partir de la realidad misma. (...) Yo escribo (...) las voces vivas, las vidas. Antes de pasar a ser historia, todavía son el dolor de alguien, el grito, el sacrificio o el crimen. Incontables veces me he hecho la pregunta: “¿Cómo pasar entre el mal sin aumentarlo, sobre todo hoy en día, cuando el mal adopta unas dimensiones cósmicas?”. Antes de comenzar cada libro me lo pregunto. Esto ya es mi carga. Y mi destino».

Svetlana Alexiévich. Los muchachos de zinc (Tsínkovye málchiki, 1994). Barcelona: Debolsillo, 2017; 336 pp.; col. Ensayo-Crónica; trad. de Yulia Dobrovolskaia; ISBN: 978-8466339674. [Vista del libro en amazon.es]

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PerezKolia.jpg
jueves, 12 de septiembre de 2019

Cuando debo explicar por qué nos gustan las ficciones que nos gustan suelo comenzar por decir que hay relatos que provocan en nosotros una fuerte identificación con algún marcado rasgo personal, como, por ejemplo, que se desarrollan en la propia ciudad o que tratan de una afición que compartimos. Cuando debo explicar por qué no hay grandes novelas o películas sobre deportes, aunque haya grandes excepciones que merecen ser comentadas luego, suelo decir, precisamente, que la identificación que provocan en el lector o espectador aficionado a ese deporte nunca es del todo satisfactoria pues las emociones del deporte contado o filmado nunca pueden equivaler a las del deporte real.

Dicho lo anterior, mi pasado explica en parte por qué me ha gustado Kolia, una novela de Leandro Pérez cuyo narrador y protagonista es un chaval baloncestista, de 14 años, dos metros de estatura, y de Burgos. La novela comienza cuando su equipo gana, gracias a él, la final de España cadete frente al Real Madrid, y le comienzan a llegar posibles ofertas. Luego cuenta las semanas posteriores: celebraciones, final de curso académico, comienzo de su noviazgo, vaivén de discusiones y conjeturas que hacen Kolia, su familia y sus amigos, etc... La novela presenta bien los ambientes propios del baloncesto que algunos hemos seguido en el pasado —aparecen nombres conocidos y anécdotas famosas de grandes jugadores—, y también refleja con acierto las emociones y ansiedades de Kolia, un chico con unos padres acogedores que fueron deportistas de primer nivel, y unos amigos excelentes.

El primer párrafo también quiere decir que veo grandes limitaciones a cualquier descripción escrita de los momentos emocionantes de un partido como los que aquí se cuentan: aunque yo los pueda comprender y «sentir» muy bien, no reflejan ni de lejos la realidad para quienes los conocemos y no es fácil que conecten con muchos lectores que no están familiarizados con ellos. Pero en este caso la narración es buena y tiene frescura: el mismo Kolia dice que se le da bien escribir y lo hace con naturalidad, usando expresiones propias de la prensa deportiva y del lenguaje común —«fijo», «sí o sí», «flipar»…—; además, el hecho de que sea él y no un narrador «experto» quien cuente las cosas, contribuye a que su relato convenza más. Los tramos en los que se suceden diálogos a través de mensajes de texto entre los protagonistas están bien justificados por el desarrollo de la historia. En la construcción de personajes es un gran acierto —para mí el mayor— la figura del padre de Kolia: antiguo jugador croata que habla de forma sincopada y directa, muy graciosa y muy reconocible. Por último, para mí también es un punto a favor de Kolia lo que tiene de novedad en el panorama de los libros juveniles españoles.

Leandro Pérez. Kolia (2019). Barcelona: Planeta, 2019; 220 pp.; ISBN: 978-84-08-20929-4. [Vista del libro en amazon.es]

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DesmondElefante.jpg
miércoles, 11 de septiembre de 2019

El oso polar y El elefante, de Jenni Desmond, son dos álbumes de construcción semejante a La ballena azul y, como este, tienen también un carácter introductorio a los temas que tratan, aparte de que se parezcan porque los tres tratan de animales enormes. Son álbumes con dos protagonistas: el animal correspondiente y una niña (en el caso del oso) y un niño (en el del elefante). Al principio la niña o el niño buscan y leen libros sobre sus temas respectivos, y a continuación se van dando informaciones de todo tipo. Es atractiva la mezcla de ilustraciones pictóricas más o menos hiperrealistas —con collages, acuarelas, lápices de colores…—, cuando aparecen los osos o los elefantes, con las basadas en dibujos esquemátivos cuando vemos a la chica o al chico lector —quien a veces está dentro de alguna escena real, como si su imaginación le hubiese conducido allí mientras leía—.

Jenni Desmond. El oso polar (The polar bear, 2016). Madrid: Kókinos, 2018; 39 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-17074-63-0. [Vista del libro en amazon.es]
Jenni Desmond. El elefante (The elephant, 2018). Madrid: Kókinos, 2018; 44 pp.; trad. de Miguel Ángel Mendo; ISBN: 978-84-17074-65-4. [
Vista del libro en amazon.es]

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martes, 10 de septiembre de 2019

El profesor Astro Cat y los cohetes espaciales es otro álbum de Ben Newman y Dominic Walliman que se alinea con El profesor Astro Cat y el sistema solar pues es también para primeros lectores. En él hay poca información pero muy bien presentada por los autores y sus narradores habituales de los últimos libros. Los capítulos en los que se divide la información, cada uno en una doble página, son: Viajar por el espacio, ¿Cómo viajamos al espacio?, Cohetes, Historia de los viajes espaciales, Apolo 11, Fases del lanzamiento, Alunizaje, De vuelta a la tierra, Transbordadores espaciales modernos, Transbordadores famosos y sus misiones, Nuestra siguiente misión: Marte y más allá, ¡Cohetes para todos!, Glosario. Para ciertos lectores el libro se podría complementar bien con el magnífico I Want to Be an Astronaut.

Ben Newman. El profesor Astro Cat y los cohetes espaciales (Professor Astro Cat's Space Rockets, 2018). Texto de Dominic Walliman. Albolote (Granada): Barbara Fiore, 2018; 24 pp.; trad. de Enrique Maldonado Roldán; ISBN: 978-84-16985-15-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 7 de septiembre de 2019

He puesto voces en el diccionario a Liniers, John Le Carré y John Flanagan.

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LivelyVidaJardin.jpg
viernes, 6 de septiembre de 2019

Vida en el jardín, de Penelope Lively, es un libro ameno para todos aquellos que sean aficionados a la jardinería o a ver jardines. También, a quienes estén interesados en los libros que hablan de jardines: de jardines de ficción y de jardines descritos por quienes saben de la cuestión, «los escritorse de jardín» los llama la autora. Yo no sé nada de jardines pero he abordado el libro porque todo lo que firma Penelope Lively tiene calidad, y este libro no es una excepción, y porque, aparte de hacer referencias a muchos libros que conozco, comenta con acierto algunos.

Así, El jardín secreto le parece una historia «con una carga de significado demasiado pesada y obvia» que, además, es en exceso sentimental y tiene muchos toques caprichosos. En ella se «nos dice que los niños se comportarán según se les haya tratado, que un trauma puede superarse si se aplica el tratamiento adecuado, que el aire fresco y las actividades en el exterior son beneficiosos para el ser humano». Señala que «ese énfasis en el poder sanador del pensamiento positivo tiene su origen en la ciencia cristiana, movimiento que interesaba mucho» a la autora y que la «importancia crucial que se otorgaba al aire fresco formaba parte del abecé de los cuidados infantiles a principios del siglo XX».

Por contraste, aplaude con entusiasmo El jardín de medianoche, un relato con una voz narrativa pura y directa en el que un jardín soñado resulta ser un «magnífico catalizador de una fantasía sobre la naturaleza del tiempo» y de la memoria. Explica cómo para el protagonista, un niño llamado Tom, llega en la novela «un momento de madurez, una visión de la continuidad y del hacerse adulto», que convierten a El jardín de medianoche en «uno de los mejores libros infantiles de todos los tiempos».

Habla también Lively con calor de Mi Ántonia, para ella la mejor de las doce novelas de Willa Cather, donde se describen los huertos y jardines de los pioneros en la pradera, porque la conquista de la naturaleza tenía un propósito que al principio era práctico pero más tarde se convirtió en estético. Y de La edad de la inocencia, de Edith Wharton, donde una escena en la que se describe un jardín tiene remarca bien el estilo de vida de los personajes y se presenta «la jardinería como demostración de poder y de estatus».

Esta es una excelente reseña.

Penelope Lively. Vida en el jardín (Life in the Garden, 2017). Madrid: Impedimenta, 2019; 220 pp.; trad. de Alicia Frieyro; ISBN: 978-84-17553-05-0. [Vista del libro en amazon.es]

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