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Notas de agosto de 2017 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 31 de agosto de 2017

Con más de cien años, hace unos meses falleció Jean Fritz, una importante autora norteamericana de novelas históricas de la que no conozco nada publicado en castellano pero de la que sí he leído su extraordinario Homesick.

Ese libro contiene sus memorias de infancia en China, que comienzan hacia 1925, cuando tenía diez años y vivía en Hankow, donde sus padres eran misioneros presbiterianos y su padre director de Y.M.C.A. Su narración termina con el viaje de regreso, primero desde Shangai a San Francisco, y luego en coche atravesando los Estados Unidos, desde la costa Oeste hasta Washington. El relato comienza con un incidente en la escuela inglesa a la que iba en Hankow —se niega a cantar el God Save the King y un compañero inglés la toma con ella— y se acaba con otro en el colegio norteamericano al que se incorpora —en el que una de sus profesoras resulta un tanto rígida—.

El relato refleja bien, con agudeza y muy buen humor, el mundo interior de la niña que fue la escritora, con sus reacciones de asombro y de irritación, con momentos de entusiasmo por los descubrimientos que hace y de preocupación al ir cayendo en la cuenta del clima social turbulento en el que viven. Habla de sus amistades en China entre compatriotas estadounidenses, y de su estrecha relación con la asistenta que tenían, Lin Nai-Nai. Cuenta la dura situación que vivió su familia cuando nació y falleció una hermana suya. Muestra cómo veía ella entonces los disturbios que ocurrían a su alrededor y cómo, a pequeña escala, también sufrió el creciente rechazo a los extranjeros. Todo el relato pone de manifiesto sus deseos por viajar a los EE.UU. con su abuela y, cuando ese sueño se cumple, el nacimiento de su añoranza por China. El libro contiene fotografías e ilustraciones que son unos magníficos dibujos.

Jean Fritz. Homesick. My Own Story (1982). New York: G. P. Putnam Sons, 1982; 76 pp.; ilust. de Margot Tomes; ISBN: 0-399-20933-6. [Vista de una edición en kindle en amazon.es]

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miércoles, 30 de agosto de 2017

Debajo de la tierra y Debajo del agua es un nuevo libro enciclopédico de Aleksandra Mizielińska y Daniel Mizieliński. De formato apaisado, está encuadernado por el lado largo, y tiene dos cubiertas: Debajo de la tierra, en tonos rojos, y Debajo del agua, en tonos azules, que confluyen hasta la ilustración titulada «El centro», que trata sobre lo que sabemos de el centro de la tierra.

Debajo de la tierra comienza por «Bichos pequeños y grandes», «Hormiguero», «Habitantes de madrigueras»…, pero también contiene secciones sobre «Raíces», con un apartado dedicado a«raíces plusmarquistas», y habla de «Gas natural», Agua del grifo», «Cuevas», «Minas», etc.

Debajo del agua comienza por «En el lago», «¿Qué flota y qué se hunde?», «Arrecife coralino»…, y dedica páginas, por ejemplo, a «Buceo» y «Buceadores plusmarquistas», «Científicos bajo el agua», «El Titanic», e incluso a la «Moda submarina de nuestros bisabuelos»…

Casi todas las imágenes ocupan la doble página vertical completa pero hay algunas, dedicadas a un solo animal o a una sola construcción —el topo, el tejón…; el túnel de San Gotardo, el metro de Varsovia—, que ocupan una, media, o un tercio de página. Los textos son breves, y en ellos no he visto tantas bromas como las que abundan en Atlas del mundo, y las ilustraciones son claras y detalladas y en ellas, como en la elección de algunos temas, sí hay guiños humorísticos.

Aleksandra Mizielińska y Daniel Mizieliński. Debajo de la tierra y Debajo del agua (Pod Ziemia, Pod Woda, 2015). Madrid: Maeva Young, 2017; 112 pp.; col. Libros para los que aman los libros; trad. de Katarzyna Motoniewicz y Abel Murcia; ISBN: 978-84-16690-31-2. [Vista del libro en amazon.es]

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LobelGurarripios.jpg
martes, 29 de agosto de 2017

Otro libro que Kalandraka vuelve a publicar en una excelente edición: El libro de los guarripios, de Arnold Lobel. Contiene treinta y ocho limericks sobre cerdos y cada uno se acompaña de una ilustración que, a veces, es una sola imagen pero, en otras ocasiones, se compone de dos o tres en secuencia vertical.

Aunque no sea el mejor de los libros del autor, sin duda sus imágenes sí son comparables con las de otros y Lobel sabe hacer que los cerdos en imágenes sean siempre chistosos. Sin embargo, los limericks son desiguales en gracia, un asunto que, en este caso, no es achacable a la excelente traducción al castellano. Tal vez, el hecho de que sean siempre cerdos limita las posibilidades: algunos limericks podrían estar protagonizados por otros animales y no se notaría la diferencia. Por otro lado, para lectores niños unos retratan situaciones graciosas pero algunos están poco logrados (aunque siempre sirven para que comprendan la forma de un limerick).

El primer poemita, en el que Lobel se retrata a sí mismo con forma de cerdo, es uno de los mejores: «Un cerdo algo viejo escribía / historias de noche y de día / y con sus colores / disfrutaba horrores / pintando los cuentos que hacía». Lobel vuelve a retratarse, satisfecho, en la última imagen, y la acompaña con este texto: «Ya el cerdo viejo ha acabado. / Ve el cuento que ha escrito y pintado / y se duerme un rato / con su amigo el gato…»

Arnold Lobel. El libro de los guarripios (Book of Pigericks, 1983). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 48 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-8464-280-0. [
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UngererRufus.jpg
lunes, 28 de agosto de 2017

Tomi Ungerer publicó, en los años sesenta, varios álbumes sobre animales poco habituales en los libros infantiles. Uno de ellos fue Rufus, el murciélago que adoraba los colores. El protagonista, al ver los colores brillantes en una película al aire libre, se propuso quedarse despierto para ver los colores del día, pero tiene problemas e incluso le disparan. Un bondadoso coleccionista de mariposas, el doctor Tarturo, le acoge.

La intención del autor, aparte de la dar cabida en la LIJ de su tiempo a seres que con frecuencia resultan menos simpáticos, era también la de avivar la comprensión hacia quienes son diferentes. Pero estamos ante un libro infantil: no hay que sobreinterpretar ni esa cuestión ni alarmarse porque aparezcan pistolas y rifles en una imagen. Lo más sencillo, creo yo, es leer la historia sin buscarle un exceso de significados, y disfrutando del talento narrativo, gráfico y de constructor de álbumes de Ungerer, que cualquier nota ya en la deslumbrante portada.

Tomi Ungerer. Rufus (Rufus, die farbige Fledermaus, 1961). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 32 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Sandra Senra Gómez y Oscar Senra Gómez; ISBN: 978-84-8464-314-2. [Vista del álbum en amazon.es]

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BarriePeterPan2.jpg
domingo, 27 de agosto de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de Peter Pan, Capitanes intrépidos y El misterio del Cuarto Amarillo.

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sábado, 26 de agosto de 2017

Una barrera que Tolkien quiere derribar para facilitar la comprensión de la fantasía como género —o de la fantasía tal como él la entiende— es la idea que muchas personas tienen de que los cuentos de hadas —o los relatos de fantasía en general— son relatos para niños. Estas consideraciones se comprenden mejor si primero indicamos que hay cuentos de hadas de distinta clase y que los cuentos de hadas a los que Tolkien se refiere son aquellos que representan lo mejor del género de Fantasía.

Explica que normalmente no hay ningún nexo esencial entre los niños y los cuentos de hadas. Asociar cuentos de hadas y niños es un accidente moderno: se deriva de considerar al niño como un tipo especial de criaturas que se conforman con desechos literarios (con relatos flojos a los que, genéricamente, se les denomina cuentos de hadas). Pero, como grupo, a los niños no les gustan los cuentos de hadas más que a los adultos: eso sí, están creciendo, tienen apetito, y los cuentos de hadas bajan bastante bien a sus estómagos. Pero es una afición que no aparece temprano en la niñez a no ser que haya un estímulo especial y artificial.

Hay que pensar que los niños no tienen experiencia crítica. Eso tiene como consecuencias que, por un lado, intentan que les gusten aquellas historias que se les dan y, por otro, que no logran expresar ni razonar su desagrado, con lo cual este queda oculto. Naturalmente, los niños son capaces de una «fe literaria» cuando el arte del escritor de cuentos es lo bastante bueno para producirla. A esa condición de la mente se la ha llamado «voluntaria suspensión de la incredulidad». Pero no parece que ésa sea una buena definición de lo que ocurre. Al menos, dice Tolkien, siendo niño él no tenía un especial deseo de «creer» sino que quería «saber».

Por tanto, el valor de los cuentos de hadas no se puede medir con los niños como referencia, sino que ha de ser medido con iguales criterios a los que usamos para juzgar el arte adulto. Los cuentos de hadas no se ocupan de lo posible sino de lo deseable y dan de lleno en el blanco si, al tiempo que despiertan los deseos y los estimulan, en cierto modo también los satisfacen. En ellos la Fantasía es la creación o el vislumbre de Otros Mundos: ese es el núcleo mismo del deseo de relatos como los que llamamos cuentos de hadas.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 25 de agosto de 2017

En Destellos en el abismo, Soma Morgenstern hace muchas indicaciones y observaciones interesantes acerca de la educación que recibían los niños judíos como él mismo fue. Así, en la tercera novela se nos cuenta que los hermanos Mohylewski tenían un pacto con su padre y recibían unas monedas cada vez que se aprendían un salmo; en la segunda, que cuando Welwel se plantea instruir a Alfred en el judaísmo y ve sus limitaciones piensa que «la insuficiencia del maestro no perjudicaría al alumno: toda la luz emanaría de la Doctrina»; varios personajes niños le dan oportunidad al narrador para señalar la «fina intuición de la dignidad espiritual que es a veces el atributo de un niño piadoso»…

Abundan en la novela pequeñas historias o frases felices tomadas de la tradición judía y que suenan, con frecuencia, como tantos relatos de Martin Buber. La mayoría están en Idilio en el exililo y las transmitre, sobre todo, Jankel, un hombre irónico que disfruta provocando a su amigo Welwel. Entre las bromistas, por ejemplo, esta que le dice a Alfred: «soy de los que creen en lo que dijo el gran tsadik: “No temo al infierno, ¡mi único temor es que en el cielo me pongan al lado de un cretino!”». Entre las realistas y autoirónicas, esta otra: «El pueblo judío no es tan necio como se podría pensar cuando solo se conoce a los judíos ricos».

No faltan agudas explicaciones sobre la vida propia de los judíos religiosos. Cuando Alfred pregunta por qué tienen tantas prohibiciones en sábado, incluso de gestos mínimos, Jankel le dice: «Porque nosotros, los judíos, lo exageramos todo. Si se le permite arrancar una hoja el día del Sabbat, el hombre también cogerá una fruta del árbol; arrancar, cortar, segar una espiga: en una palabra, ¡cosechar! He aquí lo que se dijeron los legisladores, y ampliaron la prohibición hasta el absurdo. Es por lo tanto pecado quitarle una hoja a la rama». Entonces Welwel le da la razón a su amigo pero completa la explicación diciéndole a Alfred que el Sabbat es para todas las criaturas, que «si arrancas la hoja del árbol, perturbas el reposo sabático del árbol. Puesto que, en ese día, ningún ser, ninguna cosa deben ser importunados», y que ha de ver el Sabbat como la raíz de la libertad y de la renovación del ser humano.

Podemos leer parte de la tragedia del autor en este comentario de Jankel, situado al final de la trilogía: «El ser humano no es un árbol, dijo un hombre sabio. Dios le ha dado dos piernas al hombre para que pueda también dejar su tierra natal, cuando ésta se ha vuelto hostil y mala».

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
Vista del libro en amazon.es]
Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
Vista del libro en amazon.es]
Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
Vista del libro en amazon.es]

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FlanaganPuente2.jpg
jueves, 24 de agosto de 2017

Se han reeditado en los últimos meses las novelas Las ruinas de Gorlan y El puente en llamas, y se anuncia para octubre La tierra del hielo, de John Flanagan, con motivo de que habrá pronto una película sobre ellas.

Hace años se publicaron con el título genérico Montaraces. Ahora, siguiendo el título inglés más literalmente, la colección se llama Aprendiz de Guardián. La serie original tiene doce volúmenes y sólo los tres primeros, los que yo conozco, han sido traducidos al castellano.

He ampliado un poco ahora el comentario global que puse aquí hace tiempo: en su momento hablaba de las dos primeras novelas, en la actualización me refiero a las tres.

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miércoles, 23 de agosto de 2017

Después del álbum de ayer le toca el turno a Casas: confortables, atrevidas, singulares, atractivas, sorprendentes, de los polacos Aleksandra Mizielińska y Daniel Mizieliński.

El libro tiene un tono informativo, admirativo, y gracioso. Los autores al principio se dirigen al lector indicándole que el libro contiene «una selección de las treinta y cinco casas más curiosas del mundo mundial seleccionadas por un grupo de expertos independientes, que las eligieron guiándose por criterios totalmente subjetivos»; le hacen notar, entre otras cosas, que verá «las ideas de bombero que pueden tener los arquitectos»; y le presentan y explican algunos iconos que sirven para resumir los rasgos de las casas.

Los autores dan un nombre inventado a casas que tienen un nombre real. Por ejemplo: Casa Burbuja a La Maison Bulle, de Antti Lovag; Casa de escaleras a Casa Toló, de Alvaro Siza; Casa ascensor a Maison à Bordeaux, de Rem Koolhaas; etc. Cada casa la presentan en una, dos o tres dobles páginas: dan datos e informaciones sobre cada una, como el país en el que está, el o los arquitectos que la proyectaron, muestran detalles constructivos, etc. Los expertos pensarán que se podrían haber incluido algunas otras casas famosas y que sobran otras menos valiosas... En cualquier caso, el libro se lee con gusto.

Aleksandra Mizielińska y Daniel Mizieliński. Casas: confortables, atrevidas, singulares, atractivas, sorprendentes (D.O.M.E.K., 2008). Barcelona: Coco Books, 2013; 155 pp.; trad. de Anna Gibert; ISBN: 978-84-940032-8-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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EllisMilHogares2.jpg
martes, 22 de agosto de 2017

Mil hogares, de Carson Ellis, es un álbum amable con algo de libro informativo y mucho de bromista. Como anuncia la portada, en él vemos unas cuantas casas de distinto tipo: una en el campo, un edificio en la ciudad, un barco, una choza, un palacio, una guarida…; pero también casas de fantasía como un zapato gigante, la casa bajo el agua de los Atlántidas, …; y casas limpias, casas desordenadas, casas altas, casas bajas, etc.

Las ilustraciones, en colores terrosos con toques rojos, están bien compuestas y son atractivas. Cada casa, cuya imagen suele ocupar la página completa, o incluso la doble página, se presenta con una frase sencilla que va con tipografía manual. Hay un elemento común que recorre todo el libro y una vinculación bien armada entre la página de presentación y las últimas páginas, donde vemos a la ilustradora en su casa.

Carson Ellis. Mil hogares (Home, 2015). Madrid: Alfaguara, 2015; 36 pp.; trad. de Dania Mejía Vandalos; ISBN: 978-84-204-1872-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 21 de agosto de 2017

Abro voces en el diccionario a Matthew Cordell y a Philip C. Stead.

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McCullough1776.jpg
domingo, 20 de agosto de 2017

En su momento hablé de Un camino entre dos mares, un libro del historiador David McCullough. También vi tiempo atrás, y me gustó mucho, la serie televisiva basada en una biografía suya sobre John Adams. Debido a esas buenas experiencias en su momento añadí a mi lista de futuras lecturas 1776, otro de sus libros que se publicó en castellano hace años, y he podido leerlo hace unas semanas. Es una narración excelente y equilibrada que trata de lo sucedido el año que se celebra como el del nacimiento de los Estados Unidos, pues en él se firmó su Declaración de Independencia y empezó la guerra con Inglaterra, y en él surgió y se agigantó la figura de George Washington.

El libro tiene mucho de historia militar pues cuenta con detalle las importantes batallas que tuvieron lugar en 1776: el asedio inglés de Boston, la batalla de Brooklyn o Long Island —una derrota norteamericana que, sin embargo, terminó con una retirada nocturna de 9000 soldados, en perfecto orden y silencio y sin una baja—, y las decisivas victorias del ejército norteamericano de Trenton y Princeton, un momento de giro en los acontecimientos que sucedió a finales del año, pues la decisión de George Washington de atravesar el río Delaware devolvió la esperanza de victoria a los norteamericanos. El autor hace notar que Gran Bretaña, para reprimir la insurrección, mandó «la mayor fuerza expedicionaria del siglo XVIII; la mayor, la más poderosa que jamás puso en marcha Gran Bretaña o cualquier otra nación», e hizo un «despliegue de poderío militar que superaba todo lo imaginable»: su ejército «superaba en número no sólo a toda la población de Nueva York, sino incluso a la de Filadelfia, que, con una población de 30000 habitantes, era la mayor ciudad de América».

Por otro lado, el libro tiene bastante de biografía pues está centrado en la figura de Washington, un rico hacendado de Virginia, un hombre con una gran presencia y fortaleza física, muy hábil en el manejo del caballo, ordenado y preciso en el cumplimiento de sus horarios, con un trato sereno que causaba una impresión favorable en quienes le conocían. No tenía experiencia como jefe militar —había estado al mando de un regimiento pero no había dirigido nunca un asedio—, pero conocía bien sus limitaciones, supo aprender de los graves errores que cometió en algunas acciones, jamás se rindió y fueron continuas sus llamadas al «coraje infatigable y la perseverancia», y, en especial, supo mantener a su ejército unido y transmitirle ánimo en los momentos críticos.

David McCullough. 1776 (2005). Barcelona: Belacqua, 2006; 503 pp.; col. El ojo de la historia; trad. de Cecilia Belza; ISBN: 84-96326-84-5.

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sábado, 19 de agosto de 2017

En la introducción a Sobre los cuentos de hadas, Tolkien enumera qué preguntas desea contestar: «¿qué son los cuentos de hadas?, ¿cuál es su origen?, ¿para qué sirven?». Y divide su exposición en varios apartados: «Cuentos de hadas» y «Los orígenes», que responden a las dos primeras preguntas; tres más, «Los niños», «Fantasía», «Renovación, evasión y consuelo», que abordan la tercera; y por último un epílogo y unas notas aclaratorias a varios puntos del texto.

Los dos primeros apartados son un intento de Tolkien de poner al lector en la misma longitud de onda: términos y expresiones como «cuento de hadas» o «fantasía» tienen significados y resonancias variados. Por eso, primero habla de algunas definiciones que se han dado de seres como las Hadas o los Elfos, y explica cómo algunos relatos, que a veces se incluyen en recopilaciones de cuentos de hadas, él no los considera tales: descarta las narraciones de viajes con intenciones satíricas (al modo de los Viajes de Gulliver), las fábulas clásicas de animales con intenciones pedagógicas (y aquí menciona El viento en los sauces), los relatos enmarcados en un sueño (como los viajes de Alicia).

También señala que no le interesan los cuentos de hadas del mismo modo que a los folkloristas, antropólogos, y estudiosos de las mitologías, gente que normalmente no usa esos relatos con el fin que se pretendió que tuvieran, sino como un filón para conseguir testimonios o información sobre lo que buscan. Y, en lo que se refiere a los orígenes de los cuentos, indica, las discusiones de arqueólogos y filólogos comparatistas se resumen en que, desde unos orígenes antiguos, puede darse una evolución independiente de temas parecidos, o bien puede haber derivaciones de un antepasado común, o puede existir una difusión que parte desde distintas épocas y desde uno o varios centros.

Pero todo lo anterior ni siquiera roza lo que a Tolkien y a los lectores comunes de esos relatos les importa: «Lo más interesante en los cuentos de hadas es considerar lo que son, lo que para nosotros han llegado a ser y los valores que el largo proceso de la alquimia del tiempo ha creado en ellos». Así que, cuando hemos hecho todo lo que la investigación puede hacer —recoger, comparar, ver los distintos elementos presentes en los cuentos…—, y pensamos en el efecto que producen los antiguos elementos que han quedado en las actuales versiones de los cuentos, vemos que esos elementos se han conservado porque los narradores saben, instintiva o reflexivamente, que tienen importancia literaria: son como las llaves que nos abren las puertas a Otros Tiempos y a Otros Mundos.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 18 de agosto de 2017

La narración de Soma Morgenstern a lo largo de las tres novelas que componen Destellos en el abismo es tan buena que detiene incluso a un lector algo acelerado (como suelo ser yo) y que hace disculpar algunas erratas o descuidos en la edición. Las descripciones son calmosas y siempre magníficas, sean de las tareas del campo, de los rezos en la sinagoga, de los platos que componen las comidas, de los comportamientos de todos en sábado, etc. Los diálogos están compuestos con gran destreza: el lector se hace cargo de las preocupaciones de unos y otros, aprende las particularidades del modo judío de afrontar la vida, y goza con los muchos choques dialécticos repletos de ingenio…

Hay un buen esbozo del panorama de conflictos sociales y políticos, que forman el telón de fondo del relato, entre polacos, ucranianos, judíos, nostálgicos del imperio austrohúngaro, partidarios de la ortodoxia de rito griego y de rito ruso… El enfoque de todo esto es sereno: el narrador presenta traidores y personas buenas en los distintos grupos humanos. Un judío tratante de caballos a quien solo le interesan los negocios, le dice a su futuro socio: «Si todos los judíos fueran como yo, señor Lubasch, yo tendría vergüenza de ser judío. Y si todos los polacos cristianos fueran como usted, señor Lubasch, yo tendría vergüenza de ser polaco».

Puede dar idea del tono ponderado y reflexivo del narrador este párrafo, tomado de la tercera novela (igual que el citado atrás), acerca del valor de sus recuerdos: «El recuerdo tiende a simplificarlo todo. El recuerdo, con toda evidencia, sólo puede ver perfiles. El recuerdo falsea destacando intempestivamente con intensidad determinado acontecimiento en primer plano, mientras que relega a otro, igualmente importante, a segundo plano. Es sin duda más la imperfección de la labor de la memoria, que, con toda seguridad, los fallos de mi evocación, lo que abre aquí una falla que da paso a una falsa apreciación de las cosas».

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
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Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
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Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
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GrillCurrumpaw2.jpg
jueves, 17 de agosto de 2017

Después del formidable El viaje de Shackleton, William Grill ha publicado el también sobresaliente Los lobos de Currumpaw, una nueva versión de la historia de Ernest Seton que comenté ayer. El autor cuenta la historia de Lobo y su manada en tercera persona y en ese hilo narrativo incluye la vida de Seton, pero apoya el relato en una realización gráfica sugerente. A veces las palabras van unidas a unas grandes ilustraciones a doble página y, otras veces, la narración se apoya en varias ilustraciones por página, como viñetas. El autor usa lápices de colores y suele colocar a los personajes, hombres y animales, contra el telón de fondo de grandes escenarios naturales, como para subrayar su pequeñez. Hubiera estado bien que la obra de Grill hubiese incorporado las magníficos dibujos realistas del mismo Seton a su narración.

William Grill. Los lobos de Currumpaw (The Wolves of Currumpaw, 2016). Madrid: Impedimenta, 2017; 82 pp.; col. El chico amarillo; trad. de Jorge García Valcárcel; ISBN: 978-8416542734. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 16 de agosto de 2017

Lobo: el rey de Currumpaw, fue el primero de los relatos que Ernest Seton reunió en un libro que tituló Animales salvajes que conocí (Wild Animals I Have Known, 1898). Su punto de partida fue un episodio que vivió el autor y que, dijo, significó para él un cambio de actitud (anterior a un giro muy parecido al que, pocos años más tarde, narraría James Oliver Curwood en El oso).

Cuenta Seton que Lobo, un jefe de una manada de cinco lobos, llevaba entre 1889 y 1894, una «vida salvaje y romántica» en la región de Currumpaw, una finca ganadera del norte de Nuevo México. Como causaba grandes destrozos, los ganaderos recurrieron a él debido a su prestigio como cazador. Seton fue poniendo distintas trampas al gigante lobo gris, llamado el Rey, que fue librándose hábilmente de todas. Hasta que decidió ir, en primer lugar, a por su compañera, una loba a la que los mexicanos llamaban Blanca.

Este relato supuso el comienzo de muchas narraciones con una visión excesivamente humanizada de los animales, a los que se atribuyen cualidades de valentía, honor, astucia, nobleza, etc. Para Seton, que había renunciado a la caza pero que hasta 1893 pensaba que era lógico cazar lobos por el daño que hacían, fue una especie de conversión: acabó pensando, no sin razones, que buena parte de los problemas que provocaban los lobos estaban generados por los propios hombres.

En su prólogo Seton sostiene que los animales «son criaturas con deseos y sentimientos que sólo difieren en grado de los nuestros, deben tener sus propios derechos». Sin embargo, cuando por fin captura a Lobo, «algo parecido al remordimiento me asaltó mientras me disponía a darle el mismo tratamiento que habían sufrido muchas otras criaturas en sus manos»: una forma de decir que no hay una diferencia de grado sino esencial entre animales y humanos, que no se puede comparar una vida instintiva con una vida moral, que más que los animales tengan derechos son los hombres quienes tienen obligaciones hacia los animales.

La edición cuenta con las ilustraciones originales de Seton. Volveré al mismo tema mañana.

Ernest Thompson Seton. Lobo: el rey de Currumpaw (Lobo, the King of Currumpaw, 1898). Castellón: Tundra, 2015; 89 pp.: col. Clásicos de grandes naturalistas; trad. e introducción de Sergio Bargues Ponce; ISBN: 978-84-944048-7-0. [
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martes, 15 de agosto de 2017

Abro voces en el diccionario a Lizi Boyd y Franziska Biermann.

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lunes, 14 de agosto de 2017

Abro voces en el diccionario a Owen Davey y Ana Palmero.

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ManziOrzowei2.jpg
domingo, 13 de agosto de 2017
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sábado, 12 de agosto de 2017

En Tolkien y la Gran Guerra, de John Garth, (libro del que glosé aspectos también aquí y aquí), se indica que Tolkien «hizo mucho más que simplemente preservar las tradiciones del mundo de Fantasía: las transformó e infundió en ellas un vigor renovado para la edad moderna».

Al respecto Garth apunta que la obra de Tolkien puso de manifiesto las cualidades propias de la ficción fantástica, frente a lo que conocemos como realismo, cuando llega el momento de presentar la deshumanización de los totalitarismos: «El realismo adolece de una tendencia rígida a tachar los extremos como algo poco plausible, mientras que la literatura fantástica se ocupa activamente de ellos. Magnifica y aclara la condición humana. Incluso es capaz de ponerse a la altura de las calamitosas fantasías de futuros dictadores».

También, para explicar cómo la Fantasía puede ser un medio, tal vez el único medio apropiado para representar algunas realidades impalpables, habla Garth de las escenas de El Señor de los anillos en las que un ejército de fantasmas se unen a la lucha para salvar Minas Tirith. Este asombroso episodio, recuerda Garth, es similar a una escena que narra Sassoon en Memorias de un oficial de infantería, en la que recuerda la conmoción que sintió al presenciar el regreso de sus hombres a la zona de descanso después de once días en las trincheras del Somme, y dice que «fue como si estuviera viendo un ejército de fantasmas. Fue como si hubiera visto la guerra tal y como la podría imaginar algún poeta épico dentro de cien años». Pues bien, dice Garth, Tolkien fue ese poeta épico.

Se puede deducir de lo que afirma Garth que, durante los años de la Gran Guerra, en sus reflexiones acerca del valor de la Fantasía como género —también como un medio para mantener o recuperar el sentido de la belleza y el asombro ante la vida, incluso en medio de situaciones tan trágicas— fue cuando Tolkien dio forma mental a una buena parte de las afirmaciones que hizo en su conocido ensayo de 1938, Sobre los cuentos de hadas. En semanas sucesivas me propongo resumirlo, dejando de lado algunas cuestiones que también trata, para explicar la idea que Tolkien tenía de la fantasía como género.

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.
John Garth. Tolkien y la Gran Guerra. El origen de la Tierra Media (Tolkien and the Great War. The Threshold of Middle-Earth, 2003). Barcelona: Minotauro, 2014; 505 pp; trad. de Eduardo Segura y Martin Simonson; ISBN: 978-84-450-0207-0. [
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viernes, 11 de agosto de 2017

Una gran lectura sobre el mundo judío centroeuropeo de las primeras décadas del siglo XX: la trilogía Destellos en el abismo, de Soma Morgenstern. El autor, que la comenzó hacia 1929 y cuya primera entrega fue muy elogiada por escritores como Zweig y Roth, la terminó en 1943. Su categoría como una obra de primera magnitud fue reconocida muchos años después.

Todo gira en torno a Alfred Mohylewski, un joven de 19 años al comienzo. Los personajes principales son su tío Welwel o Wolf, un bondadoso terrateniente que se toma su judaísmo muy en serio; y su competente y cascarrabias administrador Jankel Christjampoler. De fondo está el recuerdo del padre de Alfred y hermano mayor de Welwel, Josef, converso al cristianismo de rito ortodoxo griego y fallecido durante la primera Guerra Mundial.

La primera novela, El hijo del hijo pródigo, se desarrolla en Viena casi en su integridad. Welwel y Jankel viajan allí en 1929, a un Congreso de judíos ortodoxos, para intentar encontrar a Alfred. El sueño de Welwel es que regrese al judaísmo y pueda ser el heredero de la hacienda familiar. Allí tratan con el doctor Frankl, un amigo de la madre de Alfred que cumple con él un cierto papel de tutor.

La segunda novela, Idilio en el exilio, tiene lugar en Dobropolje y sus pueblos cercanos, en la Galitzia polaca fronteriza con Ucrania. Alfred se familiariza con los trabajos del campo guiado por Jankel, conoce a los vecinos, se hace muy amigo de un niño especialmente dotado llamado Lipito, tiene amoríos con una joven campesina, y progresa en su conocimiento de las enseñanzas y prácticas de la ortodoxia judía. Todo se enrarece cuando llega al pueblo un nuevo secretario de ayuntamiento que azuza de forma innoble las rivalidades políticas entre polacos, ucranianos y judíos.

En la tercera, El testamento del hijo pródigo, un hilo argumental sigue los acontecimientos que llevan a Jankel a la cárcel en la ciudad, junto con los intentos de sus amigos y de Alfred para que lo liberen, y el otro está constituido por unas largas cartas que el padre de Alfred le dejó para que las leyera siendo adulto. En ellas da explicaciones de los motivos que tuvo para cambiar del judaísmo precisamente a la ortodoxia griega y no a otro rito, y de todas las circunstancias del caso. Con ese motivo los oyentes de la lectura en alto de esas cartas, Welwel, Jankel y Frankl, recuerdan más episodios de la vida de Josef.

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
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Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
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Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
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martes, 1 de agosto de 2017

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de julio. En este mes he actualizado algunas voces del diccionario y he puesto en la sección de Artículos relaciones de libros.

En agosto seguiré poniendo más relaciones y, a mediados de mes, comenzaré a poner las entradas habituales de comentario de libros.

Ha mejorado pero aún continúa en rodaje el blog libros para jóvenes. Estas son las notas del mes de julio. Haré una pausa en agosto y volveré a poner reseñas al final del mes.

Algunos textos publicados en Medium tiempo atrás han vuelto a salir en EÑES.

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