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Notas de agosto de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
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miércoles, 31 de agosto de 2011

Un inteligente relato de aventuras, deudor y continuador de La isla del tesoro es La isla de Flint, de Leonard Wibberley. Hay que buscarlo en bibliotecas o en librerías como amazon. Es de los que, esta vez con buenos motivos, se podría decir eso de «si te ha gustado La isla del tesoro también te gustará La isla de Flint». A la derecha, portada de una edición norteamericana.

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martes, 30 de agosto de 2011

Uno de los grandes ilustradores europeos que no había incluido aquí todavía es Štěpán Zavřel. Entre sus álbumes a mí me gusta especialmente La canción del pastorcillo, con texto de Max Bolliger, un relato navideño que me parece que no está en el mercado ahora.

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lunes, 29 de agosto de 2011

Algunos de los álbumes de más éxito de las últimas décadas son los del tándem que forman Axel Scheffler y Julia Donaldson. El problema que a veces tienen es que los relatos van contados en verso, para ser leídos y oídos, y eso significa que una parte de su atractivo no es siempre fácil de transmitir en otros idiomas. No es así en ¡Cómo mola tu escoba!, un gran título para los lectores niños.

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domingo, 28 de agosto de 2011

Una tira de Calvin y Hobbes:

«Cuando crezca no pienso leer los periódicos, pasaré de los problemas serios y tampoco iré a votar», dice Calvin a Hobbes en la primera viñeta.
«Es mi forma de quejarme de que el Gobierno no me representa», continúa en la segunda.
«Después, cuando todo se vaya al cuerno, podré decir que el sistema no funcionaba y justificaré mi falta de participación», añade en la tercera.
Y, en la cuarta, Hobbes apunta que es «un plan ingeniosamente autojustificante», a lo que Calvin apostilla: «Es más divertido criticar las cosas que arreglarlas».

Y otra más:

Dice Calvin: «¡Estoy harto de oir hablar de responsabilidad personal! ¡Ya he hecho todo lo posible para que el mundo sea un lugar mejor en el que vivir!»
Hobbes, asombrado, le pregunta: «¿De verdad?»
Calvin, seguro de sí mismo, replica: «¡Claro! ¡He nacido. ¿No?!»
Y Hobbes: «Oh, sí. Perdón por no darte las gracias».
Y Calvin: «Bienvenido al club».

Bill Watterson. No quiero hacer los deberes (The Days Are Just Packed, 1996). Barcelona: Ediciones B.

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sábado, 27 de agosto de 2011

Entre los años 1911 y 1916 hubo unos meses en los que Chesterton estuvo muy enfermo: con la excepción de algunas ausencias por viajes al extranjero, fueron los únicos, a lo largo de 30 años, en los que se interrumpió su colaboración semanal con el The Illustrated London News.

Al principio de esa época sus artículos trataban casi sobre cualquier tema pero, al reanudar sus colaboraciones después de su enfermedad, prácticamente todos tienen que ver con la primera guerra mundial: sus obsesiones eran combatir las ideas de los propagandistas alemanes, explicar el origen y las consecuencias de sus ideas acerca de la superioridad racial alemana, y señalar las deficiencias argumentativas de los pacifistas de la época. Hay que señalar que si, ahora, cuando leemos a Chesterton, se ven como proféticas muchas de sus advertencias acerca del peligro que supondrían los nazis, su capacidad de ver el futuro no fue tan clara en vísperas de la primera Guerra Mundial: «en cuanto a mi opinión sobre la materia, yo pienso que no habrá guerra, pues me parece que Alemania ha empezado a dudar de su propia fortaleza» (16 de noviembre de 1912).

Chesterton señala su simpatía con los revolucionarios de tipo social: indica que tiene la «vaga pero fuerte impresión de que si yo fuera ruso sería un revolucionario ruso» (14 de octubre de 1911); que no teme que le llamen conservador porque «es la única cosa que ciertamente no soy» (6 de julio de 1912); que fue socialista en su juventud pero que no lo es ya porque el socialismo actual «es demasiado Tory para mi gusto» (15 de junio de 1912).

Su ironía y buen humor asoman continuamente. En una ocasión, después de un párrafo muy articulado, pone un paréntesis para, dirigiéndose al lector, decirle que, en fin, «esta frase es más bien larga y muy retorcida, pero entonces simplemente piensa en alguna de las de Ruskin» (18 de noviembre de 1911). Otra vez, dejándose llevar por su estilo argumentativo, intenta ejemplificar que «si tu cuelgas a un hombre...», y abre un paréntesis para señalar que, bueno, «(no supongo que lo hagas a menudo, pero este periódico llega a gente de todas las profesiones)» (1 de febrero de 1913). O, un día que menciona cartas que recibía en las que veía que no había sido comprendido bien, señala: «un día tomaré vacaciones y escribiré un libro lleno de opiniones que no sostengo. Así el mundo verá lo que es una paradoja y mis enemigos quedarán confundidos» (10 de mayo de 1913).

G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXIX, The Illustrated London News 1911-1913. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 616 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-172-4.
G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXX, The Illustrated London News 1914-1916. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 578 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-197-X.

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LopesChiquinho.JPG
viernes, 26 de agosto de 2011

Otras memorias infantiles que anteceden a, y que se podrían poner en paralelo con Miguel Street, son las recogidas en Chiquinho, del caboverdiano Bastasar Lopes. Es un libro que deja un buen sabor de boca porque, al hablar de otras gentes y otros ambientes, lo hace con calor pero sin énfasis innecesarios, con veracidad pero sin el rencor infantiloide que a veces asoma en obras semejantes. La consecuencia es que así amplía los horizontes mentales y la capacidad de comprensión del lector.

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jueves, 25 de agosto de 2011

A diferencia de las novelas históricas de fondo exhortatorio, como las citadas Junia y Grano de trigo, «la novela popular no inventa situaciones narrativas originales, sino que combina un repertorio de situaciones “tópicas” conocidas de antemano, aceptadas, y totalmente del gusto de su público» (Umberto Eco). Es el caso de otro relato que se ambienta también en la Roma antigua como La lucha por la libertad, de Simon Scarrow, un autor experto en novelas históricas muy vendidas que inicia con este libro una serie juvenil.

Marco, de diez años, vive con su padre, un centurión romano retirado que combatió con Pompeyo contra Espartaco, y con su madre, Livia. Cuando su padre decide no pagar todo lo que les reclama un abusivo prestamista, este manda unos hombres que lo matan y venden como esclavos a Marco y a su madre. Marco termina como aprendiz de gladiador: es adiestrado para combatir durante casi toda la novela mientras crece su rivalidad con otro futuro gladiador, hasta que acaba enfrentándose a él con ocasión de una fiesta que su amo da para unos nobles romanos. Su destino, como es de suponer, da un giro al final, porque su pasado se aclara y porque se le ha de poner en la rampa de salida para nuevas aventuras.

El libro tiene una dedicatoria a Rosemary Sutcliff pero la forma de narrar de Scarrow se parece poco a la de Sutcliff. Es precisa en los detalles ambientales, eso sí, pero es lineal y sin grandes dibujos. Transmite bien la violencia de las acciones que se cuentan. Alguna vez recurre a expresiones que parecen tomadas de un cómic —en una pelea «la hebilla se hincó en su carne y Marco vio un brillante fogonazo de blancura y luego, mientras retrocedía tambaleándose, una espiral de chispas»—. También usa expresiones de hoy —sois una «manada de perdedores», increpa el instructor a los futuros gladiadores—. En cualquier caso, es una novela entretenida y eficaz.

Simon Scarrow. La lucha por la libertad: gladiador (Gladiador (t x d): Fight for freedom, 2011). Barcelona: Edhasa, 2011; 310 pp.; trad. de Carlos Valdés; ISBN: 978-84-350-4100-3.

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Los primeros libros de P. G. Wodehouse fueron novelas escolares. El primero y el tercero, The Pothunters y Tales of St. Austin’s, se ambientan en el mismo colegio. No son excepcionales pero tienen ya los rasgos del gran prosista y humorista que fue el autor y, por supuesto, escenas y golpes memorables. Además, tanto esos como más libros semejantes, están accesibles a todos en la red. En la página Sociedad de Fomento Los Zánganos está traducido el primer capítulo de The Pothunters, Los cazadores de cacharros, así como muchos otros textos de Wodehouse.

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martes, 23 de agosto de 2011

Entre los libros infantiles españoles de más calidad literaria de hace ya medio siglo están Las hadas de Villaviciosa de Odón y Antón Retaco, de María Luisa Gefaell. Dados sus acentos, y su ambientación en la España de hace décadas, no son cómodos para muchos lectores niños de ahora pero cualquier buen lector los apreciará siempre.

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lunes, 22 de agosto de 2011

Varios álbumes sobre amistad entre iguales, como La montaña de los osos, y entre diferentes, como Dos amigos, ilustrados por Józef Wilkoń con texto de Max Bolliger el primero y Paz Rodero el segundo; Amigos de verdad, también de amistad entre diferentes ilustrado por Paz Rodero y con texto de José Morán.

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domingo, 21 de agosto de 2011

Un ejemplo de los que prueban que algunas emociones nos hacen conocer mejor las cosas.

Según Jean Piaget «los bebés no desarrollan ningún tipo de sentido de los números hasta los cuatro o cinco años de edad. Piaget puso de relieve que, antes de esa edad, los niños hacen mal el “test de conservación de números”. En ese test, se enseñan a los niños dos hileras, una de seis vasos y otra de seis botellas. Los objetos de cada hilera guardan la misma distancia entre sí, teniendo ambas la misma longitud. Se pregunta a niños de tres años qué hilera contiene más objetos, y casi todos responden que son iguales. A continuación, si extendemos la fila de vasos de modo que quede un espacio mayor entre cada dos vasos y hacemos la misma pregunta, la mayor parte de los niños dirán que en esta hilera hay más objetos. Así que, por lo visto, los niños de tres años creen que el número depende de lo grande que parezca algo. Según Piaget, esto demuestra que los niños no “conservan” el número». Pero muchas investigaciones posteriores «han demostrado que la idea de que los niños pequeños carecen de un concepto del número es simplemente errónea. El problema de los tests de Piaget es que a menudo pasan por alto aquello de lo que los niños son realmente capaces. (…) Usando una ingeniosa versión renovada del experimento de conservación de Piaget descrito antes, en la década de 1960 los psicólogos cognitivos Jacques Mehler y Tom Bever, en Boston por entonces, demostraron que los niños de tres años pueden “conservar” implícitamente el número. Pusieron de relieve que, en ciertas situaciones experimentales, es posible llegar a los mismos resultados que obtiene Piaget: los niños de incluso cuatro años responden a menudo que las hileras más largas contienen más canicas que las más cortas, aunque en estas últimas haya realmente más canicas que en las otras. No obstante, si las canicas son sustituidas por caramelos (…) y no se requiere ninguna respuesta verbal —se dice a los niños que escojan cuál de las dos filas quieren comerse— ya a los dos años los niños optan por la hilera con más caramelos (…) sin importarles su longitud. Así pues, evidentemente los niños sí tienen un cierto concepto del número a una edad mucho más temprana que la sugerida por Piaget».

Sarah-Jayne Blakemore y Uta Frith. Cómo aprende el cerebro. Las claves para la educación (The learning brain, 2008), Barcelona: Ariel, 2008, 3ª impr.; 301 pp.; trad. de Joan Soler; prólogo de José Antonio Marina; ISBN: 978-84-344-5305-0.

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sábado, 20 de agosto de 2011

Uno de los temas frecuentes en los dos volúmenes que reúnen los seis primeros años con las colaboraciones de Chesterton en el The Illustrated London News, fue lo que podría titularse «la despedida del siglo XIX y de la época victoriana». La muerte de algunos hombres ilustres le va dando la oportunidad de comentar las virtudes y los defectos de aquella época que había vivido en su juventud: «cada figura pública es como una pequeña isleta que es sólo el pico de una montaña sumergida» (27 de noviembre de 1909).

Otro tema que siempre tratará, pero que abunda mucho en estos años, es el de las sufragistas, pero como se ve que le abrumaban mucho con sus protestas, en un artículo llegó a decir que «no voy a tratar la cuestión femenina más en esta columna» (10 de julio de 1909), promesa que no cumplirá. Aunque más adelante discutirá extensamente con todos los teóricos del pacifismo, ya en estos textos se refiere a ellos con frecuencia: «los humanitaristas tienen corazones duros y cabezas blandas» (30 de enero de 1909).

Son muchas las ideas brillantes formuladas como de paso, como la de que «un niño no es un modelo de ética práctica pero es un oráculo de ética teórica» (14 de noviembre de 1908), o la del «científico que conscientemente descubrió que los hombres no tenemos conciencia» (20 de febrero de 1909). Son muchos los ejercicios de lógica, como cuando habla de la gente capaz de descubrir los hechos más variados pero incapaz de ver el hilo de la razón que los une, por ejemplo cuando aceptan el testimonio de una anciana en el caso de un asesinato pero no en el caso de que haya visto un milagro; es decir, que su ignorancia en un caso se toma como argumento a favor y en el otro se toma como argumento en contra (17 de abril de 1909).

Por supuesto, se reirá de sí mismo una y otra vez: «La gordura es una cualidad valiosa pues atrae admiración de los espectadores y provoca humildad en quien la tiene. Los monjes delgados pueden ser santos pero los gordos seguro que son humildes. Falstaff decía que ser gordo significa no ser odiado; ciertamente significa que se ríen de ti, y eso es una experiencia saludable para el alma humana» (8 de mayo de 1909).

Y, puestos a extraer un consejo para nuestra situación, aquí va uno, con una versión mía muy libre: si nuestra sociedad es un laberinto de chollos y chanchullos, ¿por qué no pagar también a los poetas? A fin de cuentas, un poeta que no ha hecho nada en particular mientras está paseando por el jardín toda la mañana, puede merecer su sueldo: su trabajo es el único en el que la pereza tiene alguna utilidad para la gente. Esto tiene sentido si pensamos en que un funcionario haciendo nada durante toda la mañana en su oficina cobra pero no se puede decir que esté almacenando ideas de inspiración patriótica (22 de mayo de 1909).

G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXVII, The Illustrated London News 1905-1907. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 622 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-119-7.
G. K. Chesterton. Collected Works, volume XXVIII, The Illustrated London News 1908-1910. San Francisco: Ignatius Press, 1986; 668 pp.; edited by Lawrence J. Clipper; ISBN: 0-89870-138-4.

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viernes, 19 de agosto de 2011

Algunos libros de recuerdos infantiles contienen una memorable colección de personajes singulares que tal vez lo eran porque así los veía el narrador. Un ejemplo es Miguel Street, de V. S. Naipaul, que carga mucho el acento en las peculiaridades de unos tipos que, en el fondo, son unas personas excelentes, unos «románticos incurables».

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jueves, 18 de agosto de 2011

«La novela histórica, aparte de remitirse, como es natural, a la “verdad histórica”, es una novela de fondo exhortatorio, en la que predominan diversas virtudes presentadas como modelos positivos», dice Umberto Eco. Buenos ejemplos de lo anterior son Junia y Grano de trigo, dos novelas ambientadas en la Roma del siglo II, del norteamericano Michael E. Giesler. Entre ambas está Marco, novela no traducida.

Junia es uno de los grandes partidos de Roma, no sólo por ser hija de un senador romano en ascenso, sino por ser guapa y lista. Su mejor amiga, Marcia, es una chica de origen corintio, hija de un comerciante, y siempre la impresiona por su amabilidad y alegría. Se separan y Junia, al cabo del tiempo, se entera de que Marcia y su padre fueron martirizados en el circo por ser cristianos. Eso la trastorna y la conduce a buscar qué hay detrás de todo lo que se dice de los cristianos.

En Grano de trigo el protagonista es Marco, el hermano de Junia, que se había convertido al cristianismo en la segunda novela. En esta ocasión, después de haber estudiado filosofía, vuelve a Roma para dar clases. Al poco tiempo de llegar, cuando dice a su padre que es cristiano, es expulsado de su casa. Luego se suceden escenas, protagonizadas por él o por otros, dirigidas a mostrar la forma de vivir de cristianos de diferentes ambientes sociales y profesiones.

Junia es una novela que atrapa pues está bien contada y, como el autor es experto en la época, también contiene una vívida reconstrucción de muchos aspectos ambientales. La conversión de Junia y su enfrentamiento final con su familia está bien reflejados. En las dos novelas, pero más en Grano de trigo, abundan los diálogos explicativos acerca de puntos de la doctrina cristiana. También se describen costumbres y modos de pensar propios del momento. Al ser la tercera novela de una trilogía se da por supuesto que el lector ya conoce quién es quién. Serían novelas más poderosas, creo yo, si la posición del narrador fuera más contenida y no estuviera tan volcada en favor de sus héroes.

Michael E. Giesler. Junia (2003). Madrid: Palabra, 2003; 144 pp.; col. Astor; trad. de Ralph del Valle; ISBN: 84-8239-789-3.
Michael E. Giesler. Grano de trigo (Grain of Wheat, 2011). Madrid: Palabra, 2011; 252 pp.; col. Astor; trad. de Gloria Esteban; ISBN: 978-84-9840-531-1-6.

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miércoles, 17 de agosto de 2011

El guardián del olvido
,
un relato de Joan Manuel Gisbert ilustrado por Alfonso Ruano, es un álbum con imágenes evocadoras, perfectas para una historia que habla de que hay personas a la espera de ser rescatadas por alguien que las encuentre.

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martes, 16 de agosto de 2011

Después de haber citado, hace pocos días, Smoky y Caballo de batalla, he pensado que aquí faltaba una famosa autobiografía animal más cercana: Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga.

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lunes, 15 de agosto de 2011

Tiempo atrás mencioné una novela gráfica sobre jazz. Un buen álbum sobre jazz, no publicado en España, es Ben's Trumpet, de Rachel Isadora.

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domingo, 14 de agosto de 2011

T. S. Eliot
:
 «La fuerza dominante en la creación de una cultura común entre distintos pueblos es la religión. No cometan aquí, por favor, el error de anticiparse a lo que quiero decir. Esto no es una charla religiosa y no me propongo convertir a nadie. Estoy simplemente constatando un hecho. En la actualidad estoy poco interesado en la comunión de los creyentes cristianos. Yo hablo de la tradición cristiana común que ha hecho de Europa lo que es, y de los elementos culturales comunes que ese cristianismo ha traído consigo. Si mañana Asia se convirtiera al cristianismo, no pasaría por ello a formar parte de Europa. Nuestras artes se han desarrollado dentro del cristianismo, en él se basaban hasta hace poco las leyes europeas. Todo nuestro pensamiento adquiere significado por los antecedentes cristianos. Un europeo puede no creer en la verdad de la fe cristiana pero todo lo que dice, crea y hace, surge de su herencia cultural cristiana y sólo adquiere significado en relación a esa herencia. Sólo una cultura cristiana ha podido producir un Voltaire o un Nietszche. No creo que la cultura europea sobreviviera a la desaparición completa de la fe cristiana. Y estoy convencido de ello, no sólo como cristiano, sino como estudiante de biología social. Si el cristianismo desaparece, toda nuestra cultura desaparecerá con él. Tendríamos entonces que comenzar penosamente de nuevo. No es posible adoptar una nueva cultura ya confeccionada. Uno ha de esperar a que crezca la hierba que alimentará a las ovejas que darán la lana con la que se hará un abrigo nuevo. Hay que pasar a través de muchos siglos de barbarie. No viviríamos para ver la nueva cultura, ni tampoco los nietos de nuestros nietos, y en el caso de que llegásemos a verla, no seríamos felices en ella».

T. S. Eliot. La unidad de la cultura europea. Notas para la definición de la cultura (Notes towards the definition of Culture, 1948). Madrid: Encuentro, 2003; 189 pp.; col. Raíces de Europa; trad. de Félix de Azúa; ISBN: 84-7490-703-9.

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sábado, 13 de agosto de 2011

Chesterton
publicó un artículo semanal en The Illustrated London News desde 1905 hasta su muerte, salvo algunas ocasiones aisladas y durante los meses en los que estuvo enfermo de gravedad, entre noviembre de 1914 y mayo de 1915. Años atrás esos artículos han sido publicados en varios volúmenes por la editorial Ignatius Press: cuando escribo esto falta el correspondiente a los años 1935 y 1936.

Durante la vida de Chesterton se publicaron libros que recopilaban artículos tomados de aquí: All Things considered, Charlas, Come to Think of It, All is Grist, All I Survey, Avowals and Denials, As I Was Saying. En las recopilaciones póstumas que publicó su secretaria, una la compuso con artículos que procedían de la misma fuente: The Glass Walking-Stick, titulado El color de España en la edición española.

En esos libros los artículos a veces tienen otros títulos del que tuvieron cuando se publicaron en prensa y, a veces, están algo modificados o incluso recogen párrafos de distintos artículos. Sería una tarea interesante, que yo empecé pero no seguí porque tampoco vi que me aportara mucho, contrastar los originales para la prensa y los que luego se publicaron en libro.

En los primeros artículos que Chesterton publicó trataba dos o tres temas, forma de actuar que abandonó con el paso de las semanas. También, al principio, se hacía eco, con más frecuencia de lo que hará posteriormente, de las cartas que recibía. Como es lógico, van saliendo en ellos cuestiones de actualidad: personas que fallecen, noticias sociales o políticas, libros que se publican, debates del momento, etc.
Con el paso del tiempo se ve cómo Chesterton fue hábilmente saltándose la condición que se le impuso a sus colaboraciones: «En estas columnas no se me permite hablar de política o de religión, lo que es un inconveniente; son los dos únicos temas que me parece a mí que tienen el más ligero elemento de interés para un hombre sano» (7 de abril de 1906).

En sábados sucesivos iré poniendo comentarios a esos libros y notas que he ido tomando al leerlos.

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viernes, 12 de agosto de 2011

Hijo de ladrón
,
de Manuel Rojas, es una novela muy bien escrita que presenta una gran galería de tipos marginales —vagabundos, aventureros, delincuentes...—, y que intenta conducir al lector a la comprensión de ese tipo de hombres que van por la vida con heridas que no se ven.

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BondouxTiempoMil.jpg
jueves, 11 de agosto de 2011

Tiempo de milagros,
de Anne-Laure Bondoux, es una gran historia que, como tal, merece ser conocida, pero cuya forma de ser contada tiene agujeros.

Desde Francia escribe lo sucedido el protagonista, un chico llamado Blaise Fortune. Habla de su infancia, en la república soviética de Georgia, con Gloria, una mujer que le rescató de un accidente en el que murió su madre, francesa. Viven en casas miserables con otra gente y deben trasladarse varias veces de un lugar a otro. Finalmente, Gloria decide que vayan a Francia pero, cuando Blaise, que tiene unos ocho años entonces, se oculta en un camión para entrar en Francia y luego es descubierto, resulta que Gloria no está. Pasará su infancia y adolescencia en Francia, en distintos centros y hogares de acogida, intentando averiguar qué fue de Gloria.

Quien tenga ciertos conocimientos de lo que ocurrió cuando la Unión Soviética se hundió percibirá lo que hay por debajo de todo lo que sufren Gloria, Blaise, y otros personajes como ellos, golpeados y arrastrados de un lugar a otro. El lector perspicaz adivinará pronto algunos misterios que Blaise no comprende pero, con todo, la intensidad que coge la narración cuando se acerca el desenlace casi seguro que le golpeará igual. Ahora bien, la voz ingenua con la que Blaise cuenta sus años de infancia no encaja nada bien con el momento en el que lo hace.

Anne-Laure Bondoux. Tiempo de milagros (Les temps des miracles, 2009). Zaragoza: Edelvives, 2010; 217 pp.; trad. de Ana Mª Navarrete Cubedo; ISBN: 978-84-263-7529-2.

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miércoles, 10 de agosto de 2011

Esto es coraje
,
de Armstrong Sperry, es una excelente muestra del género de las robinsonadas y un atractivo relato de maduración personal, que cuenta con unas ilustraciones excelentes del mismo autor.

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martes, 9 de agosto de 2011

Un relato norteamericano de hace algún tiempo y con mucho encanto: Un grillo en Nueva York, de George Selden. Pertenece al grupo de historias estructuradas en dos planos separados pero paralelos: los animales por un lado, y los hombres por otro.

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lunes, 8 de agosto de 2011

Un álbum de los que, como las historias de Carlitos y Snoopy, refleja un sentimiento fatalista que pueden sufrir tanto niños como adultos: Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day, de Judith Viorst y Ray Cruz. Hay edición en castellano pero creo que no en España.

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domingo, 7 de agosto de 2011

David Mamet:
«Heredamos de los soviéticos y sus satélites la concepción totalitaria del teatro (por ejemplo, Brecht). Esto es: el teatro (la tragedia, el drama, la comedia, la farsa) no existe para hacer pasar un buen rato al público, mediante el desarrollo de una trama, sino para enseñar o reforzar diversas verdades universales no suficientemente puestas de relieve. Tales verdades, por lo común, se basan en el supuesto intelectual de que un conjunto de humanos es bueno y el otro malo: los obreros son buenos, los capitalistas son malos; las mujeres son buenas, los hombres son malos; los enfermos son buenos, los sanos son malos; los gays son buenos, los heteros son malos.

Obsérvese que si invirtiéramos el paradigma (los heteros son buenos, los gays son malos) quedaría clara la monstruosidad de la propuesta».

David Mamet. Manifiesto (Theatre, 2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 174 pp.; col. Los Tres Mundos; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-0920-8.

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sábado, 6 de agosto de 2011

Algunos comentarios de Chesterton acerca del valor, el interés y la influencia de los relatos policiacos, tomados del libro reseñado hace tres semanas:

—«El primer valor esencial de las novelas de detectives radica en que son la primera y única forma de literatura popular en que se expresa la poesía de la vida moderna».

—«Un relato detectivesco es, en un sentido especial, un relato espiritual, puesto que se trata de un relato en el que se ponen en duda incluso las simpatías morales».

—«El arte nunca es amoral, aunque pueda ser inmoral o, lo que viene a ser lo mismo, moral, pero con una moralidad equivocada. La única emoción, incluso de una vulgar novela de crímenes, tiene que ver con la conciencia y la voluntad, e implica descubrir que las personas son mejores o peores de lo que parecen y que lo son por propia elección».

—«Mientras la constante tendencia del viejo Adán es rebelarse contra algo tan universal y automático como la civilización, y predicar la independencia y la rebelión, la novela policiaca tiene siempre presente el hecho de que la civilización en sí misma es la mayor de las independencias y la más novelesca de las rebeliones. (…) La novela policiaca es, por lo tanto, la novela del hombre. Se basa en el hecho de que la moralidad es la más oscura y atrevida de las conspiraciones. Nos recuerda que ese trabajo policial silencioso e imperceptible con el que nos regimos y protegemos no es más que una triunfal caballería andante».

—«En todas las épocas a la gente le influye más la ficción que la realidad», y eso es así porque mientras cualquier tragedia concreta le ocurre a alguien, «podemos afirmar que la tragedia de Estudio en escarlata le ha ocurrido a todo el mundo. Le ha sucedido a todo el mundo como idea, y las ideas son cosas prácticas».

—«El peculiar daño infligido por las novelas policiacas radica en que, al ser ficticias, son mucho más puramente racionales que los sucesos detectivescos de la vida real. (…) [En cambio] «la vida, en su sentido más agudo y severo, se basa en atmósferas espirituales y en emociones innombrables e impalpables. Los hombres prácticos siempre actúan basados en la imaginación: no tienen tiempo para actuar según la sabiduría mundana. Cuando alguien recibe a un oficinista en busca de empleo, ¿qué hace? ¿Le mide el cráneo? ¿Comprueba sus antecedentes hereditarios? No: hace conjeturas. Como no sabemos y no podemos saber, se ve obligado a saltar al vacío».

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viernes, 5 de agosto de 2011

Leídos ahora, los libros sobre Don Camilo, de Giovanni Guareschi, están fuera del contexto social que los hizo tan populares, en Italia y en muchos otros países. Pero siguen siendo libros agudos y divertidos, que presentan bien la posibilidad de una amistad por encima de cualquier barrera ideológica.

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jueves, 4 de agosto de 2011
Saboreando el cielo: una infancia palestina, de Ibtisam Barakat, es un buen relato de memorias. La autora, que vive desde 1986 en Estados Unidos, habla de su infancia en la Palestina de los años sesenta y setenta. Se limita a contar fragmentos de su vida, varios relacionados con las consecuencias de la guerra de los Seis Días en su familia y en su entorno. Son excelentes algunas escenas escolares de cuando era niña y otras de vida cotidiana, de años después, cuando ya es una estudiante universitaria. Lo hace con la voz de una chica joven que observa y es prudente en su forma de actuar y, también, de expresarse. Precisamente por su elegancia narrativa su relato resulta convincente. Uno de sus rasgos es que no falta el buen humor: mi madre, afirma, «es la persona más inteligente que conozco. Puede que haya diez personas bobas en Ramala porque ella se ha quedado con su parte de inteligencia». Pero lo más sobresaliente de la narradora es que tiene un inusual talento descriptivo: por ejemplo, al hablar de un control policial en un autobús en el que va ella, cuenta que un chico, a pesar de los soldados y las pistolas, no puede parar de reír hasta que un soldado, enfadado, le da un puñetazo..., «pero el muchacho sigue riendo como la taza rota que no puede guardar su contenido. El militar le golpea de nuevo. Ahora la carcajada zigzaguea, primero alto y luego bajo, como un ratón intentando escapar sin saber a dónde ir».
Ibtisam Barakat. Saboreando el cielo: una infancia palestina (Tasting the sky. A Palestinian Childhood, 2007). Barcelona: Bambú, 2009; 197 pp.; trad. de Arturo Peral Santamaría; ISBN: 978-84-8343-070-5.
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miércoles, 3 de agosto de 2011

Dos libros agotados hace tiempo, de los que dan pistas sobre otras culturas y otras épocas casi nada conocidas entre nosotros: A orillas del alto Yangtze y Para vencer a un tigre, de Elizabeth Foreman Lewis.

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martes, 2 de agosto de 2011

Zanaforius el Grande,
de Kęstutis Kasparavičius, tiene como protagonista un conejo al que llaman Zani por ser muy pequeño. Cuando se mira en el espejo se desanima: «—Dios mío, sí que soy pequeño —suspiró afligido». En fin, convence a sus padres de que los tiempos han cambiado y que los conejos no tienen por qué comer zanahorias, y que los dulces son mucho mejores. No hay que decir que eso le causa muchos problemas, aunque sorprende que ni sus padres ni nadie alrededor le diga nada: todos se dedican a complacerle y atiborrarle. Todo cambiará cuando una conejita muy segura de sí misma le pone una «Dieta Especial de Verduras Fácil de Seguir», que incluye comenzar cada mañana con una ducha helada.

La mayoría de las ilustraciones, como en otros libros del autor, van recuadradas y ocupan algunas páginas completas; a ellas se añaden algunas ilustraciones pequeñas en las páginas donde va el texto; y otras que, sin recuadros y sin ser uniformes, ocupan parcialmente las dobles páginas. El autor pone caras serias e inexpresivas a sus figuras que, con todo, resultan simpáticas. En el texto abundan las descripciones de dulces que, de tan apetitosos, casi anulan el mensaje de advertencia que algunos ven en el libro. Sea como sea, es una historia graciosa y amable.

Kęstutis Kasparavičius. Zanaforius el Grande (Kiškis Morkus Didysis, 2011). México: Fondo de Cultura Económica, 2011; 62 pp.; col. Los especiales de A la orilla del viento; trad. de Margarita Santos Cuesta; ISBN: 978-607-16-0459-0.

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LentTembo.JPG
lunes, 1 de agosto de 2011

Un álbum de hace años, que cuenta una historia graciosa y está compuesto con una técnica particular a base de acuarelas y recortes de cartulina: Tikki Tikki Tembo, de Blair Lent. No está editado en España, que yo sepa.

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