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Notas de junio de 2020 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 26 de junio de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de junio.

En esta nota  están los libros mejores que he leído y comentado en esta página en los últimos seis meses.

La gran mayoría de los libros de los que he hablado en el último mes, igual que los que saldrán en julio, e incluso en agosto, no son como los que habitualmente comento: las bibliotecas y librerías han estado cerradas las semanas del confinamiento y he aprovechado para leer o releer bastantes libros antiguos.

Sin duda son, en general, mejores lecturas, así que he salido ganando, y lo mismo les ocurrirá a quienes sigan las pistas que he dejado: entre otras, leer o volver a leer la primera serie de los Episodios Nacionales, o clásicos breves como los de la gran colección Doce uvas (he hablado hasta el momento de Rilke, Séneca, Cicerón, Montaigne..., y lo haré de varios más), o colecciones de cuentos tradicionales, o La venganza de don Mendo...

A quienes me han ido preguntando lecturas con frecuencia les he remitido a los escritores que más conozco y a mis guías sobre ellos —recientes, solo en formato electrónico, La discreción del bien (Dostoievski), El secreto de la belleza (McCarthy) y La esperanza del rescate (Golding); de hace más meses, también en papel, La eficacia del optimismo (Dickens), Formas de la felicidad (varios autores) Una espléndida sinceridad (Stevenson)—.

Además, a los que siguen más de cerca los libros infantiles y juveniles, les he recomendado las selecciones de charlas y artículos sobre LIJ que he podido preparar también estas semanas: Verdades y leyendas y Corrientes profundas.

En nuevocuaderno: notas del mes de junio

En Libros para jóvenes: notas del mes de junio.

En medium puse varias entradas de distinto tipo sobre libros: Grandes libros, buenos lectores (una selección de aforismos de Gómez Dávila), Libros sobre Cervantes (una entrada larga sobre libros que vale la pena conocer), 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff. (Y aprovecho para decir que espero preparar pronto un libro electrónico con las mejores entradas puestas hasta el momento en medium).

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jueves, 25 de junio de 2020

Una selección de libros de los últimos seis meses, seleccionados a su vez entre los que puse en las notas de días previos, sería esta:

—para prelectores, un divertido cómic como La fiesta y otras historias y el juguetón El señor Búho

—para primeros lectores, estos dos álbumes: El muro en mitad del libro, y uno que puede animar a otras lecturas posteriores como Los cuentos de Willy;

—entre los libros infantiles, uno muy eficaz como Cuentos de fantasmas del abuelo y uno de fantasía sin edad como Érase dos veces el barón Lamberto

—un álbum de conocimientos científico-técnicos: Curiosity: la historia de un robot explorador de Marte

—dos álbumes informativos sobresalientes y de gran formato: el elegante En el jardín y el espectacular Océano

—una buena novela juvenil: El sorprendente catálogo de Walker Dawn

—dentro de la tendencia creciente de cómics infantiles y juveniles, dos personajes a seguir: El temerario Jack y Los espeluznantes casos de Margo Maloo.

—una larga novela decimonónica que se ha publicado por primera vez en España: El mundo en que vivimos;

—un libro que me gustado mucho, de arte y autoficción podríamos decir, es El nervio óptico;

—un ensayo muy notable, por su amenidad y su riqueza de contenido, es El infinito en un junco;

—un libro excepcional sobre cuestiones educativas: La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos.

Y hay más..., que diré mañana.

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miércoles, 24 de junio de 2020

Los mejores libros de ficción leídos en los últimos meses:

   Un chelín para velas. Josephine Tey.
   El árbol de las cerezas. Paola Peretti.
   Asesinato es la palabra. Anthony Horowitz.
   El mundo en que vivimos. Anthony Trollope.
   Un hijo de nuestro tiempo. Ödön von Horváth.
   Vidas descalzas. Fabio Geda.
   El asedio de Troya. Theodor Kallifatides.

Y de no-ficción:

   Ochenta días: la gran carrera de Elizabeth Bisland y Nelly Bly, la vuelta al mundo que hizo historia. Matthew Goodman.
   Benito Pérez Galdós: vida, obra y compromiso. Francisco Cánovas Sánchez.
   El río. Ana María Matute.
   Cartas a un joven poeta. Rainer Maria Rilke.
   La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos. Mariolina Ceriotti Migliarese.

Además, en nuevocuaderno he puesto comentarios a libros que tienen bastante de novelas y bastante de autoficción que no había mencionado antes en bienvenidosalafiesta:

   La fruta del borrachero. Ingrid Rojas.
   El nervio óptico y La luz negra. María Gaínza.
   Desierto sonoro. Valeria Luiselli.

Y en el mismo lugar he hablado de algunos libros de no-ficción:

   El rebaño excelente. William Deresiewicz.
   No society. Christophe Guilluy.
   La imaginación conservadora. Gregorio Luri.
   Hablando de niños. Carlos González.
   El infinito en un junco. Irene Vallejo.

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martes, 23 de junio de 2020

Álbumes y libros informativos (de distintos alcance y extensión):

   Basura: todo sobre la cosa más molesta del mundo. Gerda Raidt.
   Curiosity: la historia de un robot explorador de Marte. Markus Motum y Stuart Atkinson.
   En el jardín. Emma Giuliani.
   Migraciones: los increíbles viajes de los animales. Jenni Desmond y Mike Unwin.
   Loco por los felinos. Owen Davey.
   Osos. Pascal Girard.
   El jardín de Matisse. Cristina Amodeo y Samantha Friedman.
   Océano. Hélène Druvert y Emmanuelle Grundmann.
   La noche de Nandi. Eileen Browne.

Cómics y libros infantiles:

   Yin y el dragón. Xu Yao y Richard Marazano.
   El temerario Jack y El temerario Jack y el rey duende. Ben Hatke.
   Los espeluznantes casos de Margo Maloo. Drew Weing.
   Érase Dos veces El barón Lamberto o el misterio de la isla de San Giulio. Gianni Rodari.
   Una preciosa vaquilla. Marc Boutavant y Emmanuel Guibert.
   Robot salvaje. Peter Brown.
   Cuentos de fantasmas del abuelo. James Flora.

Cómics y libros juveniles:

   Nelly Bly, diario de una viajera. Montse Mazorriaga y Carlos Correia.
   Y entonces nos perdimos. Ryan Andrews.
   Fantasmas. Raina Telgemeier.
   Raritos y Valiente. Svetlana Chmakova.
   NonNonBa. Shigueru Mizuki.
   Hicotea. Lorena Álvarez.
   El sorprendente catálogo de Walker Dawn. Davide Morosinotto.
   El brazalete de piel de mono. Marta Román.
   El taller de bicicletas (o el secreto inconfesable de Raoul Taburin). Jean Jacques Sempé.

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lunes, 22 de junio de 2020

Los mejores álbumes para pequeños leídos en los últimos meses:

   Animales y Frutas. Oscar Villán y Antonio Rubio.
   Juego de letras. Oscar Villán y Antonio Rubio.
   Flora y los pavos reales. Molly Idle.
   Atascado. Shinsuke Yoshitake.
   Fox + Chic. La fiesta y otras historias. Sergio Ruzzier.
   El señor Búho. Jacqui Lee.
   El joven guerrero. Gusti y Ricardo Alcántara.
   Un Zorro. Un libro (de miedo) para contar. Kate Read.
   Si te pica un mosquito. Jordi Gastó y Christian Inaraja.

Los mejores álbumes para primeros lectores:

   La casa de los pájaros. Carmen Queralt y Estrella Ortiz.
   Mientras tú duermes. Mariana Ruiz Johnson.
   Pequeño botón. Lucía Cobo y Paula Merlán.
   El lobezno perdido. Jim Field y Rachel Bright.
   No tengas miedo, cangrejita. Chris Haughton.
   La reina de la noche. Mandana Sadat y Pep Molist.
   Zoo ilógico. Ramón Paris y Raúl Romero.
   Marta en el fondo del mar. Albertine y Germano Zullo.
   Todos al trabajo y Todo sobre ruedas. Richard Scarry.
   Los cuentos de Willy. Anthony Browne.

Los mejores álbumes para lectores más mayores:

   El muro en mitad del libro. Jon Agee.
   Rady, el gato enfermero. Tadahiro Uesugi y Satorino Fuchigami.
   Cosas que no hacen los mayores. Benjamín Chaud y Davide Cali.
   El bosque milenario. Jiro Taniguchi.
   Valientes. Clotilde Perrin.
   Cuenta conmigo. Miguel Tanco.
   Bajo las olas. Xabier Salomó y Maritxell Martí.
   Incompleto. José Fragoso.
   Mateo. Carmen Queralt y Marisa López Soria.

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viernes, 19 de junio de 2020

Tercera novela de los Episodios Nacionales.

1808. Dos acontecimientos centrales: en marzo, el motín que haría caer a Godoy —«era aquella la primera vez que veía al pueblo haciendo justicia por sí mismo, y desde entonces le aborrezco como juez», dice Araceli—; y en mayo, la revuelta popular del día 2 —«raras veces presenta la historia ejemplos como aquel, porque el sentimiento patrio no hace milagros sino cuando es una condensación colosal, una unidad sin discrepancias de ningún género, y por lo tanto una fuerza irresistible y superior a cuantos obstáculos pueden oponerle los recursos materiales, el genio militar y la muchedumbre de enemigos»—. En medio de los acontecimientos, llevados de un lugar para otro, están Gabriel, Inés, su tío, y otros personajes. Poco a poco, el héroe aprende: «las contrariedades me habían dado alguna experiencia; conocía ya los rudimentos de la ciencia del corazón, y el mío principiaba a reunir ese tesoro de desconfianzas, merced a las cuales medimos los pasos peligrosos de la vida». En lo que se refiere a las aventuras del héroe lo que importa es que, al final, Inés es secuestrada y desaparece.

Abundan, como siempre, los adjetivos descriptivos magníficos: una voz becerrona, una mano lagartijera… Asoman, también como siempre, la ironia zumbona y los conocimientos literarios del autor: el narrador dice que estaban en la taberna «pidiendo Lopito para sí aguardiente de Chinchón, y yo tintillo de Arganda», y continúa: «No estábamos solos en aquella academia de buenas costumbres, porque cerca de la mesa en que nosotros perfeccionábamos nuestra naturaleza física y moral, se veían hasta dos docenas de caballeros, en cuyas fisonomías reconocí a algunos famosos Hércules y Teseos de Lavapiés, de aquellos que invocó con épico acento el poeta al decir: Grandes, invencibles héroes, que en los ejércitos diestros de borrachera, rapiña, gatería y vituperio, fatigáis las faltriqueras».

Entre los muchos personajes singulares que destaca la narración hay varias mujeres combatientes cuyo comportamiento heroico y feroz desmiente las afirmaciones masculinas típicas: «en este día el llanto es indigno aun en las mujeres» dirá un anciano. Por ejemplo, esta escena de combates callejeros en la Puerta del Sol: «—Ven acá, Judas Iscariote —exclamó la Primorosa, dirigiendo los puños hacia un mameluco que hacía estragos en el portal de la casa de Oñate—. ¡Y no hay quien te meta una libra de pólvora en el cuerpo! ¡Eh, so estantigua!, ¿pa qué le sirve ese chisme? Y tú, Piltrafilla, echa fuego por ese fusil, o te saco los ojos. Las imprecaciones de nuestra generala nos obligaban a disparar tiro tras tiro».

Pero aquí destaco la descripción que hace de un tipo muy particular que reaparecerá más adelante: «Juan de Dios era sin género de duda un excéntrico, pues también en aquella época había excéntricos. Un hombre que no habla, que ignora lo que es la risa, que no da un paso más de los necesarios para trasladarse al punto donde están la pieza de tela que ha de vender, la vara con que la ha de medir, y la hortera en que ha de guardar el dinero; un hombre que en todas las ocasiones de la vida parece una máquina cubierta con la humana piel para remedar mejor nuestra libre, móvil e impresionable naturaleza, ha de llevar dentro de sí algo ignorado y excepcional».

Como en Trafalgar reivindicó a varios marinos españoles al frente de la flota, en esta novela Galdón reivindica las figuras de dos oficiales de artillería desconocidos que hicieron frente a un asalto de las tropas francesas en las calles de Madrid: «Eran aquellos los dos oficiales oscuros y sin historia, que en un día, en una hora, haciéndose, por inspiración de sus almas generosas, instrumento de la conciencia nacional, se anticiparon a la declaración de guerra por las juntas y descargaron los primeros golpes de la lucha que empezó a abatir el más grande poder que se ha señoreado del mundo. Así sus ignorados nombres alcanzaron la inmortalidad». Hablará después de Pedro Velarde, Luis Daoiz y otros, y terminará su historia estando presente y siendo una de las víctimas del 2 de mayo.

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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jueves, 18 de junio de 2020

Hay libros infantiles o juveniles preparados con el objetivo de acercar a los lectores a un autor, ofreciéndoles pocos textos suyos, pero bien elegidos, y presentándoselos en un libro físicamente atractivo por la calidad de su edición y sus imágenes. Es el caso de 12 poemas de Antonio Machado, acompañados de sugerentes y evocadoras ilustraciones de Pablo Auladell y seleccionados entre los más conocidos del poeta sevillano —en especial por quienes oyeron en el pasado las versiones cantadas de Joan Manuel Serrat de, por ejemplo y entre otros, «La saeta», «Proverbios y Cantares» I («Nunca perseguí la gloria») y XXIX («Caminante, son tus huellas»)—. Al final hay una breve biografía de Machado y un comentario del ilustrador sobre su particular «relectura» de los poemas que ilustra.

Antonio Machado. 12 poemas de Antonio Machado. Selección de poemas de Manuela Rodríguez y Antonio Rubio. Pontevedra: Kalandraka, 2020; 36 pp.; ilust. de Pablo Auladell; ISBN: 978-84-8464-045-5. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 17 de junio de 2020

Durante los días del confinamiento aproveché para leer muchos cuentos populares y para enterarme algo más del enorme trabajo de algunos folcloristas de los que no sabía nada. Entre otras obras leí la muy documentada recopilación Cuentos y leyendas populares de la Argentina, un espectacular trabajo de mediados del siglo XX que hizo Berta Elena Vidal de Battini, y un trabajo también muy notable y algo posterior, aunque menos extenso, como son los Cuentos populares chilenos, de Ramón Laval.

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martes, 16 de junio de 2020

He puesto datos de las ediciones más recientes de dos álbumes de Chris Van Allsburg, Jumanji y Los misterios del señor Burdick, y de NO, de Claudia Rueda.

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sábado, 13 de junio de 2020

Notas tomadas de libros o de declaraciones del director de cine francés Robert Bresson (1901-1999):

—De Notas sobre el cinematógrafo: Lo verdadero del cine, El silencio es necesario.

—En La política de los autores, entrevistas: Dejar al espectador lo más libre posible, De la simplificación.

—De Bresson por Bresson: entrevistas, 1943-1983: Elegir y suprimir, La verdad de la emoción, Juana de Arco según ella misma.

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viernes, 12 de junio de 2020

Segunda novela de los Episodios Nacionales.

1807. El acontecimiento histórico en el centro del relato es el de una conjura del príncipe Fernando y sus seguidores contra su padre, el rey Carlos IV. Gabriel vive en Madrid como aprendiz en una imprenta y como criado de una actriz —«mi trabajo, si no escaso, era divertido y muy propio para adquirir conocimiento del mundo en poco tiempo»—. Conoce a Inés —una modista de 14 años que vive con su madre, viuda, que al final de la novela fallecerá diciéndole que no es su verdadera madre—, y entra al servicio de la intrigante Condesa Amaranta (nombre ficticio que se refiere a la Duquesa de Alba). Así Gabriel entra en contacto con ambientes cortesanos y populares de Madrid, lo que le permitirá ir presentando gente de muy distinto tipo, cosa que hace, dice, «para que se comprenda qué clase de espantajos había entonces para regocijo de aquella generación. En cuanto a mí, siempre me han hecho gracia estos tipos de la vanidad humana, que son sin disputa los que más divierten y los que más enseñan». Sin embargo, el narrador mostrará bien cómo se sintió fascinado por «estar en palacio, creyendo que sólo por el contacto del suelo que pisaban mis pies, tenía nuevos títulos a la consideración del género humano; y como cuantos llevamos la generosa sangre española en nuestras venas, somos propensos a la fatuidad, no pude menos de creerme un verdadero y genuino personaje».

Como el mismo narrador reconocerá, en ocasiones hace digresiones que le desvían de los hilos de su historia: el de los acontecimientos públicos y el de sus afanes privados. En esta novela tiene un especial interés, y también encaja de lleno con las andanzas del héroe, la que dedica al teatro de la época. Se describen bien las discusiones que había entre un tipo de teatro y otro, se cuenta el modo en que los partidarios de unos y otros abucheaban e intentaban hacer fracasar las obras de los rivales. Se discute también, por boca de distintos personajes, la valía de unos y otros dramaturgos: cuando Gabriel le dice al pedante Cascaciruelas que le parece bien la intención de un autor de censurar los vicios de la educación del momento, su interlocutor le responde diciéndole que nadie le manda al autor meterse en esas filosofías y que nada tiene que ver la moral con el teatro. El narrador terminará con una defensa cerrada de Leandro Fernández de Moratín: de él dice Gabriel que, «en sus conversaciones era siempre mucho menos festivo que en sus escritos; pero tenía semejanza con éstos por la serenidad inalterable en las sátiras más crueles, por el comedimiento, el aticismo, cierta urbanidad solapada e irónica, y la estudiada llaneza de sus conceptos. Nadie le puede quitar la gloria de haber restaurado la comedia española, y El sí de las niñas, en cuyo estreno tuve, como he dicho, parte tan principal, me ha parecido siempre una de las obras más acabadas del ingenio».

El contacto con gente de toda clase propicia que vaya en aumento el conocimiento propio del narrador, lleno de juvenil ignorancia y equivocado patriotismo, pues «me hallaba por más señas en la edad en que somos tontos», reconocerá. Pero, después de varios tristes episodios, dirá de sí mismo que «he sido un alma de cántaro; pero bien dice el señor cura, [el tío de Inés], que la experiencia es una llama que no alumbra sino quemando»; dirá que «salí decidido a huir para siempre del vergonzoso arrimo de cómicos y danzantes, de damas intrigantuelas y de hombres corrompidos y fatuos»; que, «después de tanto abatimiento», había hecho «una nueva conquista de inmenso valor, la idea del honor»; que desde ahora sus objetivos se centrarían en «llegar a ser persona de provecho; pero de modo que mis acciones me enaltezcan ante los demás y al mismo tiempo ante mí, porque de nada vale que mil tontos me aplaudan, si yo mismo me desprecio».

Pero todo será posible gracias a Inés, una chica de la que al principio piensa que es muy buena pero tiene pocos alcances e incluso se lo dice a ella: «Al fin eres mujer, y las mujeres... como no sea hacer calceta, y de poner el puchero a la lumbre, de nada entienden una higa. Este negocio que tratamos no es para tu pobre cabecita. Los hombres son los que lo entendemos bien, porque tenemos un modo de ver las cosas más por lo alto, porque en fin, tenemos más talento». Pero Gabriel irá dándose cuenta de que las cosas son al revés: «Inés tenía el don especialísimo de poner todas las cosas en su verdadero lugar, viéndolas con luz singular y muy clara, concedida a su privilegiado entendimiento, sin duda para suplir con ella la inferioridad que le negó la fortuna». (…) Todo en ella era sencillez, hasta su hermosura, no a propósito para despertar mundano entusiasmo amoroso, sino semejante a una de esas figuras simbólicas, que no están materialmente representadas en ninguna parte; pero que vemos con los ojos del alma, cuando las ideas agitándose en nuestra mente, pugnan por vestirse de formas visibles en la oscura región del cerebro».

Más adelante dirá: «Puedo decir comparando mi espíritu con el de Inés, y escudriñando la radical diferencia entre uno y otro, que el de ella tenía un centro y el mío no». Un centro que, cuando muere su madre, el narrador describirá diciendo que era el suyo «un dolor resignado, propio de quien acostumbraba a relacionar las penas y las alegrías con la voluntad de arriba». El narrador, antes de cerrar este capítulo, recuerda la acción de la Providencia en su vida del siguiente modo: «cuando se acerca el fin de la jornada, causa cierto gozo el considerar de qué extraña manera nos prepara la Providencia, allá en los comienzos de nuestra vida, el camino que hemos de recorrer y hasta los tropiezos o facilidades, penas y alegrías que en él hemos de encontrar. El tránsito de la niñez a la juventud parece el esbozo de un drama, cuyo plan apenas se entrevé en el balbuciente lenguaje de los primeros afectos y en la indecisión turbulenta de las primeras acciones varoniles».

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jueves, 11 de junio de 2020

Un excelente primer acercamiento a los Ensayos de Michel de Montaigne es leerse la selección de la colección Doce uvas. El traductor y prologuista da unos breves datos biográficos del autor, resume bien su pensamiento, y explica que la selección de textos está pensada para intentar dar sus principales "tesis" «en el ámbito de la ética y las costumbres, además del testimonio sobre sí mismo, que es lo más llamativo de los Ensayos», y por eso no se incluyen las historias que cuenta en ellos acerca de autores clásicos o de personajes históricos. Unos párrafos son estos:

«Estimo que la nodriza de las más falsas opiniones públicas y particulares es la exagerada buena opinión que el hombre tiene de sí mismo».

«Las cosas no son dolorosas y difíciles por sí mismas: nuestra debilidad y cobardía las hace tales. Para juzgar las cosas grandes y elevadas, hace falta un alma alta; si no es así, les atribuimos nuestro vicio. Un remo en el agua parece curvo, pero es recto».

«No es cosa de poco tener que regir a otros, cuando regirnos a nosotros mismos ya es tan dificultoso. En cuanto al mandar, que parece algo tan dulce, si se tiene en cuenta la imbecilidad del juicio humano y la dificultad de elegir entre las cosas nuevas e inciertas, soy de la opinión de que es más fácil y más agradable seguir que guiar. Es un gran descanso para el espíritu tener que seguir solo una vía ya trazada, respondiendo solo de uno mismo. "Vale más obedecer mucho, en tranquilidad, que dirigir un imperio" (Lucrecio, De rerum natura, V, 1, 126). Y lo que decía el rey Ciro: que solo corresponde mandar al hombre que vale más que aquellos a los que manda»

«Es conveniente enseñar cuidadosamente a los niños a odiar los vicios por propia naturaleza y hacerles ver su natural deformidad, para que huyan no solo de practicarlos sino de acogerlos en su corazón. Que la misma idea de vicio les sea odiosa, se disfrace el vicio como se disfrace».

«Es preciso sufrir con paciencia las leyes de nuestra condición. Estamos hechos para envejecer, para debilitarnos, para estar enfermos a pesar de cualquier medicina. Es lo primero que enseñan los mexicanos a sus hijos cuando salen del vientre de su madre. Así lo saludan: ‘Hijo, has venido al mundo para padecer; padece, sufre y calla’».

Michel de Montaigne. Ensayos (selección) (Essais, 1580). Madrid: Rialp, 2015; 104 pp.; col. Doce uvas; introd. y trad. de Rafael Gómez Pérez; ISBN: 978-8432145261. [
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miércoles, 10 de junio de 2020

Una obra que, después de muchos años, volví a leer durante los días del confinamiento y que me volvió a divertir muchísimo: La venganza de don Mendo (1918), de Pedro Muñoz Seca. La voz de Wikipedia, a la que remito, explica de modo sucinto, su popularidad —«la cuarta obra más representada de todos los tiempos en España junto con Don Juan Tenorio, Fuenteovejuna y La vida es sueño»— y sus méritos —«un recorrido por casi todos los metros y formas estróficas de la poesía castellana»—. Se puede leer en formato epub en la Biblioteca Digital Hispánica o en formato mobi para kindle en amazon.

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martes, 9 de junio de 2020

He puesto datos de las ediciones más recientes de tres álbumes excelentes: Ser quinto, La cosa perdida y El día que los crayones renunciaron.

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sábado, 6 de junio de 2020

Como sabe cualquiera que siga esta página desde hace tiempo, hay autores cuyos libros —de historia, ensayos, arte, cine, teoría literaria, sociología…— me han dejado huella. De algunos he leído muchas obras y de otros pocas pero, en todos los casos y por distintas razones, han sido libros importantes para mí. A varios les he puesto voz en el «diccionario» con el pretexto de que también tienen novelas o cuentos que, con una visión amplia, podemos considerar infantiles o juveniles, como José Jiménez Lozano, Ernst Jünger o John Gardner. Pero para otros he decidido abrir esta sección, que titulo Autores de referencia, donde reuniré todas las notas de cada uno que he ido poniendo aquí con el paso de los años.

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viernes, 5 de junio de 2020

Primera novela de los Episodios Nacionales.

1805. Gabriel de Araceli terminará participando en la batalla de Trafalgar pues se alista como criado de un viejo oficial. De acuerdo con lo que vio y oyó, y echando mano también de lo que ya sabe, cuenta los preparativos de la flota española, critica las decisiones de su jefe, el almirante francés Villeneuve, narra después algunas acciones bélicas decisivas en las que participó, y alaba el valor, junto «la previsión, la serenidad, la inquebrantable firmeza», de figuras como «D. Cosme Damián Churruca y D. Dionisio Alcalá Galiano». Como hará en otras ocasiones y a propósito de más personajes, el narrador se lamentará de que tales hombres «no hayan tenido un jefe digno de su valor» y no se les encargase del mando de la escuadra, igual que más adelante también dirá que «parece mentira que el Rey trate tan mal a los que le sirven».

El narrador, un tipo simpático, y pícaro si hace falta, habla con metáforas populares bien integradas en los escenarios. Por ejemplo, después de haber desobedecido a su patrona, esta le abronca, «furiosa, y sin previo aviso me descargó en la popa la andanada de su mano derecha con tan buena puntería que me hizo ver las estrellas», y además siguió vapuleándole: «la zurra continuó en la forma siguiente: yo caminando a la cocina, lloroso y avergonzado, después de arriada la bandera de mi dignidad, y sin pensar en defenderme contra tan superior enemigo; Doña Francisca detrás dándome caza y poniendo a prueba mi pescuezo con los repetidos golpes de su mano. En la cocina eché el ancla, lloroso, considerando cuán mal había concluido mi combate naval». Esta conciencia de su orfandad, de verse a sí mismo solo y abandonado, irá desapareciendo con el paso del tiempo: Gabriel irá dejando atrás los lamentos por su situación personal y sus quejas sobre la imposibilidad de aspirar a mejorar su posición social, e irá madurando.

En cada novela de la serie aparecen personajes de todo tipo, algunos descritos con detalle y extraordinaria viveza. En esta, son buenos ejemplos el matrimonio que adoptó a Gabriel, la citada doña Francisca y su marido, el capitán de navío retirado don Alonso, y un viejo marinero amigo de quien se dice lo siguiente: «Marcial (nunca supe su apellido), llamado entre los marineros Medio-hombre, había sido contramaestre en barcos de guerra durante cuarenta años. En la época de mi narración, la facha de este héroe de los mares era de lo más singular que puede imaginarse. Figúrense ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo, un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos, con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues a fe que merece ser pintado por un diestro retratista. No puedo decir si su aspecto hacía reír o imponía respeto: creo que ambas cosas a la vez, y según como se le mirase».

Además de las descripciones más extensas de algunos personajes, Galdós irá mostrando comportamientos de toda clase a lo largo de la serie, muchos mezquinos o fatuos o egoístas, pero en esta novela tienen más fuerza sus elogios a los héroes. Así, de Churruca se comenta que «expiró con la tranquilidad de los justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria, pero también sin el resentimiento del vencido; asociando el deber a la dignidad, y haciendo de la disciplina una religión; firme como militar, sereno como hombre, sin pronunciar una queja, ni acusar a nadie, con tanta dignidad en la muerte como en la vida». Del «más valiente brigadier de la armada» se cuenta que «tenía el genio fuerte y no consentía la más pequeña falta; pero su mucho rigor nos obligaba a quererle más, porque el capitán que se hace temer por severo, si a la severidad acompaña la justicia, infunde respeto, y, por último, se conquista el cariño de la gente. También puede decirse que otro más caballero y más generoso que D. Dionisio Alcalá Galiano no ha nacido en el mundo».

[Vista del libro en la Biblioteca Virtual Cervantes y en amazon.es]

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jueves, 4 de junio de 2020

Otro de los excelentes libritos de la colección Doce uvas: Las paradojas de los estoicos, el más breve de los textos filosóficos de Cicerón. Es una selección de pensamientos, inspirados en los de Sócrates, presentados por el autor con ejemplos romanos. Los temas que le interesan, dice la presentadora y traductora, son «el contraste virtud/vicio; el valor de la honradez; el lugar que ocupa lo práctico; la gloria humana. Es, por tanto, un mensaje serio, presentado con cierto humor». Algunas de las notas que yo tomé fueron estas: 

«Las faltas no hay que medirlas por los resultados de los hechos, sino por los vicios de los hombres; aquello en lo que se falta puede ser mayor o menor, según los casos, pero el hecho de faltar es uno, lo mires por donde lo mires. Si un timonel hace naufragar un barco cargado de oro o de paja, en el resultado tiene alguna importancia, pero por lo que respecta a la ineptitud del timonel no hay diferencia».

«¿Qué es, pues, la libertad? El poder vivir como quieras. ¿Y quién vive como quiere sino aquel que sigue lo recto, quien se goza en su obligación, quien ha pensado y previsto su forma de vida, quien no obedece a las leyes por miedo, sino que las sigue y las obedece porque considera que es lo más saludable; quien no dice, ni hace, ni piensa nada sino gustosa y libremente, aquel cuyas decisiones y todo lo que lleva a cabo parten de él y a él mismo se refieren, y no hay nada que tenga ante él más valor que su propia voluntad y juicio; aquel ante quien cede la Fortuna misma, de la que se dice que tiene la máxima fuerza si, como dijo un sabio poeta, "ella se forja según la conducta de cada cual"».

«En la gran familia de los insensatos hay algunos demasiado ricos como para considerarse esclavos, pero sin embargo son esclavos, mayordomos y jardineros de su propia necedad, a quienes deleitan en exceso las estatuas, los cuadros, la plata labrada, las obras de arte corintias, los edificios magníficos».

«Debe ser tu espíritu el que se considere rico, no la consideración de la gente, ni tus posesiones. El que piensa que nada le falta, no se preocupa de nada más: está satisfecho e incluso contento con lo que posee; de acuerdo: es rico».

Marco Tulio Cicerón. Las paradojas de los estoicos (Paradoxa Stoicorum, 46 a.C.). Madrid: Rialp, 2016; 76 pp.; col. Doce uvas; introd. y trad. de Carmen Castillo; ISBN: 978-8432146770. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 3 de junio de 2020

Durante los días del confinamiento aproveché para repasar los contenidos de la Biblioteca Digital Hispánica y para releer algunos libros antiguos. Además, he puesto enlaces en algunos para poder acceder gratuitamente a ellos: es el caso de varios libros de Fernán CaballeroCuentos de encantamiento, La mitología contada a los niños y Cuentos, adivinanzas y refranes populares—, y de Washington Irving, los Cuentos de la Alhambra.

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martes, 2 de junio de 2020

He puesto datos de las ediciones más recientes de tres grandes álbumes: El enemigo, Malena Ballena y La jardinera.

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