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Notas de junio de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 30 de junio de 2011

No he leído todos los libros de John Grisham pero casi y, aunque le veo las costuras, me parece un narrador eficaz y más que competente. Me gustó mucho el protagonista infantil de El Cliente, una novela que refleja las preocupaciones del autor en relación a muchos niños. Y las mismas, pero con otro planteamiento, aparecen en su primera incursión en la literatura juvenil: Theodore Boone, joven abogado.

El protagonista es un chico de trece años, hijo único de un matrimonio de abogados en la ciudad de Strattenburg y que sueña desde muy pequeño con ser abogado. Su dominio es tal que sus compañeros de colegio le consultan las dudas que tienen y él se las resuelve y les dirige hacia los mejores abogados de la ciudad en cada terreno. El relato comienza cuando arranca un importante juicio: Peter Duffy, un hombre de negocios, ha sido acusado de asesinar a su mujer para cobrar la póliza del seguro, pero su coartada es muy sólida. Theo y su clase asisten a la primera sesión y, luego, Theo sigue con atención todos los pormenores del caso. Pero, por una vía inesperada, conoce a una persona que puede cambiar el rumbo del juicio aunque se ve comprometido a no contarlo a nadie.

La narración atrae a pesar de, y para otros gracias a, las muchas explicaciones sobre cómo funcionan las cosas en el sistema judicial norteamericano. Lo cierto es que los diálogos de Theo con sus padres y con quienes ya conocen sus inclinaciones —compañeros, conocidos, empleados de sus padres o de los tribunales— lo propician de modo natural. Las conocidas preocupaciones sociales de Grisham quedan retratadas en el comportamiento de los padres de Theo: semanalmente visitan un albergue de inmigrantes donde ayudan ese día en la cena y, mientras les resuelven asuntos jurídicos (el padre de Theo cuestiones inmobiliarias y la madre asuntos familiares), Theo da clases a chicos salvadoreños… La estabilidad familiar y personal de Theo sirve de contraste con las situaciones de alrededor. En este libro, el caso contra Peter Duffy queda resuelto pero no terminado: el juicio se ha interrumpido y aún no ha entrado en acción el matón a sueldo de turno, al que vemos sospechar de los manejos de Theo. También se ve que las situaciones del tío Ike y de los compañeros de Theo darán lugar a nuevas historias.

John Grisham. Theodore Boone, joven abogado (Theodore Boone: Kid Lawyer, 2010). Barcelona: Montena, 2011; 230 pp.; trad. de Fernando Garí Puig; ISBN: 978-84-8441-689-0.

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miércoles, 29 de junio de 2011

Mi vecino de abajo
,
de Daniel Nesquens, es un ejemplo de cómo un buen narrador puede poner en pie una historia y construir un personaje intrigante con escasos datos.

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martes, 28 de junio de 2011

Si en el caso de Mi primer coche rojo el narrador fingía o reacomodaba un recuerdo infantil, en El mar y otras cosas de las que también me acuerdo, Mónica Gutiérrez Serna transforma en un álbum algunos recuerdos nostálgicos y agradecidos. En este caso los acentos, tanto en el texto como en la composición de las ilustraciones, son poéticos y afectivos.

La narradora habla de sus paseos de niña con su abuelo, de las enseñanzas de todo tipo que le transmitió con naturalidad, y, entre ellas, su afición a dibujar y pintar. El álbum combina dibujos realistas con ilustraciones pictóricas. Para el tipo de historia, que habla de cómo recordamos el pasado —que no intenta tanto recoger los sentimientos del pasado tal como fueron sino que los reconstruye y los presenta tal como los apreciamos ahora—, es un recurso muy apropiado el de intercalar algunas hojas transparentes cuyos dibujos se superponen a otras imágenes y que son como veladuras.

Monica Gutierrez Serna. El mar y otras cosas de las que también me acuerdo (2011). Barcelona: Thule, 2011; 44 pp.; col. Trampantojo; ISBN: 978-84-92595-82-2.

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lunes, 27 de junio de 2011

Uno de los autores de más éxito de la literatura infantil de todos los tiempos fue, y sigue siendo, Richard Scarry. Se acaba de publicar, en edición bilingüe, su primer gran éxito: El gran libro de las palabras. Es simpático y si en sí mismo contiene una cantidad de información abrumadora, mucha más para quien desee aprender vocabulario inglés.

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domingo, 26 de junio de 2011

Adam Zagajewski:
«La exuberancia del mundo nos deja a menudo impotentes, no somos capaces de distinguir más que fragmentos sueltos, pequeños jirones. Lo mismo ocurre cuando nos detenemos ante un lienzo, ante un cuadro exhibido en un museo: tenemos que retroceder varios pasos para abarcarlo entero. La soledad son precisamente estos escasos pasos de distancia. Existen dos riquezas, dos fuerzas muy semejantes, aunque del todo distintas. Una es inmanente al mundo y al hombre que actúa, lucha y ama. Su creador es Dios. La otra se expresa mediante pinturas, libros, música o películas, y es un eco de la primera. Su creador es el hombre. La soledad es la zona de silencio que hay entre estos dos bullicios».

Adam Zagajewski. Solidaridad y soledad (Solidarność i samotność, 1990). Barcelona: Acantilado, 2010; 188 pp.; trad. de A. Rubió y J. Slawomirski; ISBN: 978-84-92649-72-3.

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sábado, 25 de junio de 2011

Chesterton
escribió varias obras de teatro durante su vida impulsado y animado por su amigo Bernard Shaw, que valoraba mucho su enorme talento para la construcción de conflictos y de diálogos inteligentes. Al respecto se puede señalar la construcción teatral de sus relatos policiacos: nos podemos imaginar perfectamente a sus personajes en un escenario.

Las tres mejores son en prosa y su estructura es convencional: Magic (1913), la única que se representó durante su vida; The Judgement of Dr. Johnson (1927) y The Surprise (1932).

Previamente había publicado por entregas, en «The Forthnightly Review», Time’s Abstract and Brief Chronicle (1904-1905). En esa obra recogía debates entre tres políticos de distinto perfil —un nacionalista irlandés, un conservador y un laborista— y desplegaba sus puntos de vista sobre las cuestiones del momento, lo que le quita interés para el lector de hoy.

Además escribió unas pequeñas obras en verso. Una fue The Wild Knight (escrita hacia 1898 y publicada en 1900), una obra de juventud con el interés de que se apuntan en ella los temas que serán habituales en obras posteriores. Y esto se refiere tanto a elementos positivos típicos —caracterizaciones del héroe y de la heroína, elogios del vino y la amistad—, como a posiciones que criticará en el futuro —la de los teosofistas que seguían a Blavatsky, o la de los decadentistas en la estela de Wilde—.

También hay que estar sintonizado con el pensamiento de Chesterton para sacar todo el partido a The Turkey and the Turk (1930), un pastiche de las tradicionales representaciones navideñas, en el que se narra un enfrentamiento entre san Jorge y Father Christmas, que representan los valores europeos y cristianos, y el Caballero Turco y un Doctor alemán, que representan el militarismo prusiano y el Islam.

G. K. Chesterton. Todas las obras citadas, y cuatro piezas pequeñas fragmentarias, están en el volumen XI de las Collected Works of G. K. Chesterton. San Francisco: Ignatius Press, 1989; 611 pp.; compiled and introduced by Denis J. Conlon; ISBN: 0-89870-237-2.

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viernes, 24 de junio de 2011

Como indican las portadas nuevas que aparecen a la derecha, acabo de publicar en amazon.com dos nuevos libros: Itinerarios lectores y Puntos de referencia. Con ellos termino el plan que dije de reunir los textos que, durante los últimos años, he publicado como artículos o he usado en clases y conferencias para profesores, padres o estudiantes. Aunque anuncié que serían siete libros, al fin son seis, pues Itinerarios lectores, que pensaba publicar en dos partes, he decidido que salga en un solo libro pues he visto que sería más práctico.

Con Itinerarios lectores busco señalar historias que han sido y, por tanto, pueden seguir siendo, un buen camino hacia la lectura y hacia la mejor literatura; intento dar algunas orientaciones generales y poner como un marco histórico a la LIJ, que presento subdividida en géneros y subgéneros; y voy más lejos de lo que habitualmente se llama LIJ pues, cuando se trata de abordar cuestiones más delicadas, cito libros que no lo son. Prácticamente todos los libros de los que hablo tienen ya reseña en esta página; y, los que no, la tendrán en pocos meses.

Puntos de referencia recoge artículos que publiqué tiempo atrás sobre algunos autores, aunque corregidos y ampliados, y con bastantes añadidos en el texto o en forma de interesantes notas al pie. El más extenso y reelaborado es el que trata sobre los libros de Harry Potter.

Si, como se comenta, amazon se pone por fin en España este año, espero aclararme con su extraña política de precios: sus libros para Kindle son bastante más caros comprados en España que desde los EE.UU. y desde muchos otros países.

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jueves, 23 de junio de 2011
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miércoles, 22 de junio de 2011

Otro autor nigeriano con obras infantiles no traducidas al castellano: Cyprian Odiatu Ekwensi. De él yo conozco The Drummer Boy (1991), un relato sobre un chico ciego, con un don particular para la música, que recorre pueblos de su país alegrando la vida a los demás y, también, de problema en problema.

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martes, 21 de junio de 2011

Igual que señalé ayer, álbumes en donde se condensan, en una sola ilustración, varias escenas distintas que hacen progresar la narración y fijar la atención del lector, son los de Sven Nordqvist. Se acaban de publicar en castellano tres álbumes de su serie de Pettson y Findus: Cuando Findus era pequeño y desapareció, Pettson se va de acampada (que todavía no he visto), y El pastel de crepes (publicado tiempo atrás con el título Una tarta para el gato).

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lunes, 20 de junio de 2011

Se podría formar un bloque de álbumes con aquellos que comparten un tipo característico de narrador: el del adulto que rememora un suceso de infancia y que, en las ilustraciones, muestra un poco cómo era el niño que fue y cómo vivió el acontecimiento que cuenta. (Sin que tal cosa quiera decir que lo que se narra sucediera o no al autor realmente). En ese grupo podríamos incluir el álbum de Peter Schössow titulado Mi primer coche era rojo.

El narrador recuerda que, cuando su abuelo le regaló un coche a pedales, lo preparó a conciencia, y luego, acompañado de un hermanito pequeño que lo presenció todo con ansia y curiosidad, hace un accidentado recorrido por los alrededores. (Un detalle del que deducimos que no es exactamente un recuerdo del pasado está en que el narrador dice que consiguió por internet algunas piezas para preparar a conciencia el coche).

El tono de la historia, tanto en el texto como en las imágenes, es amable, levemente bromista, y refleja bien el entusiasmo de un niño cuando desea algo. Gráficamente vale la pena observar cómo el autor logra condensar, en la ilustración única de algunas dobles páginas, varios momentos de la actividad del chico y, en especial, de su paseo. En este aspecto se ve, una vez más, la maestría del ilustrador alemán en el uso de capas tan propias de los programas de diseño y retoque fotográfico.

Argumentalmente resulta estupenda la intervención del hermanito pequeño: el lector podría esperar que fuese un incordio para el mayor pero no es así en absoluto.

Peter Schössow. Mi primer coche era rojo (Mein erstes Auto war rot, 2010). Barcelona: Juventud, 2011; 40 pp.; trad. de Christiane Reyes; ISBN: 978-84-261-3810-1.

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domingo, 19 de junio de 2011

George Steiner:
 «Hay demasiado en el arte y la literatura occidentales participando de la idea de que somos vecinos cercanos de lo desconocido, de que nos movemos entre órdenes de sustancia pragmática en sí mismos permeables a lo que se encuentra al otro lado, a lo que actúa más allá de “la línea de sombra”. No puede haber Odisea sin descenso entre los clarividentes muertos. Hamlet, sin espectro. Sin embargo, tampoco puede haber En busca del tiempo perdido sin la llamada de Proust a los ángeles de la muerte cuyas alas se pliegan con las hojas de las obras maestras de los artesanos muertos. La música, el arte y la literatura serios, en su propia apuesta por la supervivencia, constituyen rechazos de los criterios analítico-empíricos de restricción. El artista y su receptor siempre saben, junto con sir Thomas Browne, “que somos hombres y no sabemos cómo; hay algo en nosotros que puede ser sin nosotros, y no puede decir cómo entró en nosotros”».

George Steiner. Presencias reales. ¿Hay algo en lo que decimos? (Real Presences, 1989). Barcelona: Destino, 1991; 290 pp.; col. Ensayos; trad. de Juan Gabriel López Guix; ISBN: 84-233-2102-9.

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sábado, 18 de junio de 2011

Borges
hizo referencia, en más de una ocasión, a que Chesterton fue, como por otra parte se decía del mismo Borges, «un poeta intelectual», y se lamentaba un poco de que tal cosa significaba, en no pocos casos, que sus poemas se parecían un poco a una partida de ajedrez o a una narración: en Chesterton, decía Borges, «uno se da cuenta que desde el principio él está trabajando hacia el fin y eso se nota quizá demasiado». En realidad, y aún admitiendo que «quizá ningún escritor me haya deparado tantas horas felices como Chesterton», el desacuerdo de Borges estaba en que «no comparto su teología, como no comparto la que inspiró la Divina Comedia, pero sé que las dos fueron imprescindibles para la concepción de la obra».

Para una comprensión completa de Chesterton como poeta son útiles algunas consideraciones que aparecen en la biografía citada días atrás. En ella, por más que su autor diga que no analizará sus obras,  sí que dedica varias páginas a su poesía, en especial a Lepanto y La balada del caballo blanco. En esos comentarios dice que «su obra nacía de la necesidad del instante, y se diseminaba. Y ahí está, fragmentada. Algunos fragmentos son obras de arte perfectas: casi se diría que accidentales. Porque Chesterton siempre sentía la necesidad de terminar las cosas y publicarlas en seguida. Todo lo escribía con alguna intención, como arma o como golpe de la espada en una guerra. Había que forjar la espada, había que dar el golpe, ya. Tal vez hubiera forjado un arma más perfecta, o realizado golpes más exquisitos, de haber sido un artista en su estudio, a solas, buscando la línea perfecta». Reconoce que, aunque «tenía instinto para dar con la palabra exacta, la frase exacta, el énfasis exacto», en su poesía no faltan ripios y rimas añejas, algunas debidas a su afición por terminar la línea con una palabra atronadora. Sin embargo, continúa, lo mismo podemos decir de autores como Shakespeare y, además, los defectos como poeta de Chesterton pueden ser vistos como facetas de su calidad: era ante todo un gran conversador y un trovador que «no perdía el tiempo con limpiametales y gamuza» y que, además, «no se consideraba un gran escritor. Tenía verdades que contar que eran de vital importancia, pero él no las había inventado. Lo importante era conseguir que llegasen al público».

Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari. «Chesterton», Diálogos (1992). Barcelona: Seix Barral, 1992; 383 pp.; ISBN: 84-322-4677-8.
Jorge Luis Borges. «El ojo de Apolo», Prólogos de La Biblioteca de Babel (1975-1981; 1995). Madrid: Alianza, 2001; 158 pp.; col. El libro de Bolsillo – Biblioteca Borges; presentación de Antonio Fernández Ferrer; ISBN: 84-206-3875-7.

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viernes, 17 de junio de 2011

En A merced de la tempestad, la primera novela de Robertson Davies, una compañía de teatro de aficionados de la ciudad canadiense de Salterton, prepara una representación de La tempestad. La narración es excelente y logra meter al lector en la historia: los personajes van quedando retratados al hilo de los incidentes, los diálogos tienen viveza y los irónicos comentarios al paso son inteligentes, está conseguido el entretejido de la trama con la de la obra de Shakespeare. Pero, si como cuadro costumbrista es magnífico, como novela no se sostiene del todo: según avanza gana peso un personaje que no tiene tanta consistencia como para ser el principal o, tal vez, es que los embrollos que le ocurren al final suenan muy exagerados.

Con todo, los momentos graciosos son muchos. Así, se nos dice de un tipo que era un vendedor admirable pues «una de sus principales virtudes en tan competitivo trabajo era la facilidad que tenía para identificarse sinceramente con puntos de vista opuestos». Se describe una habitación y se apunta que contenía una silla que «era verdaderamente muy moderna y la evitaba todo el mundo, salvo los invitados más menudos». Es memorable la observación de que «el borborigmo o rugido de tripas no ha recibido ni de la ciencia ni del arte la atención que merece». Y un personaje señala que «tan nocivo es retener una evacuación natural de gozo como de cualquier otro humor corporal. Da estreñimiento espiritual; la alegría frustrada, reseca y dura, atasca».

Robertson Davies. A merced de la tempestad (Tempest-Tost, 1951). Barcelona: Libros del Asteroide, 2011; 342 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-84-92663-32-3.

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jueves, 16 de junio de 2011

Entre las muchas novelas de las que tratan sobre chicos que lidian con problemas afectivos, Entre dos lunas, de Sharon Creech, destaca por estar construida y contada de modo sobresaliente. Sin embargo, la elaboradísima mezcla de tantas historias, y de cómo se reflejan unas en otras, por momentos suena excesiva; de ahí que, al final, su autora tenga que pagar el precio de acabar dando soluciones disneyanas para resolver varios momentos críticos.

La chica protagonista y narradora, Salamanca Tree Hiddle, sufre porque, después de que su madre se marchara de casa, su padre y ella se trasladaron desde Bybanks (Kentucky), a Euclid (Ohio). En su nueva situación sueña con que vuelva su madre por más que su padre le diga que tal cosa no sucederá; detesta furiosamente a una amiga de su padre, la señora Cadaver, y no quiere oír explicaciones al respecto; se siente nerviosa porque, por primera vez, se siente atraída por un chico. Hace amistad con Phoebe Winterbottom, una vecina y compañera muy fantasiosa que imagina que la señora Cadaver es una asesina psicópata y que, además, se pone frenética cuando su madre también abandona su casa. Todo esto Salamanca se lo va contando a sus abuelos durante un viaje de seis días, en coche, desde Ohio hasta Idaho, a donde la chica desea llegar el día del cumpleaños de su madre; en el viaje, aparte de que suceden todo tipo de cosas, también averiguamos el pasado de los padres de Salamanca y de los abuelos Hiddle.

Por un lado, es un logro admirable que todo este gran melodrama, que tiene muchas más derivaciones, pueda engranarse de forma tan clara y atractiva en un relato no muy extenso. En el haber de la novela se han de poner también algunos personajes excéntricos memorables, como el de Phoebe, aparte del de la misma Salamanca. Por otro lado, aparte de que varios pasos de la trama sean hollywoodienses, está bien tendida pero no es del todo limpia la trampa que se le pone al lector para que, al final, le sorprendan algunos acontecimientos que los protagonistas conocen perfectamente. Luego, en especial está sobredimensionada la figura del profesor entusiasta que considera una idea brillante la de leer en alto pasajes de los diarios de sus alumnos.

Personalmente me choca que Salamanca rece continuamente a los árboles y tampoco veo claros los «inspiradores» mensajes misteriosos que van puntuando el libro. En especial no soy capaz de leer de modo inocente el que lo abre, «no juzgues a un hombre hasta que hayas caminado dos lunas en sus mocasines», desde que leí (no recuerdo a quien) una continuación que más o menos decía que «pues entonces ya podrás insultarle, porque estarás lejos y, además, tienes sus mocasines».

Sharon Creech. Entre dos lunas (Walk Two Moons, 1994). Barcelona: Noguer, 2008, 3ª ed.; 191 pp.; trad. de Ester Arnó; ISBN: 978-84-279-3221-0. Nueva edición en 2011; 288 pp.; ISBN: 978-84-279-0127-8.

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miércoles, 15 de junio de 2011

Creo que no se han traducido al castellano los libros infantiles de Chinua Achebe. Yo sólo he leído Chike and the River, una buena novelita corta de los años sesenta, que dibuja un protagonista creíble que acaba metiéndose en líos, pinta un mundo que su autor conoce bien de primera mano, y engancha el interés del lector desde el comienzo.

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martes, 14 de junio de 2011

Si la fórmula de un libro funciona es lógico intentar una segunda parte, por más que algún dicho popular lo desaconseje.

Es el caso de La revancha del gallo, de Beatrice Rodríguez, un álbum que continúa la historia iniciada en Ladrón de gallinas. Cuando el oso, el conejo y el gallo se despiden del zorro y la gallina, naufragan en su viaje de regreso y, entre las muchas cosas que les pasan, acaban encontrando un extraño huevo. La historia tiene menos chispa y menos «lógica» que la primera pero la ilustradora tiene gran habilidad para narrar sólo con imágenes y atrapar el interés del lector.

Y es el caso de Se vende papá, de Care Santos, que tiene los mismos personajes de Se vende mamá, pero cambia de narrador: esta vez es Nora y no Óscar quien narra. El padre de Nora, presentador de televisión, ha ido al paro y ha decidido volver a casa y convertirse en el padre perfecto, cosa que Nora teme y, junto con Óscar, se pone a buscarle un trabajo. Es una historia divertida donde lo que cuenta es la simpatía de la narradora y el humor de algunas situaciones. Y, más todavía que el anterior, es un libro para niños de los que apuntan hacia los padres.

Ambos están bien: gustarán a quien haya disfrutado de la primera entrega.

Beatrice Rodríguez. La revancha del gallo (La revancha du coq, 2011). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2011; 25 pp.; ISBN: 978-84-92412-85-3.
Care Santos. Se vende papá (2011). Madrid: SM, 2011; 131 pp.; col. El barco de vapor; ilust. de Andrés Guerrero; ISBN: 978-84-675-475-11.


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lunes, 13 de junio de 2011

Es un gran acierto la nueva edición española, después de muchos años, de Esto es París y Esto es Londres, dos títulos de los dieciocho semejantes que publicó en los años sesenta el ilustrador checo Miroslav Sasek (1916-1980). Más información en esta página sobre él.

Son como guías de viaje simplificadas con formato álbum. El autor recorre la ciudad y, con algunas bromas, muestra sus lugares más conocidos y los personajes más «típicos» de las calles. Así consigue, con una más que notable claridad narrativa, dar mucha información y recoger bien el espíritu propio del lugar. Las ilustraciones, una o dos en cada página, son características de aquellos años y se parecen a las de ilustradores como Ludwig Bemelmans.

Se podría decir que, al igual que notamos en otros álbumes de aquellos años, como los de Bruno Munari o Paul Rand, algunas limitaciones técnicas y económicas del momento —que influyen en que no haya dobles páginas espectaculares, en que sean escasas las ilustraciones a caballo entre página izquierda y derecha, en que las imágenes vayan sobre fondo blanco y los textos cortos estén colocados sobriamente al lado de cada una...—, contribuyen a poner de manifiesto el talento del autor.

Miroslav Sasek. Esto es París (This is Paris, 1959). Santiago de Compostela: El Patito Editorial, 2010; 64 pp.; trad. de Fausto Isorna; ISBN: 978-84-938225-5-2.
Miroslav Sasek. Esto es Londres (This is London, 1959). Santiago de Compostela: El Patito Editorial, 2010; 64 pp.; trad. de Fausto Isorna; ISBN: 978-84-938225-6-9.

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domingo, 12 de junio de 2011

Un asunto histórico que se relaciona con el comentario de ayer:

El rey Alfredo el Grande llegó al trono cuando la esperanza de un desarrollo pacífico de la cultura estaba destruida y sólo quedaba la relación personal de vasallo y señor como única base para la organización social. Asombrosamente, dice Christopher Dawson, «él sólo, entre los gobernantes de su tiempo, comprendió la importancia vital del desarrollo espiritual y dedicó tanta energía a la recuperación de la tradición cultural cristiana como a la defensa de la existencia nacional». Esto se constata en un documento extraordinario, su prefacio al tratado de san Gregorio sobre el Cuidado Pastoral (Cura Pastoralis), que es «uno de los documentos más notables de la cultura medieval y el primer monumento de la prosa inglesa». En él se describe «cómo la tradición de la Edad de Oro de la cultura cristiana había sido abandonada, quedando sólo el nombre de Cristiandad». Y es que, dice, «sólo amábamos el nombre de cristianos y muy pocas de sus virtudes». Pero, aunque lamenta la destrucción, propone un remedio: «Pues me parece bien verter a la lengua que todos entendemos los libros cuyo conocimiento es necesario para todos los hombres; y conseguiremos, lo cual no es difícil si tenemos paz, que todos los jóvenes libres de Inglaterra, es decir los que tienen la oportunidad de dedicarse a ello, sean obligados a estudiar —aunque no a otra cosa útil— hasta que sepan todos cómo leer un texto inglés. Enseñad después latín a los que quieran aprenderlo y elevarse a un nivel superior». Y empezó una biblioteca de traducciones en los últimos doce años de su reinado, pues Alfredo quería para Inglaterra lo que Carlomagno había hecho para la Cristiandad occidental.

Christopher Dawson. «La segunda “Edad Oscura” y la conversión del Norte», en La religión y el origen de la cultura occidental (Religion and the Rise of the Western Culture, 1950). Madrid: Encuentro, 1995; 228 pp.; col. Ensayos; trad. de Elena Vela; ISBN: 84-7490-374-2. Nueva edición el año 2010; 256 pp.; prólogo de José Andrés Gallego; ISBN: 978-84-9920-026-2.

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sábado, 11 de junio de 2011

The Ballad of the White Horse
es un poema basado en la historia y la leyenda del rey Alfredo el Grande y su batalla de Ethandune contra los daneses en el año 878. Chesterton deseaba señalar cómo las raíces de Inglaterra estaban, precisamente, en esa lucha que se dio entonces entre cristianismo y paganismo. En el prefacio a esa obra dice que «el rey Alfredo no es una leyenda en el mismo sentido en que el rey Arturo puede ser una leyenda; es decir, en el sentido de que posiblemente sea una mentira. El rey Alfredo es una leyenda en el sentido, más amplio y más humano, de que la leyenda es la cosa más importante acerca de él». El rey Alfredo, sigue Chesterton, «ha llegado hasta nosotros en la mejor forma (por medio de leyendas nacionales) solamente por la misma razón que lo han hecho Arturo y Rolando y otros gigantes de aquella época de oscuridad, porque luchó por la civilización cristiana contra el nihilismo pagano». Y «el principal valor de la leyenda es atravesar los siglos preservando el sentimiento, ver todas las edades con una especie de espléndido acercamiento. Ese es la utilidad de la tradición: ver la historia como con un telescopio». La figura del caballo blanco encerraba un guiño y una metáfora: el hostal donde se hospedó en su noche de bodas se llamaba precisamente «La Posada del Caballo Blanco», razón por la que dedicó a su mujer ese poema.

Una de las razones por las que Borges elogió a Chesterton como un «admirable poeta», era la preferencia personal del escritor argentino por la épica, que Chesterton cultivó en obras como Lepanto y La Balada del Caballo Blanco: «hay un sabor que nuestro tiempo (hastiado, acaso, por las torpes imitaciones de los profesionales del patriotismo) no suele percibir sin algún recelo: el elemental sabor de lo heroico». Otra razón, que Borges señaló en distintas ocasiones, era también el talento poético que demostró para la creación y el uso genial de metáforas tan poderosas como, en La Balada del Caballo Blanco, la imposible «Gold like a frozen fire» (oro como un fuego helado).

Jorge Luis Borges. «El pudor de la historia», Otras inquisiciones (1952). Barcelona: Destino-Emecé, 2007; 301 pp.; col. Áncora y Delfín; ISBN: 978-84-233-3964-8.
Jorge Luis Borges. «El arte de contar historias», Arte poética. Seis conferencias (This Craft or verse, conferencias pronunciadas en 1967). Barcelona: Crítica, 2005; 181 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Justo Navarro; prólogo de Pere Gimferrer; edición, notas y epílogo de Calin-Andrei Mihailescu; ISBN: 84-8432-603-9.

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viernes, 10 de junio de 2011

Escrito en los años ochenta, un texto de Adam Zagajewski que me ha parecido interesante, aunque por momentos también confuso, es el titulado «Una muralla alta». En él comenta un ensayo de Milan Kundera sobre la idea que tenían de Europa quienes vivían en la Europa sovietizada. Señala que «el relativismo, esa herrumbre que ataca la verdad allí donde no le amenaza un solo peligro mortal, desaparece por completo en los países totalitarios. Aquí, la verdad, un bien inasequible, se muestra en todo el esplendor de su frescura y de su pureza como el día de la creación del mundo, y tanto es así que no le cuesta nada componer poesías y cánticos en su honor». E indica que «la Rusia soviética implantó en nuestra zona de Europa cosas de lo más diferentes. Creó confidentes, traidores, mentirosos, censores y gandules que no dan palo al agua, pero de paso, sin comerlo ni beberlo, creó algo magnífico entre gente más fuerte y noble por la gracia de Dios, ya que despertó una gran sed de verdad, de libertad, de dignidad, de libros, de cuadros y de Europa. Así existe Europa en la Europa Central: en la imaginación, en la esperanza, en la ilusión. En la sed. Por eso, cuando conseguimos obtener el pasaporte y poner los pies en Occidente, protestamos contra la existencia de los que ofenden nuestra visión de Europa. (…) La gran añoranza cultural, tan presente en nuestra parte de Europa, es uno de los efectos paradójicos de la sovietización».

Adam Zagajewski. Solidaridad y soledad (Solidarność i samotność, 1990). Barcelona: Acantilado, 2010; 188 pp.; trad. de A. Rubió y J. Slawomirski; ISBN: 978-84-92649-72-3.

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jueves, 9 de junio de 2011

Nieve en otoño,
de Irene Nemirovski, es un relato breve, que se podría equiparar con los de Joseph Roth que hablan del desmoronamiento del mundo de entreguerras para muchos, y que, como dice con acierto la contraportada, tiene aires chéjovianos.

Comienza cuando los hijos mayores de la familia de la nobleza rusa en la que lleva sirviendo muchos años la protagonista, Tatiana Ivanovna, se marchan a la guerra. Luego, estalla la revolución. Termina cuando esa familia malvive en un piso de París, pobremente pero gracias a Tatiana, que no se acostumbra ni a la forma que tienen de vivir ni al nuevo clima.

El relato parece sencillo, y lo es, pero está bien construido y es intenso: aunque cuenta pocas cosas están bien elegidas y, en cada una, se presta atención a los detalles. Su objetivo es mostrar el sufrimiento y el desarraigo de la protagonista contra el telón de fondo de unos aristócratas al principio pudientes y siempre inconscientes. Pero, me parece a mí, el principal interés de la narradora está en mostrar cómo, al fin, son los humildes y compasivos quienes mantienen viva la humanidad.

Irene Nemirovski. Nieve en otoño (Les mouches d’automne, 1931). Barcelona: Salamandra, 2010; 93 pp.; trad. de José Antonio Soriano Marco; ISBN: 978-84-9838-310-2.

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miércoles, 8 de junio de 2011

Entre las muchas novelas juveniles norteamericanas de tipo más o menos histórico, una excelente, no publicada en castellano, es The Bronze Bow, de Elizabeth George Speare. Se ambienta en la época de Jesucristo y destaca por lo bien que dibuja la continua ebullición de los conflictos interiores del protagonista.

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martes, 7 de junio de 2011

Una novela norteamericana de hace años con una voz narrativa hipnótica es The Blue Cat of Castle Town, de Catherine Cate Coblentz.

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lunes, 6 de junio de 2011

A los muchos álbumes con el tema del niño que no se puede dormir se ha de añadir otro sobresaliente: En blanco, de Lucía Serrano.

Irene es una chica a la que le gusta dibujar y tiene la cabeza llena de ideas pero, cuando se intenta dormir, eso es un problema. La narración cuenta sus trucos: dejar la mente en blanco, concentrarse delante de un gran lienzo blanco, llamar a la Goma de Borrar ideas (pero como algunas está escritas con boli no se pueden borrar), imaginarse una habitación vacía, etc. Lo cierto es que todos son infructuosos hasta que... La historia de Irene se complementa o va en paralelo con la de su conejo de peluche.

Narración ingeniosa y bien construida, que tiene aires de tira cómica y combina dibujos con las manchas de pinturas de ceras que hace Irene. Son acertadas las guardas, con ideas como manchas en las primeras, y con el conejo ensayando posturas para dormir en las últimas.

Lucía Serrano. En blanco (2011). Madrid: Anaya, 2011; 34 pp.; col. Sopa de cuentos; ISBN: 978-84-667-9486-2.

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domingo, 5 de junio de 2011

George Steiner: 
«¿Por qué tiene que existir el arte? ¿Por qué tiene que existir la creación poética? (…) Obligada a tomar la apariencia de una proposición verbal, de una reivindicación abstracta, ninguna respuesta puede ser la adecuada para enfrentarse a la fuerza de lo obvio. Sólo puedo expresarlo de este modo (y cada poema, pieza musical o pintura de verdad lo dice mejor): hay creación estética porque hay creación. Hay construcción formal porque hemos sido hechos forma. (…)

Muy adentro de todo “acto de arte” yace el sueño de un salto absoluto en la nada, de la invención de una forma enunciatoria tan nueva, tan singular para su engendrador, que dejase, literalmente, atrás el mundo anterior. Pero la escritura de poemas, la composición de música, el tallado de la piedra o la madera por hombres y mujeres mortales no se basa sólo en la circunstancia disponible: es un fiat, un movimiento creativo, siempre posterior al primero».

George Steiner. Presencias reales. ¿Hay algo en lo que decimos? (Real Presences, 1989). Barcelona: Destino, 1991; 290 pp.; col. Ensayos; trad. de Juan Gabriel López Guix; ISBN: 84-233-2102-9.

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sábado, 4 de junio de 2011

El único libro de poesía de Chesterton publicado en castellano que conozco es Lepanto y otros poemas. En él se contienen 27 poemas de distinto tipo. El autor de la introducción indica que no hay diferencias entre la poesía del principio y la del final de su vida y señala que Chesterton «nunca sacrifica sus ideas al chiste» (el mismo Chesterton, al comienzo de Ortodoxia, decía que nunca en su vida dijo algo sólo porque pensase que fuese chistoso, aunque la vanagloria le pudiese llevar a pensar que era chistoso porque lo había dicho él).

Ejemplos de los poemas que podrían ser llamados metafísicos son By the Baby Unborn (Antes de nacer), el canto de un niño asombrado con la vida que tendría si naciera, y The Donkey (El Burro), uno de los más famosos y que también refleja la forma de pensar del autor. Entre los poemas con vetas humorísticas muy propias de Chesterton se pueden destacar Wine and Water (Vino y agua) y The song of right and wrong (Canción de lo acertado y lo erróneo). Entre los poemas religiosos unos se refieren a un episodio conocido, como Christmas Poem (Poema de Navidad), acerca del nacimiento de Jesucristo en Belén, y otros tienen acentos más personales como The convert (El converso), publicado justo el mismo año de su entrada en la Iglesia Católica. En general, cabría describir los poemas chestertonianos como «emociones razonadas», o como «argumentos presentados de modo emotivo».

Esa intención de hacernos llegar a un conocimiento más profundo de la realidad a través de las emociones queda clara también en poemas épicos como Lepanto. Publicado en 1911, fue muy popular entre los soldados ingleses durante la primera Guerra Mundial: Chesterton evoca, sobre todo, la figura de Juan de Austria y menciona la presencia de Cervantes en el combate; indirectamente deseaba contrastar aquella batalla, donde estaba en juego el futuro de la Europa cristiana, con la de Trafalgar, donde lo único que se ventilaba eran cuestiones de poder y de supremacía económica. En la red está una versión castellana firmada por Borges, quien dijo que «Lepanto es una de las páginas de hoy que las generaciones del futuro no dejarán morir. Una parte de vanidad suele incomodar las odas heroicas; esta celebración inglesa de una victoria de los tercios de España y de la artillería de Italia no corre ese peligro. Su música, su felicidad, su mitología, son admirables. Es una página que conmueve físicamente, como la cercanía del mar».

G. K. Chesterton. Lepanto y otros poemas. Sevilla: Renacimiento, 2003; 117 pp.; trad. de José Julio Cabanillas, Enrique García-Máiquez, Luis Alberto de Cuenca, Julio Martínez Mesanza, Regla Ortiz, Francisca Delgado; ISBN: 84-8472-105-1.
Textos originales de muchos poemas están en esta dirección. Y algunos poemas traducidos están en esta otra.
Jorge Luis Borges. «Chesterton, poeta», Ficcionario. Una antología de sus textos (1985). Edición, introducción, prólogos y notas por Emir Rodríguez Monegal. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1997, 2ª reimpr.; 483 pp.; col. Tierra Firme; ISBN: 968-16-2028-3.

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viernes, 3 de junio de 2011

Yösik, el del viejo mercado de Vilnius,
de Joseph Buloff, es un relato que tiene algo de memorias de infancia y juventud de Joseph Buloff (1899-1985), un actor lituano que abandonó su país en 1926 para emigrar a los Estados Unidos, donde, desde su debut en Broadway en 1936 y en el cine en 1949, llegó a ser muy conocido.

El narrador habla primero de su infancia en el mercado de Vilnius, cuando era un chaval de baja estatura, charlatán y embaucador, que va poco a poco aprendiendo el rechazo que sufren los judíos. Luego cuenta cómo su vida da un giro cuando, al regresar su padre de los Estados Unidos, su familia se muda de barrio y él asiste al colegio. La segunda parte comienza con otro cambio de colegio donde trata con gente de otras capas sociales. Pero un nuevo revés de la fortuna, pues debido al asma su padre ya no puede seguir siendo peletero, le devuelve al mercado, en principio para trabajar de aprendiz, pero donde su vida sufre multitud de vaivenes debidos al estallido de la primera Guerra Mundial.

El libro cambia de tono y de ritmo varias veces: en ese sentido es desigual y no tiene la consistencia de una buena novela; sin embargo es interesante por lo que tiene de visión caleidoscópica y «chagallesca» del mundo del autor. En ocasiones tiene acentos surrealistas pues el pequeño y joven Yósik tiene un poderoso mundo imaginativo. Hay momentos cómicos pues también es un superviviente nato que se mete o le meten en unos líos monumentales. Otras veces predomina lo costumbrista, como cuando visita las sinagogas del barrio judío de Vilnius y nos cuenta su organización y funcionamiento. No faltan los acentos picarescos en algunas situaciones. En la tercera parte la guerra lo cambia todo y Yósik, que pasa por etapas de actor y de contrabandista, comienza con sus intentos de marcharse a América.

Como es habitual en este tipo de historias, abundan los personajes pintorescos y no faltan diálogos y reflexiones acerca del papel de Dios en la historia del pueblo judío y en la vida del narrador, con los choques entre los más ilustrados y los más tradicionales. En conjunto la novela tiene mucho de relato de aprendizaje y, en particular, el autor desea señalar cómo nació su vocación de actor desde que un tío suyo le introdujese en el mundo teatral: «me despertó anhelos que luego guiaron mi entera existencia: el anhelo de representar, el ansia de tener sujeto a todo un público en la palma de mi mano».

Joseph Buloff. Yösik, el del viejo mercado de Vilnius (Derinerung fun alten markt-plazt, 1990). Madrid: Capitán Swing Libros, 2011; 398 pp.; col. Polifonías; trad. de Jacobo Muchnick; ISBN: 978-84-938327-9-7.

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jueves, 2 de junio de 2011

A quienes, como yo, crecieron leyendo Pulgarcito y Tío Vivo, les gustará El invierno del dibujante, de Paco Roca.

Es un cómic, o una novela gráfica, sobre un episodio de la vida profesional de los dibujantes que hicieron aquellas revistas: cuando varios decidieron abandonar Pulgarcito, y la editorial Bruguera, para poner en pie su propia revista, Tío Vivo.

La narración es excelente, aparte de que resulta de lo más apropiado que la historia del cómic se cuente con lenguaje de cómic. Me queda la duda de si la historia será de fácil lectura para quienes no sitúen a los dibujantes y a sus personajes.

Aquí hay una reseña extensa, y aquí una entrevista con el autor.

Paco Roca. El invierno del dibujante (2010). Bilbao: Astiberri, 2010; 128 pp.; ISBN: 978-84-92769-81-0.

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miércoles, 1 de junio de 2011

Quienes sean entusiastas de los pioneros de la aviación, y de los combates aéreos de la primera Guerra Mundial, están de enhorabuena. Se acaba de publicar el primer libro de la serie protagonizada por Biggles, tal vez el personaje de aventuras inglés más popular durante varias décadas: La escuadrilla de los Camel, de William Earl Johns. Cuando hace años busqué estos libros editados en castellano, sólo encontré algunos de su época final.

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