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Notas de mayo de 2020 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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sábado, 30 de mayo de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de mayo.

Una selección sería la siguiente: un álbum sobre libros de un personaje popular: Los cuentos de Willy; un gracioso libro de relatos: Cuentos de fantasmas del abueloun inteligente y gracioso libro para todos los públicos: Érase dos veces el barón Lamberto; un sensacional libro sobre cuestiones educativas: La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos; uno de esos libros cortitos que a todo interesado en la mejor literatura le gustará conocer, si no lo conoce ya: Cartas a un joven poeta.

Además, este mes he puesto en amazon dos libros con selecciones de charlas y artículos sobre Literatura infantil y juvenil: Verdades y leyendas y Corrientes profundas.

En nuevocuaderno: notas del mes de mayo. De los libros comentados que han sido publicados más o menos recientemente destaco El nervio óptico de María Gaínza.

En Libros para jóvenes: notas del mes de mayo.

En medium puse este mes un comentario a un libro de John Lukacs, La marca distintiva del nacionalismo populista, recordé un libro de memorias de Alexander Solzhenitsyn, Coces al aguijón, y el de Václav Havel El poder de los sin poder. También recuperé una nota con comentarios que he recordado a mis amigos con hijos pequeños: Acerca de la educación estética.

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viernes, 29 de mayo de 2020

Como dije cuando comenté una reciente biografía de Benito Pérez Galdós pensé que debería volver a leer los Episodios Nacionales y las semanas del confinamiento han sido la oportunidad para leer al menos la primera serie. Inicio con esta nota una serie de comentarios a cada una de las novelas que la componen: mi propósito es contar con amplitud el argumento, poner párrafos donde se aprecie la gran maestría para las descripciones del autor, en especial de tipos humanos, e intentar así atraer a la lectura de la que considero la mayor obra de literatura «juvenil» española.

Cuando estaban de moda en toda Europa las novelas históricas, un Pérez Galdós de unos treinta años, se lanzó a escribir por entregas, en La Revista de España, una extensa crónica de la Guerra de la Independencia. Lo hizo a toda velocidad, «sin dar descanso a la pluma», diría más tarde, lo que por un lado explica sus fallos y a la vez muestra su enorme talento narrativo y constructivo. Para su proyecto eligió como protagonista y narrador a Gabriel Araceli, un muchacho gaditano huérfano que habla, como anuncia en Trafalgar, ya «en el ocaso de la existencia», y que apoya su narración, cuando lo necesita, en noticias de prensa o en testimonios de la época. En la mayoría de las novelas Gabriel está en el centro mismo de los acontecimientos, pero también se apoya en testimonios de otros para lo que no ha presenciado y, en uno de los episodios, Gerona, deja que cuente las cosas un amigo suyo que estuvo allí. El relato comienza en 1805 cuando tiene 14 años y termina presenciando y viviendo la batalla naval de Trafalgar —Galdós había charlado extensamente con un veterano que fue testigo de primera mano de lo que Gabriel narrará en su relato—, y termina después de La batalla de los Arapiles, que tuvo lugar en 1812.

El narrador normalmente se ciñe a los sucesos del presente pero a veces recuerda otros acontecimientos históricos que sus lectores de aquel momento recordarían y que le sirven al autor para llegar a su objetivo final de pintar un gran mural de la historia de España en el siglo XIX. Por ejemplo, en la tercera novela, al recordar las revueltas callejeras de 1808 contra las tropas napoleónicas, dirá: «Pasan años y más años: las revoluciones se suceden, hechas en comandita por los grandes hombres y por el vulgo, sin que todo lo demás que existe en medio de estas dos extremidades se tome el trabajo de hacer sentir su existencia. Así lo digo yo hoy, a los ochenta y dos años de mi edad, a varios amigos que nos reunimos en el café de Pombo, y oigo con satisfacción que ellos piensan lo mismo que yo, don Antero, progresista blindado, cuenta la picardía de O'Donnell el 56; D. Buenaventura Luchana, progresista fósil, hace depender todos los males de España de la caída de Espartero el 43; D. Aniceto Burguillos, que fue de la Guardia Real en tiempo de María Cristina, se lamenta de la caída del Estatuto».

Perez Galdós demuestra una gran habilidad constructiva para ir colocando a su héroe en medio de muchos acontecimientos decisivos, o para ser el oyente privilegiado de testigos de primera mano en otros casos, y para ir dando voz a unos o a otros personajes, de distintas clases sociales, y así dejar claro al lector qué fue sucediendo y qué percepción tenía la gente de lo que iba pasando. También quedan claras sus intenciones de reivindicar a determinados personajes históricos, de hacer descripciones de muy distintos tipos humanos, de criticar en especial a los intransigentes y a los arribistas, y de mostrar las miserias del panorama político nacional del momento, nada distintas de las actuales y de siempre, viene a decirnos el narrador. Su tono es en muchos momentos dickensiano —el autor había sido traductor de Las aventuras de Pickwick, un trabajo no muy bueno pues Galdós no sabía tanto inglés y se apoyó en la traducción francesa, y Dickens llegó a ser su autor favorito—, tanto cuando el relato tiene acentos picarescos a lo Oliver Twist, como cuando adopta el mismo rechazo de Dickens en Historia de dos ciudades hacia los comportamientos abusivos de los aristócratas y hacia la cólera desatada de los revolucionarios.

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SenecaClemencia.jpg
jueves, 28 de mayo de 2020

Otro excelente libro de la colección Doce Uvas: Sobre la clemencia, de Séneca. Fue un libro que el autor, preceptor del entonces joven emperador Nerón, compuso poco después de que su pupilo asesinase a Británico, se ve que con la intención, al fin infructuosa, de reconducirle por el buen camino (de hecho, pocos años después, Séneca fue obligado a darse muerte a sí mismo). Estos son unos párrafos:

«Esta es la clemencia que corresponde al príncipe: dondequiera que vaya, hacerlo todo más apacible».

«La perversidad no presta sus servicios por mucho tiempo, ni hace solo el mal que se le ordena hacer».

«¿Es quizá justo mandar a un hombre con más fuerza y dureza de la que se emplea con los animales mudos? Un maestro experto en la doma no espanta al caballo con frecuentes latigazos porque se haría temeroso y contumaz si no lo acariciasen con suavidad».

«Del mismo modo que a los dueños crueles se los señala en toda la ciudad y son odiosos y detestables, así también la injusticia de los reyes se hace patente con más amplitud, y su mala fama y el odio contra ellos se transmite a la posteridad; cuánto mejor es no haber nacido que ser contado entre los nacidos para el mal común».

«Porque de la misma manera que no es magnánimo el que es generoso con lo ajeno sino el que se priva de lo propio para darlo a otro, así llamaré clemente no al que es condescendiente ante el dolor ajeno, sino a aquel que, cuando es violentamente atacado, no salta; al que entiende que es propio de un ánimo grande soportar las ofensas cuando se tiene un poder supremo, y que nada hay más digno de alabanza que un príncipe ofendido impunemente».

Lucio Anneo Séneca. Sobre la clemencia (De clementia, 55). Madrid: Rialp, 2017; 114 pp.; introducción y trad. de Carmen Castillo; ISBN: 978-8432148330. [Vista del libro en amazon.es]

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BrowneCuentosW.jpg
miércoles, 27 de mayo de 2020

Los cuentos de Willy es un álbum con el propósito de aprovechar la popularidad del personaje y la gran capacidad de sugerencia que tienen las ilustraciones de Anthony Browne, para picar la curiosidad del lector y llevarle así hacia la lectura de algunos libros valiosos antiguos. En una página Willy cuenta cosas que le ocurrieron y, en la contrapuesta, le vemos en medio de una escena emocionante: algunos lectores se sentirán atraídos hacia el relato que se anuncia y los más expertos recordarán el momento que se narra y también reconocerán que las imágenes están inspiradas en las que prepararon ilustradores muy conocidos para obras como Robinson Crusoe, La isla del tesoro, Robin Hood, La caja de yesca (un cuento de Andersen), Peter Pan, Alicia en el país de las maravillas, El mago de Oz, Rapunzel (un cuento de los Grimm), El viento en los sauces, Las aventuras de Pinocho.

Anthony Browne. Los cuentos de Willy (Willy’s Stories, 2014). México: Fondo de Cultura Ecónomica, 2018; 32 pp.; col. Los especiales de A la orilla del viento; trad. de Agustín Cadena; ISBN: 978-607-16-5635-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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InarajaGastoSitepica.jpg
martes, 26 de mayo de 2020

Entre los libros infantiles hay muchos cuyas pretensiones no son pasar a la historia sino mucho más modestas: hacer que los lectores pequeños lo pasen bien, ayudarles a convertir una minicontrariedad en un reto, proponer a los adultos lecturas compartidas con los niños que pueden ser «dramatizadas» para volverlas más atractivas y divertidas, proponer un relato que abra nuevas posibilidades de ser prolongado… Es el caso de Si te pica un mosquito, de Christian Inaraja y Jordi Gastó: unas instrucciones elementales, que habrá que comprobar si son o no eficaces, con cosas que puedes hacer si te pica un mosquito. El texto está compuesto por pareados elementales, cada uno en una página, que van debajo de imágenes de un protagonista con aires de Pinocho haciendo lo que se dice: saltar, gritar, cantar, ponerse sombrero, ir a una isla…

Christian Inaraja. Si te pica un mosquito (Si et pica un mosquit, 2020). Texto de Jordi Gastó. Pontevedra: Kalandraka, 2020; pp.; col. Acartonados; trad. de Xosé Ballesteros; ISBN: 978-8413430034. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 23 de mayo de 2020

Con motivo de sus recientes fallecimientos, he actualizado las voces de Betsy Byars, Tomie de Paola, José Jiménez Lozano y Albert Uderzo.

Además he puesto al día los datos biográficos de Michael Bond y de Hubert Monteilhet, en cuya ficha también puse los datos de una nueva edición de su novela De profesión, fantasma.

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viernes, 22 de mayo de 2020

Otra vida por vivir y El asedio de Troya, del griego afincado en Suecia Theodor Kallifatides, fueron libros que leí debido a esta reseña y a esta otra: en ellas se da cuenta de sus contenidos y de sus méritos.

De Otra vida por vivir, un relato del autor acerca del bloqueo creativo que le sobrevino a los 75 años, me han parecido interesantes algunas consideraciones de distinto tipo.

Unas relativas al trabajo literario como esta: «Cuando alguien comienza a salvaguardar la escritura, cuando se siente escritor, cuando cuelga letreros con su nombre en las puertas, es que está acabado. La escritura es como un manantial. Puedes ornamentarlo con estatuas, adornarlo con una preciosa fuente, construir alrededor del borbotón una placita y sembrarla de sicomoros. Pero nada de eso es lo que hace que el agua fluya. Es la presión desde las oscuras profundidades de la tierra la que crea la erupción del agua. Eso no quiere decir que el escritor deba esperar de brazos cruzados a que el huevo hierva. Al contrario. Ha de trabajar continuamente, escribir y leer para aprender a valorar a otros escritores, algo por lo que ninguno de nosotros siente natural inclinación. Ha de entrenarse en el ejercicio de la abstinencia, no detenerse frente a cada vitrina que tiene delante».

Otras acerca de formas de afrontar las dificultades de la vida: «Mi abuela no era periodista, ni filósofa, pero solía decir que «las palabras no tienen huesos, pero los rompen». Sabía lo que casi todo el mundo sabe: que una palabra puede hacer más daño que el cuchillo más filoso. Decir algo es hacer algo. Mi abuela, como la mayoría de las mujeres de su época, había vivido momentos muy difíciles. Guerras, hambre, enfermedades, pérdidas de seres queridos. En una ocasión le pregunté cómo aguantaba, y no me respondió con palabras. Simplemente señaló el cielo con el dedo. Si alguien ofendía sus iconos, insultaba a su dios, humillaba a sus santos en nombre de la libertad de expresión, quizá lo perdonara, pero era incapaz de entender una barbarie semejante. Y menos aún si el culpable afirmaba ser inocente. Mi abuela no era alta, pero en altura moral no había quien la superara».

De El asedio de Troya me han parecido logradas dos cosas. Una, el marco con el que el autor logra que el telón de fondo bélico y la relación entre el narrador y su amiga Dimitra vayan puntuando los distintos episodios de la Ilíada de forma que se facilita el descanso y se aviva el interés del lector. Otra, la forma que tiene la maestra de contar la obra de Homero a sus alumnos: la de presentarles a los protagonistas y de narrar los enfrentamientos entre aqueos y troyanos tan de acuerdo con los acentos de la historia original, y la de hacer algunas consideraciones al paso que van ayudando a entender el interés universal y permanente de la obra de Homero.

Así, a Héctor se lo presenta como «un dirigente capaz de hacer que los hombres que huían se pusieran en pie, de convertir una derrota en victoria», que «iba por delante de todos con su escudo redondo y su casco adornado con crines, que atemorizaba a los aqueos tanto como había atemorizado a su hijo pequeño», y a quien los hombres seguían «igual que va una ola tras otra en un mar tempestuoso». Una escena centrada en Aquiles se describe así: «Con la rapidez de un incendio en un bosque árido corría Aquiles con sus caballos de un lugar a otro con la muerte tras de sí. Su carro estaba manchado de sangre, sus manos también, pero él aún no estaba satisfecho, sino que seguía batallando de manera más encarnizada que las mismas erinias, diosas de la venganza».

En un momento del relato el narrador hace una pausa y dice: «Quien viera el campo de batalla desde lejos quizás creyera que ambos ejércitos estaban danzando unos con otros. A ratos, Héctor y los suyos dirigían el baile y a ratos, Áyax y los suyos. Adelante y atrás como las olas del mar. Podía incluso parecer hermoso. Pero sólo a mucha distancia». En otro señala el inevitalbe destino de Helena: «Ganara quien ganara la guerra, ella siempre sería la derrotada». En otro más apunta lo que, sobre todas las cosas, deseaba transmitir Homero: que «la pena no tiene patria ni fronteras», que «la guerra es fuente de lágrimas y de que en ella no hay vencedores».

Theodor Kallifatides. Otra vida por vivir (Ännu ett liv, 2017). Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2019; 160 pp.;  trad. de Selma Ancira; ISBN: 978-8417747152. [Vista del libro en amazon.es]
Theodor Kallifatides. El asedio de Troya (Slaget om Troja, 2018). Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2020; 176 pp.; trad. de Neila García: ISBN: 978-8417971533. [
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jueves, 21 de mayo de 2020

Durante los días del confinamiento la editorial Rialp fue ofreciendo gratis un libro electrónico cada día, y rebajaba significativamente, también cada día, el precio de otro libro más, una iniciativa sensacional a la que yo y muchos estamos muy agradecidos. Muchos de los libros que ofreció pertenecen a la magnífica colección Doce uvas, que a veces son ensayos breves, y en otras ocasiones antologías de textos, que resultan apropiadas  introducciones a grandes autores y a sus obras. Cuando a veces se habla de la necesidad de buena literatura juvenil y se desean proponer lecturas valiosas que abran horizontes, libros como estos nunca deberían faltar. En las próximas semanas iré poniendo aquí comentarios a varios.

Uno es Cartas a un joven poeta, una colección de respuestas de Rainer Maria Rilke a un joven escritor que, entre 1903 y 1908, le enviaba sus intentos poéticos pidiéndole consejo. El traductor y autor de la buena presentación del libro subraya el coraje intelectual de Rilke y cómo su voz siempre «se elevó contundentemente contra la trivialidad y el cinismo, de ahí su actualidad». Unos párrafos seleccionados del libro son estos:

«Si su vida cotidiana le resulta pobre, no la acuse a ella; cúlpese a sí mismo, dígase que no es lo suficientemente poeta como para extraerle sus riquezas. Para el verdadero creador no hay pobreza ni lugares comunes».

«Hoy pretendo contarle solo un par de cosas más. La primera concierne a la ironía. No se deje dominar por ella, especialmente en sus momentos menos fecundos. Cuando se sienta creativo trate de manejarla como si se tratase de un medio más para atrapar la vida. Usada limpiamente, también la ironía resulta limpia, y no hay que avergonzarse de ella».

«Busque la profundidad de las cosas, donde nunca desciende la ironía. Y si llega a situarse en las inmediaciones de la grandeza, compruebe al mismo tiempo si es que la actitud irónica es una necesidad que brota de su ser. Porque bajo la influencia de los asuntos serios, o bien constatará que la ironía le sobra (porque le resulta fortuita) o bien verá que se afianza (si es que forma parte de usted de un modo innato) como una recia herramienta de trabajo, que tendrá a su disposición junto al resto de medios con los que ha de construir su arte».

«Las obras de arte parten de una soledad infinita, y nada sirve menos para abordarlas que la crítica. Solo el amor puede hacer que las comprendamos y las retengamos; solo el amor puede hacerles justicia».

Rainer Maria Rilke. Cartas a un joven poeta (Briefe an einen jungen Dichter, 1929). Madrid: Rialp, 2016; 104 pp.; col. Doce uvas; prefacio y trad. de David Cerdá; ISBN: 978-8432146183. [Vista del libro en amazon.es]

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FloraCuentosFantasmas.jpg
miércoles, 20 de mayo de 2020

James Flora,
un ilustrador muy conocido en los años sesenta y setenta por los diseños de cubiertas para discos de jazz, firmó 17 libros para niños. Uno de ellos, Cuentos de fantasmas del abuelo, el más buscado según parece, se traduce ahora por primera vez y en él encontramos a un abuelo cuentacuentos que podría haber inspirado el de James Stevenson para su famoso álbum No nos podemos dormir.

En una terrible noche de truenos el narrador tiembla y se refugia en su abuelo. Este le pide que se imagine qué haría si estuviera solo en el bosque, cómo a él le pasó pero, añade, esa es «una historia demasiado espantosa para contártela», así que el nieto pregunta y el abuelo le cuenta «El saco de huesos viejos». Al terminarla el abuelo le dice al nieto que se metió en «La cueva de la bruja Verruga», pero que esa es también otra historia «demasiado espeluznante para contártela», con lo que el nieto insiste y se la cuenta; y también le contará después otro relato: «La casa del fantasma del terror». Es un acierto el marco a los tres relatos, la narración es fluida y juega con la repetición de situaciones, las ilustraciones son graciosos dibujos coloreados en azul. Al final del libro hay una breve biografía del autor donde se indica que Pixar incluyó un homenaje a él en la película Monstruos S. A.

James Flora. Cuentos de fantasmas del abuelo (Grandpa’ Ghost Stories, 1978). Barcelona: Blackie Little, 2020; 34 pp.: trad. de Jorge Cascante; ISBN: 978-84-17552-73-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 19 de mayo de 2020

Mateo, de Carmen Queralt y Marisa López Soria, se puede agrupar con otros álbumes o libros infantiles amables que tratan acerca del afecto hacia un niño adoptado (como La mejor familia del mundo, El zorrito perdido, Te quiero, niña bonita, que recuerde ahora). En este caso es un chico negro, a quien su madre ayuda a saber contrarrestar amablemente algunas bromas crueles que le gastan en el colegio. Cada una de las eficaces ilustraciones, a doble página, se corresponde con un párrafo de texto en lenguaje poético. En ellos se describe a Mateo, diciendo que «es negro como la noche y oscuro como un misterio», se suceden las preguntas de Mateo y las respuestas de su madre, se acentúa que a Mateo le gustan las palabras que su madre usa y las historias que le cuenta sobre los animales de la isla caribeña de la que procede.

Carmen Queralt. Mateo (2020). Texto de Marisa López Soria. Madrid: Narval, 2020; 32 pp.; ISBN: 978-8412083620. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 16 de mayo de 2020

He puesto datos de una edición gratuita en la red, en distintos formatos, del magnífico Fábulas y verdades, de Rafael Pombo.

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viernes, 15 de mayo de 2020

Además de Verdades y leyendas, otra selección de artículos que pude preparar en las semanas de confinamiento es Corrientes profundas, los mejores textos sobre Literatura infantil y juvenil que había publicado hace años en otras recopilaciones.

El título se refiere a que si muchos libros del momento son como la vistosa espuma de la superficie del mar, los grandes libros del pasado son como las corrientes profundas permanentes, que siguen actuando siempre y a su alrededor todo lo cambian, tanto por su condición de modelos imperecederos para nuevos libros como por su acierto duradero al resaltar cualidades humanas básicas.

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jueves, 14 de mayo de 2020

Un libro que ha sido todo un descubrimiento: La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos, Mariolina Ceriotti Migliarese. No es parecido a Elogio de las familias sensatamente imperfectas aunque sus mensajes de fondo coincidan, pues tiene unos contenidos más amplios y la perspectiva de la autora es la quien es madre de seis hijos y tiene una larga experiencia clínica como neuropsiquiatra y psicoterapeuta infantil y de parejas. En la introducción explica que su libro trata de su «forma de trabajar con los padres» y que su objetivo no es el de «facilitar soluciones sino el de compartir un modo de pensar» y poner a sus lectores en condiciones de reflexionar y de, llegado el momento, «ser más capaces de tomar solos las mejores decisiones». Con fluidez, buen humor, muchos conocimientos y mucho sentido común, aborda distintos temas en diez capítulos llenos de observaciones luminosas y útiles. Sin ánimo de ofrecer un comentario completo al libro —mucho más rico de lo que daré a entender en los párrafos que siguen: no trataré, por ejemplo, de cómo habla de que, al llevar a terapia a los niños, los que se descubren son problemas de los padres—, hilo a continuación algunas ideas con las notas que tomé.

Un primer aspecto a resaltar es la forma de comprender la familia y la educación que propone la autora. En el libro afirma que «la familia es un sistema práctico, dinámico e imperfecto» en el que «cada hijo que viene al mundo busca y merece el mejor trato posible por parte de sus padres, y no por parte de otros, hipotéticamente más perfectos»: los hijos quieren a sus padres tal como son. Con sus observaciones inculca serenidad: subraya que no hay que desanimarse nunca pues «siempre, en cualquier punto del recorrido, es posible retomar el camino, corregir la ruta, volver a tomar impulso» y «esto es válido en la relación padres-hijos, y también en la relación entre los cónyuges». Hace notar que hay que levantar la vista para ver la belleza de la «buena educación», algo que «no tiene nada que ver con actitudes rígidas o de pura etiqueta» sino con «la capacidad de comprender el valor de las cosas». También indica que es básico no tener prisa: «las virtudes fundamentales del educador son la esperanza y la paciencia: ningún niño tiene que ser perfecto hoy, porque su posición justa está en llegar a ser». En la misma línea señala que «en cuestiones educativas nunca se debería dramatizar»: «el éxito de las batallas singulares, pequeñas o grandes, no es excesivamente importante», pues «el verdadero desafío del crecimiento se juega en los tiempos largos. El problema no consiste en ganar o perder las batallas singulares, sino en ganar la guerra. Esto es posible si logramos mantener la confianza de fondo en nosotros mismos y en el valor de nuestra propuesta, así como la constante confianza en nuestros hijos y en su capacidad de hacerse adultos, como deseamos nosotros y ellos».

Lo que ocupa más extensión son, como es lógico, las explicaciones que se van dando acerca de cómo abordar la educación de los hijos. Son muy sugerentes las relativas a los «diversos elementos que conforman el derecho de nuestros hijos al respeto: 1) los hijos tienen derecho al respeto de sus límites personales, sea físicos o psíquicos; 2) tienen derecho al respeto, expresado en la capacidad del adulto para establecer la justa distancia relacional entre él y el hijo, una distancia que cambia con las diferentes edades de la vida; 3) tienen derecho a que el adulto sepa establecer y hacer que se respete la posición correcta de cada uno en el seno de las relaciones familiares; 4) tienen derecho al respeto que se manifiesta en asumir la responsabilidad de transmitir valores, y por tanto de educar». También son excelentes las indicaciones sobre la importancia de desarrollar la capacidad de escuchar, «una escucha que esté guiada por una curiosidad y una simpatía auténticas. Muchas veces nosotros imaginamos que lo más importante, cuando hablamos con nuestros hijos, es lo que vamos a decirles, y pensamos que un fracaso comunicativo depende de nuestra poca habilidad oratoria, o de su orgullo. Creo que, en cambio, el error más común es el de hablar demasiado pronto, antes de haber escuchado bien y de haberles dado el tiempo para sacar a la luz, hablando con libertad, al menos una parte de sus pensamientos y sentimientos». En otro momento habla de que «una escucha atenta, interesada y no encaminada al juicio o al consejo permite que se desarrolle poco a poco el pensamiento propio».

La buena educación de los hijos va estrechamente unida con la comprensión acerca de cómo se producen su crecimiento y maduración. Dice que «tener la certeza de ser visto es fundamental para todo ser humano. El niño, que está buscando su identidad personal, se interpreta a sí mismo, en primer lugar y durante mucho tiempo, en la mirada de las personas más significativas para él. La madre y el padre hacen de espejos que devuelven al hijo una imagen de sí mismo y le ayudan a definirse. Poco a poco, con el desarrollo de la vida, se añaden otros espejos que devuelven a cada uno una imagen de sí: hermanos, amigos, colegas de trabajo, y naturalmente las personas de quienes nos enamoramos... Con la adolescencia nacen y se desarrollan las capacidades de autorreflexión, que nos ayudan a conocernos cada vez mejor, también desde dentro». Por eso, los padres han de hacerse cargo de que «la capacidad de controlar los impulsos es una habilidad que necesita mucho tiempo y la ayuda del adulto» y, por tanto, «que las rabietas y los gestos impulsivos de un niño no son necesariamente signos de un carácter difícil»; y han de tener claro que, «en cierto sentido toda la adolescencia consiste en una progresiva “toma de distancia” de los adultos, que hasta ese momento han representado el principal punto de referencia», y que sus «dificultades se producen porque la adolescencia es como es: una edad de pruebas, de rodaje».

El telón de fondo de la educación lo forma el trato entre los padres, a los que se les dice que toda la vida deberían ser «capaces de ahorrar a los hijos confidencias o lamentos sobre nuestra posible infelicidad conyugal». Un consejo general para ellos es el de ayudarse uno al otro a ser flexibles, «porque nada es más fuerte que lo que sabe ser también flexible». Una premisa fundamental es entender que «la familia funciona siempre como un sistema relacional. Y cada uno de los componentes de un sistema influye y es influido por cada uno de los demás, de modo circular». Otra premisa es que la familia no es «un sistema “democrático”, aunque la afirmación suene poco moderna. Está en juego su eficacia. Necesariamente, es un sistema jerárquico, en el que alguien (los padres) asume la responsabilidad de guiar a otro (los hijos) hacia una meta». Son excelentes las explicaciones que da la autora sobre los malentendidos que pueden darse entre los padres y cómo, ante determinadas situaciones, los hombres han de comprender y mostrar que comprenden —lo cual a veces supone abstenerse de proponer soluciones como si todo se resolviese con habilidades organizativas y prácticas—, y cómo la mujer a veces está en medio de una redefinición de sí misma y atrapada en «sentimientos de envidia y de rabia hacia el varón, que no se encuentra con el mismo tipo de situación emotiva».

La autora explica muy bien la necesidad de saber acoger las emociones de los chicos y chicas. Señala que «a veces nos escandalizamos de la irrupción emotiva de los chicos, porque hacen juicios dejándose llevar por las emociones, sobre todo negativas», cuando, sin embargo, «las emociones negativas se diluyen con facilidad cuando se charlan con alguien, se les da un nombre, y se percibe que quien nos escucha no tiene prisa para criticarnos ni para soltarnos de inmediato un consejo». Habla de cómo «no hay emociones buenas y malas: las emociones son como los colores. Todas son necesarias y no se les puede dar connotaciones desde el punto de vista moral. El bien y el mal no están en la emoción en sí, sino en las acciones que puede inspirar esa emoción. Por ejemplo: un niño no es malo por tener celos. Es posible que haga algo reprochable si pega a su hermanita o la maltrata. La cuestión, entonces, es enseñarle que hay formas distintas de expresar una emoción, y formas que no tienen por qué hacer daño al otro ni a uno mismo». En este punto la autora explica cómo «un recurso fundamental que tiene el niño para la elaboración de las emociones más difíciles es el juego simbólico» que los padres pueden enseñar a jugar a los hijos y, luego, dejarles que lo hagan solos, «respetando su espacio de juego sin invadirlo». Al respecto no se mencionan, y hubiera estado muy bien, tantos libros infantiles útiles al respecto, como por ejemplo Donde viven los monstruos, tan interesantes para niños que «tengan que elaborar emociones al borde del conflicto».

Mariolina Ceriotti Migliarese. La familia imperfecta. Cómo convertir los problemas en retos (La famiglia imperfetta. Come trasformare ansie & problemi in sfide appassionanti, 2010). Madrid: Rialp, 2019; 162 pp.; trad. de Elena Álvarez Álvarez; ISBN: 978-8432151323. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de mayo de 2020

Érase dos veces El barón Lamberto es una demostración del talento imaginativo y narrativo de Gianni Rodari. Apunto aquí sólo la primera parte de su rico y movido argumento. El anciano y riquísimo Barón Lamberto vive en una villa en la isla de San Giulio con su fiel y eficaz mayordomo Anselmo. Un día descubre una fórmula para la inmortalidad: que haya siempre alguien que diga en voz alta su nombre. Por eso contrata y paga generosamente a seis personas, a los que instala en el último piso de su castillo, para que repiran continuamente su nombre en un micrófono y se oiga en todas las habitaciones. Los contratados piensan que es un trabajo muy raro y que «los ricos están locos». Como consecuencia, el barón rejuvenece a pesar de las muchas enfermedades que tiene. Las cosas cambian cuando unos ladrones llegan al castillo, secuestran al barón y piden un rescate a los directores de los 24 bancos Lamberto de distintos lugares del mundo.

Cuando estamos tan acostumbrados a relatos imaginativos en los que pasa cualquier cosa, y que se llaman pomposamente surrealistas para ocultar su vaciedad, da gusto reencontrar la forma inteligente con la que Rodari juega con las palabras y enlaza situaciones y diálogos. También, cuando es tan frecuente que se incluyan en este tipo de historias declaraciones altisonantes para forzar los mensajes, es toda una lección ver cómo Rodari conduce su argumento por donde debe y cómo trata respetuosamente al lector. De igual modo, la trama de la novela está bien ajustada: son doce capítulos, en cada uno se da un paso adelante y se introducen nuevos personajes, no hay soluciones previsibles o facilonas.

Es interesante atender a las observaciones que Rodari hace al final, en un epílogo que me ha recordado las que da para comentar los posibles finales en Cuentos para jugar. En ese epílogo se pregunta el narrador si el desenlace que ha puesto no será una descortesía para el lector y se responde que no, «porque tiene una buena explicación»; se pregunta si es una explicación suficiente que un relato se obedezca sólo a sí mismo y dice que espera que sí; se pregunta por qué lo que cuenta no sucedió más veces y aclara que algunas cosas sólo suceden una vez y, además, sólo pueden suceder en los cuentos. Por último afirma que tiene un remedio para quien no se haya quedado satisfecho con la conclusión de su historia: que lo cambie añadiéndole uno o dos capítulos más, o incluso trece, que «jamás hay que dejarse asustar por la palabra».

Gianni Rodari. Érase Dos veces El barón Lamberto o el misterio de la isla de San Giulio (C'era due volte il Barone Lamberto ovvero I misteri dell'isola di San Giulio, 1978). Pontevedra: Kalandraka, 2020; 168 pp.; col. Siete Leguas; ilust. de Javier Zabala; trad. de Isabel Soto; ISBN: 978-8413430065. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 12 de mayo de 2020

Incompleto, de José Fragoso, es un buen álbum que, sin embargo, me ha dejado sentimientos mezclados. El título es el nombre de una aldea donde nadie es bienvenido; se presentan luego sus habitantes: Sesera, una lectora compulsiva, Zancas, una corredora, los hermanos Vigor, obsesos del gimnasio; y después se ve cómo todo cambia cuando llega Sístole, un personaje con forma de corazoncito. La mezcla de sentimientos viene de que resulta demasiado evidente que la historia ha sido construida para transmitir un mensaje y aleccionarnos; viene de que la confección gráfica indica talento pero tiene unos toques feístas que proceden de completar los dibujos con collages, con frecuencia manos y puños, preparados a partir de recortes fotográficos de gente famosa (que, al final del álbum, se dice quienes son);  y viene también de que no todos los famosos tienen una categoría comparable o despiertan iguales simpatías: John Lennon, Greta Thumberg, Maurice Sendak, Chavela Vargas, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Rosa Parks, César Chávez, Frida Kahlo, Gloria Fuertes, Ramón y Cajal, García Lorca, Malala Yousafzai, Kathrine Switzer, Alice Guy-Blaché.

José Fragoso. Incompleto (2020). Madrid: Narval, 2020; 40 pp.; ISBN: 978-84-120836-6-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 9 de mayo de 2020

He puesto datos de ediciones más recientes de El ángel del abuelo, Oliver Button es una nena y Olivia.

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viernes, 8 de mayo de 2020

Durante los días del confinamiento pude preparar Verdades y Leyendas, una recopilación de algunas charlas dadas a distintas audiencias en los últimos años, que ahora está disponible en amazon. El índice, la introducción y una buena parte de su primer capítulo se pueden leer en la página de amazon.

El título está tomado de una consideración chestertoniana: la de que no sólo sucede con frecuencia que las cosas empiezan como verdades y llegan a ser leyendas, sino que también ocurre que las cosas empiezan por ser leyendas y acaban siendo verdades, algo especialmente cierto para quienes las leyeron con emoción cuando eran niños o jóvenes.

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jueves, 7 de mayo de 2020

Dos libros para contar una misma historia. Para unos, el cómic de Montse Mazorriaga y Carlos Correia titulado Nelly Bly, diario de una viajera, será un buen entrante. Y quienes deseen mucha más información pueden acudir al extenso y muy documentado reportaje de Matthew Goodman titulado Ochenta días: la gran carrera de Elizabeth Bisland y Nelly Bly, la vuelta al mundo que hizo historia.

Nelly Bly, nombre con el que firmaba la periodista Elizabeth Cochran Seaman, partió el 14 de noviembre de 1889, enviada por The New York World, periódico de Joseph Pulitzer, en un barco hacia Inglaterra. Sin saberlo ella, la revista The Cosmopolitan envió a otra periodista, Elizabeth Bisland, en dirección opuesta: hacia la costa oeste de los Estados Unidos en tren. Ambas pretendían mejorar la marca de Phileas Fogg, el personaje de Jules Verne, que había tardado 80 días.

El cómic, bien construido, con dibujos sintéticos y unos diálogos económicos, se centra casi por completo en el personaje de Bly: a muchos jóvenes lectores les abrirá el apetito de saber más. El libro de Matthew Goodman, al tiempo que cuenta los viajes alrededor del mundo de Bly y de Bisland, da información sobre numerosas cuestiones: las distintas formas de viajar de la época, en trenes o barcos; asuntos acerca de los modos de vivir de los países que atraviesan; el mundo de la prensa y el talante de sus propietarios en el Estados Unidos de finales del siglo XIX; la difícil entrada de las mujeres en las redacciones de los periódicos, etc.

Goodman cuenta muchas cosas del modo de ser tan distinto de las dos heroínas —más aguerrida y competitiva Bly, más calmada y sofisticada Bisland—; habla del misterioso retraso que sufrió Bisland al final —se insinúa que debido a una maniobra urdida por el periódico competidor—. También cuenta, y entiendo que fue la primera vez que se hizo algo así, que The New York World aprovechó el viaje de Bly para proponer apuestas a sus lectores sobre cuánto tiempo tardaría; se podía participar en el concurso, que daba derecho al premio de un gran viaje a las principales ciudades europeas, adquiriendo un cupón que se vendía con el periódico diario: como consecuencia, la tirada llegó a niveles nunca vistos.

Montse Mazorriaga. Nelly Bly, diario de una viajera (2019). Guión de Carlos Correia. Gijón: The Rocketman Project, 2019; 88 pp.; ISBN: 978-8494411274. [Vista del libro en amazon.es]
Matthew Goodman. Ochenta días: la gran carrera de Elizabeth Bisland y Nelly Bly, la vuelta al mundo que hizo historia (Eighty Days: Nellie Bly and Elizabeth Bisland's History-Making Race Around the World, 2013). Madrid: Aguilar, 2013; 582 pp.; trad. de Laura Vidal; ISBN: 978-84-03-01350-6. [
Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 6 de mayo de 2020

Y entonces nos perdimos, de Ryan Andrews, es un largo cómic destacable por la calidad de su narración gráfica, interesante por la forma realista en que plantea determinadas relaciones entre chicos, y menos conseguida en su lado de relato fantástico con personajes curiosos —aunque habrá quienes disfrutarán también mucho este aspecto de la trama—. Por algunos rasgos del argumento es un relato atractivo también para los excursionistas aventureros y, en particular, para quienes son aficionados a salir al campo a ver estrellas.

En una noche de otoño, un grupo de compañeros de colegio salen en bicicleta por la noche con la intención de seguir el recorrido de unos farolillos que se tiran al río y comprobar si es verdad que se acaban convirtiendo en estrellas. Se fijan dos reglas: nadie vuelve a casa y nadie mira atrás. Pero empiezan a producirse deserciones y, además, se les acaba uniendo Nathaniel, al que ninguno mira bien. Al final son él y Ben, un chico con aires de Harry Potter, los únicos que deciden continuar. Entonces aparece un oso parlante, vestido con un abrigo y una bufanda, que se une a ellos y les dice por dónde seguir, lo cual les acaba conduciendo a lugares inimaginables y a conocer otros personajes muy singulares.

Está bien planteado el arranque de la historia, cuando todos ignoran o menosprecian a Nathaniel, la cobardía con la que Ben les secunda y la forma en que acaba descubrimiendo las cualidades que ignoraba de su compañero. La entrada de los héroes en un mundo de fantasía es, como suele ocurrir, impredecible, y la disfrutarán quienes ya estén acostumbrados a historias semejantes (he visto comparaciones con algunas de Lewis Carroll, Madeleine L’Engle, Shaun Tan y otros…). El relato parece innecesariamente largo, por más que sean vistosos los escenarios y sea notable la calidad gráfica del relato, que cambia de las viñetas rectangulares más clásicas y de los colores azules oscuros del principio, a estructuras más flexibles y colores claros y brillantes cuando Ben y Nathaniel entran en contacto con la singular Madam Majestic.

Ryan Andrews. Y entonces nos perdimos (That was our pact, 2019). Barcelona: Astronave, 2019; 329 pp.; trad. de Alba Pagán; rotulación de Ro Vargas; ISBN: 978-84-679-3644-5. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 5 de mayo de 2020

Rady, el gato enfermero, de Tadahiro Uesugi y Satorino Fuchigami, es un buen álbum por su excelente narración gráfica y porque la historia, se ve que basada en algo real que se cuenta al final, respira bondad y emoción. Rady es un gato enfermo a quien llevan a un refugio de animales donde, a pesar de los pronósticos, se recupera. Cuando, más adelante, ve que traen a una perra que ha sido atropellada, se acerca y se abraza a ella. Empieza a hacer esto mismo con los animales que traen en mal estado al refugio —un alce, un búho, una gata, una ardilla…— y, aunque no siempre los animales mejoran, el efecto tranquilizador de Rady en todos es muy grande. Las ilustraciones, a doble página o de página completa en muchos casos, semejan acuarelas que, aprovechando los contrastes de luz y color, presentan los paisajes nevados o soleados y los interiores del refugio por donde se mueve o que ve Rady. Para las figuras el ilustrador presenta a Rady como una mancha negra con grandes ojos y con las orejas o el rabo algo perfilados y a los demás animales los dibuja de modo económico y realista, como ya se aprecia en la portada.

Tadahiro Uesugi. Rady, el gato enfermero (Neko no Kangoshi Rady, 2016). Texto de Satorino Fuchigami. Barcelona: Blackie Books, 2020; 34 pp.; col. Blackie Little; ISBN: 978-84-17552-71-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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sábado, 2 de mayo de 2020

He abierto voces en el diccionario a Emmanuel Gibert, Pep Bruno y Antonio Rubio.

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viernes, 1 de mayo de 2020

En bienvenidosalafiesta: notas del mes de abril.

En el mes, un divertido cómic para primeros lectores es La fiesta y otras historias; para el mismo público es un buen álbum sin palabras Mientras tú duermesun interesante álbum de conocimientos científicos es Curiosity: la historia de un robot explorador de Marteun álbum informativo sobresaliente y de gran formato es En el jardínuna novela juvenil que da más de lo que uno espera es El sorprendente catálogo de Walker Dawndos novelas policiales amenas y bien construidas son Asesinato es la palabra, Un chelín para velas.

En nuevocuaderno: notas del mes de abril.

En Libros para jóvenes: notas del mes de abril.

En medium, aunque no lo había pensado así, los abusos y las mentiras de las últimas semanas por parte de quienes no solo nos malgobiernan sino que además nos predican —ya decía Chesterton que «los antiguos tiranos tenían insolencia suficiente para despojar a los pobres, pero no tenían insolencia suficiente para predicarles»—, me hicieron preparar las entradas tituladas Libros de Svetlana Alexiévich, Lecciones de antiguas distopías, Verdad, libertad, poder. A la entrada de la Semana Santa había puesto Dios, providencia, ateísmo, cristianismo.

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