Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas de noviembre de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
BeckTomT4.jpg
miércoles, 30 de noviembre de 2011

Con Tom Trueheart y el País de los Mitos y las Leyendas termina la serie donde Ian Beck mezcla multitud de historias: para ciertos lectores puede ser excesivo, pero parte de su encanto está en ver cómo el autor integra bien tantas referencias, sus seguidores lo disfrutarán y, para ciertos lectores, puede ser un empujoncito más para conocer otros relatos.

Enviar Imprimir
AmarMontCasua.JPG
martes, 29 de noviembre de 2011

Otro álbum experimental reciente también audaz y con chispa: Casualidad, de Pablo Amargo y Pepe Monteserín. El narrador habla de que no cree en la casualidad, «una disculpa de los que no entienden las cosas», pues el hecho de haber nacido en un pueblo llamado Ventoso lo explica casi todo para él. Lo malo es que sí hay quien cree en la casualidad. La narración es simpática y las ilustraciones, en blanco y negro, son sugerentes, ingeniosas y apropiadas, empezando por la nada casual alineación vertical de circulitos blancos de la portada. Además, habrá quien disfrute de las páginas donde se contienen ejemplos de distintos tipos de veletas, de cometas y de molinos de viento.

Sin embargo, el álbum como tal no le saca todo el partido que, al verlo por primera vez, uno podría esperar de un formato vertical tan acentuado. Pienso que la historia podría desarrollarse igual con otros formatos y seguramente no veríamos diferencia ninguna si, en vez de ser vertical fuera horizontal (más aún, ¿no iría mejor un aspecto apaisado con un viento que sopla siempre de izquierda a derecha?). Por otra parte, tal vez el título debería, no por casualidad, aludir a la verticalidad (más aún, a pesar de la ele, la i y las des, «casualidad» a mí me parece una palabra más horizontal y estirada que vertical y esbelta).

Pablo Amargo. Casualidad (2011). Texto de Pepe Monteserín. Granada: Barbara Fiore, 2011; 34 pp.; ISBN: 978-84-15208-10-5.

Enviar Imprimir
McQuinnBeardshawLola2.jpg
lunes, 28 de noviembre de 2011

El pez rojo,
de Taeeun Yoo, es un álbum de los que —como por ejemplo Nat y el secreto de Eleonora— presenta una biblioteca misteriosa en la que un niño descubre la fascinación de la lectura. La historia comienza diciendo que «el abuelo de Ramiro era el encargado de una biblioteca muy antigua que había en medio de un bosque». Y, cuando Ramiro va con él llevando su pecera, después de curiosear, se queda dormido y termina persiguiendo a su pececillo por dentro de los libros. Tal vez es algo raro que haya una gran biblioteca en medio de un bosque, pero la historia es simpática, consigue lo que pretende, y tiene imágenes bien compuestas.

Al leer esta historia he pensado que no conozco más que un álbum que hable del uso cotidiano (y normal: sin leones ni osos ni otros seres semejantes) de una biblioteca pública: Lola at the Library, de Rosalind Beardshaw y Anna McQuinn. Es un relato con ilustraciones afectivas, que sólo habla del entusiasmo que siente Lola por ir a la biblioteca cada martes con su madre, y que, por tanto, tiene como finalidad reforzar los deseos lectores. El mensaje se completa con que Lola también disfruta mucho escuchando a su madre leerle un cuento antes de acostarse.

Taeeun Yoo. El pez rojo (The Little Red Fish, 2007). Vigo: Faktoria K, 2011; 36 pp.; trad. de Carlos Heras; ISBN: 978-84-15250-04-3
Rosaling Beardshaw. Lola at the library (2006). Texto de Anna McQuinn. Watertown, MA: Charlesbridge, 2006; 24 pp.; ISBN: 978-1-58089-113-4.

Enviar Imprimir
domingo, 27 de noviembre de 2011

P. D. James
enumera unos cuantos consejos «algo presuntuosos», dice, para los que realizan críticas de libros, entre los cuales se incluye a sí misma, que son:

«1. Lee siempre el libro entero antes de escribir la crítica.

2. No te comprometas a criticar un libro incluido en un género que te disgusta particularmente.

3. Critica el libro que el autor ha escrito, no el que piensas que debería haber escrito.

4. Si tienes prejuicios —y cualquiera puede tenerlos— afróntalos con franqueza y, si lo crees necesario, reconócelos en la propia crítica.

5. Haz comentarios ingeniosos si debes y puedes hacerlos, pero nunca seas deliberadamente cruel salvo con esos autores que explotan la crueldad y que, en consecuencia, se arriesgan a ello.

6. Si piensas que no hay por dónde agarrar el libro y no tienes nada ni interesante ni positivo que decir, ¿por qué hacer una crítica? Todas las reseñas proporcionan al libro una publicidad que le viene muy bien y es una pena desperdiciar espacio con un libro pretencioso o deshonesto cuando podrías estar diciendo algo de valor sobre una lectura que lo merece. La excepción a esta regla serían las obras de escritores consagrados que se aguardan con expectación, cuando todo el mundo espera el veredicto de los grandes críticos.

7. Si un amigo íntimo te da un libro para que le hagas la crítica y te parece muy malo, no la hagas. A nadie le gusta herir a sus amigos y la tentación de ser benevolente es demasiado fuerte.

8. No caigas en la tentación de usar una crítica para saldar viejas cuentas pendientes o para dejar bien claro que te desagrada el sexo, la clase social, la tendencia política, la religión o el estilo de vida del autor. Intenta pensar que existe la posibilidad de que personas que desapruebas escriban un buen libro.»

P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) (Time to be in Earnest, 1999). Barcelona: Bruguera, 2008; 347 pp.; col. Bruguera ensayo; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-02-42056-5.

Enviar Imprimir
sábado, 26 de noviembre de 2011

He añadido textos de Chesterton a los comentarios a las obras de Edgar Allan Poe, Conan Doyle, y Gaston Leroux. Y no solo de Chesterton: también de Borges en los dos primeros casos, y de P. D. James en el primero.

Enviar Imprimir
viernes, 25 de noviembre de 2011

La lectura de El cielo a medio hacer me ha sugerido poner aquí unos libros que leí y anoté, aunque de modo incompleto, años atrás: las autobiografías noveladas de infancia y juventud de los dos autores suecos que recibieron el Nobel conjuntamente el año 1974: Las ortigas florecen, de Harry Martinson, y Era el año 1914. Aquí tienes tu vida, de Eyvind Johnson.

Las ortigas florecen son unas memorias de la desgraciada niñez del autor. Cuando tiene siete años, después de que su madre lo abandona y su hermana mayor muere, es recogido por la parroquia que, a su vez, lo va entregando a distintas familias, cada cual peor que la anterior, hasta que, al asistir a la escuela, empieza a ver algo de luz. El tono poético en que se narran todos los sucesos suaviza bastante la narración y el mismo título lo dice todo de su enfoque.

El protagonista de Era el año 1914 es Olof, que abandona el hogar de su niñez y, a los doce años, trabaja como balsero en un río utilizado para el transporte de la madera; el trabajo es peligroso pero propicia un continuo contacto con la naturaleza y un compañerismo espontáneo, lo que facilita la entrada de Olof en el mundo adulto. Esta primera entrega de una colección de relatos más o menos autobiográficos del autor es una narración lenta, irónica y dura, en la que va poniéndose al descubierto el mundo interior de Olof: sus dudas interiores sobre Dios, el crecimiento de su vocación como escritor, su afición (y también su condena) a la soledad.

De ambos libros tengo buenos recuerdos: el de su vigor literario, el de ser buenos testimonios de unas épocas y unos ambientes que desconocía, y el de que, pesar de su dureza, no tenían acentos rencorosos o, al menos, no dejaban el mal sabor de boca tan propio de quien escribe para ajustar cuentas.

Harry Martinson. Las ortigas florecen (Nass Lorna Blomma, 1935). Barcelona: Plaza & Janés, 1976; 256 pp.; col. Reno; trad. de Ann-Christine Lundin; ISBN: 84-01-30176-9. Agotado.
Eivynd Johnson. Era el año 1914. Aquí tienes tu vida (Un var det 1914, Har har du ditt LIV!, 1934). Barcelona: Plaza & Janés, 1975; 304 pp.; col. Novelistas del día; trad. de Deerie Sariols; ISBN: 84-01-30168-8. Agotado.


Enviar Imprimir
TanEsbozosTsN2.jpg
jueves, 24 de noviembre de 2011

La lectura, tanto en la primera comprensión de lo leído como en la reflexión e incorporación que viene después, supone, además de un aumento de las competencias literarias, una entrada en otros mundos y, de acuerdo con eso, una mayor amplitud mental y un reajuste de las propias experiencias. Entre otras cosas, con las historias aprendemos que la vida es, o se parece a, un haz de relatos y que, por tanto, tiene unas dimensiones fenomenológicas no lineales que, mal que bien, intentamos atrapar mediante la construcción de tramas narrativas. En ese trabajo se aprecia que los hombres tenemos «un potente deseo de extraer algún tipo de memoria coherente de nuestra cáotica y fragmentada experiencia vital, una historia elocuente que pueda transmitirse a otras personas». Luego, cada creador de relatos intenta conseguirlo a su modo y, en concreto, autores como Shaun Tan piensan que algunas ideas «pueden expresarse tan sólo a través del lenguaje silencioso de las imágenes» y que muchas emociones que son difíciles de articular mediante palabras pueden ser expresadas gráficamente. Estas últimas frases las dice cuando explica el proceso creativo que le llevó a publicar Emigrantes en Esbozos de una tierra sin nombre, un libro admirable por lo que revela de su trabajo y por la claridad de sus explicaciones.

Shaun Tan. Esbozos de una tierra sin nombre. El proceso de creación de Emigrantes (Sketches from a Nameless Land, 2010). Granada: Barbara Fiore, 2011; pp.; trad. de Carles Andreu y Alberto Vitó; ISBN: 978-84-15208-08-2.

Enviar Imprimir
KesselLeon.jpg
miércoles, 23 de noviembre de 2011

Un relato cuya protagonista es una una niña europea en Kenia: El león, de Joseph Kessel. Tanto las descripciones ambientales como el núcleo del conflicto, llamémosle «choque cultural», tienen mucha intensidad.

Enviar Imprimir
DelibesDosC2.jpg
martes, 22 de noviembre de 2011

Recientemente se ha editado, para escolares, un libro titulado Dos cuentos de Miguel Delibes: El conejo y El cuco. Uno está tomado de La mortaja y otro de Tres pájaros de cuenta.

En El conejo, el herrador da un conejo a Juan y a su hermano pequeño Adolfo, con la promesa de que sabrán cuidarle, pero… En El cuco es el mismo Miguel Delibes quien narra y explica cómo actúa el cuco y cuenta dos experiencias que presenció: sobre un cuco que gorroneaba en un nido de petirrojos y sobre otro que lo hacía en uno de verderones.

Son relatos que hablan, con el lenguaje preciso del autor, del aprendizaje de niños de ciudad en el campo, el primero, y de las tensiones que se dan en la naturaleza, el segundo. A quien ya conozca a Delibes no es necesario advertirle de que son historias realistas y nada blandas. La edición es manifiestamente mejorable y las ilustraciones me parece que no encajan con el tono de los relatos.

Dos cuentos de Miguel Delibes: El conejo y El cuco. Valladolid: Junta de Castilla y León y Fundación Miguel Delibes, 2011; 47 pp.; ilust. de Peridis; selección y prólogo de Ramón García Domínguez.

Enviar Imprimir
PynElefArbol.jpg
lunes, 21 de noviembre de 2011

El Elefante y el árbol,
de la ilustradora de Singapur Jin Pyn Lee, es un álbum notable. Cuenta la historia de un elefante cuyo mejor amigo en el bosque es un árbol, cómo ambos crecen juntos y pasan los años hasta que, un día, sus vidas cambian.

Es un relato, sencillo y narrado con talento, sobre amistad y recuerdos compartidos. La historia progresa bien y la realización gráfica es minimalista y elegante. Sobre fondo negro, al principio las letras van en verde y las ilustraciones son líneas que sugieren las formas de los protagonistas y de los otros seres que se mencionan —obsérvese aquí—. Luego, con la intervención humana, las letras pasan al blanco y algunas figuras y acciones se representan con nerviosos trazos como de tiza. La dedicatoria, «para los sin voz», indica la intención reivindicativa de un álbum que, al margen de otras cosas, puede ponerse como ejemplo de una lección que otros olvidan: una de las condiciones para que un libro dure es que se limite a lo esencial y deje que su mensaje brote de la misma historia, sin insistencias.

Jin Pyn Lee. El elefante y el árbol (The Elephant and the Tree, 2009). Barcelona: Thule, 2011; 48 pp.; trad. de Alvar Zaid; EAN: 978-84-92595-92-1.

Enviar Imprimir
domingo, 20 de noviembre de 2011

En el libro de Nicholson Baker que cité días atrás hay consideraciones acerca de la poesía que me han gustado.

Una, cuando el narrador señala que unos versos de Edward Lear «fueron los primeros que me dieron el escalofrío, el temblor, la afligida alegría de la verdadera poesía, el sentimiento de que algo no estaba bien pero que estaba bien que no estuviera bien. En realidad era mejor que si hubiera estado bien».

Otra, cuando un amigo le dice que, para la antología que debe prologar, le sugiere, no sin ironía: «Cuéntale a la gente la razón por la que existe la rima. Dales una buena e imaginativa explicación neurobiológica. La gente adora las explicaciones neurobiológicas imaginativas».

Luego, cuando apunta que «el conocimiento que dan las antologías no es verdadero conocimiento. Tiene uno que leer los poemas que no han sido escogidos para comprender los que lo han sido».

Es graciosa, y a la vez interesante, la razón que da para explicar por qué le gustan tanto los libros de poesía: la de «sea cual sea el sitio por donde los abras, caes en un principio. Si abro una biografía, o unas memorias, o una novela por en medio, que es lo que suelo hacer, caigo verdaderamente en el medio. Pero lo que quiero es estar lo más posible al principio. Y eso es lo que me da la poesía. Muchos, muchos principios. Ese sentimiento de ponerse en marcha».

Una quinta frase: «¿Qué significa ser un gran poeta? Significa que has escrito uno o dos poemas geniales. O partes geniales de poemas. No significa nada más. No intenten imaginarse el desperdicio o les alarmará su magnitud».

Y quien desee leer más, aquí tiene una selección mejor.

Nicholson Baker. El antólogo (The Anthologist, 2009). Barcelona: Duomo ediciones, 2010; 228 pp.; trad. de Ramón García; ISBN 13: 978-84-92723-51-5.

Enviar Imprimir
sábado, 19 de noviembre de 2011

Chesterton
:
De alguien decimos que se deja llevar por el sentimentalismo cuando es un esclavo de asociaciones mentales y no sabe aplicar principios e ideas coherentes a las distintas situaciones de la vida, cuando se deja llevar por un favoritismo inconsciente y por prejuicios frívolos. Es el caso de quien dice que los juramentos de un obrero son una profanidad y una indecencia, pero los de un hombre poderoso pertenecen a su vida privada; o el de quien sostiene con firmeza que los ladronzuelos han de ser duramente castigados pero no afirma lo mismo de los especuladores. Es el caso de quien cierra sus ojos a la fealdad, no el que mira la fealdad a la cara y la llama por su nombre. Es el caso de algunos tipos de anarquistas: del plutócrata, a quien le gusta la anarquía porque en la anarquía el orgulloso y el codicioso siempre ocupa la cima; del que se tiene a sí mismo por un idealista superior, también porque así no está obligado a someterse a la autoridad de nadie, ni siquiera a la autoridad de sí mismo cinco minutos antes; del capitalista al que no le gusta la ley y la llama socialismo; o del cascarrabias al que tampoco le gusta y la llama dogma. En definitiva, están dominados por el sentimentalismo aquellos a los que no les gusta la idea de cualquier regla inteligible que se pueda aplicar por igual a todos los casos.

G. K. Chesterton. «Moral Principles and the Law», Illustrated London News, artículo del 23 de marzo de 1912, Collected Works, volume XXIX, versión mía.

Enviar Imprimir
TranstromerCielo.jpg
viernes, 18 de noviembre de 2011

El cielo a medio hacer,
del último premio Nobel, el sueco Tomas Tranströmer, contiene una antología de poemas y, al final, un texto autobiográfico, con escenas de infancia y juventud, titulado Visión de la memoria (1996). El cielo a medio hacer es un poema y el título del libro de poemas que lo contiene, de 1962.

Personalmente me han gustado algunos versos reflexivos, como, por ejemplo, estos de «Tábano dorado»:

«El mayor fanático es el mayor escéptico. Él no lo sabe.
Él es un pacto entre dos
según el cual el uno tiene que ser visible al cien por ciento y el otro invisible»,

(que me recordaron El Napoleón de Notting Hill).

Pero, sobre todo, me ha interesado el texto en el que recoge momentos interiores de su niñez y juventud. Un momento intenso es el que cuenta su forma de lidiar con los abusos de un chico mayor durante los años de la escuela primaria: «cuando se acercaba, yo fingía que mi Yo había volado lejos y que lo único que había quedado era un cadáver, un trapo que él podía manosear como quisiera. Entonces se cansó. Me pregunto qué ha significado para mi existencia el método de transformarse en un trapo sin vida. El arte de ser atropellado, conservando el amor propio. ¿No lo habré utilizado en exceso? A veces funciona, a veces no». Otro, al final, tiene que ver cuando descubre la precisión de los versos de Horacio y averigua las reglas de la poesía: «A través de la forma (¡la Forma!) algo podía ser elevado. Las ruedas de oruga habían desaparecido, las alas se abrieron. ¡No había que perder la esperanza!»

Tomas Tranströmer. El cielo a medio hacer. Madrid: Nórdica, 2010; 272 pp.; trad. de Roberto Mascaró; prólogo de Carlos Pardo; ISBN: 978-84-92683-17-8.

Enviar Imprimir
jueves, 17 de noviembre de 2011

De esta buena entrevista selecciono una pregunta y una respuesta: 

—En los tiempos que corren y siendo [usted] quien es, es inevitable que le preguntemos por la crisis; ha dicho en alguna ocasión que se trata más de una crisis de valores, donde lo financiero es síntoma de problemas mucho más profundos. ¿Cómo pueden ayudar los libros a encontrar sentido en los momentos de dificultad como éste?

—Los libros te obligan a detenerte: primer punto a favor de la lectura, en una crisis de consumo acelerado y huida hacia delante. Los libros te ayudan a ponerte en la posición de otros: otro punto a favor, en una crisis de individualismo exacerbado. Los libros se leen y releen, se aconsejan y se prestan: toda una lección en un mundo de consumo y caducidad instantáneas. Los libros muestran belleza y apuntan a la Belleza, gran éxito del espíritu ante la animalidad del ambiente y la fealdad de la porquería vestida de seda. Los libros enseñan con profunda humildad, algo muy necesario en una cultura de éxito arrogante como la nuestra. Los libros, si son buenos, te hacen mejor, aunque no se note: otro punto para una sociedad que enfatiza mostrar los resultados a corto. Son elegantes formas de indicarnos que nos queda mucho por saber, por pensar, por visitar, por amar, por dar…

Enviar Imprimir
WoulCityBoy.jpg
miércoles, 16 de noviembre de 2011

En la tradición de las novelas más o menos colegiales de un chico simpático y revoltoso que se mete en líos, unos divertidos y otros no tanto, una novela del que tengo un muy buen recuerdo: El chico de la ciudad, de Herman Wouk. No está en el mercado español, que yo sepa. A la derecha, portada de una edición norteamericana.

Enviar Imprimir
SerranoAlboRedondo.JPG
martes, 15 de noviembre de 2011

Los álbumes experimentales merecen casi siempre ser elogiados pues revelan creatividad e ingenio por parte de los autores y audacia por parte de los editores.

Dos ejemplos recientes son En el reino de la puntuación, un poema de 1905 de Christian Morgenstern e ilustrado por Rathna Ramanathan, y Redondo, un relato versificado de Pablo Albo ilustrado por Lucía Serrano.

El primero cuenta un ataque contra los puntos y comas por parte de los demás signos de puntuación, al que sigue otro ataque de las comas a las rayas… Los dos versos de cada doble página están ilustrados por medio de composiciones sugerentes formadas a partir de los distintos signos.

El segundo es un libro de forma circular, en el que se cuenta un relato circular, que comienza con una inquieta mariquita que sale a recorrer su mundo, una sandía, pero todo se complica y pasa por un balón, un ojo, un ombligo, y vuelve al libro del que salió. Tanto el texto de Pablo Albo como las ilustraciones, dos en cada página, de Lucía Serrano, tienen chispa.

Rathna Ramanathan. En el reino de la puntuación (Im Reich der Interpunktionen, 1905). Texto de Christian Morgenstern. Barcelona: Thule, 2011; 32 pp.; trad. de Moka Seco Reeg y Alvar Zaid; ISBN: 978-84-92595-91-4.
Lucía Serrano. Redondo (2011). Texto de Pablo Albo. Barcelona: Thule, 2011; 24 pp.; 978-84-92595-93-8.

Enviar Imprimir
KrahnByC.jpg
lunes, 14 de noviembre de 2011

He puesto datos de nuevas ediciones de dos buenos álbumes: Guillermo Jorge Manuel José y Bernardo y Canelo.

Además, he incluído otro álbum de Sven Nordqvist que se había publicado en castellano hace ya meses pero que no había visto hasta el momento: Pettson se va de acampada.

Enviar Imprimir
domingo, 13 de noviembre de 2011

En Heroísmo vanidoso y en Posturas humanas básicas cité una obra de Victor Klemperer, un catedrático de literatura que sobrevivió al horror nazi gracias a que su mujer no era judía, sino aria, y a que ella, contrariamente a otras personas en su misma situación, eligió las penosas consecuencias de permanecer siempre junto a su marido. Y, precisamente, una de las líneas de fuerza más poderosas y admirables del minucioso diario que llevó Klemperer desde 1933 hasta 1945, Quiero dar testimonio hasta el final, un libro impresionante, es la relación entre los dos. Pues bien, después de haber señalado en algunas entradas anteriores la dificultad que tiene para creer en Dios o en otra vida, Klemperer, el 18 de marzo de 1945, se refiere a su esposa y dice:

«Breve meditación matinal, nacida de un gran amor. Se trata en esencia de que nos hemos querido y seguimos queriéndonos durante cuarenta años, en realidad no estoy convencido de que esto pueda acabarse. La nada —en tant que conciencia personal, y por lo tanto la nada real— es, indudablemente, probabilísima, y todo lo demás improbabilísimo. Pero, ¿no vivimos constantemente, desde 1914, y más aún desde 1933 y en los últimos tiempos, de un modo masivo, lo absolutamente improbable, lo monstruosamente fantástico? Lo que antes era absolutamente inimaginable ¿no se ha convertido en algo normal y cotidiano? Si he vivido las persecuciones de Dresde, si he vivido el 13 de febrero, si he vivido estas semanas de huida, ¿Por qué no voy a vivir (o, mejor, “morir”) también que Eva y yo volvamos a escondernos en algún sitio, con alas de ángeles o dotados de alguna curiosa forma? No sólo está retirada de la circulación la palabra “imposible”, sino que también “inimaginable” ha perdido toda validez».

Exacto: hay amores que no pueden morir nunca.

Victor Klemperer. Quiero dar testimonio hasta el final (Ich will Zeugnis ablegen bis zum letzten, 1995). Barcelona: Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 2003; 2 v.: 1. Diarios 1933-1941, 895 pp.--2. Diarios 1942-1945, 975 pp.; trad. de Carmen Gauger; ISBN: 84-8109-424-2 (Galaxia Gutenberg), 84-672-0080-4 (Círculo de Lectores).

Enviar Imprimir
sábado, 12 de noviembre de 2011

En campaña electoral, tres consideraciones de Chesterton para la vida política:

—Lo que convence a la humanidad de la sinceridad de un hombre es que deba seguir sus principios y lo haga yendo en contra de sus sentimientos. La sinceridad se muestra en que uno se rinde ante uno mismo. Por ejemplo, alguien a favor del despotismo no es necesariamente honesto cuando elogia al rey, pero probablemente lo es si le insulta pero le obedece. O un vegetariano que odia la carne no es tan serio como uno a quien le gusta la carne. Del mismo modo, los actos de la justicia no fueron más poderosos cuando se cumplieron con gusto. Al revés, lo fueron cuando se cumplieron con reluctancia.

—La teoría de que la libertad, la justicia, etc., se van obteniendo por una política de paso a paso, igual que la noción de que nuestras instituciones mejoran lentamente, están fundadas en débiles coincidencias, pero no en la realidad. De fondo hay una equivocación acerca de la naturaleza humana. Un hombre que decide pelear hasta morir por algo, no lo hace poco a poco. Por supuesto, no se deja quemar hoy la mitad y vuelve años más tarde para que le quemen la otra mitad.

—El político sensato ve las cosas tal como ve un árbol que existe y que allí está, tanto si le gusta como si no. En cambio el insensato intenta cambiarlas en algo distinto por el poder de su mente [y con el dinero de los demás], como si fuera una bruja.

G. K. Chesterton. «Principles and Politics», Ilustrated London News, artículo del 12 de octubre de 1907, Collected Works volume XXVII«The Broadening down of Democracy», artículo del 26 de agosto de 1911, y «The Fulfillment of Wishes», artículo del 22 de noviembre de 1913, Collected Works, volume XXIXversiones mías.

Enviar Imprimir
CollinsPiedraLunar.jpg
viernes, 11 de noviembre de 2011

Veo una nueva edición de la La piedra lunar, de Wilkie Collins, una novela detectivesca en torno al enigmático robo de un diamante no menos enigmático.

Dejo su comentario a P. D. James que, en sus interesantes memorias La hora de la verdad, dice que La piedra lunar está en el origen de la novela policiaca: «En mi opinión, ninguna otra novela unitaria esboza con mayor claridad el desarrollo posterior del género [que La piedra lunar]. Wilkie Collins crea uno de los primeros detectives de ficción, el sargento Cuff, excéntrico pero profesional, sagaz conocedor de la naturaleza humana [a partir de un personaje real: el agente de Scotland Yard Jonathan Whicher]. Collins plasma con exactitud los detalles médicos y forenses, hace hincapié en las pistas materiales y se ocupa de que todas ellas (un camisón manchado de pintura, una puerta pringada, una cadena metálica) estén al alcance del lector, apuntando la tradición del juego limpio según el cual el detective nunca debe estar en posesión de más información que el lector. El astuto traslado de las sospechas de un personaje a otro se lleva a cabo con gran habilidad, y el énfasis que hace en las pruebas materiales y la astuta manipulación del lector llegarán a ser algo habitual. Sin embargo, la novela, como historia policiaca, posee otras virtudes importantes. A Wilkie Collins se le da de maravilla describir la apariencia física y los ambientes y saca mucho partido al contraste entre la próspera y segura casa Verinder y la desolación de las arenas escalofriantes, entre la joya robada, exótica y maldita, y las vidas, en apariencia respetables y privilegiadas de la clase alta victoriana».

Wilkie Collins. La Piedra Lunar (The Moonstone, 1868). Barcelona: Alba, 2011; 528 pp.; col. Clásica Maior; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 978-84-8428-597-7.
P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) (Time to be in Earnest, 1999). Barcelona: Bruguera, 2008; 347 pp.; col. Bruguera ensayo; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-02-42056-5.

Enviar Imprimir
FisherIncarceron.jpg
jueves, 10 de noviembre de 2011

Incarceron
y Sáfico, de Catherine Fisher, son dos largas novelas de ciencia-ficción y fantasía que vienen a ser un cuento de hadas sofisticado. Esto se ve si se cuenta el argumento así: en la primera parte, una reina malvada con poderes extraordinarios ha encantado al anterior príncipe heredero y lo ha enviado a una extraña prisión, pero Claudia, la hija del misterioso y poderoso guardián de la prisión, cuya boda está concertada con el hijo impresentable de la reina, tiene recuerdos del príncipe de cuando eran niños y jugaban juntos; en la segunda parte, ha regresado el príncipe pero no recuerda las cosas, y entonces aparece otro príncipe que sí lo recuerda todo y que reclama una confrontación para que unos jueces imparciales decidan quién es el heredero destinado a casarse con Claudia. La ciencia-ficción está en que la Prisión es un mundo incomunicado del Exterior, un mundo que se rige por el Protocolo: aunque los avances tecnológicos son muchos, estos sólo están al alcance de los privilegiados y toda la gente ha de comportarse como si vivieran siglos atrás.

Son novelas bien escritas y originales (al menos de acuerdo con mis lecturas de este tipo, poquísimas para las que se publican). Tienen momentos intensos, como el comienzo de Incarceron o una especie de representación teatral en Sáfico, y es de agradecer que no haya más descripciones imaginativas que las justas para el desarrollo de la acción. Están construidas con habilidad, pero con una complejidad que, al menos a mí, siempre me hace pensar en que el autor no acaba de confiar en atraer al lector con un relato básicamente lineal: se alterna lo que ocurre en la Prisión con lo que pasa en el Exterior y los contactos entre ambos mundos son escasos y se dan al final de cada relato; cada capítulo tiene un texto enigmático al comienzo; a veces hay alternancias de puntos de vista que añaden misterio, sí, pero desconciertan.

Los personajes, al menos para un lector como yo, resultan fríos: esto es lógico en una historia tan asombrosa, donde si no te crees el entorno difícilmente te crees las emociones de nadie. No encuentro mucho sentido a que la cárcel, como tal, cobre vida y sea un personaje más; el fundamental Sáfico resulta demasiado misterioso y sigue siéndolo incluso al terminar la novela; otros secundarios son sólo como postes donde atar los hilos. Luego, aunque mi lectura del segundo libro ha sido bastante rápida, me ha parecido que han quedado cabos sueltos o, al menos, que como no todo se resuelve de forma completa, las explicaciones que se dan no dejarán satisfechos a muchos lectores. Conclusión: tienen más nivel que otras novelas semejantes pero piden demasiado tiempo de lectura para lo que dan a cambio y no, no creo que planteen ninguna reflexión (seria) sobre si «a lo mejor la Cárcel está dentro de nosotros» o sobre la diferencia ente huir y ser libre, y cosas así.

Catherine Fisher. Incarceron (2007). Barcelona: Molino, 2010; 510 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-272-0047-0.
Catherine Fisher. Sáfico (Sapphique, 2008). Barcelona: Molino, 2011; 523 pp.; trad. de Ana Mata Buil; ISBN: 978-84-2720-071-5.

Enviar Imprimir
StorrPoli2.jpg
miércoles, 9 de noviembre de 2011

Relatos citados en Itinerarios lectores de los que no había puesto aquí todavía su reseña: Poli y el lobo, de Catherine Storr y El dragón Albert, de Rosemary Weir. Ambos son libros con chispa, que tienen continuaciones, cuyas ediciones españolas están agotadas (creo), y que fueron importantes en la línea, hoy tan trillada, de volver a contar viejas historias dándoles la vuelta.

Enviar Imprimir
CapekLondres.jpg
martes, 8 de noviembre de 2011

Después de las guías de Sasek que ya mencioné, he visto ahora Madrid para niños y Barcelona para niños, de Javier Zabala, y Londres para niños, de Jindra Čapek. Ni que decir tiene que las ilustraciones son excelentes y recogen bien el estilo de cada ciudad. El texto es descriptivo con un hilo conductor que tiene algunos toques de humor. Debo decir, eso sí, que me parecen menos graciosas, menos para niños y menos perdurables que las de Sasek. Tampoco pienso que lo adecuado sea el formato pequeño ni que aporten mucho los desplegables. En cualquier caso, y al margen de mi opinión sobre que tengan más o menos chispa o utilidad, son libros bien concebidos, atractivos y que pueden servir a muchos.

Javier Zabala. Madrid para niños (2002). Madrid: Nórdica Libros, 2011; 16 pp. y ocho desplegables; col. Soñando ciudades; ISBN: 978-84-92683-45-1.
Javier Zabala. Barcelona para niños (2003). Madrid: Nórdica Libros, 2009; 16 pp. y ocho desplegables; ISBN: 978-84-92683-00-0.
Jindra Capek. Londres para niños (2010). Madrid: Nórdica Libros, 2011; 16 pp. y ocho desplegables; trad. de María Teresa Ruíz Camacho y Katja Wirth; col. Soñando ciudades; ISBN: 978-84-92683-51-2.

Enviar Imprimir
PopovPorQue4b.jpg
lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Por qué?
,
de Nikolai Popov y Pau Joan Hernández, es un álbum sobre la devastación que causan las guerras que aún no había puesto aquí.

Dedicaré un apartado a los álbumes que hablan sobre la guerra en la conferencia que daré, dentro de unos días, en México, en Leer abre espacios para el diálogo, y que se titula Los álbumes ilustrados: un género en la fuente de las emociones. Hablaré de nuevo, días después, sobre álbumes y emociones, en Pamplona, en un seminario del CEMID. Y volveré al asunto, después de tanto contraste de opiniones somo supongo que habrá, en algunas sesiones que tendré que dar, en Madrid, en el Master en álbum infantil ilustrado, ya el año 2012.

Enviar Imprimir
domingo, 6 de noviembre de 2011

Otra observación
de Newman en Perder y ganar, que aparece al principio con ocasión de una conversación entre dos jóvenes universitarios, muy apropiada para épocas electorales: «Cuando alguien se acerca por primera vez al mundo de la política o de la religión, se enfrenta a todo aquello como un ciego que de pronto recibiera la vista y se pusiera ante un paisaje. Tan lejana le parecería una cosa como otra: no hay perspectiva. La conexión de un hecho con otro, de una verdad con otra, el influjo de los hechos sobre las verdades y de las verdades sobre los hechos, quién precede a quién, qué puntos son primordiales y cuáles secundarios, todo eso los dos amigos tenían que aprenderlo todavía. Y ni siquiera eran conscientes de su ignorancia en ciencia tan nueva. Es más, para ellos el mundo de hoy no tiene contacto alguno con el mundo de ayer; el tiempo no es una cosa como corriente, sino que se les aparece rotundo y estático como la luna. No saben lo que ocurrió hace diez años y mucho menos lo de hace cien. Para ellos el pasado no vive en el presente, los nombres no les dicen nada ni las personas les traen recuerdo alguno. Puede que oigan hablar de gentes, cosas, proyectos, luchas, doctrinas, pero todo les pasa por delante, como el viento, sin dejar huella, sin impregnar. Nada crea hueco en sus mentes: no sitúan nada, no tienen sistema. Oyen y olvidan; como mucho, recuerdan haber oído algo pero no saben dónde. Y tampoco tienen solidez en su modo de razonar, y hoy discurren así y mañana de otra forma que tampoco es exactamente la contraria, sino al azar. Su línea de pensamiento se extravía, nada apunta a un fin determinado ni tiene un punto de partida sobre el que se asiente un juicio sobre los hombres y las cosas. Muchos hombres andan así durante toda su vida y llegan a ser unos eclesiásticos o políticos que dan pena. Van a la deriva (...) según les lleven las circunstancias (...) A veces, cuando se hiere el sentido de su propia importancia, se atrincheran en la idea de que eso prueba que son imparciales, desapasionados, moderados, que no son “hombres de partido”; cuando, en realidad, son esclavos sin remedio, pues en este mundo no hay otra fuerza que el compromiso con la razón ni otra libertad que sentirse cautivos de la verdad».

John Henry Newman. Perder y ganar (Loss and Gain: The Story of a Convert, 1848). Madrid: Encuentro, 2009, 4ª ed. corregida; 399 pp.; trad. introducción y notas de Víctor García Ruiz; ISBN: 978-84-7490-922-0.

Enviar Imprimir
sábado, 5 de noviembre de 2011

Chesterton
Los antiguos sacerdotes se aprovechaban de la simplicidad de la sociedad. Los nuevos se aprovechan de su complejidad. Las fábulas más primitivas se aceptaban porque no había nada con lo que pudieran ser comparadas. Pero para aceptar muchas fábulas de hoy, que hablan de cosas distantes que ni los niños ni los bárbaros pueden entender, la forma más astuta de hacerlo es dar por supuesto que la gente debería entenderlas, por ejemplo con expresiones como “todo el mundo conoce el luminoso argumento de Lockjaw...” El creyente sólo tiene que creer: ha recibido un mensaje de otro mundo y lo cree. El esnob, sin embargo, recibe un mensaje de este mundo y no sólo tiene que creerlo sino, también, conocerlo, y, más aún, tiene que fingir que ya lo conocía. Las formas antiguas de ignorancia estaban basadas en falsedades. Las nuevas están basadas en hipocresías. El hombre-medicina de los antiguos se apoyaba en la ignorancia de la gente. El supuesto sabio de hoy se apoya en la vergüenza que la gente siente de ser ignorante y en su deseo de ignorar su ignorancia.

G. K. Chesterton. «Old Priests, New Scientists», Illustrated London News, artículo del 23 de agosto de 1913, Collected Works, volume XXIX, versión mía.

Enviar Imprimir
VillegasConfer.jpg
viernes, 4 de noviembre de 2011

Jaime Nubiola:
«Escribir, leer, volver a leer y volver a escribir: son los recursos del pensar. Escribir es poner en limpio lo pensado, leer es comprender lo pensado por otro. Ese es el telar en el que se teje nuestra vida intelectual. Lo único realmente importante es no parar de pensar, porque los seres humanos siempre podemos pensar más y eso nos hace cada vez más humanos, cada vez mejores». Y, además, nunca se ha de pensar que es demasiado tarde para pensar.

Alejandro Llano, Manuel Casado, Jaime Nubiola. Textos para la formación humanística (2011). Sevilla: Fundación Altair, 2011; 75 pp.; ISBN: 978-84-938675-6-0.

Enviar Imprimir
jueves, 3 de noviembre de 2011

El bandido adolescente
,
de Ramón J. Sender, es una novela del Oeste algo prolija, un tanto amarga, pero también con fuerza y momentos épicos propios del género.

Enviar Imprimir
BakerAntologo.jpg
miércoles, 2 de noviembre de 2011

En su momento leí La interminable historia de Nory, de Nicholson Baker, un libro singular e inteligente.

Ahora he leído El antólogo, otro libro más que curioso del autor que puede gustar mucho (o nada) a los entusiastas de la poesía y que, me parece, atraerá poco a lectores de otro tipo. En él hay dos comentarios de interés acerca de la enseñanza de la poesía a los niños. Ambos aparecen cuando el narrador habla de que tuvo una maestra que les explicó con entusiasmo los haikus y que les decía que la poesía «no tiene que rimar».

A propósito de lo primero dice: «incluso entonces comprendí que [todo lo que nos decía de los haikus] era cuento. Niños, este es un tipo de poesía que tiene un sentido perfecto, vibrante en japonés, pero que carece por completo de sentido en inglés. Eso es lo que nos tendría que haber dicho. Esa forma está completamente inadaptada a la lengua inglesa. (…) ¿Siete sílabas, once sílabas, cinco sílabas? Venga, hombre. ¿Cómo funciona de hecho la poesía inglesa? No funciona así. Yo no sé japonés, pero el haikú en japonés tenía todo tipo de interesantes cristales salados de impurezas que desaparecen en la traducción».

Y en relación a lo de que la poesía «no tiene que rimar», comenta: «¿Qué es lo que verdaderamente quería decir con aquello de “No tiene que rimar”? ¿Quería decir que podía rimar pero no tenía por qué hacerlo? No. Lo que quería decir es No riméis. Lo que quería decir es Voy a maniatar vuestros pobres cerebros maleables con la libertad. Voy a insistir en que debéis ser libres. Y escribió “VERSO LIBRE” en la pizarra.
Y allí estaba yo, sentado en mi silla de suavísimas ruedas, y pensé, ¿Qué quiere decir con lo de que no tiene que rimar¿ ¡Claro que tiene que rimar! Tiene que rimar porque la rima es poesía. ¿Dónde estaba sentada la Señorita Isabel? Estaba sentada en un cojín? ¿Estaba sentada en un canapé? No, estaba sentada en un escabel. Y si no es rima no es más que guano. Por aquel entonces guano era una de mis palabras favoritas, me la había enseñado Tintín».

Nicholson Baker. El antólogo (The Anthologist, 2009). Barcelona: Duomo ediciones, 2010; 228 pp.; trad. de Ramón García; ISBN 13: 978-84-92723-51-5.

Enviar Imprimir
GutManguelCocori.jpg
martes, 1 de noviembre de 2011

Cocorí
,
de Joaquín Gutiérrez Mangel, es un relato costarricense del que no conozco edición en España. Es un libro muy notable pero con escenas que algunos piensan que pueden provocar sentimientos o reacciones racistas. De todos modos esto parece, no sólo muy lejano de la intención del autor, sino también injusto con el texto, en el que no se aprecia tampoco el racismo subyacente que a veces hay en otros relatos. Y, repito, es un libro excepcional, de fantasía llena de sabiduría, que merece ser conocido.

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo