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Notas de octubre de 2017 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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viernes, 20 de octubre de 2017

Yugoslavia, mi tierra, de Goran Vojnović, es un relato novelado que se podría calificar de periodístico e informativo, incluso aunque no sean exactamente ciertos los hechos que se cuentan: un chico descubre que su padre, un antiguo general, no está muerto como le había dicho su madre, sino que sigue vivo y está siendo buscado como criminal de guerra. Esta reseña cuenta bien el contenido y las cualidades de la novela.

Es un libro que a mí me ha interesado por lo que tiene de histórico y por el conflicto interior del narrador. A este se le ve confuso mientras va escuchando las justificaciones que muchos le dan de lo sucedido: hubo acontecimientos en el pasado que hay que conocer pues mucha gente, le dicen, «necesitan señalar a un acusado, pero no quieren saber el relato entero, desde el principio hasta el final» y no desean «preguntarse por ninguna otra causa». Ante todo eso, su reacción es de furia: «porque el hombre que tanto había significado para mí se hubiera convertido en un monstruo» y, también, porque «no tenía ganas de comprenderle», porque «si trataba de comprender sus actos, eso significaba que también podía estar dispuesto a justificarlos».

Cono todo, debo decir que me parece fallido. Por un lado, me parece que hubiera sido mejor una narración más lineal sin tantos saltos temporales adelante y atrás que hacen más compleja la historia: por más que tal vez así estimulen la curiosidad de algunos lectores, a otros les desanimará esa innecesaria sofisticación constructiva. Pero, sobre todo, me parece que las reflexiones intelectuales y morales tienen poca consistencia: el narrador está confuso, sigue confuso, y termina confuso e irritado.

Lo anterior enlaza con que, al hablar de cómo a muchos jóvenes de hoy se les enseña a condenar los genocidios, dice Theodore Dalrymple que no se les enseña a hacer una reflexión seria sobre la naturaleza humana, sobre las responsabilidades colectivas e individuales, sobre la colaboración pasiva de tantos, etc. (Mucho menos, y esto lo digo yo y no Dalrymple, se les recomiendan lecturas que les ayuden a situarse ante «el mal» como, pongamos por caso y apuntando alto porque algunas cuestiones no tienen respuesta fácil, Los hermanos Karamázov). El resultado es que «el alumno creerá que, al condenar lo que obviamente está mal, es decir, el asesinato de un gran número de personas, está siendo virtuoso. La adopción pública de un cliché moral se convierte en la marca que distingue a una mala persona de una buena».

Goran Vojnović. Yugoslavia, mi tierra (Jugoslavija, moja dežela, 2012). Barcelona: Libros del Asteroide, 2017; 356 pp.; trad. de Simona Škrabec; ISBN: 978-8417007003. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de octubre de 2017

Iluminando el camino, de Bess Streeter Aldrich, fue la edición española, de hace ya mucho tiempo, de A Lantern in Her Hand, una gran novela que fue muy popular en los Estados Unidos desde su publicación en 1928. El título original está tomado de unos versos de Joyce Kilmer que abren el libro: «Como el camino era escabroso arcano, / y atravesaba un hostil país de roca, / Dios dictó una canción a mi boca / y puso una linterna en mi mano».

Cuenta la vida de una familia de pioneros en Nebraska, centrando su atención en la madre, Abbie Deal. Empieza presentándola cuando es Abbie Mackenzie, una chica de ascendencia escocesa que vivió en Chicago siendo niña hasta que su familia se fue a Iowa, el año 1854. Allí se hizo maestra en una escuela rural, trabajo que, al igual que sus sueños artísticos, abandonó cuando, con 19 años, al terminar la guerra de Secesión, se casó con Will Deal, de 23. Viven primero con la familia de Will hasta que ambos deciden marcharse a las praderas de Nebraska, donde construyen una casa y ponen en marcha una granja. Hacen frente a toda clase de contrariedades —sequías, langostas, tormentas de nieve…— mientras van teniendo hijos, de los que sobreviven cinco. A su alrededor otras familias van abandonando pero los Deal, y sus vecinos los Lutz y los Reinmueller, permanecen. Los hijos van creciendo, siguen sus propios caminos y se van marchando de la granja. Will muere relativamente joven y Abbie aún tiene por delante unos años de viudez en los que se queda viviendo primero con su hija pequeña y luego sola en su casa, salvo las visitas ocasionales de sus hijos y sus nietos.

La autora se basó en relatos de su propia madre, que en 1854 habia viajado al Oeste para instalarse allí, y en otros testimonios de mujeres que habían tenido vidas similares a la suya. Logra comunicar, con viveza y verosimilitud, cómo eran las vidas de aquellos pioneros y los escenarios en los que vivieron. Se centra en poner de manifiesto los sentimientos de su protagonista: sus deseos de sostener las fuerzas de su marido cuando flaquean, su amor y su valor para sacar adelante a sus hijos sobreponiéndose a las dificultades, sus alegrías cuando ve avances sociales y cuando sus hijos tienen éxitos. Quizá los momentos más poderosos del relato sean, además de algunos en los que los Deal superan situaciones muy críticas, aquellos en los que Abbie reacciona enérgicamente contra el desánimo ante las dificultades o contra las tentaciones de lamentarse por haber elegido ese camino.

Puede dar idea del tono de la historia, también del énfasis que a veces tiene la narración, una escena que ocurre cuando los Deal están pasando momentos duros y se aproxima la Navidad. Al principio del capítulo Abbie le dice a su vecina Sara: «Yo creo, querida Sara, que todas las madres tienen el deber de proporcionar unas Navidades felices a sus hijos. Ellos lo recuerdan luego toda su vida. Yo creo que hasta eso hace de nuestros hijos hombres y mujeres mejores».

Al final del capítulo termina así el narrador: «Dice la Historia que el invierno del 74 al 75 fue extremadamente riguroso y se vio marcado por una gran depresión en todos los negocios, además de ser muy malas las cosechas de aquel año. Pero la Historia no toma en consideración a los niños. ¿Tristeza?... ¿Mala cosecha?... ¿Depresión en los negocios?... Para los tres niños de la pradera, en aquella casita de los Deal, aquel fue un invierno maravilloso. No había muchos víveres en la despensa de la casa; no había mucho, mejor dicho, no había casi ningún dinero en el bolsillo del bondadoso padre; los regalos de aquella Navidad eran cosas caseras, humildes, sin valor material alguno; y todo dentro de aquella casa, un pobre cascarón de nuez perdido en la inmensidad del desierto, de las praderas infinitas y solitarias… ¿Cómo, entonces, podía albergar aquella casa tan pequeña tanta dicha y tanta ventura?... ¿Cómo podía encerrarse entre estas cuatro paredes estrechas y bajo este techo de la pobre cabaña semejante encanto?… ¿Y cómo podía dimanar de este hogar humildísimo una especie de santo efluvio, de calor y de luz radiante que parecía esparcirse a todos los hombres y mujeres de la comarca y diríase que del mundo entero?... ¡Oh, era porque allí se albergaban unos corazones puros, era porque el amor que se albergaba en la casita…, era porque la Estrella de la Navidad y del Hogar había venido a posarse sobre el tejado de la pobre barraca de adobes!...»

Bess Streeter Aldrich. Iluminando el camino (A Lantern in Her Hand, 1928). Barcelona: Luis de Caralt, 1955; 268 pp.; trad. de Antonio Guardiola. Una edición en inglés está en University of Nebraska Press, 1994; 307 pp.; Bison Book; ISBN: 0-8032-5922-0; y otra edición íntegra en la red está
en este enlace.

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miércoles, 18 de octubre de 2017

El año 1945 Bruno Munari preparó una serie de álbumes cortitos a los que llamó prelibri. Desde hace poco más de un año se han publicado algunos: Nunca contentos, Buenas noches a todos, El ilusionista amarillo, El vendedor de animales, Tres pajaritos. Todos tienen la particularidad de que cuentan historias mínimas que avanzan paso a paso según se van desplegando solapas de distinto tamaño, a veces incluidas unas en otras, que responden a una pregunta o que aclaran algo planteado previamente. Tienen también el mérito de que en ellos vemos el origen de recursos narrativo-gráficos que se usarían en el futuro profusamente pero, como es fácil contrastar, no siempre con tanta categoría.

En Nunca contentos vemos a distintos animales que sueñan con ser otro levantando una solapa que hay en su cabeza. En Buenas noches a todos vemos dormir, levantando una solapa que los oculta —una manta, un cojín, una hoja…—, a un niño, un gato, un pajarito, etc. En El ilusionista amarillo hay que descubrir los trucos de ocultamiento que practica un mago. En El vendedor de animales un tipo sujeta una cuerda de la que lleva un animal: al ir levantando solapas, el animal cambiará e irá disminuyendo: flamenco, erizo, armadillo, etc. En Historia de tres pajaritos se cuentan tres historias entrelazadas: un primer pájaro macho, un segundo pájaro hembra y el pajarito…

Es interesante comprobar que Munari no alarga nada los relatos y sabe limitarse a contar lo que pretende contar, sin énfasis innecesarios ni, en los casos en los que podría hacerlo, sacar moralejas para los más lentos o menos perspicaces. Hay un buen comentario a la importancia y al interés de estos álbumes de Munari en esta entrada.

Bruno Munari. Nunca contentos (Mai contenti, 1945). Barcelona: Niño Editor, 2016; 14 pp.; col. Bruno Munari serie 1945; trad. de Elena Rolla; ISBN: 978-8494518935. [Vista del libro en amazon.es]
Bruno Munari. Buenas noches a todos (Buona notte a tutti, 1945). Barcelona: Niño Editor, 2016; 4 hojas con solapas; trad. de Elena Rolla; ISBN: 978-8494518928. [
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Bruno Munari. El ilusionista amarillo (Il prestigiatore verde, 1945). Barcelona: Niño Editor, 2016; 10 pp.; col. Bruno Munari serie 1945; trad. de Elena Rolla; ISBN: 978-8494518911. [
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Bruno Munari. Historia de tres pajaritos (Storie di tre uccellini, 1945). Barcelona: Niño Editor, 2017; 10 pp.; col. Bruno Munari serie 1945; trad. de Elena Rolla; ISBN: 978-956-9569-06-7. [
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Bruno Munari. El vendedor de animales (Il venditore di animali, 1945). Barcelona: Niño Editor, 2017; 10 pp.; col. Bruno Munari serie 1945; trad. de Elena Rolla; ISBN: 978-956-9569-07-4.

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martes, 17 de octubre de 2017

Un mundo propio, de Laura Carlin, es un álbum con un espíritu muy del momento, que intenta ser a la vez didáctico e inspirador. La narradora le dice al lector: «te voy a enseñar cómo construyo Mi Mundo a partir de las cosas que ya existen»; y le aclara: «cuando algo no me gusta, imagino cómo sería un mundo hecho a mi manera. Un Mundo Propio». Así que, hablando de lo que hace y lo que ve, desde la mañana hasta la noche, cuenta y dibuja sus actividades y cómo se enfrenta a las cosas: «yo misma me invento la mejor manera de levantarme cada día» (esto a mí me parece increíble…); dibuja su casa y se imagina como le gustaría; dibuja su barrio y lo mismo; aprende a pintarse la cara de gato, fabrica animales, etc.

Las ilustraciones, en las que hay dibujos con lápices de colores, acuarelas, collages, transmiten bien el talante que propone la narradora, como de juego y de observación, y de dar rienda suelta a la imaginación. A la vista del tipo de álbum y de que el título está en letra manual, me pregunto si no hubiera sido mejor que los textos se presentaran también en letra manual. Sin duda, el enfoque puede ayudar a ciertos lectores a saber mirar alrededor con más atención y a desarrollar su mundo imaginativo. Sin duda también, es uno de tantos relatos actuales centrados en el cultivo de uno mismo entendido como la satisfacción de los propios deseos e intereses... Quizás tannto el planteamiento como el tipo de ilustraciones no son para un público infantil sino, más bien, adolescente.

Laura Carlin. Un mundo propio (A World or Your Own, 2014). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2017; 48 pp.; trad. de Estrella B. del Castillo; ISBN: 978-84-946506-3-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 16 de octubre de 2017

¡La paloma necesita un baño! es el tercer libro de Mo Willems del mismo personaje y, salvado que siempre un primer libro de una serie o de un personaje es insustituible, me ha parecido el mejor. Ya desde la portada queda bien establecido el conflicto. Y no sólo eso: también la contraportada sirve a la protagonista para reafirmar su posición. En las páginas del interior leemos todas sus disculpas, en globos al modo de los cómics, con cambios de tono marcados por las diferentes tipografías.

Es una gran fórmula la que usa el autor para comenzar el álbum: primero alguien pide nuestra ayuda para que convenzamos a la paloma y luego es la paloma la que se dirige al lector con gran furor dialéctico para sostener su postura. El miniargumento es muy realista, en su planteamiento, en su desarrollo y en su resolución, de ahí también la conexión con el lector. Luego, el encanto está en la gran maestría del autor a la hora de secuenciar la historia y de conseguir gran expresividad con poquísimos rasgos.

Mo Willems. ¡La paloma necesita un baño! (The Pigeon Needs a Bath! 2014). Valencia: Andana, 2017; 36 pp.; trad. de Anna Llisterri; ISBN: 978-84-16394-57-9. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 15 de octubre de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de La línea de sombra, El imperio del Sol y No es una caja.

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sábado, 14 de octubre de 2017

Abro voces en el diccionario a Antoinette Portis y a Charlotte Zolotow.

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viernes, 13 de octubre de 2017

En su momento me sorprendió Y sin embargo contento, de Javier Arcas. Pero más lo ha hecho El panteón de los malditos, una divertida novela completamente distinta. Un «Proemio conveniente y necesario» abre la historia para presentar el lugar donde se desarrollará todo: en la ría de Vigo, en un «núcleo poblacional» gallego de poco más de cincuenta personas y de fronteras difusas. Es clara, sin embargo, la estructura del relato: en la primera parte, «Nieblas», se plantean los conflictos, y en la segunda, «Miserias», se resuelven.

Se nos cuenta que, tiempo atrás, cinco marineros jubilados del pueblo habían sido alcanzados en su barca por un rayo y que su barca se hundió justo después de que habían cerrado un pacto de amistad en el que se comprometían a seguir juntos después de la muerte. Debido a ese pacto, como unos habían de ir al infierno y otros al cielo, se les impuso que habían de seguir como ánimas en pena hasta que lograsen cumplir con un cometido especial. La historia comienza cuando al pueblo acaban de llegar a la vez un cura nuevo, un matrimonio de jóvenes investigadores universitarios, y unos promotores inmobiliarios que desean hacerse con el terreno del pueblo. Una parte de la solución estará en el extraordinario aguardiente de hierbas que fabricaba el Capitán de la barca hundida, cuyos efectos benéficos se anunciaron en el Proemio, en cuya casa vive ahora el joven matrimonio.

Se describen con precisión los pormenores de las profesiones y actividades de los protagonistas, cuyas personalidades están bien dibujadas, y que, como corresponde a una novela muy gallega, hablan y se comportan con una retranca que, a veces, se vuelve contra ellos mismos. La trama está bien armada y la novela se lee con interés por ver como se desenreda todo al final, pero también con una sonrisa en los labios por las enrevesadas situaciones que van sucediéndose y por los diálogos combativos entre unos y otros. Lo más característico, lo que ganará para la novela lectores entusiastas (aunque también hará que otros se alejen de ella), son las largas parrafadas, de alto nivel literario, que van punteando el relato: son de un lirismo divertido las que se corresponden con las cartas que mandan los ahogados a los vivos; tienen acentos reflexivos, como con la intención de comprender lo incomprensible, las del párroco; y son a veces incendiarias las del joven investigador recién llegado.

A modo de ejemplo, pongo un trozo de una de las últimas cuando su autor está en un momento de crisis: «así es este país miserable que no duda en aplicar criterios de banquero despiadado ante todo, sea ciencia, sea investigación, sea educación, sea progreso, sean ideales, sea lo que sea… País de cefalópodos que aplica sus criterios capitalistas desde lo más ruin a lo más sagrado… País de analfabetos que decide tirar sus recursos en pan y circo antes que en dignidad y decencia… País que encumbra al idiota famoso por sus torpezas y escándalos y que zancadillea a quienes malviven por aportar algo de dignidad a una sociedad vacía de sentido común… País de idiotas que idolatra al pícaro sinvergüenza y humilla al trabajador honesto…», etc. etc.

Javier Arcas. El panteón de los malditos (2017). Edición para Kindle, ASIN: B0752BMR4H; edición en papel: 294 pp.; ISBN: 978-1549525261. [
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jueves, 12 de octubre de 2017

Eco, de Pam Muñoz Ryan, es una novela con una trama bien urdida y una organización, en capítulos cortos, pensada para facilitar la lectura. Su contenido principal son tres historias que se presentan con un marco: cincuenta años antes de la segunda Guerra Mundial un niño llamado Otto está leyendo un cuento de hadas, cuyo protagonista también se llama Otto, y que trata sobre tres hermanas que sufren un encantamiento del que podrán ser liberadas gracias a una armónica: cuando esa armónica salve a alguien de la muerte.

La primera historia se sitúa en Trossingen, Alemania, en octubre de 1933, y sigue a Friedrich, un chico adolescente con una gran mancha en la cara que trabaja en una fábrica de armónicas, que tiene unas dotes excepcionales para la música y sueña con ser director de orquesta: a su padre, por sus opiniones contrarias a Hitler y su amistad con judíos, lo envían a Dachau y Friedrich piensa un plan para sacarlo de allí y huir a Suiza. La segunda sigue a Mike, de doce años, y su hermano pequeño Frankie, que viven en un orfanato en Filadelfia, Pensilvania, en 1935: Mike ha prometido no separarse nunca de Frankie y cuando, debido a que saben tocar el piano y la armónica —la misma que tenía Friedrich—, son adoptados por una misteriosa señora rica y su vida se estabiliza, pero descubre que los van a devolver al orfanato, Mike decide llevarse de allí a su hermano. La tercera, en 1942, tiene lugar en un pueblo del sur de California al que la familia de la protagonista, Ivy, una chica de once o doce años, de origen mexicano, se ha ido a vivir para cuidar de las propiedades de unos japoneses-norteamericanos que han sido internados en un campo como sospechosos de espionaje: Ivy tiene la armónica misteriosa y, como los anteriores protagonistas, una facilidad y sensibilidad naturales para la música.

Las historias están bien contadas, son emocionantes, y están repletas de buenos sentimientos no siempre bien fundamentados: uno de los hilos de la primera historia es que Friedrich está amenazado por las leyes de pureza racial de Hitler —aunque su padre no lo defiende ante las autoridades por sí mismo, como un ser humano valioso en cualquier caso, sino por sus cualidades excepcionales, una forma emocional de argumentar que se comenta bien en Sentimentalismo tóxico—. A pesar de las situaciones preocupantes por las que atraviesan los personajes, ninguno menciona o piensa en Dios en ningún momento y la providencia en la que se apoya el narrador es la metáfora recurrente del «hilo de seda del destino». Se insiste mucho en el valor de la música como portadora de belleza y de consuelo en momentos de dificultad. Cada capítulo se inicia con la partitura y la letra de una canción que tendrá un papel en lo que vivirán los héroes: Canción de cuna, de Brahms, America, la bella y Auld lang syne. La profecía y la promesa que se contienen en el cuento de hadas inicial se cumplen al final: tanto el cuento como los tres relatos, que se habían interrumpido cuando sus héroes llegaban a un momento crítico, se reanudan, conectan entre sí y se resuelven en 1951, en el Carnegie Hall de Nueva York.

Pam Muñoz Ryan. Eco (Echo, 2015). Barcelona: Océano Gran Travesía, 2017; 458 pp.; col. Gran Travesía; trad. de Mercedes Guhl; ISBN: 978-84-946315-5-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 11 de octubre de 2017

Que una historia en un álbum puede ser muy simple y ser muy atractiva —no sólo porque las imágenes sean vistosas y estén bien compuestas sino porque su contenido se organiza bien para estimular la curiosidad del lector— queda bien ejemplificado por El gato en la noche, de Dahlov Ipcar.

Cuando el granjero se acuesta saca fuera al gato y el narrador del álbum se pregunta: ¿qué hace ahí fuera el gato toda la noche? A continuación, en una doble página oscura, en la que sólo se ven siluetas, se pregunta: ¿se hace un ovillo en la silla y se queda dormido toda la noche? Y en la siguiente, se responde que no, que el gato puede ver de noche… y se nos muestra, en colores, el escenario que contempla el gato. Con ese mismo esquema, página con siluetas y preguntas de a dónde va el gato a continuación y página en color con la respuesta, vemos el largo paseo del gato por la granja, por el bosque de alrededor, por la ciudad donde se reúne con otros gatos…

Esta narración visual sobresaliente es un perfecto vehículo para dar, como quien no quiere la cosa, mucha información sobre la vida nocturna en la granja y sus alrededores —gallinas, flores, vacas, conejos, etc.—, en la que no pensamos pero que está llena de vida.

Dahlov Ipcar. El gato en la noche (The Cat at Night, 1969). Silonia, 2017; 48 pp.; trad. de Cristina Pineda; ISBN: 978-84-946412-2-0. [Vista del álbum en amazon.es]

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martes, 10 de octubre de 2017

El primer día de un colegio, de Christian Robinson y Adam Rex, es un álbum que tiene como protagonista al mismo colegio. Se nos muestra cómo se construye, cómo un conserje lo prepara y le habla de qué ocurrirá cuando abra sus puertas, y se cuenta lo que pasa el primer día que los niños llegan. Su nombre es Escuela elemental Frederick Douglass: «Me gusta ese nombre», se nos dice que pensó el colegio. Al final del día vuelve el conserje para volver a reordenar las cosas y el colegio está encantado de ser un colegio.

Libro que, a ciertos lectores pequeños les puede hacer mirar las cosas desde un punto de vista en el que no habían pensado. La narración se sigue bien y son expresivas las imágenes de figuras humanas alargadas características del ilustrador. Se alternan ilustraciones del edificio y de los chicos y chicas, tan distintos, que llegan al colegio. El nombre de la escuela, tan importante para muchos lectores norteamericanos, dirá poco al lector español.

Christian Robinson. El primer día de un colegio (School’s First Day of School, 2016). Texto de Adam Rex. Barcelona: Corimbo, 2017; 36 pp.; trad. de Teresa Mlawer; ISBN: 978-84-8470-562-8. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 9 de octubre de 2017

Caracol, ¿dónde estás? es un álbum de Tomi Ungerer de los años sesenta que se ha publicado en España recientemente. Es una sucesión de imágenes sin texto que casi todas ocupan la doble página salvo algunas que van en una sola página. Las primeras son un tipo con un trombón, un marinero en una barca sobre las olas, un juglar tocando la guitarra…, etc. El lector ha de responder, en cada imagen, a la pregunta del título, que es la única frase de todo el texto. Como cualquiera espera de Ungerer las imágenes son graciosas y coloristas, y están bien compuestas. Lo que importa, puesto que no hace falta una gran agudeza visual para reconocer la espiral de la concha del caracol, es la idea de ser un álbum pensado para compartir y divertirse con los lectores pequeños a la vez que para fomentar su espíritu de observación y de capacidad de nombrar las cosas. Por otro lado, en su antigüedad, en el hecho de ser un álbum de los que abrió camino a otros semejantes, está también su mérito.

Tomi Ungerer. Caracol, ¿dónde estás? (Snail, Where are You?, 1962). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 32 pp.; col. Clásicos contemporáneos; ISBN: 978-84-8464-316-6. [Vista del álbum en amazon.es]

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domingo, 8 de octubre de 2017
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sábado, 7 de octubre de 2017

Los cuentos de hadas afrontan también «el último y más íntimo deseo: la Gran Evasión, escapar de la muerte». Tolkien lo comenta brevemente, apuntando, de paso, cómo «para George MacDonald, la muerte fue el mayor tema de inspiración». Pero, enseguida, se centra en el consuelo más importante que pueden ofrecernos los cuentos de hadas: el Consuelo del Final Feliz», un tipo de Final Feliz que Tolkien denomina eucatástrofe, «la verdadera manifestación del cuento de hadas y su más elevada misión».

«Lo que caracteriza a un buen cuento de hadas, a los mejores y más completos, es que por muy insensato que sea el argumento, por muy fantásticas y terribles que sean sus aventuras, en el momento del clímax puede hacerle contener la respiración al lector, niño o adulto, puede acelerar y encogerle el corazón y colocarlo casi, o sin casi, al borde de las lágrimas, como lo haría cualquier otra forma de arte literario, pero manteniendo siempre sus cualidades específicas. (…) Al cuento que en alguna medida logre esto nunca podremos considerarlo un fracaso total, cualesquiera que sean sus defectos y la mezcolanza o confusión de sus propósitos. (…) Cuando en un relato así llega el repentino desenlace, nos atraviesa un atisbo de gozo, un anhelo del corazón, que por un momento escapa del marco, atraviesa la misma tela de araña de la narración y permite la entrada de un rayo de luz».

Por eso «la cualidad específica del gozo en una buena fantasía puede así explicarse como un súbito destello de la verdad o realidad subyacente. No se trata sólo de un “consuelo” para las tristezas de este mundo, sino de una satisfacción y una respuesta al interrogante: “¿Es eso verdad?”. La contestación que di al principio (por demás adecuada) fue: “Si habéis creado bien vuestro propio mundo, sí; en ese mundo es verdad”. Eso le basta al artista (o a lo que de artista tiene el artista). Pero una rápida ojeada nos muestra que en la “eucatástrofe” la respuesta puede ser más importante; puede ser un lejano destello, un eco del evangelium en el mundo real».

Para Tolkien, «el Nuevo Testamento ofrece un relato (…) que abarca toda la esencia de las historias de fantasía. Contiene muchas maravillas (…) y entre ellas está la mayor y más completa eucatástrofe que pueda concebirse. (…) El nacimiento de Cristo es la eucatástrofe de la historia del Hombre. La Resurrección de Cristo es la eucatástrofe de la historia de la Encarnación. Una historia que comienza y finaliza en gozo. Posee de manera preeminente la “consistencia interna de la realidad”. Nunca los hombres han deseado más comprobar que el contenido de una historia resulta cierto, ni hay relato alguno que por sus propios merecimientos tantos escépticos hayan dado por verdadero. Porque su Arte ofrece la índole suprema y convincente del Arte Primario, es decir, de la Creación. Rechazarlo sólo conduce a la tristeza o a la ira».

Un apunte final. Si Tolkien hubiera teorizado tan bien sobre la Fantasía pero no hubiera escrito El Señor de los anillos no le haríamos tanto caso. Pero, por suerte, logró escribir una obra de ficción en la que puso a prueba sus teorías que, de paso, explican por qué con el paso del tiempo no le agradaba El hobbit (consideraba un error haber utilizado, por momentos, el típico narrador oral confianzudo), o por qué no le gustaron algunas licencias constructivas que se permitió C. S. Lewis en las Crónicas de Narnia. Por otro lado, es interesante pensar que con sus teorías se lo puso muy difícil a sí mismo y con sus obras literarias estableció el listón con el que, para siempre, ha de medirse cualquier relato que se llame de fantasía. 

J. R. R. Tolkien. Árbol y Hoja (Tree and Leaf: incluye el cuento Hoja de Niggle y el poema “Mythopoeia”, 1988); Barcelona: Planeta-Agostini, 2002; 152 pp.; prólogo de Christopher Tolkien; trad. de Julio César Santoyo, José M. Santamaría y Luis Domènech; ISBN: 84-395-9786-X.

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viernes, 6 de octubre de 2017

Es muy certera esta reseña de Sentimentalismo tóxico: cómo el culto a la emoción pública está corroyendo nuestra sociedad, de Theodore Dalrymple. Tal vez Dalrymple se apoya demasiado en algunas noticias de los años anteriores a su libro y para muchos pueden ser poco comprensibles los ejemplos de personajes dickensianos que pone —Harold Skimpole, Gradgrind…—, pero me ha parecido un libro excelente, muy recomendable para entender qué ocurre a nuestro alrededor y, en particular, para que padres, profesores y, en general, quienes tratan con niños, vean con qué facilidad se cae hoy en una visión demasiado sentimental de la infancia.

Uno de los puntos en los que insiste el autor está en esta cita que pone el autor, de Confucio, contra el uso impreciso del lenguaje:

«Si el lenguaje no es correcto, entonces no se dice lo que se quiere decir; si lo que se dice no es lo que se pretende, entonces no se hace lo que se tenía que haber hecho; si lo que se tenía que haber hecho queda sin hacerse, entonces la moral y el arte se deterioran; si la justicia se extravía, reina la confusión. Por eso no puede haber arbitrariedad en lo que se dice. Es lo más importante de todo».

Y en el párrafo con el que termina su libro vuelve a lo mismo pero, esta vez, con una cita pequeña de Pascal:

«El sentimentalismo está triunfando en un campo tras otro. Ha arruinado las vidas de millones de niños creando una dialéctica de excesiva indulgencia y abandono. Ha destruido los estándares educativos y causado una grave inestabilidad emocional debido a la teoría de las relaciones humanas que entraña. El sentimentalismo ha sido precursor y cómplice de la violencia en los ámbitos en los que se han aplicado políticas sugeridas por él. El culto a los sentimientos destruye la capacidad de pensar, o incluso la conciencia de que hay que pensar. Pascal tenía toda la razón cuando dijo: (…) “Procuremos, pues, pensar bien. Ese es el principio de la moralidad”».

Theodore Dalrymple. Sentimentalismo tóxico: cómo el culto a la emoción pública está corroyendo nuestra sociedad (Spoilt Rotten, 2010). Madrid: Alianza, 2016; 202 pp.; col. Alianza Ensayo; trad. de Dimitri Fernández Bobrovski; ISBN: 978-84-9104-405-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 5 de octubre de 2017

He actualizado la voz de Karl May aprovechando que se han publicado reediciones de varios libros suyos.

También he mejorado el comentario a El castillo encantado con ocasión de que ha salido una nueva edición.

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miércoles, 4 de octubre de 2017

El ilustrador belga Tom Schamp aclara bien su forma de trabajar: «el principio de “menos es más” no va conmigo. Yo soy más del tipo “más es más”. Me gusta el minimalismo en el trabajo de otra gente, pero no es mi estilo». Por eso no es extraño que su álbum El libro más divertido del mundo esté abigarradísimo.

Al principio se presentan, en la página izquierda, unos personajillos que irán apareciendo en las ilustraciones: un osito llamado Otto, sus padres, otros familiares y distintos amigos y animales; y, en la derecha, el índice, cuya disposición y multitud de tipografías ya nos anuncian el caos informativo que llegará en cada doble página. Los primeros capítulos se titulan «La casa», «¡A la mesa!», «De compras», «Preciosa Primavera»… Se propone al lector que busque a Otto y sus amigos en las superpobladas ilustraciones, en las que hay muchísimos datos unidos a sus correspondientes imagencitas.

Con la misma sinceridad del autor, debo decir que no es mi estilo este tipo de álbumes en el que mucho de lo que se dice y se ve resulta innecesario y además se presenta de modo desordenado. Ahora bien: aparte de que no hay que negar el enorme trabajo que contiene el álbum, y lo bien que se lo habrá pasado el autor haciéndolo, seguro que entre sus lectores naturales también habrá quienes disfruten una barbaridad y descubran muchas cosas mirando la multitud de seres y objetos que se muestran.

Tom Schamp. El libro más divertido del mundo (Het grootste en leukste beeldwoordenboek ter wereld, 2016). Madrid: Maeva Young, 2017; 64 pp.; trad. de Marta Arguilé; ISBN: 978-84-16690-78-7. [Vista del libro en amazon.es]

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OgawaBotoncito.jpg
martes, 3 de octubre de 2017

Botoncito, de Chiaki Okada y Yoko Ogawa, es un relato más acerca del afecto entre un niño y sus juguetes o, mejor, en este caso, del afecto que los juguetes toman al niño. Pero el protagonista no es juguete: se llama Botoncito y está en la mejor blusa de la niña, Ana. Un día Botoncito se cae, rueda por el suelo, acaba detrás del cajón de los juguetes, y allí encuentra, llorando, a Sonajero, a Babero, al oso de peluche…

El relato es, en sí mismo, algo dulzón, pero tiene un buen planteamiento, distinto a otros: el del afecto de unos juguetes que tienen claro, o acaban teniendo claro, los para qués de sus vidas, como el sabio Botoncito les explica. Otro mérito del álbum son las imágenes realistas, en lápices de colores y carboncillo, parece, que transmiten calidez y amabilidad, y que me han recordado las de La pequeña Ana, de Komako Sakai.

Chiaki Okada. Botoncito (Botan-chan, 2015). Texto de Yoko Ogawa. Barcelona: Juventud, 2017; 36 pp.; trad. de Jesús Carlos Álvarez Crespo; ISBN: 978-84-261-4237-5. [Vista del álbum en amazon.es]

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lunes, 2 de octubre de 2017

Gracias y buenas noches, de Patrick McDonnell, es un album bedtime cuyo argumento me ha recordado La campeona mundial de mantenerse despierta, de Sean Taylor y Jimmy Liao, aunque las imágenes de McDonnell, tan sencillas como acostumbra, tengan poco en común con las de Liao.

Los protagonistas son una niña, de nombre Marga, y sus muñecos Clemente, un conejo, Juan, un elefante, y Aldo Alejandro, un osito con un globo. Antes de acostarse, los muñecos practican el baile de la gallina, hacen un concurso de caras chistosas, jugaron a las escondidillas, y muchas más cosas… Finalmente, todos quieren que Marga les cuente un cuento.

Hay simpatía, amabilidad, comportamientos típicos, y un buen toque final: Marga hace una lista, con sus juguetes, de todas las cosas buenas por las que han de dar gracias al final del día. Los textos son sencillos y van sobre fondo blanco. Las figuras ocupan el centro de las páginas. Una vez más: una buena idea (que no es original), unos dibujos eficaces (que no pretenden deslumbrar a nadie), unos textos amables que hacen sonreír (y se dejan y dejarán leer siempre sin dificultad).

Patrick McDonnell. Gracias y buenas noches (Thank You and Goodnight, 2015). Barcelona: Océano travesía, 2017; 32 pp.; trad. de Laura Lecuona; ISBN: 978-607-527-088-3. [Vista del álbum en amazon.es]

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VerneCincoSemanas2.jpg
domingo, 1 de octubre de 2017

He puesto datos de nuevas ediciones de Huracán en Jamaica, Mi vecino de abajo, Cinco semanas en globo.

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