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Notas de octubre de 2011 :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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lunes, 31 de octubre de 2011

Las recientes noticias sobre Amazon —apertura en España, acuerdo con miles de bibliotecas en EE.UU. para préstamo de libros, lanzamiento de sus tabletas— son pasos que, sin duda, facilitarán que muchas más personas en el futuro tengan acceso a más libros. Pero aún quedan unos cuantos avances que dar: que no haya que vincularse necesariamente con una plataforma, que desaparezcan o sean razonables las aduanas en internet o, dicho de otro modo, que sean razonables los ahora irritantes precios de los e-books...

A quienes me preguntan por eso en relación a los libros que aparecen a la derecha de la página, puedo decirles que mis correos con amazon para intentar aclarar por qué si esos  libros se venden a 4$ o a 7$ a quien compra desde los Estados Unidos, han de venderse a 6,90$ y a 10,35$ —un aumento verdaderamente notable— a quien compra desde España, han recibido como respuesta que sí, que comprenden mi preocupación y la comparten, y que, sí, que seguirán esforzándose para ofrecer los mejores precios posibles... Así que, por ahora, esto es lo que hay.

Luego, en relación a qué pretendo con esos libros, una pregunta que también me han hecho algunas veces, he leído un inteligente comentario en el que su autor hace una sugerencia: «que las charlas, los eventos, congresos, blogs, reuniones... (cualquier tipo de debate con gente inteligente) deben de realizarse antes» de publicar un libro (determinados tipos de libros, claro). «El proceso se convierte en el producto; el libro (si lo hay) es un subproducto». Esa es la cuestión: un libro recoge las ideas y la investigación que surge del proceso, aporta la disciplina que pide el formato, difunde y contrasta más las ideas, puede hacer que duren más...

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domingo, 30 de octubre de 2011

Señala Romano Guardini que los problemas del hablar son, primero, que las palabras se ajan y gastan; luego, que las palabras pierden hondura y sus raíces previas se van muriendo; y el tercero, el peor de los crímenes, es el de la confusión sembrada conscientemente por la propaganda, cuando las palabras no surgen de la sinceridad propia de quien tiene voluntad de verdad y de quien respeta la confianza del oyente. «¿O es que cabe afirmar que palabras como “paz”, “derecho” o “democracia” tienen aún un sentido universalmente válido?» ¿No parece que vivimos en un mundo en el que «hay que aprender sencillamente una nueva modalidad del oír, consistente en empezar poniendo entre paréntesis lo oído y, a continuación, interpretarlo en función de la posición política del hablante? Un arte que antes sólo tenían que emplear los diplomáticos. Para no hablar de la espantosa situación en la que el dominado responde lo que la violencia quiere que se le responda (...) y se limita a colocar [su respuesta] delante de sí como trampantojo o dispositivo de protección». Pues bien, para comenzar a salir de una situación como esta, para rehacer la conversación, «probablemente no quepa más que una cosa: hablar de forma cada vez más sencilla, pues la sencillez es lo que más tiempo resiste a la destrucción. Ahora bien, quien lo haya intentado sabrá qué difícil es. Requiere verdadera maestría». Quienes leemos muchos libros infantiles lo sabemos.

Romano Guardini. La paz y el diálogo (Der Friede und der Dialog, 1952), contenido en Escritos políticos. Madrid: Palabra, 2011; 412 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José Mardomingo; prólogo de Alfonso López Quintás; ISBN: 978-84-9840-465-4.

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sábado, 29 de octubre de 2011

Dos citas de Chesterton sobre viejos y nuevos puritanos.

—Los viejos hipócritas fingían ser religiosos cuando en realidad eran irreligiosos. Pero los nuevos hipócritas fingen ser irreligiosos cuando en realidad son religiosos. Tartufo fingía estar persiguiendo objetivos celestiales cuando tenía objetivos terrenales. El moderno puritano finge tener objetivos terrenales cuando todo el tiempo (tipo astuto) tiene objetivos celestiales.

—Aplicamos la palabra estricto, estrecho, fanático o intolerante, a dos estados mentales que no sólo son diferentes sino opuestos: al de quien es lógico y al de quien es ilógico, al de quien tiene una doctrina neta y al de quien tiene un mero prejuicio (o un sentimiento, o un instinto, si se quiere). Porque un hombre debe tener algo y si no tiene doctrina tiene prejuicios. Esto lo vemos en el viejo puritano teológico, que tenía principios, y el puritano moderno, que tiene sólo prejuicios. Mientras los del primer tipo rechazaban cosas que amaban porque pensaban que eran malvadas, los del nuevo tipo rechazan las cosas que odian y, sencillamente, las llaman malvadas.

G. K. Chesterton. «On Modern Sabbatarianism», artículo del 20 de junio de 1908; y «Old and New Puritans», artículo del 4 de julio de 1908, Ilustrated London News, Collected Works volume XXVII, versiones mías.

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viernes, 28 de octubre de 2011

Leí hace dos meses Perder y ganar, de John Henry Newman, una especie de novela autobiográfica que escribió tras su conversión. Su protagonista es Charles Reding, un estudiante de Oxford que, tras sus estudios y muchas conversaciones con gente de todo tipo, decide afrontar el paso del anglicanismo al catolicismo. Al margen de su contenido, que no a todos atraerá, está cuidadosamente traducida y contiene una gran descripción de la vida en Oxford, con notas a pie de página que aclaran costumbres y terminología. Estilísticamente, cuestión que no preocupaba mucho al autor, uno de sus puntos fuertes está en los incisos descriptivos de comportamientos y tipos humanos, que son de una inteligencia e ironía fuera de lo común. Por ejemplo, esta forma de presentar a un personaje:

«Es francamente difícil describir sensatamente a un pelma en una novela por la sencilla razón de que es un pelma. El relato debe intentar concentrar y un pelma lo que hace es desparramar. Sólo a la larga se le descubre. Y entonces, sin duda, se le siente. Es opresivo, como el viento siroco que la gente del lugar reconoce al instante mientras que el de fuera no lo nota. Tenet occiditque. Si le oyes hablar por primera vez, piensas que es agradable y hasta te parece que sabe bastantes cosas. Pero cuando ves que no acaba nunca, o que te suelta siempre lo mismo cada vez que te topas con él, o que te tiene de pie hasta casi desfallecer, o que te engancha con la rapidez de un rayo en el preciso momento en que querías llegar puntual a algún asunto, o que —¡no falla!— te obstruye esa conversación verdaderamente interesante que estaba empezando a tomar cuerpo; entonces, no hay la menor duda, la verdad estalla escandalosamente ante ti, apparent facies; estás en las garras de un pelmazo. Tienes dos posibilidades: rendirte o huir, porque derrotarle es imposible. Por tanto, parece evidente que a un cargantón como este no podemos sacarlo aquí porque la novela se volvería tan insoportable como él mismo. Así que, lector, créeme, acepta sin más que este Bateman tan tieso es lo que te digo y dame las gracias por ahorrarte la prueba».

John Henry Newman. Perder y ganar (Loss and Gain: The Story of a Convert, 1848). Madrid: Encuentro, 2009, 4ª ed. corregida ; 399 pp.; trad., introducción y notas de Víctor García Ruiz; ISBN: 978-84-7490-922-0.

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jueves, 27 de octubre de 2011

No hace mucho hablé de una novela que tenía que ver con Lope de Vega y, recientemente, he leído Vida y obra de Lope de Vega, de Ignacio Arellano y Carlos Mata, una excelente biografía, ordenada y clara. El recurso de ir avanzando en ella citando al mismo Lope la convierte, también, en una especie de antología de sus poemas. Los autores señalan cómo en su personalidad y en su obra se da una continua lucha de contrarios —«lo sublime del espíritu y el barro de la carne, el pecado y el arrepentimiento, el pueblo llano y la nobleza, lo culto y lo popular»—, que hacen de Lope un símbolo del Barroco. También subrayan que «su aventura vital y literaria es la desmesura —otro rasgo plenamente barroco—, el impulso sin límites de un hombre extremado que confesó no tener medio jamás».

Ignacio Arellano y Carlos Mata. Vida y obra de Lope de Vega (2011). Madrid: Homo Legens, 2011; 334 pp.; ISBN: 978-84-92518-72-2.

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miércoles, 26 de octubre de 2011

Un autor de relatos gallegos de miedo, o relatos de miedos gallegos, es Ánxel Fole, quien, en uno de los cuentos de su recopilación De cómo me encontré con el demonio en Vigo y otros cuentos, dice que el miedo da salud.

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martes, 25 de octubre de 2011

Un relato infantil, históricamente importante, que aún no había incluido aquí: Saltoncito, del uruguayo Francisco Espínola. Es una historia más de un personaje, un sapo esta vez, que sale a recorrer el mundo. No conozco ediciones en España.

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lunes, 24 de octubre de 2011

Por la simpatía de la historia y por su magnífica composición como álbum, me ha gustado mucho Un poco perdido, el primer álbum de Chris Haughton. Es una nueva versión, divertida y reconfortante, del tema de la inquietud del niño cuando se pierde, como por ejemplo en En casa antes de anochecer, entre otros álbumes de Ian Beck.

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domingo, 23 de octubre de 2011

En nuestra sociedad, dice Marshall McLuhan, «una de las peculiaridades del arte es servir como un antiambiente, como un ensayo o prueba que hace visible el ambiente». En cambio, en otras culturas, el planteamiento es distinto. «Los balineses, que carecen de una palabra para denominar el arte, dicen: “lo hacemos todo lo mejor posible”. Esta no es una observación irónica, sino factual. En una sociedad preletrada, el arte sirve como un medio para fusionar al individuo y al ambiente, y no como un mecanismo que sirve para entrenar la percepción del ambiente». Esto también quiere decir que colocar los artefactos de una «cultura en un museo o antiambiente, es un acto de nulificación más que de revelación». Y quiere decir también que «el uso de algunos objetos del ambiente de nuestra vida diaria, como si fueran un antiambiente», al modo propio del arte pop, no sirve «para entrenar la percepción o la consciencia, sino para insistir en que nos fusionemos con ella, como el hombre primitivo lo hace con su ambiente».

Marshall McLuhan. Escritos esenciales (Essential McLuhan, 1995). Compiladores: Eric McLuhan y Frank Zingrone. Barcelona: Paidós Ibérica, 1998; 492 pp.; col. Paidós comunicación; trad. de Jorge Basaldúa y Elvira Macías; ISBN: 84-493-0532-2.

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sábado, 22 de octubre de 2011

Chesterton
Un clásico es un libro que se puede elogiar sin haberlo leído. Esto no es injusto: simplemente indica respeto por las conclusiones de la humanidad. Asumimos que Beethoven fue un gran músico o que Dante fue un gran poeta. No aceptarlos por no haber escuchado al primero o por no haber leído al segundo, equivale a no creer que el Everest es alto porque nunca lo hemos escalado o que el Polo Norte es frío porque no hemos ido allí. La peor clase de escéptico no es el que duda de Dios sino el que duda de los hombres.

G. K. Chesterton. «The Morality of Fieldking», The Illustrated London News, artículo del 11 de mayo de 1907, Collected Works volume XXVII, versión mía.

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viernes, 21 de octubre de 2011

En un discurso pronunciado con motivo de la concesión del Premio de la Paz de la Asociación Alemana de Editores y Libreros, en 1952, Romano Guardini señalaba que «tras la forma de proceder del entendimiento, que parece puramente objetiva, están actuando motivos que son todo menos objetivos; deseos y temores, inclinaciones y aversiones, propósitos totalmente, algo, poco o nada abiertos y decididos. El campo de los procesos de pensamiento que quieren dar la impresión de hechos y penetración intelectual en ellos es al mismo tiempo un campo de batalla en el que se enfrentan iniciativas». En esa situación, el hombre puede elevar la colisión de los motivos a un plano superior: puede iniciar una conversación. La conversación es posible cuando los dos interlocutores están de acuerdo en que hay una verdad que es válida. Además, otra condición para el conocimiento vivo es la simpatía: podemos conocer realmente solo lo que amamos en algún sentido. El resultado de una conversación así es «paz». Pues tal conversación surge del acuerdo en la preocupación por la verdad y en la reverencia recíproca. Y si los dos no se entienden queda la confianza en la verdad y la disposición a proseguir la conversación, es decir, «una forma de aquella gran virtud sin la que nada humano madura: la paciencia. Y también eso es paz». ¿Y si creo que las ideas del otro son erróneas? La misma verdad con la que estamos comprometidos ambos me prohíbe decirle: «"Lo que tú piensas es verdad también”. No hay “verdades también”. Lo que hay es la diversidad de los puntos de vista. Puedo decir: “también tú ves cosas correctas”. Pero aún en las ocasiones en las que hay un “esto o lo otro” debe haber respeto no al contenido pero sí a la persona y al hecho de que es la opinión de otro ser humano».

Romano Guardini. La paz y el diálogo (Der Friede und der Dialog, 1952), contenido en Escritos políticos. Madrid: Palabra, 2011; 412 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José Mardomingo; prólogo de Alfonso López Quintás; ISBN: 978-84-9840-465-4.

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jueves, 20 de octubre de 2011

En mi recuerdo de joven lector de thrillers ocupa un lugar especial Alistair Maclean, un autor cuyas mejores novelas fueron las primeras, las ambientadas en la segunda Guerra Mundial. También en mi recuerdo Maclean ha quedado como un escritor con un talento narrativo y una sabiduría literaria muy por encima de muchos otros autores del género. Viene esto a cuento de que acabo de ver que, hace no mucho, se publicó una nueva edición de Los cañones de Navarone, una de las más populares.

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miércoles, 19 de octubre de 2011

Hace pocas semanas cayó en mis manos una Antología de la Poesía española I (desde los inicios al siglo XIX) para uso escolar, en la que se recogen poemas que, se podría decir, cualquier alumno español de secundaria debería conocer de memoria. En ella figuran textos de ocho autores de la Edad Media, de catorce autores del Siglo de Oro, de cuatro del siglo XVIII y de cuatro del Romanticismo. La edición, simplemente, presenta los textos, conforme a lo que afirma el prologuista: «la poesía no puede enseñarse, sino sólo señalarla: ahí está». Es una edición útil para sus objetivos de facilitar el aprendizaje y, también, para quien desee recordar poemas como el «Recuerde el alma dormida», «Que por mayo era por mayo», «En fin, en fin, tras tanto andar muriendo», «Voto a Dios que me espanta esta grandeza», «Desmayarse, atreverse, estar furioso», «Érase un hombre a una nariz pegado», «Admiróse un portugués», «Con diez cañones por banda», «Volverán las oscuras golondrinas», etc…

Antología de la Poesía española I (desde los inicios al siglo XIX). Fundación Altair: Sevilla, 2011; 172 pp.; prólogo de José Julio Cabanillas; ISBN: 978-84-938675-5-3.

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martes, 18 de octubre de 2011

Leí este verano dos libros editados en Ecuador: Un perro puertas afuera y Memorias de una araña, de Ana Carlota González.

En el primero, Clarita, una niña, conoce a Perri, un perro callejero, en una boda, y como Clarita no puede llevar a Perri a vivir en su departamento, Perri se convierte en su perro «puertas afuera». El segundo es la autobiografía de Rosaura, una araña que acaba construyendo su telaraña en un rincón de una escuela y procurar preparar a sus hijas para la vida que les espera.

Ambas narraciones son muy divertidas, atrapan bien las reacciones infantiles y están llenas de sentido común. Además, para un lector como yo, sus modismos propios tienen mucha gracia, como se puede ver, por ejemplo, en un personaje secundario formidable, la pesadilla de Clarita en el primer relato: Barbarita María Fetuchini del Copo, una chica guapa y engreída de la que la narradora comenta que «si alguna niña llegaba con frenillos, Barbarita María le decía: «estás guapísima con esos retenedores feos, pero estás tan tartosa que no se te entiende nada».

Ana Carlota González. Un perro puertas afuera (2010). Quito: Alfaguara, 2010; 128 pp.; col. Alfaguara infantil; ilust. de Tito Martínez; ISBN: 9789978297421.
Ana Carlota González. Memorias de una araña (2011). Quito: Alfaguara, 2011; 110 pp.; col. Alfaguara infantil; ilust. de Ricardo Novillo; ISBN: 9789942050700.

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lunes, 17 de octubre de 2011

En la literatura infantil es frecuente que unas historias recuerden mucho a otras de tiempo atrás y de otros lugares.

Es el caso de Los siete hermanos chinos, de André da Loba y Rodolfo Castro, un relato de argumento igual a Cinco hermanos chinos. La estética particular del nuevo álbum está inspirada en el Tangram, puzzle antiguo chino que consta de siete piezas (cinco triángulos de diferentes formas, un cuadrado y un trapecio).

Es el caso, también, de Me aburro, de Mark Rosenthal, cuyo núcleo argumental es parecidísimo a Nothing ever happens on my block. Esta vez la diferencia está en que los dibujos son deudores de Jean de Brunhoff y en que su realización tiene claros aires de cómic. Aquí hay una buena reseña.

En estos casos a mí me suele pasar que prefiero las versiones antiguas aunque las nuevas están bien y cumplen su función, y seguramente gusten más a otros lectores.

André da Loba. Los siete hermanos chinos (2011). Texto de Rodolfo Castro. Pontevedra: OQO, 2011; 48 pp.; col. O; ISBN: 978-84-9871-243-8.
Marc Rosenthal. Me aburro (Phooey!, 2007). Pontevedra: Faktoría K, 2011; 40 pp.; trad. de Silvia Pérez; ISBN: 978-84-15250-17-3.

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domingo, 16 de octubre de 2011

McLuhan
habla de cómo en el Descenso al Maelström, de E. A. Poe, su protagonista «pudo salvarse estudiando la acción del torbellino y cooperando con él. (…) Ese entretenimiento nacido del desapego racional, al permitirle actuar como un espectador de su propia situación, le dio el hilo que le permitió salir del laberinto».

Del mismo modo, dice, en un mundo tan dominado por la tecnología, «el primer paso y el más importante de todos es simplemente entender los medios y sus efectos revolucionarios en todos los valores e instituciones psíquicos y sociales. Entender es la mitad de la batalla. El propósito central de todo mi trabajo es llevar este mensaje: que a través del entendimiento de cómo [actúan] los medios [el hombre pueda ganar] el control sobre ellos. (…) Ningún ciudadano puede escapar a este impetuoso ataque ambiental, ya que no hay, literalmente, lugar donde esconderse. Pero si diagnosticamos lo que nos está sucediendo, podemos reducir la ferocidad de los vientos del cambio y traer los elementos de la mejor cultura visual a este periodo de transición (…). Si persistimos, sin embargo, en nuestra visión convencional de espejo retrovisor, destruiremos toda la cultura occidental y la arrojaremos al cubo de la basura de la historia».

O, por terminar con la imagen del principio, «será inevitable que la piscina mundial de movimiento de información electrónica nos sacuda a todos como a corchos en un mar tempestuoso, pero si mantenemos nuestra frialdad durante el descenso en el torbellino, estudiando el proceso a medida que ocurre, y viendo lo que podemos hacer al respecto, podremos salir airosos».

Marshall McLuhan. Escritos esenciales (Essential McLuhan, 1995). Compiladores: Eric McLuhan y Frank Zingrone. Barcelona: Paidós Ibérica, 1998; 492 pp.; col. Paidós comunicación; trad. de Jorge Basaldúa y Elvira Macías; ISBN: 84-493-0532-2.

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sábado, 15 de octubre de 2011

Decía Chesterton que hay dos clases de poesía: la del que mira por la ventana hacia fuera, y la del que mira por la ventana hacia dentro. La canción del cazador que sale por la mañana, cuando la naturaleza está llena de promesas y es mucho más emocionante que la cabaña, y la canción del cazador que vuelve por la noche, cuando la cabaña es mucho más acogedora que la soledad y la frialdad de la naturaleza.

Decía también que hay poesía en casi todo, incluso en una dieta. Pero la poesía depende completamente de la simplicidad. Hay belleza humana en la idea de un hombre viviendo de frutos salvajes del bosque o de un jardín, pero deja de haber poesía cuando uno bebe y come los productos que la publicidad anuncia.

Y, muchos años antes de que Borges dijera en El oro de los tigres que «para un verdadero poeta, cada momento de la vida, cada hecho, debería ser poético, ya que profundamente lo es», Chesterton señalaba que lo más poético de una banqueta es que se sostiene de pie, la cosa más maravillosa de una olla es que hierve, lo más místico de una puerta es que se abre, o lo más místico acerca de un fuego es que quema.

G. K. Chesterton. El primer párrafo es de «The Poetry of Everyday Life», artículo del 24 de Julio de 1909, y el segundo de «Honesty in Vegetarianism», artículo del 4 de diciembre de 1909, The Illustrated London News, ambos en Collected Works, volume XXVIII; y el tercero es de «The Self-Concealment of Foreign Places», The Illustrated London News, artículo del 10 de enero de 1914, Collected Works, volume XXIX.

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viernes, 14 de octubre de 2011

Esperaba más del libro de Steven Johnson titulado Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación, tal vez porque un título así promete demasiado… En cualquier caso está bien: el autor pone, y cuenta con amenidad, ejemplos variados sobre la manera en que se han producido distintos descubrimientos a lo largo de la historia —cómo se han abierto paso algunas ideas y cómo funciona la creatividad humana— e intenta ver pautas comunes. Entre otras, habla de las corazonadas lentas, de los hallazgos inesperados, de cómo uno aprende cuando se confunde, de las veces en que lo nuevo aparece cuando aplicamos algo para otro fin distinto, de los ambientes más propicios para la innovación, etc. Y de un concepto, que toma del científico Stuart Kauffman, en el que podríamos incluir casi todo: el de lo posible adyacente, «expresión que condensa tanto los límites como el potencial creativo del cambio y la innovación. (...) Lo posible adyacente es una especie de futuro borroso, que asoma por el borde del estado actual de las cosas, un mapa de todos los caminos que puede tomar el presente para reinventarse. Pero no es un espacio infinito, ni un campo de juego totalmente abierto. (...) Lo posible adyacente nos dice que, en cualquier momento dado, el mundo es capaz de experimentar cambios extraordinarios, pero que sólo pueden suceder ciertos cambios».

Steve Johnson. Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación (Where Good Ideas Comes From. The Natural History of Innovation, 2010). Madrid: Turner, 2011; 318 pp.; col. Turner Noema; trad. de María Sierra; ISBN: 978-84-7506-289-1.

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jueves, 13 de octubre de 2011

He puesto datos de nuevas ediciones de Cuentos por teléfono, de Gianni Rodari, de El último trabajo del señor Luna, El canto de las ballenas y El grúfalo.

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miércoles, 12 de octubre de 2011

La puerta de los tres cerrojos,
de Sonia Fernández Vidal, es una excelente narración, ágil y amena, que consigue lo que pretende: dar explicaciones claras sobre aspectos de la física cuántica.

Después de leer un misterioso mensaje que le dice que «si quieres que sucedan cosas diferentes, deja de hacer siempre lo mismo», Niko decide no ir a clase por el camino habitual. Cuando encuentra una casa extraña llama y, para su sorpresa, entra en el mundo cuántico. Guiado por un elfo y una elfa recorrerá ese mundo paralelo y verá que sus habitantes tienen una duda: ¿deben dejar entrar a los humanos en su mundo?

En cuanto novela le sucede lo habitual a este tipo de libros de conocimientos: el argumento está puesto al servicio de dar las explicaciones pertinentes. Le sobra, por muy trillada, la parte que el director del CIC (Centro de Inteligencia Cuántico) explica cuando señala que, siglos atrás, «había unos cuantos portales que conectaban el mundo de los humanos con el nuestro. Existía un punto de reunión donde los sabios se encontraban y escribían pergaminos con lo que habían visto y aprendido de nuestro mundo. Ese lugar se llamaba la Biblioteca de Alejandría. ¡Un nido de conocimiento! Sin embargo, la codicia de los humanos por poseer aquellos pergaminos y todos sus secretos desató una guerra descomunal». En la capital del mundo cuántico, Shambla, hay estatuas de los «iniciados», «humanos que han recorrido el laberinto», como Eratóstenes, Julio Verne, Mendeleyev, Newton, Hipatia (¿Hipatia?)… También pienso que la parte del argumento «chico encuentra elfa» no funciona: nunca me han parecido convincentes las historias de amor entre seres humanos y seres de fantasía.

Con todo, son asuntos menores pues tanto la simpatía como la claridad narrativa de la historia resultan sobresalientes. Los entusiastas de Harry Potter recordarán la frase de la elfa Quiona, tal vez sobrina-nieta de Dumbledore: «nuestras elecciones definen quienes somos y no las circunstancias que vivimos o nuestras habilidades».

Sonia Fernández-Vidal. La puerta de los tres cerrojos (2011). Barcelona: La Galera, 2011; 208 pp.; ilust. de Oriol Malet; ISBN: 978-84-246-3577-0.

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martes, 11 de octubre de 2011

Tutankamón,
de Demi, cuenta la vida del personaje con textos sencillos e ilustraciones muy vistosas, inspiradas en las pinturas, esculturas y joyas egipcias encontradas en pirámides, templos, santuarios y mastabas. Es un buen álbum dentro de una categoría que podría estar más poblada: la de los que cuentan sucesos o anécdotas históricas —como The Glorious Flight Across the Channel with Louis Blériot, o como Pippo el loco—, o de los que intentan ser un primer acercamiento biográfico a un personaje conocido (que no sea un pintor, de los que hay muchos), como algunos otros de la misma Demi. No me refiero a libros de conocimientos de los que aportan mucha información sino a libros que, conceptualmente, son álbumes ilustrados infantiles.

Demi. Tutankamón (Tutankhamun, 2009). Barcelona: Juventud, 2011; 54 pp.; trad. de Teresa Farran; ISBN: 978-84-261-3834-7.

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lunes, 10 de octubre de 2011

El protagonista de Todos menos uno, de Éric Battut, es un guisante que no quiere ser como los demás guisantes de su planta. Así que se marcha y, mientras está pensando a quién podrá parecerse, encuentra un pavo real, un tigre, y un elefante. Se adorna con lo que le parece que representa lo mejor de cada uno y, cuando vuelve a su planta, los demás guisantes se burlan de él. Su reacción, entonces, es pensar que «soy una semilla rara, pero sigo siendo una semilla».

Relato que, como Frederick, El camaleón camaleónico, o ¡Cómo me gustaría ser diferente!, habla de alguien que acaba reconociendo sus propias limitaciones pero, a la vez, afirmando su propia personalidad. La narración gráfica, como es habitual en el autor, tiene gran claridad narrativa, tanto por las figuras sobre fondo blanco como por las palabras que cuentan el relato, como por la propia composición de conjunto.
Aquí, un buen comentario.

Éric Battut. Todos menos uno (Ce petir pois-là, 2010). Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2011; 26 pp.; trad. de Roser Vilagrassa; ISBN: 978-84-92412-84-6.

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domingo, 9 de octubre de 2011

Pongo algunas interesantes observaciones de Marshall McLuhan respecto al sistema educativo, cuando habla del que llama «el niño televisivo» y que nosotros podemos aplicar al «niño de internet o de los videojuegos».

Dice que «la imagen mosaico de la pantalla de televisión genera un ahora profundamente envolvente y una simultaneidad en las vidas de los niños que hace que consideren los lejanos fines visualizados de la educación tradicional como irreales, irrelevantes y pueriles».

Señala que debemos abandonar un sistema educativo fosilizado, «diseñado únicamente para colocar a los jóvenes en cajones clasificados de la sociedad burocrática» y replantearnos unos colegios que son «instituciones penales intelectuales», donde cada «nueva generación es alienada de su propia herencia de 3000 años de alfabetización o cultura visual y [donde] la celebración de los valores letrados en casa sólo intensifica esa alienación».

E indica que «si la educación se ha de convertir en algo relevante para la juventud en esta época eléctrica, también debemos sustituir la “multiversidad” sofocante, impersonal y deshumanizante [de los colegios actuales] por una multiplicidad de colegios autónomos dedicados a un acercamiento profundo al aprendizaje».

Es decir: libertad.

Marshall McLuhan. Escritos esenciales (Essential McLuhan, 1995). Compiladores: Eric McLuhan y Frank Zingrone. Barcelona: Paidós Ibérica, 1998; 492 pp.; col. Paidós comunicación; trad. de Jorge Basaldúa y Elvira Macías; ISBN: 84-493-0532-2.

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sábado, 8 de octubre de 2011

Advertía Chesterton con frecuencia contra la confusión mental, y luego el daño social, que causa el mal uso del lenguaje. Decía que es un planteamiento equivocado el de pensar que la lengua ha de usarse por motivos prácticos. Si fuera así podría ser más eficaz relacionarnos con dibujos. No. El lenguaje, en su forma escrita, existe sobre todo con el propósito de sugerir matices de pensamiento y de iniciar asociaciones de ideas. El lenguaje existe con esa finalidad completamente poética y emocional. Para ese fin toda palabra es importante. Para ese fin cada letra en cada palabra es importante. Las letras son importantes porque componen el color y la cantidad reconocibles de la palabra. No es un accidente que la misma palabra literatura tenga un significado que la conecta con el alfabeto. No es un accidente que cuando hablamos de un hombre que se dedica a la literatura nos refiramos a él cómo un “hombre de letras”.

Usar bien las palabras es darle a cada una su significado propio. Cuando alguien elogia la moralidad de alguien porque se comporta elegantemente según estándares de la clase alta, está confundiendo irracionalmente distintos planos. Esto se ve también en cuestiones de convicciones políticas o morales, cuando los proteccionistas son denominados "comerciantes libres", cuando los monárquicos se presentan como "verdaderos republicanos", o cuando a unos paganos se los llama los "auténticos cristianos". Se ve, por ejemplo, cuando se atacan los puntos de vista de alguien y la respuesta es que tal persona es magnífica, bondadosa y compasiva. Pero las palabras significan cosas: no se nos ocurre decir que Suiza es una isla debido a que está llena de espléndidas montañas, no podemos entendernos a base de palabras típicas del nonsense como snark o boojum.

G. K. Chesterton. El primer párrafo es de «Cockney Humourists and London - Mr. Carnegie and Spelling Reform», The Illustrated London News, artículo del 15 de septiembre de 1906, Collected Works, volume XXVII; el segundo es de «Being True to Oneself», The Illustrated London News, artículo del 14 de agosto de 1909, Collected Works, volume XXVIII. Versiones mías libres.

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viernes, 7 de octubre de 2011

La palabra es poder,
de Frank Luntz, es un libro sobre «palabras que funcionan» en la comunicación pública. Sin duda, puede servir a quienes usan el lenguaje con fines manipuladores —tal como el mismo título tan desafortunadamente sugiere— pero, sin duda también, da ideas muy prácticas para quienes desean hacerse comprender correctamente, bien ilustradas con ejemplos tomados de la vida política y comercial estadounidense. Una útil, por ejemplo, es ésta: «Las primeras palabras son, con mucho, las más importantes. (...) Todo lo que tenga que decir dígalo al principio. Todo lo que quiera decir puede venir más tarde».

Pero me quedo, sobre todo, con este párrafo, que modifico un poco: «El problema, tal como yo lo veo, es que nuestro lenguaje se ha convertido en algo tan poco importante y desechable que sentimos que podemos decir cualquier cosa que queramos, y que después de dicha, desaparecerá en el éter. [Pero], más allá de la vulgaridad de las formas de hablar, hay dureza en ellas, hay una descortesía inquietante, incluso cruel, que es relativamente nueva (…). Buscamos palabras que dividan, que degraden, que resten validez a los demás, que suenen a desprecio. La negatividad está más extendida que nunca. Lo odio, y por eso me he dedicado a encontrar los aspectos positivos de la política y de los productos en lugar de identificar los fallos de los demás. Rodeado por tal mezquindad y chabacanería, hay mucho que ganar con alegría y optimismo. Cuando degrada a la oposición, se degrada usted mismo. (…) [Es cierto que, en determinados ámbitos, lo negativo funciona], pero un sólido mensaje positivo triunfará siempre sobre la negatividad».

Frank Luntz. La palabra es poder. Lo importante no es lo que dices sino lo que la gente entiende (Words that work, 2007). Madrid: La Esfera de los Libros, 2011; 456 pp.; trad. de Alfredo Rodríguez; ISBN: 978-84-9970-004-5.

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jueves, 6 de octubre de 2011

Una temporada para silbar
,
del norteamericano Ivan Doig, es una gran novela escolar ambientada en Montana, en 1909, con un encanto fuera de lo común.

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miércoles, 5 de octubre de 2011

El cayo
,
de Theodore Taylor, es una excelente novela de supervivencia en un cayo del Caribe durante la segunda Guerra mundial. Está bien escrita, tiene un planteamiento inteligente y resulta verosímil.

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martes, 4 de octubre de 2011

¿Dónde está mi hermana?,
de Sven Nordqvist, es un álbum un tanto experimental que a los interesados en el género les gustará conocer.

En la primera imagen, en la página izquierda, un ratón pequeño corre por el campo; y en la derecha le dice a un anciano ratón que su hermana ha desaparecido y que le ayude a buscarla. Las siguientes dobles páginas muestran la búsqueda: al principio se suben a un globo y, desde arriba, van contemplando distintos paisajes en busca de la hermana desaparecida.

Un texto del autor, al final, explica que pensó y empezó este libro hace muchos años con la intención de contar un «viaje a través de paisajes de ensueño» sólo por medio de imágenes grandes y sin texto; y que tiempo después lo retomó para terminarlo y ponerle palabras que acompañaran las imágenes, tan bien compuestas como era de esperar, y con multitud de detalles en los que fijarse.

No queda ninguna duda de la riqueza imaginativa y del talento artístico de Nordqvist para fabricar un mundo más poblado de seres extravagantes y escenarios singulares que el País de las maravillas de Alicia. Pero la historia como tal —la preocupación del chico por su hermana y los comentarios que hace mientras la busca— tiene poca solidez. Luego, no es fácil descubrir la pequeña figura de la hermana en cada pliego, tan abigarrado, pero habrá quien disfrute con ese aspecto del libro.

A propósito de este álbum se puede leer aquí una entrevista con el autor.

Sven Nordqvist. ¿Dónde está mi hermana? (Var är min syster, 2007). Barcelona: Flamboyant, 2010; 32 pp. ; trad. de Elda García-Posada Gómez; ISBN : 978-84-937825-0-4.

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SmithEsunlibro.jpg
lunes, 3 de octubre de 2011

Los personajes de ¡Es un libro!, de Lane Smith, son un asno hiperactivo, un pequeño ratón, y un mono grande y paciente. Cuando el mono está leyendo, el asno le pregunta «¿qué tienes ahí?», y el mono le responde «Es un libro». Pero el asno no se conforma y pregunta y repregunta pues no comprende cómo puede funcionar el libro, sin teclado, sin poder enviar mensajes, sin ajustarse a la página, sin wi-fi, sin contraseña…, etc. El mono al fin le deja el libro y el asno aprende, un poco, la fascinación de la lectura. Son graciosas las figuras del mono y el asno, y las escenas en las que dialogan los dos. El pequeño ratón asiente a lo que dice su amigo el mono y tiene una intervención final memorable. Las imágenes son graciosas, como es habitual en el autor, la narración está bien conducida, y el argumento sonará a quien conozca famosos videos como este o como este.

Lane Smith ¡Es un libro! (It’s a Book, 2010). Barcelona: Océano Travesía, 2010; 30 pp.; trad. de Sandra Sepúlveda Martín; ISBN: 978-84-494-4202-5.

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domingo, 2 de octubre de 2011

Marshall McLuhan
formuló una buena parte de sus ideas en forma de frases aforísticas:

—«Es el marco el que cambia con cada nueva tecnología y no sólo la pintura dentro del cuadro».
—«En publicaciones ilustradas y revistas incluso las palabras toman forma de paisaje».
—«La dicotomía entre información y espectáculo ha terminado».
—«Los ambientes no son sólo contenedores, sino procesos que cambian el contenido totalmente».
—«Siempre podemos ver el traje viejo del emperador, pero no el nuevo».
—«Una foto de un grupo de personas de cualquier color es una foto de gente, no de “gente de color”».
—«El hombre usa la prensa para tener intimidad en los transportes públicos».
—«“Pasa a mi salón”, dijo el ordenador al especialista».
—«No quiero sonar hostil con mis críticos. En realidad, aprecio su atención. Después de todo, los detractores del hombre trabajan para él sin descanso y gratis».

Marshall McLuhan. Escritos esenciales (Essential McLuhan, 1995). Compiladores: Eric McLuhan y Frank Zingrone. Barcelona: Paidós Ibérica, 1998; 492 pp.; col. Paidós comunicación; trad. de Jorge Basaldúa y Elvira Macías; ISBN: 84-493-0532-2.

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sábado, 1 de octubre de 2011

Decía Chesterton que el hecho de que ninguna cadena es más fuerte que su eslabón más débil es uno de los hechos primarios de la democracia y de la igualdad, y es una verdad en la vida y en el lenguaje.

En la vida es verdad en la política, en el comercio, en el periodismo y en muchas otras cosas. En principio, los tontos se fijan hacia dónde se dirigen los más afortunados para ver a dónde nos llevan; al mismo tiempo, los más sabios se fijan en los miembros desafortunados de la sociedad para ver si se quedan atrás. Mientras el imperialismo se fija en los hombres más fuertes, la religión antigua pide que atendamos a los hermanos más débiles.

En la gramática lo vemos en que lo más importante son las conjunciones, los elementos más débiles, pues son ellas las que lideran las frases. Lo vemos también en cómo hay quienes cambian las conjunciones de sitio para ocultar el pensamiento. Por ejemplo, cuando se deja de lado la cuestión importante para introducir primero las accesorias: no es lo mismo la exculpación e incluso el elogio que significa decir “Fulano, aunque sea un canalla, es un caballero”, que la afirmación más realista de que “Fulano, aunque sea un caballero, es un canalla”. Poner las palabras en su orden correcto es una forma de luchar contra la cobardía, no sólo cuando se expresa en nombres y verbos, sino cuando se oculta en las conjunciones.

G. K. Chesterton. «Conjunctions in the Sentence and Modern Thought», The Illustrated London News, artículo del 3 de agosto de 1907, Collected Works volume XXVII, versión mía libre.

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