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Notas del archivo 'Cuentos (siglo XXI)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 26 de abril de 2018

Hay un tipo de libros compuestos por relatos cortos que se publican y publicitan dentro de la LIJ cuyo tono, igual que muchas referencias y guiños, hacen que muchas veces sean más apropiados para un público adulto. Ejemplos ya puestos aquí, que recuerde ahora, son Dragón, dragón y otros cuentos, Cuentos como pulgas, Hasta (casi) cien bichos, Antes, cuando Venecia no existía.

Diría que el mejor libro de este tipo que conozco, si no fuera porque el autor es mi hermano, es El río que se secaba los jueves, de Víctor González, que había sido publicado hace años en Anaya y que Kalandraka ha devuelto al mercado en una elegante edición que mantiene las excelentes ilustraciones que ya tenía de Pablo Amargo. Son unos noventa relatos, unos cortos y otros muy cortitos, divididos en diez secciones. Uno de varias páginas, que pertenece a la sección «Errores, trucos y mentiras», y que a mí es uno de los que más me hace reír es «Los elefantes y la tela de araña (edición anotada)». Uno cortito, que comienza la sección «En un lugar remoto», es «La lengua de pan», y dice así: «Existe un pueblo en China cuya lengua es exquisita: sabe a pan recién horneado. Los que aprenden a hablarla correctamente no necesitan charlar nunca más y se alimentan charlando»

Me ahorro las explicaciones sobre los aires cunqueiranos de los cuentos y, para abrir boca, dejo aquí, simplemente, los comienzos de algunos. Por ejemplo:

—de «Un gallo»: «Un granjero compró un gallo que tenía insomnio. Este gallo no podía conciliar el sueño de ninguna forma, por lo que se ponía a cantar arias de Verdi a altas horas de la noche y tenía soliviantado a todo el gallinero...»

—de «Peces»: «Básicamente los peces son de dos tipos: raros y muy raros. Para entendernos, un pez raro es el rape. Es tan raro que tiene una caña de pescar y la usa. De ahí que el resto de sus congéneres no lo tenga en gran estima...»

—de «Sombras»: «La mayoría de la gente cree que las sombras son todas iguales y siempre negras, pero no. Hay sombras de muchas clases y de muchos colores...»

Más información: entrevista con el autor, reseña de Darabuc y de Pep Bruno (de la primera edición del libro).

Víctor González. El río que se secaba los jueves (y otros cuentos imposibles) (2006). Madrid: Anaya, 2006; 222 pp.; ilust. de Pablo Amargo; ISBN: 84-667-4719-2. Nueva edición en Pontevedra: Kalandraka, 2018; 208 pp.; col. Kalandraka +; ilust. de Pablo Amargo; ISBN: 978-8484643548. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 31 de julio de 2014

Días atrás hablé de que hay libros de relatos que se dirigen a un público lector y no sólo infantil o juvenil. Un ejemplo son los cortitos e ingeniosos Cuentos como pulgas, de Beatriz Osés, con una ilustración por cuento de Miguel Ángel Díez. Aquí hay una reseña.

Para dar una idea, un ejemplo, de contenido muy parecido a El rebaño, es Contando ovejas: «La oveja tomó carrerilla y se aproximó a la valla con decisión, pero al llegar a la cerca frenó en seco y cayó al suelo. Todas las ovejas que corrían tras ella tropezaron y se fueron amontonando unas sobre otras. Aquello ocurría las noches de insomnio, cuando Juan Luna se confundía al contarlas».

Otro cuentecito corto que a mí me hace mucha gracia es Lobo verde bajo las estrellas: «Había una vez un lobo verde que balaba las noches de luna llena. El resto de la manada se desternillaba de risa pero las ovejas lo adoraban».

Beatriz Osés. Cuentos como pulgas (2006). Sevilla: Kalandraka, 2013; 48 pp.; col. Siete leguas; ilust. de Miguel Ángel Díez; ISBN: 978-8492608744. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El árbol de la mujer dragón y otros cuentos es una recopilación de veintitrés relatos populares tomados de distintas tradiciones y que tienen en común un personaje principal femenino que, a diferencia de muchos otros cuentos populares, es activo e intenta ser protagonista de su propio destino. Están recontados por Ana María Shua, lo que significa una garantía de calidad, y organizados en tres bloques: «El coraje», «La inteligencia», «La magia».

Todos tienen, al final, un breve y certero comentario sobre alguna particularidad: la rareza de una protagonista así, la diferencia entre la forma de pensar oriental y la occidental, etc. Por ejemplo, en «La zarina que tocaba el Gusli», de origen ruso, se indica que «aunque las mujeres disfrazadas de hombre no fueran algo que pasaba tanto en la realidad, seguramente resultaba una exigencia para que el relato sonara más verdadero»; o en «El espejo», japonés, se señala que «las nuevas familias que se constituyen hoy, con tantos divorcios y gente que vuelve a formar pareja, nos muestran que, en la realidad de todos los días, la relación de los hijos con la esposa del padre (y también, para el caso, con el marido de la madre) es de verdad muy difícil para las dos partes en juego»; o en «Shim Chong, la buena hija», se apunta cómo, en la tradición coreana u oriental, se aplauden los sacrificios de unos esposos a favor de los padres y en contra de sus propios hijos con el razonamiento de que «podemos tener otro hijo pero no podemos tener otro padre».

Al leer que, en «Las bodas de Lady Ragnell», inglés, la recopiladora dice que «este cuento asombroso parece tan moderno que nos cuesta aceptar que sea en realidad una antigua leyenda medieval», pensé que una historiadora como Regine Pernoud —autora de libros como Leonor de Aquitania o La mujer en el tiempo de las catedrales— no aceptaría de buen grado un elogio así y, seguramente, replicaría con mordacidad que tal afirmación se apoya un poco en el desconocimiento de la época medieval y otro poco en la sobrevaloración de los méritos de nuestra propia época.

Ana María Shua. El árbol de la mujer dragón y otros cuentos (2013). Madrid: Anaya, 2013; 148 pp.; ilust. de María Hergueta; ISBN: 978-84-678-4045-2.

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martes, 26 de febrero de 2013

La edición de siete cuentos clásicos reunidos en Cuentos de princesasCenicienta, El príncipe rana, Las doce princesas bailarinas, La princesa y el guisante, Blancanieves, Rapunzel, La Bella Durmiente— puede ser la oportunidad para muchos de ver por primera vez algo del trabajo de Su Blackwell, una artista inglesa que fabrica «esculturas» en papel a partir de páginas de libros antiguos.

En esta edición, las versiones adaptadas de los cuentos están ilustradas con fotografías de obras de Blackwell realizadas por Tim Clinch cuidando con esmero la composición y la iluminación. Es sugerente que las estructuras en papel que prepara Blackwell se presenten, muchas veces, como saliendo de los mismos libros. Pero, eso sí, en este caso el libro no deja de ser un modo de avivar el deseo de ver las obras originales de la artista.

Cuentos de princesas: siete cuentos clásicos (The Fairytale Princess, 2012). Contiene: Cenicienta, El príncipe rana, Las doce princesas bailarinas, La princesa y el guisante, Blancanieves, Rapunzel, La Bella Durmiente. Ilustrado con esculturas en papel de Su Blackwell, fotografiadas por Tim Clinch. Adaptación de los textos de Wendy Jones. Madrid: SM, 2012; 94 pp.; trad. de Alejandra Freund Urrutia; ISBN: 978-84-675-5668-1.

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Igual que un libro previo titulado Cosas que pasan cada día, Cosas que a veces pasan, del ilustrador lituano Kęstutis Kasparavičius, contiene treinta y siete relatos de una sola página, cada uno con una ilustración que ocupa la página opuesta y con otra ilustración pequeña en la página donde va el texto.

Todos ellos hablan de animales y objetos que tienen una vida secreta que los hombres desconocemos y las excelentes ilustraciones los enriquecen añadiendo detalles y perspectivas. Son relatos de un surrealismo fácil de comprender: Linterna, sobre una linterna que se enfadó un día y «no daba luz sino oscuridad»; Cerdos, sobre una familia de cerdos, donde «todos los cerdos comen como cerdos: sin cucharas, tenedores ni cuchillos», excepto uno; La rebelión, sobre un día que «los clavos proclamaron una rebelión en la caja de herramientas». A veces el humor es disparatado pero por otra vía, como en Canguro, sobre una canguro a la que le encantaba saltar y, a continuación el narrador aclara que «los saltamontes también saltan pero son pequeños y verdes, así que no son canguros; no tienen nada que ver».

Kęstutis Kasparavičius. Cosas que pasan cada día (Kvailos istorijos, 2005). Barcelona: Thule, 2008; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Aloe Azid; ISBN 13: 978-84-96473-35-5.
Kęstutis Kasparavičius. Cosas que a veces pasan (Trumpos istorijos, 2006). Barcelona: Thule, 2009; 80 pp.; col. Trampantojo; trad. de Alvar Zaid; ISBN 13: 978-84-92595-40-2. Nueva edición en 2016; ISBN: 978-8415357926. [Vista del libro en amazon.es]

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