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Notas del archivo 'Novelas de vida diaria (mundo centroeuropeo)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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Morgenstern3Testam.JPG
viernes, 25 de agosto de 2017

En Destellos en el abismo, Soma Morgenstern hace muchas indicaciones y observaciones interesantes acerca de la educación que recibían los niños judíos como él mismo fue. Así, en la tercera novela se nos cuenta que los hermanos Mohylewski tenían un pacto con su padre y recibían unas monedas cada vez que se aprendían un salmo; en la segunda, que cuando Welwel se plantea instruir a Alfred en el judaísmo y ve sus limitaciones piensa que «la insuficiencia del maestro no perjudicaría al alumno: toda la luz emanaría de la Doctrina»; varios personajes niños le dan oportunidad al narrador para señalar la «fina intuición de la dignidad espiritual que es a veces el atributo de un niño piadoso»…

Abundan en la novela pequeñas historias o frases felices tomadas de la tradición judía y que suenan, con frecuencia, como tantos relatos de Martin Buber. La mayoría están en Idilio en el exililo y las transmitre, sobre todo, Jankel, un hombre irónico que disfruta provocando a su amigo Welwel. Entre las bromistas, por ejemplo, esta que le dice a Alfred: «soy de los que creen en lo que dijo el gran tsadik: “No temo al infierno, ¡mi único temor es que en el cielo me pongan al lado de un cretino!”». Entre las realistas y autoirónicas, esta otra: «El pueblo judío no es tan necio como se podría pensar cuando solo se conoce a los judíos ricos».

No faltan agudas explicaciones sobre la vida propia de los judíos religiosos. Cuando Alfred pregunta por qué tienen tantas prohibiciones en sábado, incluso de gestos mínimos, Jankel le dice: «Porque nosotros, los judíos, lo exageramos todo. Si se le permite arrancar una hoja el día del Sabbat, el hombre también cogerá una fruta del árbol; arrancar, cortar, segar una espiga: en una palabra, ¡cosechar! He aquí lo que se dijeron los legisladores, y ampliaron la prohibición hasta el absurdo. Es por lo tanto pecado quitarle una hoja a la rama». Entonces Welwel le da la razón a su amigo pero completa la explicación diciéndole a Alfred que el Sabbat es para todas las criaturas, que «si arrancas la hoja del árbol, perturbas el reposo sabático del árbol. Puesto que, en ese día, ningún ser, ninguna cosa deben ser importunados», y que ha de ver el Sabbat como la raíz de la libertad y de la renovación del ser humano.

Podemos leer parte de la tragedia del autor en este comentario de Jankel, situado al final de la trilogía: «El ser humano no es un árbol, dijo un hombre sabio. Dios le ha dado dos piernas al hombre para que pueda también dejar su tierra natal, cuando ésta se ha vuelto hostil y mala».

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
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Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
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Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
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Morgenstern2Idilio.jpg
viernes, 18 de agosto de 2017

La narración de Soma Morgenstern a lo largo de las tres novelas que componen Destellos en el abismo es tan buena que detiene incluso a un lector algo acelerado (como suelo ser yo) y que hace disculpar algunas erratas o descuidos en la edición. Las descripciones son calmosas y siempre magníficas, sean de las tareas del campo, de los rezos en la sinagoga, de los platos que componen las comidas, de los comportamientos de todos en sábado, etc. Los diálogos están compuestos con gran destreza: el lector se hace cargo de las preocupaciones de unos y otros, aprende las particularidades del modo judío de afrontar la vida, y goza con los muchos choques dialécticos repletos de ingenio…

Hay un buen esbozo del panorama de conflictos sociales y políticos, que forman el telón de fondo del relato, entre polacos, ucranianos, judíos, nostálgicos del imperio austrohúngaro, partidarios de la ortodoxia de rito griego y de rito ruso… El enfoque de todo esto es sereno: el narrador presenta traidores y personas buenas en los distintos grupos humanos. Un judío tratante de caballos a quien solo le interesan los negocios, le dice a su futuro socio: «Si todos los judíos fueran como yo, señor Lubasch, yo tendría vergüenza de ser judío. Y si todos los polacos cristianos fueran como usted, señor Lubasch, yo tendría vergüenza de ser polaco».

Puede dar idea del tono ponderado y reflexivo del narrador este párrafo, tomado de la tercera novela (igual que el citado atrás), acerca del valor de sus recuerdos: «El recuerdo tiende a simplificarlo todo. El recuerdo, con toda evidencia, sólo puede ver perfiles. El recuerdo falsea destacando intempestivamente con intensidad determinado acontecimiento en primer plano, mientras que relega a otro, igualmente importante, a segundo plano. Es sin duda más la imperfección de la labor de la memoria, que, con toda seguridad, los fallos de mi evocación, lo que abre aquí una falla que da paso a una falsa apreciación de las cosas».

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
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Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
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Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
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Morgenstern1HijoP.jpg
viernes, 11 de agosto de 2017

Una gran lectura sobre el mundo judío centroeuropeo de las primeras décadas del siglo XX: la trilogía Destellos en el abismo, de Soma Morgenstern. El autor, que la comenzó hacia 1929 y cuya primera entrega fue muy elogiada por escritores como Zweig y Roth, la terminó en 1943. Su categoría como una obra de primera magnitud fue reconocida muchos años después.

Todo gira en torno a Alfred Mohylewski, un joven de 19 años al comienzo. Los personajes principales son su tío Welwel o Wolf, un bondadoso terrateniente que se toma su judaísmo muy en serio; y su competente y cascarrabias administrador Jankel Christjampoler. De fondo está el recuerdo del padre de Alfred y hermano mayor de Welwel, Josef, converso al cristianismo de rito ortodoxo griego y fallecido durante la primera Guerra Mundial.

La primera novela, El hijo del hijo pródigo, se desarrolla en Viena casi en su integridad. Welwel y Jankel viajan allí en 1929, a un Congreso de judíos ortodoxos, para intentar encontrar a Alfred. El sueño de Welwel es que regrese al judaísmo y pueda ser el heredero de la hacienda familiar. Allí tratan con el doctor Frankl, un amigo de la madre de Alfred que cumple con él un cierto papel de tutor.

La segunda novela, Idilio en el exilio, tiene lugar en Dobropolje y sus pueblos cercanos, en la Galitzia polaca fronteriza con Ucrania. Alfred se familiariza con los trabajos del campo guiado por Jankel, conoce a los vecinos, se hace muy amigo de un niño especialmente dotado llamado Lipito, tiene amoríos con una joven campesina, y progresa en su conocimiento de las enseñanzas y prácticas de la ortodoxia judía. Todo se enrarece cuando llega al pueblo un nuevo secretario de ayuntamiento que azuza de forma innoble las rivalidades políticas entre polacos, ucranianos y judíos.

En la tercera, El testamento del hijo pródigo, un hilo argumental sigue los acontecimientos que llevan a Jankel a la cárcel en la ciudad, junto con los intentos de sus amigos y de Alfred para que lo liberen, y el otro está constituido por unas largas cartas que el padre de Alfred le dejó para que las leyera siendo adulto. En ellas da explicaciones de los motivos que tuvo para cambiar del judaísmo precisamente a la ortodoxia griega y no a otro rito, y de todas las circunstancias del caso. Con ese motivo los oyentes de la lectura en alto de esas cartas, Welwel, Jankel y Frankl, recuerdan más episodios de la vida de Josef.

Soma Morgenstern. El hijo del hijo pródigo (Der Sohn des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund I, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2008; 517 pp.; col. Literadura; trad. de Yolanda Bauer Arellano; ISBN: 978-84-96601-61-1. [
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Soma Morgenstern. Idilio en el exilio (Idyll im Exil - Funken im Abgrund II, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2009; 642 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-73-4. [
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Soma Morgenstern. El testamento del hijo pródigo (Das Vermächtnis des verlorenen Sohnes - Funken im Abgrund III, 1929-1943). Madrid: Funambulista, 2010; 622 pp.; col. Literadura; trad. de Ramón Vilardell Jové y Emma Neuberg; ISBN: 978-84-96601-86-4. [
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SingerHermanosAsk.jpg
viernes, 30 de junio de 2017

Ha sido una buena lectura Los hermanos Ashkenazi, de Israel Yeshohua Singer —hermano mayor de Isaac Bashevis Singer—. En ella se cuenta la vida de tres generaciones de una familia en la ciudad de Lodz, Polonia, en las décadas finales del siglo XIX y primeras del XX. Se centra, sobre todo, en Max Askhenazi, que reniega de su nombre y orígenes jasídicos para llegar a ser un poderoso industrial textil en Lodz y en San Petersburgo. Se hace una descripción excelente de la forma que tomó la revolución industrial en Polonia, de cómo fueron tomando auge los movimientos revolucionarios, y de cómo se incubaron y realizaron algunos pogromos. La novela termina con la muerte de Max, siendo ya mayor, cuando el comunismo está llegando al poder en Rusia.

El hilo argumental principal es la vida de Max, al que seguimos desde su nacimiento, en su niñez y juventud, en sus primeros pasos en los negocios, en su triunfo completo gracias a su comportamiento avispado y canallesco, hasta un final en el que reflexiona que «había vivido ciego, engañado», que «del mismo modo que en la antigüedad los judíos habían sacrificado a sus primogénitos al ídolo Moloch, él se había inmolado en el altar de la codicia, adorando al becerro de oro». Pero tal vez el interés mayor de la novela es lo que muestra de la época: del interior de las industrias, del funcionamiento de algunos negocios, de los prejuicios y valores de las familias judías de clase alta y de clase humilde, de la forma en que podían desencadenarse los altercados y las persecuciones contra los judíos, de cómo las protestas sociales alcanzaron el punto de ebullición que permitió el ascenso imparable del partido comunista.

Entre los grandes personajes secundarios que hay en la novela uno que destaca es el rabino Nuske, siempre absorbido con sus estudios y completamente despreocupado de las cosas materiales a pesar de la fortísima presión de su esposa: «La vida en la tierra no era más que un breve preludio, un vestíbulo que llevaba a la verdadera vida, y ¿qué importaba lo mísero que fuera un vestíbulo? No guardaba rencor a su esposa, pues sabía que las mujeres, inmersas en el mundo material, eran incapaces de ver lo esencial. Por lo tanto, aceptaba con paciencia todos sus insultos, sus muestras de desprecio y burla, sin responder ni una sola palabra, lo que la enfurecía aún más. —¡Di algo al menos, mentecato! —chillaba ella, histérica. ¿No ves que te estoy humillando? Él permanecía en silencio. Le parecía bien que su esposa lo humillara como castigo por los pecados en que se revolcaba y que con seguridad lo habían hecho merecedor de un lugar en la Gehena».

Otro es su hijo Nissan, que renegará de su judaísmo y se convertirá en un fanático revolucionario marxista: «Para Nissan, la lógica y profundidad de esa doctrina, su simplicidad y su construcción genial, parecían dar respuesta a todas las eternas preguntas. Guardaba su ejemplar de Das Kapital como un compañero inseparable y lo llevaba consigo a todas partes, del mismo modo que un judío devoto lleva su taled y sus filacterias. Y al igual que su padre, para quien la sabiduría de la Torá no debía servir únicamente para edificar el propio espíritu, sino que debía ser difundida entre todos, también Nissan entendía que su misión era divulgar la nueva Torá y ridiculizar y denigrar a quienes se negaban a reconocer la verdad que contenía».

Israel Yehoshua Singer. Los hermanos Ashkenazi (The Brothers Ashkenazi, 1936). Barcelona: Ediciones B, 2003; 646 pp.; col. Afluentes; trad. de Rhoda y Jacob Abecassis; ISBN: 978-8466611305. Nueva edición en Barcelona: Acantilado, 2017; 680 pp.; ISBN: 978-8416748464. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 24 de julio de 2009

Para dar más información sobre un maestro como Joseph Roth —después de hablar de sus Cartas y de obras de ambiente judío como Job y El Leviatán—, hablo ahora un poco de novelas en las que retrata el hundimiento del imperio austrohúngaro en las primeras décadas del siglo XX y sus consecuencias sociales y psicológicas. La principal sin duda es La marcha Radetzky, que tiene una especie de secuela en La cripta de los capuchinos, pero a mí me gustan mucho dos relatos cortos sobre lo mismo que son Fuga sin fin y El busto del emperador.

En la primera se cuenta la vida del oficial austríaco Franz Tunda, que cae en poder de los rusos en 1916 y es enviado a un campo de prisioneros a Irkutsk; luego huye de allí junto con un polaco y vive oculto unos años; más tarde se une a un grupo de revolucionarios soviéticos y obtiene un puesto en la nueva administración rusa; y cuando vuelve a Austria y allí se ve también desplazado, decide marcharse a París. En la segunda el protagonista es el conde Morstin, un hombre que no entiende ni acepta de buen grado la disolución del imperio austro-húngaro después de la Gran Guerra, y menos aún la consecuencia de que su pueblo de Galitzia se anexione a Polonia y deje de pertenecer al imperio; por eso pone un busto del viejo emperador Francisco José a la entrada de su casa y sigue saludándolo respetuosamente hasta que las nuevas autoridades le obligan a retirarlo.

Roth muestra que hay momentos históricos en los que mucha gente siente que se queda sin tierra bajo los pies: lo vemos en Tunda, un hombre de treinta y dos años, sano y despierto, joven y fuerte, que se siente sin embargo completamente superfluo y fuera de sitio allá donde va; y en Morstin, un personaje idealista y estrafalario retratado con ternura e ironía, y cuya conducta y opiniones indican también una gran lucidez. Y sus novelas son un ejemplo de cómo presentar el pasado yendo más allá de la nostalgia: buscando las raíces de la mediocridad del presente y de los males que parece depararnos el futuro.

Joseph Roth. La marcha de Radetzky (Radetzkymarsch, 1932).Barcelona : Edhasa, 1989; 348 pp.; col. Narrativas Edhasa; trad. de Arturo Quintana; ISBN: 84-350-0542-9.
Joseph Roth. La cripta de los Capuchinos (Die Kapuzinergruft, 1938). Barcelona: El Acantilado, 2002; 219 pp.; col. Narrativa del Acantilado; trad. de Jesús Pardo; ISBN: 84-95359-74-X.
Joseph Roth. Fuga sin fin (Die Flucht onhe Ende, 1927). Barcelona: Acantilado, 2003; 167 pp.; col. Narrativa del Acantilado; trad. de J. L. Vernal revisada por José Vivar; ISBN: 84-96136-00-0.
Joseph Roth. El busto del emperador (Die büste des Kaisers, 1934). Barcelona: Acantilado, 2003; 59 pp.; col. Cuadernos del Acantilado; trad. de Isabel García Adánez; ISBN: 84-96136-19-1.

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