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Notas del archivo 'Novelas de vida diaria (infantiles y juveniles, norteamericanas)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 3 de marzo de 2016

El curioso mundo de Calpurnia Tate, de Jacqueline Kelly, es el segundo libro del mismo personaje, que comienza en 1900 cuando Callie Vee, o Calpurnia Tate, tiene 13 años. Hay episodios relacionados con animales que Travis, el hermano menor de Callie, desea cuidar, con más o menos fortuna. Otros tienen que ver con unas enormes inundaciones en la costa del golfo de México, que el abuelo de Calpurnia predijo al ver una gaviota muy lejos del mar, y que tienen como consecuencias que se termine alojando, en la misma habitación de Callie, su prima mayor Aggie, una chica mecanógrafa, y que llegue al pueblo un nuevo veterinario. También ocurre un incidente lamentable: a Calpurnia le roban una moneda de oro que le había regalado su padre.

La forma de narrar de Calpurnia es, como en la primera novela, graciosa, ordenada, irónica con su hermano Lamar, afectuosa con su hermano Travis, temerosa con los mandatos de su madre, respetuosa y admirativa con su abuelo. Da mucha información científica, que le cuentan su abuelo y el veterinario, o que ella misma lee, y anota muchas preguntas en sus cuadernos de notas. Es consciente de la forma tan diferente con que se acercan a los animales ella y Travis: ella procura ser racional y no introducir elementos sentimentales en sus relaciones con ellos, mientras que Travis, por más que Callie lo intenta, no quiere saber nada de disecciones ni experimentos ni nada.

La historia tiene un tono cordial que sólo se altera un poco cuando Calpurnia, que se considera a sí misma una chica moderna americana, aprecia la diferencia de perspectivas que tienen sus padres respecto a su futuro profesional y al de sus hermanos varones, o cuando algún adulto hace comentarios condescendientes hacia ella por ser chica. De todos modos, cuenta con el apoyo incondicional, aunque silencioso, de su abuelo, y ha decidido ahorrar para poder ir, más adelante, a la Universidad, quieran sus padres o no, y al lector no le quedan dudas de que lo conseguirá.

Jacqueline Kelly. El curioso mundo de Calpurnia Tate (The curious world of Calpurnia Tate, 2015). Barcelona: Roca, 2015; 285 pp.; trad. de Santiago del Rey; ISBN: 978-84-9918-636-8. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 4 de febrero de 2016

Me llamo Bud, no Buddy, de Christopher Paul Curtis, es un premiado libro norteamericano de hace algún tiempo. Su acción comienza en Flint, Michigan, el año 1936. Bud, un chico huérfano de diez años, es el protagonista y narrador. Cuenta los problemas que tuvo en un hogar de acogida y su fuga posterior del orfanato. Dentro de su ordenadita maleta con todos sus objetos, conserva una fotografía de una orquesta de jazz que tenía su madre, y piensa que su padre es el conocido Herman E. Calloway, el jefe de la orquesta. Va en su busca y consigue llegar junto a él con ayuda, sobre todo, de un hombre muy amable que le recoge en su coche cuando le ve andando, de madrugada y solo, por la carretera.

La narración tiene interés porque refleja un poco algunos ambientes de los años de la gran Depresión. Gusta también porque, a pesar de la dureza de los ambientes en los que se mueve, Bud siempre acaba encontrando personas que le ayudan. Pero atrae principalmente por la forma de narrar de Bud, que tiene un humor inconsciente cautivador. Siempre se presenta a sí mismo como «Bud, no buddy», porque su madre siempre le había dicho que no debía dejar que nadie le llamara Buddy que es nombre de perro. Tiene algunas reglas interpretativas para descifrar lo que dicen los adultos que, a veces, son certeras como, por ejemplo, la de que «no sé por qué los mayores no pueden decir que alguien se ha muerto; se creen que es más fácil decir “se ha ido”». Otras veces, sin embargo, su interpretación es inadvertidamente cómica, como cuando habla de su incredulidad «cuando la gente dice que los armarios son el único modo en que un fantasma o un monstruo puede entrar en tu cuarto. Apuesto que tienen formas de salir de debajo de la cama o, si desean agarrarte de verdad, apuesto a que pueden salir incluso de un cajón que tú crees que está cerrado y atrancado».

Christopher Paul Curtis. Me llamo Bud, no Buddy (Bud, not Buddy, 1999). León: Everest, 2002; 247 pp.; col. Punto de encuentro; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-241-8638-9. [
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jueves, 17 de diciembre de 2015

Up a Road Slowly es otra novela norteamericana, de hace tiempo, de Irene Hunt. Es un relato de maduración que sigue la vida de una chica desde los siete hasta los dieciocho años. Junto con su hermano mayor Chris, Julia Trelling, de unos siete años, es enviada con su tía Cordelia, una maestra soltera y mayor, cuando su madre muere. Su adaptación es difícil al principio pues su tía, una persona equilibrada y amable, no es especialmente afectuosa o, al menos, no se lo parece a Julia. Luego se relatan su asistencia al colegio y las amistades que hace. Más adelante, cuando su padre se casa, ella prefiere seguir viviendo con su tía, cuyo pasado ya conoce. Los últimos episodios de su vida tienen que ver con sus enamoramientos y con sus ambiciones culturales y, en concreto, la de llegar a ser escritora.

El argumento es lineal y todo el objetivo de la narración es ir poniendo de manifiesto las emociones de la protagonista en muy distintas situaciones, algo que consigue bien. Al principio el interés de la historia está en que Julia es una chica con un carácter difícil e independiente. Su tía es todo un personaje, que va enriqueciéndose según avanza la historia. En particular, son intensos algunos momentos en los que le hace notar a Julia cómo algunos de sus comportamientos son injustos. Con calma, la narración pone de manifiesto que la heroína va ganando en autoconocimiento, aprende a reconocer sus errores, y, al ir adquiriendo visión de conjunto, aprende a ser más comprensiva.

Irene Hunt. Up a Road Slowly (1966). Berkley Books, 192 pp.; ISBN: 978-0425188170. Edición para Kindle, ASIN: B002SAUBZ.  [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de octubre de 2015

En Abu Torrelli hace sopa, de Sharon Creech, los personajes son Rosi, una niña de doce años que es la narradora; su vecino Bruno, de su edad, ciego, que ha crecido junto con Rosi; y la abuela de Rosi, inmigrante italiana, una gran cocinera que, además, sabe contar cosas que le han pasado a ella pero que coinciden mucho con los problemas que a Rosi se le presentan en su relación con Bruno. Además, ha llegado una chica nueva al barrio y a Rosi le parece que Bruno le hace demasiado caso.

Narración organizada en capítulos breves, con títulos también breves. La narradora cuenta las cosas en presente, con muchos diálogos y frases concisas que, algunas veces, desean ser poéticas: «mis ojos son dos globos congelados, sólidos». Al hilo del enfado actual de Rosi con Bruno, con el que comienza su relato, vamos conociendo el pasado de los dos, y admirando la sabiduría de la abuela, tanto por sus recetas culinarias como por su forma de conseguir que todo vuelva a su cauce. Las personalidades de cada uno suenan verosímiles y los sentimientos de Rosi están bien reflejados. El relato es de los que aviva la comprensión de lo que uno mismo y otras personas pueden estar sintiendo, pensando y queriendo.

Sharon Creech. Abu Torrelli hace sopa (Granny Torrelli Makes Soup, 2003). Barcelona: Entrelibros, 2004; 128 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-9651700-4. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 8 de mayo de 2015

Hay relatos inspirados en hechos reales que te gusta leer porque te ponen delante historias que no conocías o que conocías poco. Yo sabía de la existencia del Movimiento Orphan Train, un programa que se desarrolló en Estados Unidos, entre 1853 y 1929, que llevaba a niños huérfanos a familias dispuestas a acogerlas, a veces con la intención de adoptarlos, a veces para que trabajasen en granjas o en lo que fuese. En Personajes de ayer con la mente de hoy hablaba de Rodzina, una novela sobre la cuestión que tenía lugar en estados del Oeste y a finales del siglo XIX.

En otra época y estados El tren de los huérfanos, de Christina Baker Kline, presenta un relato parecido. Usa el recurso hábil de presentar, en primer lugar, a una chica hosca llamada Molly Ayer: tiene una historia familiar muy triste, ha pasado por distintos hogares de acogida, y debido a un extraño delito —robar Jane Eyre en la biblioteca, algo que le gana la simpatía de cualquier lector..., aunque sea difícil creer que sea tan grave…—, está a punto de acabar mal. Pero un amigo le ofrece la posibilidad de que, como trabajo social, ayude a ordenar sus pertenencias a una anciana llamada Vivian Daly. La narración alternará entonces unos pocos tramos sobre Molly, en 2011, y muchos sobre la vida de Vivian: una niña irlandesa que se vino a los Estados Unidos a finales de los años veinte pero que, como sus padres fallecen en un incendio, acaba en un tren de huérfanos, que sale de Nueva York en 1929 y que, después de pasar por distintas ciudades, la deja en Albans, Minnesota, primera de sus etapas hasta 1943 que es cuando, más o menos, se cierra su historia.

La narración es sobria y cumple su misión: exponer los hechos con orden y hacer notar las dificultades por las que debieron atravesar los personajes. Nada más. Suficiente. Como el lector enseguida supone, para Molly significa un gran cambio conocer la vida de Vivian y encontrarse con que Vivian tiene la capacidad de hacerse cargo muy rápido de sus problemas. En fin, no es una idea nueva pero sigue siendo una buena idea que los chicos jóvenes conozcan el pasado de primera mano y conozcan que hay problemas y sufrimientos mucho mayores que los suyos.

Christina Baker Kline. El tren de los huérfanos (Orphan Train, 2013). Barcelona: Ediciones B, 2015; 357 pp.; trad. de Javier Guerrero; ISBN: 978-84-666-5519-4. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 19 de junio de 2014

Un relato escrito hace poco más de veinte años: Una casa en Mango Street (o La casa de Mango Street en otras ediciones) de Sandra Cisneros. En su momento, cuando lo leí, me interesó: la escritora pinta bien, aunque sea de modo un tanto desesperanzado, el desarraigo de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos usando la perspectiva de la protagonista y de las mujeres de su familia.

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viernes, 12 de abril de 2013

Verano en English Creek, de Ivan Doig, es una novela semejante a Una temporada para silbar en muchas cosas, pero es menos tensa. Se ambienta en Montana. El narrador, Jick McCaskill, recuerda lo que ocurrió el verano de 1939, cuando tenía casi quince años. Su padre es guarda forestal. Jick le acompaña en algunas tareas y se ocupa de otras por su cuenta, unas que le gustan más y otras más arduas. Ese verano comienza cuando su hermano mayor rompe con sus padres porque desea casarse y no ir a la Universidad. Jick lidia como puede con la desazón de sus padres mientras ha de ayudar en distintas ocupaciones agrícolas, ganaderas y forestales, que se describen con detalle. Su relato termina, después de un incendio devastador donde Jick termina de hacerse cargo del pasado de su padre, justo cuando llega la noticia de que había comenzado la segunda Guerra Mundial. Al final añade un resumen de todo lo que ocurrió después a los personajes que mencionó en su historia.

Excelente narración, calmada y reflexiva, entusiasta y bienhumorada, pero también elegíaca, se ve que alimentada por las experiencias personales del autor. Hay descripciones del trabajo propio de un rancho de aquella época y lugar —esquilar, rastrillar, apilar heno para formar almiares, etc.—, y de cómo transcurría entonces la vida social, con su celebración popular anual del Cuatro de Julio, las vicisitudes de un rodeo, etc. Los personajes están bien dibujados, en especial la madre de Jick, amable pero «capaz de decirte la hora y hacer que te preguntaras cómo te habías atrevido a preguntar nada». Abundan los momentos que narran las preguntas interiores y los sentimientos de un chico que crece: «Cuando uno tiene catorce años, aprovecha todas las oportunidades que se le presentan en la vida mientras intenta mantener un semblante que oscila entre un “¡Por fin!” y un “¿Lo dices en serio?”». También son muchas las escenas magníficas, algunas muy cinematográficas: «un jinete coronando aquel promontorio de la carretera, con aquella línea del horizonte al este bajo su figura como si saliera directamente del cielo, y su silueta y la de su caballo avanzando lentamente pendiente abajo…»

Ivan Doig. Verano en English Creek (English Creek, 1984). Barcelona: Libros del Asteroide, 2013; 490 pp.; trad. de Vanesa Casanova; ISBN: 978-84-15625-24-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de febrero de 2012

Un destino por descubrir,
la primera novela de Clare Vanderpool, se desarrolla en Manifest, Kansas. La narración sigue dos cursos paralelos en épocas distintas, 1918 y 1936. Es un relato un poco malabarista, de los que mantiene varias bolas en el aire, con personajes atractivos y muy perspicaces, empezando por la espabiladísima narradora protagonista.

Esta es Abilene Tucker, una chica de doce años que tiene que pasar un verano en Manifest, el pueblo de su padre, cuando este ha de irse a trabajar a Iowa. En Manifest vive con el pastor Shady Howard, un tipo un tanto desarreglado pero acogedor. Abilene desea conocer el pasado de su padre, con el que ha vivido siempre vagabundeando de un lugar a otro, y va entrando en contacto con distinta gente del pueblo. Encuentra una cajita con objetos y cartas, entre las cuales hay una de 1917 en la que un tal Ned Gillen escribe a un amigo llamado Jinx hablándole del Merodeador. Esto despierta la curiosidad de Abilene, y sus nuevas amigas Ruthanne y Lettie, y es al fin Miss Sadie, una adivina gitana que vive sola, quien va lentamente desvelándole quiénes eran Ned y Jinx y, de paso, la historia de Manifest: un pueblo de inmigrantes que trabajaban en las minas y en donde tenía mucho peso el Ku Klux Klan. Esto se completa con cartas desde el frente de la primera Guerra Mundial y con columnas de un periódico local de la época.

La narración toca muchas teclas: los misterios del pasado, la nostalgia de un hogar que siente Abilene, la rebelión de los débiles contra los poderosos, el dolor a causa de las separaciones, las escenas de pillería de chicos… Están bien integrados los datos históricos y ambientales: la prohibición del alcohol, el trabajo en las minas, etc. De la versión en español no puedo decir lo mismo que una persona que reseña la narración en inglés —que no podía recordar cuando había leído por última vez un libro tan bien escrito como este— pero no sé si por defectos de traducción o porque todo está, en ocasiones, demasiado literaturizado: si esto casi siempre chirría, más aún con niños, y más todavía con un narrador en primera persona. Con todo, es cierto que, para ser una primera novela, es un debut más que sobresaliente, y que la lectura es amena y capta el interés.

Clare Vanderpool. Un destino por descubrir (Moon Over Manifest, 2010). Barcelona: Molino, 2011; 393 pp.; trad. de Anna Campeny Valls; ISBN: 978-84-2720-120-0.

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jueves, 16 de junio de 2011

Entre las muchas novelas de las que tratan sobre chicos que lidian con problemas afectivos, Entre dos lunas, de Sharon Creech, destaca por estar construida y contada de modo sobresaliente. Sin embargo, la elaboradísima mezcla de tantas historias, y de cómo se reflejan unas en otras, por momentos suena excesiva; de ahí que, al final, su autora tenga que pagar el precio de acabar dando soluciones disneyanas para resolver varios momentos críticos.

La chica protagonista y narradora, Salamanca Tree Hiddle, sufre porque, después de que su madre se marchara de casa, su padre y ella se trasladaron desde Bybanks (Kentucky), a Euclid (Ohio). En su nueva situación sueña con que vuelva su madre por más que su padre le diga que tal cosa no sucederá; detesta furiosamente a una amiga de su padre, la señora Cadaver, y no quiere oír explicaciones al respecto; se siente nerviosa porque, por primera vez, se siente atraída por un chico. Hace amistad con Phoebe Winterbottom, una vecina y compañera muy fantasiosa que imagina que la señora Cadaver es una asesina psicópata y que, además, se pone frenética cuando su madre también abandona su casa. Todo esto Salamanca se lo va contando a sus abuelos durante un viaje de seis días, en coche, desde Ohio hasta Idaho, a donde la chica desea llegar el día del cumpleaños de su madre; en el viaje, aparte de que suceden todo tipo de cosas, también averiguamos el pasado de los padres de Salamanca y de los abuelos Hiddle.

Por un lado, es un logro admirable que todo este gran melodrama, que tiene muchas más derivaciones, pueda engranarse de forma tan clara y atractiva en un relato no muy extenso. En el haber de la novela se han de poner también algunos personajes excéntricos memorables, como el de Phoebe, aparte del de la misma Salamanca. Por otro lado, aparte de que varios pasos de la trama sean hollywoodienses, está bien tendida pero no es del todo limpia la trampa que se le pone al lector para que, al final, le sorprendan algunos acontecimientos que los protagonistas conocen perfectamente. Luego, en especial está sobredimensionada la figura del profesor entusiasta que considera una idea brillante la de leer en alto pasajes de los diarios de sus alumnos.

Personalmente me choca que Salamanca rece continuamente a los árboles y tampoco veo claros los «inspiradores» mensajes misteriosos que van puntuando el libro. En especial no soy capaz de leer de modo inocente el que lo abre, «no juzgues a un hombre hasta que hayas caminado dos lunas en sus mocasines», desde que leí (no recuerdo a quien) una continuación que más o menos decía que «pues entonces ya podrás insultarle, porque estarás lejos y, además, tienes sus mocasines».

Sharon Creech. Entre dos lunas (Walk Two Moons, 1994). Barcelona: Noguer, 2008, 3ª ed.; 191 pp.; trad. de Ester Arnó; ISBN: 978-84-279-3221-0. Nueva edición en 2011; 288 pp.; ISBN: 978-84-279-0127-8.

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jueves, 26 de mayo de 2011

El poder superior de Lucky,
de Susan Patron, es un relato con un narrador encantador, comparable con los de las novelas de Kate DiCamillo. Su protagonista es Lucky Trimble, una chica de diez años, que colecciona y estudia insectos, y que tiene una perrita llamada HMS Beagle en honor de Darwin (entusiasmo que comparte con más protagonistas de novelas norteamericanas premiadas en los últimos años, como La evolución de Calpurnia Tate). La tutora de Lucky es Brigitte, una chica francesa que fue novia de su padre antes de que su padre la tuviera a ella. Viven en una caravana en Pote Seco, California, un poblado en el que sólo hay unas cuarenta personas que tienen detrás unas historias tristes y sobreviven gracias a las ayudas estatales. Lucky sueña con llegar a tener un Poder Superior, idea que ha oído, a escondidas, en las reuniones de Anónimos —alcohólicos, jugadores, comedores compulsivos, fumadores…—: en ellas ha escuchado una y otra vez «que la situación empeoraba y empeoraba y empeoraba antes de tocar fondo, y que sólo después de tocar fondo lograban hacerse con el control de sus vidas. Y sólo entonces encontraban su Poder Superior». Y, cuando los indicios le hacen sospechar que Brigitte la dejará para irse a Francia, Lucky decide escaparse…, justo cuando estalla una gran tormenta de arena.

Lo mejor, aparte de la maestría del narrador, son personajes como la misma Lucky, su amigo Lincoln, un chaval obsesionado con hacer nudos, y el niño de cinco años Miles, que vive con su abuela y se alegra de que su madre esté en la cárcel porque, dice, «entonces es que no está lejos de mí a propósito». Luego, el libro tiene interés como una pieza más del puzle social actual: presenta situaciones personales y sociales muy desastradas e indirectamente hace notar que si los adultos están desorientados en sus vidas cómo no van a estarlo los niños (en este sentido siempre pienso si ese tipo de narraciones, a la vez lacrimógenas y bienhumoradas, no son una especie de analgésico que provoca una compasión que no cuesta nada e incluso es entretenida...). Otro asunto, que ha sucedido no pocas veces con novelitas infantiles norteamericanas, es que la primera página contiene una pequeña historia que Lucky oye acerca de una serpiente que pica a un perro en el escroto, palabra cuyo significado desconoce: el asunto no tiene relevancia narrativa ninguna y, por tanto, parece ser sólo una maniobra publicitaria para, tal como sucedió, provocar reacciones escandalizadas a las que se responde con el escándalo de quien dice no comprender que otros puedan escandalizarse antes. En fin, barullo.

Susan Patron. El poder superior de Lucky (The Higher Power of Lucky, 2006). Barcelona: Noguer, 2011; 150 pp.; iIust. de Núria Feijoo; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-279-0120-9.

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miércoles, 25 de mayo de 2011

Hace años, cuando escribí un artículo largo sobre Katherine Paterson, intenté leer todos sus libros. Uno que no leí fue El clan de los perros, un relato corto que se publicó por entregas en su momento y que ha llegado a mis manos ahora.

Como es habitual en la autora, la narración se cuenta en tercera persona pero enfocando las cosas tal como las siente su protagonista, Josh, un chico recién trasladado a Vermont desde Virginia. Siguiendo a su perro Manch, un día le ve jugar con otros perros e incluso entiende la conversación que tienen entre sí. En su nuevo colegio hay un chico mayor que intenta gastarle novatadas. De fondo está que no acaba de aceptar a su padrastro.

Como el mundo interior de Josh y la forma en la que logra comprender a los perros están bien narrados, y como los conflictos que se desencadenan tienen tensión, la historia se lee con interés. Los tres hilos argumentales —vida familiar, vida colegial, peleas entre bandas de perros— están tan bien entretejidos como uno puede esperar de Paterson. A la vez es cierto que todo se plantea y se resuelve demasiado rápido, y que la traducción no le hace justicia.

Katherine Paterson. El clan de los perros (The Field of Dogs, 2001). Barcelona: Noguer y Caralt, 2006, 2ª ed.; 95 pp.; col. no indica traductor; ilust. de Emily Arnold McCully; ISBN: 84-279-3554-4.

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miércoles, 13 de abril de 2011

He visto una nueva edición de Bolas locas, una historia de Betsy Byars de hace años. Pienso si habrá película cerca, pues ni el título ni la ambientación del relato encajan con el presente: tampoco he comprobado si hay muchos o pocos cambios en la edición actual respecto a la de hace años. Es un relato sobre tres chicos con graves problemas familiares que coinciden en una casa de acogida y tienen varios enfrentamientos antes de asentarse humanamente y vencer sus reticencias. Los diálogos son incisivos y la historia se desarrolla bien, aunque algunos personajes, como los adultos que los cuidan —tan importantes en un caso así—, no están casi perfilados. Un relato mucho mejor con la misma idea es La gran Gilly Hopkins, de Katherine Paterson. En cualquier caso, la escritora tiene oficio: cuenta bien, es aguda, sabe tocar el corazón.

Betsy Byars. Bolas locas (The Pinballs, 1976). Madrid: Noguer, 1986; 121 pp.; col. Cuatro Vientos; ilust. de Javier Lobato; trad. de Álvaro Forqué; ISBN: 84-279-3168-9. Nueva edición en 2011; 124 pp.; ISBN: 978-84-279-0116-2.

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miércoles, 23 de junio de 2010

La evolución de Calpurnia Tate,
de Jacqueline Kelly, es una premiada novela infantil norteamericana, bien escrita y bien construida, simpática y amena. Es la primera de su autora, médico de profesión.

Se desarrolla en 1899, en Fentress, ciudad al sur de Austin, Texas. La narradora, una lista chica de casi doce años, es Calpurnia Virginia Tate, familiarmente Callie Vee, la intermedia de siete hermanos —«¿podéis imaginaros algo peor?»—. Su familia es pudiente; su padre posee una máquina limpiadora de algodón y no interviene mucho en su vida diaria; su madre desea que aprenda cocina y bordado —«un trabajo de mojigatos»— y que se prepare para su futura presentación en sociedad; cumple un importante papel la cocinera mulata de la casa, Viola; y el personaje decisivo es su abuelo, un naturalista seguidor de las teorías darwinistas que hace de Calpurnia su discípula y colaboradora.

La novela retrata la familia y la sociedad en la que vive la protagonista por medio de una sucesión de incidentes, los mejores de los cuales son, normalmente, aquellos donde no asoma ninguna otra intención que la de contar la historia. La principal tensión viene de los choques entre los deseos de Calpurnia de hacer unas cosas y los deseos de su madre de que aprenda y haga otras. Además, su abuelo y ella descubren una nueva especie de algarrobo y esperan que las sociedades científicas lo reconozcan. Otros episodios tienen que ver con los enamoramientos de sus hermanos, y otros podrían llamarse costumbristas, por ejemplo el drama familiar cuando uno de los pequeños, encargado de alimentar a los pavos, se da cuenta de qué ocurrirá con ellos el día de Acción de Gracias.

Hay bastantes descripciones, sencillas y bien hechas, de los animales y plantas que observan y estudian Calpurnia y su abuelo. Este personaje, a pesar de su artificiosidad, está conseguido, porque tiene gracia y porque justifica bien cómo se puede desarrollar una vocación científica como la de Calpurnia. También se puede considerar acertado el personaje de la madre, pues sus motivaciones, al menos parcialmente, se hacen comprensibles, y su hija las llega también a comprender. Los otros tienen menos entidad: tal vez alguno gane peso en la, o las secuelas que se avecinan.

La novela tiene tramos dedicados a las observaciones de campo y a las anotaciones en su libreta de Calpurnia: no a todos los lectores les atraerán igual pues ralentizan la narración y tienen el claro propósito de avivar el interés por el trabajo científico. Tiene otros pasajes dedicados a los intensos sufrimientos de Calpurnia cuando tiene que cocinar o bordar y cuando piensa en que su futuro sea como el de su madre —«¡oh, qué monotonía!»—; su rechazo alcanza el máximo cuando recibe como regalo de Navidad el libro La ciencia del ama de casa. Con todo, en relación a estos aspectos la novela no está muy desequilibrada: la pesadez del trabajo científico no se disimula por completo —«en nombre de la Ciencia estuve limpiando cacas de oruga»—; la vida familiar se presenta bien, aunque el cariño como motivo para enfrentarse a los trabajos más pesados no se subraye; y, a pesar de sus lamentos, Calpurnia no pierde mucho de vista su condición de chica de clase alta muy privilegiada.

Se justificarían mejor algunas cosas (también las escasas frases cursis como «sentí el primer y gélido azote de la pena en torno a mi corazón») si en algún sitio se indicara que, como se puede suponer, todo está contado años después, aunque intentando reproducir las cosas tal como la protagonista las vivió. Cada capítulo está encabezado por una cita de El origen de las especies, algo que le da un tono culto pero que resulta tan innecesario como un ornamento barroco (útil para reconocer el estilo y para que algunos lectores se sientan cómodos, pero que si se quita no se pierde nada e incluso se ganaría claridad). En cuanto a su valor como lectura infantil, igual que de otras novelas semejantes, tal vez conviene advertir que la mejor forma de comprender otras épocas no es una novela que habla del pasado con anteojeras de hoy, aunque pueda divertir e incluso ser útil en ese sentido, como es este caso. Al respecto suele ser reveladora la comparación con novelas escritas en aquella época con protagonistas niñas norteamericanas, que sufren las mismas ataduras sociales que Calpurnia y que a su modo intentan sacudírselas, pero que no buscan ganar puntos ante los lectores de hoy (el ejemplo más clásico es Mujercitas).

Jacqueline Kelly. La evolución de Calpurnia Tate (The Evolution of Calpurnia Tate, 2009). Barcelona: Roca editorial, 2010; 268 pp.; trad. de Isabel Margelí; ISBN: 978-84-9918-103-5.

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jueves, 11 de marzo de 2010

Un relato que no conozco en castellano y que, por distintas razones, se considera el origen de muchas novelas posteriores sobre adolescentes: It’s Like This, Cat, de Emily Cheney Neville. Parece ser, también, la primera novela de chico y gato, frente a muchas otras anteriores de chico y perro.

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viernes, 27 de marzo de 2009

Libro de memorias ficcionadas, de vida rural en el pasado, de incidentes humorísticos y personajes inolvidables conocidos en la infancia, Me voy con vosotros para siempre, de Fred Chappell, es un libro formidable, muy bien escrito y divertido como pocos.

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