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Notas del archivo 'Escritura (David Mamet)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 7 de agosto de 2011

David Mamet:
«Heredamos de los soviéticos y sus satélites la concepción totalitaria del teatro (por ejemplo, Brecht). Esto es: el teatro (la tragedia, el drama, la comedia, la farsa) no existe para hacer pasar un buen rato al público, mediante el desarrollo de una trama, sino para enseñar o reforzar diversas verdades universales no suficientemente puestas de relieve. Tales verdades, por lo común, se basan en el supuesto intelectual de que un conjunto de humanos es bueno y el otro malo: los obreros son buenos, los capitalistas son malos; las mujeres son buenas, los hombres son malos; los enfermos son buenos, los sanos son malos; los gays son buenos, los heteros son malos.

Obsérvese que si invirtiéramos el paradigma (los heteros son buenos, los gays son malos) quedaría clara la monstruosidad de la propuesta».

David Mamet. Manifiesto (Theatre, 2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 174 pp.; col. Los Tres Mundos; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-0920-8.

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domingo, 31 de julio de 2011

David Mamet:
«La tarea del dramaturgo consiste en llenar la sala donde se representa la obra, y la tarea del director y los actores consiste en que nadie levante el culo de su butaca. Punto. (…)

El propósito del teatro no es instruir, mejorar, explayarse. Es entretener. Un gran artista del entretenimiento puede recibir y, por tanto, transmitir alguna comprensión insólita y profunda de la naturaleza humana, o incluso del destino de los hombres (lo que es decir que puede hacer algo más que entretener). Pero eso no es necesariamente mejor que el entretenimiento».

Bien, y «¿cómo se hace para entretener al público? ¿Cómo se hace para que empiece a preguntarse qué ocurrirá a continuación? Se hace mediante la estructuración de una trama.

En esto consiste el teatro, y la tarea del autor. La trama, la estructura de los incidentes, es lo único que le importa al público. (…)

¿Cómo se aprende a estructurar, es decir, a crear una trama?

Leamos la Poética de Aristóteles.

En ella vemos que la trama es la estructura necesaria de los incidentes (es decir, las escenas), donde el fracaso en cada escena conduce al protagonista hacia un nuevo intento de solucionar el objetivo que se marcó en el planteamiento de la obra».

David Mamet. Manifiesto (Theatre, 2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 174 pp.; col. Los Tres Mundos; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-0920-8.

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domingo, 24 de julio de 2011

David Mamet:
La «obra con víctima» «tiene un significado definible (tal y tal grupo padecen opresión, y las personas bienintencionadas deben aprender a superar sus prejuicios y acudir en su ayuda), pero es un significado que halaga al público más bajuno (qué listo eres: tú ya sabías que los sordos también son personas…), llamándolo elevado (¿no estás orgulloso de ti mismo? Yo, que soy el autor, estoy orgulloso de ti) y hace que el público salga del teatro convencido de tener razón y ratificado en su potencial para la violencia (¿Cómo es posible que esa depravada maestra de escuela no se diera cuenta de que los sordos son también personas? Mira, me gustaría…). Estas obras temáticas son, pues, una forma suavizada de la propaganda, que no propone los puntos de vista del Estado, pero que, quizá más peligrosamente, postula la existencia y hace proselitismo de un grupo mayor que el propio Estado: la confraternidad de los sensatos. El pensamiento correcto. Esta invitación es en parte el modo de arranque suave del fascismo». Pues, sigue más adelante, «la corrección política sólo puede existir dentro de la opresión totalitaria (a quien sirve como herramienta). El verdadero significado del término es “ortodoxia ideológica”».

David Mamet. Manifiesto (Theatre, 2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 174 pp.; col. Los Tres Mundos; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-0920-8.

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domingo, 17 de julio de 2011

David Mamet
, hablando de teatro: «La performance no es carne ni pescado; es la hija bastarda de la represión estalinista (obras carentes de significado) y del deconstruccionismo (obras sin texto).

El deconstruccionismo y el existencialismo, en lo que se me alcanza, sostienen que no hay significado en nada, salvo el que cada individuo quiera aportar.

Esto, por descontado, es una salvajada intelectual y moral, y procede de fuentes en cierto modo relacionadas. La primera, como más arriba señalamos, es la posición del artista bajo un régimen totalitario; la segunda es lo útil que resulta el deconstruccionismo a los intelectos de segunda fila.

No todo el mundo puede levantar un granero, pero cualquiera puede incendiarlo. Y si tal acto no es envidia brutal sino expresión de libertad nietzscheana, es decir, si al pirómano no sólo se le permite su crimen, no sólo no es castigado, sino que se le alaba, habrá a continuación muchos frustrados en su ansia de reconocimiento que se pondrán a la tarea de quemar graneros».

David Mamet. Manifiesto (Theatre, 2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 174 pp.; col. Los Tres Mundos; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-0920-8.

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domingo, 23 de agosto de 2009

Continuando con lo dicho en Melodrama y tragedia y en Elecciones basadas en el contenido y en el valor, se ve que a David Mamet no le caen nada bien las películas y novelas que parecen decirnos «¿sabes valorar esta película u odias a los sordos / gays / negros? Este es el mecanismo (también consciente o inconsciente) del drama comprometido». Y sigue más adelante: «El drama lacrimógeno apela (...) a dos de los puntos débiles del espectador: un deseo de ser políticamente responsable (o estar de moda) y la intención de ser compasivo. (...) El espectador se recompensa a sí mismo por su compasión de la víctima ficticia. La compasión no le ha costado nada; al contrario, ejercitarla ha sido placentero, ha sido un entretenimiento. Aquí el espectador se ha permitido un estallido de emociones y solidaridad que (olvida) sería más problemático si se tratara de individuos reales».

David Mamet. Bambi contra Godzilla (Bambi vs. Godzilla: On the Nature, Purpose, and Practice of the Movie Business, 2006). Barcelona: Alba, 2008; 315 pp.; trad. de Carlos Milla e Isabel Ferrer; ISBN: 978-84-8428-389-8.

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domingo, 16 de agosto de 2009

Me ha gustado Bambi contra Godzilla, comentarios de David Mamet sobre distintos aspectos del mundo del cine, donde dice lo que piensa sin cortarse. Como ejemplo, véanse unos párrafos del capítulo «Mujeres, escribir para ellas», que arreglo y recorto un poco: «La falta de sentimentalismo es un mérito en un escritor y distingue a los simplemente buenos de los que tienen algo que decir de verdad. No hace falta [que los escritores se vistan de profetas] para recordarnos las creencias populares de nuestros tiempos: la publicidad ya se ocupa de eso bastante bien. El verdadero escritor no debe escribir lo aceptable, sino lo que es verdad». Eso se aplica, en particular, a la representación de las mujeres en las ficciones de hoy: «la mojigatería política y la emancipación política de las mujeres ha dado lugar a una avalancha de literatura insustancial. (...) Las clases bajas de hoy parecen disfrutar con las representaciones de las mujeres como víctimas sexuales (abusos, violación, acoso); las clases más altas, como víctimas del matrimonio. (...) Sin embargo, la verdadera representación de mujeres tiene en cuenta dos cosas: en qué se parecen las mujeres a los hombres y en qué se diferencian. Porque decir que todas las personas son iguales no equivale a decir que son idénticas, y confundir lo político con lo práctico nos llevó a barbaridades como el programa de autobuses escolares para la promoción de la integración racial de los años setenta y la teoría literaria feminista. (...) Tennessee Williams, Truman Capote, Noël Coward crearon personajes femeninos que eran fantasías masculinas concebidas por hombres homosexuales. Muy agradables, desde luego, pero poco acertadas». En definitiva, dice Mamet, «apliquemos a la literatura (donde las cuestiones de gusto pueden, disons le mot, corromperse con una hipocresía inducida a través de la educación) los mismos criterios que aplicamos a las obras del mundo del espectáculo. En este último hacemos nuestras elecciones verdaderas y sin trabas basándonos en el contenido y el valor, no en la política».

David Mamet. Bambi contra Godzilla (Bambi vs. Godzilla: On the Nature, Purpose, and Practice of the Movie Business, 2006). Barcelona: Alba, 2008; 315 pp.; trad. de Carlos Milla e Isabel Ferrer; ISBN: 978-84-8428-389-8.

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domingo, 2 de agosto de 2009

David Mamet:
 «El melodrama distingue con toda claridad entre el bueno y el malo y dice: “Puedes elegir: al malo del sombrero negro, que es un cerdo, o al ángel del sombrero blanco, que es un santo. ¿A cuál prefieres?” Y nosotros contestamos: “Creo que me identificaré con el ángel del sombrero blanco”, y luego, al final del melodrama, nos marchamos y decimos: “Uf, cuánto me alegro de que haya ganado el ángel del sombrero blanco. ¡Me siento de maravilla!”. (...) Pero esa sensación dura hasta que sales por la puerta del teatro».

En cambio «la tragedia dice: “Elige cuál quieres ser. Quienquiera que elijas, te equivocarás, y, por cierto, tampoco tenías la posibilidad de elegir. Eres simplemente humano”». Es decir, «la tragedia es purificadora porque nos enfrenta a nuestra naturaleza humana, a nuestra capacidad de hacer el mal. Y, tras enfrentarnos a esa capacidad de que se nos haga el mal y de hacer nosotros el mal, nos marchamos castigados y, como diría Aristóteles, purificados, en lugar de sentirnos animados incorrectamente a tranquilizarnos, como hace el melodrama».

Conversaciones con David Mamet (David Mamet in conversation, 2001). Barcelona: Alba, 2005; 320 pp.; col. A trayectos; edición de Leslie Kane; trad. de Isabel Ferrer Marrades; ISBN 13: 978-84-8428-271-6.

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domingo, 19 de julio de 2009

David Mamet:
«El arte que conozco con el que se puede comparar [mi trabajo como dramaturgo] es [el de] la talla de madera. Empiezas a tallar un trozo de madera y pronto el objeto cobra vida propia. Parte de la habilidad para tallar la madera consiste en saber cuándo la madera te dice hacia dónde quiere ir. Obviamente será un pato si has empezado a tallar un pato, pero el tipo de madera determinará en gran medida el tipo de pato que será. Y al escribir dramas se da un fenómeno parecido. Empiezas con una idea, se convierte en otra cosa, y tu habilidad consiste en aprender a escuchar el propio material».

Y, en otro momento, lo dice así: «Cuando escribo una obra, lo que intento es escribir esa obra. En cuanto al efecto..., no es que no me interese, pero en realidad mi cometido no es manipular al público, ya sea por un motivo político o para conseguir que le “guste” mi obra. Mi cometido con la obra se cumple de acuerdo con su propio silogismo lógico. Si esto es así, aquello es asá. Ésa es la diferencia entre un dramaturgo y un creativo publicitario. El creativo publicitario debe preocuparse, como nos dice el señor Ogilvy, sólo por el efecto que causará en el lector o el espectador, para convencerlo de que compre el producto o el servicio anunciado. Si al creativo publicitario le preocupan los premios que va a recibir o el prestigio que adquirirá en el mundo de la publicidad o incluso la belleza estética del anuncio —sin pensar en su capacidad de influir en el espectador—, esa persona no está cumpliendo con su cometido. La dramaturgia es todo lo contrario».

Conversaciones con David Mamet (David Mamet in conversation, 2001). Barcelona: Alba, 2005; 320 pp.; col. A trayectos; edición de Leslie Kane; trad. de Isabel Ferrer Marrades; ISBN 13: 978-84-8428-271-6.

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viernes, 13 de enero de 2006

Anécdota que cuenta David Mamet. Un alumno del gran dramaturgo-actor Stanislavsky le preguntó una vez cómo hacía para elegir siempre lo correcto. Y él le respondió que, tiempo atrás, él le había preguntado lo mismo al capitán de un vapor que recorría el Volga y el capitán le dijo: «Cíñete al canal y no te equivocarás». O, dicho de otro modo, si las elecciones que haces no están hechas "en general", sino en ayuda de la historia, necesariamente serán correctas. Por eso, en un autor, decir que consiguió «unos efectos brillantes» es como decir que «hizo que los trenes llegaran puntualmente». Muchos autores de literatura infantil, eso de «ceñirse al canal», lo pierden de vista con facilidad.

David Mamet. Una profesión de putas (A Whore´s Profession, 1989). Madrid: Debate, 1995; trad. de Juan Manuel Ibeas y Jordi Mustieles; ISBN: 84-7444-929-4.

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