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Notas del archivo 'Clásicos infantiles y juveniles (escritos en inglés)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 19 de octubre de 2016

En una excelente traducción se ha publicado hace poco en España Los Seremosbuenos, de Edith Nesbit, la continuación de Los buscadores de tesoros.

El relato empieza cuando los Bastable han cambiado de fortuna. Ellos pensaban que si fueran ricos serían «más felices y muy, muy buenos», pero descubren que no es tan fácil. También comprueban enseguida, y se lamentan, de «lo pronto que te acostumbras a las cosas, incluso a las que más deseabas». Así que, después de una travesura más, son enviados al campo, en verano, junto con dos amigos. Allí constituyen una sociedad, a la que deciden llamar los Seremosbuenos, cuyas dos primeras reglas son: 1) Todo el mundo tiene que ser lo más bueno posible; 2) No hay que ponerse demasiado pesado con lo de ser bueno (Oswald y Dicky pusieron esa regla)…

Como en el primer libro, también en este son divertidos los acentos del narrador, desconocido pero evidente, por los continuos autoelogios que se echa a sí mismo. Otro de sus rasgos está en que los protagonistas no logran que coincida lo que está bien a los ojos de los adultos con lo que a ellos les parece conveniente: Dicky le dice a Oswald que «tiene que haber algo divertido que “no esté mal”». Otro más está en lo bien que Nesbit siempre retrata el curso de los pensamientos de chicos y chicas, y muchos aspectos de las relaciones entre ellos. Luego, como en otros libros suyos, en los diálogos y comentarios hay referencias literarias que los protagonistas manejan con soltura y que, para los lectores actuales, quedan claras con las oportunas y aclaratorias notas al pie.

Edith Nesbit. Los Seremosbuenos (The Wouldbegoods, 1901). Córdoba: Toromítico, 2016; 254 pp.; ilust. de Pilar González, Antonio Cuesta y Oscar Córdoba; trad. de Nuria Reina Bachot; ISBN: 978-84-15943-46-4. [
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miércoles, 27 de mayo de 2015

No había leído Emily, la de Luna Nueva, primer libro de una famosa trilogía de Lucy Maud Montgomery. Gran error, porque tiene mucho encanto y gran calidad —no en vano Alice Munro lo ha elogiado como uno de los mejores libros de la literatura canadiense— (que quedan un poco deslucidos por erratas y fallos de traducción y edición).

Isla del Príncipe Eduardo, Canadá. Cuando su padre fallece, Emily tiene que irse a vivir a la Granja Luna Nueva con sus tías Murray, hermanas de su madre, una dulce y otra muy, muy rígida; ha de ir al colegio y aprender a convivir con distintos vecinos, unos con rivalidades históricas con los Murray, otros con historias tristes en su pasado… Y todo va cambiando. Cuando el relato termina, tiene trece años.

A quien haya leído Ana la de Tejas Verdes o las novelas del género que proliferaron a finales del XIX y principios del XX, no le sorprenderán ni el argumento melodramático, ni las descripciones vivas de la naturaleza, ni las travesuras y momentos cómicos. Pero esta historia tiene algunos sumandos más.

Uno, que hay personajes notables que aparecen en toda la historia, como Elizabeth, la tía inflexible, o como Ilse, la impulsiva amiga de Emily; y otros ocasionales, como la brusca señora Ellen, que atiende a su padre antes de morir; o la maestra, la odiosa señorita Brownell; o el padre Cassidy, un párroco católico al que Emily visita en secreto.

Otro, que hay muchas páginas con la misma escritura y redacción de Emily, con faltas de ortografía que van disminuyendo según avanza la novela, y que dan a conocer bien las cosas que ocurren y el mundo interior de la heroína: «yo dije que el doctor Burnley pensaba que era endiabladamente guapa. La tía Elizabeth me dijo Emily en un tono terrible. Estaba blanca de la ravia. Pero si lo dijo el doctor Burnley, yo sólo estoy repitiéndolo, esclamé».

Otro más, que Emily siente una irrefrenable vocación poética, lo que le hace escribir versos y relatos: es extraordinariamente sensible a los comentarios que le hacen y, a la vez, va pidiendo opiniones a unos y otros, y cayendo en la cuenta de sus errores y aciertos. Al respecto no es difícil imaginar que algunas situaciones bien pudieron ocurrir en la vida de la autora.

L.M. Montgomery. Emily la de Luna Nueva (Emily of New Moon, 1923). Córdoba: Toromítico, 2014; 366 pp.; trad. de Esther Cruz Santaella; ilust. de Sara Lago y Antonio Cuesta; ISBN: 978-84-15943-18-1. [
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miércoles, 29 de enero de 2014

Se ha publicado hace pocos meses en castellano Los chicos del ferrocarril, de Edith Nesbit, un popularísimo libro infantil inglés, de 1906. Muchos años después se descubrió que algunas partes de su argumento eran, o parecían, deudoras de una novelita previa. Sea como sea, es un relato divertido y estupendamente contado, con un sabor inconfundible.

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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Hace pocos meses que se ha publicado en castellano por primera vez La edad de oro, de Kenneth Grahame. Es un libro divertido e inteligente que, además, dice interesantes cosas sobre la calidad de la educación literaria y cultural de otros tiempos y otros lugares. La estupenda fotografía de portada, de niños dickensianos, no se corresponde con los niños de la historia, que son huérfanos, sí, pero de clase alta.

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martes, 22 de febrero de 2011

Hace unos días he puesto reseña de la primera obra que George MacDonald escribió para niños: At the Back of the North Wind. Es una obra fundamental en la historia de la literatura infantil por muchas razones —entre otras, lo inusual de su tema y de su resolución, y que hacer frente a una dificultad tan grande indica una gran ambición—, de la que no conozco edición en castellano. A la derecha, ilustración de Jessie Willcox Smith para una edición norteamericana.

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martes, 16 de marzo de 2010

The Rose and the Ring
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un relato de 1857 de Thackeray es un clásico inglés que conviene conocer. Entre otras cosas, porque uno ve que no son cosa de ahora, ni mucho menos, la ironía contra los cuentos populares y la composición de un relato apoyándose mucho en el juego entre texto e ilustraciones, no en vano Thackeray fue dibujante de Punch.

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De la portada de Guillermo Detective.
miércoles, 17 de febrero de 2010

Sigo respondiendo a quejas. En un artículo reciente en The Times se decía que Richmal Crompton describía su ficción como «de segunda fila literaria». Dejando de lado que la misma frase ya indica que sí escribía con intenciones literarias, quienes puedan comparar su trabajo con el muchas series posteriores sabrán que su segunda fila está muy, muy adelante.

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martes, 16 de febrero de 2010

Un relato de 1888, muy ameno por su tensión aventurera y por su buen humor, del que no conozco edición en castellano: Two Little Confederates, de Thomas Page. Es una historia que sirve para comprender algo más una época y que también es útil como ejemplo de qué ocurre cuando se compone una novela según lo que se considera políticamente correcto de un momento histórico dado.

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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Después de Heidi, La princesita, y Ana, la de Tejas Verdes, llegó Pollyanna, de Eleanor Hodgman Porter, una chica que aprendió a descubrir en todo motivos por los que alegrarse, lo que por ejemplo incluía recibir los castigos como recompensas.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Después de las novelas de Spyri y Burnett, llegó la serie de de Lucy Maud Montgomery sobre Ana, la de Tejas Verdes, la niña más encantadora de toda la literatura después de Alicia, según dijo Mark Twain...

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miércoles, 14 de octubre de 2009

En septiembre pude conocer los paisajes en los que Arthur Ransome ambientó la que se considera la primera novelita infantil de una pandilla que tiene aventuras en verano, Vencejos y amazonas, una novela que luego tendría varias secuelas. Como se ve por los datos, yo la leí en una edición de 1946 y, que yo sepa, no se volvió a editar en España.

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miércoles, 29 de abril de 2009

La serie de novelas a las que pertenece La Casa de la Pradera, de Laura Ingalls Wilder, son buenos relatos acerca del Oeste norteamericano tal como lo vivieron algunos pioneros o, si se quiere, tal como lo recordaron sus descendientes. Hay relatos con otras perspectivas, que más adelante incluiré, pero estos son excelentes y, para juzgarlos, conviene no guiarse por el recuerdo de la serie televisiva de los ochenta. Ahora que Noguer vuelve a editar libros de su catálogo, esperemos que le llegue pronto el turno a estos.

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MapesDodge01.jpg
miércoles, 25 de marzo de 2009

Una mujer decisiva en la historia de la literatura infantil: Mary Mapes Dodge. Se puede decir que, sin ella, todo hubiera sido distinto, y no por ser autora de un libro clásico como Los patines de plata, sino por su trabajo como directora de una revista en la que, con la intención de subir el nivel literario de los libros que se dirigían a los niños en la segunda mitad del siglo XIX, pidió y consiguió colaboraciones de muchos grandes escritores de su época. A la derecha, la página inicial de una edición de 1918 que se puede consultar en la red.

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miércoles, 17 de septiembre de 2008

He sabido hace poco que hay en el mercado una edición reciente de La princesita, de Hodgson Burnett, un libro encantador —y políticamente incorrecto en algunos aspectos— que da una buena respuesta: eres una princesa si te comportas como una princesa...

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Ilust. de E.W.Kemble.
jueves, 20 de septiembre de 2007

Por muchas razones, Mark Twain es un autor clave. Un atractivo de su obra: la conexión con la mente de un chico, el no perder de vista nunca que «llega un momento en la vida de todo chico normal en que siente un inmenso deseo de ir donde sea, en busca de un tesoro oculto», tal como se afirma en Las aventuras de Tom Sawyer. Otro, su desenvoltura: «El que escribe para personas mayores sabe que puede dar fin a su novela con una boda; pero cuando escribe para niños, ha de pararse donde buenamente pueda», en la conclusión de la misma obra. Otro, su agudeza para retratar la confusión mental de quien recibe mensajes morales confusos, en Las aventuras de Huck Finn, quizá su mejor obra. Pero hay más.

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viernes, 26 de agosto de 2005

Merece la pena conocer la nueva y cuidada edición del clásico de Louise May Alcott, Mujercitas. En ella se contienen algunas páginas que se suprimieron cuando el texto se imprimió las primeras veces, también figura la segunda parte de la historia, y además se incluyen las ilustraciones de la primera edición.

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martes, 14 de junio de 2005

Tal día como hoy, en 1811 nació Harriet Beecher Stowe, la autora de La cabaña del tío Tom, un libro cuyo paternalismo rechina pero que merece ser leído, porque resulta una lectura entretenida que, de paso, sirve para conocer las mentalidades de los esclavistas y las de muchos bienintencionados ciudadanos de aquel tiempo. En ese sentido, es mucho más instructivo conocer ese libro, que su autora escribe con toda sinceridad, que los intentos de borrarlo de la historia o de volver a contar las mismas cosas pero falseándolas, tal como pretenden algunos manipuladores de hoy.

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