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Notas del archivo 'Sociedad actual (Robert Spaemann)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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Archivo por temas:
domingo, 3 de agosto de 2014

Robert Spaemann:
«El espíritu de la época —todo espíritu epocal— consiste en una colección de prejuicios para los que se reclama una especie de autoevidencia. La tarea de la Filosofía consiste en reflexionar sobre esas evidencias. El poder del espíritu epocal estriba en que no formula sus evidencias sino que las acepta tácitamente. Si las formulara, eso daría lugar a controversia sobre ellas. De Goethe proviene esta observación: “Cada palabra pronunciada suscita el sentido opuesto”.

Esto significa, por así decirlo, que no hay réplica, y entonces probablemente no se expresan las convicciones fundamentales, sino acuerdos implícitos. Cuando alguien se atreve a poner en cuestión todo eso que vive de la opacidad, parece que lo obligado es caerse de la nube y mostrarse perplejo».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 27 de julio de 2014

Robert Spaemann:
«En política vemos a menudo que se pide a los expertos en ética que den respuestas acerca de qué es lo recto, lo justo o lo falso. Siempre me encuentro incómodo en estas situaciones. Afortunadamente nadie me ha preguntado si quería formar parte de una comisión ética. Esto me habría puesto en un apuro, pues en ciertas cuestiones estoy del lado de Kant cuando escribe que para responder a las preguntas sobre el bien y el mal nada aporta una reflexión muy desarrollada ni una esmerada preparación. En realidad, hay personas muy sencillas que tienen una sensibilidad moral maravillosa, un tacto muy fino, mientras que también hay personas de gran formación que son unos egoístas sin escrúpulos y para quienes la razón, como dice Kant, sirve para llegar a ser auténticas “lumbreras en el arte de expoliar”».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 20 de julio de 2014

Robert Spaemann: «El contexto público en el que hoy se habla de los valores es profundamente relativista. Se habla de “nuestros valores”. Cuando los políticos occidentales viajan a China se sienten en el deber de hacer algo en materia de Derechos Humanos y de proclamar “nuestros valores”, a lo que sus interlocutores chinos responden, con toda razón: “Vosotros mismos decís que se trata de vuestros valores, que tenéis en alta estima. Nosotros poseemos nuestros propios valores, distintos de los vuestros. Entonces, ¿qué queréis de nosotros?”

Justificar los Derechos Humanos con los valores es, por otro lado, algo harto peligroso. “Derecho” es un concepto bastante claro. Pero, ¿los valores? Desde luego, con frecuencia se habla de los valores cristianos: la Iglesia debería anunciar los “valores cristianos”. Pues bien, no existen valores “cristianos”. Jesús abrió los ojos de los hombres a los “valores” que ya existían antes de que Él apareciera. También la verdad del teorema de Pitágoras es anterior a que Pitágoras la formulara».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 13 de julio de 2014

Robert Spaemann:
«Siempre es discutible pretender deducir propuestas normativas a partir de datos estadísticos. (…) Kant dijo una vez: “Es plebeyo apelar a la experiencia en cuestiones de moral”. En todas las culturas más desarrolladas hay una clara discrepancia entre la conducta de la mayoría y la que la gente aprueba. Cuando el abismo desaparece, entonces eso quiere decir, o bien que todos los hombres son santos, o, por el contrario, que se han venido abajo las costumbres. Esto último es lo peor, cuando el comportamiento de la mayoría se tiene como norma».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 19 de diciembre de 2010

Robert Spaemann:
 «Es una norma ambigua el decir que cada uno debe hacer lo que le gusta. Puede significar que cada uno tiene que habérselas con los gustos de los demás como le apetezca, amigable y tolerantemente, o de manera violenta e intolerante. Puede también significar que cada uno debe respetar los gustos de los demás. Una tal exigencia de tolerancia limita justamente los propios gustos. Se debe dejar claro que la tolerancia no es de ningún modo, como se dice a veces, una consecuencia evidente del relativismo moral. La tolerancia se funda más bien en una determinada convicción moral que pretende tener validez universal. El relativismo moral, por el contrario, puede decir: ¿por qué debo yo ser tolerante? Cada cual debe vivir según su moral y la mía me permite ser violento e intolerante».

Robert Spaemann. «Ética filosófica o ¿son relativos el bien y el mal?», en Ética: Cuestiones fundamentales (Moralische Grundbergriffe, 1982). Pamplona: Eunsa, 2010, 9ª ed.; 136 pp.; col. Astrolabio; ISBN: 978-84-313-2335-6.

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domingo, 22 de noviembre de 2009

Robert Spaemann:
«La indignidad es una característica que sólo poseen las acciones y las actitudes de las personas, esto es, de seres libres de los que esperamos un cierto grado de dignidad para que no nos produzcan una sensación penosa ni vergüenza ajena. El resentimiento, el odio, el fanatismo son actitudes intuitivamente opuestas a la dignidad, y humillar intencionadamente a alguien más débil que nosotros es una acción igualmente indigna que arrastrarse ante alguien más fuerte. La dignidad del hombre es inviolable en el sentido de que no puede serle arrebatada desde fuera. Sólo uno mismo puede perder la propia dignidad. Los demás solamente pueden vulnerarla no respetándola. Quien no la respeta no quita al otro su dignidad, sino que pierde la suya propia. No fueron Maximiliano Kolbe ni el P. Popieluszko quienes perdieron su dignidad, sino sus asesinos.

Lo que, con todo, sí que se puede quitar a los demás es la posibilidad de manifestar dignidad. Cuando el derecho romano prohibía que se crucificase a ciudadanos romanos no era solamente porque la muerte en la cruz era más dolorosa que la decapitación, sino sobre todo porque forzaba al ejecutado a adoptar una postura que lo exponía a las miradas de todos sin la posibilidad de ningún tipo de automanifestación. El ejecutado se ve confrontado con otros sin que, por su parte, esa confrontación tenga el carácter del mostrarse que resulta esencial para la comunicación personal. La situación es objetivamente indigna.

También la costumbre de la exposición en la picota tenía el sentido de entregar al reo a las miradas de todos en una situación de indignidad objetiva. El arte cristiano se ha ejercitado una y otra vez de forma siempre renovada en este “asunto repulsivo” (Goethe) a fin de, con todo, hacer visible la dignidad del crucificado precisamente en esa situación de indignidad objetiva. El crucificado queda así expuesto a las miradas durante milenios, pero ahora como objeto de adoración. La cruz es un paso para la interiorización radical del concepto de dignidad».

Robert Spaemann. «Sobre el concepto de dignidad humana», en Limites, acerca de la dimensión ética del actuar (Grenzen, Zur ethischen Dimension des Handelns, 2001). Madrid: Eiunsa, 2003; 512 pp.; col. Ética y sociedad; trad. de Javier Fernández Retenaga y José Carlos Mardomingo Sierra; ISBN 10: 84-8469-074-1.

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domingo, 15 de febrero de 2009

Robert Spaemann:
 «Los mayores crímenes del siglo XX, la ejecución de millones de hombres, no sucedieron porque esos hombres fueran supuestamente malos sino porque, según se decía, eran objetivamente perniciosos, es decir, porque dada su pertenencia a una clase o a una raza, se hallaban en una relación antagónica respecto de los hipotéticos intereses de sus verdugos. El relativismo, que prohíbe —si se hace pretendiendo darle validez universal— denominar malos a los actos de esos verdugos, no sería sino la definitiva traición a las víctimas. Quien dice que también se puede matar a la propia madre —dice Aristóteles señalando los límites del discurso— no merece argumentos sino reprimendas».

Robert Spaemann. Felicidad y benevolencia (Glück und Wohlwollen, 1989). Madrid: Rialp, 1991; 285 pp.; col. Cuestiones fundamentales; trad., notas y estudio introductorio de José Luis del Barco; ISBN: 84-321-2689-6.

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domingo, 21 de diciembre de 2008

Robert Spaemann: «Creo que deberíamos emplear la palabra progreso solamente en plural. Hay progresos en medicina, en genética, en la fabricación de bombas atómicas; los hay deseables y los hay indeseables. La idea de que la humanidad globalmente se dirige hacia el progreso en singular, en el sentido de que en su totalidad avanza siempre hacia un mundo mejor, me parece una superstición que ha dominado en Europa durante trescientos años. Pero hoy esa superstición está llegando a su definitivo final».

Robert Spaeman. Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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domingo, 26 de octubre de 2008

Explica Robert Spaemann que «la palabra “multiculturalidad” posee un doble significado. Por un lado apunta en la dirección de que la riqueza del mundo radica en que en él se dan muchas culturas. Pero, por otro, apunta en una dirección opuesta pues la conservación de cada una de esas culturas requiere un espacio suficiente. Pongamos un ejemplo: la cultura del domingo sólo se da en tanto en cuanto el domingo no es una cuestión meramente privada; sólo si es algo público puede entonces desarrollarse un determinado estilo de domingo. Por tanto, multiculturalidad en un mismo territorio, en último término sólo puede significar una cierta eliminación de todas las culturas diversas que conviven en él a favor de una asimilación cultural».

Robert Spaeman. Texto de una entrevista del año 2000 contenida en Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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domingo, 19 de octubre de 2008

Para responder a si hemos de relativizar todas nuestras convicciones o hemos de combatir por ellas, Robert Spaemann pone un ejemplo: si tengo la convicción de que la ablación femenina es algo malo, consideraré falsa la convicción contraria y la combatiré; de otro modo no podría considerar mi convicción como tal. Y cuando le preguntan cómo no asociar convicciones con intolerancia, explica que las convicciones son teóricamente intolerantes pero que una intolerancia teórica no implica una intolerancia práctica. Así, continúa, quien prescribe un medicamento no tiene por qué obligar al otro a tomarlo. Es decir: se puede tener la convicción de que no se puede forzar a otras personas en cuestiones de convicción.

Robert Spaeman. Texto modificado de una entrevista del año 1999 contenida en Ética, política y cristianismo (2007). Madrid: Palabra, 2007; 299 pp.; col. Biblioteca Palabra; ed. de José María Barrio, trad. de José María Barrio y Ricardo Barrio; ISBN: 978-84-9480-106-6.

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