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Notas del archivo 'Escritores (consejos para)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 12 de noviembre de 2016

Algunas citas más de Sobre la escritura, de Francis Scott Fitzgerald, esta vez a propósito de su formación como escritor, con algunas opiniones sobre autores y novelas.

—«Me considero, en literatura, un ladrón profesional que busca ávidamente las mejores técnicas de todos y cada uno de los escritores de su generación».

—«El talento que madura pronto suele ser el poético, y el mío lo es en gran medida. El talento para la prosa depende de otros factores: hay que saber asimilar y elegir con cuidado el material literario o, para decirlo sin rodeos, tener algo que decir y un modo interesante y muy refinado de decirlo».

—«Haz el favor de no dejar los grandes libros a medio leer; de lo contrario no sacarás ningún provecho de ellos, los estropearás para ti».

—«No lograrás forjar un buen estilo a menos que te empapes de media docena de grandes escritores cada año. Mejor dicho: llegarás a tener un estilo, que no será, sin embargo, una amalgama inconsciente de todos los autores que admires, sino un simple remedo del último que hayas leído».

—«A muchos escritores, Conrad entre ellos, les ha beneficiado el hecho de formarse en un oficio totalmente ajeno a la literatura. Así han obtenido abundante material literario y, lo que es más importante, una perspectiva desde la que contemplar la realidad. En gran parte de la literatura actual se echan en falta las dos cosas: los autores no tienen una visión del mundo ni nada en que inspirarse, aparte de la experiencia acumulada en una vida puramente mundana. Sin embargo la gente, por lo general, no vive en playas ni en clubes de campo».

—«Me fascinó» El despertar, de Marjorie K. Rawlings. «Envidio la facilidad con la que escribe los episodios de acción, como ese tan complicado de la caza, que yo me habría guardado de escribir, sabiendo que seguramente me iba a salir forzado. En su caso todo fluye con naturalidad; los personajes piensan, hablan, sienten ininterrumpidamente, y el lector con ellos».

—«Si quieres un antiinflamatorio, lee Casa desolada (el mejor libro de Dickens); si quieres explorar el mundo emocional —no ahora, sino dentro de unos años—, te sugiero Los hermanos Karamázov. Entonces verás de lo que es capaz la novela / hasta dónde se puede llegar en la novela».

—«Una novela me puede interesar por cualquiera de estas dos razones: que sea completamente original y sincera, como La roja insignia del valor […], o que esté escrita por un autor de extraordinario talento, como Mark Twain o [Booth] Tarkington. Una gran novela reúne los dos elementos».

—«Las frases elogiosas que se ponen en las cubiertas de los libros no son más que patrañas; pero puede que este sea solo el punto de vista de un escritor y que el lector corriente no se dé cuenta del intercambio de favores que hay detrás de la mayoría de ellas».

Francis Scott Fitgerald. Sobre la escritura (F. Scott Fitzgerald on Writing, 1985). Alba, 2014; edición para Kindle; trad. de Pablo Sauras; prólogo de Charles Scribner III; introd. y ed. de Larry W. Phillips; ASIN: B00OROEEYI. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 18 de diciembre de 2015

Como anuncié, algunas citas de Samuel Johnson,  esta vez a propósito del oficio de los escritores:

—«La poesía es el arte de unir el placer con la verdad, apelando a la imaginación para que apoye la razón».

—No «se es un poeta hasta que se ha alcanzado la plenitud del lenguaje; y sea capaz de distinguir las distintas sutilezas enunciativas y todos los colores de las palabras, y sea capaz de ajustar los diferentes sonidos a todas las variedades de modulación métrica».

—«Un poeta pasa por encima de las diferencias casuales de un país o de una condición, como un pintor que, satisfecho de la figura, se desentiende de los vestidos».

—«En cualquier época el escritor tiene la obligación de mejorar el mundo, y la justicia es una virtud independiente del tiempo y del lugar».

—«Aquellos escritores preocupados por la novedad no podrán aspirar a la grandeza, pues los asuntos importantes no pueden haber escapado a la observación previa».

—«La composición de una obra más bien presupone el esfuerzo de ralentizar la diligencia y acelerar la perseverancia, y conseguir que la mente sea arrastrada por la conveniencia y la resolución, antes de verla adentrarse cada poco tiempo en un nuevo entretenimiento agradable».

—«Muchas causas pueden viciar el juicio de un escritor hacia sus propios trabajos: le concede un valor elevado a aquello que le ha costado mucho trabajo, pues no está dispuesto a pensar que ha sido diligente en vano; lo que ha sido producido sin un esfuerzo fatigoso se considera, con deleite, como prueba de unas facultades vigorosas y de una invención fértil; y la última obra, independientemente de que trate, cuenta necesariamente con la gracia de la novedad».

Samuel Johnson. Ensayos literarios. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2015; 580 pp.; trad. de Gonzalo Torné de la Guardia, Antonio José Rodríguez Soria, Ernesto Castro Córdoba; edición y prólogo de Gonzalo Torné; ISBN: 978-84-15863-87-8. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 23 de noviembre de 2013

Borges: «En literatura todo es tan misterioso, es como una especie de magia, yo digo, uno está jugando con palabras, y esas palabras son dos cosas, ante todo, o varias cosas: cada palabra es lo que significa, luego, lo que sugiere, y luego, el sentido. Y ahí ya tenemos esos tres elementos que hacen que cada palabra sea muy compleja. Y luego, como el arte, como la literatura consiste en combinar esas palabras, tiene que haber una suerte de equilibrio entre esos tres elementos: el sentido, la sugestión, la cadencia».

Jorge Luis Borges y Osvaldo Ferrari. Diálogos (1992). Selección de sesenta de las noventa conversaciones radiofónicas que tuvieron los autores entre 1984 y 1985. Barcelona: Seix Barral, 1992; 383 pp.; ISBN: 84-322-4677-8.

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domingo, 8 de septiembre de 2013

Samuel Johnson:
«Tal vez no sea del todo inútil, para quien se adentra por vez primera en el mundo de las letras, saber que es preferible fiarse más bien poco de las propias habilidades y ser capaz de imaginar que posiblemente no le valgan más que desprecio; que es posible que la naturaleza no lo haya escogido para aumentar o embellecer significativamente el conocimiento, ni lo haya señalado, por su indiscutible superioridad, para legislar la conducta del resto de la humanidad; que si bien es cierto que el mundo se encuentra aún sumido en la ignorancia, nadie lo ha destinado a despejar los nubarrones o brillar con luz propia como una de las luminarias de esta vida. Si duda de estas verdades, no hay catálogo de biblioteca que no se las confirme al punto y meridianamente: allí podrá consultar multitudes de nombres de autores que, hoy ya olvidados, un día fueron no menos laboriosos y confiados, y que, al igual que hoy le sucede a él, se sintieron satisfechos de sus obras, queridos por sus protectores y ensalzados por sus amigos».

Samuel Johnson. «El futuro», artículo del 24 de marzo de 1750, The Rambler, en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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domingo, 4 de diciembre de 2011

Como muchas veces se ha encontrado con aspirantes a escritores que le piden consejo, P. D. James da, en sus memorias, cuatro principios que considera importantes:

«El primero es leer mucho, no para copiar el estilo de otro sino para aprender a reconocer y apreciar una buena redacción y para ver cómo otros escritores consiguen el resultado. La mala redacción, por desgracia, es contagiosa y debería evitarse el contacto con ella.

Practicar la escritura en todas sus formas; el oficio se aprende practicando, no hablando de él. A algunas personas les ayudan los cursos de escritura o los círculos de escritores, pero no son para todo el mundo.

Aumentar el vocabulario; la materia prima del escritor son las palabras y, cuantas más tengamos a nuestra disposición y podamos usarlas con efectividad y seguridad, mejor.

Agradecer toda experiencia. Eso significa vivir la vida con todos los sentidos alerta: observar, sentir, relacionarse con otras personas. Nada de lo que le pasa a un escritor cae en saco roto».

P. D. James. La hora de la verdad (Un año de mi vida) (Time to be in Earnest, 1999). Barcelona: Bruguera, 2008; 347 pp.; col. Bruguera ensayo; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-84-02-42056-5.

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sábado, 22 de noviembre de 2008

Cuando le dicen a Monterroso que algunos escritores no se atreven a rebelarse contra el establishment, responde así: «Rebelarse contra el establishment es muy fácil. Incluso es una rebelión hasta cómoda, porque si uno fracasa como escritor siempre le queda el consuelo de que fue por culpa del establishment. Por otra parte, son precisamente los llamados rebeldes los que más le gustan al establishment. No, yo creo que la rebelión viene dada siempre por una obra bien hecha».

Augusto Monterroso. Entrevista del año 1980, Viaje del centro de la fábula. Madrid: Alfaguara, 2001; 191 pp.; diez entrevistas entre los años 1969 a 1994; ISBN: 84-204-4259-3.

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sábado, 15 de noviembre de 2008

«La cualidad principal de la prosa es la precisión: decir lo que se quiere decir, sin adornos ni frases notorias. En cuanto la prosa “se ve”, es mala». Y, más adelante, Augusto Monterroso pone algunos ejemplos: «“La negra noche tendió su manto” es un ejemplo de lo que no debe hacerse nunca en prosa. “Cayó la noche” ya es menos malo, pero sigue dando idea de “literatura”. Lo mejor es: “Se hizo de noche” o “Llegó la noche”. Cualquier otra forma de decir esto es basura».

Augusto Monterroso. Entrevista del año 1980, en Viaje del centro de la fábula. Madrid: Alfaguara, 2001; 191 pp.; diez entrevistas entre los años 1969 a 1994; ISBN: 84-204-4259-3.

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sábado, 18 de agosto de 2007

Chéjov
escribe a su hermano:

«¿Dónde has visto cónyuges como los de tu relato, que discurren conferencias durante la comida? Y ¿cuándo se han celebrado sobre la faz de la tierra semejantes conferencias?

Ten respeto por ti mismo, en el nombre de Cristo, y no dejes correr la pluma cuando tu cabeza esté cansada. No escribas más de dos cuentos por semana, acórtalos y reelabóralos para que la obra quede bien. No inventes sufrimientos que no has experimentado, no describas paisajes que no has visto, ya que en un cuento la mentira resulta más molesta que en una conversación.

Recuerda a cada momento que tu pluma y tu talento te serán de mayor utilidad en el futuro que ahora, así que no los profanes... Escribe y vigila cada línea para no cometer errores».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores.

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jueves, 31 de mayo de 2007

Cuelgo hoy la ficha completa de Katherine Paterson, citada varias veces, la última con ocasión de la película basada en su libro Un puente hasta Terabithia.

En el interior está otro texto suyo recogido en The Invisible Child, en una traducción que apareció en la revista Amigos del Libro n. 45, del año 1999, y que pertenece a las palabras de recepción del Premio Andersen: «Hace años, cuando me preguntaban por qué escribía para niños, yo daba una respuesta frívola: “Yo no escribo para niños”, decía. “Escribo para mí misma y después voy al catálogo del editor para ver lo vieja que soy”. Pero no escribo para mí misma, escribo para niños. Nunca debería bromear con eso. Debo respeto a los niños. Ni puedo ser sentimental con respecto a los niños. Los únicos que pueden ser sentimentales con los niños son los que no conocen a ninguno (...). Pero escribir para ellos es una enorme responsabilidad, y quien escribe para ellos nunca debe olvidar este hecho. (...) (Los niños) nunca deben quedarse fuera de mi cuarto cuando estoy trabajando. No importa lo perdida que yo me encuentre en el relato, antes tengo que recordar que escribo para niños: debo hacerlo así, con honradez, respeto y compasión (...). Tenemos que ser lo bastante valientes para dar a los niños relatos que tengan el poder de curar».

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domingo, 22 de abril de 2007

Antón Chéjov: «Odio la mentira y la violencia en todas sus formas. [...] El fariseísmo, la cerrazón y la arbitrariedad no sólo reinan en las casas de los comerciantes y en los calabozos; yo las intuyo también en la ciencia, en la literatura, entre los jóvenes... Por el mismo motivo no siento una predilección especial por los gendarmes ni por los carniceros ni por los científicos ni por los escritores ni por los jóvenes. Considero un prejuicio las insignias y las etiquetas. Mi sancta sanctorum es el cuerpo humano, la salud, el intelecto, el ingenio, la inspiración, el amor y la libertad absoluta; liberarme de la violencia y de la mentira bajo cualquier forma: ése es el programa al que me atendría si fuese un gran artista».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores.

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sábado, 14 de abril de 2007

A propósito de las descripciones de la naturaleza explica Chéjov que «deben dejarse a un lado lugares comunes del tipo: “El sol poniente, sumergiéndose en las olas ya oscuras del mar, inundaba de un oro purpúreo, etc., etc.”, “las golondrinas, volando sobre la superficie del agua, piaban alegremente”». Un suceso de efecto fuerte, como un destello de relámpagos lejanos, basta «con recordarlo una sola vez, como de pasada, sin subrayarlo, de otro modo la impresión se debilita y se destruye el estado de ánimo del lector».

El autor ruso dice también que «hay que fijarse en los pequeños detalles y reagruparlos de tal manera que el lector, cerrando los ojos, vea el cuadro delante de él. Por ejemplo, podré comunicar la impresión de una noche de luna si escribo que en el dique del molino un casco de botella centelleaba como una radiante estrella y la sombra de un perro o de un lobo rodaba como una peonza, etc. La naturaleza aparece animada siempre que no se recurra a comparaciones entre sus manifestaciones y las acciones humanas».

En otro momento indica que se ha de evitar el antropomorfismo, asimilar la naturaleza al hombre, como cuando se afirma que «el mar respira, susurra, habla, está desconsolado, etc.; esas asimilaciones hacen las descripciones bastante monótonas, unas veces empalagosas y otras oscuras; en las descripciones de la naturaleza el color y la expresión se alcanzan sólo con la sencillez, con frases sencillas del tipo “el sol se puso”, “empezaba a oscurecer”, “llovía” y otras por el estilo».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores.

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jueves, 12 de abril de 2007

A propósito de algunas explicaciones psicológicas que salpican no pocos relatos, he aquí un comentario de Chéjov:

«Un psicólogo no debe pretender que entiende lo que no entiende. Es más, un psicólogo no debe dar la impresión de que entiende lo que nadie entiende. No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Sólo los imbéciles y los charlatanes creen comprenderlo todo».

Antón Chéjov. Sin trama y sin final: 99 consejos para escritores.

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jueves, 7 de septiembre de 2006

David Lodge: «La tarea que me impongo, lo que me esfuerzo por alcanzar —escribió Joseph Conrad en el prefacio a uno de sus relatos— sin otra ayuda que la de la palabra escrita que vosotros oís, consiste en haceros sentir, en haceros sobre todo ver. Esto, y sólo esto. Esto es todo, simplemente».

David Lodge. La conciencia y la novela - Crítica literaria y creación literaria (Consciousness and the Novel, 2002). Barcelona: Península, 2004; pp.; col. Atalaya; traducción de Miguel Martínez Lage, con la colaboración de Eugenia Vázquez-nacarino; ISBN: 84-8307-610-1.

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viernes, 23 de septiembre de 2005

Existen escritores tan o más vanidosos que Sherlock Holmes pero que, como él, hacen bien su trabajo. Sin embargo, personalmente me resulta más simpática la actitud de un tipo tan misterioso como B. T. Traven, el autor de El tesoro de Sierra Madre: «No creo ser una persona que deba ocupar el centro del escenario. Siento que soy un trabajador que, como tantos trabajadores, aporta su grano de arena para hacer que la humanidad adelante otros pasos. Me siento como un grano de la arena de la que está hecha la tierra. Mis obras son importantes, mi persona no lo es».

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martes, 22 de marzo de 2005

Ante tanto afán de publicar y de vender es oportuno el consejo de un maestro como Robert Louis Stevenson en uno de sus Ensayos literarios (Hiperión, 1988): «En literatura, como en nuestra conducta, nunca podemos esperar haber acertado completamente. Lo único que podemos hacer es asegurarnos lo más posible, y para ello sólo existe una regla: no hacer precipitadamente aquello que puede hacerse despacio».

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lunes, 17 de enero de 2005

Sancho a Sansón: «¿Al dinero y al interés mira el autor?: maravilla será que acierte, porque no hará sino harbar, harbar, como sastre en vísperas de pascuas, y las obras que se hacen apriesa nunca se acaban con la perfección que requieren» (harbar = hacer algo deprisa).

Don Quijote de la Mancha.
Capítulo IV, 2ª parte.

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