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Notas del archivo 'Novelas «históricas» (antigüedad)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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WilliamsonHitita.JPG
jueves, 26 de febrero de 2015

Después de preparar la nota sobre Abram y su gente, pensé qué novelas históricas ambientadas en los escenarios del Antiguo Testamento he puesto aquí y me salen: Adara, Los ojos del ciego, Mis gloriosos hermanos. Así que añado una más ahora, en inglés: Hittite Warrior, de Joanne Williamson.

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jueves, 9 de enero de 2014

Hay que aplaudir que Plataforma editorial esté publicando en castellano, por fin, las novelas de Rosemary Sutcliff. Es una pena, sin embargo, que una novela como Una espada al atardecer, tal vez la más poderosa de toda su producción, haya llegado a las librerías sin una revisión completa de las erratas que contiene. Como, además, los lectores naturales de Sutcliff no son los de los bestsellers sino los que aprecian la calidad literaria, estos fallos se acusan más. También, dado el tipo de relato, hubiera sido conveniente un mapa, o varios, más claro que el actual.

En la nota introductoria Sutcliff explica que, de acuerdo con los datos de los historiadores y de los arqueólogos, detrás de la leyenda artúrica no hay un caballero de armadura reluciente, ni Mesa Redonda, ni un Camelot, sino un jefe de guerra romano-britano del siglo V al que le pareció que valía la pena luchar por «los últimos destellos de la luz de la civilización cuando las tinieblas de la barbarie llegaron como una gran inundación». De acuerdo con esto, «a partir de fragmentos de hechos conocidos, de similitudes, de deducciones y de puras y simples suposiciones», presenta «el tipo de hombre que pudo ser ese jefe de guerra y la historia de su larga lucha». Es él mismo quien la cuenta cuando, después de su última batalla, recuerda su pasado. Se mantienen, eso sí, los elementos básicos de la leyenda artúrica: «el pecado que lleva consigo su propio castigo; la Hermandad rota por el amor entre la esposa del líder y su amigo más íntimo»; y «el Rey Sagrado, el líder cuyo derecho divino en última instancia le lleva a morir por el pueblo».

La escritora dedicó a esta novela mucho tiempo y, cuando la comenzó, después de varios intentos fallidos, vio que debía usar un narrador en primera persona y no, como en sus otras novelas, en tercera. El relato empieza pocos años después del final de Los guardianes de la luz, donde aparecía ya el joven Artos el Oso, hijo ilegítimo de Utha, hermano mayor de Ambrosio, el Alto Rey de Britania. Con poco más de veinte años, Artos, un joven de gran estatura, fuerte y diestro, forma una Compañía de trescientos hombres a caballo para combatir, allí donde aparezcan, a los Lobos del Mar, los invasores sajones, y a sus aliados del interior de la isla. Para eso prepara, previamente, unas nuevas camadas de caballos, más altos y robustos que los que tenían hasta entonces. Su éxito militar y humano crecientes contrastan con las insatisfacciones personales que provendrán del hijo que tuvo en su juventud, Medraut, y de sus faltas de tacto en las relaciones con su esposa, Guenhumara.

La narración es pausada, como es habitual en Sutcliff y como corresponde al tipo de narrador. Las descripciones son magníficas. La crueldad de algunas acciones y batallas están varios peldaños por encima de obras anteriores de la autora, de ahí que a esta novela no se la suela considerar juvenil. Quedan bien perfilados los personajes principales, sin frivolidad alguna, como a veces ocurre cuando llega el momento de narrar el enamoramiento entre Guenhumara y Bedwyr, su segundo, muy lejano del Lancelot habitual en otras recreaciones. Tanto los momentos de amistad como los de confrontación tienen mucha intensidad. No falta el guiño habitual de Sutcliff a Kipling en el «buena caza» que los hombres se desean unos a otros, ni los toques que unen esta novela con las previas y posteriores de la autora.

El motivo temático es el mismo de Los guardianes de la luz: los protagonistas tienen la conciencia de que Britania era el último bastión del mundo occidental y que no podían dejar que se apagara esa última luz de civilización. Al modo de los héroes de grandes novelas inglesas escritas en los mismos años —tan diferentes entre sí como El Señor de los anillos, de Tolkien, o la trilogía Espada de honor, de Evelyn Waugh—, también Artos y sus compañeros hacen frente a su tarea con la idea clara de que les espera la derrota. Cuando Artos le pregunta a Ambrosio cuánto tiempo cree que podrán resistir antes de que les engulla definitivamente la oscuridad, Ambrosio responde: «Sólo Dios lo sabe. Si hacemos bien tu trabajo y el mío, quizás otros cien años».

Rosemary Sutcliff. Una espada al atardecer (Sword at Sunset, 1963). Barcelona: Plataforma editorial, 2013; 640 pp.; col. Histórica; trad. de Francisco García Lorenzana; ISBN: 978-84-15115-80-9.

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jueves, 14 de noviembre de 2013

Otra novela traducida al castellano de Rosemary Sutcliff: Los lobos de la frontera. Tiene un poco menos de fuerza que las que la preceden y la siguen, según el orden cronológico de la serie a la que pertenece, pero mantiene con suficiencia un nivel alto.

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jueves, 23 de mayo de 2013

Una escritora escocesa que falleció hace poco: Mollie Hunter. De los libros suyos que conozco me gustó La fortaleza, una novela que se sitúa en los siglos que se construyeron los broch. Tampoco está en el mercado ahora y ha de buscarse en bibliotecas.

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jueves, 22 de diciembre de 2011

Después de leer «esta se la tienen que apuntar. Háganme caso», cogí en la biblioteca El águila en la nieve, del inglés Wallace Breem (1926–1990). 

Año 406. El general Máximo defiende la frontera en el Rin con una sola legión. Cuando sus peores temores se cumplen, pues el río se hiela, ha de hacer frente a las tribus bárbaras (de alanos, cuados, marcomanos, alamanes y vándalos) que desean imperiosamente ocupar la Galia. Cuenta la historia el mismo Máximo, cuando ya es un anciano. Antes de llegar al momento cumbre de su relato, habla rápidamente de su familia, de su primo Juliano, con el que tendrá enfrentamientos más adelante, y de su época en Britania, donde se casó y donde murió su esposa, y donde hizo amistad con Quinto, un gran oficial de caballería que le acompañará ya siempre. Después el relato se ralentiza y se centra en todas las disposiciones que va tomando para cumplir la misión que le han encomendado.

La historia tiene tres apoyos principales. Uno, la descripción de la personalidad de Máximo: su carácter íntegro y su lealtad a Roma —ciudad que nunca pudo visitar—, su competencia profesional y su dureza casi sin paliativos, sus creencias religiosas mitraístas. Otro, la presentación del conflicto fronterizo, con el funcionamiento de la maquinaria burocrática del imperio en las ciudades lejanas, el juego canalla de las negociaciones entre romanos y bárbaros, el agobio de los pueblos del otro lado de la frontera, enemistados entre sí y presionados a su vez por los hunos, etc. Y un tercero, los aspectos relativos a las operaciones y movimientos de tipo militar, una cuestión que no se puede seguir bien en la edición española que conozco, pues no tiene mapas, un incomprensible fallo en un libro como este.

La narración es pormenorizada pero ágil. Logra transmitir los sentimientos crecientes de desesperanza y desmoronamiento del mundo conocido que podían tener algunas personas de la época. La tensión va en aumento pues, en efecto, se sabe que lo inevitable se acerca, la batalla final es verdaderamente trágica e intensa, y el punto de vista narrativo es perfecto para comunicar al lector todos los vaivenes de pesimismo y optimismo del bando romano. Luego, tal como hacen otros escritores digamos que de la misma raza —yo compararía parcialmente a Breem con Rosemary Sutcliff, y he visto que otros le comparan con Robert Graves o Mary Renault, escritores que yo no conozco lo bastante—, los diálogos son magníficos, tal vez demasiado buenos, pero en cualquier caso es muy de agradecer tanto cuidado e inteligencia en cada intercambio dialéctico.

Wallace Breem. El águila en la nieve (Eagle in the Snow, 1970). Madrid: Alamut, 2008; 319 pp.; col. Serie histórica; trad. de Núria Gres; ISBN: 978-84-9889-015-0. [Vista del libro en amazon.es]

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BanksTigreT.jpg
jueves, 1 de septiembre de 2011

Después de Grano de trigo y de Gladiador, otra novela situada esta vez en el siglo III del Imperio Romano, que también cabe llamar histórica por más que el emperador al que se refiere nunca existió, y que combina más equilibradamente que aquellas los elementos exhortatorio y popular, es Tigre, tigre, de Lynne Reid Banks.

Dos cachorros de tigre capturados en la selva son destinados, uno al Circo Romano y otro a ser mascota de la hija del emperador, Aurelia, de doce años. La narración cuenta la evolución de cada uno: Cafre, el del circo, se convierte en un gran espectáculo por su fiereza; a Botas, el de Aurelia, lo castran, le arrancan los colmillos y le ponen unas botas, de ahí el nombre, para que no haga daño. Aurelia siente compasión por los animales y, cuando va con su padre al circo, no puede soportar el espectáculo y le avergüenza comprobar que la gente disfrute con la crueldad. Marcus, su primo y compañero de juegos, de diez años, presume de hombría en esa situación. Aurelia confía cada vez más en el cuidador de Botas, un esclavo joven llamado Julius, y él también se siente atraído por ella. Cuando Marcus y Aurelia, un día, deciden gastar una broma a Julius, Botas escapa.

Lo único que no encaja del todo bien en este relato son algunos tramos donde se cuentan las cosas como desde dentro de los tigres: no es excesivo, y sirve para mostrar el ridículo comportamiento de los «dospatas», pero no aporta nada significativo y resulta impropio en el contexto de una novela como esta. Porque, además, la historia es poderosa en lo que realmente importa: la evolución de la forma de pensar de Aurelia y su rechazo al circo, «no por miedo a morir en él, sino porque es una cosa indigna y perversa», así como su toma de partido a favor de los cristianos al ver que son tratados cruelmente. Luego, los comportamientos del Emperador, de su mujer, de Marcus y de Julius, son verosímiles también. Y el final, dentro de las posibilidades de un relato así y casi sin ninguna exageración más de la cuenta, deja un gran sabor a victoria.

Lynne Reid Banks. Tigre, Tigre (Tiger, tiger, 2004). Madrid: Bambú, 2010; 215 pp.; trad. de Lola Diez; ISBN: 978-84-8343-116-0.

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ScarrowGladiador.JPG
jueves, 25 de agosto de 2011

A diferencia de las novelas históricas de fondo exhortatorio, como las citadas Junia y Grano de trigo, «la novela popular no inventa situaciones narrativas originales, sino que combina un repertorio de situaciones “tópicas” conocidas de antemano, aceptadas, y totalmente del gusto de su público» (Umberto Eco). Es el caso de otro relato que se ambienta también en la Roma antigua como La lucha por la libertad, de Simon Scarrow, un autor experto en novelas históricas muy vendidas que inicia con este libro una serie juvenil.

Marco, de diez años, vive con su padre, un centurión romano retirado que combatió con Pompeyo contra Espartaco, y con su madre, Livia. Cuando su padre decide no pagar todo lo que les reclama un abusivo prestamista, este manda unos hombres que lo matan y venden como esclavos a Marco y a su madre. Marco termina como aprendiz de gladiador: es adiestrado para combatir durante casi toda la novela mientras crece su rivalidad con otro futuro gladiador, hasta que acaba enfrentándose a él con ocasión de una fiesta que su amo da para unos nobles romanos. Su destino, como es de suponer, da un giro al final, porque su pasado se aclara y porque se le ha de poner en la rampa de salida para nuevas aventuras.

El libro tiene una dedicatoria a Rosemary Sutcliff pero la forma de narrar de Scarrow se parece poco a la de Sutcliff. Es precisa en los detalles ambientales, eso sí, pero es lineal y sin grandes dibujos. Transmite bien la violencia de las acciones que se cuentan. Alguna vez recurre a expresiones que parecen tomadas de un cómic —en una pelea «la hebilla se hincó en su carne y Marco vio un brillante fogonazo de blancura y luego, mientras retrocedía tambaleándose, una espiral de chispas»—. También usa expresiones de hoy —sois una «manada de perdedores», increpa el instructor a los futuros gladiadores—. En cualquier caso, es una novela entretenida y eficaz.

Simon Scarrow. La lucha por la libertad: gladiador (Gladiador (t x d): Fight for freedom, 2011). Barcelona: Edhasa, 2011; 310 pp.; trad. de Carlos Valdés; ISBN: 978-84-350-4100-3.

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jueves, 18 de agosto de 2011

«La novela histórica, aparte de remitirse, como es natural, a la “verdad histórica”, es una novela de fondo exhortatorio, en la que predominan diversas virtudes presentadas como modelos positivos», dice Umberto Eco. Buenos ejemplos de lo anterior son Junia y Grano de trigo, dos novelas ambientadas en la Roma del siglo II, del norteamericano Michael E. Giesler. Entre ambas está Marco, novela no traducida.

Junia es uno de los grandes partidos de Roma, no sólo por ser hija de un senador romano en ascenso, sino por ser guapa y lista. Su mejor amiga, Marcia, es una chica de origen corintio, hija de un comerciante, y siempre la impresiona por su amabilidad y alegría. Se separan y Junia, al cabo del tiempo, se entera de que Marcia y su padre fueron martirizados en el circo por ser cristianos. Eso la trastorna y la conduce a buscar qué hay detrás de todo lo que se dice de los cristianos.

En Grano de trigo el protagonista es Marco, el hermano de Junia, que se había convertido al cristianismo en la segunda novela. En esta ocasión, después de haber estudiado filosofía, vuelve a Roma para dar clases. Al poco tiempo de llegar, cuando dice a su padre que es cristiano, es expulsado de su casa. Luego se suceden escenas, protagonizadas por él o por otros, dirigidas a mostrar la forma de vivir de cristianos de diferentes ambientes sociales y profesiones.

Junia es una novela que atrapa pues está bien contada y, como el autor es experto en la época, también contiene una vívida reconstrucción de muchos aspectos ambientales. La conversión de Junia y su enfrentamiento final con su familia está bien reflejados. En las dos novelas, pero más en Grano de trigo, abundan los diálogos explicativos acerca de puntos de la doctrina cristiana. También se describen costumbres y modos de pensar propios del momento. Al ser la tercera novela de una trilogía se da por supuesto que el lector ya conoce quién es quién. Serían novelas más poderosas, creo yo, si la posición del narrador fuera más contenida y no estuviera tan volcada en favor de sus héroes.

Michael E. Giesler. Junia (2003). Madrid: Palabra, 2003; 144 pp.; col. Astor; trad. de Ralph del Valle; ISBN: 84-8239-789-3.
Michael E. Giesler. Grano de trigo (Grain of Wheat, 2011). Madrid: Palabra, 2011; 252 pp.; col. Astor; trad. de Gloria Esteban; ISBN: 978-84-9840-531-1-6.

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miércoles, 8 de junio de 2011

Entre las muchas novelas juveniles norteamericanas de tipo más o menos histórico, una excelente, no publicada en castellano, es The Bronze Bow, de Elizabeth George Speare. Se ambienta en la época de Jesucristo y destaca por lo bien que dibuja la continua ebullición de los conflictos interiores del protagonista.

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miércoles, 23 de febrero de 2011

Ya que mencioné hace poco Mis gloriosos hermanos, otra novela bien construida que se desarrolla en el antiguo Israel y que sí es declaradamente juvenil —por sus personajes y porque cumple bien su función de encender el interés por su época—, es Los ojos del ciego, de Alison Morgan. Ha de buscarse en bibliotecas.

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jueves, 17 de febrero de 2011

He releído, recientemente, Mis gloriosos hermanos, de Howard Fast, una novela cuyo subtítulo es Judea contra Antioco IV. La lucha por la libertad. Y cuya dedicatoria dice: «A todos los hombres, judíos y gentiles, que dieron la vida en la antigua e inacabada lucha por la libertad y la dignidad humanas».

Cuando la leí por primera vez, hace años, no caí en la cuenta de que había sido editada en 1948, justo a la vez que la guerra de la Independencia del Estado de Israel: de ahí que insista tanto en la singularidad del pueblo judío, su amor irrenunciable por la libertad, etc. En cualquier caso, lo que he comprobado es que, leída hoy, esa insistencia no daña la novela, bien construida y bien narrada.

Es el único superviviente de los cinco hermanos, Simón, quien cuenta la rebelión de su padre y sus hermanos en un largo escrito que, al final, entregará a un legado romano que ha venido para elaborar un informe sobre los judíos; el último capítulo, antes de un breve sueño de Simón, será ese informe. Simón aparece como un hombre apesadumbrado por lo que ha vivido y, sobre todo, centra su relato en Judas Macabeo, como es lógico, a quien siempre admiró y envidió, un rencor interior que también le pesa.

A la narración de los hechos conocidos, con toda su dureza, la novela le suma esa componente de rivalidad entre los hermanos y todas las consideraciones que Simón hace para dejar claro a sus interlocutores las peculiaridades judías. En su favor hay que decir que no intenta suavizarlas o hacerlas más amables sino que, al contrario, subraya muchas veces la insolencia y arrogancia de los comportamientos de su gente.

Howard Fast. Mis gloriosos hermanos (My Glorious Brothers, 1948). Barcelona: Edhasa, 1995; 247 pp.; col. Narrativas históricas; trad. de Patricia Antón; ISBN: 84-350-0617-4.

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jueves, 28 de octubre de 2010

Aunque no sea un relato tan acabado como los demás de Rosemary Sutcliff publicados en castellano hasta el momento, Desterrado es excelente y también se ambienta en la época del dominio de Roma sobre Britania.

Beric, un niño romano de pocos meses que sobrevive a un naufragio, es educado en una tribu celta como uno más. Cuando tiene dieciséis años es desterrado debido a que un druida atribuye a su presencia las desgracias que sufre su pueblo. En la ciudad de Isca Dummnoniorum, a la que va con la intención de alistarse como legionario, es engañado por un mercader griego y hecho esclavo. En Roma es comprado por un magistrado romano de cuya casa termina huyendo. Capturado de nuevo, es condenado a galeras que, al cabo de un tiempo, han de navegar hasta Britania para llevar allí al legado Cornelio Cloro.

Como en las demás novelas de Sucliff, el protagonista es un hombre desplazado y maltratado por la vida. Esta vez, aunque no tenga ni ninguna tara física como en otras ocasiones, las desgracias van cayendo sobre él hasta casi abatirle por completo. He leído algunos comentarios acerca de que la reconocida fidelidad de Sutcliff a la hora de recrear los pormenores del pasado no se aplica, en este caso, al interior de las galeras romanas. En cualquier caso, su elegancia narrativa se nota en la contención con que presenta varias escenas brutales de peleas y de castigos, y en que sus descripciones precisas y poéticas tienen, como siempre, una gran capacidad de poner en pie a los personajes y de dar vida a lo que ocurre, así como un notable poder de conducir al lector a reflexiones de más alcance. Así, cuando Rhiada, un arpista ciego, escucha murmullos de admiración de las mujeres ante la puesta del sol, le pide a Beric que se la describa: «Beric se quedó un momento en silencio. ¿Cómo podía uno describir aquella luz aterradora, aquel hiriente resplandor a Rhiada, que vivía en la oscuridad?
—Es fuego, alas y una espada desenvainada —dijo finalmente».

Rosemary Sutcliff. Desterrado (Outcast, 1955). Barcelona: Plataforma Editorial, 2010; 300 pp.; trad. de Juan M. Valcárcel; ISBN: 978-84-96981-00-3. [Vista de la novela en amazon.es]

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jueves, 19 de agosto de 2010

Cartas de Nicodemo
,
de Jan Dobraczynski, es una novela histórica sobre la vida de Jesucristo que yo leí por primera vez hace ya unos cuantos años. Aparte de ser una reconstrucción imaginativa respetuosa con lo que conocemos. sus grandes aciertos narrativos son la perspectiva y la forma elegidas para contar las cosas.

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jueves, 8 de abril de 2010

Es una satisfacción que, por fin, se haya publicado en castellano The Silver Branch, la segunda de una conocida serie de novelas de Rosemary Sutcliff. La felicidad no es completa porque la edición tiene algunas erratas y ha sido titulada El usurpardor del Imperio: a una escritora tan minuciosa en todos los aspectos de su obra —argumentos, lenguaje, caracterización de personajes, ambientación histórica...—, se le deberían respetar sus títulos originales, puestos con tanto cuidado (pues también The Lantern Bearers se tradujo como Aquila, el último romano). Y siguen quedando muchas buenas novelas de Sutcliff sin traducir.

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LawrenceLadronesForo.jpg
miércoles, 28 de octubre de 2009

Un amigo me habló bien de la serie de relatos de Caroline Lawrence titulada Misterios Romanos y me dijo que le parecían apropiados para lectores en torno a diez-doce años, por lo que leí los cinco primeros: Ladrones en el foro, Los secretos del Vesubio, Los piratas de Pompeya, Asesinos en Roma y Los delfines de Laurentum.

Las historias comienzan el año 79 d.C. y sus protagonistas son: la intelectual y activa Flavia, de doce años, hija de un armador; el impulsivo Jonatán, también de doce, judío-cristiano e hijo de un médico; la intuitiva Nubia, de doce años, al principio una esclava que Flavia compra por su cumpleaños; y Lupo, un mendigo mudo, de ocho años, con unas cualidades excepcionales para dibujar. Como en otras series de pandillas, los protagonistas se meten o se ven metidos en sucesivos líos y salen siempre indemnes gracias a las distintas cualidades que tiene cada uno y, a veces, con la colaboración de los adultos de alrededor.

Los relatos están estructurados con habilidad y contados con oficio. Son amenos y cumplen su objetivo de dar información, de avivar la curiosidad por la Roma clásica, y de servir de puente hacia lecturas futuras. Según avanzan los libros, y las historias de unos y otros van entretejiéndose, se abren nuevos interrogantes y las coincidencias aumentan. La narración se centra en contar lo que pasa y en arreglárselas para ir dando explicaciones de cosas —mitos, creencias, costumbres, historia...—, que alguno de los presentes no conoce. Los protagonistas afrontan tareas muy por encima de su edad y algunas de sus emociones suenan artificiales o, más bien, suenan como podrían sentirlas chicas y chicos de ahora mismo. Pero, dada la edad de los destinatarios, el acento en la valoración de los libros, si están bien hechos como es el caso, no hay que ponerlo tanto en los defectos narrativos y literarios como en su eficacia, en que consiguen lo que pretenden: entretener y subir el nivel.

Caroline Lawrence. Ladrones en el foro (The Thieves of Ostia, 2001), Los secretos del Vesubio (The Secrets of Vesuvius, 2001), Los piratas de Pompeya (The Pirates of Pompeii, 2002), Asesinos en Roma (The Assassins of Rome, 2002), Los delfines de Laurentum (The dolphins of Laurentum, 2003). Barcelona: Salamandra, 2007 8ª ed., 2008 6ª ed., 2003, 2003, 2004; 192, 192, 191, 190, 187 pp.; trad. de Atalaire los dos primeros y de Raquel Vázquez Ramil los siguientes; ISBN 10: 84-7888-792-X, 84-7888-793-8, 84-7888-798-9, 84-7888-843-8, 84-7888-838-1.

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domingo, 17 de mayo de 2009

Catón el Viejo,
de Eugenio Corti, el autor de El caballo rojo, es una biografía novelada y contada como si fuera un guión para cine o para una serie de televisión. No está dividida en capítulos sino en escenas, los nombres de los personajes encabezan los diálogos, la narración usa expresiones como «Pausa» después de un comentario, «Fundido en negro» al terminar una escena, «La cámara enfoca...» para indicar lo que se contempla. No hay ninguna indicación en la edición que comento acerca de la finalidad del autor al escribir su libro que, por otro lado, tiene todos los rasgos de una novela histórica con deseos de ajustarse a los hechos documentados. El autor menciona los apoyos bibliográficos propios del caso e incluye anexos históricos explicativos en algunos momentos. Es un relato ameno porque Corti narra con claridad, sobriedad y dinamismo. Y lo es, también, porque Catón, cuya vida es rica en sucesos de todo tipo, fue un personaje decisivo en la configuración de la cultura europea, uno de los que Chesterton tenía en la cabeza cuando, en El hombre eterno, cuenta los enfrentamientos entre Roma y Cartago: «Si el paso del paganismo al cristianismo fue un puente al mismo tiempo que una ruptura, lo debemos a aquéllos que mantuvieron lo humano en el paganismo. Si, después de todo este tiempo estamos en cierto sentido en paz con el paganismo y podemos mirar con mayor agrado a nuestros padres, haríamos bien en recordar las cosas que sucedieron y las que podían haber sucedido».

Eugenio Corti. Catón el Viejo (Catone l’Antico, 2005). Salamanca: Sígueme, 2008; 384 pp.; col. El peso de los días; trad. de Fidel Argudo Sánchez; ISBN 13: 978-84-301-1678-2.

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jueves, 26 de febrero de 2009

Tres novelas decimonónicas muy populares durante décadas y que, aunque ahora les veamos las decoraciones de cartón-piedra como a las películas antiguas, siguen conservando personajes atractivos y escenas inolvidables: Los últimos días de Pompeya, de Edward George Bulwer-Lytton; Fabiola, del cardenal Nicholas Patrick Wiseman; Ben-Hur, del norteamericano Lewis Wallace.

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viernes, 30 de enero de 2009

Me alegra particularmente la edición de El Águila de la Novena Legión, una extraordinaria novela escrita en 1954 por Rosemary Sutcliff, que precede a The Silver Branch, no publicada en castellano, y a Aquila, el último romano, sí publicada por SM años atrás (con una enorme cantidad de guiones de diálogo mal puestos). La noticia es tan buena que no es el momento de lamentar que haya otras buenas novelas de Sutcliff no editadas en España —uno de tantos misterios editoriales—, sino el de dar la noticia para correr la voz y animar también a leer (o releer), a pesar de todo, Aquila, el último romano. Entretanto, seguro que algún editor presuroso traduce y publica The Silver Branch.

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jueves, 31 de agosto de 2006

Si Puertas de fuego me pareció una entretenida novela y me mantuvo interesado en todo momento, no me ha sucedido lo mismo con Vientos de guerra, otro relato de Steven Pressfield situado en la Grecia clásica y cuyo personaje central es Alcibíades. En este caso el autor no logra manejar bien una historia tan ramificada (quizá sea imposible), tampoco hace atractivos a sus personajes (quizá incluso se pasa de positivo con un pájaro de cuenta como Alcibíades), abundan los largos discursos, me ha parecido extraña la pintura que hace de Sócrates... En fin, que para saber algo sobre Alcibíades mejor leer la nota de mañana.

Steven Pressfield. Vientos de guerra (Tides of War, 2000). Barcelona: Grijalbo Mondadori, 2001; 494 pp.; trad. de Carlos Urritz y José Antonio Soriano; ISBN: 84-253-3573-6.

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jueves, 22 de junio de 2006

He disfrutado mucho con una novela sobre la batalla de las Termópilas titulada Puertas de fuego, de Steven Pressfield. Es un magnífico relato y una recreación cuidada de un mundo que homenajeaba el valor (no «los valores»...).

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miércoles, 21 de junio de 2006

Ya que mencioné ayer a Rosemary Sutcliff, una gran autora de novelas históricas, se puede recordar que la única novela de las suyas traducida al castellano, magnífica, es Aquila el último romano. No tengo explicación de por qué no lo están las demás.

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jueves, 18 de mayo de 2006

Si ayer elogiaba una novela de Geraldine McCaughrean, debo decir que me ha defraudado con No es el fin del mundo, pues en ella se mete de lleno, y no de forma ocasional o casual, en los terrenos pantanosos en los que caen muchos autores de hoy. En ese relato, varios narradores cuentan aspectos de la vida en el interior del Arca de Noé: los hijos del patriarca, sus esposas, su mujer, también algunos animales, y, sobre todo, Timna, una chica de unos diez años que es la hija menor de Noé («sé que mi nombre no figurará» en una historia donde sólo los hombres cuentan, nos advierte al principio). La narración está centrada en mostrar la progresiva rebelión de Timna, su hermano Jafet y su esposa Zila, y al final la misma mujer de Noé, ante los comportamientos rígidamente fanáticos y crueles de los demás. Los narradores son más que improbables por la mentalidad de hoy que reflejan y, además, es patente cómo la autora tira de los hilos aquí y allá con afán de que simpaticemos con unos y rechazemos a otros.

Geraldine McCaughrean. No es el fin del mundo (Not the End of the World, 2004). Madrid: Alfaguara, 2006; 237 pp.; col. Alfaguara, serie roja; trad. de José Miguel Pallarés; ISBN: 84-204-6974-2.

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miércoles, 16 de noviembre de 2005

Dentro de los relatos que vuelven a contar episodios bíblicos, uno que me ha parecido bien construido y literariamente cuidado es Adara, de Beatrice Gormley. Con un mapa de la zona y, quizá, reproduciendo el texto en el que se basa, creo que la edición sería más atractiva para los lectores perezosos.

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