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Notas del archivo 'Educación (sentido)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 18 de mayo de 2014

Viktor Frankl:
«En el lenguaje de la logoterapia aparecen varias ideas de “sentido”. Por una parte, se trata del sentido de la vida, de intentar dar un sentido a la vida, de llenar la vida de sentido. Por otra, en la intención de la logoterapia se entiende cada vez más por “sentido” el sentido concreto de una determinada persona que se encuentra enfrentada a una situación concreta. Este sentido es siempre único e irrepetible: único, por cuando sólo puede realizarse ahora, pues la situación es cambiante, y la vida una cadena de situaciones transitorias, y, por tanto, de posibilidades de sentido. Por eso el sentido, la posibilidad concreta de sentido, es algo único. Irrepetible, no sólo porque no vuelve de nuevo, sino también porque es insustituible. Por tanto, el sentido cambia de hora en hora y de hombre a hombre, ininterrumpidamente. Esta inconmensurabilidad configura también nuestra responsabilidad. Por eso debemos realizarlo.

En ninguna parte lo he visto más bellamente expresado que en el maestro Hillel: “si no lo hago yo, ¿quién lo hará? Y si no lo hago yo ahora, ¿cuándo debería hacerlo?”. Por una parte tenemos la singularidad de la persona; por la otra, la irrepetibilidad de la situación, y en tener lugar, la autotrascendencia. En realidad, si sólo hago algo para mí mismo, para mi tranquilidad interior, o bien para experimentar sensaciones de placer o de poder, de poco me sirve. No estoy siendo hombre, pues en ese momento y de ese modo no me trasciendo a mí mismo. En la práctica, al menos en una situación terapéutica, únicamente cabe hablar de un sentido particular. Claro que existe un sentido de la vida e incluso un sentido del mundo, que no vamos a abordar de momento. El sentido del mundo, del universo, es un super-sentido, imposible de captar intelectualmente. (…) Ni siquiera el sentido de la vida puede ser comprendido racionalmente.

Los sentidos particulares, al igual que el sentido de la vida, se comportan respecto al sentido global de la existencia de la misma manera en que los distintos planos de una película lo hacen con respecto a su totalidad. La película tiene un sentido global que sólo descubrimos si contemplamos todas las secuencias de imágenes. Así, en el mejor de los casos, el sentido de la vida únicamente se nos descubre al final del trayecto. Eso en nada cambia el hecho de que el sentido de la vida entera en modo alguno puede realizarse si no somos capaces de apreciar claramente el significado de cada secuencia concreta. Eso quiere decir que, si no cumplimos hic et nunc el sentido, según nuestro mejor ver y entender, resulta muy dudoso que lleguemos a realizar, al menos en su totalidad potencial, el sentido global de la existencia».

Viktor Frankl y Pinchas Lapide. Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo (Gottsuche und Sinnfrage. Ein Gespräch, 2005). Barcelona: Herder, 2005; 156 pp.; trad. de Gilberto Canal Marcos; ISBN: 84-254-2404-6. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 11 de mayo de 2014

Viktor Frankl:
«La educación debería impulsar en el joven el proceso de búsqueda de sentido. En efecto, la tarea de la educación no debe consistir únicamente en transmitir conocimientos sino también en afinar la conciencia del joven a fin de hacerlo suficientemente sensible para percibir las posibilidades de sentido y las exigencias de cada situación concreta. Sobre todo en una época en la que para muchos hombres parecen haber perdido su valor los diez mandamientos, es preciso capacitar al hombre para percibir los diez mil preceptos que se encierran en las diez mil situaciones a las que se ha de enfrentar.

Pero la educación misma no puede dar sentido. En realidad, el sentido no puede ser dado en absoluto, pues ha de ser hallado. No cabe “prescribir” un sentido. No se trata de eso, además de ser imposible, tampoco es ésa su finalidad y función. En principio, bastaría ya con que se dejara de bloquear el proceso de búsqueda de sentido. Tampoco el psiquiatra tiene la misión, por así decirlo, de devolver a los hombres la capacidad de creer y de conducirlos a la religión. Bastaría también con que los psiquiatras dejaran de predicar que Dios no es otra cosa que una imagen del padre, y la religión una neurosis obsesiva de la humanidad. Y sería bueno, igualmente, que los pedagogos cesaran de airear una imagen del hombre que mina en los jóvenes la normal orientación al sentido, todo su entusiasmo».

Viktor Frankl y Pinchas Lapide. Búsqueda de Dios y sentido de la vida. Diálogo entre un teólogo y un psicólogo (Gottsuche und Sinnfrage. Ein Gespräch, 2005). Barcelona: Herder, 2005; 156 pp.; trad. de Gilberto Canal Marcos; ISBN: 84-254-2404-6.
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domingo, 28 de julio de 2013

Dice Bauman: «La memorable sentencia de Robert Louis Stevenson: “Viajar con ilusión es mejor que llegar”, nunca ha sonado tan verdadera como ahora, en este líquido y fluido mundo moderno. Cuando los destinos cambian y aquellos que no lo hacen pierden sus encantos a más velocidad de la que la gente utiliza al caminar, los coches al correr o los aviones al volar, seguir en movimiento importa más que el destino. Evitar convertir en hábito cualquier cosa que se haga en cualquier momento o evitar atarse al legado del propio pasado, llevar la identidad actual como una camiseta que puede ser rápidamente reemplazada en el momento en que pasa de moda, despreciar las lecciones del pasado y desdeñar las aptitudes propias de otros tiempos y hacerlo sin ninguna inhibición o pena: todo ello se está convirtiendo en característica distintiva de las actuales políticas líquidas de la vida moderna, y en los atributos de la racionalidad líquida moderna. La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de “historiadores” y “etnógrafos”. A cambio, se nos aparece como “una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido»”.

Pero ni la sentencia de Stevenson ni la postura posmoderna que describe Bauman tiene mucha lógica, al menos según decía Chesterton y, antes todavía, según Samuel Johnson: «Quien dirige sus pasos hacia un determinado lugar, con frecuencia ha de levantar la mirada hacia el punto que se ha propuesto alcanzar; quien está sometido a penosas labores procura superar el desánimo imaginando su futura recompensa. En la agricultura, que es una de las ocupaciones más simples y necesarias, nadie se dedica a abrir surcos en la tierra como no sea pensando en la cosecha, la misma cosecha que las plagas pueden malograr, las inundaciones arrasar, o que la muerte y las calamidades pueden impedirle al labrador recoger».

Zygmunt Bauman. Sobre la educación en un mundo líquido. Conversaciones con Riccardo Mazzeo (On Education, 2012). Barcelona: Paidós, 2013; 151 pp.; col. Estado y sociedad; trad. de Dolores Payás Puignarnau; ISBN: 978-84-493-2811-4.
Samuel Johnson. «El futuro», artículo del 24 de marzo de 1750 en The Rambler, contenido en El patriota y otros ensayos (The Patriot y artículos escogidos). Madrid: El Buey Mudo, 2010; 238 pp.; trad. de Ana María Nuño y Mariano José Vázquez Alonso; selección de Carlos Segade; ISBN: 978-84-937417-7-8.

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Dadas las fechas viene a cuento una nota, fechada en Wilflingen el 24 de diciembre de 1968, de Ernst Jünger:

«De acuerdo con mi vieja costumbre, al atardecer del día de Nochebuena he llevado una vela al camposanto. La he hundido en la nieve hasta la mitad; la volvía translúcida. Allá arriba en el cielo pasaban nubes por delante de la pálida Luna; a esa misma hora estaba dando vueltas en torno a ella un equipo de norteamericanos.
Cuando yo coloco una vela en una sepultura, eso no causa ningún efecto, pero dice mucho. Brilla para el Universo, confirma su sentido.
Cuando los astronautas dan vueltas en torno a la Luna, eso causa mucho efecto, pero significa poco».

Ernst Jünger. Pasados los setenta I (1965-1970) - Radiaciones (Siebzig Verweht I Strahlungen III, 1982). Barcelona: Tusquets, 1995; 591 pp.; col. Andanzas; trad. de Andrés Sánchez Pascual; ISBN: 84-7223-848-2. [Vista del libro en amazon.es]

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JimLozanoPintorAlej.jpg
viernes, 22 de octubre de 2010

Un pintor de Alejandría,
de José Jiménez Lozano, es un relato ambientado en el siglo XV, contado con acentos humorísticos y una prosa rica y clara que imita el lenguaje propio de aquella época. Su argumento es que don Absalón, cura de un pueblo de Castilla, pide a su amigo Juan de Salinas que viaje a Oriente con el fin de hacer venir al famoso pintor Teón de Alejandría para que pinte un cuadro acerca del Juicio Final y sus efectos colaterales. Entre medias hay otros personajes y otras historias no menos singulares: los cántaros de Aurelia Agripina, la consoladora de Medinaceli; o las discusiones sobre las dificultades de pintar la salida del Arca de Noé.

Aunque, como el mismo autor explica en esta buena entrevista, su intención no es teológica sino componer un divertimento, de fondo está una idea que, en Una estancia holandesa, Jiménez Lozano explica del siguiente modo: «La idea de un Juicio Final de la humanidad es una idea genial por muchas razones, la primera de las cuales es que expresa la absoluta necesidad de que la injusticia y la maldad no puedan prevalecer, y la desgracia y el pisoteamiento de tantos seres humanos deben ser compensados. Es una necesidad ética, sencillamente, que haya esa “segunda vuelta”, la definitiva, que ponga las cosas en su sitio. ¡Ah!, pero nos permite también saber los finales de la gran novela humana, y ahí está la otra genial idea, así mismo, de un Gran Libro Escrito, in quo totum continetur, es decir, con todas y cada una de las vidas de los hombres, del que hablaba el antiguo Oficio de Difuntos».

A esas razones —una necesidad ética, conocer el final de historias que a todos nos intrigan— en la entrevista citada el autor dice que esa segunda vuelta es la del que ríe el último y, además, «¿quién no querría poder comprobar con alegría que incluso lo más oscuro de la historia se ha reparado y se ha vuelto hermoso?». En la novela, cuando un personaje pregunta si «el Juicio Final no será también para consolar a los tristes y para divertirse todo el mundo», el narrador cuenta que los señores de la Junta del Juicio Universal, los que están estudiando cómo había de ser el cuadro que pintará Teón, «dando vueltas al asunto estuvieron de acuerdo en que, pensándolo bien, y habiendo tan pocas alegrías verdaderas en el mundo, si la pintura del Juicio conseguía otorgársela a quien la mirase, esto sería el mayor efecto colateral de aquél. Y el Juglar de Gormaz añadió que, por algo y no en vano, había escuchado él un evangelio en una misa que hablaba del Juicio Último como de una boda para la que se mandaban invitaciones».

José Jiménez Lozano. Un pintor de Alejandría (2010). Madrid: Encuentro, 2010; 125 pp.; col. Literatura; ISBN: 978-84-9920-039-2. [Vista del libro en amazon.es]

José Jiménez Lozano. Una estancia holandesa: conversación - José Jiménez Lozano y Gurutze Galparsoro. Barcelona: Anthropos, 1998; 151 pp.; col. Fondo editorial del autor; ISBN: 84-7658-547-0.

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domingo, 25 de abril de 2010

Una idea a la que vuelve una y otra vez Ernst Jünger en el segundo tomo de Radiaciones está encerrada en la frase de Goethe «Pero en lo interior sí está hecho». En una entrada de fecha 12 de febrero de 1943 dice que los libros y los cuadros causan efecto incluso si nadie los ve o los lee, idea incomprensible para muchos en nuestro mundo, a medida que se «van sustituyendo los vínculos espirituales por los técnicos», pero tan cierta como que las oraciones de un monje son importantes aunque no las oigan aquellos por quienes rezan. Lo explica de modo completo en la última entrada del libro, del 2 de diciembre de 1948:
«“Pero en el interior sí está hecho”. Una frase para meditar sobre ella, llena de significado. Hay una terminación de nuestras acciones en lo absoluto, un complemento que es siempre independiente del éxito o del fracaso. Eso representa un gran consuelo.

Nuestras acciones son comparables a disparos que estuviesen animados de una fuerza doble. Por un lado son como flechas disparadas por el arco de la vida; esas flechas están sujetas al azar, a la fuerza de la gravedad, al viento. Dan en el blanco o fallan; no está en nuestras manos la trayectoria que siguen.
Pero, a la vez, la cuerda, al estar tensada también por la fuerza de amor, lanza la flecha hacia lo que está por encima de lo real, en una trayectoria recta, que alcanza su meta en lo invisible. Hay un segundo destinatario de nuestras palabras, de nuestros actos, de nuestros pensamientos.

Escribimos una carta a uno de nuestros allegados y la llevamos a correos. En el instante en que la echamos al buzón pensamos en su destinatario y nos invade la preocupación de si le llegará. Cuando reina el caos esta preocupación es muy grande. Y, sin embargo, resulta consolador el pensamiento de que, llegue o no a su destino, la carta la hemos escrito. Sentimos que eso ha introducido una modificación en el mundo. Es un sacrificio que hemos ofrecido, aunque nadie la lea. Pues “en el interior sí está hecho”.
Algo parecido ocurre con nuestra preocupación por los ausentes. Los pensamientos giran en torno a los guerreros, a los desaparecidos, a los prisioneros. Tal vez no nos lleguen nunca noticias de ellos, tal vez hasta varios años más tarde no nos enteremos de que cayeron en la guerra. Y nunca parecerá más fuerte el soplo de lo absurdo que cuando nos es preciso reconocer que estuvimos angustiándonos por una persona convertida en podre hacía ya tiempo. Pensábamos en ella como si estuviera viva. Hay algo maravilloso, sin embargo, en ese “como si”. Deberíamos pensar en cada muerto como si estuviera vivo, y en cada vivo, como si estuviera ya separado de nosotros por la muerte. Así nuestros deseos apuntan más alto, a la persona invulnerable. Y si tensamos bien el arco, experimentaremos el instante maravilloso en que nos llega la respuesta. Pues en el interior sí está hecho».

Ernst Jünger. Radiaciones II (Strahlungen II: Das zweite Pariser Tagebuch, Kirchhorster Blätter, Die Hütte im Weinberg -Jahre der Okkupation, 1979). Barcelona: Tusquets, 1992; 605 pp.; col. Andanzas; trad. de Andrés Sánchez Pascual; ISBN: 84-7223-480-0. Nueva edición en 2005; ISBN: 978-84-8310-442-2.


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domingo, 10 de agosto de 2008

Luigi Giussani: «Lo que caracteriza a la experiencia es entender una cosa, descubrir su sentido. La experiencia implica, por tanto, la inteligencia del sentido de las cosas. Y el sentido de una cosa se descubre en su conexión con el resto; por eso, la experiencia significa descubrir de qué sirve una determinada cosa para el mundo».

Luigi Giussani. Educar es un riesgo (Il rischio educativo, 1977, revisado en 1995). Madrid: Encuentro, 2006; 138 pp.; trad. de José Miguel Oriol; ISBN: 84-7490-787-X.

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viernes, 20 de junio de 2008

Y, continuando con lo de ayer, vale la pena recordar la obra de Viktor Frankl titulada El hombre en busca de sentido, que se puede contraponer a la de Levi porque refleja la misma dureza pero tiene un enfoque del que obtiene unas consecuencias diferentes. El autor cuenta su estancia en Auschwitz con una intención particular: «describir, desde mi experiencia y mi perspectiva de psiquiatra, cómo el prisionero vivía en el campo y cómo esa vida influía en su psicología». Así, Frankl se plantea que «la principal preocupación de los prisioneros se resumía en esta pregunta: ¿Sobreviviremos al campo de concentración? De no ser así, aquellos atroces y continuos sufrimientos, ¿para qué valdrían?» Sin embargo, dice, él se hacía «otra pregunta: ¿tienen algún sentido estos sufrimientos, estas muertes? Si carecieran de sentido, entonces tampoco lo tendría el sobrevivir al internamiento». En el mismo libro el autor completa su narración y sus reflexiones con una explicación breve de la logoterapia, llamada la «Tercera escuela vienesa de Psicoterapia», un método curativo que no es introspectivo ni retrospectivo como el psicoanálisis, sino que mira hacia el futuro y «se centra en el sentido de la existencia humana y en la búsqueda de ese sentido por parte del hombre».

Viktor Frankl. El hombre en busca de sentido (Der Mensch vor dem Frage nach dem sinn, 1945). Barcelona: Herder, 2013, 11ª ed. de la edición de 2004, revisada; 160 pp.; col. Psicología; trad. de Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti; edición y prólogo de José Benigno Freire; ISBN: 978-84-254-2331-4. [Vista del libro en amazon.es]

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domingo, 18 de noviembre de 2007

Gerhard von Rad: «Nuestra comprensión actual del mundo que nos rodea es totalmente distinta de la concepción que tenían los antiguos. La diferencia se podría formular en dos palabras. Lo que más llama la atención al observador moderno es lo que se sale de la regla, lo que él no puede encuadrar en su sistema de leyes. En cambio, el hombre antiguo se maravillaba de que, en todo ese caos del acontecer cotidiano, se pudiera detectar siempre una regularidad constante».

Gerhard von Rad. Sabiduría en Israel (Weisheit in Israel, 1982). Madrid: Cristiandad, 1985; 408 pp.; trad. de D. Mínguez Fernández; ISBN: 84-7057-377-2.

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sábado, 4 de agosto de 2007

Christian Bobin: «Aquí, allí, un poco en todos sitios: un pasadizo entre lo visible y lo invisible. Una ventana mal cerrada, una puerta entreabierta por la que llega un poco de luz. Sin lo invisible no veríamos nada, estaríamos en total oscuridad».

O, en otro sitio: «La vida eterna pasa, burlona, por la vida cotidiana. Se hace ver más que oír. Habla el lenguaje de los sordomudos: movimiento de las manos, claridad de los rostros».

Christian Bobin. Autorretrato con radiador. [Vista del libro en amazon.es]

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sábado, 24 de marzo de 2007

Unas citas del economista alemán de nacionalidad inglesa E. F. Schumacher:

«La manera en que experimentamos e interpretamos el mundo depende mucho de la clase de ideas que llenan nuestras mentes. Si son insignificantes, débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá insípida, aburrida, penosa y caótica».

«Una educación que no consiga clarificar nuestras convicciones centrales es meramente un entrenamiento o un juego. (...) La educación, lejos de ser el más grande recurso del hombre, será un agente de destrucción, de acuerdo con el principio corruptio optimi pessima».

(Una lástima, o una vergüenza, que la edición de este libro tan bueno sea tan mala).

E. F. Schumacher. Lo pequeño es hermoso (Small is Beatiful, 1973). Madrid: Hermann Blume ediciones, 2001, 9ª ed., 3ª reimp.; 310 pp.; col. Crítica / Alternativas; trad. de Oscar Magenet; apéndice de G. McRobie titulado “Lo pequeño es posible"; ISBN: 84-89840-27-X.

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