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Notas del archivo 'Relatos cortos (españoles e hispanoamericanos)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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martes, 29 de marzo de 2016

Pequeños cuentos para leer en 1 minuto, de Fernando Martínez y Mónica Sempere, son 24 relatos que ocupan menos de una página cada uno. Son de distinto tipo y prácticamente todos están inspirados en cuentos de hadas o en relatos infantiles conocidos. En unas instrucciones que se dan antes de comenzar se propone primero leerlos de un tirón y luego buscar pistas ocultas en las ilustraciones. Esto, si uno conoce el cuento original es fácil y, en ocasiones, más fácil aún, porque se menciona expresamente a un personaje, por ejemplo Pinocho, o un lugar, como Hamelín...., pero no siempre. Las imágenes, por otro lado, nos muestran las cosas con puntos de vista diferentes y, con frecuencia, tienen toques surrealistas. Hay que añadir que no son cuentos para niños pequeños ni, me parece, los más apropiados para lo que indica el título de la colección —leer antes de dormir—, sino, más bien, para quienes ya conozcan los cuentos a los que se aluden y tengan ya una cierta destreza lectora.

Fernando Martínez. Pequeños cuentos para leer en 1 minuto (2015). Texto de Mónica Sempere. Barcelona: Beascoa, 2015; 58 pp.; col. Libros para leer antes de dormir; ISBN: 978-84-488-4393-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 18 de febrero de 2015

Lo que cuentan las estatuas del mundo, de Montse Ganges, y con ilustracionses de Imapla, contiene siete relatos. Cada uno está contado por una estatua y es de algún suceso que «presenció»: la Estatua de la Libertad de Nueva York; el Chac Mool de Chichén Itzá, México; Ko Te Riku, un moái de la isla de Pascua; la Gran Esfinge de Guiza, Egipto; una gárgola de Santa María del Mar; las cariátides de Atenas; el dragón de Yuanmingyuan, Pekín. Al terminar cada historia —que son de distinto género, están ambientadas en diferentes épocas, y resultan atrayentes—, hay dos páginas con explicaciones sobre cada una de las estatuas. El libro está bien hecho: tanto la escritura como las ilustraciones tienen calidad, y la combinación de relatos de ficción con datos informativos es eficaz.

Montse Ganges. Lo que cuentan las estatuas del mundo (2014). Barcelona: Ekaré, 2014; 92 pp.; ilust. de Imapla; ISBN: 978-84-943030-0-7. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de agosto de 2014

He leído este verano un libro de relatos que tenía pendiente desde hace tiempo: Los crímenes del esteta y otros relatos, de Luis Ramoneda. No voy a decir muchas cosas, pues no sólo el autor es amigo sino que, además, he descubierto que me cita en el primer relato (“Látigo vivo”, un paseo por lecturas que al narrador le gustan). Son historias cortas, bien escritas, con acentos nostálgicos, que con frecuencia tienen la forma de recuerdos del pasado que se contrastan con el presente, o que describen situaciones de dolor que significan un replanteamiento vital y propician reflexiones de fondo. Igual que ocurría en El siglo de Rembrandt y otras historias, otro libro anterior semejante a este, el autor está más a sus anchas en ambientes rurales y reposados, con personajes bondadosos, que con los comportamientos maleducados y los entornos urbanos aturullados («la vida madrileña es muy complicada» dice una mujer en El rebaño).

Algunos narran recuerdos de sucesos tristes de la Guerra Civil como El encargo, uno de los relatos más largos, con una idea que se repite otras veces y que aquí dice una mujer: «¡no quiero odiar!». Otros inciden en el rechazo de la zafiedad, un tema también recurrente del autor, como sucede, de un modo un tanto psicopático, en El crimen del esteta. En el último, Casi una despedida, una mujer de un pueblo que se muere recuerda su vida con agradecimiento y un tono elegíaco: «Moriré pronto y mis hijos probablemente cerrarán la casa, que se arruinará lentamente como las del vecindario. Todo quedará en silencio, roto y olvidado, después de tantos siglos de amores, de penas, de dichas y de sudores… Sólo permanecerán los aguiluchos, los milanos, los alimoches, los gavilanes; y los búhos, las lechuzas y los mochuelos sobrevolando solemnemente los riscos, los bosques y las brañas…, que seguirán creciendo exuberantes y a su antojo». (Texto que, al leerlo, me recordó los libros con iguales acentos de Abel Hernández)

Luis Ramoneda. Los crímenes del esteta y otros relatos (2012). Madrid: BibliotecaOnline, 2012; edición en formato Kindle, ASIN: B0080XNEOI. [
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viernes, 9 de noviembre de 2012

Un libro de relatos cortitos de José Jiménez Lozano que he leído hace poco: El azul sobrante. Igual que las historias de La piel de los tomates o El ajuar de mamá o esta Antología de cuentos, también las de este libro dan idea, entre otras cosas, de aspectos de nuestra vida social que, a veces, no queremos ver.

Así, entre más ejemplos que se podrían poner, vale la pena leer «La educación política», sobre la visita que hace la psicóloga del Ayuntamiento, encargada de la Tercera Edad, a una vieja para organizarle la vida, por su bien, pero ella le dice que, como ya está en la Cuarta Edad, deben dejarla en paz. Igual que conviene conocer la explicación que apuntan dos señoras de pueblo en «Los titiriteros», acerca de cuáles pudieron ser las razones del suicidio de una chica embarazada, así como su conclusión: «Nunca se sabía nada de la historia de nadie».

El estilo coloquial y cálido que aquí emplea el autor se puede apreciar, por ejemplo, en este párrafo de «Las tarifas» acerca de una señora de pueblo que «ya se había acostumbrado a esta cocina de vitrocerámica, especialmente porque era una cosa muy limpia, y aunque tuviera el defecto de todas las cosas modernas, que era el de que no remataban, porque tener un fuego para guisar en la cocina y que no calentase la habitación a la vez que cocía las patatas, pues era un invento que sí, pero que no».

José Jiménez Lozano. El azul sobrante (2009). Madrid: Encuentro, 2009; 202 pp.; col. Literatura; prólogo de Guadalupe Arbona; ISBN: 978-84-7490-999-9.

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martes, 27 de diciembre de 2011

Hace unas semanas mencioné, a propósito de Ciro Alegría, al poeta peruano César Vallejo. En su producción tiene un relato titulado Paco Yunque, de los que hoy llamaríamos «libros perturbadores»: un libro valioso en sí mismo, interesante para lectores adultos por distintas razones, más que dudoso para lectores niños por otros motivos. Y para quien desee saber más, aquí está una buena descripción de la obra de Vallejo.

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martes, 22 de noviembre de 2011

Recientemente se ha editado, para escolares, un libro titulado Dos cuentos de Miguel Delibes: El conejo y El cuco. Uno está tomado de La mortaja y otro de Tres pájaros de cuenta.

En El conejo, el herrador da un conejo a Juan y a su hermano pequeño Adolfo, con la promesa de que sabrán cuidarle, pero… En El cuco es el mismo Miguel Delibes quien narra y explica cómo actúa el cuco y cuenta dos experiencias que presenció: sobre un cuco que gorroneaba en un nido de petirrojos y sobre otro que lo hacía en uno de verderones.

Son relatos que hablan, con el lenguaje preciso del autor, del aprendizaje de niños de ciudad en el campo, el primero, y de las tensiones que se dan en la naturaleza, el segundo. A quien ya conozca a Delibes no es necesario advertirle de que son historias realistas y nada blandas. La edición es manifiestamente mejorable y las ilustraciones me parece que no encajan con el tono de los relatos.

Dos cuentos de Miguel Delibes: El conejo y El cuco. Valladolid: Junta de Castilla y León y Fundación Miguel Delibes, 2011; 47 pp.; ilust. de Peridis; selección y prólogo de Ramón García Domínguez.

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viernes, 26 de noviembre de 2010

Se ha publicado hace unos meses La palabra del mudo, libro que recoge los nueve libros de relatos que Julio Ramón Ribeyro publicó a partir de 1955. Son unos noventa cuentos entre los que se incluyen algunos sobre niños que yo había seleccionado ya de la edición que publicó hace años Alfaguara.

He aquí un texto de sus diarios, del 18 de agosto de 1975, que me parece revelador de cómo el autor supo poner lo mejor de sí mismo en su trabajo: «Quién, Dios mío, quién comprenderá que cada palabra que he escrito he tenido que pensarla laboriosamente y la he puesto sin dejarme vencer casi nunca por la facilidad. Cuántas horas de una vida, a cuya seducción he sido tan sensible, he tenido que sacrificar por alinear una palabra tras otra, sin ninguna esperanza de recompensa ni de éxito, atento sólo al veredicto de mi propia conciencia, sin otro premio tal vez que la satisfacción de haber obrado bien. Así, escribir bien es un acto profundamente moral donde estética y ética se confunden».

Julio Ramón Ribeyro. La palabra del mudo. Barcelona: Seix Barral, 2010; 1056 pp.; ISBN: 978-84-322-1293-2.
Julio Ramón Ribeyro. La tentación del fracaso. Diario personal 1950-1978. Barcelona: Seix Barral, 2003; 679 pp.; col. Biblioteca breve; prólogos de Ramón Chao y Santiago Gamboa; ISBN: 84-322-1155-9.

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miércoles, 10 de junio de 2009

Ahora que Javier de Navascués ha comenzado su propio blog —una suerte para todos y, en particular, para todos los que siguen la literatura hispanoamericana— es un buen momento para recordar una de las excelentes recomendaciones-descubrimientos que le debo: Cuentos de cipotes del salvadoreño Salarrué. Son relatos sobre niños tan inclasificables como encantadores.

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jueves, 26 de marzo de 2009

En los últimos cinco años el Premio Nacional de Literatura infantil y juvenil ha recaído, casi alternadamente, en libros de las editoriales Anaya y Siruela, supongo que porque así ha tocado. Este año el receptor ha sido Lo único que queda es el amor, de Anaya, una colección de relatos sobre temas amorosos que firma Agustín Fernández Paz. En relación al mérito del premio respecto a otros libros nada distinto tengo que decir a lo que ya comenté otra vez, y en cuanto al premio mismo mi opinión sigue siendo también la que ya di. De los libros que conozco del autor hay otros que prefiero al premiado, como Cuentos por palabras o, en otro registro distinto, Aire negro.

Los relatos que contiene Lo único que queda es el amor me han parecido desiguales, dejando al margen que los acentos rememorativos y morriñosos de la mayoría no son en sí mismos infantiles o juveniles. Los que más me han gustado han sido Una historia de fantasmas —uno de los puntos fuertes del autor es que sabe administrar bien los recursos de las historias misteriosas— y Elogio de la filatelia. Los demás me han parecido previsibles en sus argumentos y en los toques que indican al lector con qué personajes ha de simpatizar o no. Además debo decir que las muchas alusiones literarias, también por ser un recurso muy muy habitual en libros más o menos juveniles, me convencen poco. Las ensoñadoras y sugerentes ilustraciones de Pablo Auladell van muy bien con la nostalgia que se desprende de las narraciones.

Agustín Fernández Paz. Lo único que queda es el amor (2007). Madrid: Anaya, 2007; 176 pp.; ilust. de Pablo Auladell; trad. de María Isabel Soto López; ISBN 13: 978-84-667-6482-7.

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miércoles, 11 de junio de 2008

Más relatos cortos: con ocasión de La otra gente, de Pedro Antonio Urbina, hablé de un agudo libro de relatos de Peter Bichsel titulado engañosamente Historias para niños.

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miércoles, 20 de febrero de 2008

«Según constancia escrita en las literaturas de casi todas las épocas y casi todos los países, los animales y las cosas inanimadas hablan», dice un cuento de Pere Calders de los recogidos en Todo se aprovecha. Y, en otro de Ruleta rusa y otros cuentos, se afirma del mismo modo persuasivo que «las máquinas son como animalitos, y quien las trata asiduamente les toma mucho cariño». Véase también Pere Calders, maestro del cuento y la ironía, donde a su vez se remite a otros comentarios.

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viernes, 15 de febrero de 2008

En La piel de los tomates hay veintisiete relatos cortos de José Jiménez Lozano que retratan bien los tiempos en que vivimos. Doloridos unos, irónicos otros, es patente la intención del autor de tomar partido por los más débiles sin componendas políticamente correctas —y los duros relatos que se refieren al aborto lo demuestran—, y de reírse un poco de la palabrería sin sustancia que nos envuelve. Por ejemplo, en La nariz griega, un empresario fabricante de churros venido a más, en una conversación de café, va y dice «que a él le parecía muy bien que fuera delito llamar negro a un negro, viejo a un viejo y gitano a un gitano, porque bastante desgracia tenían en ser todo eso, pero que había más casos y él quería denunciarlos». Y actúa en consecuencia intentando reivindicar un uso digno para la palabra «churro».

José Jiménez Lozano. La nariz griega, en La piel de los tomates (2007). Madrid: Encuentro, 2007; 254 pp.; col. Literatura; ISBN: 978-84-7490-858-9.

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viernes, 22 de septiembre de 2006

El ajuar de mamá
es el título de la última recopilación de relatos de José Jiménez Lozano.

En uno, titulado El secreto de la nieve, se cuenta cómo el maestro explica en clase una cosa y, entonces, «los chicos se callaron e hicieron el silencio que hacían cuando habían comprendido las cosas, porque todas las cosas que se aprenden producen silencio mientras se adentran en el ánima...».

Y justo así actúan estos relatos, también los que hacen reír, y con ganas, como Cambio de mobiliario, sobre una hija que quiere convencer a la madre de que cambie el viejo Crucifijo de su casa por uno nuevo luminoso que cambia de colores y, cuando la madre contempla el artefacto que le traen, exclama:

—¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús! Ni podía imaginarme que hubiera tanto indongo en el mundo, aunque sea tan grande como dicen».

José Jiménez Lozano. El ajuar de mamá (2006). Palencia: Menoscuarto, 2006; 240 pp.; col. Reloj de arena; ISBN: 84-934653-6-4.

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