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Notas del archivo 'Intriga policiaca infantil y juvenil' :: bienvenidosalafiesta ::    
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miércoles, 25 de enero de 2017

Ya que hace unas semanas puse un libro en inglés de Hester Burton recuerdo ahora una novelita suya, corta y tensa, publicada en castellano años atrás y titulada Cinco días de agosto.

Dan, once años, dolido por la muerte reciente de su hermano mayor Nick, comienza las vacaciones con sus abuelos. En los alrededores de la casa hay una maltería en ruinas, en la que jugaba con su hermano en veranos anteriores y en la que tiene prohibido entrar pues es peligroso. Pero lo hace y, para su sorpresa, encuentra en el interior a Kevin, un chico escapado de la policía que es muy violento. Dan piensa que no pasará nada y le lleva comida, pero esto le causará dificultades: no dice nada a sus abuelos ni a otro chico del que se hace amigo esos días y los líos crecen. La tensión va en aumento según se agranda el conflicto interior de Dan, entre la obligación que cree tener, la de no delatar al chico fugitivo, y otra que sabe con seguridad que tiene, pues ve que callar ante sus abuelos y ante su amigo está mal.

La narración avanza mostrando los líos interiores crecientes de Dan: «¿Por qué sus padres no se lo habían llevado a Suiza? ¿Por qué le habían enviado hasta aquí para verse envuelto en tal embrollo? Había desobedecido a su abuelo, robado a su abuela y ahora había proferido la más estúpida de las mentiras. ¿Cómo podría salir bien librado de todo aquello?». Por otro lado, y como corresponde a un relato firmado por un buen autor, las cosas suceden sin buenismos pueriles, ni romanticismos tontos, ni soluciones ridículas, y Dan acaba teniendo que hacer frente a sus responsabilidades: «Su abuelo le miró y luego resopló. —Tienes once años, ¿no es cierto? De mala gana, Dan reconoció que, efectivamente, tenía once años. —Entonces, ya tienes edad para pensar más las cosas. No eres ningún tonto».

Hester Burton. Cinco días de agosto (Five August Days, 1981). Madrid: SM, 1997, 13ª ed.; 193 pp.; col. El barco de vapor, serie roja; ilust. de Arcadio LOBATO; trad. de Guillermo Solana; ISBN: 978-8434814547. [Vista del libro en amazon.es]

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GrishamFugitivo.JPG
jueves, 7 de abril de 2016

El fugitivo, de John Grisham, es la quinta novelita protagonizada por Theodore Boone. Esta vez, con motivo de un viaje de estudios a Washington, cree ver en el metro a Pete Duffy, un acusado de asesinato que, en la primera novela de la serie, había huido de su ciudad, Strattenburg. Primero lo graba con el móvil y lo sigue un poco. Luego llama a su tío Ike, que se presenta en Washington. Por último, ponen sobre aviso al FBI.

Como es habitual en las secuelas, se vuelven a dar las explicaciones pertinentes para quien no haya leído las novelas previas —se recuerdan cuestiones relacionadas con la vida familiar del héroe y los pormenores del asesinato que había cometido Duffy—, y como es habitual en Grisham, hay abundancia de detalles acerca del sistema judicial y las formas de actuar de abogados, fiscales y jueces. Además, en esta novela se le dan lector algunas informaciones de tipo cultural y patriótico con ocasión de las visitas que Theo y sus compañeros hacen a monumentos y lugares históricos.

Como he dicho en reseñas a otras novelas suyas, Grisham es mejor cuanto más se ciñe a los terrenos que más domina, y en este caso lo hace: las intervenciones de Theo son las justas y la novela se centra, sobre todo, en el caso que se juzga. La historia insiste en la importancia de actuar con valentía cívica, aunque tal cosa provoque molestias, y más que molestias. Por supuesto, queda en el aire, para la próxima novela, un asunto amenazador para Theo.

John Grisham. Theodore Boone: el fugitivo (The Fugitive, 2015). Barcelona: Montena, 2016; 220 pp; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-9043-464-2. [Vista del libro en amazon.es]

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LindgrenRasmus.JPG
jueves, 19 de noviembre de 2015

He leído hace poco Rasmus y el vagabundo, otra laguna que tenía entre mis lecturas de Astrid Lindgren, cuya última edición en castellano está especialmente cuidada: tiene formato grande y unas sugerentes ilustraciones de Pablo Auladell.

Rasmus es un chico de nueve años que vive en el orfanato de Västerhaga. Escapa de allí y se encuentra con Oscar, un vagabundo especial, que se interesa por él de modo muy amable pero al que la policía vigila. Por eso, cuando tienen lugar unos robos en la vecindad, Oscar termina en la cárcel y Rasmus ha de ocultarse para que no lo manden al orfanato.

Este hilo argumental de los acontecimientos externos soporta el contenido principal de la historia: los temores de Rasmus y sus ansias por tener un hogar, y el tacto en el comportamiento de Oscar y la sabiduría de sus comentarios. El relato está muy bien contado, con sobriedad y sutileza, y muy bien construido: se apoya en unas conversaciones vivas, presenta sin melodramatismos innecesarios los vaivenes mentales de Rasmus, y tiene un desenlace intenso.

Astrid Lindgren. Rasmus y el vagabundo (Rasmus på luffen, 1956). Sevilla: Kalandraka, 2011; 160 pp.; ilust. de Pablo Auladell; trad. de Ingbritt Wallis y Pedro Ángel Almeida; ISBN: 978-84-92608-44-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 28 de octubre de 2015

El signo prohibido, de Rodrigo Muñoz Avia, tiene como narrador a Jorge, un chico de diez años muy aficionado a los juegos de palabras debido a que su padre, librero, le ha contado muchas cosas de Georges Perec. Esto explica que a Jorge, como sabe que Perec escribió un libro sin usar nunca la letra e, se le ocurra la increíble idea de no usar la letra a en sus conversaciones cuando desaparece misteriosamente su amiga y compañera de clase Aleksandra, de origen ruso, que vivía en una residencia para chicos sin familia.

Igual que otros narradores del autor, también Jorge resulta ingenioso, ameno, y sabe transmitir al lector la inquietud que siente por su amiga. También, de paso, hace comentarios de interés para los educadores. Así, cuando su madre se pone nerviosa porque Jorge habla sin usar la a, y su padre le contesta que así Jorge demuestra creatividad, Jorge señala: «Creo que oír la palabra “creatividad” la tranquilizó mucho. Ella se queja siempre de lo poco que se valoran la creatividad y la imaginación en nuestro sistema educativo». Además, todo conduce a momentos finales tan emocionantes como los de cualquier persecución de thriller.

Rodrigo Muñoz Avia. El signo prohibido (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 204 pp.; col. Tucán; ilust. de Javier Andrada; ISBN: 978-84-683-1579-9. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 3 de septiembre de 2015

La primera parte de Mentira, de Care Santos, la narra Xenia, una chica de unos quince años: entra en contacto, en la red, con un chico entusiasta de El guardián entre el centeno; se enamora de él pero, cuando intenta verle personalmente, descubre que no es quien decía ser. La segunda parte es una larga carta del chico a Xenia: está ingresado en un centro de menores desde los 14 años acusado de haber matado a una chica. La novela está bien escrita, bien construida, es tensa, y consigue sus objetivos de hacer pensar en los peligros de los contactos por internet por un lado; en las dificultades a las que algunos chicos han de hacer frente desde muy pequeños y, por tanto, en las desventajas de partida que tienen; en cómo es la vida en un centro de menores... El final es satisfactorio pero no tramposo pues la narración no se prolonga más de lo que debe.

Una posible pega, que algunos podrían poner, es la excesiva presencia de El guardián entre el centeno: tal vez, pero esto se ha hecho muchas veces antes y, como es sabido, es un libro que provoca fijación en algunos lectores. Otra, que la narración en primera persona de Ric, aunque se culpe a sí mismo a veces, lo acaba presentando de modo muy favorable: es cierto que puede ser demasiado, pero también lo es que las cosas bien pueden ser así algunas veces. Y otra más, que la novela tal vez sea más «suave» de lo que debería o podría ser: también es verdad, pero muchas novelas juveniles lo son, y, siendo precisamente así, cumplen su función de apuntar los temas fundamentales, y  de remitir a otras narraciones y a la misma vida.

Care Santos. Mentira (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 249 pp.; col. Periscopio; ISBN: 978-84-683-1577-5. [
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jueves, 20 de agosto de 2015

Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle, de Beatriz Osés, es el tercer libro con el mismo angustiado y angustioso protagonista. Esta vez, mientras su padre y su abuela tienen un accidente de esquí, muere su tío Leonard en Irlanda. Erik ha de ir al entierro pues será el heredero del misterioso castillo propiedad de su tío. Para su disgusto, por indicación de su abuela, le acompaña de nuevo Albert Zimmer pero, esta vez, obtendrá una cierta victoria intectual sobre él.

Como en los anteriores libros, en este tampoco importa tanto el argumento —con misterios, leyendas, tumbas ocultas, etc.— como el comportamiento del héroe, tan obsesionado por el orden y las marcas de moda como siempre. Así, al principio de su relato, a punto de salir hacia Irlanda, el narrador indica: «Era la primera vez que no estaba orgulloso de su equipaje. Al revés, por culpa de las malas noticias, las prisas y los nervios, en lugar de una obra de arte había hecho lo que consideraba una chapuza. Había metido la ropa en lo que habría descrito como un completo caos, es decir, planchada y doblada pero sin ningún tipo de orden alfabético, ni por texturas, colores o antigüedad de las prendas. Es decir, las había apilado de cualquiera manera. (…) Un desastre».

Beatriz Osés. Erik Vogler y la maldición de Misty Abbey-Castle (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 159 pp.; ilust. de Iban Barrenetxea; ISBN: 978-84-683-1541-6. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 28 de mayo de 2015

Erik Vogler y los crímenes del Rey Blanco y Erik Vogler en Muerte en el balneario, de Beatriz Osés, son dos relatos policiaco-humorísticos con un protagonista conseguido: un chico que vive en Bremen con su padre, obsesivo, exquisito, maniático, supersticioso y muy asustadizo. Ha salido un tercer libro que no conozco.

En el primero su padre se marcha a Nueva York y él ha de irse a Grasberg, con su abuela, con la que no se lleva bien: unos sucesos paranormales le acaban conduciendo justo a la casa del asesino de unos jóvenes jugadores de ajedrez. En el segundo, para descansar del estrés anterior, se va, con su abuela y su vecino Albert Zimmer, al que conoció en la historia previa, a un balneario de superlujo del norte de Italia; pero, cuando entra en una de las salas, tropieza con una millonaria a la que matan allí mismo.

Como he dicho más veces, a mí no me gustan ni el género gótico ni todo lo más o menos paranormal; tampoco me atraen nada los relatos actuales en los que los personajes se pasan páginas usando su ordenador y buscando cosas en Google, como Erik Vogler. A cambio, estos relatos están bien escritos, la autora mezcla bien distintos géneros, y, sobre todo, centra el atractivo de sus historias no tanto en la intriga como en las reacciones de su héroe, que acaba despertando simpatía de tan repelente y cenizo como es. En sus andanzas abundan párrafos como este: «…olvidó echarse su fragancia favorita: Didier. Tampoco acertó con el cinturón de sus [pantalones] Passion, que no terminaba de combinar con el color de los mocasines de piel. Su puso su camisa Delacroix aunque lucía una diminuta arruga en su manga izquierda. En fin, en su opinión, iba hecho un desastre». Aquí hay un comentario de la serie.

Beatriz Osés. Erik Vogler y los crímenes del Rey Blanco (2014). Barcelona: Edebé, 2014; 143 pp.; ilust. de Iban Barrenetxea; ISBN: 978-84-683-1284-2. [Vista del libro en amazon.es]
Beatriz Osés. Erik Vogler en Muerte en el balneario (2015). Barcelona: Edebé, 2014; 155 pp.; ilust. de Iban Barrenetxea; ISBN: 978-84-683-1285-9. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 11 de diciembre de 2014

El activista es el cuarto libro de John Grisham con las andanzas de Theodore Boone. Por un lado, en su escuela nota que hay recortes presupuestarios debido a que despiden a un profesor. Por otro, en la ciudad hay quienes se plantean construir una carretera de circunvalación que algunos no ven bien: grupos ecologistas que piensan que afectará mucho a un colegio y a unas instalaciones deportivas cercanas, un compañero de clase cuyos abuelos tienen terrenos que pueden ser expropiados, etc. Además, en una salida con los scouts, a un chico imprudente le muerde una serpiente y Theo es, más o menos, responsable. Otro incidente que también lo pone a prueba se da cuando unos tipos golpean salvajemente a su perro y los padres de Theo los llevan a juicio.

Relato con menos tensión que otros del autor y del personaje pues, esta vez, abundan más de la cuenta las lecciones educativas y el argumento se dirige a que Theo demuestre su capacidad retórica en distintos ámbitos. El héroe sabe que algunas de sus actuaciones son dudosas y, en esos casos, se plantea si actúa bien o mal, por ejemplo cuando curiosea en los expedientes de su padre. No pone, sin embargo, ninguna objeción al activista jefe cuando les recluta, a él y a otro chico, para su causa diciéndoles: «Me gusta la idea de que unos chavales, como vosotros dos, hagáis que los demás niños se impliquen en la lucha. Si conseguís que se indignen y se opongan a la carretera, entonces sus padres también lo harán, y los padres son los que votan. Y, en el fondo, todo es una cuestión política». Un Theo más lúcido no se habría dejado manipular y habría pensado que un buen fin tampoco justifica los medios, y que movilizar a niños para ponerlos delante de cualquier protesta es, como mínimo, problemático. En fin, la narración es fluida y el autor sabe ir pulsando las teclas apropiadas para provocar las reacciones emocionales de simpatía o antipatía en los lectores para que no les quede duda de con quien han de ir.

John Grisham. Theodore Boone: el activista (Theodore Boone: The activist, 2013). Barcelona: Montena, 2014; 266 pp.; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-9043-119-1. [Vista del libro en amazon.es]


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jueves, 13 de febrero de 2014

Hace años se publicaron unas novelas juveniles de intriga detectivesca, firmadas por Emily Rodda y otros escritores, bien escritas y construidas, que son mucho más valiosas de lo que podría parecer: ni el diseño de las cubiertas, ni el nombre de la colección y del grupo de protagonistas, Teen Power, son afortunados. Los componentes de la pandilla son tres chicas y tres chicos que deciden ofrecerse para realizar toda clase de trabajos en su barrio y así ganar algo de dinero: Liz, responsable, la organizadora; Sunny, de origen chino, deportista y experta en artes marciales; Richelle, la guapa, muy pendiente de sí misma; Nick, un chico de clase alta, experto en ordenadores; Tom, larguirucho, buen dibujante, con un padrastro incómodo; Elmo, el hijo del propietario y director del periódico del barrio.

Cada relato lo narra uno de ellos, con lo que, al paso que se ven envueltos en un misterio, se ponen de manifiesto los modos de ser de cada uno, cómo se ven a sí mismos y cómo ven a los demás, las rivalidades que se dan entre ellos, la vida familiar que tienen, etc. Además, no es sólo que cada voz narrativa sea distinta, sino que también resulta convincente: aunque se respetan las convenciones del género, pues no hay exceso de violencia y los finales son satisfactorios, no se ocultan los defectos o los ramalazos egoístas o irritantes de sus protagonistas. Así, Richelle ve una chica con ropa pasada de moda y dice «sentí una punzada de compasión. Pobrecilla, pensé. Imagínate, tener que ir por ahí con esa ropa». Luego, al hilo principal de cada relato se le suman dos o tres pequeñas subtramas que añaden interés a la historia.

En el primer libro, que narra Liz, salvan de la desaparición el periódico local pues una compradora avariciosa quiere hacerse con él. En el segundo es Tom el que cuenta cómo resuelven una oleada de agresiones con robos en el barrio. En el tercero les contratan para que intervengan en la filmación de un anuncio, acompañando a una chica joven ya famosa, y es Richelle la que habla de lo que ocurre y de sus intentos de hacerse con el protagonismo. El cuarto, que cuenta Elmo, es sobre la desaparición de gatos en el barrio. En el quinto se disfrazan de conejos para intervenir en la promoción de una confitería, con una propietaria como la bruja de Hansel y Gretel, mientras Sunny, la narradora, se debate entre marcharse o no con su padre a Estados Unidos. En el sexto han de cuidar la casa de superlujo de unos amigos de los padres de Nick, joyeros, mientras ellos se marchan unos días.

Emily Rodda y otros autores. TEEN POWER (Teen Power Inc., 1994; reeditada, unos años después, como The Raven Hill Mysteries). Las seis novelas publicadas en castellano, las primeras y las únicas que conozco, son: Emily Rodda, El fantasma de Raven Hill (The Ghost of Raven Hill, 1994); Emily Rodda y John St. Claire, El aprendiz de brujo (The Sorcerer's Apprentice, 1994); Emily Rodda y Mary Forrest, Desaparece una estrella (The Disappearing TV Star, 1994); Emily Rodda y Mary Forrest, Maullidos (Cry of the Cat, 1994); Emily Rodda, Pánico en La Casita de Mazapán (Beware the Gingerbread House, 1994); Emily Rodda y John St. Claire, Alarma verde esmeralda (Green for Danger, 1994); Barcelona: Juventud, 1997; 127 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 84-261-3046-1, 84-261-3048-8, 84-261-3050-X, 84-261-3055-0, 84-261-3068-2, 84-261-3070-4.

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martes, 28 de enero de 2014

Un libro gracioso de hace tiempo: Historias policiacas divertidas, de Wolfang Ecke. En los relatos de este tipo para primeros lectores no es fácil acertar con el tono justo de ingenio y humor, y este, al menos en mi recuerdo, sí lo hace.

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jueves, 3 de octubre de 2013

Como apunté días atrás, cuando un personaje tiene una voz narrativa muy especial que causa fascinación, en una segunda entrega de sus aventuras ya no hay efecto sorpresa e incluso puede decepcionar. Lo primero pero no tanto lo segundo, al menos como en el ejemplo mencionado, se puede aplicar a La muerte no es un juego de niños, de Alan Bradley, y a su heroina y narradora Flavia de Luce. Para quienes no la conozcan hay que decir que es una chica de once años con pasión por la química, unos conocimientos descomunales sobre esa materia, con «un particular énfasis en la química de la putrefacción» según ella misma dice. Por supuesto, es buena chica pero su mente no es sencilla: «el cerebro y la moral no van unidos. A mí, por ejemplo, a veces me consideran muy lista y, sin embargo, la mayor parte de las veces, mi cerebro está diseñando nuevas e interesantes formas de causar una muerte repentina, nauseabunda, dolorosa y agónica a mis enemigos».

En esta nueva historia el caso que acaba resolviendo es el de un marionetista muy famoso que representa en su pueblo Juan y las habichuelas mágicas pero, en plena función, muere. Se repiten personajes y ambientes de la primera novela y aparecen otros nuevos; se siguen ampliando interrogantes, como qué fue de la madre de Flavia, y se inician otros, como el temor a que su familia tenga que abandonar su actual casa; siguen siendo muy numerosas las referencias literarias que contiene la trama. El caso del asesinato no es muy allá: es complicado pero su resolución llega como consecuencia de muchos factores del pasado que van surgiendo cuando hacen falta. El autor actúa también como un buen marionetista.

Sea como sea, el entusiasta de Flavia disfrutará igual con sus asombrosas parrafadas y deducciones. Puede dar una idea esta, de cuando se mancha la ropa de alquitrán y entonces, dice, piensa en Michael Faraday, que «había sintetizado tetracloroetileno en los años veinte, calentando hexaclorotileno y extrayendo el cloro mientras se descomponía. La sustancia resultante quitaría el alquitrán de la tela en un instante. Desafortunadamente, aunque me hubiera gustado mucho hacerlo, no tenía tiempo para repetir el descubrimiento de Faraday. En su lugar, tendría que fiarme de la mayonesa, tal y como recomendaba el Vademécum del mayordomo y el lacayo con el que me había tropezado un día lluvioso en el que fisgaba en la despensa de Buckshaw».

Alan Bradley. La muerte no es un juego de niños (The Weed that Strings the Hangman’s Bag, 2010). Barcelona: Planeta, 2012; 381 pp.; col. Planeta Internacional; trad. de Elisabete Fernández Arrieta; ISBN: 978-84-08-11170-2.

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jueves, 6 de junio de 2013

El acusado
es el tercer relato que John Grisham dedica a Theodore Boone. Comienza con el juicio pendiente de la primera novela..., que se ha de aplazar por la incomparecencia del acusado. En cambio, Theo ve que alguien primero roba en su taquilla, luego que le pincha una y otra vez la bici, y, finalmente, que aparecen en su taquilla unas tabletas y móviles robados. No sabe quién puede ser y, además, él aparece, a la vista de la policía, como el sospechoso principal. Un discutible pero bien encaminado consejo de su tío Ike le pondrá sobre la pista.

No hay nada nuevo para el seguidor del autor y del personaje. El relato es ameno y contiene más información sobre cómo funcionan la policía y el sistema judicial norteamericano. De nuevo Theo no encuentra el momento para hablar con sus padres porque están muy ocupados; de nuevo se plantea qué es lo correcto y qué no lo es, en unos casos un poco límite, sin poder llegar a una conclusión bien definida; otra vez se ven las graves consecuencias, en los hijos y en toda la sociedad, del deterioro de tantas familias rotas. Además, Grisham expone bien cómo son las reacciones interiores de un chico ante algunos comportamientos y consejos de adultos.

John Grisham. Theodore Boone: el acusado (Theodore Boone: the acused, 2012). Barcelona: Montena, 2013; 254 pp.; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-15580-78-2.

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miércoles, 19 de diciembre de 2012

The Westing Game, de Ellen Raskin, es una historia tipo acertijo, con una cuidadosa planificación para sorprender una y otra vez al lector. Parece difícil que funcione bien un relato así, tan artificioso, pues el lector aprecia que no están jugando limpio con él, pero en este caso la narración es eficaz, porque aviva continuamente la curiosidad y el deseo de saber cómo acabará todo. No está editado en España ni, creo, traducido al castellano.

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miércoles, 11 de julio de 2012

Un importante detective infantil de hace décadas, ahora ya olvidado, fue Enciclopedia Brown, de Donald Sobol. A veces, este tipo de relatos y de series tienen interés para ver dónde bucean escritores más modernos en busca de ideas y recursos para sus historias.

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jueves, 7 de junio de 2012

John Grisham
terminaba el primer libro de Theodore Boone con el caso resuelto pero con el juicio en los tribunales a la espera. El secuestro no continúa con aquel caso sino que viene a ser un paréntesis. April Finnemore, la amiga de Theo, desaparece por la noche sin dejar rastro y después de una última conversación telefónica con él de la que no se deducía que pudiera suceder nada semejante. Donde la policía no acierta sí lo hará Theo, ayudado por su tío Ike y un compañero de clase. Para quien no hubiera leído el primer libro la narración contiene todas las aclaraciones necesarias sobre Theo, su familia y los ambientes en los que se mueve.

Aunque no tenga una especial tensión, el relato es entretenido y quien esté atrapado por el estilo propio del autor y por su personaje lo disfrutará. El seguidor de Grisham encontrará una escena típica en el enfrentamiento dialéctico entre Theo y un policía que intenta hacer valer su autoridad sin buenos argumentos. Otro tema frecuente del autor está en que, por más que Theo sea un chico educado para «enfrentarse a la verdad a cara descubierta, a no guardarse nada dentro, a soltarlo todo y ya está: todo lo que pudiera venir después sería mucho mejor que mentir u ocultar la verdad», la vida luego es más complicada y, por unas u otras causas, al final no lo hace.

Además, yo he recordado al inefable Greg en la escena en que la madre de Theo, preocupada cuando ve a su hijo preocupado, le dice:
«—¿Quieres hablar de ello?»
Ahhh, la gran pregunta. Theo negó con la cabeza y dijo:
—No, preferiría no hablar de ello. Sólo empeoraría las cosas.
Su madre sonrió.
—Muy bien, lo entiendo».

John Grisham. El secuestro (Theodore Boone: the abduction, 2011). Barcelona: Montena, 2012; 219 pp.; trad. de José Serra; ISBN: 978-84-8441-873-3.

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miércoles, 18 de abril de 2012

Ciudad de huérfanos,
de Avi, es Nueva York en 1893. El protagonista es Maks, un chico de trece años que vende periódicos, un noticiero. Su familia es de origen danés y está compuesta por su madre, su padre, que trabaja en una fábrica de zapatos, igual que su hermana Agnes, enferma; su hermana Emma, que trabaja en el hotel Waldorf; y sus tres hermanos pequeños. Por un lado, Maks, como el resto de los noticieros, está amenazado por una banda liderada por un tal Bruno. Por otro, a su hermana Emma la acusan un día de robar un reloj y la llevan a la cárcel. Un día que a Maks lo acorrala Bruno sale a defenderle una chica llamada Willa y Bruno huye. Y, con ayuda de Willa, Maks hará frente a los dos problemas.

Buen relato: el argumento es ameno y está bien hilado; no sólo los momentos de acción sino que las situaciones de vida cotidiana tienen intensidad; los personajes atraen y casi todos son creíbles; el casi se puede aplicar a un detective adulto que ayuda a Maks. El tono coloquial y explicativo puede cansar un poco, pues el narrador usa con exceso expresiones tipo «te voy a contar...», «no lo olvides», «lo que quiero decir es que…», «te estarás preguntando por…», etc. Todo se cuenta en presente, parece que con la intención de dar viveza e inmediatez a los incidentes y, sobre todo, a las descripciones, precisas y claras, de los ambientes de Nueva York en la época: las viviendas donde se hacinaban muchos inmigrantes, la sordidez de las Tumbas (que era la prisión de Manhattan), la vida y el tráfico en las calles, los lujos del hotel Waldorf y sus novedades, sorprendentes para Maks, como las duchas y los ascensores.

Avi. Ciudad de huérfanos (City of Orphans, 2011). Barcelona: Bambú, 2012; 394 pp.; col. Exit; trad. de Anna Cabeza; ISBN: 978-84-8343-173-3. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 7 de marzo de 2012

La joven desaparecida,
de Shane Peacock, el tercer libro de una serie protagonizada por un joven Sherlock Holmes, tiene un argumento algo más alambicado que los de las entregas previas. Esta vez una chica de clase alta desaparece y es él quien averigua la historia extraña que hay detrás superando una vez más a sus rivales. La narración tiene iguales cualidades y defectos que la primera y segunda novelas. Resultará entretenida para quien haya sido enganchado por el personaje, por más que no sea tanto un relato detectivesco como una novela de acción y los parecidos del protagonista con el Sherlock Holmes creado por Conan Doyle sean escasos.

Al leerla he pensado, de nuevo, que buena parte de las descripciones no hacen falta, que algunos episodios no son convincentes, y que narrar las cosas en presente aquí es innecesariamente artificioso. He pensado, también, que, igual que quienes se han acercado a este joven Holmes conociendo bien al original habrán perdido pronto el interés en esta serie, una buena parte de los lectores que se acostumbren a este nuevo Holmes no podrán aficionarse al verdadero. Supongo.

Shane Peacock. La joven desaparecida (Vanishing Girl, 2009). Madrid: Almadraba, 2011; 389 pp.; col. El joven Sherlock Holmes; trad. de Susana Andrés; ISBN: 978-84-92702-78-7.

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GrishamTheoB.jpg
jueves, 30 de junio de 2011

No he leído todos los libros de John Grisham pero casi y, aunque le veo las costuras, me parece un narrador eficaz y más que competente. Me gustó mucho el protagonista infantil de El Cliente, una novela que refleja las preocupaciones del autor en relación a muchos niños. Y las mismas, pero con otro planteamiento, aparecen en su primera incursión en la literatura juvenil: Theodore Boone, joven abogado.

El protagonista es un chico de trece años, hijo único de un matrimonio de abogados en la ciudad de Strattenburg y que sueña desde muy pequeño con ser abogado. Su dominio es tal que sus compañeros de colegio le consultan las dudas que tienen y él se las resuelve y les dirige hacia los mejores abogados de la ciudad en cada terreno. El relato comienza cuando arranca un importante juicio: Peter Duffy, un hombre de negocios, ha sido acusado de asesinar a su mujer para cobrar la póliza del seguro, pero su coartada es muy sólida. Theo y su clase asisten a la primera sesión y, luego, Theo sigue con atención todos los pormenores del caso. Pero, por una vía inesperada, conoce a una persona que puede cambiar el rumbo del juicio aunque se ve comprometido a no contarlo a nadie.

La narración atrae a pesar de, y para otros gracias a, las muchas explicaciones sobre cómo funcionan las cosas en el sistema judicial norteamericano. Lo cierto es que los diálogos de Theo con sus padres y con quienes ya conocen sus inclinaciones —compañeros, conocidos, empleados de sus padres o de los tribunales— lo propician de modo natural. Las conocidas preocupaciones sociales de Grisham quedan retratadas en el comportamiento de los padres de Theo: semanalmente visitan un albergue de inmigrantes donde ayudan ese día en la cena y, mientras les resuelven asuntos jurídicos (el padre de Theo cuestiones inmobiliarias y la madre asuntos familiares), Theo da clases a chicos salvadoreños… La estabilidad familiar y personal de Theo sirve de contraste con las situaciones de alrededor. En este libro, el caso contra Peter Duffy queda resuelto pero no terminado: el juicio se ha interrumpido y aún no ha entrado en acción el matón a sueldo de turno, al que vemos sospechar de los manejos de Theo. También se ve que las situaciones del tío Ike y de los compañeros de Theo darán lugar a nuevas historias.

John Grisham. Theodore Boone, joven abogado (Theodore Boone: Kid Lawyer, 2010). Barcelona: Montena, 2011; 230 pp.; trad. de Fernando Garí Puig; ISBN: 978-84-8441-689-0.

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GurEspiandoAmigo.jpg
miércoles, 16 de marzo de 2011

Nueva edición de una buena novela policiaca infantil: Espiando a un amigo, de la israelí Batya Gur. Es una narración tensa con una buena presentación del mundo interior del protagonista, un chico al que le crispa oir la frasecilla «cuando seáis mayores, lo entenderéis».

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PeacockMuerteAire.jpg
jueves, 27 de enero de 2011

Muerte en el aire,
de Shane Peacock, el segundo libro de la serie «El joven Sherlock Holmes», tiene las mismas cualidades y el mismo atractivo del anterior.

Esta vez, cuando un trapecista se estrella justo delante de él, Sherlock se da cuenta enseguida de que no ha sido por casualidad. Sus idas y venidas, y entrevistas con gente de todo tipo, serán muchas. De nuevo aparecen Irene Doyle, los Irregulares y el inspector Lestrade.

Después de señalar que es un relato ameno, que se deja leer y que puede gustar a muchos, apunto dos cosas. Una, que la narración está en presente y, en mi opinión, eso tiene más inconvenientes que ventajas: supongo que, así, se intenta mostrar el proceso formativo de Holmes según va sucediendo, pero como han de producirse idas adelante y atrás, y como el narrador no siempre presenta las cosas como las ve Holmes, eso no añade claridad narrativa. Otra, que en un relato así mejor sería suprimir florituras: en un momento dado se habla de que Holmes «se pone a rezar, quizá para tener algún tipo de conciencia del bien y el mal», cosa rara, no que rece, sino que precisamente alguien como él no tenga ya esa conciencia; igual que frasecillas como «se aleja a grandes zancadas, adentrándose en el día londinense», sólo añaden rimbombancia. En cualquier caso se ha de añadir que este tipo de cosas no son muchas.

Shane Peacock. Muerte en el aire (Death in the Air, 2008). Madrid: Almadraba, 2010; 339 pp.; col. El joven Sherlock Holmes; trad. de Maia Figueroa Evans; ISBN: 978-84-92702-51-0.

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Filo entra en acción
,
un relato de Christine Nöstlinger del que acabo de ver una nueva edición, es uno de los mejores relatos que recuerdo acerca de una pequeña intriga policiaca colegial, no por la intensidad de lo que ocurre sino porque todo encaja de modo inteligente y realista.

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jueves, 2 de septiembre de 2010

El ojo del cuervo,
de Shane Peacock, es un relato pensado para enganchar a todos los seguidores de Sherlock Holmes o, al revés, para conducir a otros lectores hacia el personaje de Arthur Conan Doyle.

La historia tiene lugar en 1867, en Londres. El joven Sherlock Holmes tiene trece años y es un chico especial: «una máquina de observar». Deja de ir a clase muchas veces porque allí se siente acosado y vagabundea por el centro de la ciudad. Sus padres tienen pocos medios económicos: su padre es un científico judío pobre y su madre una mujer rechazada por su aristocrática familia debido a su matrimonio. Cuando sucede un cruel asesinato, Sherlock decide investigar: le ayudará una chica también especial, Irene Doyle; gracias a ella también lo hará una banda de chicos, los Irregulares; y competirá con un joven inspector llamado Lestrade.

La novela es eficaz pues se sigue con interés. Todo está contado con relativa sencillez, aunque parezcan exagerados algunos pasos del argumento (para un detective como Holmes al menos), y suenen excesivas algunas frases en boca de unos protagonistas tan jóvenes. Como se puede suponer, el pequeño Holmes tiene ya las cualidades que le harán famoso: sus deducciones son asombrosas, es incansable, no se altera por nada, tiene gran sentido de la justicia. Naturalmente, la historia cuenta con algunos toques pensados para conectar con el lector de hoy: la oponente femenina es una chica progresista que se mueve con una soltura envidiable, pues su padre es un filántropo y librepensador que se lo facilita; el acusado injustamente al que Holmes libra de ser condenado es un chico árabe que pasaba por allí...

Shane Peacock. El ojo del cuervo (Eye of the Crow, 2007). Madrid: Almadraba, 2010; 347 pp.; col. El joven Sherlock Holmes; trad. de Maia Figueroa Evans; ISBN: 978-84-92702-49-7.

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jueves, 17 de junio de 2010

Flavia de los extraños talentos,
de Alan Bradley, es un libro descompensado en aspectos de su construcción pero con un tirón fuera de lo común, aparte de ser un ejemplo de cómo se puede poner un título en castellano más certero que el original.

1950, verano, pequeña ciudad inglesa llamada Bishop's Lacey. En la gran casa de Buckshaw vive la familia De Luce, compuesta por el padre, viudo, completamente absorto en su ocupación de filatelista; las hijas mayores, Ophelia and Daphne, absortas a su vez con sus intereses amorosos y sus lecturas de novelones; y la protagonista y narradora, Flavia, que se pasa el tiempo en un laboratorio heredado de su madre, a la que no llegó a conocer pues falleció en una expedición aventurera cuando ella era muy pequeña. Un día, Flavia oye una violenta y confusa conversación entre su padre y un desconocido a quien encuentra moribundo, a la mañana siguiente, en su huerto.

La novela, que al principio parece tener aires góticos por el misterioso caserón donde viven los De Luce y por las inquietantes jugarretas que Flavia gasta a sus hermanas, se convierte luego en una novela policiaca que se centra en aclarar no sólo los misterios del presente sino también los del pasado. Todo se desarrolla con claridad, aunque parecen excesivos tanto los enredos como las deducciones a lo Sherlock Holmes de Flavia, empeñada en ganar la carrera de los descubrimientos al inspector Hewitt.

Pero lo sobresaliente de la historia está en Flavia, que cuenta las cosas muy bien, tiene unos excepcionales conocimientos de química, y es descarada, mentirosa, entrometida e insistente hasta decir basta. Sin duda, va excesivamente por encima de su edad en sus conocimientos científicos, en sus observaciones sarcásticas, y en sus numerosos comentarios sobre música o sobre literatura; además, no desfallece ni un momento y se pasa la novela oyendo mucha información confidencial como casualmente. Pero sus explicaciones, a propósito de casi cualquier cosa, no tienen desperdicio. Por ejemplo, cuando habla de que una de las claves de su investigación estuvo en el «tetracloruro de carbono», «uno de los compuestos químicos más fascinantes del mundo», explica sus peculiaridades indicando que «en el tetracloruro de carbono (que es uno de sus muchos nombres), cuatro átomos de cloro juegan al corro de la patata con un átomo de carbono». O, en un momento en el que se bloquea en sus conjeturas, comenta: «necesitaba encontrar un catalizador de alguna clase, como había hecho Kirchoff, por ejemplo, quien había descubierto que, si se hervía almidón en agua, seguía siendo almidón, pero que si se añadían unas cuantas gotas de ácido sulfúrico se transformaba en glucosa. En una ocasión había repetido el experimento para convencerme de que funcionaba, y sí, funcionaba. Las cenizas a las cenizas; el algodón al azúcar. Una pequeña ventana a la Creación».

Alan Bradley. Flavia de los extraños talentos (The Sweetness at the Bottom of the Pie, 2007). Barcelona: Planeta, 2009; 423 pp.; trad. de Montse Triviño; 423 pp.; ISBN: 978-84-08-08846-2.

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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tal vez la novela más divertida de los últimos meses, después de Cosmic, sea El misterio de la noria de Londres, de Siobhan Dowd. A su protagonista, como al de El curioso incidente del perro a medianoche, le gustan los números —su «número favorito es el 3,3 recurrente (que es otra manera de llamar a los decimales periódicos)» pues, dice, «me encanta cómo el 3 decimal se aleja hacia el infinito»—. Pero, sobre todo, es un chico preocupado por los fenómenos atmosféricos y, entre otras cosas, por cómo las mentiras tienen un miniefecto Coriolis que desvía la trayectoria de las cosas.

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martes, 18 de agosto de 2009

Siempre se suele presentar Emilio y los detectives como la primera novelita policial infantil. Anterior en el tiempo, pero me parece que no en influencia posterior salvo que ya Kästner se inspirara en ella, fue Kai el de la caja, de Wolf Durian, un relato simpático.

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jueves, 14 de mayo de 2009

He leído dos novelas juveniles del norteamericano Peter Abrahams, Al otro lado del espejo y Detrás del telón. Ambas se desarrollan en una ciudad llamada Echo Falls y su protagonista es Ingrid Levin-Hill, una chica lista de trece años, amiga del hijo del jefe de policía, jugadora de fútbol en el equipo de su colegio, aspirante a ser actriz en el futuro, admiradora de Sherlock Holmes hasta el punto de que se sabe sus casos y sus frases de memoria.

En el primer libro, fallece una extraña mujer a cuya casa fue un día Ingrid por casualidad y en la que se olvidó sus botas de fútbol. En el segundo alguien la intenta secuestrar aunque logra escaparse y, en sus averiguaciones posteriores, detecta una red que trafica con anabolizantes entre chicos deportistas. En ambas Ingrid actúa en obras de teatro, una versión de Alicia en la primera novela y una del El mago de Oz en la segunda, lo que permite al autor paralelismos y referencias literarias, además de las que ya propicia su entusiasmo por Holmes. En las dos tienen un papel importante las relaciones con sus padres y con su hermano mayor, jugador de fútbol americano, la presencia distante del jefe de su padre y la rivalidad artística de Ingrid con su hija.

Son relatos que demuestran el oficio del autor, un conocido escritor de thrillers, y que entretienen, pero que a mí no me han resultado del todo atractivos. Están bien entretejidos los elementos propios de distintos tipos de novelas de género —las de tensioncitas familiares, las de rivalidades colegiales entre alumnos y con profesores, las de competiciones deportivas, las de detectives jóvenes que interfieren con los detectives adultos...—, pero las novelas acaban siendo puzzles bien armados donde los personajes son los postes en los que se apoya la estructura y los sucesos son los tabiques que los unen. Total, el lector (como yo) tiene cierto interés en ver cómo acaba todo, aunque lo sospeche, pero no se siente interesado de verdad por los actores del drama.

Peter Abrahams. Al otro lado del espejo (Down the Rabbit Hole, 2005). Barcelona: Salamandra, 2007; 285 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 978-84-9838-084-2.
Peter Abrahams. Detrás del telón (Behind the Curtain, 2006). Barcelona: Salamandra, 2008; 283 pp.; trad. de Patricia Antón de Vez; ISBN: 978-84-9838-163-4.

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miércoles, 22 de abril de 2009

Me han preguntado algunas veces por qué no está Enid Blyton en esta página y la respuesta es fácil: porque voy poco a poco introduciendo autores y libros y no le había buscado hueco hasta el momento. Hace años leí con gusto muchos libros suyos y, en los últimos años, he vuelto a leer algunos y he intentado recoger opiniones de sus «lectores naturales» para ver si su tirón seguía siendo el mismo. Mi opinión actual, la que pongo en la reseña, es que sus libros siguen enganchando a muchos lectores hoy, lógicamente no tanto como en el pasado cuando su dominio era hegemónico (al menos en algunos ambientes), y que son bastante más eficaces y están bastante mejor construidos que otras novelitas de pandilla que resuelven intrigas misteriosas, y que supuestamente son más actuales. Incluso la misma lejanía en el tiempo que se percibe al leerlos ahora también actúa como una especie de conservante de su sabor.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Dos novelas de intriga policiaca de Andrea Ferrari que me han gustado: El camino de Sherlock —del año pasado pero que acabo de leer ahora— y El diamante oscuro. Las narraciones tienen calidad, y los protagonistas y los argumentos de ambas tienen garra más que suficiente para dejar de lado las reticencias ante algunas inverosimilitudes más peliculeras.

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viernes, 4 de noviembre de 2005

Lo malo de muchas novelas juveniles de hoy es su pretenciosidad. Por eso gusta encontrar una novela como El hombre que quería recordar, de Andrea Ferrari, un relato ameno, bien armado, contado con argentinismos coloquiales que, al menos para un lector como yo, lo hacen más atractivo. No es excepcional pero está bien pues es justo lo que dice ser.

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martes, 5 de julio de 2005

Se ha editado un libro-acertijo más de Julian Press titulado Misterio en el Monasterio del Cuervo. Sus libros, como el famoso Las aventuras de la Mano Negra que firmara su padre Hans Jürgen Press, revelan cómo, con primeros lectores, importa mucho el modo en que un autor agudiza el ingenio para tirar del lector hacia delante y meterle dentro de la historia, un asunto que no depende sólo de la calidad literaria.

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