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Notas del archivo 'Aventuras infantiles y juveniles' :: bienvenidosalafiesta ::    
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viernes, 24 de junio de 2016

En lo que tienen de novelas históricas y de costumbres los libros de El joven samurái,  de Chris Bradford, tienen aspectos que no parecen muy fiables. Por ejemplo, que los dos únicos jesuitas que figuran en la trama se comporten de un modo tan canalla como podrían hacerlo en una novela de Dumas. Sin embargo, son interesantes los que narran el aprendizaje de Jack: los del conocimiento de las técnicas de combate, los que hablan de las peculiaridades culturales japonesas, y los que constatan su asombro ante los contrastes tan fuertes entre unos comportamientos exquisitos y otros enormemente bárbaros.

Así, se habla de la importancia de la forma de escribir Kanji, una forma de arte que requiere años de instrucción; del significado del origami para un samurai: aprender a ir más allá de los límites obvios y adquirir la capacidad doblarse y plegarse a la vida; de los haikus, que la profesora describe así: «un gran poema haiku debe clavar el momento, expresar su atemporalidad». También se ve cómo Jack ha de aprender numerosísimas reglas, para no ser maleducado en la relación con los demás: algunas pueden parecer o ser excesivas pero, en concreto, es interesante ver el gran valor que se da al hecho de disculparse, pues significa una «aceptación de la responsabilidad de las propias acciones y el deseo de evitar echar las culpas a los demás. Si uno se disculpa y muestra remordimiento, los japoneses están dispuestos a perdonar y no mantener ninguna enemistad».

Luego, en el transcurso de su aprendizaje, a Jack se le transmiten enseñanzas valiosas:

—«el valor no es la ausencia del miedo, sino más bien el juicio de que otra cosa es más importante que el miedo»;

—«siete veces abajo, ocho veces arriba. No importa cuántas veces te derriben: levántate e inténtalo de nuevo»;

—«la venganza es una derrota en sí misma. Te reconcomerá hasta que no quede nada de ti»;

—«no juzgues cada día por la cosecha que recolectas. (…) Juzga por las semillas que plantas».

Pero, eso sí, no faltan enseñanzas contradictorias:

—así, por un lado, «la rectitud, la habilidad para juzgar lo que está bien y lo que está mal es la clave para ser un samurái»; en cambio, por otro, la técnica de los Dos Cielos «no trata sólo de empuñar dos espadas» sino que su esencia «es el espíritu de la victoria: vencer por cualquier medio y con cualquier arma»;

—o bien, por un lado, cuando le explican el tiro con arco, le dicen algo bien concreto: que «como cualquier arte, el secreto se revela a través de la dedicación, el trabajo duro y la práctica constante»; por otro, para que los sentimientos no le afecten a la hora de luchar, le dicen algo bastante más difícil de agarrar: «deja que desaparezcan mientras se forman como letras dibujadas con un dedo sobre el agua».

Chris Bradford. El joven samurai: El camino del guerrero (The Young Samurai. The Way of the Warrior, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008; 300 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafa Marín; ISBN: 978-84-666-3864-7. [Vista del libro en amazon.es]
Chris Bradford. El joven samurai: El camino de la espada (The Young Samurai. The Way of the Sword, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2010; 348 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4123-4. [
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Chris Bradford. El joven samurai: El camino del dragón (The Way of the Dragon, 2010). Barcelona: Ediciones B, 2010; 483 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4528-7. [
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jueves, 23 de junio de 2016

Cuando leí estos comentarios busqué los tres primeros libros de la serie El joven Samurái, de Chris Bradford, que, por lo que sé, son los únicos publicados en castellano.

El camino del guerrero comienza en 1611, en las costas japonesas. El joven Jack Fletcher, doce años, es el único superviviente a un ataque de piratas ninjas contra el barco mercante que pilotaba su padre. Es recogido en la casa de un famoso samurái, Masamoto Takeshi, donde comienza su adaptación al país pero, incluso allí, vuelve a ser buscado por los ninjas. Estos desean el cuaderno de bitácora que le dejó su padre, que tiene un gran valor comercial y político pues contiene información sobre rutas de navegación seguras por todo el mundo. Averigua entonces que los ninjas están dirigidos por el temible Ojo de Dragón, un ninja que también asesinó, tiempo atrás, al hijo mayor de Masamoto. Este, pocos meses después, a la vista de las buenas cualidades de Jack, lo envía a la escuela de futuros samuráis que dirige él mismo, la Niteh Ichi Ryû, o Escuela de los Dos Cielos. Allí hace amigos, con apoyo sobre todo de Akiko, una chica que le hace comprender las costumbres japonesas. Su oponente principal en la escuela es uno de los más dotados luchadores, llamado Kazuki, que odia profundamente a los gaijin (o extranjeros), y también, al principio, tiene como rival a Yamato, el hijo de Masamoto.

El camino de la espada narra el segundo año de Jack en la escuela. Van en aumento los prejuicios de algunos compañeros contra él según se propaga, en todo Japón, la persecución contra los extranjeros y los cristianos. Jack aprende nuevas habilidades y se prepara para el desafío al que deberá enfrentarse al término del curso: el círculo de Tres. Esto es importante porque sólo quienes lo pasan con éxito podrán ser entrenados en la técnica de lucha de los Dos Cielos, y Jack piensa que dominarla es su única posibilidad para derrotar a Ojo de Dragón cuando regrese a por él.

El camino del dragón es el tercer año. Jack se prepara para aprender los Dos Cielos: cómo combatir empleando a la vez una espada larga y una corta. Pero el conflicto social va en aumento y a los pocos meses estalla una guerra feroz en la que son alistados los alumnos mayores de la escuela junto con sus maestros. Jack se verá entonces amenazado, no sólo por Kazuki y Ojo de Dragón, sino también por un poderoso y malévolo jesuita que no puede ni ver a los protestantes ingleses. La edición española de este libro se abre con un episodio, titulado El camino del fuego, que cronológicamente corresponde al libro anterior.

Excepto el comienzo del primer libro y la segunda mitad del tercero, el esquema es el mismo. Por un lado, las clases en el interior de la escuela con muchas enseñanzas sobre formas de manejar distintas armas y formas de vida japonesas. El motivo por el que las enseñanzas son tan variadas es que, tal como le dirá a Jack el maestro de Zen en el tercer libro, «una nación que crea una diferencia demasiado grande entre sus sabios y sus guerreros acabará con su pensamiento realizado por los cobardes y su lucha librada por los idiotas». Por otro, se suceden distintos desafíos: unos son personales y están planteados por los enemigos del interior, Kazuki y su banda; otros son los planteados por los profesores, pues algunos no miran con simpatía a Jack; y otros son los colectivos, ya que la Escuela rivaliza con otras escuelas semejantes. Además, no faltan, en cada libro, unos asaltos de los ninjas con Ojo de Dragón al frente. Esto se adereza con los problemas personales que, por distintos motivos, tienen los amigos de Jack, con las extrañas desapariciones de Akiko, y con el misterio de quién es el hombre poderoso al que obedece Ojo de Dragón.

Un primer juicio global es que son novelas atractivas para muchos lectores, porque sus tramas tienen tensión, los héroes y rivales están bien dibujados, las descripciones de las artes marciales diversas y del uso de sus armas propias son excelentes, e incluso los elementos de tipo místico no suenan exagerados, aunque según avanza la historia van en aumento y la resolución de algunos asuntos es casi propia de novelas de fantasía. Algunos aspectos del interior de la escuela, así como los conflictos personales y colectivos, recuerdan las novelas de Harry Potter, aunque aquí las enseñanzas llegan a mayores extremos de competividad y violencia, que a veces podrían calificarse de enfermizas.

Hay muchos combates espectaculares que, para los no aficionados, tal vez sean excesivos, aparte de que el autor abusa del recurso de cómic de acabar los capítulos en un punto crítico en el que todo parece perdido para los héroes. Luego, como en tantas novelas con peleas terroríficas, no faltan los momentos enfáticos, como cuando se nos dice que Jack, prácticamente vencido en un combate, «experimentó una nada infinita». También hay técnicas de lucha poco creíbles, como la del kiaijutsu, el arte secreto de unos monjes guerreros que vencen a sus enemigos con un grito: el kiai, un alarido que no se trata de que sea muy fuerte sino bien concentrado, pues «la brisa más pequeña puede crear olas en el océano más grande»… Y, aunque históricamente sea cierto que hubo en aquellos siglos una buena cantidad de mujeres samurái, las frases para reivindicar el papel luchador de las chicas suenan demasiado a muchas novelas de ahora: cuando Jack, en un ataque de los ninjas, se sorprende de la enorme habilidad de Akiko en el combate y le pregunta cómo ha podido hacer eso, ella responde indignada: «Las mujeres japonesas no sólo llevan quimonos, Jack».

Chris Bradford. El joven samurai: El camino del guerrero (The Young Samurai. The Way of the Warrior, 2008). Barcelona: Ediciones B, 2008; 300 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafa Marín; ISBN: 978-84-666-3864-7. [Vista del libro en amazon.es]
Chris Bradford. El joven samurai: El camino de la espada (The Young Samurai. The Way of the Sword, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2010; 348 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4123-4. [
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Chris Bradford. El joven samurai: El camino del dragón (The Way of the Dragon, 2010). Barcelona: Ediciones B, 2010; 483 pp.; col. Escritura Desatada; trad. de Rafael Marín; ISBN: 978-84-666-4528-7. [
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miércoles, 1 de mayo de 2013

El Falso Príncipe, de Jennifer Nielsen, es una novela de argumento bien ideado y de lectura absorbente aunque con problemas constructivos. En el reino de Carthya, un noble llamado Conner recoge a varios huérfanos de unos catorce años con el fin, según averiguamos pronto, de adiestrarlos para que uno pueda presentarse ante la corte como si fuera el príncipe Jaron, que supuestamente había fallecido cinco años atrás cuando unos piratas abordaron el barco en el que iba. El narrador es uno de los chicos, Sage, sarcástico y desafiante desde los comienzos, cuando está en un orfanato y Conner lo encuentra. Toda la novela es la preparación de Sage, el inteligente Tobias y el activo Roden, puntuada porque Sage se salta las normas previstas una y otra vez y, en consecuencia, es también castigado, una forma más que hábil para ir averiguándolo todo. Una chica del servicio, muda, se convierte en su aliada.

La trama está bien entretejida. La historia se sigue con facilidad y deseos crecientes de ver qué viene a continuación, aunque sea dudosa la verosimilitud de muchas reacciones y comportamientos. El personaje de Sage tiene fuerza pero deja mucho que desear como narrador literario: no es de los que se engaña a sí mismo de forma que el lector ha de ir averiguando qué pasa de verdad, sino un narrador que miente al lector y le oculta cosas continuamente. Estas trampas, que seguramente se podrían haber evitado con otras formas de contar la historia, dejan sensación de novela fallida, una pena porque tanto la idea como los personajes tienen tirón. En cualquier caso, se lee con gusto. Es la primera de una trilogía, según se anuncia, pero el relato está completo.

Jennifer Nielsen. El Falso Príncipe (The False Prince, 2012). Madrid: Alfaguara, 2012; 397 pp.; trad. de Diego de los Santos; ISBN: 978-84-204-00280.

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miércoles, 22 de agosto de 2012

El narrador de Un tesoro en el patio, de Jaume Copons, es Nils, un chico cuyos padres se van de vacaciones mientras a él le dejan dejan con los abuelos, en Mínim, un pequeño pueblo catalán cercano a Francia. Aunque teme aburrirse, Nils acaba encontrando un entretenimiento inesperado: descubre un misterioso plano y, con ayuda de Alba, una chica senegalesa que se ha instalado en Mínim con sus padres y hermanos, intenta encontrar el tesoro que allí se anuncia.

Relato simpático pues está bien armado y la ironía de Nils es amable y educada: «la abuela y yo no teníamos exactamente la misma idea de lo que significaba aburrirse y no quise insistir». Parte del interés de la historia está en los choques que se dan entre los modos de afrontar las cosas de un chico como Nils y una niña de otra cultura como Alba, y entre las formas de vivir urbana, que Nils al principio echa de menos, y la más calmada del pueblo, que al final valora más.

Esta novela y Tesoros perdidos me han hecho pensar que, tal vez, en adelante compense veranear en pequeños pueblos catalanes. Y no sólo porque parece que por allí hay más tesoros ocultos que en otros sitios, sino también porque abundan las cocineras expertas en preparar irresistibles platos de macarrones, como la abuela de Nils y la abuela de Santi en Tesoros perdidos.

Jaume Copons. Un tesoro en el patio (Un tresor al safareig, 2012). Madrid: MacMillan, 2012; 121 pp.; col. Librosaurio; ilust. de Federico Delicado; trad. de Marinella Terzi; ISBN: 978-84-1542-622-6.

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miércoles, 15 de agosto de 2012

Tesoros perdidos, de Ramón Homs, cuenta que dos universitarios, Santi y Oriol, deciden pasar los meses de verano en La Arboleda, el pueblo tarraconense de la familia de Santi, para preparar un trabajo que deben presentar al regreso. Con ese fin, acaban montando una empresita que ofrece rutas turísticas por la comarca. Su primer cliente resulta ser un tipo misterioso, que parece alemán y desea ir a un lugar poco accesible. Como se puede suponer, las cosas se complican.

La parte de la historia sobre tesoros artísticos que robaron los nazis y reaparecen ahora sirve para dar suspense al hilo argumental. En este caso, lo que importa más es cómo la narración, que destaca por su lenguaje cuidado y por su fluidez, va poniendo delante del lector los pormenores de la vida cotidiana con un deje irónico que provoca la sonrisa continua. Los personajes principales están bien dibujados y resultan cercanos. Los «secundarios» se perfilan bien con pocas apariciones: de la hermana de Santi se dice que «practica una especie de psicología aplicada: el profesor flemático, el vecino reprimido, la tía psicótica…»; la dueña de la pensión donde se aloja el extranjero lo caracteriza señalando que habla un castellano tan perfecto «como un diccionario. ¡Qué vocabulario! Dice “si es usted tan amable”, y “no obstante”, y “postigo” y “frazada”…».

Ramón Homs. Tesoros perdidos (Tresors perduts, 2012). Madrid: Oxford, 2012; 187 pp.; col. El árbol de la lectura; trad. de Toni Cassany; ISBN: 978-84-673-7316-5.

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jueves, 15 de marzo de 2012

El santuario del pájaro elefante,
de Heinz Delam, cuenta el viaje de unos científicos al Congo, a una reserva natural. Cuando empiezan a suceder cosas raras, algunos averiguan que, además de los objetivos fijados, también van en busca de un animal del que se cree que casi no quedan ejemplares; que varios miembros de una expedición anterior fallecieron violentamente; y que sus vidas también están amenazadas por un misterioso y sanguinario grupo que trafica con animales en extinción. Cuenta la historia la hija del organizador, Natalia, de quince años, y el personaje decisivo es otro chico joven, Eloko, cuyo padre actuó como guía del grupo anterior.

Las pegas que se le podrían poner a la novela son algunos toques enfáticos de la narradora, que algunos personajes no son más que un esquema, y que suena un poco forzado el marco del relato —los motivos por los que Natalia va con su padre y sus explicaciones del epílogo—. Pero a su favor se pueden decir muchas más cosas: la lectura es amena, pues es atractivo el núcleo argumental; el hilo narrativo tiene tensión y tanto el carácter como el comportamiento de Eloko están conseguidos; son buenas las descripciones e informaciones de tipo ambiental, sobre la fauna, la flora y los escenarios del lugar, ríos y selvas con lugares pantanosos traicioneros como los de algunas aventuras del pasado.

Heinz Delam. El santuario del pájaro elefante (2011). Zaragoza: Edelvives, 2011; 230 pp.; col. Alandar; ISBN: 978-84-263-8161-3.

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miércoles, 5 de octubre de 2011

El cayo
,
de Theodore Taylor, es una excelente novela de supervivencia en un cayo del Caribe durante la segunda Guerra mundial. Está bien escrita, tiene un planteamiento inteligente y resulta verosímil.

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miércoles, 4 de mayo de 2011

Erik, hijo de Árkhelan. El amanecer del guerrero,
de Miguel A. Jordán, es la primera novela de una serie de ambiente medieval nórdico. El protagonista es Erik, un chico de quince años, el mayor de los hijos de un antiguo general del rey. Huérfano de madre, vive con su padre y sus hermanos, Nela, Robert y Bera, de cuatro años. Cuando Erik y dos amigos, Gunnar y Kodran, encuentran a una loba muerta en una trampa, recoge a sus dos cachorros y decide llevarlos a la persona que más sabe de animales del pueblo: el huraño Markus, el cetrero. Este accede a enseñarle cómo cuidar a los lobeznos y, además, cuando los chicos se lo piden, se muestra dispuesto a ser su instructor con la espada. Además, Erik ha de prepararse para participar en una competición en la que ha de vencer a Olaf, un trampero de comportamiento poco noble.

Trama que discurre según esquemas conocidos: un chico de grandes cualidades humanas y físicas, unos amigos que son un gran apoyo, un mentor de pasado desconocido, un duro entrenamiento que dará frutos en su momento, unos animales que serán decisivos, etc. Todo está dispuesto, también, para que las cosas vayan encajando según las expectativas que se abren: emparejamientos, reconocimientos, futuras amenazas, etc. Los personajes hablan todos igual, con expresiones de ahora, y tanto el héroe como sus amigos y familiares, son personas sensatas y prudentes: muchos lectores pensarán que demasiado. Pero lo que importa es el relato, que está bien contado y construido, con descripciones escasas y diálogos que llevan casi todo el peso de la narración, y que, como se supone, se dirige a un dramático enfrentamiento final.

Miguel A. Jordán. Erik, hijo de Árkhelan. El amanecer del guerrero (2010). Barcelona: Ámbar, 2010, 3ª ed.; 236 pp.; ISBN: 978-84-92687-23-7.

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miércoles, 27 de abril de 2011

A un artículo de Stevenson en el que decía que todos los niños han buscado siempre tesoros enterrados, Henry James le replicó que él nunca había buscado ninguno, y Stevenson le volvió a contestar diciéndole que, en ese caso, es que él nunca había sido niño.

He pensado eso al leer La cueva de los Doblones, de Julio César Romano, un relato corto ambientado en Mohedas de la Jara, Toledo, en la que tres chicos y una chica encuentran un extraño medallón que les termina conduciéndoles a un antiguo tesoro inca.

Todo suena conocido pero este tipo de historias siempre captan el interés si, como es el caso, resultan cercanas, están bien escritas, y los toques de fantasía son los justos. Además, los protagonistas, un chico del pueblo y tres veraneantes, se perfilan lo suficiente para que sus choques añadan la tensión necesaria para desencadenar los acontecimientos.

Julio César Romano. La cueva de los Doblones (2010). Valencia: Brief, 2011; 117 pp.; ilust. de Marta Gil Colomina; ISBN 13: 978-84-15204-03-9.
Henry James – Robert Louis Stevenson. Crónica de una amistad. Correspondencia y otros escritos. Madrid: Hiperión, 2009; 217 pp.; col. Libros Hiperión; trad. de María Condor; ISBN: 978-84-7517-902-5.

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miércoles, 12 de enero de 2011

Una novela argentina que leí hace años y me gustó: Milla Loncó, de Rodolfo Otero. Que yo sepa, no está en el mercado español. Es un relato de aventuras al que se le puede aplicar este párrafo de Claudio Magris: «A diferencia de otros géneros narrativos, como la novela psicológica, en la de aventuras puede suceder y sucede de todo, las peripecias más inimaginables, cambios de horizonte y de identidad, cabalgadas y desarzonamientos. Con este perfil, la novela de aventuras más ingenua es la más cercana a la realidad, porque también la realidad más prosaicamente uniforme es susceptible, en cualquier momento, de los acontecimientos más imprevisibles».

Claudio Magris. «Robinson y los robinsones», Alfabetos. Ensayos de literatura (Alfabeti, 2008). Barcelona: Anagrama, 2010; 415 pp.; col. Argumentos; trad. de Pilar González Rodríguez; ISBN: 978-84-339-6315-4.

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miércoles, 10 de marzo de 2010

Rita y el secreto de la piedra negra,
de Mikel Valverde, comienza cuando Rita, diez años, está con su tío Daniel en una expedición arqueológica en Libia. A partir de que a un chico del grupo le pica una serpiente, Rita, su tío, el profesor Visconti y el libio Nadim, acaban viajando por distintos países africanos en busca de unas misteriosas piedras negras. Una profecía que le hace un brujo a Rita le dará las pistas para entender y enfrentarse a todo lo que sucederá después, especialmente cuando se cruzan con unos peligrosos ladrones y con un misterioso millonario que les ayuda en sus indagaciones. A todo esto, como a Rita le roban la cámara de fotos, se pasa todo el viaje haciendo dibujos: el libro incluye su cuaderno de viaje con ellos.

Relato extenso y ameno. Los muchos y magníficos dibujos añaden más sabor «tintinesco» a una historia con algunos elementos argumentales como los de las clásicas aventuras de Rider Haggard. A Rita, una chica espabilada y audaz, se le coge simpatía también por su aspecto tan decidido y activo en las ilustraciones. El lenguaje es claro y recurre a expresiones coloquiales de ahora y de aquí, como un «me lo está poniendo a huevo», que dice para sí Rita, o un «lo tiene claro, colega» de un inspector de policía namibio a un delincuente. La narración apunta, de paso pero con claridad, los turbios negocios de algunas industrias farmacéuticas que prueban sus medicamentos en gente a la que usan como conejillos de Indias (al respecto se puede leer Farmacéuticas y África).

Mikel Valverde. Rita y el secreto de la piedra negra (2009). Madrid: MacMillan, 2009; 300 pp.; ilust. del autor; ISBN: 978-84-7942-449-7.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Tiempo atrás he puesto ya referencias a obras de Eoin Colfer que me divierten —y que son eficaces, como se ve por su éxito— pero que no me acaban de parecer bien terminadas y, por tanto, duraderas. Me ha parecido mejor Airman, tal vez porque es una narración de un género distinto al de las anteriores de Colfer, o porque me siguen gustando los superhéroes del pasado, o porque miro con simpatía la época de los pioneros de la aviación.

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miércoles, 13 de mayo de 2009

A pesar de sus defectos, las dos primeras novelas de la serie Montaraces, tituladas Las ruinas de Gorlan y El puente en llamas, del australiano John Flanagan, tienen algunas de las cualidades de las mejores novelas de aventuras.

En Las ruinas de Gorlan se presentan el escenario y los protagonistas: un mundo paramedieval —una isla semejante a Inglaterra en la que no hay magia pero sí criaturas extrañas (que recuerdan a los orcos de El Señor de los anillos)—; unos héroes en formación y un malvado al acecho al otro lado de las fronteras. Al comienzo se cuenta el día de la Elección en el Castillo de Redmont: un grupo de jóvenes de quince años son escogidos para distintos oficios y Will, un chico huérfano que desea entrar en la Escuela de Combate, no es seleccionado para ella por ser bajito, pero sí para entrar en el cuerpo de montaraces, los espías y vigilantes del reino; en cambio, su rival Horace sí es elegido para llegar a ser caballero.

El primer libro cuenta el aprendizaje de Will y una persecución, junto con su maestro Halt y el también montaraz Gilan, de los espantosos kalkara, unos seres fortísimos de aspecto de oso y simio, prácticamente invulnerables; además Will desea saber quién fue su padre. En El puente en llamas, durante una expedición al sur, al país de Céltica, Gilan, Will y Horace encuentran a la joven Evanlyn, que huye de una incursión de wargals (unos especímenes también parecidos a osos pero menos mortíferos que los kalkara), y descubren que no sólo es cierta la sospecha de que lord Morgarath desencadenará un ataque contra el reino de Araluen, sino que la amenaza es mucho mayor de lo que suponían pues se anuncian varias oleadas de invasores skandians.

Defectos: el autor a veces hace aclaraciones explícitas innecesarias —«Will asintió, comprendiendo el razonamiento de su maestro»—; los malvados son planos —«el mal siempre atrae a los suyos, y en el círculo más próximo a Morgarath eran todos, sin excepción, malvados, depravados y de corazón tenebroso. Todos, no obstante, eran guerreros muy capaces y, la mayoría, asesinos despiadados»—; algunos episodios están sobrecargados; la gran batalla del segundo libro se resuelve muy fácilmente; los golpes de humor son poco humorísticos...

Cualidades: acción bien llevada y claridad narrativa sin lirismos improcedentes; mundo interior inseguro de los protagonistas bien dibujado; tal vez lo mejor es lo precisas que son las descripciones de las habilidades que adquieren Will y Horace —tiro con arco, seguimiento de pistas, manejo de puñales y espadas...—; hay tensión en los combates singulares que se suceden y todos ellos son diferentes entre sí; está bien presentada la forma en que los protagonistas aprenden a huir de cualquier adulación y a ser conscientes de sus limitaciones y de sus capacidades...

Hay que añadir, además, que no son libros independientes: es necesario leer el primero antes del segundo y conviene saber que la historia queda pendiente de un «continuará». Por tanto habrá que ver la evolución que toma la serie.

John Flanagan. Montaraces. Las ruinas de Gorlan (Ranger’s Apprentice 1. The Ruins of Gorlan, 2004). Madrid: Alfaguara, 2008; 320 pp.; trad. Julio Ignacio Hermoso Oliveras; ISBN 13: 978-84-204-7303-1.
John Flanagan. Montaraces. El puente en llamas (Ranger’s Apprentice 2. The Burning Bridge, 2005). Madrid: Alfaguara, 2008; 312 pp.; trad. Julio Ignacio Hermoso Oliveras; ISBN 13: 978-84-204-7459-5.


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jueves, 18 de diciembre de 2008

Un relato bien construido: El alfabeto de los sueños, de Susan Fletcher. Una chica y su hermano pequeño acaban huyendo enrolados en una misteriosa expedición que resulta ser la de los Reyes Magos. Uno de sus puntos fuertes es lo bien que maneja el narrador la relación entre la historia de los protagonistas y la de los Magos: esta última se presenta indirectamente, sólo en cuanto es observada por personas externas a ella que, además, bastante preocupadas están con sus propios problemas.

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miércoles, 19 de noviembre de 2008

Aventuras de dos gemelos diferentes
,
de Tonke Dragt, es un libro de aventuras y enredos, entretenido e inteligentemente compuesto, que merece ser conocido. Eso sí, la edición contiene algunas erratas, algunos defectos de traducción y el error contumaz de citar con minúsculas a Dios: los personajes hablan de «la bendición de dios» y dicen «que dios os bendiga», y el narrador menciona de alguien que «le dio las gracias a dios». Da vergüenza tener que decir que usamos las mayúsculas para nombrar a Dios por la misma razón que las usamos para referirnos a Siruela o a Tonke Dragt.

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miércoles, 13 de febrero de 2008

Mimus
,
de la alemana Lilli Thal, es un relato que podría compararse con Carta al Rey de Tonke Dragt por los escenarios y su presentación de una Edad Media especial pero no fantasiosa. La diferencia es que no tiene sus aires ingenuos ni su acción propia de aventura clásica, pues su autora opta por acentuar la intensidad de los conflictos interiores del protagonista.

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martes, 19 de junio de 2007

Hace poco falleció Pierre Probst, un ilustrador francés que publicó álbumes populares pero al que yo recuerdo por las dinámicas ilustraciones en blanco y negro que puso a un libro de aventuras excelente, y agotado, titulado El príncipe de la jungla, de René Guillot.

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miércoles, 27 de diciembre de 2006

Una de las mejores novelas juveniles de aventuras que conozco (que conocí el año pasado, cuando se publicó en castellano) es Carta al Rey, de Tonke Dragt. Lo mejor que se puede decir de su continuación, que acaba de ser publicada recientemente, Los secretos del Bosque salvaje, es que no baja el nivel. No tiene la fuerza de una primera novela que descubre personajes, ni el tirón del hilo argumental clásico del largo viaje para cumplir una misión, pero engancha igual y tiene todo el atractivo de unos protagonistas bien perfilados y una trama tensa.

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martes, 17 de octubre de 2006

Ya que ha fallecido hace pocas semanas, aquí está una ficha de Naguib Mahfuz y una novelita de aventuras que publicó al comienzo de su carrera, no gran cosa pero amena, titulada La maldición de Ra.

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miércoles, 6 de septiembre de 2006

Otro libro del que se celebra este año el 40 aniversario, un “thriller” juvenil que fue un hito (local) en su momento, es La casa bajo la arena, de Joaquin Carbó.

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miércoles, 17 de mayo de 2006

Una novelita que me ha gustado: El tripulante de cometas, de Geraldine McCaughrean. Tiene ritmo, buenas descripciones, un protagonista chaval que atrae pero que no se comporta siempre con inteligencia, una chica lista, un tipo elegante y misterioso... Pero uno de sus principales atractivos, para mí, es la novedad de un argumento que no había encontrado antes.

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miércoles, 10 de mayo de 2006

Una novelita de aventuras que me ha gustado es Los senderos del tigre, de Juan Madrid. Y si el autor hubiera evitado espolvorear unos leves toques políticamente correctos, que suenan impropios del narrador que cuenta la historia, de alguien de su tiempo y de su época, le daría una nota más alta.

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miércoles, 15 de marzo de 2006

Saturados como estamos de muchas ficciones ambientadas en la Edad Media que no respetan, siquiera mínimamente, la realidad histórica de aquella época, puede ser saludable recordar La espada y la rosa, una novela juvenil que hace unos años firmó Antonio Martínez Menchén.

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miércoles, 23 de noviembre de 2005

La novela de Tonke Dragt, Carta al Rey, considerada el mejor libro juvenil holandés de los últimos cincuenta años, es ciertamente una sensacional novela de aventuras. Algunos escritores de ahora deberían fijarse: ¿por qué gustan siempre libros así? ¿qué pautas en la confección y en la forma y en los contenidos hacen posible que permanezcan historias como esta?

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miércoles, 7 de septiembre de 2005

Recuerdo, y en su momento anoté, que la banda publicitaria de la primera novela de Miguel Larrea, Las andanzas de Kip Parvati, decía: «Esta obra fue rechazada por once editoriales. Estoy convencido de que se equivocaron absolutamente. Tenéis en las manos una auténtica delicia». Y firmaba el editor. En efecto, era una novela fresca que producía la rarísima satisfacción de tropezarse con una novela española de aventuras juveniles con sabor ultraclásico. Hace poco tiempo que ha salido la continuación, Kip Parvati y la sombra del cazador, y aunque me parece inferior sobre todo argumentalmente, aparte de que no se juzga con igual benevolencia una primera que una segunda novela, quienes quedaron enganchados con el personaje y los escenarios agradecerán leerla.

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