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Notas del archivo 'Novelas de amor juvenil' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 3 de noviembre de 2016

La edad ingrata, de Booth Tarkington, es una novela humorística que se publicó, por entregas, en 1914, y como libro en 1916. Tiene como héroe a un chico de diecisiete años, llamado William Sylvanus Baxter, de clase acomodada y que vive en una pequeña ciudad norteamericana del este. Cuando conoce a una invitada de sus vecinos, llamada Lola Pratt, una chica que habla con lengua de trapo y que lleva siempre a un perrito faldero llamado Flopit, empieza a cortejarla. Su entusiasmo se ve dificultado porque sus amigos también lo hacen, por su propia precipitación, y por las intromisiones de su hermana pequeña Jane, que es el gran personaje de la historia.

Esto lo explica el narrador así: «Durante las delicias del primer amor, si existe una criatura más letal que el hermano pequeño de una mujer en ciernes, es la hermana pequeña de un hombre en ciernes. El hermano pequeño, al menos, pregona a los cuatro vientos lo que sabe, a menudo a pleno pulmón, y hasta eso puede evitarse, pues es extremadamente sobornable; pero la hermana pequeña tiende más a reservar la información para usarla en una ocasión terrible y venidera; y por muchos sobornos que acepte, con total seguridad se lo contará todo a su madre. En definitiva, un joven enamorado debería arreglárselas, en la medida de lo posible, para ser el único hijo de sus padres, de otro modo su madre y su hermana seguramente sabrán mucho más sobre él de lo que él sabe que saben».

El párrafo anterior muestra que el relato es muy fluido y ameno. Muchas de las situaciones cómicas que se suceden responden a otra época, como se puede apreciar aquí: «La civilización es responsable de ciertos anhelos humanos: anhelos artificiales, pero a veces tan desgarradores como el hambre y la sed. De ellos, los más intensos son el de la muchacha por el velo de novia, el del muchacho por los pantalones largos, y el del joven por el traje de etiqueta». Mientras los personajes principales tienen un punto de exageración, de histerismo William y de estupidez Lola, que los hacen poco atractivos, el comportamiento de Jane resulta siempre cómico. Así, después de cometer una indiscreción con su hermano, el narrador indica que sus «punzadas de remordimiento se diluyeron en su amor por el sensacionalismo» y, por supuesto, continuó diciendo lo que no debía...

La novela, muy elogiada en su momento, ha sido a veces criticada por racista. En realidad, la historia en sí misma no lo es —los negros que aparecen en ella quedan retratados con simpatía y actúan con más inteligencia que sus empleadores blancos—, pero sí pone de manifiesto las actitudes racistas o clasistas de la gente de aquel ambiente: aunque para el lector quede claro quién está comportándose de modo estúpido, alguno se sobresaltará cuando vea que William se refiere, hablando con su madre, al criado negro, Genesis, como «ese abominable negro de ahí».

Booth Tarkington. La edad ingrata (Seventeen. A Tale of Youth and Summer Time and The Baxter Family Especially William, 1916). Madrid: Defausta, 2016; 219 pp.; trad. de Susana Prieto Mori; ISBN: 978-84-945029-1-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 15 de septiembre de 2016

Hay libros que, con el aspecto externo y el tono narrativo propio de un relato infantil, se dirigen más bien a lectores jóvenes y adultos. El bosque de la bruja y los calcetines mágicos, de Jutta Richter, es un ejemplo: en él se habla bien de la sorpresa y la belleza del enamoramiento.

En las primeras páginas, recuadradas con orlas y con una narración que tiene tono de cuento de hadas, se presenta una joven bruja llamada Karla, que vive en un bosque y que viste calcetines rojos porque con ellos se anda mejor que con los marrones. Luego desaparecen las orlas y entra en escena un segundo personaje, Robert, un empleado en una carbonería que vive avergonzado porque siempre tiene las manos manchadas de carbón. Una de sus clientas, una anciana llamada Hermine Schlott, le habla de una bruja que vive en el bosque, cosa que Robert no cree del todo, y le acaba dando unos calcetines de lana rojos que Robert se pone. Así que, un sábado en el que no trabaja, va en busca de Karla. Y, así, contándose historias unos personajes a otros, que van siempre recuadradas con distintas orlas, los dos protagonistas se enamoran…

Tal como se comenta en esta entusiasta reseña, «el libro está escrito con un estilo delicioso (permite a la historia latir en cada línea), la trama está sabiamente armada (la atención no decae un instante), los personajes resultan irresistibles (en verdad irresistibles), las historias intercaladas son también estupendas y el conjunto es de una belleza deslumbrante». A esos elogios se les puede añadir que no faltan en la narración las frases sabias bien traídas a cuento: la señora Schlott le dice a Robert que no todo en las historias es inventado, que cualquier historia «se puede contar de una u otra manera pero la realidad siempre está dentro».

Jutta Richter. El bosque de la bruja y los calcetines mágicos: una historia sobre la felicidad (Hexenwald und Zaubersocken, 1993). Salamanca: Lóguez, 2015; 87 pp.; col. La joven colección; ilust. de Jörg Mühle; trad. de L. Rodríguez López; ISBN: 978-84-96646-81-0. [
Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 26 de julio de 2012

La joven de las naranjas
,
de Jostein Gaarder, transmite bien algunos sentimientos de asombro maravillado y el encandilamiento del primer amor juvenil.

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miércoles, 14 de marzo de 2012

Ahora que, poco a poco, Noguer va reeditando títulos antiguos, podrían incluir entre sus planes el de publicar de nuevo un relato de hace tiempo acerca de los tamaschek, o tuareg, con unos protagonistas amables y bien perfilados: Luna Roja y Tiempo Cálido, de Herbert Kaufmann.

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jueves, 20 de enero de 2011

Novelas de amor juveniles, llamémoslas realistas, de distintos años: Cinco panes de cebada (1979), Jack Frusciante ha dejado el grupo (1993), de Enrico Brizzi, Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero (1995), de Martín Casariego, Vigo es Vivaldi (2000), Blanca como la nieve, roja como la sangre (2010). Se pueden comparar y, seguramente, concluir que la rapidez con que los relatos así envejecen tiene que ver con la cantidad que incluyan de lenguaje de argot y de referencias de actualidad (películas, canciones, personajes) propios del momento en que fueron escritos. En fin, si tuviera que decir cuál resistirá mejor el paso del tiempo pondría la mano (de otro) en el fuego por la primera.

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jueves, 6 de enero de 2011

Una novela de amor que sigue leyéndose igual de bien que hace treinta años: Cinco panes de cebada, de Lucía Baquedano. Es un ejercicio interesante preguntarse qué tienen las novelas de amor que duran, el ejemplo más claro yéndonos hacia atrás está en las de Jane Austen, y qué tienen las que no, de las que no se pueden poner ejemplos precisamente porque nadie las lee ya. Volveré a la cuestión.

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miércoles, 6 de enero de 2010

A Papaíto piernas largas y Querido enemigo, dos populares libros de Jean Webster de comienzos del siglo XX, se les puede aplicar lo que decía Natalia Ginzburg a propósito de Corazón: son libros que pertenecen a una época en la que si se escribían cosas falsas sobre la caballerosidad y el amor romántico era también porque esos sentimientos existían a un paso de distancia.

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viernes, 18 de julio de 2008

Un buen relato español de amor juvenil: Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta. Además, también da idea de la diferencia entre un bachillerato de antes y uno de ahora...

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miércoles, 30 de noviembre de 2005

Acaba de volver al mercado Pequeñas memorias de Tarín, de Rafael Sánchez Mazas, un libro con tintes autobiográficos donde se cuentan magníficamente algunas escenas de infancia y juventud. Con un material semejante, treinta años después, Sánchez Mazas escribirá La vida nueva de Pedrito de Andía, para mi gusto la mejor novela de amor juvenil que se ha escrito en castellano. Este tipo de historias también sirve para, entre otras cosas, pensar en qué hemos ganado y qué hemos perdido.

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miércoles, 24 de agosto de 2005

Un buen relato de amor juvenil, que además cumple con acierto la función de introducir al lector joven en la mejor poesía de amor de la literatura castellana, es Claudia y Grunch, de Rafael Gómez Pérez.

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miércoles, 23 de febrero de 2005

En tiempos no precisamente versallescos es una buena noticia para todos, y no sólo para los nostálgicos, la nueva edición de El Gran Meaulnes, de Alain Fournier, una romántica novela de amores juveniles de verdadera calidad.

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