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Notas del archivo 'Novelas «de profesor»' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 9 de agosto de 2012

Y, sin embargo, contento,
de Javier Arcas, es una «novela de profesor»: un relato que un profesor construye a partir de sus experiencias en el trato con alumnos y con sus padres, que recoge anécdotas escolares, contenidos académicos integrados en el texto, y orientaciones vitales para chicos y chicas en momentos clave de su maduración. Tiene como particularidad que se puede descargar en la red gratuitamente y que, por lo que sé, a lo largo del verano en España ha sido la novela gratuita más descargada en iTunes (de momento, ningún editor se ha enterado del éxito, por lo que parece).

La acción tiene lugar en Vigo. Su argumento comienza con una bronca entre dos chicos que tontean con la más guapa de la clase. Uno, Lucas, es el más listo; otro, Berto, no es buen estudiante pero es un gran deportista y muy simpático; Andrea, la chica en discordia, ambiciona ser modelo. La pelea tiene, como consecuencia inmediata, que ambos son expulsados del colegio durante una semana y, como efecto a corto y medio plazo, que Lucas y Berto empiezan a dar pasos hacia una mayor madurez. Van apareciendo en el relato los profesores, y las conversaciones que tienen entre ellos y con los padres; más compañeros y compañeras, entre los que merecen una mención especial las Gorgonas, un personaje colectivo que representa a los murmuradores; padres y madres de distintos estratos sociales.

La estructura, en capítulos cortos que, a su vez, se subdividen en escenas más o menos contadas desde la perspectiva de algún personaje, facilita que la narración salte de un escenario a otro y deje intrigado al lector con qué ocurrirá luego. El mundo interior de los protagonistas, y también de otros secundarios, está presentado con detalle y verosimilitud, con especial atención a los procesos de reconocimiento y aceptación de los errores pasados. Los diálogos de los chicos tienen frescura, también la frescura de la zafiedad, bien contrarrestada por algún personaje que frena o corrige las basteces, y mucho vigor dialéctico, cuando asoman el furioso sarcasmo adolescente o el displicente sarcasmo del educador. Hay que decir, también, que el hecho de que el libro haya pasado directamente del autor al público, facilita que haya conversaciones, que todos conocemos de sobra como normales, que seguramente los editores preocupados por lo políticamente correcto no permitirían.

Son muchas las expresiones coloquiales felices —«roces mejilleros», «la enorme alegría de una idiotez tan grande como un gol de recreo», «los tíos sois unos animales y tenéis la sensibilidad en los mocos», una chica «más corta que el rabo de una mosca»—; abundan escenas de clase y de ambiente colegial que son excelentes —por ejemplo, un grupo de madres que animan a sus hijos en los partidos, «un rebaño de ultras, agrupadas en corrillos con la única finalidad de insultar a los contrarios y de poner a caldo al árbitro con gritos de grulla histérica, mientras mascaban chicle o comían pipas, poniéndolo todo perdido»—; no faltan digresiones del narrador acerca de ciertas teorías pedagógicas —«el problema de Berto lo señalaría hoy un pedagogo teórico como falta de motivación. Es la mítica respuesta que les ha servido a tantos para justificar unos números de fracaso escolar más propios de otra especie que de la humana. Y también la han argumentado para lavarse las manos, echando las culpas siempre a los demás, o a lo demás. El propio Berto Lavilla sabía que su verdadero problema no era la falta de motivación, ni que le faltasen razones para hacer bien las cosas, ni motivos por los que hacerlas»—.

Aparte de que la novela parece haber sido redactada muy rápido, lo que le da fuerza pero implica que podrían corregirse cosas, algunos lectores le podrían objetar la gran sabiduría de algunos personajes adultos —la abuela de Lucas, un viejo pintor amigo de su familia, el profesor Adrio—, el que haya tantos procesos de maduración positivos a la vez —pues no sólo los dos protagonistas principales cambian para bien—, el que algunos episodios buscan tocar no tanto los sentimientos de los personajes como llegar al corazón del lector… Pero todas estas pegas forman parte de los rasgos habituales del subgénero: así son este tipo de novelas en las que se busca hacer pensar gracias a que se presentan con talento situaciones y emociones que los lectores jóvenes reconocen como propias. Por eso, teniendo en cuenta que no estamos ante un relato complaciente y cómplice, a la hora de juzgarlas el éxito es importante: si gustan mucho a su público natural, como es el caso, es que estamos ante una buena historia. Se puede añadir, por último, que el autor tiene la habilidad de no recurrir casi a rasgos circunstanciales —como canciones o películas de moda—, y que las referencias a las redes sociales son las justas y no invaden el relato, con lo que ha conseguido un relato que puede ser mucho más duradero de lo habitual.

Javier Arcas González. Y, sin embargo, contento (2012). Se puede descargar gratuitamente desde aquí, y desde aquí.

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jueves, 2 de agosto de 2012

Una novela juvenil de hace ya un tiempo, de las que un profesor puede preparar para enseñar a sus alumnos la importancia y el interés de su materia, es El tesoro de Fermín Minar, de Dimas Mas.

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jueves, 12 de julio de 2012

Una interesante «novela de profesor» que narra un largo diálogo en la carretera de Vigo a Madrid, y que, por lo que veo, no está en el mercado ahora mismo: Anagnórisis, de María Victoria Moreno.

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jueves, 16 de septiembre de 2010

Blanca como la nieve, roja como la sangre
,
de Alessandro D'Avenia, es una novela que, por el tipo de narrador y el tipo de relato, se podría comparar con otra italiana, de hace tiempo, Jack Frusciante ha dejado el grupo, de Enrico Brizzi o con Y decirte alguna estupidez, por ejemplo te quiero, de Martín Casariego —más adelante pondré reseña de ambas aquí—, o con Vigo es Vivaldi, de José Ramón Ayllón. Es también, como esta última citada, una «novela de profesor» —escrita por un profesor con intención de reflejar preocupaciones y preguntas de los chicos y chicas, y, en la medida de lo posible, de dar algunas respuestas o de mostrar algunas salidas—. Está bien escrita, es fresca, por momentos divertida y por momentos con acentos poéticos, y busca (y en muchos casos consigue) llegar al corazón.

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jueves, 22 de octubre de 2009

Otoño azul,
de José Ramón Ayllón, es un relato que continúa las andanzas de la protagonista de Vigo es Vivaldi, Diario de Paula y Palabras en la arena. Ahora, un año después, en Barcelona, vuelve a enamorarse de un chico que, a su vez, está pasando un mal momento después del reciente fallecimiento de su madre.

Libro con un débil hilo argumental y con las mismas cualidades que los anteriores: muy bien escrito —en este punto hay una diferencia de nivel notable con otras historias de adolescentes—, anécdotas escolares y familiares graciosas junto con diálogos y réplicas de película —que gustan aunque sean excesivos desde un punto de vista realista—, enseñanzas escolares bien embutidas en la narración —esas explicaciones condensadas a las que un buen profesor llega normalmente después de varios intentos—, buen humor con bromas que aparecen aquí y allá —«¿un cuadro famoso de Velázquez?», «Las Mellizas»; «¿un bobo esférico?», «sí, porque lo mires por donde lo mires, es bobo»—; buena descripción del nacimiento de los sentimientos amorosos. Y, si en Vigo es Vivaldi hay párrafos poéticos dedicados a Vigo, aquí los hay sobre Barcelona.

José Ramón Ayllón. Otoño azul (2009). Barcelona: Bambú, 2009; 160 pp.; col. Grandes lectores; ISBN 13: 978-84-8343-068-2.

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CansinoBabel.jpg
jueves, 4 de junio de 2009

Hasta el momento he mencionado varias «novelas de profesor» con protagonistas jóvenes, como Vigo es Vivaldi o El último día de mi vida. Sumo a ellas, ahora, Una habitación en Babel, de Eliacer Cansino, una novela valiosa que me ha hecho pensar en el trabajo del profesor tal como lo describe Daniel Pennac en Mal de escuela.

En un pueblo andaluz llamado Alfarache hay una torre alta en la que viven personas muy distintas cuyas vidas acaban entrelazadas. Entre otros, Gil, un anciano muy culto con una larga historia detrás; Ángel, un profesor de filosofía del instituto; y varios alumnos suyos: Berta, Nor, guineano, Stéfano, italiano, Rashid, marroquí. Todo comienza con la desaparición de un diario de Berta y sus intentos por recuperarlo, y luego con la de Nor, que deja de ir a clase para ir a esperar la llegada de su hermano en una patera. Al enterarse, Ángel y Rashid van en su busca.

La historia engancha pues está escrita con cuidado y se describen de modo convincente los distintos episodios, el mundo interior del profesor —el personaje central y el más acabado—, y los conflictos que tienen sus alumnos inmigrantes —sus problemas de adaptación y los derivados de relacionarse con las redes mafiosas que canalizan las salidas de sus países y su instalación en España—. El relato tiene un comienzo un tanto engañador, con un episodio protagonizado por Berta y su amigo Marcos, y una fugaz aparición de un chico llamado Lolo que no tiene continuidad, pero enseguida se centra en Ángel, el profesor. Se presentan bien su trabajo y su mente ocupada en el debate sobre si ha de implicarse más o no en ayudar a Nor; se reflejan bien momentos de clase y de vida colegial; vienen a cuento las explicaciones al paso y son certeras las referencias literarias.

Eliacer Cansino. Una habitación en Babel (2009). Madrid: Anaya, 2009; 252 pp.; ISBN: 978-84-667-8445-0.

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GudínPrimaria.jpg
miércoles, 28 de noviembre de 2007

En primaria todos éramos muy listos
,
de Enrique Gudín, es un relato que, por un lado, es muy divertido debido al narrador caradura, y, por otro, sabe presentar oblicuamente y sin frivolidad los sufrimientos de un chaval pequeño con problemas familiares.

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AyllónPalabrasArena.jpg
viernes, 9 de noviembre de 2007

Otra reciente «novela de profesor» es Palabras en la arena, de José Ramón Ayllón. El autor vuelve a los personajes y al esquema de Vigo es Vivaldi y Diario de Paula. De nuevo tenemos acceso al diario del protagonista, esta vez de los tres meses anteriores a lo que se cuenta en aquellas novelas. Cada entrada del diario se abre con una cita del Diario de Ana Frank y el narrador entabla una especie de diálogo con ella que resulta ser un pretexto para contar anécdotas escolares y vitales, propias o ajenas. Lo importante aquí, de nuevo, no es la construcción de la trama, ni la verosimilitud del narrador o de los diálogos tan agudos, ni si Vigo es o no una ciudad tan poética..., sino la calidad del lenguaje, las consideraciones jugosas sobre cuestiones vitales tan bien engarzadas... O, en otro nivel, cómo el libro logra enganchar con sus lectores y avivar en ellos la reflexión y remitir a lecturas como Matar un ruiseñor, de Harper Lee, o Antes del fin, de Ernesto Sábato, entre otras.

José Ramón Ayllón. Palabras en la arena (2007). Madrid: Palabra, 2007; 246 pp.; col. Astor; ISBN: 978-84-9840-102-8. Nueva edición en 2011; 256 pp.; col. Astor; ISBN: 978-84-9840-550-7.

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IzquierdoM.jpg
jueves, 8 de noviembre de 2007

El protagonista y narrador de El último día de mi vida, de Marcial Izquierdo, es Miguel, un estudiante que cuenta lo sucedido un día, desde primera hora de la mañana hasta la noche y, en cada tramo del relato, anuncia repetidamente que ese es el último día de su vida: se supone que un tren lo arrollará. Las consideraciones del profesor de filosofía sobre la muerte afectan al protagonista pero, cuando llega el momento de la juerga del viernes, de la bebida y de las apuestas locas, todo queda en segundo plano.

El autor, profesor de filosofía, ha escrito esta historia, inspirada en un hecho real, hilando muy bien algunas incidencias de vida colegial, con oportunas referencias a Platón, Jorge Manrique, Antonio Machado, etc., y con otras circunstanciales a Estopa, Melendi... Al estar todo contado en primera persona, suenan artificiosas las referencias que se contienen en cada capítulo al tren que viene de Madrid, aunque seguramente así subirá más la temperatura emocional de muchos lectores.

De todas maneras, este tipo de «novelas de profesor», en las que sus autores son profesores y escriben como tales, buscando que algunas enseñanzas lleguen a un público joven, han de medirse también (o sobre todo) por cómo consiguen el objetivo que buscan. Y, me parece, este libro es de los que puede hacer pensar un poco más acerca de cómo algunas inconsciencias pueden tener consecuencias trágicas.

Marcial Izquierdo. El ultimo día de mi vida (2007). Madrid: Bruño, 2007; 200 pp.; col. Paralelo cero; ISBN: 978-84-216-9153-3.

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