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Notas del archivo 'Libros infantiles (hispanoamericanos)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
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miércoles, 27 de agosto de 2014

Un libro ingenioso y no editado en España, que yo sepa: El archipiélago de las Puntuadas —compuesto por islas como signos: las Exclamativas, Interrogativas y Suspensivas— de la chilena Jacqueline Ballcells.

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CardosoNegrita2.jpg
miércoles, 8 de enero de 2014

Tenía pendiente incluir aquí dos libritos cortos del escritor cubano Onelio Jorge Cardoso. Uno de ellos, Negrita, un relato más sobre un magnífico perro, es de los que presenta una situación injusta y de los que podría sumarse al grupo de libros para la rebelión.

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BarreraPaisManuelito.JPG
miércoles, 18 de diciembre de 2013

No había puesto aquí todavía El país de Manolito, de Alfonso Barrrera, un escritor ecuatoriano fallecido hace pocos meses. El relato sigue la tradición de otros libros infantiles que desean mostrar la riqueza y variedad del propio país. Que yo sepa, no está editado en España.

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RiosCortos.JPG
miércoles, 7 de agosto de 2013

Cada país tiene sus propios representantes de los relatos humorísticos sobre un niño que habla de su vida y de su entorno. El ejemplo costarricense que conozco, que cuando lo leí me recordó a Papelucho, es Pantalones cortos, de Lara Ríos.

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RiveroDantaB.JPG
miércoles, 1 de agosto de 2012

Un relato venezolano de hace décadas: La danta blanca, de Rafael Rivero Oramas. Es interesante constatar que los relatos bien hechos donde se combina un poco de aventura con información sobre animales y vida en la naturaleza siempre tienen un público bien dispuesto.

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ArmasBarbuchin.JPG
martes, 27 de marzo de 2012

Dos libros infantiles históricamente importantes, de hace unos setenta años, de los que no había puesto reseña todavía: Barbuchín, de Daniel Armas, guatemalteco; y Cuentos para Marisol, de Marta Brunet, chilena.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Cuando leí el álbum citado ayer recordé El viaje de la abuela, de la ecuatoriana Alicia Yánez Cossío, un libro divertido y emotivo que trata también de la emigración, y en el que los protagonistas de la historia sí logran llevarse consigo a los animales. Lamentablemente ni ese libro, ni otro suyo que menciono en el interior y que recoge dos relatos —La canoa de la abuela y Pocapena—, ambos excelentes, están en el mercado español.

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PazPapelucho.jpg
miércoles, 10 de noviembre de 2010

Después de citar Lautaro, otro clásico chileno: la serie de Papelucho, de Marcela Paz. En mi opinión —basada en lecturas y recuerdos de hace años y no en un estudio cuidadoso del género—, estos libros son, junto con los de El pequeño Nicolás, los mejores de los que presentan el mundo adulto visto por un narrador niño. Cuando los conocí, en los años noventa, no llegué a saber y entender por qué no triunfaron en España. Más tarde se me planteó una curiosidad que tampoco he logrado resolver nunca: René Goscinny vivió en Argentina a finales de la década de los cuarenta. ¿Podría ser que hubiera conocido entonces los primeros relatos de Papelucho y se inspirara en él para escribir, años más tarde, El pequeño Nicolás?

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martes, 26 de octubre de 2010

Cuentos de Apolo
,
de Hilda Perera, es un libro cubano de hace más de medio siglo que contiene varios relatos situados en un entorno social marcado por la pobreza y el racismo, y que tienen como protagonista a un niño bondadoso e incapaz todavía de sentir resentimiento. Creo que no está en el mercado ahora y ha de pedirse en bibliotecas.

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martes, 24 de noviembre de 2009

Una semana en Lugano,
de Francisco Hinojosa, comienza cuando al protagonista, Pedro, lo secuestra el ejército un día que sale para ir a clase. Lo sustituyen por un robot, que es un doble suyo entrenado perfectamente para que haga su vida de todos los días, y a él lo llevan a un campamento especial. Allí lo preparan para una misión: debe sustituir al hijo del presidente de su país —pues se le parece mucho y es mucho más listo—, en una competición que anualmente convoca el emperador de Lugano, una isla en medio del Pacífico. Es un concurso, con distintas pruebas que se desarrollan durante una semana, y en el que participan diez hijos de reyes, emperadores o presidentes de otros países como Venelombia, Turambul o Zambizania.

Relato con un arranque sensacional y un golpe final estupendo. El desarrollo de la competición tiene momentos buenos pero menos gracia: por una parte, el dibujo de los participantes es muy esquemático o es que, tal vez, tanto las pruebas como los competidores son muchos para una historia tan corta y rápida; por otra, es inevitable comparar la historia con obras anteriores que se basan, parcialmente al menos, en la misma idea, como Charlie y la fábrica de chocolate. En cualquier caso, está bien y tiene chispa.

Francisco Hinojosa. Una semana en Lugano (1992). Madrid: Alfaguara, 2009; 151 pp.; col. Alfaguara Juvenil; ISBN: 978-84-204-2197-1.

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martes, 30 de septiembre de 2008

La verosimilitud que se le ha de pedir a un relato infantil, la que hace que nos resulte convincente, no es la misma que se ha pedir a un relato adulto y depende de lo que a nuestro alrededor es común. Así, no podemos decir de una película de dibujos animados que nos resulta verosímil en cuanto semejante a la realidad que nos rodea, pero sí podemos decir que nos resulta verosímil en cuanto inteligible ahora y aquí por un público acostumbrado a ese tipo de representación. De hecho, unas películas de dibujos nos resultan más verosímiles que otras. Del mismo modo, los narradores-niños de muchos relatos infantiles no son realistas —por ejemplo, en el sentido de que es imposible que un niño se explique tan bien, o de que los diálogos sean tan buenos—, pero pueden resultar convincentes por lo bien que su voz atrapa el modo infantil de ver las cosas o por lo bien que describe algunas situaciones con esa perspectiva.

Esto se puede aplicar a Las cosas perdidas, de Lydia Carreras. En medio del caos de un traslado de vivienda, Tani observa cómo el «tío Daniel», el mejor amigo y socio de su padre, se lleva una cucharita de plata de su casa; aunque sabe que debe decirlo, no encuentra ni el modo ni el momento de hacerlo, y cuando nota la desaparición de más cosas, su inquietud va en aumento y sólo es capaz de confiarse a su mejor amigo. Está bien pintada la vida familiar de Tani y bien reflejada la evolución de su problema interior: primero darse cuenta que debería decir lo que ha visto pero quedarse atrapado por el temor y la vergüenza, recomponer las cosas que sabe y que recuerda para confirmar que no se ha equivocado, los intentos indirectos fallidos de sincerarse mientras su intranquilidad crece, la torpeza de sus padres para darse cuenta de que algo está consumiéndole, el alivio final al contarlo y al comprender mejor la situación.

Lydia Carreras de Sosa. Las cosas perdidas (2006). Zaragoza: Edelvives, 2007; 115 pp.; col. Ala delta internacional, serie azul; ilust. de Javier ZABALA; ISBN: 978-84-263-6198-1-7.

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PerezPereng.jpg
martes, 20 de noviembre de 2007

Un relato de ciencia-ficción humorística para pequeños, disparatado pero bien hilado, ameno y con sustancia: Perengrín XXVI, de Angel Pérez.

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