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Notas del archivo 'Aventuras marineras' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 6 de abril de 2017

Los principales protagonistas de El barco escuela Tobermory, de Alexander McCall Smith, son los gemelos Ben y Fee MacTavish, de doce años. Después de haber acompañado a sus padres oceanógrafos en su pequeño submarino durante años, les ha llegado el momento de ir al colegio que, en su caso, será el barco escuela Tobermory. Allí son bien recibidos por profesores y compañeros, que les explican muchas cosas de la terminología marinera y del funcionamiento del barco. Enseguida conocen también a quienes serán sus rivales, el presuntuoso Hardtack y sus amigos. El conflicto concreto de este relato es que, antes de comenzar el curso, algunos alumnos son contratados dos días como extras de una película de piratas y allí se dan cuenta de que algo no encaja.

Después de haberme leído sus chispeantes novelas sobre Precious Ramotswe, esperaba mucho más del autor. En esta historia todo es muy previsible: los malos son malos y los buenos son buenos a simple vista y a la primera frase; el narrador no hace muchos esfuerzos de precisión o sutileza: «se alejó con esos andares que suele tener la gente desagradable», dice de Hardtack después de un incidente. Las ilustraciones, en blanco y negro, tienen un aire de hace décadas y son más bien propias de cómic. De todos modos, como el tono es amable, los personajes caen bien, y los escenarios son singulares, el relato se lee con gusto; aparte del interés que puede tener para los entusiastas de los barcos y del mar.

Alexander McCall Smith. El barco escuela Tobermory (School Ship Tobermory, 2015). Madrid: Siruela, 2016; 188 pp.; col. Las Tres Edades; ilust. de Ian McIntosh; trad. de Julio Hermoso; ISBN: 978-84-166338-90-1. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 9 de febrero de 2017

Un relato de supervivencia en el mar que no había puesto aquí todavía y que es una extraordinaria narración: Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez.

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DillonLostIsland.JPG
jueves, 22 de octubre de 2015

Eilís Dillon fue una importante autora irlandesa de la que creo que no se ha editado nada en castellano y de la que yo sólo conozco The Lost Island, una novela de aventuras marineras tan clásica como emocionante.

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jueves, 3 de abril de 2014

He leído Antares, novela marinera de Francisco Díaz Valladares, a raíz de este buen comentario de Darabuc, donde se apuntan reflexiones interesantes. El hilo de la historia, que se dice allí con más detalle, es que una chica termina embarcada en el remolcador que capitanea su padre, sin que él lo sepa, justo cuando se dirige a rescatar a un pesquero desconocido y se avecina una tormenta. El relato gustará a quienes son aficionados al género. La narración es buena, el argumento tiene tensión, hay información sobre las interioridades del barco y sobre el funcionamiento de las mafias que introducen inmigrantes africanos en España. Además, está conseguida la, por momentos, irritante protagonista, que es quien cuenta lo sucedido unos años después.

Es cierto que a una parte de los lectores jóvenes actuales la lectura les puede costar. Esto se debe, creo, primero a que muchos llevan mal que se les narren por escrito cosas que preferirían ver —recorridos por el barco sobre todo—, aunque también se puede pensar que bastantes pormenores podrían suprimirse sin detrimento de la narración, pero que los expertos en barcos echarían de menos. Pero, sobre todo, se debe a que los niveles de crudeza en mucha novela juvenil actual son muy altos y los lectores acusan cualquier descenso a los niveles propios de aventuras construidas al modo de las antiguas, como es el caso. Sea como sea, escenas de acción y violencia no faltan y la novela es entretenida.

Francisco Díaz Valladares. Antares (2012). Zaragoza: Edelvives, 2012; 214 pp.; col. Alandar; ISBN: 978-84-263-8605-2.

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viernes, 14 de marzo de 2014

Fuego en las entrañas, relato con iguales cualidades y organización que las de Cuerpo a cuerpo, continuúa el diario de Talbot hasta la llegada del barco a Australia y tiene unas últimas páginas con su establecimiento allí. Durante lo que queda de travesía el barco parece a punto de incendiarse del todo debido al arreglo que se había hecho tiempo atrás, continúa la rivalidad entre los dos segundos de a bordo, y, sobre todo, progresa la maduración de Talbot en distintos terrenos: crece su amor por la señorita Chumley, mejora su relación con el capitán Anderson, aumenta su admiración por Prettiman.

No es necesario insistir en la excelencia de la escritura y en que abundan los detalles náuticos. Los significados brotan de modo natural del incidente más importante: bajo la superficie de vidas más o menos tranquilas están ardiendo fuegos ocultos que asoman inesperadamente y que pueden arrasarlo todo. El dramatismo de los hechos también propicia diálogos sobre Dios, no especialmente profundos pero de interés: cuando Talbot dice que contemplar su reloj no le hace pensar en el relojero, su interlocutor le calla con una obviedad: «existe una diferencia entre el cielo y un reloj de bolsillo».

Talbot sigue su particular viaje de autodescubrimiento, sobre todo gracias a los diálogos con el señor Prettiman. Por ejemplo, en uno le hace ver que «inició usted su viaje con la objetividad de la ignorancia y lo termina con la subjetividad del conocimiento» y, cuando Talbot le indica «conozco mi sociedad, he vivido en ella», y a la pregunta de Prettiman de si los jornaleros de su padre duermen en camas, Talbot responde que «están acostumbrados al suelo, no sabrían que hacer con una cama», Prettiman no duda en contestarle un contundente «no sabe usted nada» y de aclararle que el orden establecido es perverso.

Es interesante señalar que Golding mantiene a sus personajes dentro de su propia época y, así, no intenta convertir a Prettiman en un ejemplo de ciudadano cosmopolita: lo vemos cuando le dice a Talbot, sobre el francés, que «no hable usted despectivamente de un idioma sólo porque conozca otro superior». En fin, al final de su viaje, Talbot asegura que no hace suya la frase mi patria con razón o sin ella pues piensa que conoce bien los defectos de su patria, pero, continúa, «en lo más hondo de mi corazón resuena ahora, y seguirá resonando hasta el día de mi muerte: “¡Inglaterra siempre!”».

William Golding. Fuego en las entrañas (Fire Down Below, 1989). Madrid: Alianza, 1992; 291 pp.; col. Alianza tres; trad. de Fernando Santos Fontenla; ISBN: 84-206-3264-3. Nueva edición en 2011; 352 pp.; col. El Libro De Bolsillo, Biblioteca Golding; ISBN: 978-8420650845.

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viernes, 7 de marzo de 2014

En Cuerpo a cuerpo, Talbot continúa el diario que comenzó en Ritos de paso, pero ya con la intención de que sea para él mismo y no para su padrino. También por eso su construcción es distinta y, en vez de contar las cosas día por día, los capítulos terminan en puntos críticos para estimular la lectura. El argumento es que, debido a un error grave durante unos trabajos de mantenimiento, el buque sufre una importante avería. Encuentran en alta mar a otro barco inglés, que les de la noticia de que Napoleón ha sido derrotado y exiliado a Elba, y que les ayuda. Talbot conoce a una chica joven que viaja en aquel barco, con el capitán y su mujer, y cae rendidamente enamorado. Luego, ambos barcos tienen que separarse y continuar su camino, no sin antes intercambiar sus respectivos segundos oficiales. Al final de la novela no se sabe si el barco podrá o no aguantar el resto de la travesía.

El relato tiene situaciones magníficamente descritas, como la de la expectación antes de un posible combate o algunos momentos críticos para el barco. Es destacable, también, cómo va en aumento el clima de inquietud, y de cierta desesperación, entre los pasajeros y la marinería. Debido a las nuevas circunstancias entran en escena personas que trabajan en el barco pero que habían pasado inadvertidas en la primera novela y se va completando lo que toda la historia tiene de gran cuadro de costumbres. Los diálogos entre personajes abarcan toda clase de temas —por ejemplo, hay discusiones despectivas sobre las posibilidades de los barcos de vapor frente a los barcos de vela…— y en ellos se aclaran más algunos sucesos que ocurrieron en la primera historia. También tiene lugar otro suicidio.

Dentro de la trilogía, considerada como una «novela de maduración», esta segunda parte es la que contiene más cambios interiores del protagonista, también porque, dado que las circunstancias permiten a todos un contacto más estrecho con Talbot, algunos se atreven a decirle cosas impensables. Así, el artillero Askew un día le espeta: «algún día será un hombre, me dije, si no le mata nadie. Sólo que usted no sabe nada de nada, ¿verdad?». O el teniente Benét, el nuevo segundo oficial, le dice: «esta travesía lo va a dejar hecho un hombre, señor Talbot. Hay momentos en que incluso advierto en usted claros indicios de humanidad, como si fuera usted un tipo corriente, igual que todos los demás».

Hay una especie de viaje a las profundidades, del barco y del alma humana. Es más explícita, dentro de la elegancia del estilo y de la contención del narrador, la mención de comportamientos homosexuales. Algunos pasajeros cambian, para mejor, respecto a lo que se podría esperar después del primer relato: en especial adquiere fuerza el señor Prettiman, un ilustrado convencido que pasa de ser un tanto ridículo a ser un idealista que dará repetidas lecciones a Talbot. El cambio de foco, tan habitual en Golding, viene dado aquí sobre todo por este giro en el modo de ver las cosas que ni el lector de la primera novela ni el mismo Talbot sospechaban. Este piensa y escribe que «la vida debería servir su banquete de experiencias en una lenta serie de platos. Deberíamos tener tiempo para asimilar, por no decir digerir, uno antes de atacar el siguiente. Deberíamos disponer de pausas, no tanto para la contemplación como para el descanso. Sin embargo, la vida no actúa de forma tan razonable, sino que amontona juntos todos sus platos, a veces dos, tres, o lo que parece ser toda la comida en un solo plato».

William Golding. Cuerpo a cuerpo (Close Quarters, 1987). Madrid: Alianza, 1989; 235 pp.; col. Alianza tres; trad. de Fernando Santos Fontela; ISBN: 84-206-3243-0. Otra edición en 2011; 320 pp.; col. El Libro De Bolsillo, Biblioteca Golding; ISBN: 978-8420650838.

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viernes, 28 de febrero de 2014

Ritos de paso es una novela de William Golding que comienza una trilogía titulada El fin de la tierra. Este primer volumen es el mejor porque tiene una unidad estructural que a los otros dos les falta, ya que son muy dependientes de este primero, aunque sí son necesarios para completar la evolución del protagonista y terminar el viaje que aquí comienza. En conjunto forman el relato más accesible de Golding, después de El señor de las moscas, y el que cuenta con un desenlace más amable. Al comienzo de la edición que cito el traductor pone una nota donde señala la genialidad del título, que tiene un sentido antropológico —ritos de iniciación—, un sentido geográfico —ritos de paso del Ecuador del barco—, un sentido marinero —ritos de cruce de la línea blanca, trazada a ambos lados del palo de mesana y que es la divisoria entre la oficialidad y los pasajeros distinguidos, de la marinería y el resto del pasaje—; y, además, si pensamos que rite y right suenan igual, el título también alude al derecho marítimo.

Los hechos suceden en 1815, al final de la guerra contra Napoleón. Un antiguo barco de Guerra inglés, transformado en barco de carga y de pasajeros, hace un largo viaje a Australia. El joven aristócrata Edmund Talbot, nombrado asistente del gobernador en Australia, lleva un diario del viaje con vistas a entregárselo, más adelante, a su padrino y protector, un culto lord inglés. A través de sus ojos vemos a los tripulantes y pasajeros —personas de distinta extracción social que han de convivir estrechamente— y, junto con él, vamos conociendo el funcionamiento del barco. Es tensa su relación con el capitán pero conecta bien con uno de los dos tenientes de a bordo, Summers. Entre los diversos encuentros con pasajeras y pasajeros los más importantes son los que tiene con un clérigo joven e inexperto, el reverendo Colley: Talbot lo desprecia, por más que lo trate con amabilidad, y, en parte debido a gestiones que hizo con buena voluntad, será la causa de que su destino sea trágico.

El relato está escrito con el lenguaje y estilo que podemos esperar de un aristócrata inglés deseoso de mostrarse complaciente con su mentor. No es siempre preciso en algunas cuestiones marineras de la época (como en su momento hizo notar Patrick O’Brien en una crítica) pero sí lo es, y de modo extraordinario, en cuanto al clima propio del barco. En los años de su redacción Golding había vuelvo a releer novelas de Jane Austen, cada vez con más placer, de ahí que la novela tenga también algo de comedia social y que se oriente, también, hacia un caer en la cuenta con un cierto arrepentimiento al final. Como es habitual en el autor, se cambia el foco cerca del desenlace de la historia, cuando aparece una carta de Colley que cuenta lo sucedido tal como él lo vivió.

La novela desea poner de relieve las consecuencias de la estratificación social en las relaciones humanas: en un momento dado, con toda ingenuidad, Talbot felicita a Summers «por imitar a la perfección los modales y el habla de una condición en la vida algo más elevada de aquella en la que nació usted»; y, más adelante, Summers le recuerda esa frase y le hace notar que «el idioma de la Gran Bretaña es la clase». Desea también tratar sobre cómo reacciona la gente en circunstancias extremas y, en particular, poner de manifiesto cómo los seres humanos somos capaces de humillarnos unos a otros: cuando Talbot es consciente de lo que ha sufrido Colley anota en su diario: «que se inserte esta frase en el volumen no demasiado amplio del conocimiento del Hombre por el hombre. Hay hombres que pueden morir de vergüenza».

William Golding. Ritos de paso (Rites of Passage, 1980). Madrid: Alianza, 1983, 2ª ed.; 278 pp.; trad. de Fernando Santos Fontela; ISBN: 8420630969. Nueva edición en 2010; 320 pp.; col. El Libro De Bolsillo, Biblioteca Golding; ISBN: 978-8420674162.

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viernes, 7 de febrero de 2014

Martín el náufrago fue la tercera novela que publicó William Golding. Algunos críticos la tienen como una de las mejores novelas del siglo XX (aunque no haya edición en castellano disponible desde hace años). En Inglaterra se tituló Pincher Martin y en Estados Unidos Las dos muertes de Chistopher Martin, explicitando así el final de modo innecesario. Es un relato que se podría llamar de supervivencia, pues trata sobre un náufrago cuyos problemas son diferentes a los de un Robinson Crusoe o del protagonista de Vida de PiLa edición que menciono contiene una clarificadora introducción que relaciona las primeras novelas del autor para señalar cómo, al fin, todas tratan de lo mismo: la posibilidad o no de salvación del hombre.

Atlántico Norte, segunda Guerra Mundial. Un hombre a punto de ahogarse alcanza un islote rocoso donde se acomoda. Poco a poco, de forma fragmentaria, pues la narración sigue sus pensamientos deslavazados, sabemos quién es el protagonista: Christopher Martin, teniente de un barco de guerra torpedeado y el único superviviente. También, lentamente, comprendemos que parece haber llegado a una roca en medio del océano donde, de modo confuso, le vemos planificar su supervivencia y su futuro rescate, al tiempo que tiene flashes inconexos de su vida pasada. Al final una ola lo barre. En la última escena un barco rescata el cuerpo.

El héroe sufre un naufragio no sólo físico sino también mental: no es tanto un hombre atrapado en una roca en medio del océano como un hombre atrapado en su pasado y en su autosuficiencia, en sus razonamientos acerca de cómo planifica su propia salvación —«”Yo no pretendo ser un héroe. Pero tengo salud y educación e inteligencia. Yo te venceré”. El mar no dijo nada»—. Al principio abundan las descripciones detalladas de lo que le ocurre y de su entorno. Luego, esas descripciones no sólo se van mezclando sino que también replican los recuerdos y movimientos de conciencia de Martin. Es un mundo como alucinado que tiene rasgos de una revisión de su vida —antiguo actor, mujeriego, mal amigo…— y, con los sufrimientos del momento, de penitencia que parece merecida.

Igual que hizo en sus novelas previas, Golding vuelve a usar aquí una técnica de desfamiliarización para mostrar acontecimientos reconocibles desde un punto de vista extraño. También, como en sus dos relatos anteriores, vuelve a cambiar el paso al lector en un último capítulo que, ya en tercera persona, no sólo explica más cosas sino que, justo con una última y única frase, hace tambalearse al lector al modo en que, por ejemplo, sucede también en una novela tan distinta como ReencuentroEntonces es el momento en el que se vuelven comprensibles muchas imágenes que había empleado antes el narrador.

William Golding. Martin el naúfrago (Pincher Martin: The Two Deaths of Christopher Martin, 1955). Madrid: Magisterio Español, 1984, 2ª ed.; 249 pp.; col. Novelas y cuentos; introducción y trad. de Clara Janés; ISBN: 84-265-7061-5.

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jueves, 17 de octubre de 2013

Tengo en mi estantería dos antiguas y valiosas novelas que difícilmente se volverán a publicar: Sea Change y Cold Hazard, de Richard Armstrong. Son relatos marineros realistas que cuentan procesos de maduración de sus protagonistas, jóvenes aprendices en barcos mercantes. A pesar de su calidad narrativa, de la verosimilitud de las descripciones y de lo bien que se recogen los conflictos interiores de los chicos, tienen problemas para ser editadas hoy: son narraciones lentas, se ambientan en barcos de los años cuarenta, y son novelas totalmente masculinas...

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miércoles, 26 de diciembre de 2012

El otro día puse una reseña de En busca de Ulises, un libro que habría podido colocar, con toda justicia, en la sección de «Aventuras marineras». En ese apartado entra All Sail Set, un antiguo libro de Armstrong Sperry que también se podría etiquetar como «Novela histórica». Sea como sea, a cualquier entusiasta de la navegación, y en particular de los barcos de vela, le gustará conocer el relato del famoso Flying Cloud.

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miércoles, 29 de febrero de 2012

¡Rumbo a Poniente!,
de Charles Kingsley, fue una popular novela inglesa decimonónica, de aventuras marineras, que acaba de ser editada en castellano por primera vez. El subtítulo explica el argumento y da idea del tono: «Los viajes y aventuras de Sir Amyas Leigh, caballero de Burrough, en el condado de Devon, durante el reinado de su más gloriosa majestad, la reina Isabel». La edición es valiosa: la traducción es buena, las ilustraciones de Wyeth —para una edición norteamericana de 1920— tienen sabor (aunque no me parecen de las mejores suyas), y contiene un corto y buen prólogo que aclara cuestiones y da unos datos biográficos del autor. Con todo, y por más que a mí me haya interesado conocerla, la novela es muy floja y no hemos pedido mucho por su ausencia de las bibliotecas españolas durante tantas décadas. Al leerla es fácil comprender por qué algunos autores no pueden durar y por qué otros, como Stevenson, duran siempre.

Por un lado, el narrador pone un gran énfasis al atacar ferozmente a los españoles, a los papistas y, en especial, a los jesuitas. Por otro, defiende ardorosamente la grandeza de Isabel I y de personajes como Drake: un personaje del que se afirma que «si todos los hombres llevasen una vida tan pura como la suya (del capitán Drake), el mundo se ahorraría la mitad de las lágrimas que en él se derraman». Además, la lectura desborda un romanticismo empalagoso y afirma la superioridad racial inglesa. Así, cuando una chica india descubre que su madre había sido inglesa, el  narrador asegura que cambió por completo: «la idea de que era inglesa; de que ella, la india primitiva, era en realidad como esos grandes hombres blancos a los que había aprendido a rendir culto, produjo en ella un cambio regenerador: recuperó su majestuosidad, acompañada de un autocontrol, una moderación y una dulzura que no había demostrado antes». (Bueno, también Tarzán cambió mucho cuando supo que era un lord inglés).

Charles Kingsley. ¡Rumbo a Poniente! (Westard Ho!, 1855). Madrid: El Rey Lear, 2011; 598 pp.; ilust. de N. C. Wyeth; trad. de Susana Carral; ISBN: 978-84-92403-85-1.

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Un inteligente relato de aventuras, deudor y continuador de La isla del tesoro es La isla de Flint, de Leonard Wibberley. Hay que buscarlo en bibliotecas o en librerías como amazon. Es de los que, esta vez con buenos motivos, se podría decir eso de «si te ha gustado La isla del tesoro también te gustará La isla de Flint». A la derecha, portada de una edición norteamericana.

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miércoles, 10 de agosto de 2011

Esto es coraje
,
de Armstrong Sperry, es una excelente muestra del género de las robinsonadas y un atractivo relato de maduración personal, que cuenta con unas ilustraciones excelentes del mismo autor.

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miércoles, 6 de julio de 2011

Las verdaderas confesiones de Charlotte Doyle,
de Avi, es un relato que atrapa: el lector desea saber cómo saldrá Charlotte del lío en el que se mete. Pero, en mi opinión, tiene graves problemas constructivos.
La narración se sitúa en 1832. Charlotte Doyle tiene trece años y ha pasado varios años en Inglaterra en un colegio para señoritas. La novela cuenta su travesía, en un barco de la compañía de su padre, desde Inglaterra a Rhode Island: aunque iba a viajar acompañada de otras familias al final no es así y ella es el único pasajero. Todo le resulta extraño y, además, percibe una gran tensión que no identifica ni comprende. Al principio el capitán le parece un caballero y los marineros unos tipos desagradables.

A pesar de los elogios que ha recibido la novela, ni el artificio narrativo está conseguido, ni su argumento y la evolución de sus personajes resultan mínimamente creíbles. Aunque en la introducción la narradora diga que todo sucedió años atrás, y que haber escrito entonces un diario de la travesía le facilita recordarlo todo ahora, en este caso eso no sólo no explica nada sino que lo hace más improbable, pues ni los acentos del relato encajan ni los hechos son convincentes. Entre muchas otras cosas, es más que raro que Charlotte pase, en dos meses de travesía, de ser una chica que nunca ha viajado en barco a ser una marinera consumada; y es más raro todavía que su pensamiento cambie tantísimo en tan poco tiempo…

Además, la narración intenta ganarse al lector con modos de pensar de hoy y, así, conecta el destino de Charlotte, la única mujer a bordo, con el del único negro de la tripulación; o busca que los lectores se irriten con el rigidísimo y ridículo comportamiento del padre de Charlotte… En fin, como decía el viejo Aristóteles, «es verosímil que ocurran muchas cosas contra lo verosímil» pero «hay que preferir lo imposible verosímil a lo posible increíble»; o, dicho de otro modo, una historia en la que un elefante vuela moviendo furiosamente sus orejas es más fácil de aceptar que otra con una protagonista como Charlotte.

Avi. Las verdaderas confesiones de Charlotte Doyle (The True Confessions of Charlotte Doyle, 1990). Madrid: Alfaguara, 2011; 270 pp.; trad. de Rocío Isasa; ISBN: 978-84-204-2342-5.

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jueves, 12 de mayo de 2011

Thomas Russell
parece un digno heredero-continuador de Forester, Kent y O’Brian. Hasta el momento ha publicado Bajo bandera enemiga y Una batalla ganada, dos novelas protagonizadas por Charles Saunders Hayden, un oficial con futuro prometedor en la Armada Británica, justo antes de las guerras napoleónicas.

En la primera se ve obligado a aceptar el puesto de segundo de a bordo de la fragata H.M.S.Themis, mandada por un capitán de familia influyente pero con bien ganada fama de déspota y cobarde, pero en su puesto controlará un motín, demostrará capacidad para el mando y valentía en el combate; no tanta decisión parece tener en el amor. En el segundo relato es puesto al frente de la Themis en un convoy que se dirige al Mediterráneo y, terminada esa misión, es enviado a participar en otra para echar una mano a los independentistas corsos.

El autor conoce bien la materia y sabe ir dando paso a paso las explicaciones oportunas. La narración discurre con fluidez y usa con habilidad el recurso de aclararlo todo de nuevo después de los momentos de confusión. Está particularmente conseguido el consejo de guerra que tiene lugar al final de la primera novela. El personaje principal, con sus dudas e inseguridades, está bien perfilado. Y entre la galería de personajes que le acompañan, atractivos y bien dibujados, tiene un papel relevante el cirujano de la Themis, aunque no es equivalente al Maturin de la serie de O’Brien. En fin, nada nuevo, pero bien hecho y eso es de agradecer. Aquí hay una reseña de la segunda novela.

Thomas Russell. Bajo bandera enemiga (Under Enemy Colors, 2007). Barcelona: Salamandra, 2009; 540 pp.; trad. de Miguel Antón Rodríguez; ISBN: 978-84-9838-219-8.
Thomas Russell. Una batalla ganada (A Battle Won, 2010). Barcelona: Salamandra, 2010; 472 pp.; trad. de Miguel Antón Rodríguez; ISBN: 978-84-9838-293-8.

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KentBolitho.jpg
jueves, 5 de mayo de 2011

El guardiamarina Bolitho
,
de Alexander Kent, es el comienzo de una serie como las ya citadas de Cecil Forester y Patrick O'Brian. Debo decir que todos me han entretenido pero, si tuviera que elegir, siempre apostaría primero por Forester: sólo he leído completa su serie pero, de las otras dos, sólo los primeros libros; y, entre Kent y O'Brian, disfruté más con Kent pues a un libro de aventuras le pido aventuras bien contadas. Pero aún queda otro...

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OBrienCapitan.jpg
jueves, 28 de abril de 2011

Después de citar a Forester es necesario dejar constancia de la serie que comenzó Patrick O'Brian con Capitán de mar y guerra. Ya sé que no es juvenil en sus pretensiones, pero eso no impide que la lea un lector joven a quien el tema le guste. Yo sólo leí los primeros volúmenes y ya tuve suficiente: no me atrajo tanto como para continuar con ella, no soy experto en cuestiones marineras, y también pienso que la excesiva sofisticación es un lastre para cualquier novela de aventuras...

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ForesterTeniente.jpg
jueves, 21 de abril de 2011

Al leer Lo que piensan los ingleses de los españoles caí en la cuenta de que todavía no había puesto aquí a Cecil Forester y sus obras sobre Hornblower cuando fue guardiamarina y teniente de navío, para mi gusto (que no soy nada experto en cuestiones marineras) las mejores de la mejor serie del género, aún cuando sea tan deudora de Marryat y de Kingston. Y en semanas sucesivas pondré a sus sucesores.

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miércoles, 5 de enero de 2011

He visto hace poco Amazing Grace, la película sobre William Wilberforce, y he recordado El Sentinels, de Peter Carter. Es un buen relato de aventuras marineras ambientado en el siglo XIX, cuyo protagonista es un huérfano inglés de quince años enrolado en un barco que persigue el tráfico esclavista en la costa Oeste de África, mientras en el Parlamento hay quienes defienden que «libertad para comerciar en algo implica la libertad para comerciar en todo». Como ahora. El libro está descatalogado, me parece, y ha de conseguirse en bibliotecas.

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ODellPerlaN.jpg
miércoles, 29 de julio de 2009

La perla negra
,
de Scott O’Dell, es una muy buena historia con un protagonista que tenía «un sueño tan loco que tan sólo un hombre muy joven y muy tonto podía tenerlo».

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