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Notas del archivo 'Fantasía infantil' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 9 de marzo de 2017

Otro libro sobre un amigo invisible: Crenshaw, de Katherine Applegate. Su narrador es un chico llamado Jackson que tiene unos diez años. Pronto sabemos que tiene un amigo imaginario llamado Crenshaw que es un gato muy grande y un tanto sardónico; que quiere ser científico de animales —«no sé bien de qué clase. Ahora mismo me encantan los murciélagos»…—; que tiene una hermana de cinco años llamada Robin; que tienen una perra llamada Aretha; y, sobre todo, que sus padres tienen trabajos ocasionales y económicamente lo pasan muy mal por más que intenten poner buena cara. Y, como dije ayer, también en este relato hay un momento en el que se habla del antiguo amigo invisible del padre, un perro llamado Finian; y, naturalmente, la amiga de Jackson, Marisol, también tiene uno.

La narración es excelente y tiene un sentido del humor que, con alguna frecuencia, se apoya en el libro preferido de Jackson cuando era un niño: Un hoyo es para escarbar (traducido en el libro como Un agujero es para cavar). Otras se basa en cosas de la vida cotidiana: cuando Robin le dice «Bsst de brrms» Jackson explica que «quería decir “basta de bromas” en idioma golosina».

Como suele ocurrir, a veces Jackson hace consideraciones que van más allá de lo normal a su edad. Así, en un pequeño capítulo habla de sus recuerdos y explica: «cuando intento recordar toda mi vida, me parece un proyecto de Lego al que le faltan algunas piezas importantes, como un muñeco robot o una rueda de monster truck. Haces lo que puedes para que todo encaje, pero sabes que no va a quedar como la foto de la caja».

Desde un punto de vista constructivo el fallo principal es que Crenshaw, como un ser que le sirve a Jackson para lidiar con sus preocupaciones, no es un personaje conseguido. Por más que su presencia y sus peculiaridades den lugar a momentos graciosos, es fácil ver que la historia funcionaría prácticamente igual sin él: las cosas sabias que dice, como que «la vida no siempre es justa», las podría decir cualquier otro personaje.

El propósito del relato es avivar la empatía de los lectores ante situaciones como la de la familia de Jackson, que tiene que cambiar de casa varias veces e incluso vivir un tiempo en la furgoneta. Uno de los motivos de enfado de Jackson es precisamente que «a veces yo solo quería que me trataran como a un adulto. Quería oir la verdad, aunque no fuera una verdad agradable. Entendía las cosas. Sabía mucho más de lo que ellos creían».

Por otro lado, estamos en una historia en la cual, ante los problemas, a nadie se le ocurre pedir ayuda a otros (familiares, amigos), ni tampoco rezar. Más aún, el padre de Jackson se niega a usar la tan norteamericana expresión «Dios les bendiga», pues dice que no tiene ni idea de lo que pretende Dios. Y esto me hace preguntarme también si no será que los amigos imaginarios proliferan entre chicos a los que no se les ha enseñado de pequeños que tienen ángel de la guarda... Aunque debo decir que, de todas las personas a quienes pregunté si habían tenido amigo imaginario en la infancia hubo uno que me dijo que tuvo los dos: amigo imaginario y ángel de la guarda (aunque con el paso del tiempo, añadió, sólo ha sobrevivido el segundo).

Katherine Applegate. Crenshaw (2015). Barcelona: La Galera, 2016; 260 pp.; trad. de Marcelo E. Mazzanti; ISBN: 978-84-246-5835-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 8 de marzo de 2017

Los imaginarios, de A. F. Harrold, es otro libro de amigos invisibles con toda una explicación de qué les pasa cuando son olvidados por el humano que los imaginó. (Podríamos decir, con la sinopsis oficial, que es «una historia extraordinaria sobre la pérdida, la compañía y la identidad» pero el asunto es más sencillo, creo yo).

Rudger es el amigo imaginario de Amanda Shuffleup y, como corresponde a un amigo invisible, nadie puede verlo. Pero un día ve y es visto por un tal señor Bunting, un tipo que caza imaginarios del que además se rumorea que se los come. Cuando Amanda sufre un accidente y parece olvidar a Rudger, este comienza a desvanecerse. Intenta entonces acercarse al hospital para estar de nuevo con Amanda y acaba en la Agencia, un lugar donde los imaginarios pueden vivir un tiempo cuando empiezan a caer en el olvido, a la espera de una nueva oportunidad. Desde allí vuelve a intentar ir junto a Amanda, pero el señor Bunting lo sigue persiguiendo. Un elemento típico en esta clase de relatos, que aquí no falta y que será clave para la solución, es que la madre de Amanda también tuvo un amigo imaginario en su infancia del que se había olvidado...

Relato bien escrito. Tiene un giro argumental a la mitad que lo cambia de signo: si al principio tiene acentos divertidos y se centra en la relación entre Rudger y Amanda, luego acaba siendo una historia de huida y persecución con algo de suspense. Todo se cuenta en tercera persona pero desde la perspectiva de Rudger, un héroe amable que, como corresponde a su condición, parece algo alelado, lo que tiene su encanto. Por otra parte, como le dicen en la Agencia, los imaginarios «somos buena gente, no lo olvides» (y de ahí que no los veamos pues intentan, por todos los medios, no asustar a los humanos).

Unas pocas veces el narrador cambia de registro, como si estuviera dirigiéndose a un público adulto y olvidase a sus lectores niños. Véase: cuando Rudger llegó a la Agencia, se nos dice, «pensó que estar allí era como entrar en una película de dibujos animados después de haber estado todo el día en una película francesa en blanco y negro y subtitulada» (una comparación que no sé cuántos niños de unos diez o doce años podrán apreciar…). Un factor más a favor del libro es que viene con unas estupendas ilustraciones de Emily Gravett.

A F. Harrold. Los imaginarios (The Imaginary, 2014). Barcelona: Blackie Books, 2017; 240 pp.; ilust. de Emily Gravett; trad. de Gemma Rovira; ISBN: 978-8416290888. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 1 de marzo de 2017

El señor Zorro y el hilo rojo, de Franziska Biermann, es la continuación de Al señor Zorro le gustan los libros. Si en aquel libro se habla del poder adictivo de la lectura este podría decirse que se refiere al poder adictivo de la escritura.

Al principio se nos explica que el señor Zorro se ha convertido en una celebridad mundial gracias al éxito que han tenido sus libros sobre las aventuras policiacas de Jacky Marrone. Conocemos a su agente, el señor López, feliz con el dinero que le hace ganar el señor Zorro. Un día que el señor Zorro decide comenzar una nueva novela —antes se nos ha contado el trabajo de documentación previo a ponerse a escribir—, descubre que han desvalijado su sótano y ha desaparecido todo el material almacenado de ideas, cuadernos, etc. Acaba encontrando un pasadizo por el que llegó y escapó el ladrón y lo sigue: para no perderse se ata un hilo rojo, del jersey de su editor, que aguarda en la superficie.

Historia disparatada y graciosa, que se sigue con interés. Como es de suponer, el señor Zorro se pregunta qué haría, en su caso, Jacky Marrone: poner en funcionamiento «su hocico buscapistas»... Las figuras caricaturescas de los personajes caen bien. Las imágenes añaden información que no se cuenta con las palabras: no hace falta, por ejemplo, que se describan los túneles por los que se mete el Zorro, porque las ilustraciones los presentan con claridad. Hay muchos cambios de color y tamaño en la tipografía que añaden dinamismo y emoción al relato. El vocabulario es rico pero el narrador es consciente de a quienes se dirige y no recarga los aspectos metaliterarios del relato en busca del elogio de los adultos.

Franziska Biermann. El señor Zorro y el hilo rojo (Herr fuchs und der rote faden, 2015). Madrid: Los cuatro azules, 2016; 60 pp.; trad. de Elena Abós; ISBN: 978-84-941866-6-0. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 23 de febrero de 2017

Leí Serafina y la capa negra, de Robert Beatty, después de que me dijeran que había gustado a varios lectores jóvenes y luego vi que había sido una novela muy leída en Estados Unidos..., con lo que todo parece indicar que pronto habrá película.

Su argumento se sitúa en 1899. Serafina, doce años, es una chica de la que se nos dice que tiene unos ojos ambarinos y una extraña lesión de nacimiento en la clavícula que le permite meterse por lugares inverosímiles, Vive con su padre en la mansión Biltmore, Asheville, una casa con más de 250 habitaciones, en la que su padre es el encargado de mantenimiento. Por razones que su padre nunca le ha explicado bien, ha de permanecer oculta para las muchas personas que trabajan y viven en la casa, pero a ella le gusta moverse de noche, sin que su padre lo sepa, pues tiene habilidades casi felinas que le han hecho conocer todos los secretos de la gran mansión. En una de sus incursiones sorprende a un hombre con una misteriosa capa negra que persigue a una niña que, de una forma que Serafina no comprende, se volatiliza. Al día siguiente descubre que la noche anterior ha desaparecido una chica llamada Clara y pronto sabrá también que son varios los niños con los que ha pasado lo mismo en las últimas semanas. De forma casual, Serafina conoce a Braeden Vanderbilt, un joven sobrino de los señores de la casa, a quien le cae bien y a quien le cuenta lo que vio.

La buena noticia es que la historia está narrada con sencillez y claridad, y que tiene un intrigante comienzo en el que se mezclan bien algunos elementos atractivos: una protagonista muy activa y con mente independiente —cuya situación recuerda la de Hugo Cabret, aunque en este caso no se explica bien cómo ha podido vivir tantos años ahí sin que nadie la conozca—; el enigma de su origen que su padre tendrá que contarle al principio parcialmente; la entrada en acción del hombre de la capa negra y la desaparición de la chica; el atractivo de una casa decimonónica grandísima —que también es interesante para muchos lectores por ser una casa real, que puede visitarse, y que ha sido escenario de muchas películas y series—…

Sin embargo, la resolución, e incluso toda la segunda parte de la novela, tiene problemas: el cambio de paso, de novela de misterio con chicos en situaciones críticas, a novela de fantasía sobrenatural con bosques poblados de animales-humanos, cementerios antiguos donde todo puede suceder y personajes vampíricos, resulta poco convincente, y deja una sensación de «así cualquiera», de que así no hay problemas para crear y para resolver misterios. Pero el lector atrapado por el personaje y sus andanzas de la primera parte la leerá igual, y al lector aficionado a los relatos de ese subgénero le interesará. En favor de la historia también hay que decir que algunos dilemas morales, que suelen ser tan curiosos y artificiales en muchas novelas del género, aquí son bastante «normales».

Robert Beatty. Serafina y la capa negra (Serafina and the Black Cloak, 2015). Madrid: Alfaguara, 2016; 352 pp.; col. Middle Grade; trad. de Victoria Simó; ISBN: 978-8420484266. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 1 de febrero de 2017

Un relato de hace tiempo que tenía en listas y he leído hace poco: El mundo encantado de Ela, de Gail Carson Levine. Tuvo premios en su momento, se basó en él una película muy popular, y viene a ser una versión enriquecida de la Cenicienta.

A la protagonista, Ela de Frell, el hada Lucinda la hechizó nada más nacer con «el don de la obediencia»: tiene que obedecer estrictamente los mandatos directos que reciba. La protege Mandy, su hada madrina y cocinera de la familia, aunque sus poderes no son suficientes para contrarrestar el hechizo de Lucinda. Ela busca escapatorias intentando transformar el hechizo en una especie de juego. Cuando muere su madre y su padre se hace amigo de Madame Olga, comienzan los sufrimientos para Ela: tiene que ir al colegio con las odiosas hijas de Madame Olga, Hattie y Olive. La mayor Hattie, se da cuenta del hechizo de Ela y la obliga a ser casi su esclava. Más adelante, además, el padre de Ela decide casarse con Madame Olga, con lo que las cosas empeoran más todavía.

La narración es amena y corre a cargo de la misma Ela. Los elfos y ogros y seres de distinto tipo que van apareciendo resultan graciosos. Está bien desarrollado cómo la heroína va madurando al intentar librarse de las ataduras que tiene. La segunda mitad de la historia se parece ya mucho al modelo Cenicienta, pulsa iguales resortes, y hace ver el atractivo permamente de una trama tan conocida.

Gail Carson Levine. El mundo encantado de Ela (Ella Enchanted, 1997). Barcelona: Ediciones B, 2002; 272 pp.; col. La escritura desatada; trad. de Victoria Pradilla Canet; ISBN: 978-84-666-0217-4. [
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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Oliver Crisp, de diez años, es el protagonista principal de Oliver y las marpelucas, escrito por Philip Reeve e ilustrado por Sarah McIntyre, los mismos autores de Pastel espacial.

Sus padres, unos incansables aventureros, han decidido asentarse por fin y él está muy contento. Pero, al llegar a la bahía Aguahonda, cuando ven unas islas que no habían visto antes, sus padres deciden ir a explorarlas y desaparecen, ellos y las islas. Oliver sale a buscarlos y empiezan sus encuentros con personajes curiosos: un albatros insolente llamado Culpeper, una sirena un poco cegata llamada Iris, una isla «semoviente» (o que se mueve) a la que llaman Roque… Juntos, terminan haciendo frente a una isla malvada llamada Malpeñasco y a un abusón un tanto ridículo llamado Stacey de Lacey, a quien secundan una multitud de monitos (que me han recordado, no gráficamente, pero sí por su comportamiento) a los Minions..

Quizá lo menos conseguido sea el malvado —el abusón típico de tantos relatos infantiles— pero lo demás está muy bien. Hay originalidad, buen humor, ilustraciones bien integradas en la historia, logros como el Mar de los Sarcasmos —en el que «las algas no hacen más que soltar comentarios desagradables e hirientes» a los marinos—, comentarios acertados al paso —«si algo había aprendido durante sus años de exploraciones, era que los problemas no se resolvían quejándose»—, y (al menos para mí) el misterio de qué significará «marpelucas»...

Philip Reeve. Oliver y las marpelucas (Oliver and the Seawigs, 2013). Madrid: SM, 2016; 201 pp.; col. Barco de Vapor; ilust. de Sarah McIntyre; trad. de Xohana Bastida; ISBN: 978-84-675-8606-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Los dragones del castillo ruinoso y otros cuentos alocados, de Terry Pratchett, contiene catorce historias escritas y publicadas por el autor cuando era joven, aunque fueron algo corregidas para esta recopilación. Son relatos más bien infantiles o juveniles y tienen el tono bromista y el humor desenfadado típico del Pratchett más popular.

Por ejemplo, hay dos textos titulados «Relatos del pueblo de la Alfombra» y «Otro relato del Pueblo de la Alfombra», que son como una versión menor de El éxodo de los gnomos: en el primero sus protagonistas son los habitantes del pueblo de la Cerilla Caída y están preparándose para partir, pues «la Alfombra se estaba deshilachando»; en el segundo, un audaz explorador llamado Cristóbal Pilajo propone una expedición hacia el Felpudo.

Hay relatos, también, de caballeros arturianos venidos a menos, como el que da título a la recopilación, o de curiosos príncipes de cuentos de hadas como «Edwo, el caballero pelmazo», un sabelotodo insufrible al que le regalan una bota de tres leguas y media, es decir, la mitad de un par de botas de siete leguas, que lógicamente hay que usar a la pata coja.

Uno de los que me ha hecho más gracia ha sido «Hércules la Tortuga», un animal que siempre piensa y habla en mayúsculas, y al que cuando le preguntan por qué lo hace responde con un simple «Lo Hacemos Todas las Tortugas (…). Es Tradicional. Ya Sabes». Otro es «Dok el cavernícola», un tipo que —como el protagonista de Gruñón y el mamut peludo— va inventando incansablemente todo tipo de cosas: la rueda, la barca, el fuego, la calefacción central…, aunque todos los inventos le salen mal.

Terry Pratchett. Los dragones del castillo ruinoso (Dragons at Crumbling Castle and Other Stories, 2014). Barcelona: Montena, 2016; 319 pp.; trad. de Manuel Viciano; ISBN: 978-84-9043-567-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de abril de 2016

El navegador de cristal, de Nancy Kunhardt Lodge, es una novela precedida de premios y comentarios positivos que la presentaban como un viaje al modo de El mago de Oz. Su protagonista es Lucy Nightingale, una niña a la que su profesora encarga un trabajo sobre algunos pintores del pasado. Para eso, gracias a un perro llamado Wilbur que, con ayuda del Navegador (una especie de brújula con interruptores llenos de joyas, engranajes y demás), logra viajar en el tiempo y hablar con ellos acerca de algunas de sus obras.

Lo rescatable de la novela son algunos diálogos de la heroína con los pintores a los que visita: Boticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Jacobo Pontormo, Van Gogh. Hay comentarios certeros sobre sus personalidades —que ayudan a Lucy a superar sus propios complejos y miedos— y sobre sus pinturas. Así, por ejemplo, Miguel Angel le dice a Lucy que «ante todo soy un escultor así que pinto igual que esculpo, creando redondez y volumen, y utilizando pinceladas con sombreados cruzados».

En cambio, no se sostiene la comparación con El mago de Oz o con cualquiera de los viajes de fantasía que se cuentan en libros clásicos. Suenan tontas las explicaciones para justificar el viaje en el tiempo (dice Wilbur: «He comprimido nuestros pensamientos en longitudes de onda. Luego los he puesto en ordenadores paralelos, lo que ha puesto en marcha el mecanismo de curvatura del espacio-tiempo»). El personaje de Wilbur es, también, poco consistente, aparte de que dice no pocas cosas sonrojantes («cuando aprendas a fusionar tu esencia con la esencia de otro ser vivo, brillarás del mismo color»). Y, por último, lo siento, pero no imagino a un Van Gogh diciéndole, ni a Lucy ni a nadie, que «no hay respuestas incorrectas, Lucy. Sólo lo que tus ojos y tu alma te digan».

Nancy Kunhardt Lodge. El navegador de cristal (The Crystal Navigator, 2015). Madrid: Kolima Books, 2016; 155 pp.; trad. de Raquel Dueñas; ISBN: 978-84-163645-1-0. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 14 de octubre de 2015

Igual que los demás libros de Kate DiCamillo, Flora y Ulises tiene un narrador y unos personajes de lo más singulares. La autora, además, emplea el recurso de contar algunos pequeños tramos de la historia con ilustraciones, unos excelentes dibujos en blanco y negro de K. G. Campbell. Así, las primeras cuatro páginas son viñetas y, en el interior, aparte de ilustraciones aisladas, en varias ocasiones hay páginas también con viñetas. Esto, aparte de ser una buena estrategia narrativa, también responde a la gran afición de la protagonista por los cómics y a que, con frecuencia, ve la realidad como si fuera un cómic, como si las palabras flotasen en globos encima de alguna gente.

Flora es una chica de diez años cuya gran referencia es un superhéroe de cómic llamado Incandesto. Todo comienza cuando su vecina hace víctima de su extraño aspirador a una ardilla que, asombrosamente, adquiere poderes extraordinarios. Así que a Flora y a Ulises, la ardilla, les empiezan a ocurrir todo tipo de incidentes. Hay que añadir que los padres de Flora están divorciados: ella vive con su madre, escritora de novelas románticas absorbida por su ocupación, pero se entiende mejor con su padre, un hombre tímido que comparte la afición de Flora por los cómics. De los demás personajes destaca William Spiver, un nuevo vecino de Flora, de su edad, que habla con mucha prosopopeya.

La historia se lee con agrado porque los diálogos son buenos, muchas observaciones del narrador son graciosas, las situaciones y frases de los cómics que lee Flora están integradas con acierto —«ese crimen debe ser impedido», «¡Santa bagumba!», «¡Santos incidentes imprevistos!», son varias expresiones que usa—, y la sofisticación del vocabulario de algunos personajes es un elemento cómico más que despierta la curiosidad (de otros personajes y, así, del lector). Por otro lado, muchos momentos humorísticos podría firmarlos Terry Pratchett, como cuando Ulises aparece por primera vez y el narrador apunta: «En la mente de una ardilla no suceden demasiadas cosas. La mayor parte de aquello que se conoce vagamente como “el cerebro de la ardilla” está dedicada a un solo pensamiento: la comida».

Es un punto interesante que Flora se considera una cínica —se supone que por su situación familiar y el comportamiento egoísta de su madre—, algo que una y otra vez ella misma ve que queda desmentido por sus reacciones primarias, incluso por el mismo hecho de que su principal referencia sea un superhéroe con la misión de salvar el mundo. Y el elemento más cómico está en que Flora juzga lo que le pasa de acuerdo con lo que ha leído en unas historietas tituladas «¡COSAS TERRIBLES QUE PUEDEN SUCEDERTE A TI!». Por ejemplo, una vez que está un poco alterada, recuerda que Cosas Terribles «había dedicado un ejemplar a enumerar los síntomas de la conmoción, pero Flora no era capaz de recordarlos. ¿Sería uno de los síntomas de la conmoción no poder recordar los síntomas de la conmoción?».

Dicho esto, a pesar de que la novela sea divertida y se lea con gusto, hay que añadir que da la sensación de falta de control o, más bien, de que las situaciones extravagantes, y los párrafos explicativos encadenados a partir de las asociaciones mentales que hace Flora, se multiplican sin control (cosa que, por otra parte, gustará a no pocos lectores, como a mí mismo).

Kate DiCamillo. Flora y Ulises. Las aventuras iluminadas (Flora & Ulysses. The Illuminated Adventures, 2013). Barcelona: Océano, 2015; 232 pp.; ilust. por K. G. Campbell; trad. de José Manuel Moreno Cidoncha; col. Gran Travesía; ISBN: 978-84-942582-6-8. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 13 de mayo de 2015

El dragón de papá, de Ruth Stiles Gannett y su madre, la ilustradora Ruth Chrisman Gannett, es un libro infantil norteamericano de 1948 que se ha traducido al español hace poco. Es el primero de una trilogía.

Quien cuenta la historia habla de que su padre, Elmer Elemento (Elmer Elevator en el original), «que entonces era pequeño», recoge a un gato callejero que le habla de que, si va a la Isla Mandarina y a la Isla Salvaje, podrá cumplir su deseo de volar: sólo tendría que liberar a un dragoncillo preso que, agradecido, le dejaría volar con él. Y, como su madre se comporta de modo grosero con el gato, Elmer se enfada con ella y decide marcharse a buscar al dragón: debe salvar las amenazas de unos tigres, un rinoceronte, un león, un gorila…; también tendrá que construir un puente de cocodrilos enlazados unos con otros, para poder llegar al dragón.

Es una narración amena, con muchos detalles graciosos derivados de cómo lidia Elmer con las dificultades que se le presentan. Tiene la virtud de que puede capturar la imaginación de un lector pequeño y de que tanto la estructura en capítulos cortos como el lenguaje asequible hacen fácil la lectura. El punto de partida —un enfado del niño con su madre y una escapada después— no fueron obstáculo para que el relato recibiera el premio Newbery en su momento.

Ruth Stiles Gannett. El dragón de papá (My Father’s Dragon, 1948). Madrid: Turner, 2014; 85 pp.; col. El cuarto de las maravillas; ilust. de Ruth Chrisman Gannett; trad. de Marta Alcaraz; ISBN: 978-84-16142-04-0. [
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jueves, 19 de marzo de 2015

Un mundo maravillástico, de Shannon Hale, es el tercer libro de la serie Ever After High y parece ser el último que firma la autora. Es tan brillante como los anteriores, El libro del destino y Destino real, espíritu rebelde, y en algunos aspectos más, pero resultará demasiado sofisticado literariamente para muchos paladares y, una vez más, muy sorprendente para quien se fie de la cubierta.

Esta vez gana todo el protagonismo Maddie Hatter, el mejor personaje de las novelas previas. Todo comienza cuando el Galimatazo está intentando transformar mágicamente el País de Siempre Jamás para convertirlo en el País de las Maravillas, con lo que todo se caotiza y los únicos personajes a los que no les afectan sus hechizos son las «maravillanas»: Maddie, Lizzie (hija de la Reina de Corazones), y Kitty (hija del Gato de Cheshire). Ellas tres, junto con Cedar Wood (hija de Pinocho), que deja de ser de madera para ser de carne, son las que deben arreglar los entuertos. Los líos son muchos e indescriptibles: la misma Kitty dice que todo «es un confuso batiburrillo entre lo maravillano y lo siemprejamasino».

Para conectar bien con la historia es necesario conocer bien las dos novelas de Alicia y las demás narraciones a las que se alude, igual que tener la capacidad de disfrutar de bromas relacionadas con la técnica narrativa. Esto tiene que ver con que, cuando el narrador se ve afectado por la magia que invade el país de Siempre Jamás, y puesto que Maddie puede oírle y está siendo testigo de todo, ella se hace cargo del puesto de narrador. Lo que ocurre es que, al principio, no cumple bien las reglas propias del narrador y se arma líos… Por ejemplo: «Maddie rebuscó en su Sombrero de las Mil Cosas. Qué útil, ¿verdad?, llevar siempre un sombrero de las Mil Cosas. Se preguntó por qué no tenía uno todo el mundo. Luego se regañó a sí misma por preguntarse cosas que no tenían nada que ver con el cuento que estaba narrando. ¡Los Narradores no hacen eso! ¡Vuelve al cuento, Maddie!»

Además, hay un momento en el que las protagonistas deben separarse, por lo que la única forma de contar lo que les pasa es que haya un nuevo narrador: «¡”Mostrar, no contar” es un capítulo entero del libro de narración! Y yo no puedo narrar lo que hace Cedar e ir con Lizzie —dijo Maddie», así que nombran a Kitty narradora de emergencia sustituta de la Narradora de emergencia, lo que causa más líos aún. Quien conozca previamente a la madre de Lizzie y su afición a las cartas…, verá que Lizzie también es una gran creación como personaje. Por supuesto, el tema de fondo continúa saliendo una y otra vez: «Rebeldes, Reales, bla, bla, bla —dijo Kitty mirándose las uñas—. Si no te importa dónde vayas a terminar, no importa qué camino tomes», frase que, igual que otras suyas, hacen pensar en su padre...

Y magnífica traducción.

Shannon Hale. Un mundo maravillástico (Ever After High. A Wonderlandiful World, 2014). Madrid: Alfaguara, 2014; 358 pp.; trad. de Sara Cano Fernández; ISBN: 978-84-204-1774-5. [Vista del libro en amazon.es]

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jueves, 15 de enero de 2015

Ya dije que me gustó El libro del destino, de Shannon Hale. Pues más todavía debo decir de su continuación, Destino real, espíritu rebelde: hay que tener mucho talento para construir un relato tan rico, tan divertido, y tan inteligentemente posmoderno. Los únicos reproches que le haría son la cubierta, que no hace suponer mínimamente lo que uno encontrará dentro del libro, y la longitud, pues suceden demasiadas cosas y hay peligro de saturación con tanta broma.

La historia continúa cuando, después de que Raven se negase a firmar en el Libro del Destino y a seguir los pasos de su madre, se producen tumultos en Ever After High y hay enfrentamientos entre quienes están con Apple y quienes apoyan la rebeldía de Raven. Todo conduce a que la dirección del colegio decida expulsar a Maddie Hatter y, entonces, Apple y Raven se unen para evitar esa injusticia. El problema está en que la única manera de salvar a Maddie es hacer un hechizo de Prueba Irrefutable, algo solo al alcance de una bruja de nivel 38: las únicas que alcanzaron ese nivel en la historia fueron Baba Yaga y la Madrastra de Blancanieves, y las alumnas como Apple o como Raven solo han llegado al nivel 5.

La traducción es magnífica y acierta de lleno al mantener los nombres en inglés.., lo cual significa que, para disfrutar por completo del relato, se ha de dominar un poco ese idioma, aparte, naturalmente, de conocer los cuentos populares y relatos como los de Alicia, Pinocho, El Mago de Oz, etc. Al hilo de la narración siguen apareciendo términos propios —hadavilloso, cuajhada, mermelhada…— y muchas pequeñas descripciones logradas —«la tensión era tan densa como una niebla embrujada», «la revelación le cayó como un cuenco de sopa hirviendo»…—.

Luego, el libro sirve para pensar en cuestiones más serias que van surgiendo como quien no quiere la cosa. Raven se da cuenta de que su elección no afecta solo a su propio destino sino que también tendrá consecuencias en otros; se pregunta como una chica tan inteligente como Apple no podía ver lo que ella sí veía con toda claridad, «que el destino no era más que un ovillo de hilos de marioneta y que la felicidad sólo podía venir de la mano de la libertad». Ambas aprenden, en su búsqueda, que también hay muchas cosas que ocurren fuera de campo, fuera de las páginas de los cuentos, y que a veces son las más importantes.

Es sensacional el personaje de Maddie —a la que se describe como adicta al té, fantastifiestera, cuentacertijos compulsiva…— y son un alarde de técnica narrativa las conversaciones que la misma Maddie va manteniendo con el Narrador. Son formidables también las apariciones de la madrastra de Blancanieves, cuyos diálogos insultantes y provocativos no tienen desperdicio: Raven, al final, sabe responderle que «la posibilidad de elegir y la maldad no son lo mismo» y que ella no elegirá la maldad, no elegirá el camino de su madre, pase lo que pase.

Hay continuas y graciosas alusiones irónicas de todo tipo. Así, los cojines bordados de Blancanieves tienen lemas como «Amar es saber que un conejito te necesita», o «Las ardillas nunca te dejarán tirado… a no ser que estén hibernando». En otro momento aprendemos que los Remolinos de Cambalachamiento se aprenden en la asignatura de último curso de «Alusiones Avanzadas y Referencias Transculturales». O, cuando Apple habla de la marioneta más simpática que ha conocido nunca y Nathan Nutcracker, el hijo del Cascanueces, murmura que «el término marioneta es un poco ofensivo», Apple le pide disculpas y le asegura que «quería decir la persona de madera más simpática que he conocido nunca».

Shannon Hale. Destino real, espíritu rebelde (Ever After High. The Unfairest of them All, 2014). Madrid: Alfaguara, 2014; 389 pp.; trad. de Sara Cano Fernández; ISBN: 978-84-204-1671-7. [Vista del libro en amazon.es]


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miércoles, 26 de marzo de 2014

El libro del destino, de Shannon Hale, nació a partir de una idea de una empresa de juguetería, se ve que con la idea de multiplicar el éxito de una línea de juguetes y muñecas que tienen. No voy a entrar en esta cuestión, que no me compete (ni tampoco me interesa mucho, la verdad), y sí a señalar que el libro está bien escrito, es simpático y tiene muchas cosas rescatables.

Se ambienta en Ever After High, un colegio dirigido por un tal Milton Grimm al que van los hijos de los y las protagonistas de los cuentos y las historias más tradicionales para que, llegado el momento, puedan protagonizar sus propios cuentos. Todos ellos han de llegar al día del Destino, cuando han de firmar El Gran Libro de los Cuentos y comprometerse a seguir los pasos de sus padres. La historia trata de que la hija de la madrastra de Blancanieves, Raven Queen, de ninguna manera quiere ser como su madre y se plantea no firmar, y que la encantadora hija de Blancanieves, Apple White, desea que firme porque si no es así, los personajes del cuento, y ella también, desaparecerán, harán puf  les dice el director.

La narración se podría alinear con las de Ian Beck pero, en este caso, está centrada por completo en un mundo de chicas y los guiños bromistas al ambiente actual son continuos. Así, justo al principio, se nos dice que la protagonista «estaba escuchando el último disco de Tailorucita Swift en su espejo-pod»; la futura Bella Durmiente figura en Cuentobook con un estado de “soñolienta”… Naturalmente, los planes de estudio de las heroínas se ajustan a sus futuras necesidades; las exclamaciones y el lenguaje de argot que usan se corresponde a lo que son: algo es «hadalucinante», un vestido es «hechizante», etc.

Un punto destacable es, aparte de que abundan los toques ingeniosos y los diálogos divertidos —la autora es una buena escritora y se nota—, que para disfrutar de la historia se requiere conocer las historias previas: por ejemplo, es un gran personaje el de Maddie Hatter, la hija del sombrerero loco de Alicia; o, cuando se habla de una fiesta, quien pincha las bases electrónicas en la música es Melody Piper, la hija de El flautista de Hamelin, etc. Otro son los toques metafictivos: Maddie interrumpe la narración a veces para sonsacarle al narrador algo que le interesa conocer. Otro más es que las heroínas defienden bien su independencia y sus deseos de no quedar atrapados en una leyenda en la que no quieren estar.

Shannon Hale. El libro del destino (The Storybook of Legends, 2013). Madrid: Alfaguara, 2013; 351 pp. ; trad. de Sara Cano Fernández; ISBN: 978-84-204-1546-8. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 4 de marzo de 2014

No conocía un libro australiano titulado Las Aventuras de Oso y Plumas, de Ursula Dubosarsky y Ron Brooks, y es magnífico. Son cinco relatos cortitos de amistad titulados: «Una idea buena y una idea mala», «El secreto de Oso», «Contar hojas», «La visita», «Plumas está enfadada». Es un libro con el mismo aire y el mismo concepto que los de Sapo y Sepo. Todo se cuenta con acentos amables y en cada doble página van una o dos ilustraciones realistas, que dan cuenta de la escena y del ánimo de los protagonistas, y que están compuestas con la maestría que cabe suponer de Brooks.

Para dar una idea del tono, un pequeño fragmento narrativo: «Limpió la cocina con una bayeta. Recogió las migas de la mesa. Fregó los platos. Barrió el suelo con una escoba peluda». Y un diálogo característico:  «Plumas estaba enfadada.
Llevaba todo el día enfadada.
—¿Por qué estás enfadada? —preguntó Oso.
—¡No lo sé! –contestó Plumas.
—¿Quieres jugar a las cartas? –preguntó Oso enseñándole una baraja.
—No —dijo Plumas—. No quiero jugar a las cartas. Voy a salir».

Ursula Dubosarsky. Las Aventuras de Oso y Plumas (Honey and Bear, 1998). Barcelona: Corimbo, 2013; 50 pp.; trad. de Macarena Salas; ISBN: 978-84-8470-483-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 24 de septiembre de 2013

Cartas de todos para todos, de Toon Tellegen, es otra edición, con ilustraciones renovadas, de un libro que se había publicado años atrás con el título Cartas de la ardilla, de la hormiga, del elefante, del oso. Es un librito amable y divertido con escenas de humor que podríamos llamar posmoderno, algunas muy conseguidas.

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martes, 27 de agosto de 2013

Dos colecciones de relatos infantiles de fantasía ingeniosa: ¡Parece mentira! e ¡Imposible!, de Yak Rivais.

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miércoles, 20 de marzo de 2013

Dentro de la LIJ son muchas las historias de viajes a lo Alicia donde los o las protagonistas entran en mundos singulares en los que se llegan a conocer mejor a sí mismos y aprenden cosas del mundo de los adultos. Un buen relato de hace tiempo, que me parece que ahora está descatalogado, es El increíble viaje de Desi, de la holandesa Joke van Leeuwen.

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martes, 13 de marzo de 2012

He puesto reseña de uno de los mejores relatos que conozco sobre muñecas que tienen una vida propia: The Doll's House, de Rumer Godden. Es un libro de 1947 que, según creo, no está publicado en castellano. Se le puede poner la etiqueta de fantasía infantil, sí, pero tiene una gran calidad literaria, y una intensidad emocional y un desenlace muy poco habituales.

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miércoles, 4 de enero de 2012

Hace años, una especialista alemana me dijo que los libros de Kásperle, que escribió en los años veinte Josephine Siebe, tenían poca calidad. Sin embargo, en mi recuerdo, no era así: tal vez porque, como comprobé después de que me lo dijo, la traducción era de María Luisa Gefaell. En cualquier caso, sí son libros que capturan bien la magia que, para los niños, tiene el mundo de las marionetas. La ilustración de la derecha, de Karl Purrmann, está tomada de la edición en alemán del primer libro de la serie, que se puede leer en el proyecto Gutenberg.

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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Relatos citados en Itinerarios lectores de los que no había puesto aquí todavía su reseña: Poli y el lobo, de Catherine Storr y El dragón Albert, de Rosemary Weir. Ambos son libros con chispa, que tienen continuaciones, cuyas ediciones españolas están agotadas (creo), y que fueron importantes en la línea, hoy tan trillada, de volver a contar viejas historias dándoles la vuelta.

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martes, 24 de mayo de 2011

Equestrienne
, una de las canciones del disco de Natalie Merchant que cité semanas atrás, tiene letra de un poema de Rachel Field, la primera escritora que obtuvo el premio Newbery con una novela cuya protagonista y narradora es una muñeca: Hitty, Her First Hundred Years. No conozco traducción al castellano.

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miércoles, 20 de abril de 2011

Como los relatos anteriores de Kate DiCamillo, La Elefanta del Mago se caracteriza por tener un narrador envolvente y cercano, que seguramente suene muy bien en inglés y en voz alta.

Ciudad centroeuropea llamada Baltese, hace dos o tres siglos. A un huérfano de diez años, Peter Augustus Duchene, una adivina le dice que su hermana pequeña vive y que la encontrará si sigue a una elefanta. El consejo es absurdo, pues no hay ninguna elefanta por los alrededores, pero resulta que un mago, en la cercana Ópera Bliffendorg, hace un truco y una elefanta cae del cielo…

La calidad y la cercanía del narrador hacen aceptable esta historia de nonsense donde se van encadenando los sucesos de modo arbitrario desde un triste punto de partida hasta un desenlace feliz gracias a la bondad de algunos personajes. Algunas observaciones y diálogos son muy certeros: «“¿Y si?” es una pregunta que pertenece al mundo de la magia» afirma el mago; «al mundo de la magia y también al mundo en el que vivimos día tras día» le replica el policía.

Sin embargo, tengo mis reparos hacia un narrador tan omnisciente que puede decirnos también los pensamientos de la elefanta. Esos reparos son mayores debido a que no siempre usa los adjetivos de modo apropiado, como cuando habla de «un mundo arropado por la mano dulce e indulgente de la nieve». ¿Dulce? ¿Indulgente? ¿Para quién? Con todo, lo que menos me gusta es su poca ecuanimidad: cuando Peter descubre algunas cosas del soldado que le cuida, concluye de modo contundente que «por primera vez, hacer de soldado no le pareció, en modo alguno, el trabajo de un hombre. En lugar de eso, le pareció una estupidez, una horrible, espantosa y espeluznante estupidez». O no. Según.

Kate DiCamillo. La Elefanta del Mago (The Magician’s Elephant, 2009). Barcelona: Noguer, 2010; 165 pp.; ilust. de Yoko Tanaka; trad. de Víctor Aldea Lorente: ISBN: 978-84-279-0113-1.

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martes, 15 de marzo de 2011

Se acaban de publicar en castellano dos obras de James Krüss: Paulina y el Príncipe del Viento y su continuación, Cartas a Paulina.

En la primera conocemos a Paulina, una niña vecina del autor, don Jaime, que tiene un acuerdo con él: por cada historia que le cuente recibe unos caramelos o bombones de acuerdo con la calidad del cuento. El autor, luego, reescribe y ordena lo que Paulina le ha contado. Con esta estructura se suceden nueve relatos: lo que habla el autor va en negro y los relatos de Paulina en azul. Paulina y el Príncipe del Viento es una de las historias. En Cartas a Paulina es el autor, que se ha trasladado a vivir a Las Palmas, quien envía relatos a Paulina, que le responde desde Alemania enviándole cosas que le va pidiendo don Jaime.

El lenguaje es rico y el tono es amable. Los relatos son de fantasía humorística y, aunque no son especialmente convincentes ni chispeantes, se leen con agrado. A todas se les podría aplicar que «resulta increíblemente difícil componer una historia tan sólida y convincente de algo tan ligero y fugaz como son las pompas de jabón» (Paulina y el mundo a través de una pompa de jabón). No faltan las consideraciones sabias propias del género y del autor, como esta del segundo libro: «con la isla de San Borondón, señor, pasa lo mismo que con la felicidad: quien la busca no la encuentra y quien la ve no se da cuenta. Porque hasta que su imagen no se desvanece, no somos conscientes de haberla tenido al alcance de la mano durante un breve, pero dichoso, intervalo de tiempo» (La historia de Manolito el pastor). Es una idea que también podemos encontrar, expresada de modo semejante en otra de sus obras, Las islas felices detrás del viento.

James Krüss. Paulina y el Príncipe del Viento (Pauline und der Prinz im Wind, 1964). Madrid: Anaya, 2010; 128 pp.; ilust. de Renate Habinger; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-667-9343-8.
James Krüss. Cartas a Paulina (Briefe an Pauline, 1968). Madrid: Anaya, 2010; 128 pp.; ilust. de Renate Habinger; trad. de Moka Seco Reeg; ISBN: 978-84-667-9344-5.

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martes, 11 de mayo de 2010

Se acaba de reeditar Tía Yeska, de Boy Lornsen, un buen relato para pequeños, con el mismo motivo argumental, tan eficaz si se desarrolla bien, de Mary Poppins.

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martes, 19 de enero de 2010

Otro autor que también algunos han echado de menos con razón: Gianni Rodari, un gran renovador de la fantasía en los años sesenta y setenta. De sus muchos libros mi favorito es Cuentos para jugar. Al respecto, por cierto, esta observación y sus comentarios tienen interés.

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martes, 19 de mayo de 2009

El prodigioso viaje de Edward Tulane,
de Kate DiCamillo, es un relato de los que habla de las relaciones afectivas entre niños y juguetes..., desde la perspectiva del juguete. Lo podríamos poner en las tradiciones de cuentos como El conejo de terciopelo, aunque aquí el protagonista no habla sino que sólo siente y sufre, y en la de relatos sobre muñecos que duran generaciones: «En el negocio de los muñecos, tenemos un dicho: “El tiempo real es una cosa; el de los muñecos, otra”. Tú, mi distinguido amigo, has entrado en el tiempo de los muñecos», dirá el juguetero Lucius Clarke al protagonista.

El protagonista es Edward Tulane, un conejo de porcelana de lujo que pertenece a una chica que se llama Abilene. Sus aventuras comienzan en su casa, donde las cosas que le ocurren son más o menos normales, pero toman un nuevo rumbo cuando se cae al mar durante un crucero. Así comienza su periplo de años por las manos de dueños muy distintos: la mujer de un viejo pescador, un vagabundo, un chico pobre y su hermana muy enferma, un restaurador y vendedor de muñecos...

El relato está bien aunque me parece que la narración podría ser menos enfática: en vez de buscar una nueva voz narrativa muy original, como en sus otros libros, la autora también podría buscar que al lector se le olvide un poco que alguien está hablándole y haciéndole notar su presencia. También se podría haber evitado «la gratuita vulgaridad, tan frecuente en los libros para niños de hoy», de contar el incidente de que la perra de la casa vecina se orina en el comedor de Abilene (este comentario, que me parece acertado, salió en una reseña publicada en el New York Times acerca del libro): esto desafina más si se piensa en que la historia busca expresamente tener resonancias de un pasado donde nadie consentiría tales licencias. La contracubierta elogia la traducción —y aunque el traductor merece aplausos abundantes por otros libros—, yo no daría el aprobado a frases como «Edward podía ver su reflejo en el cristal. ¡Y qué reflejo era el suyo! ¡Cuán elegante figura componía!».

Kate DiCamillo. El prodigioso viaje de Edward Tulane (The Miraculous Journey of Edward Tulane, 2006). Barcelona: Noguer, 2007; 190 pp.; ilust. de Bagram Ibatoulline; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 978-84-279-5036-8.

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martes, 10 de marzo de 2009

Magia en el libro
es el primer relato para niños de Nina Bernstein, una periodista del New York Times. Tres hermanos, Anne, Emily y Will Thornton, 11 años la mayor y 7 el pequeño, sacan de la biblioteca un libro misterioso que los llevará a distintos mundos: al bosque de Robin Hood, a un mundo de gnomblins (unos seres del tamaño de los dedos de Will); a una de las escenas de Guerra y Paz. El relato tiene momentos buenos y, para los amantes de los libros, el reconocimiento del poder fascinador de las historias y el atractivo de redescubrir antiguos relatos. Eso sí, a la narración le falta un poco de chispa, los personajes no están del todo dibujados y los incidentes por los que pasan no resultan del todo convincentes. Por otro lado, el planteamiento es bueno, las relaciones familiares de los chicos están bien dibujadas y, salvo algunas frases menos afortunadas, está bien escrita.

Nina Bernstein. Magia en el libro (Magic by the Book, 2005). Madrid: Alfaguara, 2008; 232 pp.; ilust. de Boris Kulikov; trad. de Vanesa Pérez-Sauquillo; ISBN: 978-84-7146-4.

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Ilust. de Antoni Boratýnski.
martes, 5 de febrero de 2008

Otra historia de humor suave que habla de lo comentado ayer, del poder de transformación de un trabajo cotidiano bien hecho, aunque acentúa sobre todo la influencia positiva de la música y la literatura, es El señor Todoazul: abrillantador de placas callejeras, de Monika Feth.

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Matilda.
martes, 7 de agosto de 2007

Quizá el autor más popular de literatura infantil en las décadas finales del siglo XX haya sido Roald Dahl. Da pistas comparar sus relatos con otros del género que podríamos llamar de fantasía disparatada: los de Dahl tienen vida siempre, en otros se nota mucho más el artificio.

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jueves, 1 de febrero de 2007

En El Rey Mago y su elefante se dice que «para un niño el tiempo no existe; tiene tanto tiempo por delante que se olvida de su existencia hasta que algún acontecimiento importante le imprime tal o cual fecha en la imaginación». Esta consideración puede complementarse con la conciencia, que uno pronto adquiere, de qué distinta es la velocidad a la que transcurren las horas según cuáles sean nuestras expectativas o nuestras ocupaciones... Algo (sólo algo) de eso trata un relato inglés, ya clásico, titulado El jardín de medianoche, de Philippa Pearce, fallecida hace pocas semanas.

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jueves, 11 de enero de 2007

Peter Pan de rojo escarlata,
firmado por Geraldine McCaughrean, fue uno de los libros más promocionados del año pasado, anunciado con el (incomprensible) rótulo de «la segunda parte OFICIAL». Dejando de lado el comienzo, pues unos adultos comportándose de modo pueril no resultan nada convincentes, a cualquiera que haya disfrutado con la historia original le puede interesar e incluso gustar: la escritora demuestra una sobresaliente soltura para dar continuidad temática, estilística y argumental al clásico.

Sin embargo, creo que la historia falla. El extraño encanto de la narración de Barrie estaba basado no sólo en su categoría literaria y en la creación del personaje que quería ser siempre niño, sino en sus acentos ambiguos y en lo que tenía de mezcla paródica de las historias de piratas y del Oeste populares en aquel momento histórico: lo primero era un gancho para los adultos y lo segundo para los niños. Cualquier intento de añadir más capas de parodia a una parodia es difícil, y quizá imposible; y atraer a los niños de ahora con personajes y temas como aquellos, por más que se adorne con algunas novedades, tampoco creo que funcione. Pero el tiempo lo dirá.

Geraldine McCaughrean. Peter Pan de rojo escarlata (Peter Pan in Scarlet, 2006). Madrid: Alfaguara, 2006; 304 pp.; trad. de Isabel González-Gallarza Granizo; col. Serie Azul; ISBN: 84-204-7068-6.

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martes, 28 de junio de 2005

Entre los relatos de fantasía que nos inundan es una novedad digna de ser resaltada Despereaux, de Kate DiCamillo. Esta escritora norteamericana tiene un don particular para dar a sus relatos unos acentos originales: lo hizo en Gracias a Winn-Dixie, una historia hipersentimental a lo Pollyanna, que algunas personas que conozco no pueden leer sin pañuelo, y lo ha vuelto a conseguir en Despereaux con un singular narrador que a la vez es afectuoso e imperativo y posmoderno.

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