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Notas del archivo 'Cuentos (siglo XX)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 17 de julio de 2014

Hay un tipo de libros de relatos que, normalmente, se publican en colecciones infantiles y se publicitan a través de los cauces de la LIJ pero que, aunque pueden gustar a muchos chicos y chicas, lo cierto es que se dirigen a un público no sólo bastante lector sino más bien adulto. Pondré hoy un ejemplo de hace tiempo.

Los relatos de John Gardner reunidos en Dragón, dragón y otros cuentos (Dragón, dragón, El sastre y el gigante; La mula del molinero; El último pedazo de luz), y El rey de los colibríes y otros cuentos (El rey de los colibríes; El deseo de la bruja; El peral; El gnomo y los dragones), son cuentos de hadas con ambientes y personajes típicos pero con un tono bromista, que incluye guiños picarescos y giros argumentales, dirigidos a lectores expertos. Son también relatos graciosos y compuestos con un dominio más que notable del género.

Así, véanse algunos sensacionales comienzos:
—De Dragón, dragón: «Había una vez un rey, y en su reino había un dragón que daba muchísimo la lata».
—De El sastre y el gigante: «Había una vez un reino en el que todo marchaba perfectamente, excepto una cosa: que el primer lunes de cada mes venía un gigante y se comía todo lo que pillaba».
—De El rey de los colibríes: «Había una vez un joven que era más tonto que la mayoría, pero tenía una gran virtud: siempre veía las cosas desde el punto de vista de la otra persona».
—De El gnomo y los dragones: «Érase una vez, en un extraño país, un pequeño gnomo increíblemente feo, que era un gran experto en transformar a su antojo los objetos de su alrededor, no sabemos si por aburrimiento o por motivos más nobles».

Para mí, el mejor de todos es El deseo de la bruja. Comienza del siguiente modo: «Había una vez, en cierto país, una vieja bruja, malvada y repulsiva, cuyo mayor placer en esta vida consistía en quemar sinagogas e iglesias». Pero, eso sí, sigue diciendo el narrador, no quería quemar la iglesia con gente dentro —«nunca se le hubiera pasado por la imaginación una cosa así, porque, bruja o no, había en ella una cierta bondad innata»—, así que, un día, se sentó a esperar, escuchó el sermón, «y mira tú por dónde, antes de habérselo pensado dos veces, se había convertido».

Pero el que sean excelentes cuentos no significa que se puedan encontrar fácilmente... Sólo en bibliotecas y en el mercado de segunda mano.

John Gardner. Dragón, dragón y otros cuentos (Dragon, Dragon and Other Tales, 1975). Madrid: Alfaguara, 1987, 8ª ed.; 104 pp.; col. ; ilust. de Gloria García; trad. de María Luisa Balseiro; ISBN: 84-204-3103-6
John Gardner. El rey de los colibríes y otros cuentos (The King of the Hummingbirds, 1977). Madrid: Alfaguara, 1984, 2ª ed.; 81 pp.; ilust. de Isabel Arechabala; trad. de Marta Sansigre; ISBN: 84-204-3140-0.


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miércoles, 5 de febrero de 2014

Cuando leí este artículo busqué Dos cuentos para Manolillo, de Miguel Hernández. Tal como allí se dice son dos libros, uno con los dos cuentos que escribió e ilustró el autor en la cárcel, en facsímil, El potro obscuro y El conejito; y otro que los comenta titulado Últimas ausencias para un niño: algunas notas a dos cuentos traducidos por Miguel Hernández, escrito por José Carlos Rovira. Los dos cuentos se presentaron como traducciones libres de dos cuentos ingleses aunque parece ser que no lo eran. Eso sí, El Conejito, como Perico el conejo travieso, entró en un huerto, se atiborró, le persiguió un perro, le costó salir por donde había entrado… El Potro obscuro, que lleva a los niños hasta la ciudad del sueño, es un relato acumulativo en la mejor tradición de las historias infantiles para contar a los niños antes de dormir.

Miguel Hernández. Dos cuentos para Manolillo (para cuando sepa leer). Madrid: Palas Atenea, 1988; dos libros, 28 y 46 pp.; ilust. del autor; ISBN: 8478170014. Otra edición en 2003; ISBN: 978-8478170005.

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martes, 3 de septiembre de 2013

Los relatos de fantasía de Pierre Gripari, tanto los Cuentos de la calle Broca como Historia del príncipe Pipo, de Pipo el caballo y de la princesa Popi, ejemplifican que la calidad permanece pero que también se resiente del tono algo condescendiente hacia los lectores pequeños y, más todavía, del lastre que acaban suponiendo algunos tics ideológicos.

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miércoles, 22 de mayo de 2013

Un autor que no había puesto aquí todavía: Marcel Aymé. Hace años Lumen editó varios libritos con sus cuentos como, entre otros, Los cisnes. Sus protagonistas son dos niñas de una granja que tienen una relación estrecha con los animales que viven allí: perros que no quieren ir a cacerías, asnos reivindicativos, gansos susceptibles, etc. Vale la pena buscarlos en bibliotecas y conocerlos.

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miércoles, 27 de marzo de 2013

Hace tiempo puse aquí varias notas con breves cuentos jasídicos. Éstas: Corazón y cerebro, Cosas que podemos aprender, La primera página, Quizá, Esconderse (1). Las recuerdo después de leer, y para recomendar vivamente, Joyas sin cuento.

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martes, 7 de agosto de 2012

Una parte del folclore español, con multitud de minirelatos que son la base de muchos libros infantiles posteriores, está en las dos recopilaciones que Arturo Medina compuso y tituló Pinto Maraña - Juegos populares infantiles.

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martes, 8 de marzo de 2011

Eleanor Farjeon
fue una de las escritoras inglesas de literatura infantil más populares en los años cincuenta. Su vocación como escritora, según cuenta ella misma, creció gracias a una biblioteca familiar repleta: a los niños de la casa, decía, «nos hubiera parecido más natural carecer de trajes que de libros. Y más contrario a la Naturaleza no leer que no comer». Entre paréntesis, si alguien de verdad desea que sus hijos sean buenos lectores, ahí tiene un buen consejo, que puede unir al que indiqué en Qué libros comprar. Su recopilación de relatos La princesa que pedía la luna es magnífica pero..., actualmente ha de conseguirse en bibliotecas. A la derecha, portada de Edward Ardizzone para una edición inglesa de su libro.

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martes, 1 de marzo de 2011

Tres libros de relatos cortos de los que tengo un gran recuerdo y que, por lo que veo, no debe haber editores a los que les pase lo mismo pues no están en el mercado: De un país lejano, Donde duerme el agua y Detrás de las nubes, de Ángela Ionescu

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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Entre los muchos libros del irlandés Padraic Colum, uno que citan las enciclopedias como un clásico y del que no conozco traducción al castellano, es The King of Ireland's Son. Es una especie de aventura fantástica en la que se integran bien varios cuentos propios del folclore irlandés. Puede leerse en la red.

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martes, 28 de diciembre de 2010

A Lafcadio Hearn, un escritor irlandés nacionalizado japonés, le debemos que popularizara en Occidente muchos relatos japoneses. Una de sus recopilaciones fue Kwaidan. Todos ellos están también en los libros citados en la nota Cuentos de orígenes shintoístas y budistas que he actualizado con los datos de Cuentos y tradiciones japonesas III, que antes no estaba pues lo he leído en los últimos meses.

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martes, 14 de septiembre de 2010

Ya que se cumplen veinte años del nacimiento de Maisy, el famoso personaje de Lucy Cousins, ahí va un simpático libro reciente de la ilustradora inglesa: ¡Ñam, ñam! Mis primeros cuentos infantiles favoritos.

Son unas versiones muy sencillas, pero se podría decir que con el argumento íntegro, de Caperucita, Las tres cabritas, El nabo más grande del mundo, La gallina Marcelina, Ricitos de Oro, la gallinita roja, Los tres cerditos, Los músicos de Bremen. Son un buen primer acercamiento a esos relatos también porque, como saben quienes conocen a la autora, sus coloristas ilustraciones tienen calidad y un gran tirón con su público natural de prelectores.

Lucy Cousins. ¡Ñam, ñam! Mis primeros cuentos infantiles favoritos (Yummy: My Favourite Nursery Stories, 2009). Parramón, 2010; 124 pp.; col. Libros mágicos; ISBN: 978-84-342-3676-9.

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martes, 29 de junio de 2010

Un libro con cuentos elaborados al modo de los relatos tradicionales: Cuentos españoles de antaño. Su autor, Felipe Alfau, un español emigrado a los Estados Unidos, los publicó en inglés en 1929.

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martes, 1 de diciembre de 2009

Ha salido una nueva y valiosa edición de los Cuentos para niños de Ionesco, con ilustraciones de Etienne Delessert que por momentos recuerdan portadas de discos famosas de los Beatles o, en general, respiran aires pop de los setenta, y en las que abundan, cómo no, los rinocerontes. Está bien, aunque sea pequeña y deje ganas de más, la explicación final del ilustrador sobre cómo puso imágenes a esos relatos.

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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Un ejemplo de cómo los intereses pedagógicos no impiden escribir buenos cuentos está en los Cuentos de la selva de Horacio Quiroga.

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martes, 10 de noviembre de 2009

Unos cuentos divertidos que vale la pena conocer: Los cuentos de mi tía Panchita, «humildes llaves de hierro que abrían arcas cuyo contenido era un tesoro de ensueños» según dice su autora, la costarricense Carmen Lyra.

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martes, 6 de mayo de 2008

Hace tiempo leí unos álbumes ilustrados cuyo texto era de Eugène Ionesco y no les hice mucho caso: como no entendí a donde iba el autor no me parecieron acertados. Pero recientemente he vuelto a leer esos cuatro relatos, que su autor tituló Cuentos para niños con menos de tres años y que publicó como entradas de su Diario, y me han gustado mucho. Además, aunque no soy un asiduo lector de obras de teatro, leí varias suyas y eso me abrió más los ojos a las peculiaridades e intereses del autor que también se revelan en esos cuentos. Tal como están, dentro del Diario y leídos en conjunto, son para adultos; leídos o contados a un niño en voz alta, tal como se plantean las cosas dentro de los mismos cuentos, sí pueden ser para lectores pequeños.

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martes, 3 de abril de 2007

Cómo se salvó Wang-Fó
es un antiguo relato de Marguerite Yourcenar que había publicado hace años Alfaguara, y que ha vuelto en una cuidada edición de Gádir que, además, cuenta con unas luminosas ilustraciones de Georges Lemoine.

Su protagonista es el anciano pintor Wang-Fó, un hombre con la capacidad de comunicar vida a lo que pinta. Cuando, un día, él y su discípulo Ling son conducidos al palacio imperial a presencia del Hijo del Cielo, este le reprocha que, al crecer aislado y en un palacio adornado por sus bellas pinturas, luego aborreció la realidad gris que fue conociendo. Además le dice que también envidia su capacidad de hacerse amar por la gente. Por esas razones lo condena pero no sin que, antes, termine una pintura inacabada.

Historia que Yourcenar extrajo de uno de los Cuentos orientales que había compuesto a partir de viejos cuentos chinos. Es un relato poético cuya resolución es un tanto escapista y se ve venir, pero que interesa igualmente por estar muy bien contada y porque sirve para reflexionar sobre la belleza del arte y su doble capacidad de ocultarnos o de ayudarnos a ver la realidad.

Marguerite Yourcenar. Cómo se salvó Wang-Fó (Wang-Fó fut sauvé, 1938, revisada en 1963). Madrid: Alfaguara, 1987; 32 pp.; col Juvenil Alfaguara; ilust. de Verónica Rubio; trad. de Emma Calatayud; ISBN: 8420445169. Nueva edición en Madrid: Gádir, 2006; 55 pp.; ilust. de Georges Lemoine; trad. de Emma Calatayud; ISBN: 84-935237-3-9.

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martes, 13 de febrero de 2007

Otra colección de Cuentos populares ingleses, algo enriquecidos pero fieles a los contenidos originales, es la que Flora Annie Steel publicó en 1918. Se han editado en español hace unos meses, con las ilustraciones de Arthur Rackham y con una traducción que, acertadamente, incluye una sección final en la que van las Notas donde se dan las rimas originales que se mencionan en los cuentos.

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martes, 16 de enero de 2007

Una recomendación que nunca falla: los cuentos de Beatrix Potter, quizá la primera escritora-ilustradora de libros infantiles que sabía comunicar tensión a sus historias a través de imágenes que dicen cosas que no cuenta el texto.

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jueves, 29 de junio de 2006

Antonio Rodríguez Almodóvar
realizó un gran trabajo de investigación antropológico-folclórica con Cuentos al amor de la lumbre, una recopilación de cuentos populares españoles que data del año 1984. En años sucesivos fue publicando los Cuentos de la media lunita, decenas de títulos en los que vuelve a las mismas historias con la intención divulgativa de darles una mayor presencia entre los niños y en los colegios. Los años 93 y 94 publicó, en la editorial Siruela, dos libros titulados El bosque de los sueños, donde recreaba cuatro historias populares pero, esa vez, teniendo en mente a un público adolescente o, en general, mayor. Y en el año 2004 la editorial Anaya publicó, bajo el mismo título, en una edición grande y con el apoyo de nuevos ilustradores, aquellos cuatro cuentos unidos a un quinto más largo que los anteriores, titulado Hija del Sol y las tinieblas.

El autor, que describe su trabajo como «una labor de restauración, rescate y rehabilitación de cuentos viejísimos», usa un lenguaje rico para presentar cinco historias que comparten elementos comunes y que forman una sola metahistoria. Los tres primeros cuentos son relativamente lineales, el cuarto es más arduo y en él incluso aparecen escenarios de ciencia-ficción, y el quinto lo es mucho más, y en él, después de que una cita introductoria de Freud nos hable de las relaciones entre sueño y mito e historia, se entrelaza un cuento popular con la historia mítica de Medea...

Personalmente sólo encuentro relativamente satisfactorios los tres primeros cuentos pero no así los otros dos, que me parecen mucho más artificiosos. Ahora bien, esa es la intención del autor: en el prólogo deja claro que ha preparado un «laborioso plan de conexiones internas» entre los cuentos, que una de sus intenciones es hacer un homenaje personal a Borges y a su idea de la biblioteca total subterránea, que tiene la convicción de que la fantasía colectiva era originalmente integradora y fue destruida por las religiones sacerdotales y el poder político... Desde mi perspectiva, que no es la de un estudioso del folclore sino la de un lector normal, pienso que todo es más sencillo, y que parte del encanto de los cuentos orales está en su carácter popular y que, por eso, no funciona intentar contar nuevas historias del mismo tipo a base de sofisticación, cargándolas de un cierto erotismo y llenándolas artificialmente de referencias cultas y de significados subterráneos.

Antonio Rodríguez Almodóvar. El bosque de los sueños (2004). Madrid: Anaya, 2004; 380 pp.; ilust. de Pablo AULADELL, Carmen Segovia, Javier ZABALA y Javier SERRANO; ISBN: 84-667-3985-8.

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miércoles, 3 de agosto de 2005

Hace pocos meses se ha publicado Cuentos para niños, de Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1891-Buenos Aires, 1963). Es un volumen muy bien editado que contiene tres cuentos, En el bazar más suntuoso del mundo, El marquesito en el circo y Por los tejados, y una obrita de teatro titulada Cuento de Calleja. No son textos para chicos de ahora pero pueden resultar interesantes para un lector adulto que aprecie tanto el lenguaje rico como el buen humor en el modo de contar y en algunos golpes del argumento, y quiera recordar ambientes de antes como el bazar, o conductas como la del niño al que acompaña su niñera, o expresiones antiguas como «jamar»... Y, de paso, quien desee saber por qué un cuento infantil no permanece vigente con el paso del tiempo, aquí tiene una clave que va más allá de las referencias circunstanciales: para llegar al niño el ingenio literario-intelectual sin corazón no es el camino...

Ramón Gómez de la Serna. Cuentos para niños. Madrid: Clan, 2004; 128 pp.; col. Grandes cuentos para niños chicos; ilust. de Rafael Barradas; ISBN: 84-89142-73-4.

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martes, 10 de mayo de 2005

Es una buena noticia la publicación de los Cuentos para niños de Isaac Bashevis Singer, con ocasión de su centenario. En ella se incluyen dos jugosos textos de Singer: una reflexión titulada «¿Son los niños los mejores críticos literarios?» y una breve nota-prólogo. En esta última Singer señala cómo, aunque le gustan las ilustraciones de los cuentos y cree que son en muchos casos un complemento adecuado para los relatos, «sigo pensando que el poder de la palabra es el mejor medio para informar y entretener las mentes de los más jóvenes. La mayoría de las historias que he leído no estaban ilustradas. De más está decir que los relatos de la Biblia, que he leído y releído, no tienen ilustraciones. En este volumen me satisface poder hablar a mis jóvenes lectores solo con la palabra. Sigo pensando que en el comienzo fue el Logos, el poder de la palabra». Ante tal declaración del autor, ¿no hubiera sido mejor presentar sus cuentos sin ilustraciones? Y más aún cuando así está indicando que no quiere repetir la experiencia de la edición de cuentos de 1966, cuando el encargado de poner imágenes a sus relatos fue nada menos que Maurice Sendak, uno de los mejores ilustradores de siempre que además tenía una particular conexión con Singer por compartir con él su condición de judío de origen polaco.

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