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Notas del archivo 'Gómez Dávila' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 31 de octubre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre el cristianismo:

—«Para calcular la importancia del cristianismo no cuenta la originalidad de la doctrina, sino la divinidad de Cristo».

—«El que cree en Cristo, porque admira sus palabras o sus obras, no es cristiano.
El cristiano no cree en Cristo porque Cristo predique valores previamente admirados, llama valores, al contrario, lo que Cristo predica, porque cree en Cristo.
El cristianismo no aplica un criterio a Cristo, sino aplica a Cristo como criterio.
El cristianismo es un método específico de fundar el valor».

—«El cristianismo no inventó la noción de pecado sino la de perdón».

—«El cristianismo no enseña que el problema tenga solución, sino que la invocación tiene respuesta».

—«El honor del apologista cristiano está en ser probo con el diablo».

—«Cristiana no es la sociedad donde nadie peca, sino aquella donde muchos se arrepienten».

—«Más que el castigo hereditario, lo que indigna al moderno en el dogma del pecado original es la culpabilidad hereditaria.
Ser moderno es declararse enfáticamente inocente y negarse a ser perdonado».

—«El cristianismo nunca enseñó que la historia tuviera finalidad.
Sino fin».

—«La historia para el cristiano no tiene rumbo, sino centro».

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domingo, 24 de octubre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre Dios, la Providencia, la fe y la incredulidad.

Sobre Dios:

—«No hablo de Dios para convertir a nadie, sino porque es el único tema del cual valga la pena hablar».

—«Ni quien describe la condición humana necesita aludir a Dios, ni quien la interpreta puede omitirlo».

—«Dios no está en el mundo como una roca en un paisaje tangible, sino como la nostalgia en un paisaje pintado».

—«Dios es esa sensación inanalizable de seguridad a nuestra espalda».

—«Todo fin diferente de Dios nos deshonra».

Sobre la Providencia:

—«El historiador norteamericano no puede escribir historia sin lamentar que la Providencia no lo consultara previamente».

—«Las huellas de la Providencia en la historia no son huellas de viaje, sino de danza».

—«La ironía de los hechos ilustra mejor que el principio de finalidad las intromisiones de la Providencia».

—«“Necesariamente” es el adverbio más petulante en boca humana».

—«El providencialista olvida que el pecado barajó los naipes».

Sobre creer en Dios:

—«Lo importante no es creer en Dios, sino que Dios exista».

—«Hay que creer en Dios para poderles atribuir importancia a las cosas».

—«A Dios no se llega en toda época por el mismo camino».

—«Ciertas gesticulaciones sólo parecen grotescas al eunuco, así como ciertas otras sólo parecen grotescas al incrédulo».

Sobre el ateísmo:

—«El ateo nunca le perdona a Dios su inexistencia».

—«El ateo se consagra menos a verificar la inexistencia de Dios que prohibirle que exista».

—«El ateísmo auténtico es una página blanca; el ateísmo gnóstico esconde un texto escrito con tinta simpática».

—«Abundan los que se creen enemigos de Dios y sólo alcanzan a serlo del sacristán».

—«El máximo error moderno no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto».

—«La muerte de Dios es noticia dada por el diablo que sabe sumamente bien que la noticia es falsa».

—«Lo que acontece en tiempos de incredulidad no es que los problemas religiosos parezcan absurdos, sino que no parecen problemas».

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domingo, 17 de octubre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre cuestiones retóricas:

—«La coherencia de un discurso no prueba su verdad, sino su coherencia.
La verdad es suma de evidencias incoherentes».

—«El rango de nuestro adversario nos sitúa: ser vencedor o vencido es subalterno».

—«La retórica no gana sola las batallas, pero nadie gana batallas sin ella».

—«Hay argumentos que convencerían si vinieran insertos entre un tal vez y un quizás».

—«Las estupideces no mueren, pero es un deber desacreditarlas».

—«Cuidémonos de discrepar del que conoce mal un tema».

—«El fanático cree refutar una objeción declarándola trillada».

—«El demócrata defiende sus convicciones declarando obsoleto a quien lo impugna».

—«Para desarzonar a quien nos hostiga basta insinuarle que dice lo que dice porque es quien es.
La emboscada ideológica es ardid infalible.
Pero obviamente no es victoria en campo abierto».

—«No hay vileza igual a la del que se apoya en virtudes del adversario para vencerlo».

—«Declarar que una tesis es obviamente ideológica nos dice algo sobre su autor, pero nada sobre la tesis».

—«Para ridiculizar basta citar fuera de contexto».

—«La retórica de peor gusto es la del que renuncia a la trascendencia sin renunciar a su vocabulario».

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domingo, 10 de octubre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre imposturas frecuentes hoy:

—«El subconsciente fascina la mentalidad moderna.
Porque allí puede instalar sus tonterías preferidas como hipótesis irrefutables».

—«La percepción de la realidad, hoy, perece aplastada entre el trabajo moderno y las diversiones modernas».

—«No confundamos el pensamiento de la época moderna con el pensamiento en la época moderna.
Ni la literatura, ni el arte».

—«La más grave acusación contra el mundo moderno es su arquitectura».

—«Su nueva estupidez le permite a cada época burlarse de las estupideces precedentes».

—«Nadie desprecia tanto la tontería de ayer como el tonto de hoy».

—«El lector contemporáneo sonríe cuando el cronista medieval habla de “paladines romanos”, pero se queda serio cuando el marxista diserta sobre la “burguesía griega” o el “feudalismo americano”».

—«El que desenmascara con desdén las imposturas de otros tiempos se deja siempre engañar por las del suyo».

—«Lo que separa al fariseo clásico del fariseo moderno que hoy lo vilipendia no es que el nuevo confiese su miseria, sino que ni siquiera da las gracias».

—«Hablar de los muertos con superioridad de vivo es moda reciente».

—«La vulgaridad consiste, básicamente, en tutear a Platón o a Goethe».

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domingo, 3 de octubre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre cuestiones educativas:

Sobre la educación y la instrucción:

—«Lo eficaz no es denunciar la vileza de lo vil, sino mostrar la nobleza de lo noble».

—«Educar es enseñar a apasionarse por lo que carece de vigencia».

—«Mientras no tropezamos con tontos instruidos la instrucción parece importante».

—«El episodio más patético es el de la indiferencia con que la mera juventud finalmente mira la vejez más ilustre».

—«Una gran tradición intelectual es una garantía de sensatez para quien la hereda y un rico repertorio de tonterías para quien meramente se la apropia».

Sobre la educación literaria:

—«Las admiraciones literarias del joven suelen ser indicio de valores auténticos, mientras que sus antipatías se las dicta su situación histórica».

—«La filología, la crítica, la historia, es decir: el arte de leer a un autor, de comprender una doctrina, de conectar los hechos, brotan de un mismo principio: el principio del contexto».

—«La decadencia de una literatura empieza cuando sus lectores no saben escribir».

—«Las humanidades escolares le enseñaban al escritor a no hacer el oso, por lo menos».

—«El nacionalismo literario selecciona sus temas con ojos de turista.
De su tierra no ve sino lo exótico».

—«Para la prosa mágica no existen recetas, pero la prosa civilizada se aprendía».

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domingo, 26 de septiembre de 2010

Algunos escolios de Gómez Dávila sobre madurez, sabiduría, vulgaridad:

—«La madurez del espíritu comienza cuando dejamos de sentirnos encargados del mundo».

—«Ser joven es temer que nos crean estúpidos; madurar es temer serlo».

—«Madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos».

—«El primer paso de la sabiduría está en admitir, con buen humor, que nuestras ideas no tienen por qué interesar a nadie».

—«La sabiduría se reduce a no enseñarle a Dios cómo se deben hacer las cosas».

—«La vulgaridad consiste en pretender ser lo que no somos».

—«Los argumentos con que justificamos nuestra conducta suelen ser más estúpidos que nuestra conducta misma.
Es más llevadero ver vivir a los hombres que oírlos opinar».

—«Vulgaridad intelectual es el talante de quienes sólo son capaces de las verdades de su tiempo».

—«La buena educación no es, finalmente, sino la manera como se expresa el respeto.
Siendo el respeto, a su vez, un sentimiento que la presencia de una superioridad admitida infunde, donde falten jerarquías, reales o ficticias pero acatadas, la buena educación perece.
La grosería es producto democrático».

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domingo, 19 de septiembre de 2010

Escolios
de Gómez Dávila sobre la libertad, la verdad y el relativismo.

Acerca de la libertad:

—«Libertad es el término que más se emplea sin saber qué significa».

—«La libertad merece únicamente el respeto que merezca la actividad en la que se vierte».

—«Libertad real no existe sino donde una pluralidad de amos permite trasladarse de uno a otro fácilmente».

—«La libertad auténtica consiste en poder adoptar un amo auténtico».

—«Ninguna obra, en ningún campo, es producto de la libertad.
Todas son consecuencias de yugos que la libertad acepta».

—«La dignidad del hombre no está en su libertad, está en la clase de restricciones a su voluntad que libremente acepte».

—«El precio de la libertad absoluta sería una vulgaridad sin límites».

—«La libertad de traicionar es la que el fanático de la libertad reclama con mayor ahínco».

—«El hombre de hoy es libre como el viajero perdido en el desierto».

Acerca de la verdad:

—«Buscar la “verdad fuera del tiempo” es la manera de encontrar la “verdad de nuestro tiempo”.
El que busca la “verdad de su tiempo” encuentra los tópicos del día».

—«El momento de mayor lucidez del hombre es aquel en que duda de la duda».

—«Las verdades no son relativas. Lo relativo son las opiniones sobre la verdad».

Acerca del relativismo:

—«El relativismo es la solución del que es incapaz de poner las cosas en orden».

—«Donde se puede decir todo, todo se dice de cualquier manera; donde todo se diga de cualquier manera, no se está diciendo nada».

—«El relativismo estético es tesis errónea, pero fue protesta justificada contra nociones insuficientemente universales de la belleza».

—«El relativista rara vez se relativiza a sí mismo».

—«El tonto no se contenta con violar una regla ética: pretende que su transgresión se convierta en regla nueva».

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domingo, 12 de septiembre de 2010

Escolios
de Gómez Dávila sobre la cultura.

Acerca de la verdadera cultura:

—«En un siglo donde los medios de publicidad divulgan infinitas tonterías, el hombre culto no se define por lo que sabe sino por lo que ignora».

—«Hombre culto es aquel para quien nada carece de interés y casi todo de importancia».

—«Lo que distingue al hombre culto del inculto es su manera de ignorar».

—«La cultura es básicamente el código de los buenos modales de la inteligencia».

—«Las culturas se resecan cuando sus ingredientes religiosos se evaporan».

—«Frente a la pluralidad de civilizaciones y culturas, no debemos ser ni relativistas, ni absolutistas, sino jerarquizantes».

Acerca de lo que se suele llamar cultura:

—«Los “apóstoles de la cultura” acaban volviéndola negocio».

—«Los mercaderes de objetos culturales no serían irritantes si no los vendieran con retórica de apóstol».

—«El prestigio de la “cultura” hace comer al tonto sin hambre».

—«El más repulsivo y grotesco de los espectáculos es el de la superioridad de profesor vivo sobre genio muerto».

—«El afán de estar enterado es el disolvente de la cultura».

—«El bobo, para ser perfecto, necesita ser algo culto».

Acerca de los éxitos y los premios:

—«La suerte de toda causa se juega en dos tableros distintos: el de la razón, el del éxito.
No debemos confundirlos».

—«El tiempo es menos temible porque mata que porque desenmascara».

—«El volumen de aplausos no mide el valor de una idea. La doctrina imperante puede ser una estupidez pomposa.
Tan trivial reparo suele escapar, sin embargo, al espectador amedrentado».

—«Increíble que los honores enorgullezcan a quienes saben con quiénes los comparten».

—«Nada más estúpido que desdeñar la estupidez cuando solicitamos sus aplausos».

—«El tumulto en torno a una obra de arte no es hoy indicio de importancia estética, sino de aprovechamiento político».

—«La adjudicación de premios a escritores mediocres es ridícula, a grandes escritores insolente».

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domingo, 5 de septiembre de 2010

Varios escolios de Gómez Dávila sobre la historia y el trabajo de los historiadores:

—«La tarea del historiador consiste menos en explicar lo que pasó, que en hacer comprender cómo el contemporáneo comprendía lo que pasó».

—«La historia no tiene leyes que permitan predecir; pero tiene contextos que permiten explicar; y tendencias, que permiten presentir».

—«La historia se suicida al negar toda trascendencia.
Si la realidad es sólo temporal, su lugar es el presente. El pasado carece de importancia.
Para que la historia nos concierna, algo en ella debe trascenderla: algo debe haber en la historia más que historia».

—«El historiador que desdeña la “superficie pintoresca de la historia”, pretendiendo convertirse en zahorí de “corrientes históricas profundas”, olvida que historia es lo que acontece al individuo de carne y hueso en un instante y en un sitio».

—«No son raros los historiadores franceses para quienes la historia del mundo es un episodio de la historia de Francia».

—«(...) Gran historiador (...) es el que puede permitirse dibujar un mapa erróneo de los sucesos de una época, siempre que acierte a evocar su “espíritu”, su “alma”, su “sabor”, su “color”, su “clima”. (...)»

—«La novela añade a la historia su tercera dimensión».

—«En manos del historiador inteligente la historia es el lugar donde la verdad estalla en poesía».

—«Así como hay verdades que sólo podemos pintar, así hay otras que sólo se expresan en leyendas».

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domingo, 29 de agosto de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre los libros del pasado.

Sobre los grandes libros:

—«Los grandes libros tienen cortesía de reyes magnánimos: acogen al lector como si fuese su igual.
El escritor mediocre trata de humillarnos para ocultar su baja posición».

—«El que no confronta su vida a través de los grandes textos la confronta a través de los tópicos de su tiempo.
Toda visión es conquista y no punto de partida; necesita, por lo tanto, aliados».

—«No es entre pequeños en donde nos sentimos grandes, es en la luz de los grandes en donde nos sentimos crecer».

—«Los máximos triunfos literarios son a veces combates de retaguardia».
(Jane Austen, v.g., o Proust)».

Sobre los viejos libros inteligentes:

—«El viejo libro inteligente no se torna nunca obsoleto, porque el nuevo libro inteligente sólo vuelve explícitas ideas que implícitamente englobaba el libro viejo.
La inteligencia es paisaje cuya iluminación varía, pero cuyo relieve no cambia».

—«Las grandes obras necesitan años para emerger del acervo de cadáveres literarios que las asfixian».

—«El tiempo destaca la desigualdad entre los libros con una implacable crueldad».

—«Leídos al cabo de decenios, los libros buenos pueden aburrir, pero los malos no divierten».

—«Mientras los contemporáneos sólo leen con entusiasmo al optimista, la posteridad relee con admiración al pesimista».

—«Sólo las letras antiguas curan la sarna moderna».

—«Sólo en los libros mismos de quienes las inventaron no envejecen las ideas».

Sobre la historia de la literatura:

—«Llamamos historia de la literatura la enumeración de las obras que se evadieron de la historia».

—«Al cabo de unos años, solo oímos la voz del que habló sin estridencias».

—«En las historias de la literatura no son los primeros capítulos los que se apergaminan con los años, sino los últimos».

—«Los colores fuertes, en literatura, se desvanecen con el tiempo; sólo los tonos pálidos son indelebles».

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domingo, 22 de agosto de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre la lectura.

Sobre los buenos lectores:

—«La literatura toda es contemporánea para el lector que sabe leer».

—«Un poco de polvo sobre un texto ahuyenta al lector común.
Como si un soplo de inteligencia no dejara el mármol limpio».

—«Pocos lectores saben leer sin sentirse vigilados por las modas literarias de su tiempo».

Sobre los malos lectores:

—«La literatura contemporánea, en cualquier época, es el peor enemigo de la cultura.
El tiempo limitado del lector se gasta en leer mil libros mediocres que embotan su sentido crítico y lesionan su sensibilidad literaria».

—«Tal vez no haya necedad parecida a la de pasar la vida leyendo a escritores mediocres porque son nuestros contemporáneos».

—«Con la corrupción del escritor pululan libros malos, con la del lector mueren los buenos».

—«La mediocridad inevitable de lo que se escribe es más explicable que la evitable mediocridad de lo que se lee».

Sobre la lectura:

—«En la intimidad de la lectura el gran escritor no parece limitarnos, sino completarnos».

—«La lectura es droga insuperable, porque más que a la mediocridad de nuestras vidas nos permite escapar a la mediocridad de nuestras almas».

—«Sólo debemos leer para descubrir lo que debemos releer eternamente».

Sobre la relectura:

—«Aprender a leer es descubrir que se debe perpetuamente releer».

—«Sólo se puede releer al que sugiere más de lo que expresa».

—«Tradición, propaganda, casualidad o consejo, escogen nuestras lecturas.
Nosotros sólo escogemos lo que releemos».

—«Releer entierra con frecuencia, y rara vez resucita».

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domingo, 15 de agosto de 2010

Más escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre los escritores.

Sobre la relación entre el escritor y la popularidad:

—«El escritor indiferente a la popularidad no pretende ser contemporáneo de los escritores de su tiempo, sino de los escritores que admira».

—«El escritor neto, en cualquier época en que viva, no se preocupa en pertenecer a la literatura contemporánea.
Para el verdadero escritor literatura contemporánea es la que él hace».

—«No hay que escribir para tener lectores sino como si fuéramos a tener lector».

Diferencias entre el buen y el mal escritor:

—«Lo que dice el buen poeta moderno existe sólo como punto de convergencia de una estructura de alusiones».
El mal poeta se contenta con alusiones simuladas.

—«El poeta mediocre inventa sus símbolos. El gran poeta los descubre».

—«El tema del escritor auténtico son sus problemas; el del espurio, los de sus lectores».

Sobre el mal escritor:

—«Cuando la frase y su sentido pueden divorciarse, el escritor ha fracasado».

—«El escritor pierde un mes de indulgencias por cada palabra sobrante».

—«Una pudibundez ridícula no le permite hoy al escritor inteligente tratar sino temas obscenos.
Pero ya que aprendió a no avergonzarse de nada, no debería avergonzarse de los sentimientos decentes».

—«Sin dignidad, sin sobriedad, sin modales finos, no hay prosa que satisfaga plenamente.
Al libro que leemos no le pedimos sólo talento, sino también buena educación».

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domingo, 8 de agosto de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre artistas y escritores.

Sobre los artistas:

—«Como el acierto estético no depende del artista, ninguna intención del artista lo mancha».

—«Si el artista es del partido del diablo, cada vez que acierta traiciona».

—«Los defectos del artista que se resigna a sus cualidades acaban volviéndose invisibles».

—«El artista auténtico trabaja con mentalidad de artesano».

—«Artista clásico es el que prefiere la perfección a la originalidad».

—«El simple talento es en literatura lo que las buenas intenciones en conducta. (...)»

Sobre el escritor bien educado:

—«El escritor bien educado trata de ser claro.
Pero no achaquemos siempre nuestra ineptitud a su mala educación. Explicar, en vez de aludir, supone desprecio al lector».

—«El escritor bien educado trata de limitarse a lo necesario».

—«El auténtico escritor no busca la perfección por vanidad, sino por cortesía con el lector».

—«El que anhela influir es prolijo.
La brevedad es indicio de respeto al lector».

—«Mientras menos adjetivos gastemos, más difícil mentir».

Sobre el escritor cuidadoso:

—«El escritor procura que la sintaxis le devuelva al pensamiento la sencillez que las palabras le quitan».

—«Desconfiar de la inspiración y confiar en el trabajo, como Baudelaire y Flaubert, no es sucumbir al orgullo, sino someterse a las condiciones de la gracia.
Como el místico a la mortificación ascética».

—«El escritor capaz de ver con claridad lo concreto circula ileso entre las ideas estúpidas».

—«Clásico es el escritor a quien le basta nombrar el objeto para hacérnoslo ver».

O sobre la escritura cuidadosa:

—«La lentitud es la matriz de la calidad».

—«O la metáfora es irremplazable circunloquio o es vicio de dicción».

—«Al texto que dejamos reposar se le desprenden solas las palabras sobrantes».

—«Para escribir bien hay que decidirse a desbordar con tacto el diccionario del idioma en el cual escribimos».

—«La frase perfecta es la que logra con menos gestos señalar más rumbos».

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domingo, 1 de agosto de 2010

Más escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre cuestiones literarias.

Sobre la crítica literaria:

—«Cultura literaria es el arte de ver al trasluz de formas convencionales, o de vocablos obsoletos, la autenticidad estética de una obra».

—«Al hablar de un poeta es tonto insistir sobre sus poemas fracasados. Lo normal es que los poemas fracasen.
Un poeta no es más que sus triunfos».

—«De los defectos de un gran escritor se debe hablar con respeto».

—«Mientras un libro no haya perdido su actualidad, nadie sabe si es importante».

—«El enigma de la crítica es que los años la hagan solos».

—«Lo que el artista se propuso se debe tener en cuenta para entenderlo, no para juzgarlo.
No hay estética de la buena voluntad».

—«Al que yerra de buena voluntad se le imputan a la vez su buena voluntad y el error».

Sobre los críticos:

—«Los críticos patriotas les inventan genios a las literaturas pobres.
Nada daña más el gusto que el patriotismo».

—«El pecado mortal del crítico está en soñar secretamente que podría perfeccionar al autor».

—«Una reseña de literatura contemporánea nunca permite saber si el crítico cree vivir en medio de genios o si prefiere no tener enemigos».

—«Entre dos críticos literarios que dicen lo mismo, el uno puede parecernos ilegible y estúpido, el otro delicioso y agudo.
El arte de la crítica es inseparable de la personalidad del crítico».

—«Crítico de talento es ante todo el que despierta en su lector el deseo de leer, o de no leer, el libro de que habla».

—«Al hallar la fuente de una obra, el crítico literario cree descubrir su explicación, cuando meramente tropieza contra su pretexto».

—«Críticas de crítico viejo a nueva excelencia literaria no suelen ser pertinentes, pero generalmente no son falsas».

Sobre la literatura y el buen gusto:

—«El único escritor del XVIII resucitado por la admiración de nuestros contemporáneos ha sido Sade.
Visitantes de un palacio no admiran más que las letrinas».

—«Deploremos menos la obscenidad del novelista actual que su infortunio.
Cuando el hombre se vuelve insignificante, copular y defecar se vuelven actividades significativas».

—«Lo que es cambiante, variable, móvil, no es el gusto, sino el mal gusto».

—«La tarea ineludible de la crítica, mañana, será el resdescubrimiento del gusto».

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domingo, 25 de julio de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre cuestiones literarias.

Acerca de qué es y del para qué de la literatura:

—«La literatura es el arte de devolver al vocablo significativo la función expresiva del grito».

—«La inteligencia literaria es la capacidad de pensar lo concreto».

—«La literatura se deshonra cuando se propone influir en vez de entretener».

—«La palabra no se nos concedió para expresar nuestra miseria, sino para transfigurarla».

—«Sin transfiguración estética toda realidad es pedestre».

Del estilo literario:

—«Rehuir metáforas inconscientes es la norma elemental del estilo claro y puro».

—«La frase que no se puntúa a sí misma es informe».

—«Las letras necesitan, con frecuencia, sangrías de adjetivos».

—«En el artista subalterno, el estilo precede la obra».

—«(...) El estilo se construye siempre sobre un estilo precedente. La obra se elabora al través de las obras que imita. El individuo se transforma en persona mediante las influencias que asume. (...)».

—«El estilo es el orden a que el hombre somete el caos».

Sobre las alusiones y las descripciones:

—«El talento de un escritor no está en describir un personaje, un paisaje, una escena, sino en hacernos creer que lo hizo».

—«La alusión es la única manera de expresar lo íntimo sin adulterarlo».

—«El escritor moderno olvida que tan sólo la alusión a los gestos del amor capta su esencia».

—«La descripción nada describe mientras no se desvanece en alusión».

—«La descripción depende menos de epítetos y de metáforas que de ritmos y eufonía».

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domingo, 18 de julio de 2010

Más escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre cuestiones políticas.

Sobre políticos que conocemos todos:

—«El hombre prefiere disculparse con la culpa ajena que con la inocencia propia».

—«Los políticos, en la democracia, son los condensadores de la imbecilidad».

—«El político práctico perece bajo las consecuencias de las teorías que desdeña».

—«El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla».

—«Quien adquiere experiencia política sólo confía en la máxima clásica: No hagáis hoy lo que podéis dejar para mañana».

—«El político vive de los saldos intelectuales del que no lo es».

—«Las ideas tiranizan al que tiene pocas».

—«Nadie más estúpido que el que celebra con entusiasmo toda inauguración».

—«Al demócrata no le basta con que respetemos lo que quiere hacer con su vida, exige además que respetemos lo que quiere hacer con la nuestra».

Sobre la política y la cultura:

—«El puntillero de la cultura es el Estado pedagogo».

—«La cultura se intimida y se esconde, cuando son funcionarios los que le alargan la pitanza».

—«Cultura es algo que vive mientras el fomento de la cultura no lo asfixia».

—«Llaman “fomentar la cultura” coronar a mediocres».

—«Salvo en pocos países, querer “fomentar la cultura” recomendando la lectura de “autores nacionales” es empresa contradictoria».

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domingo, 11 de julio de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre cuestiones políticas.

Sobre la vida política en general:

—«La política sabia es el arte de vigorizar la sociedad y de debilitar el Estado».

—«La política no es el arte de imponer las mejores soluciones sino de estorbar las peores».

—«La regla de oro en política está en no hacer sino cambios mínimos y en hacerlos con la mayor lentitud posible».

—«En el actual panorama político ningún partido está más cerca que otros de la verdad.
Simplemente hay unos que están más lejos».

Sobre las políticas de igualdad:

—«Desigualdad e igualdad son tesis que conviene defender alternativamente, a contrapelo del juicio social que impere».

—«La desigualdad injusta no se cura con igualdad, sino con desigualdad justa».

Sobre los estados modernos:

—«El Estado moderno fabrica las opiniones que recoge después respetuosamente con el nombre de opinión pública».

—«La divulgación irrestricta de noticias, impuesta por los medios de comunicación de masas, ha exigido que la mentira pública asuma, en el Estado, la función tradicional del secreto».

—«La mayoría de las tareas que el gobernante típico de este siglo se cree obligado a asumir no son más que abusos de poder».

—«El Estado moderno realizará su esencia cuando la policía, como Dios, presencie todos los actos del hombre».

Sobre situaciones de crisis:

—«El pueblo no se rebela nunca contra el despotismo sino contra la mala alimentación».

—«Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos».

—«Nada más peligroso que resolver problemas transitorios con soluciones permanentes».

—«Mientras más complejas sean las funciones que el Estado asume, la suerte del ciudadano depende de funcionarios crecientemente subalternos».

—«Hoy no presenciamos una crisis sino velamos su cadáver».

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domingo, 4 de julio de 2010

Algunos escolios más de Nicolás Gómez Dávila sobre Arte.

Sobre la historia del arte, o acerca del arte y la historia:


—«La historia del arte es historia de sus materiales, sus técnicas, sus temas, sus condiciones sociales, sus motivos psicológicos, o su problemática intelectual, pero nunca historia de la belleza.
El valor no tiene historia».

—«Sobre la calidad de una época nos informa su arte, no sus discursos».

—«Las auténticas obras de arte estallan a espaldas de su tiempo, como proyectiles olvidados en un campo de batalla».

—«Pintar bien es hoy tan difícil como siempre, pintar mal es más fácil».

—«El valor de la obra de arte emerge de la historia, pero no la obra misma.
Todo es histórico en la obra, salvo su valor».

Sobre la relación entre el arte y el bien:

—«Sin el bien que encierra, como vestigio o como augurio, el mal es estéticamente opaco».

—«Mantengamos la confusión verbal entre estética y ética.
Que lo feo signifique siempre algo malo y malo algo feo».

—«La estética no triunfa liberándose de los valores éticos, sino absorbiéndolos».

—«Aún cuando se corrompe, el arte a la larga traiciona al diablo».

Varios más acerca de arte y trascendencia:

—«Toda obra de arte nos habla de Dios.
Diga lo que diga».

—«No es el mensaje de la obra de arte, sino la existencia de lo estético, lo que tiene significado trascendente».

—«La existencia del arte no es prueba de la grandeza del hombre, sino de la conmiseración divina con su impotencia».

—«Ninguna obra de arte nos franquea puertas de un trasmundo.
Pero la diferencia entre la obra fallida y la obra lograda es grieta de luz trasmundana».

—«La existencia de la obra de arte demuestra que el mundo tiene significado.
Aunque no diga cuál».

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domingo, 27 de junio de 2010

Algunos escolios de Nicolás Gómez Dávila sobre Arte.

Sobre arte en general:

—«La estética, como la historia, da verdades sin dar recetas».

—«La obra de arte no resuelve sino problemas artísticos».

—«En arte no puede haber herejías: el acierto estético es la ortodoxia».

—«Comunicación o expresión no son fines, sino meramente medios, de la obra de arte».

—«La índole de la obra de arte puede depender de condiciones sociales, pero su calidad estética de nada depende».

Sobre arte moderno:

—«La pintura no-figurativa es el realismo de nuestro tiempo.
Lo abstracto es el único medio dado a la imaginación para afrontar su destino».

—«Las extravagancias del arte moderno están enseñándonos a apreciar debidamente las insipideces del arte clásico».

—«Recordemos al admirador de lo contemporáneo que las obras de arte más admiradas por sus contemporáneos suelen ser las que la posteridad observa con mayor ironía».

—«El titanismo del arte moderno comienza con el titanismo heroico de Miguel Ángel y concluye con el titanismo caricatural de Picasso».

—«Haber convertido en fórmula el horror a la fórmula caracteriza el arte moderno».

—«El verdadero mérito del arte moderno está en habernos abierto los ojos para los estilos no-clásicos».

Y otro más, larguísimo para los estándares del autor, con una interesante distinción:

—«Rango cultural y rango estético de la obra de arte son categorías distintas.
El rango cultural depende de la calidad de la cultura a la que la obra pertenece, el rango estético depende de la calidad de la obra.
Obras de bajo rango estético pueden tener alto rango cultural, porque llevan consigo los valores de la cultura insigne a la que pertenecen.
Inversamente, obras de rango cultural bajo, pueden ser redimidas por su excelencia estética».

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viernes, 4 de junio de 2010

Textos,
de Nicolás Gómez Dávila, recoge sus únicos textos largos publicados, aunque no entregados por él a la imprenta, y que, supuestamente, y al menos parcialmente, son el texto implicito al que se refieren sus Escolios. Aunque esta última sea su obra importante, en las páginas de Textos explicita de otro modo algunas de sus ideas, con lenguaje rico y singular. Me gustaría saber mejor sus fuentes aparte de las que a veces, muy pocas, señala él mismo. Ya se ve que no es fácil cuando formula como ideal, en los escolios, que «no recurrir a fuentes de segunda mano es la definición correcta de scholarship», o cuando indica que «la erudición no consiste en aducir infinidad de referencias, sino en obligar al lector a sentir que podríamos hacerlo».

He aquí algunos párrafos de Textos:

—«Sin duda los lugares comunes enuncian proposiciones triviales, pero desdeñarlos como meros tópicos es confundir las soluciones insuficientes que proponen con las interrogaciones auténticas que incansablemente reiteran. Los lugares comunes no formulan las verdades de cualquiera, sino los problemas de todos».

—«Tanto capitalismo y comunismo, como sus formas híbridas, vergonzantes, o larvadas, tienden, por caminos distintos, hacia una meta semejante. Sus partidarios proponen técnicas disímiles, pero acatan los mismos valores. Las soluciones los dividen, las ambiciones los hermanan. Métodos rivales para la consecución de un fin idéntico. Maquinarias diversas al servicio de igual empeño». (Véanse las ideas acerca del Gran Negocio y el Gran Gobierno que salen en Todos mareados).

—«Todo acto se inscribe en una multitud simultánea de contextos; pero un contexto unívoco, inmoto, y último, los circunscribe a todos. Una noción de Dios, explícita o tácita, es el contexto final que los ordena. (...) Ninguna situación concreta es analizable, sin residuos, o dilucidable, coherentemente, mientras no se determine el tipo de fallo teológico de la estructura». (Una frase del Cardenal Manning que impresionó y guió a un joven Hilaire Belloc fue la de que todo conflicto humano, al fin, es teológico).

—«La cultura, en efecto, es el conjunto de actividades encauzadas hacia sí mismas como meta. La cultura es omisión o negligencia de la meta propia a cada actividad, y la atribución substitutiva de la actividad como propia meta de sí misma. La cultura religiosa no es ocupación con lo sagrado, sino como la religión; la cultura filosófica no es preocupación de la verdad, sino de la filosofía. La cultura estética no es creación, sino información y culto».

—«Los hombres llamados prácticos no son, necesariamente, hombres capaces de acciones eficaces, sino hombres incapaces de consideraciones teóricas. (...) Nadie recuerda las catástrofes que el hombre práctico desata, porque ninguna teoría las apadrina». (Véase Gobernantes que añaden confusión a la confusión)

Nicolás Gómez Dávila. Textos (1954, 1959; y un texto póstumo de 1995). Girona: Atalanta, 2010; 160 pp.; ISBN: 978-84-937247-7-1.

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viernes, 28 de mayo de 2010

En su momento hablé de Escolios escogidos, una selección de aforismos de Nicolás Gómez Dávila. Ahora se han publicado en un único volumen todos sus Escolios a un texto implícito, una obra extraordinaria y editada magníficamente. Señalo, por ahora, varios aforismos que podrían calificarse de autobiográficos (algunos ya mencionados en otros lugares).

Primero, personales:

—«Nunca respira bien entre edificios el que recuerda los olores de la hierba hollada por sus pies desnudos».

—«Nunca me volvió a importar donde vivir, desde que vi morir los amplios caserones y cubrirse de inmundicia industrial y humana los anchos campos solitarios de mi infancia».

—«Canónigo obscurantista del viejo capítulo metropolitano de Santa Fe, agria beata bogotana, rudo hacendado sabanero, somos de la misma ralea. Con mis actuales compatriotas sólo comparto pasaporte».

—«No soy un intelectual moderno inconforme, sino un campesino medieval indignado».

Segundo, en relación a sus aspiraciones al escribir:

—«Algunos intentamos escribir tan sólo para prolongar la vida cotidiana en vida inteligente».

—«El texto que admita paráfrasis es subalterno».

—«Perfeccionemos la insolencia de nuestras ideas».

—«Escribir es la única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer».

Tercero, en relación a sus ideas sobre los aforismos:

—«Acusar al aforismo de no expresar sino parte de la verdad equivale a suponer que el discurso prolijo puede expresarla toda».

—«La aserción breve no debe ser ocurrencia repentina, sino conclusión lacónica».

—«La ventaja del aforismo sobre el sistema es la facilidad con que se demuestra su insuficiencia. Entre pocas palabras es tan difícil esconderse como entre pocos árboles».

Cuarto, en relación a su posición intelectual y vital:

—«La inteligencia tiene hoy el deber de pelear hasta el fin batallas de antemano perdidas».

—«Sólo debemos consagrarnos a causas que la derrota dejaría intactas».

—«El que no esté listo a preferir la derrota en determinadas circunstancias comete tarde o temprano los crímenes que denuncia».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios a un texto implícito (1977, 1986, 1992). Girona: Atalanta, 2010; 1407 pp.; prólogo de Franco Volpi; ISBN: 978-84-937247-7-1.

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domingo, 10 de febrero de 2008

Última batería de aforismos de Gómez Dávila, resistiendo la tentación de poner en negrita los más apropiados para el espectáculo de los políticos en campaña electoral.

—«No hablo de Dios para convertir a nadie, sino porque es el único tema del cual valga la pena hablar».

—«El que se empeña en refutar argumentos imbéciles acaba haciéndolo con razones estúpidas».

—«Inútil explicarle una idea al que no le basta una alusión».

—«Cuando entendemos lo que entendieron los que parecen entender, quedamos estupefactos».

—«Entender suele consistir en entender que no habíamos entendido lo que habíamos creído entender».

—«Los prejuicios de otras épocas nos son incomprensibles cuando los nuestros nos ciegan».

—«Increíble que los honores enorgullezcan a quienes saben con quiénes los comparten».

—«El político tal vez no sea capaz de pensar cualquier estupidez, pero siempre es capaz de decirla».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios escogidos. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 205 pp.; edición y prólogo de Juan Arana; ISBN: 84-935892-1-7.

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domingo, 27 de enero de 2008

Más aforismos:

—«Gran escritor no es el que carece de defectos, sino el que logra que sus defectos no importen».

—«La originalidad no es algo que se busque, sino algo que se encuentra».

—«Al que dibuja el mapa del mundo, el mundo se le suele volver mapa».

—«Los críticos patriotas les inventan genios a las literaturas pobres. Nada daña más el gusto que el patriotismo».

—«Las frases son piedrecillas que el escritor arroja en el alma del lector. El diámetro de las ondas concéntricas que desplazan depende de las dimensiones del estanque».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios escogidos. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 205 pp.; edición y prólogo de Juan Arana; ISBN: 84-935892-1-7.

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domingo, 20 de enero de 2008

La misma introducción de ayer al libro de aforismos de Joseph Joubert se podría poner a Escolios escogidos, del colombiano Nicolás Gómez Dávila, un autor que se define diciendo que «no soy un intelectual moderno inconforme, sino un campesino medieval indignado». La presentación que acompaña la edición que cito explica bien sus peculiaridades, y la parcialidad y contundencia de muchos comentarios no necesita más justificación ni defensa que la que da el mismo autor: «Acusar al aforismo de no expresar sino parte de la verdad equivale a suponer que el discurso prolijo puede expresarla toda».

Algunas de sus máximas son estas:

—«El máximo error moderno no es anunciar que Dios murió, sino creer que el diablo ha muerto».

—«El diablo no puede hacer gran cosa sin la colaboración atolondrada de las virtudes».

—«No es tanto que la mentalidad moderna niegue la existencia de Dios, como que no logra dar sentido al vocablo».

—«La sabiduría se reduce a no enseñarle a Dios cómo se deben hacer las cosas».

Nicolás Gómez Dávila. Escolios escogidos. Sevilla: Los Papeles del Sitio, 2007; 205 pp.; edición y prólogo de Juan Arana; ISBN: 84-935892-1-7.

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