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Notas del archivo 'Arte (literatura)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 1 de abril de 2010

Una de las cosas que demuestra la historia europea del siglo XX —para quien no lo tuviera claro antes— es que los juicios estéticos son inseparables de los juicios éticos. Lo dicen, entre otros, Victor Klemperer en LTI. La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, después de sus años bajo el nazismo, y Aleksander Wat en Mi siglo después de su experiencia con el comunismo. En el prólogo a este último libro, Adam Zagazevski resume así la postura de Wat: «Es también de importancia vital lo que Wat, fascinado en sus años mozos por la estética absurda del dadaísmo, y atraído durante un tiempo por el futurismo, dice sobre la metamorfosis que sufrió en las cárceles soviéticas al comprender que la lengua no puede ser objeto de deformaciones ni de frívolas piruetas estéticas, sino que debe ser respetada y protegida para ayudarnos a expresar la experiencia existencial en los momentos difíciles. (...) Lo que hay que hacer —le dijo a Milosz— no es descubrir el significado de cada palabra sino su dignidad. Esta afirmación es una crítica todavía actual a la frivolidad de la cultura literaria y filosófica —tan viva incluso hoy en día— que se complace en relativizar el concepto de la verdad».

Aleksander Wat. Mi siglo. Confesiones de un intelectual europeo (Moj wiek, 1977). Barcelona: El Acantilado, 2009; 1072 pp.; prefacio de trad. de J. Slawomirski y A. Rubió; presentación de Adam Zagajewski; ISBN: 978-84-92649-21-1.

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viernes, 10 de abril de 2009

Sergio Pitol: «Las mejores páginas de la literatura poseen algo de auroral y a la vez de inescrutable. Todos, como lectores, hemos asistido en algún momento a ese prodigio. Deslumbrados, atónitos, emocionados, hemos sido conscientes del milagro que se desprende de una página, (...), página cuya belleza es materialmente imposible de explicar en su totalidad. Pienso en un cuento brevísimo de Chéjov: El estudiante».

Sergio Pitol. El arte de la fuga (1996). Barcelona: Anagrama, 1997; 303 pp.; col. Narrativas hispánicas; ISBN: 84-339-1054-X.

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sábado, 28 de junio de 2008

Flannery O'Connor: «Arte es una palabra que asusta enseguida a la gente, porque les parece que tiene demasiada enjundia. Pero para mí no significa otra cosa que escribir algo que tenga valor y que funcione por sí mismo. La base del arte es la verdad, tanto en la forma como en el contenido. La persona que aspira al arte en su trabajo aspira a la verdad, en sentido imaginario, ni más ni menos. Santo Tomás decía que el artista se ocupa del bien de la obra. (...)

Este tipo de enfoque elimina muchas cosas de la discusión. Elimina cualquier preocupación por la motivación del escritor, salvo cuando ésta encuentra un lugar en la obra. Elimina cualquier preocupación por el lector como potencial comprador de libros. También elimina esa polémica tediosa y siempre encendida entre quienes afirman que escriben para expresarse, y quienes afirman que escriben para llenarse la cartera, si es posible».

Flannery O’Connor. Misterio y Maneras (Mystery and Manners, 1969). Madrid: Encuentro, 2007; 236 pp.; col. Literatura; edición de Guadalupe Arbona, trad. y notas de Esther Navío; ISBN: 978-84-7490-894-7.

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viernes, 11 de enero de 2008

En un libro citado días atrás, a propósito de Bécquer y Galdós, Amado Alonso dedica un ensayo a los triunfos estilísticos de Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, un libro formidable. En la ficha pongo un resumen de lo que dice Amado Alonso.

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miércoles, 26 de diciembre de 2007

Según Amado Alonso, en el siglo XIX sólo hay dos grandes aportaciones españolas a la literatura de talla universal: Gustavo Adolfo Bécquer y Benito Pérez Galdós, «cuyos genios hallaron cumplimiento por los caminos más opuestos. Bécquer —un lamento en suspiro menor— llegó a lo universal humano reduciéndose a su última intimidad, encogiéndose —caracol el más sensible— y metiéndose dentro de sí mismo, en su pura vida individual. Galdós, por el contrario, está siempre zambullido en la vida social y colectiva, vertido en las vidas de los demás, y en esa vida especial que resulta de lo que tenemos que hacer entre todos: de las grandezas y miserias de la convivencia. Para Bécquer, la única forma posible de expresión será, por eso, el poema lírico, el canto en soledad; para Galdós, el ruido tumultuario de la novela y de la escena».

Amado Alonso. «Lo español y lo universal en la obra de Galdós», Materia y forma en poesía (1955). Madrid: Gredos, 1986, 3ª reimpr.; 402 pp.; col. Biblioteca Románica Hispánica, Estudios y Ensayos; ISBN: 84-249-0138-X.

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viernes, 10 de agosto de 2007

Wolfang Iser: «Virginia Woolf comenta sobre Jane Austen, que es “dueña de una emoción mucho más profunda de lo que aparece en la superficie. Nos estimula a aportar lo que no está allí. Lo que ofrece es aparentemente una cosa sin importancia, sin embargo contiene algo que se expande en la mente del lector y dota de la forma de vida más duradera a escenas que son en apariencia triviales. El acento se pone siempre en el carácter. Los giros del diálogo nos mantienen en suspense, como sobre ascuas. Nuestra atención está así dividida entre el momento presente y el futuro...” (...) Lo callado en las escenas aparentemente triviales y los espacios vacíos en la conducción del diálogo estimulan al lector para una ocupación proyectiva del espacio vacío. Llevan al lector hasta lo sucedido y le inducen a representarse lo no-dicho como lo pretendido. De aquí se origina un proceso dinámico, puesto que lo dicho parece sólo hablar realmente cuando refiere a lo que calla». Esta es una de las razones de su maestría.

Wolfang Iser. El acto de leer: teoría y efecto estético.

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viernes, 8 de junio de 2007

Chesterton
,
en el prólogo que pone a una serie de textos juveniles de Jane Austen titulados Amor y amistad, interesantes por lo que dicen de su precocidad y de su talento, dice lo siguiente:

«Jane Austen no se inflamó, no se inspiró para ser un genio, ni siquiera lo persiguió; simplemente era un genio. (...) Con su propio talento artístico ella hizo interesante lo que miles de personas aparentemente iguales hubieran hecho aburrido. (...) El talento de Jane Austen es absoluto, no puede analizarse en términos de influencias. Ha sido comparada con Shakespeare, y en este sentido nos hace recordar la broma sobre el hombre que dijo que podría escribir como Shakespeare si tuviera su inteligencia. En este caso nos parece ver a miles de solteronas, sentadas ante miles de mesas de té: todas ellas podrían haber escrito Emma si hubieran tenido su inteligencia».

Jane Austen. Amor y amistad (Love and Friendship). Barcelona: Alba, 2006, 3ª ed.; 285 pp.; col. Alba Clásica; prólogo de G. K. Chesterton; trad. de Menchu Gutiérrez; ISBN: 84-89846-09-X. Nueva edición en Alba, 2017; 296 pp; col. Alba minus; ISBN: 978-8490652695. [Vista de esta edición en amazon.es]

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miércoles, 11 de abril de 2007

Dice Dámaso Alonso: «Los antiguos conocían un secreto: que el arte omite siempre».

Y Adam Zagajewski: «Según cuentan, Stendhal dijo que la literatura es el arte de seleccionar y que su primer mandamiento es "laisser de côté", dejar de lado lo innecesario».

Y David Mamet: «Para mí lo que distingue realmente a un escritor serio de otro que no lo es, es su capacidad de prescindir de cosas».

Dámaso Alonso. Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos.
Adam Zagajewski. La razón y las rosas, en En defensa del fervor (Obrona żarliwości, 2002). Barcelona: Acantilado, 2005; 215 pp.; trad. de J. Sławomirski y Anna Rubió; ISBN: 84-96489-15-9.
La frase de David Mamet está en el libro de José María Aresté, Escritores de cine (2007). Barcelona: Espasa, 2007; 447 pp.; col. Espasa Hoy; ISBN: 84-670-2305-8.

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domingo, 12 de noviembre de 2006

Andréi Tarkovski:
«Nunca he entendido la cuestión de las así llamadas vanguardias, la del progreso en el arte. Uno podría aceptar que existen progresos en el deporte o en las tecnologías, pero tiene muy poco sentido aplicar este concepto al arte. Yo no aceptaría la idea de que pueda haber algunos artistas más avanzados en el arte, como si tuviera algún sentido plantearse que Thomas Mann es mejor o más avanzado que Shakespeare».

Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen 2.

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sábado, 21 de enero de 2006


Flannery O'Connor: 
«La novela es una forma de arte y cuando la utilizas para algo que no sea arte, la perviertes. No me lo he inventado yo. Lo encontré en Santo Tomás (a través de Maritain), quien asegura que el arte está totalmente preocupado con el bien de aquello que se hace y no tiene una finalidad utilitaria. Si eres capaz de lograr usarlo con fines sociales, religiosos o de otro tipo es porque, en primer lugar, has hecho algo artístico».

Flannery O´Connor. El hábito de ser.

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domingo, 29 de mayo de 2005

Entre los comentarios de Coetzee en Costas extrañas a distintos escritores, destaco uno que hace a propósito de la concepción de la poesía que tenía Joseph Brodsky. Comentando la opinión de Brodsky de que «los versos de Robert Frost "No memory of having starred / Atones for later disregard / Or keeps the end from being hard" ["No hay recuerdos de la celebridad / que compensen de la postrera indiferencia / ni eviten la dureza del final"] deberían estar en el torrente sanguíneo de todos los ciudadanos, no sólo porque constituyen un lapidario "memento mori" ni tampoco porque son una muestra de la máxima pureza y fuerza del lenguaje», sino sobre todo por su belleza, añade Coetzee: «Quizá. Pero (...) ¿qué pasa si reescribimos los versos de Frost de esta manera: "Memories of having starred /Atone for later disregard / And keep the end from being hard"? ["Los recuerdos de la celebridad / compensan de la postrera indiferencia / y evitan la dureza del final"]. Desde un punto de vista puramente métrico, esta segunda versión no sería, al menos para mi oído, inferior a la original de Frost. Sin embargo, el significado sería el opuesto. A juicio de Brodsky, ¿merecerían entrar estos versos en el torrente sanguíneo de la nación? La respuesta es no, porque los versos son falsos desde el punto de vista de lo que cuentan. Pero para demostrar cómo y por qué son falsos», sigue Coetzee, se precisa una poética capaz de explicar por qué el poema original de Frost se forja para sí mismo un lugar en el tiempo ("reestructura el tiempo"), mientras que la versión alternativa, la parodia, no puede hacerlo».

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sábado, 28 de mayo de 2005

Explica bien Auden que un escritor menor no corre nunca el riesgo de fracasar pues, «en el momento en que descubre su propio estilo y visión del mundo, se acaba su historia artística». Por el contrario, afirma, el gran artista o escritor «puede ser de dos clases. Una de ellas dedica la mayor parte de su vida a crear una obra maestra, como hicieron Dante o Proust. Son escritores con una larga historia de desarrollo de su escritura, que se arriesgan a morir antes de dar fruto. La otra clase se compromete en una empresa perpetua: en el mismo momento en que ha aprendido a hacer algo, para e intenta hacer otra cosa, algo diferente. A ella pertenecen Shakespeare, Wagner o Picasso».

W. H. Auden. Trabajos de amor dispersos: conferencias sobre Shakespeare (Lectures on Shakespeare, 2000). Barcelona: Crítica, 2003; 498 pp.; col. Letras de humanidad; reconstrucción y edición de Arthur Kirsch; trad. de Gonzalo G. Djembé; ISBN: 84-8432-423-0.

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