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Notas del archivo 'Novelas «históricas» infantiles y juveniles' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
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jueves, 13 de octubre de 2016

Hay un tipo de novelas históricas juveniles que, hace unas cuantas décadas, abundaban en el mundo de habla inglesa, y que nunca han sido frecuentes entre nosotros. Una muy premiada fue Time of Trial, de Hester Burton. Es un relato calmoso, de los que presentan a la vez un conflicto social y el mundo interior de una chica en medio de algunos problemas políticos y judiciales que no entiende del todo, y de otras inquietudes personales que sí comprende muy bien.

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jueves, 10 de diciembre de 2015

Ya que cité, hace unos días, Across Five Aprils, acerca de la guerra de Secesión norteamericana, pongo ahora otro interesante relato, tampoco traducido, que trata del mismo tema: A Ballad of the Civil War, de Mary Stolz.

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jueves, 26 de noviembre de 2015

Una premiada novela juvenil norteamericana, de hace más de cincuenta años, no traducida: Across Five Aprils, de Irene Hunt. Es un relato de la guerra de Secesión hábilmente construido a través de lo que ve, oye, pregunta y reflexiona un chico de una granja de Illinois que, al comenzar el conflicto, tiene nueve años y a cuyo alrededor suceden muchas cosas. Entre otras, que sus hermanos mayores se alistan unos en un bando y otros en el otro.

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jueves, 18 de julio de 2013

Un lector ingenuo de novelas juveniles escritas en las últimas décadas y ambientadas en el pasado podría suponer que, continuamente, las chicas se disfrazaban de chicos para ir allí donde nadie las dejaba ir... Esto hay quien lo plantea mal pero hay quien lo plantea bien..., tal como una novela de hace algún tiempo ya: La Expedición del Pacífico, de Marilar Aleixandre.

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jueves, 11 de julio de 2013

Dos valiosas novelas juveniles no traducidas al castellano: Moccasin Trail, del Oeste, y The Golden Goblet, ambientada en el antiguo Egipto, de Eloise Jarvis McGraw. Están ambientadas con rigor, son ricas en vocabulario y su acción es lenta, pues el interés y el punto fuerte de la escritora es mostrar los conflictos emocionales de sus héroes. Es decir, requieren atención y calma.

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jueves, 30 de mayo de 2013

Dentro de la LIJ hay relatos que merecen ser recordados no sólo porque están bien escritos y construidos sino también porque acercan al lector a una figura histórica que raramente aparecerá en una novela juvenil. Es el caso de Recordando a Lampe, de José Luis de Juan, cuyo protagonista indirecto pero a la vez central es Kant. 

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miércoles, 4 de abril de 2012

Una buena novela histórica de la que, a pesar de su contenido, no conozco edición en castellano: I, Juan de Pareja, de Elizabeth Borton de Treviño. El convincente narrador y protagonista pinta bien, de modo pausado y respetuoso, la personalidad y la vida de Velázquez, de un modo que hace pensar al lector que «bien pudo ser así».

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miércoles, 28 de marzo de 2012

Una escritora española de los sesenta que dejó unos cuantos buenos relatos históricos: Carmen Pérez Avello. Tanto Un muchacho sefardí como Vikingos al remo son excelentes: ojalá se publiquen de nuevo.

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jueves, 21 de julio de 2011

Ya que, días atrás, han salido varias novelas sobre caballos, otra, bastante distinta, con un caballo magnífico como acompañante fiel del héroe, es Abderramán, el príncipe Omeya, de Anthony Fon Eisenun buen relato de aventuras que también se puede llamar novela histórica.

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jueves, 31 de marzo de 2011

Siento prevención ante las novelas ambientadas en el pasado y con una chica joven como narradora: es frecuente que los autores, normalmente autoras, no se limiten a mostrar los hechos sino que, como si el lector fuera tonto, insisten para que nos demos cuenta de la opresión de la mujer entonces. Tampoco conecto bien con el sentimentalismo que suele abundar en los libros que narran enamoramientos de chicas jóvenes. Y no estoy cómodo con las historias con héroe genial al que se le permiten comportamientos inmorales e injustos que se desaprueban en los seres humanos normales. Aclarados mis prejuicios, debo decir que ninguno ha saltado al leer Amo a Will Shakespeare, de Carolyn Meyer.

Apoyada en los pocos datos conocidos de la vida de Shakespeare y de la que fue su esposa, Agnes Anne Hathaway, la autora compone una novela que destaca por su empeño en presentar a su heroína como un personaje creíble y por huir de concesiones a la mentalidad actual. A partir de una carta de 1611 en la que Shakespeare le anuncia que vuelve a casa después de muchos años fuera, la narradora recuerda su vida. Habla de la vecindad de su familia con la de los Shakespeare; de la muerte de su madre cuando ella era pequeña; del casamiento de su padre con una mujer viuda de carácter agrio; de sus relaciones con el joven Will, siete años menor que ella; de sus primeros amores y de sus fallidos compromisos matrimoniales, y, finalmente, de cómo acabó enamorándose del inmaduro pero brillante Will.

La personalidad de Agnes, con rasgos externos de Cenicienta cuya madrastra la trata injustamente y con una hermanastra pequeña superpicajosa, está perfilada con cuidado: la novela se apoya en eso, en contar cómo va cambiando todo para ella, por fuera y por dentro, con el paso del tiempo. Están bien descritas las condiciones de vida de la época: trabajos del campo, hábitos de comportamiento social, enfermedades y muertes, amenazas que se cernían sobre quienes en secreto seguían siendo católicos, etc.

Carolyn Meyer. Amo a Will Shakespeare (Loving Will Shakespeare, 2006). Madrid: Editex, 2010; 243 pp.; col. Libros de mochila; trad. de Cristina de la Cerda; ISBN: 978-84-9771-634-5.

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miércoles, 23 de marzo de 2011

Veo una nueva edición de El vendedor de noticias, un buen relato de ambiente medieval de José Luis Olaizola. Ya entonces sabían que «la noticia que aprovecha a quien se la vendes, daña a quien se la robas».

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martes, 22 de marzo de 2011

Hay relatos infantiles y juveniles que logran presentar bien situaciones difíciles: son claros, son amenos y no simplifican abusivamente las cosas. Un ejemplo, en inglés, es Amos Fortune, Free Man, de Elizabeth Yates, un relato basado en la vida de un personaje real admirable. Queda para la discusión si la novela transmite los sentimientos apropiados ante una situación de discriminación racista: yo considero que sí, al pensar en las circunstancias de la época en que se desarrolla la historia, pero no podría negar la legitimidad de afrontar la cuestión de manera más bronca...

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miércoles, 26 de enero de 2011

Un relato histórico decimonónico que está muy bien: The Little Duke or Richard the Fearless, de Charlotte Mary Yonge, una de las escritoras victorianas más leídas en su época. Está bien construido, es ameno, presenta bien el proceso de maduración del protagonista.

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martes, 19 de octubre de 2010

Canek
,
de Ermilo Abreu, es un relato corto mexicano, escrito en 1940, que, de modo poético y sentencioso, cuenta una rebelión indígena que tuvo lugar en 1761.

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miércoles, 21 de abril de 2010

Una novela sobre la Polonia medieval no editada en España: The Trumpeter of Krakow, de Eric P. Kelly. Fue una de las primeras novelas que obtuvo el premio Newbery en Estados Unidos, cuando algunas personas, como Louise Seaman Bechtel, la editora que prologa el libro, estaban empeñadas en promover buena literatura juvenil y buscaban entregar al público joven unos relatos bien escritos que ampliaran su comprensión de otras gentes y otras épocas.

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GrayAdamRoad.jpg
jueves, 7 de enero de 2010

Quizá porque soy lector de muchos libros antiguos cada vez soy más refractario a los supuestos ejercicios de autocrítica que golpean en el pecho de las generaciones que nos precedieron (dice Robert Spaemann en un libro citado varias veces). Y también por eso me gustan especialmente los relatos que, por encima de todo, intentan ser limpios en su presentación del pasado. Es el caso de un libro juvenil norteamericano escrito hace más de medio siglo y ambientado en la Inglaterra medieval de la época de Chaucer, del que no conozco edición en castellano, y que leí hace pocos meses: Adam of the Road, de Elizabeth Janet Gray.

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Haber leído tiempo atrás Los ojos de Rembrandt, de Simon Schama, me hizo conocer a Rembrandt. Tal vez por esa lectura previa me ha gustado mucho Soy la hija de Rembrandt, de Lynn Cullen.

Y, ya puestos, recuerdo unos comentarios de Schama sobre Rembrandt, a propósito del cuadro que hizo de su padre anciano y casi ciego, Harmen, cuando indica que ahí parece Rembrandt haber encontrado «el tema de toda su vida: la luz que habita en la oscuridad». Toda su trayectoria, afirma Schama, «fue un diálogo entre la visión exterior y la mirada interior», su característica más determinante llegó a ser un «gusto por la inminencia, por la construcción de la dificultad mediante detalles amenazadores realizados con astucia y reunidos luego bajo la bruñidora luz que se despliega sobre los personajes». Esto es lo que hace que Schama califique a Rembrandt «de dramaturgo más que de simple compositor de melodramas», o, en otro momento, de un director de orquesta de las emociones.

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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Pilar Molina
y María Isabel Molina son autoras con oficio y habilidad para componer relatos históricos cortos, bien escritos, bien estructurados, que no caen en el didactismo de las explicaciones excesivas, y que cumplen la doble función de entretener al lector y de introducirle a la época y a los acontecimientos de los que tratan.

Un ejemplo último, de la segunda, es La Pepa: 1808-1812, tiempos de constitución. El hijo y la cuñada del conde de los Llanos, herido en la batalla de Bailén gravemente, averiguan en vísperas de su muerte que durante su estancia en California se casó y tuvo una hija llamada Josefa. Poco tiempo después, la niña, con doce años, llega a Cádiz donde tiene problemas para adaptarse: aunque su hermanastro mayor, diputado, la trata con amabilidad, su tía Amalia es muy rígida y tiene poco tacto en el trato con ella. Al final, Josefa y la sabia mestiza que tiene como señorita de compañía deberán hacer frente a una situación más que comprometida.

La protagonista se comporta como una chica decidida, podríamos decir que por delante de su tiempo, pero no de modo incongruente porque la historia es breve y no se cargan las tintas. La escritora también maneja con prudencia el cliché de la sabia mestiza: la sabiduría que le permite ayudar a Josefa está dentro de lo que se puede esperar.

Mª Isabel Molina. La Pepa: 1808-1812, tiempos de constitución (2007). Madrid: Alfaguara, 2008; 111 pp.; col. Alfaguara juvenil, serie azul; ISBN: 978-84-204-7325-3.

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miércoles, 24 de mayo de 2006

Me ha gustado ¡Polizón a bordo!, de Vicente Muñoz Puelles, una narración amena, bien escrita y, con las salvedades mínimas propias de un relato así, fiel a lo conocido: es un ejemplo de cómo los libros infantiles y juveniles pueden actuar como puentes hacia otros libros y hacia otros conocimientos. El narrador, al llegarle la noticia de la muerte de Cristóbal Colón, en 1506, cuenta cómo sucedió que fuera él, un niño de poco más de diez años llamado Gonzalo, el primero que avistara tierra en la travesía del descubrimiento de América, y hace un retrato comprensivo y afectuoso, pero real, del Almirante.

Vicente Muñoz Puelles. ¡Polizón a bordo! (El secreto de Colón) (2005). Madrid: Anaya, 2005; 158 pp.; ilust. de Federico Delicado; ISBN: 84-667-4749-4.

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miércoles, 6 de julio de 2005

Tengo una cierta prevención hacia las novelitas históricas ambientadas en la Europa medieval y firmadas por norteamericanos. Me pasa eso, por ejemplo, con algunos premiados relatos de Karen Cushman, que me parece muy empeñada en pintar chicas con mentalidad feminista de hoy en aquella época... Me ha resultado más convincente en una novela como Rodzina, situada en la Norteamérica de finales del XIX cuando a muchos chicos huérfanos se los enviaba en trenes al Oeste para ser adoptados por diferentes familias. Sin embargo, no puedo evitar la impresión de que los intereses primarios de Cushman no son tanto contar una buena historia como subrayar el talante feminista de sus heroínas. Un ejemplo en contraste, donde me parece que tales acentos están más ajustados a la realidad y por tanto enriquecen y no lastran la novela, es Lyddie, de Katherine Paterson.

Karen Cushman. Rodzina (2003). Barcelona: Entrelibros, 2004; 223 pp.; trad. de Alberto Jiménez Rioja; ISBN: 84-933883-0-0.

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