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Notas del archivo 'Libros infantiles (escritos en inglés)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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miércoles, 26 de abril de 2017

De alguien que alcanzó la excelencia en su arte nos acaba interesando todo aquello que hizo pues, incluso en sus obras menos conseguidas, vemos la promesa de sus éxitos futuros, o vemos el interés y los méritos de aquellos intentos en los que no consiguió un gran logro. He pensado esto, de nuevo, al ver La ventana de Kenny, el primer álbum en solitario que publicó Maurice Sendak.

Es una historia imaginativa y de maduración con situaciones evocadoras de la infancia del mismo Sendak —igual que El letrero secreto de Rosie— y con claras referencias argumentales y visuales a Pequeño Nemo: todo comienza cuando Kenny se despierta en medio de un sueño, luego suceden todo tipo de cosas, y por último Kenny vuelve a quedarse dormido y a soñar de nuevo. En el sueño primero vio un gallo que le dio un trozo de papel con siete curiosas preguntas a las que debe intentar responder: ¿Puedes hacer un dibujo en la pizarra cuando alguien no quiere que lo hagas? ¿Qué es una cabra única? ¿Puedes ver un caballo en el tejado?, etc.

Kenny busca las respuestas mientras se van encadenando las situaciones y conversaciones, un tanto surrealistas, entre Kenny y sus juguetes —su muñeco Bucky y sus soldaditos de plomo sobre todo—. El argumento no tiene más ligazón que la propia de un sueño en el que, más o menos, van apareciendo las ilusiones y deseos del héroe y que suponemos que ha ido incubando mirando a través de la ventana de su habitación. El texto es más largo que los de los demás álbumes de Sendak y no tiene la perfecta concisión que tendrán los siguientes.

Sendak cultivó mucho, en sus álbumes, la imagen de la ventana como una forma de acceder a otros mundos. En este largo comentario al respecto se explica muy bien y, en concreto, se habla de cómo, en La ventana de Kenny, «la ventana sirve de frontera entre lo familiar de la realidad del dormitorio del niño y el mundo real pero desconocido más allá de la ventana», y también «de frontera entre la realidad del dormitorio y la fantasía dentro de sí mismo». Y se hace notar que una de las siete preguntas que Kenny ha de responder es «¿Qué mira hacia adentro y qué mira hacia afuera?» y que la respuesta es, precisamente, «una ventana».

Maurice Sendak. La ventana de Kenny (Kenny’s Window, 1956). Pontevedra: Kalandraka, 2017; 64 pp.; col. Libros para soñar; trad. de Miguel Azaola; ISBN: 978-84-8464-245-9. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de abril de 2017

El debut de André François en la literatura infantil tuvo lugar en 1949 cuando puso imágenes en todas las páginas impares de El pequeño Brown, también el primer relato de la norteamericana Isobel Harris. Es una recuperación editorial que merece ser aplaudida.

Por su comienzo, que no por el estilo de vida de los protagonistas ni por las ilustraciones, se podría poner en paralelo con Eloise, un relato de la misma época, pues su protagonista, el pequeño Brown, vive en un hotel de Nueva York con sus padres y, como a ellos, le gustan los ascensores, los túneles, el metro y demás. Hasta que un día, Hilda, la encargada de la limpieza, se lo lleva con ella junto a su familia, en el campo, lo que significa un montón de descubrimientos para él.

El libro es ameno y tiene varios aspectos de interés. Uno, la situación propia de algunos niños que viven encerrados en un mundo propio y necesitan abrirse y conocer a gentes de otras clases sociales e incluso, si se quiere, aprender que hay modos de vivir más humanos. Otro, apreciar el gran talento de un ilustrador que sabe cómo enriquecer mucho la narración que le dan y añadirle nuevas capas de significados. Un tercero, el descubrimiento de algunos aspectos de un antiguo Nueva York tal como lo veía François.

Isobel Harris. El pequeño Brown (Little Boy Brown, 1949). Barcelona: Niño editor, 2016; 46 pp.; ilust. de André François; trad. de Rafael Spregelburd; ISBN: 978-9569569012. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 5 de octubre de 2016

Una novela infantil excelente y distinta de las habituales: El chico más veloz del mundo, de Elizabeth Laird. Es un gran relato, ambientado en Etiopía, donde la autora vivió durante años, de interés para cualquiera y, en especial, para quienes les guste correr.

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miércoles, 24 de junio de 2015

Un estupendo libro de rivalidades entre hermanos, en las que unas manos malvadas actúan incluso aunque sus dueños no quieran, que no está traducido al castellano: Sadie and Ratz, de Sonya Hartnett.

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martes, 16 de junio de 2015

Después de su presentación en Nana y yo, un segundo libro de la heroína y su hermana es Nana y yo de vacaciones, de Jenny Valentine. En ocho capítulos, Moni cuenta el viaje y la estancia en un camping y en la playa, de sus padres, ella y Nana. Todo viene condicionado porque la profesora de Nana le encarga que cuide, durante las vacaciones, a un osito llamado Rodolfo, lo que causa problemas logísticos y preocupaciones adicionales a todos. De nuevo, historia graciosa y amable, con un humor cotidiano reconocible, unas pocas veces de risa franca y, normalmente, de sonrisa. Por ejemplo, para ir de vacaciones el padre de las niñas alquila una caravana amarilla, algo que a las niñas les encanta: «era muy divertido pasar por las calles de nuestro barrio en un coche distinto. Era como ir disfrazados. (..) Nana y yo queríamos tocar la bocina y gritar, porque estábamos muy contentas de ir de vacaciones en una caravana amarilla».

Jenny Valentine. Nana y yo de vacaciones (Iggy & Me on holiday, 2010). Madrid: Maeva, 2014; 175 pp.; col. Maeva Young; ilust. de Joe Berger; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15893-26-4. [
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miércoles, 3 de junio de 2015

Hay historias que a unos les pueden hacer mucha gracia pero a otros no tanta. Si alguien ha vivido de cerca experiencias trágicas debidas al juego, por ejemplo, no querrá ni de broma un relato en el que la abuela enseña a su nieta a jugar al póker… Es el caso del singular Memorias de una abuela apostadora, de Dayal Kaur Khalsa.

En la primera parte la nieta habla de lo que a ella le contó la abuela de su vida: nació en Rusia, los cosacos invadieron su pueblo, siendo niña emigró a América, donde creció; luego se casó, su marido trabajó para un gánster muy importante y ella, para complementar los ingresos familiares, se convirtió en una experta jugadora de póker; después tuvo dos hijos, y uno se fue a California y otra, la madre de la narradora, se quedó a vivir en Nueva York; cuando el abuelo murió, la abuela se fue a vivir con su hija y su nieta. Y ahí comienza la segunda parte: la vida de la nieta con la abuela y las cosas que aprendió de ella.

El relato está acompañado con ilustraciones coloristas en la página derecha aunque, a veces, hay ilustraciones en ambas páginas. Las imágenes, más o menos deudoras del arte popular —aquí se dice que la ilustradora mezclaba los colores como las mujeres bereberes de Marruecos—, tienen como misión mostrar algunas cosas tal como se las imagina la narradora y hacerle notar al lector el contraste entre lo que cuenta y el aspecto apacible de la abuela, una ancianita que no parece haber roto nunca un plato. Hay un momento de la narración que es a la vez divertido y polémico: cuando abuela y nieta van a comprar un juguete y la niña quiere una pistola, la abuela le dice que las pistolas no son para las niñas…

Dayal Kaur Khalsa. Memorias de una abuela apostadora (Tales of a Gambling Grandma, 1986). Barcelona: Ekaré, 2015; 32 pp.; trad. de Carmen Diana Dearden; ISBN: 978-84-943038-5-2. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 14 de abril de 2015

Hace años leí, pero no tomé notas, de un libro gracioso de gran éxito en los años cincuenta y sesenta: El trasto de mi hermanita de Dorothy Edwards con ilustraciones de Shirley Hughes. En esa tradición está Nana y yo, de Jenny Valentine. La narradora, Moni, habla de su vida familiar, en especial de su hermana pequeña Nana, de cinco años. Cada capítulo cuenta un episodio como, por ejemplo, cuando Nana, que en realidad se llama Sofía, se empeñó en que todos la llamaran Nana; cuando sus padres trajeron a una canguro resuelta e imaginativa que, al principio, a Nana no le cae bien; cuando tuvieron que empaquetarlo todo para un traslado de casa… Son anécdotas normales, simpáticas, porque la pequeña Nana es chispeante y la narradora tiene un tono sereno, y amables porque las actitudes de los padres antes las travesuras y las salidas de las niñas son bienhumoradas. Es cierto que tanto la forma de narrar de Moni, como algunas de las observaciones de Nana, parecen ir por encima de sus edades respectivas, pero a los lectores no les importará mucho. Las ilustraciones son dibujos sencillos que acompañan el texto y ponen caras a los protagonistas.

Jenny Valentine. Nana y yo (Iggy & Me, 2009). Madrid: Maeva, 2014; 155 pp.; ilust. de Joe Berger; trad. de Rocío de Isasa; ISBN: 978-84-15532-90-3.
Dorothy Edwards. El trasto de mi hermanita (My Naughty Little Sister, 1962). Madrid: Alfaguara, 1985, 2ª ed.; 98 pp.; col. Juvenil alfaguara; ilust. de Shirley Hughes; ISBN: 842043129X.

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jueves, 12 de febrero de 2015

Una novelita jamaicana de hace tiempo, no publicada en castellano, con un narrador dicharachero cuya familia ha de hacer frente a un huracán: Hurricane, de Andrew Salkey.

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miércoles, 30 de octubre de 2013

He oído hablar bien de libros de Sonya Hartnett, una escritora australiana, pero, que yo sepa, en castellano sólo se ha publicado El burrito de plata y un álbum del que hablaré dentro de unos días.

Primera Guerra Mundial. Pueblo de la costa de Francia en el Canal de la mancha. Una mañana de primavera, Cocó y su hemana Marcelle encuentran a un oficial del ejército británico, el teniente Shepard, en el bosque. Ha perdido la visión y, por lo que sabremos, está huyendo, horrorizado, del frente de guerra. Las niñas le llevan comida y terminan pidiendo ayuda a su hermano mayor, para que el teniente pueda pasar el Canal y volver a su casa.

La historia está contada con amenidad y un punto de poesía. El hilo principal del soldado que huye no deja de ser un pretexto para contar cuatro relatos sobre burros. Uno, una versión muy libre de la burra que llevó a san José y la Virgen a Belén. Otro, que un día el sol decide no salir y, además, no hace caso a quienes le piden que cambie su decisión, salvo cuando el burro lo hace. Otro más, acerca de un camillero que, durante una guerra, iba con su burro allí donde había heridos para recogerlos. El cuarto, la historia del burrito de plata que el soldado conserva como un amuleto.

Sonya Hartnett. El burrito de plata (The Silver Donkey, 2004). Barcelona: Vicens Vives, 2010; 174 pp.; col. Cucaña; ilust. de Laura Carlin; trad. de Adolfo Muñoz; ISBN: 978-84-682-0032-3.

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miércoles, 24 de julio de 2013

Un libro en inglés, de ambiente hispano, que fue importante hace años y que tiene como protagonista a un simpático pastor de ovejas de doce años: ...And Now Miguel, de Joseph Krumgold.

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Antes de referirme, mañana, a un libro actual, he puesto en la página un libro infantil norteamericano muy popular, no traducido al castellano, titulado From the Mixed-Up Files of Mrs. Basil E. Frankweiler, de E. L. Konigsburg. Es un relato simpático que tal vez no se ha publicado aquí por ser de ambiente urbano neoyorkino y por desarrollarse la acción en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York de los años sesenta.

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miércoles, 2 de mayo de 2012

Buenos ejemplos de libros infantiles que, hace unas cuantas décadas, hablaban de diversidad cultural y del choque entre pasado y modernidad son algunos de Ann Nolan Clark como Secret of the Andes, sobre un niño inca, y Santiago, sobre un chico indígena guatemalteco.

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miércoles, 20 de julio de 2011

Una muy buena escritora, de las que tratan emociones infantiles con sutileza, es Patricia Maclachlan. Estaria muy bien que salieran nuevas ediciones de Sarah, sencilla y alta, y sus continuaciones, Como una alondra y Caleb. Hay que decir que no a todos les gusta su estilo superlacónico, de los que un escritor busca para conseguir provocar emoción por una resistencia a la emoción, como decía Robert Bresson. Pero a mí me parece formidable.

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miércoles, 6 de abril de 2011

Un libro, del que no conozco traducción al castellano, y que dio comienzo al subgénero de los relatos sobre chicos y chicas que se inician en el mundo del teatro y del ballet: Ballet Shoes, de Noel Streatfeild. A su mérito principal, ser el primero de los libros infantiles con ese tema, se suma que es un relato simpático y fresco, aunque hoy suene algo dulzón. Se puede comparar, por ejemplo, con el libro posterior de Rumer Godden  titulado Hijos del jueves.

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martes, 1 de febrero de 2011

He leído Jacobo Dos-Dos y Colmillo Encapuchado, del canadiense Mordecai Richler, y una de sus secuelas, Jacobo Dos-Dos en alta mar, escrita por otro autor, Gary Fagan, con el mismo estilo.

El protagonista, Jacobo, es el quinto de cinco hermanos, dos hermanos y dos hermanas. Todo lo repite dos veces porque nadie le hace caso la primera vez. En el primer relato, cuando hace su primer recado, el señor Barril, el tendero, le gasta una broma junto con un policía que estaba también en la tienda, por lo que Jacobo se asusta y huye al parque; allí sueña con que el malvado Colmillo Encapuchado lo encierra en prisión pero que dos superhéroes, O’Toole y Shapiro (sus hermanos Noah y Emma, que son gemelos) le rescatan. En el segundo libro Jacobo hace un viaje en barco, conoce a una niña muy educada llamada Cindy Altacuna, y ha de vérselas con el capitán Resplandedientes y el señor Caradura.

El juego con los dos planos de realidad y sueño del primer libro puede confundir un poco, aunque sea claro para un lector algo experto. El argumento del segundo libro es lineal y ya cuenta con que los lectores conocen quienes son los personajes principales. En general, los relatos hablan de los miedos de los niños, de las relaciones entre hermanos, y de adultos que no son honrados o que son condescendientes o desconsiderados con los niños. Las historias son vivas y resulta simpático el personajillo de Jacobo y sus continuas repeticiones, bajo cuyo punto de vista ingenuo se ven siempre las cosas.

Richler inventó el personaje y escribió sus primeras historias para divertir a sus hijos: de hecho los personajes tienen sus mismos nombres. Fue un autor bien considerado en su país y sus relatos fueron premiados. Algunos comentarios lo comparan con Roald Dahl pero, en una primera y rápida lectura, no he visto más semejanza entre los dos que en el espíritu cáustico con que retratan la realidad. También supongo que tienen particular importancia los juegos de sonidos, como parece indicar que no es lo mismo leer «Jacobo Dos Dos» que «Jacob Two Two», pero no he buscado los originales para confirmarlo. Hay más información aquí.

Las ilustraciones, hechas para una reedición de los libros originales de Richler y para las continuaciones escritas por Fagan, son de un ilustrador serbio afincado en Canadá que es un conocido dibujante y caricaturista de prensa.

Mordecai Richler. Jacobo Dos-Dos y Colmillo Encapuchado (Jacob Two Two Meet the Hooded Fang, 1975; 2009 las ilustraciones). Madrid: Almadraba, 2010; 98 pp.; Ilust. de Dušan Petričić; trad. de Susana Andrés; ISBN: 978-84-92702-56-5.
Cary Fagan. Jacobo Dos-Dos en alta mar (Jacob Two Two on the High Seas, 2009). Madrid: Almadraba, 2010; 117 pp.; Ilust. de Dušan Petričić; trad. de Susana Andrés; ISBN: 978-84-92702-55-8.

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martes, 24 de agosto de 2010

Y, al revés de lo dicho el otro día, también se da que, a partir de los libros que triunfan con un protagonista chico, nacen luego libros de protagonista chica. Un ejemplo: Ramona, de Beverly Cleary.

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

En casa de las Penderwick
,
de Jeanne Birdsall, continúa con la historia de las hermanas Penderwick. Ya los personajes no nos sorprenden, claro está, pero la escritora sabe pulsar con acierto los mismos resortes de la novela previa y consigue una historia igual o más graciosa que los seguidores de la serie disfrutarán.

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martes, 11 de noviembre de 2008

Un caso en el que una primera novela de un autor es sensacional: Las hermanas Penderwick, de Jeanne Birdsall. Es un gran logro escribir una historia muy actual que se pueda poner en línea con clásicos como Mujercitas o las novelas de Edit Nesbit. Un relato así tiene la ventaja de que conecta con el público infantil pero, también, con el público adulto que recuerda esos clásicos, por lo que resulta un buen puente para que unos lean libros antiguos y otros lean libros de ahora.

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miércoles, 1 de octubre de 2008

Cuando leí el relato citado ayer recordé otro de Paula Fox titulado El gato tuerto, una historia que también habla de lo agobiante y venenosa que puede llegar a ser la insinceridad.

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martes, 23 de septiembre de 2008

Un castillo antiguo
es un relato que Robert Graves compuso para niños en los años treinta y que fue rescatado y publicado muchos años después, reproduciendo el manuscrito y las correcciones que había hecho el autor a mano. Ahora se ha vuelto a publicar una nueva edición en castellano.

Su protagonista es el sargento George Harington, inválido y con un hijo, guardián del castillo de Lambuck. A raíz de una discusión en un bar, un hombre intriga para que pierda su trabajo, pero la intervención del magistrado jefe de la zona lo impedirá.

Al principio se cuenta la historia del castillo, y luego, en su momento, se van dando explicaciones de cada cosa que puede no resultar clara, se van haciendo consideraciones sobre la maldad de las guerras actuales comparándolas con las guerras del pasado, se mencionan las normas antiguas de la caballería y las que rigen el comportamiento de los cazadores... También hay ironías para lectores más mayores: «El cine más cercano estaba a quince kilómetros y buena parte de los habitantes del pueblo no había ido al cine en su vida, cosa que no les había hecho ningún daño». Por supuesto, los malvados son unos tipos antipáticos bien definidos y el final es superfeliz, con descubrimiento de un magnífico tesoro incluido.

El relato atrapa: está bien contado y el lector desea saber cómo se librará el protagonista de los intrigantes que le acosan. Una vez más, un ejemplo de lo dicho al final de Apostar seguro.

Robert Graves. Un castillo antiguo (An Ancient Castle, 1980). Madrid: Alfaguara, 1986, 5ª ed.; 110 pp.; col. Juvenil Alfaguara; ilust. de Elizabeth Graves; trad. de Lucía Graves; nota sobre la edición de William David Thomas; ISBN: 8420431249. Nueva edición en Barcelona: El Aleph, 2008; 95 pp.; col. La medianoche de El Aleph; trad. de Susana Rodríguez Vida; ISBN: 978-84-7669-813-6.

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miércoles, 21 de mayo de 2008

Me alegra la nueva edición de un relato que William Faulkner escribió para niños, El árbol de los deseos —que no es genial pero está bien y es un ejemplo más de la conclusión de Apostar seguro—, así que cuelgo su reseña y la de su obra póstuma Los rateros, otro más de los relatos norteamericanos deudores de Huck Finn, pero de los mejores.

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martes, 8 de abril de 2008

Entre las cualidades de El secuestro de la bibliotecaria, un libro de la neozelandesa Margaret Mahy, antigua bibliotecaria, una es muy importante para durar: conectar de lleno con quienes más hacen por prolongar la vida de los libros.

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miércoles, 6 de junio de 2007

Dos excelentes relatos que fueron muy mal editados y que, tal vez por eso, tuvieron mala fortuna en nuestro país: El fantasma de Thomas Kempe y La casa de Norham Gardens, de la inglesa Penelope Lively.

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martes, 27 de marzo de 2007

La viuda y el loro,
de Virginia Woolf, es un antiguo relato que la autora redactó para el diario familiar que editaban sus sobrinos, que tiene gracia y una moraleja evidente: cuidar bien a los animales tiene premio.

A la muerte de su hermano, la señora Gage, una mujer que prefiere pasar privaciones antes que dejar pasar hambre a su perro, recibe una cuantiosa herencia: una casa y 3000 libras. Pero, al ir a la ciudad donde vivía su hermano para cobrarla, los abogados le cuentan que no hay nada de lo dicho excepto un loro un tanto brusco que sólo responde «¡No estoy en casa!». Desanimada, vuelve de noche a la casa en la que se aloja pero se pierde: se orienta de nuevo porque ve un incendio a lo lejos, piensa que debe ser la casa de su hermano en la que había estado hacía poco, y vuelve allí para salvar al loro...

Contrariamente a lo que algunos lectores podrían esperar, en esta historia no hay ninguna complejidad: es sencilla, eficaz, entretenida y tiene final feliz. Una posible conclusión: hay buenos escritores que, cuando escriben para niños, van a lo seguro y, sorprendentemente para determinadas mentalidades, no intentan recibir aplausos de sus colegas sino que los niños lectores se lo pasen bien y aprendan algo. Caben interpretaciones más complejas, claro.

Virginia Woolf. La viuda y el loro (The Widow and the Parrot: A True Story). Madrid: Gádir, 2006; 55 pp.; ilust. de Concha F. Montesinos; trad. de Catalina Martínez Muñoz; ISBN: 84-935237-4-7.

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viernes, 23 de marzo de 2007
Vuelve a las librerías En las nubes, de Ian McEwan. Pero, como corresponde a la editorial y colección en la que sale, no contiene las ilustraciones de Anthony Browne que venían en la edición anterior.
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martes, 31 de octubre de 2006

Leo que acaba de fallecer Colin Thiele, un escritor australiano del que yo sólo conozco El faro de Hammerhead, un relato que conjuga bien emotividad y naturalidad.

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miércoles, 23 de agosto de 2006

Sauce Azul
,
de la norteamericana Doris Gates, es una excelente novelita que habla muy, muy bien, entre otras cosas, de cómo una niña se fija en su padre y aprende cuál es el verdadero perfil de los héroes. Nada que ver, claro está, con ninguna clase de payasos encantados de haberse conocido.

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miércoles, 2 de agosto de 2006

La esmeralda de Kazán
,
de Eva Ibbotson, me ha parecido un excelente relato: está bien contado y armado, cuenta con personajes bien perfilados y descripciones medidas, y tiene un argumento atractivo, tipo melodrama decimonónico. Está más conseguido que su anterior obra, Maia se va al Amazonas, que también era una novelita eficaz.

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martes, 11 de julio de 2006

En ciertos sentidos se puede calificar Hacia el norte, de Donna Jo Napoli, de novelita «ejemplar» de mucha LIJ actual.

El protagonista es un chico de doce años llamado Alvin, bajito, listo, sobreprotegido por su madre. En clase les encargan un trabajo sobre un afroamericano famoso y Alvin elige a Matthew Henson, un explorador del Polo Norte del equipo de Peary al que, según se nos dice, no se le dio todo el reconocimiento que merecería. El chico, harto de los temores de su madre, estudia bien cómo llegar a los lugares que frecuentó Henson, se lleva el dinero que tenía para comprar una bicicleta, y, con suerte y algunas ayudas, desde Washington consigue llegar a donde viven los «inuit», a quienes también les atrae Alvin por ser el primer chico negro que ven. Un solitario y experto trampero le acoge bajo su protección y, con él, aprende lo necesario para sobrevivir allí. La novela termina con Alvin regresando a casa en junio.

La ejemplaridad está en que todo parece indicar que la novela es un relato preparado para consumo escolar en determinados ambientes y, también, que su confección ha sido apresurada: una buena parte de sus defectos podría corregirse con una elaboración mayor. Es una pena, porque el núcleo del relato está bien: las descripciones de la vida en el Ártico y la información sobre la vida de Henson y las costumbres de los inuit. Pero, además de otras cosas, se debería haber justificado mejor que Alvin haga el viaje que hace, llegue al Ártico y viva varios meses allí, oculto de todos; y el final no debería cortarse abruptamente diciendo, sin más, que Alvin regresa.

Donna Jo Napoli. Hacia el norte (North, 2004). Barcelona: Destino, 2005; 277 pp.; col. La isla del tiempo; trad. de Isabel Campos Adrados; ISBN: 84-08-05765-0.

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miércoles, 14 de junio de 2006

El enigma de Akenatón,
la primera novelita de la serie Los hijos de la lámpara, firmada por P.B. Kerr (el escritor británico Philip Kerr), está protagonizada por John y Philippa, dos gemelos neoyorkinos de doce años cuyos padres son millonarios y, además, descubren que tienen superpoderes pues no son humanos sino «djinns»...

Es un relato más de aprendizaje de chicos magos, hilado con la soltura que los autores ingleses tienen para urdir una novela de fantasía, y que tiene momentos realmente divertidos. Es también un relato pirotécnico de la misma familia de las novelas de Jonathan Stroud, aunque se sitúa un escalón por debajo en complejidad, edad lectora y nivel. Lo mejor son las explicaciones que se dan acerca del modo de vida de los «djinn», genios como era el de Aladino, que viven encerrados en recipientes y tienen unas peculiares reglas de comportamiento a la hora de conceder o no los deseos de quienes los liberan.

Pero, lamentablemente, aunque sea una novela mejor hecha que otras, en ella se usa y abusa del «product placement»: de la mención como casual de marcas concretas, las que uno esperaría de aristócratas ingleses o de millonarios neoyorquinos (uno no sabe si alegrarse o no de que, por una vez, los protagonistas de una historia como esta no sean huérfanos). ¿Será una novela de encargo? ¿Será que así se prepara el terreno para la financiación de la futura película? En cualquier caso, lamentable.

P. B. Kerr. El enigma de Akenatón (The Akhenaten Adventure, 2004). Madrid: Alfaguara, 2005; 383 pp.; serie Los hijos de la lámpara (Children of the Lamp); col. Alfaguara juvenil; trad. de Mercedes Núñez; ISBN: 84-204-6894-0.

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martes, 14 de marzo de 2006

Ian McEwan
,
uno de los mejores novelistas actuales, como conocen quienes han leído Expiación y la reciente Sábado, tiene un libro infantil, de gran calidad, titulado En las nubes. En él queda claro que McEwan también sabe meterse dentro del mundo imaginativo de un chaval.

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