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Notas del archivo 'Ciencia-ficción clásica' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 10 de enero de 2013

Se acaba de volver a publicar Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, tal vez la primera distopía sobre un mundo dictatorial. Escrita en Rusia en 1921, se publicó en Inglaterra en 1923, y a Rusia no llegó hasta 1988. Orwell se inspiró en ella para escribir 1984 y todo parece indicar que también lo hizo Huxley para Un mundo feliz, por más que dijera que no la conocía. Pero, por su tono más aséptico y su estructura más esquemática, tengo la impresión de que Nosotros ahora se lee mejor que sus continuadoras.

Los hechos se narran mediante textos del Periódico del Estado y las anotaciones de un ingeniero, llamado D-503, constructor de la nave Integral. Al principio es una persona completamente adaptada en su mundo, gobernado por el Bienhechor, aunque advierte: «voy a ser totalmente sincero: todavía no hemos resuelto definitivamente el problema de la felicidad». Su mundo se altera cuando conoce a I-330, una mujer diferente a las que había conocido antes, y cuando resulta que descubre a otras personas a las que les ocurre lo mismo que a él. Pero, tal como dice a sus lectores el Periódico del Estado, aunque «los Guardianes descubren cada vez con mayor frecuencia estas sonrisas y suspiros», «no sois culpables, porque estáis enfermos. Y el nombre de vuestra enfermedad es: la fantasía», algo que se arreglará con una irradiación en el cráneo.

El título Nosotros se refiere, como se puede suponer, a un mundo donde no existe respeto alguno a la individualidad y donde todos los hombres son y se les llama «números». El narrador se asombra de «la época en que la gente vivía todavía en libertad, es decir en un estado salvaje no organizado», y señala lo ridículo que era que el Estado del pasado «no controlase la vida sexual» de sus súbditos. Son muchas las referencias bíblicas y religiosas empleadas por el autor: por ejemplo, en el mundo de la novela se celebra «el día de la Unanimidad, algo parecido a la Pascua de los antiguos».

Yevgueni Zamiatin. Nosotros (Мы, 1921). Barcelona: Tusquets, 1991; 202 pp.; col. Andanzas; trad. de Margarita Estapé; ISBN: 84-7223-396-0. Nueva edición en Madrid: Cátedra, 2011; 320 pp.; col. Letras populares; trad. de Alfredo Hermosillo y Valeria Artemyeva; ISBN: 978-8437628936.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

La guerra de las salamandras,
de Karel Čapek, fue una novela de ciencia-ficción catastrofista publicada en 1936 y concebida como una advertencia contra el creciente ascenso del poder nazi. En ella se cuenta que el capitán J. Van Toch fue el descubridor de unas salamandras muy especiales que habitaban en una islita del Pacífico, cerca de Sumatra; y que a él se debió la idea genial de instalarlas en muchos otros sitios como fuerza de trabajo para explotar criaderos de perlas. Lo malo fue que las salamandras se reprodujeron muy rápido y aprendieron mucho...

En «Demasiado tarde, o sea, ¿cuándo?», un capítulo de Lecturas no obligatorias, Wisława Szymborska comenta la impresión que le produjo su lectura hace unos pocos años y, en particular, la gran actualidad de su advertencia. Señala cómo, entre el prólogo de la novela, donde se presentan la primera colonia de salamandras, y el epílogo, donde se ve que se han multiplicado de modo descontrolado y se van apoderando de todos los continentes, el autor sólo introduce lo que llama «ruido informativo». Y sigue: «la novela es un montaje paródico que aglutina todo tipo de informaciones. En ella encontramos noticias periodísticas, opiniones de expertos y estadísticas. Entrevistas, informes, conferencias y polémicas. Llamamientos, proclamas y manifiestos. Crece el número de mítines, congresos, conferencias de alto nivel y cumbres. Y todo debido al problema de las salamandras, en relación a las salamandras, en contra de las salamandras y en defensa de las salamandras. Cada vez resulta más evidente la imposibilidad de alcanzar un punto de vista común en este debate. Con el paso del tiempo van apareciendo esas precavidas personas que quieren prestar su servicio a las salamandras. Aumenta también el número de gente partidaria de mantener la calma, individuos que ya están más que hartos de oír hablar sobre esas malditas salamandras. Naturalmente, tampoco faltan individuos que prevén, advierten y exhortan antes de que pase nada. Y yo me pregunto, Dios mío, ¿qué hay que hacer para poder ver la diferencia entre un pesimista maniaco y un profeta que tiene razón ya desde el principio? El mundo está repleto de fuerzas adormecidas, pero ¿cómo se puede saber de antemano a cuál despertar sin que cause daño y a cuál no liberar bajo ningún concepto? Entre ese instante en el que hacer sonar la alarma puede parecer precipitado y ridículo y ese otro en el que ya es demasiado tarde para todo debe haber un momento perfecto, oportuno, especialmente indicado para impedir la desgracia. Entre todo ese barullo, debe de pasar inadvertido. ¿Pero qué momento es ese? ¿Y cómo reconocerlo? Quizás sea esa la pregunta más dolorosa ante la que nos ha puesto nuestra propia historia».

Karel Capek. La guerra de las salamandras (Válka s mloky, 1936). Madrid: Hiperión, 2007, 3ª impr.; 302 pp.; trad. de Ana Falbrová y Ciro Elizondo; ISBN 10: 84-7517-321-7. A la derecha, portada de la edición de Gigamesh, 2003; 240 pp.; ISBN 10: 84-932250-6-1. Nueva edición en Puerto de la Cruz: Weston, 2015; 200 pp.; col. Máquina del Tiempo; trad. de Ana Falbrová y revisión de J. P. Camacho; ISBN: 978-8494369711. [Vista del libro en amazon.es]
Wisława Szymborska. Lecturas no obligatorias: prosas (Lektury nadobowiązkowe, 1992). Barcelona: Alfabia, 2009; 252 pp.; prólogo y trad. de Manel Bellmunt Serrano; ISBN: 978-84-937348-4-8.


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viernes, 26 de septiembre de 2008

Las dos utopías futuristas más influyentes y citadas son Un mundo feliz y 1984. Leídas ahora no conservan la frescura de otras, como Farenheit 451, y se les ven mucho los defectos narrativos, pero tienen el mérito de haber planteado algunas cosas con gran agudeza y de haber acuñado expresiones que han pasado al lenguaje común.

En Un mundo feliz todo el planeta está bajo un gobierno pacífico que ha eliminado la guerra, la pobreza, el crimen y la infelicidad; los protagonistas, Bernard Marx y Lenina Crowe, pasan unos días de vacaciones en una Reserva y allí conocen a John el Salvaje. En 1984 hay un único estado totalitario en el que todo discurre bajo el ojo siempre vigilante del Gran Hermano; Winston Smith, funcionario del Ministerio de la Verdad, cuya misión es reescribir la Historia e inventar los héroes, se rebela y es sometido.

Sobre 1984 hay un breve juicio en la voz de George Orwell con ocasión del comentario a Rebelión en la granja. Sobre Un mundo feliz se puede señalar cómo, en el prólogo que puso a una reedición de su novela quince años después, Aldous Huxley indicaba las carencias que veía ya en su obra pero señalaba que seguía vigente su punto central: en el futuro el problema de la felicidad, en el que trabajarán científicos y políticos, será «el problema de lograr que la gente ame su servidumbre» y, para eso, a medida que la libertad política y económica disminuya la libertad sexual aumentará. Eso sí, el autor se confundía al decir que «todavía estamos muy lejos de los bebés embotellados» y de los grupos de «adultos con inteligencia infantil».

Vistas las denuncias de ambas novelas en paralelo, Juan José García-Noblejas comentaba tiempo atrás que el peligro que parece más real hoy no es el fascismo que temía Orwell sino el olvido y la irrelevancia que preveía Huxley: «Orwell temía a quienes podían prohibir los libros, privarnos de información y alejarnos de la verdad, secuestrando nuestra cultura. Huxley, sin embargo, temía que no hubiera razón para prohibir los libros, porque nadie quisiera ya leerlos; temía que tuviéramos tanta aparente libertad, que nos convirtiéramos en seres pasivos y egoístas; temía que la verdad se ahogara en un mar de asuntos irrelevantes, temía que nos convirtiéramos en una cultura trivial».

Aldus Huxley. Un mundo feliz (Brave New World, 1931). Buenos Aires: Orbis, Hyspamerica, 1969; 191 pp.; introducción del autor de quince años después; trad. de Ramón Hernández; ISBN: 950-614-471-0.
George Orwell. 1984 (1948). Barcelona: Destino, 2002, 28ª ed.; 333 pp.; col. Destinolibro; trad. de Rafael Vázquez Zamora; ISBN: 84-233-0983-5.
Juan José García-Noblejas. Medios de conspiración social (1997). Pamplona: Eunsa, 1998, 2ª ed.; 144 pp.; col. Comunicación; ISBN: 84-313-1553-9.

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miércoles, 17 de octubre de 2007

Según Borges, una diferencia entre Verne y Wells es que «las ficciones de Verne trafican en cosas probables (un buque submarino, un buque más extenso que los de 1872, el descubrimiento del Polo Sur, la fotografía parlante, la travesía de África en globo, los cráteres de un volcán apagado que dan al centro de la tierra); las de Wells en meras posibilidades (un hombre invisible, una flor que devora a un hombre, un huevo de cristal que refleja los acontecimientos de Marte), cuando no en cosas imposibles: un hombre que regresa del porvenir con una flor futura, un hombre que regresa de la otra vida con el corazón a la derecha, porque lo han invertido íntegramente, igual que en un espejo». Entre las obras de Wells tiene particular actualidad La isla del doctor Moreau: una escalofriante anticipación de a dónde nos puede llevar la experimentación con seres humanos que se ha quedado ya muy corta.

Jorge Luis Borges. «El primer Wells», en Otras inquisiciones (primera ed. en 1952, ed. revisada por el autor en 1974). Madrid: Alianza, 1999, 296 pp.; col. El libro de bolsillo. Biblioteca Borges; ISBN: 84-206-3316-X.

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VerneDeTaLBayard.JPG
En Alrededor de la luna
(Jules Verne).
Il. de Émile Bayard.
jueves, 16 de agosto de 2007

En Alrededor de la luna, Jules Verne cuenta qué ocurrió con los tripulantes del Columbiad: al no poder alcanzar la superficie de la Luna, después de orbitar en su torno y observarlo todo, usan los cohetes preparados para amortiguar la caída en la Luna como impulsores para poder volver a la Tierra.

Igual que su novela predecesora es también algo cargante pues Verne, que cuenta con el deseo del lector de saber qué pasará con sus héroes, no deja pasar ni una oportunidad de abrumarle con una enorme cantidad de datos y explicaciones, más aún que en De la tierra a la luna.

También esta vez, como en sus otras novelas primerizas, resultan llamativas tanto la inquebrantable confianza en la ciencia como la mentalidad utilitarista que acompaña esa visión de las cosas pues, aunque los protagonistas sean caballerosos, resulta obvio que, para ellos y el narrador, no todas las vidas humanas tienen igual valor. Sin embargo, si algunos comentarios dan grima, es claro que la humanidad estaba muy lejos todavía de considerar al ser humano como materia desechable, tal como ahora mismo vemos en, por ejemplo, la investigación con embriones.

Jules Verne. Alrededor de la luna (Autour de la Lune, 1870). Madrid: Anaya, 1989; 256 pp.; col. Tus libros; ilust. de Émile Bayard y A. de Neuville; trad. de Sharazad; apéndice de Isabel Cardona; ISBN (10): 84-207-3524-8.

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VerneDeTaLMontaut.JPG
En De la tierra a la luna
(Jules Verne).
Il. de Henri de Montaut.
miércoles, 15 de agosto de 2007

Días atrás decía
que algunos autores de aventuras del XIX transmiten más convicción que los de hoy aunque sea evidente, también para ellos, que sus novelas no son verosímiles. Se ve claro en Verne, del que hace poco he vuelto a leer rápido De la tierra a la luna y su continuación, Alrededor de la luna.

La primera tiene lugar en Baltimore, después de la guerra de Secesión norteamericana. El Gun Club, un club de fanáticos artilleros, decide invertir su entusiasmo en fabricar un proyectil que alcance la luna. Las cosas cambian de dimensión cuando Michel Ardan, un aventurero francés que «vivía en perpetua disposición a la hipérbole», se ofrece a viajar en él y, luego, deciden acompañarle los norteamericanos Impey Barbicane y el capitán Nicholl. La novela termina con el lanzamiento del Columbiad.

Este relato, uno de los primeros de Verne, acaba siendo pesado a causa de la multitud de información que contiene sobre astronomía, balística, cuestiones relativas a la construcción de la nave-proyectil y muchos otros asuntos. Sin embargo, los datos y detalles se acumulan, no para dejar una impresión de seriedad y verosimilitud, sino con la convicción de que lo que se cuenta se acabará realizando... Para la historia queda que, por primera vez, un autor plantea un viaje al espacio no como una fantasía sino como una posibilidad real, y queda también el asombro que produce la exactitud de algunas previsiones.

Jules Verne. De la Tierra a la Luna (De la Terre à la Lune, 1865). Madrid: Anaya, 2004, 1ª ed., 7ª imp.; 256 pp.; col. Tus libros; ilust. de Henri de Montaut; trad. de Marta Alemán Ontalba; apéndice de Isabel Cardona; ISBN: 84-207-3194-3.

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Shelley-Frankestein.jpg
jueves, 15 de junio de 2006

Frankestein
está considerada la primera novela de ciencia-ficción, una categoría que Muriel Spark no menciona como tal en la biografía de su autora, aunque sí advierte que, con ella, Mary Shelley establece un nuevo e híbrido género de ficción que fusiona el pensamiento propio de dos épocas diferentes, y que presenta de un modo nuevo el conflicto entre la emoción y el intelecto. Además, se puede señalar que ocupa un lugar destacado dentro de las historias que tratan del daño que causan los aprendices de brujo, ahora que tenemos tantos alrededor.

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miércoles, 23 de marzo de 2005

Con ocasión del centenario de la muerte de Jules Verne, que se cumple mañana, se puede recordar lo que afirmó Arthur C. Clarke: «Fue el primer escritor (...) que proclamó que la investigación científica podía ser la más maravillosa aventura. Y por ello no pasará nunca de moda».

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