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Notas del archivo 'Nazismo' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
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jueves, 9 de octubre de 2014

Hace pocos días descubrí, con sorpresa, que no había puesto en la página todavía uno de los mejores libros infantiles que conozco sobre la segunda Guerra Mundial: Una isla entre las ruinas, de Uri Orlev. Pero que sea uno de los mejores no significa que se pueda encontrar ahora en librerías: hay que buscarlo en bibliotecas.

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jueves, 13 de junio de 2013

Pensaba que había introducido ya en la página Malka Mai, una dura y conmovedora novela de Mirjam Pressler, pero he visto que no, así que la pongo ahora.

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jueves, 7 de marzo de 2013

Un libro que, para mi sorpresa, el otro día comprobé que no había puesto aquí ya: Un saco de canicas, de Joseph Joffo. De los muchos que hablan de niños judíos que huyen, durante la segunda Guerra Mundial, es uno de los más conocidos y atractivos.

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miércoles, 11 de abril de 2012

La casa del Ángel de la Guarda,
de Kathy Clark, cuenta lo que vivieron la tía y la madre de la autora, en Budapest, durante los años 1944 y 1945.

Susan y Vera tienen doce y diez años cuando, en diciembre de 1943, la policía detiene a su padre para llevárselo a un campo de trabajos forzados. Poco después, en febrero de 1944, la madre se deja convencer por una amiga para mandar a sus hijas al convento de las Hermanas de la Caridad. Allí, junto con otras 120 niñas judías, viven a la espera de que termine la guerra. La historia dice cómo era la vida en el convento, las amistades y aprendizajes de las niñas, las precauciones que las monjas toman por si los soldados llegan a entrar en el convento, como así acaba ocurriendo, los momentos de peligro que corren y las noticias que les llegan de las cosas que pasaban en el exterior.

La narración, que respira verosimiltud, es sobria y tensa. Todo se cuenta desde la perspectiva de Susan, preocupada de cuidar de su hermana pequeña e inquieta por preservar su identidad judía entre las monjas. Tienen relieve también una prima mayor de Susan y una chica gitana que un día se une a ellas. Pero son personajes notables, sobre todos, la superiora y la hermana Agnes, una mujer alegre y comprensiva, de quien las niñas aprenden que hay distintos modos de ser valiente.

Kathy Clark. La casa del Ángel de la Guarda: un refugio para niñas judías (The Guardian Angel House, 2006). Barcelona: Bambú, 2011; 241 pp.; trad. de Noemí Risco; ISBN: 978-84-8343-127-6.

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domingo, 13 de noviembre de 2011

En Heroísmo vanidoso y en Posturas humanas básicas cité una obra de Victor Klemperer, un catedrático de literatura que sobrevivió al horror nazi gracias a que su mujer no era judía, sino aria, y a que ella, contrariamente a otras personas en su misma situación, eligió las penosas consecuencias de permanecer siempre junto a su marido. Y, precisamente, una de las líneas de fuerza más poderosas y admirables del minucioso diario que llevó Klemperer desde 1933 hasta 1945, Quiero dar testimonio hasta el final, un libro impresionante, es la relación entre los dos. Pues bien, después de haber señalado en algunas entradas anteriores la dificultad que tiene para creer en Dios o en otra vida, Klemperer, el 18 de marzo de 1945, se refiere a su esposa y dice:

«Breve meditación matinal, nacida de un gran amor. Se trata en esencia de que nos hemos querido y seguimos queriéndonos durante cuarenta años, en realidad no estoy convencido de que esto pueda acabarse. La nada —en tant que conciencia personal, y por lo tanto la nada real— es, indudablemente, probabilísima, y todo lo demás improbabilísimo. Pero, ¿no vivimos constantemente, desde 1914, y más aún desde 1933 y en los últimos tiempos, de un modo masivo, lo absolutamente improbable, lo monstruosamente fantástico? Lo que antes era absolutamente inimaginable ¿no se ha convertido en algo normal y cotidiano? Si he vivido las persecuciones de Dresde, si he vivido el 13 de febrero, si he vivido estas semanas de huida, ¿Por qué no voy a vivir (o, mejor, “morir”) también que Eva y yo volvamos a escondernos en algún sitio, con alas de ángeles o dotados de alguna curiosa forma? No sólo está retirada de la circulación la palabra “imposible”, sino que también “inimaginable” ha perdido toda validez».

Exacto: hay amores que no pueden morir nunca.

Victor Klemperer. Quiero dar testimonio hasta el final (Ich will Zeugnis ablegen bis zum letzten, 1995). Barcelona: Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 2003; 2 v.: 1. Diarios 1933-1941, 895 pp.--2. Diarios 1942-1945, 975 pp.; trad. de Carmen Gauger; ISBN: 84-8109-424-2 (Galaxia Gutenberg), 84-672-0080-4 (Círculo de Lectores).

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viernes, 25 de marzo de 2011

Beatriz y Virgilio,
de Yann Martel, es un extraño y fallido libro. Su narrador y protagonista es un escritor llamado Henry, autor de una novela de mucho éxito sobre animales, que se plantea escribir una obra de ficción que dé cuenta de aquél horror. Pero, para su frustración, sus editores critican mucho su proyecto —una singular mezcla de relato y ensayo— y, como consecuencia, abandona la escritura, se instala en otro país y cambia de ocupaciones. Pero, un día, entabla relación con un raro taxidermista, que también se llama Henry, que le pide consejo acerca de una obra teatral que está escribiendo acerca de Beatriz, un burro, y Virgilio, un mono aullador.

Muchos aspectos parecen sacados de la vida del propio autor —que aquí hace comentarios a su obra Vida de Pi, sin nombrarla—, y esta novela real se termina pareciendo bastante al proyecto de libro que los editores de Henry echaron abajo. Lo cierto es que resulta difícil no darles la razón: el buen comienzo y las observaciones más que interesantes que salpican aquí y allá la historia, pues Martel es un escritor inteligente, encallan cuando aparecen los fragmentos del drama teatral que le va leyendo el otro Henry. No es tanto que los diálogos entre el mono y el burro sean difíciles de seguir —también porque se interrumpen una y otra vez, y se presentan de un modo fragmentado—, sino que ni el tono de la segunda parte de la novela encaja con el de la primera, ni son convincentes los paralelismos entre la crueldad contra los animales y la crueldad contra los judíos, ni el progreso de la relación entre los dos Henrys resulta creíble, ni el final abrupto y violento provoca otra cosa que un «ya lo sabía yo». Además, y aunque el narrador no es pretencioso, llegan a cansar la gran autoreferencialidad de su relato y las muchas alusiones literarias.

Una observación de tipo general. Estaría bien un ensayo sobre por qué no hay obras intemporales acerca del Holocausto y por qué, hasta el momento, sólo consideramos aceptables las basadas en testimonios reales. Estaría bien una novela o una obra teatral, o lo que sea, que tratase la cuestión al modo en que, como se afirma en el libro, lo hace Rebelión en la Granja, una obra contra el estalinismo y cualquier totalitarismo. Pero a un ensayo le suelen sobrar las derivaciones novelescas y una novela no debe necesitar explicaciones adicionales. Por eso, en relación a ciertas críticas elogiosas que ha recibido el libro de Martel —más bien pocas, por lo que he visto—, se puede recordar que decir de una novela que parece un ensayo, igual que decir de un ensayo que parece una novela, es como elogiar a un cura diciendo que no parece un cura.

Yann Martel. Beatriz y Virgilio (Beatrice & Virgil, 2010). Barcelona: Destino, 2011; 224 pp.; col. Áncora & Delfin; trad. de Mario Sureda; ISBN: 978-84-233-4385-0.

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viernes, 18 de marzo de 2011

Viaje de ida y vuelta,
de György Konrád, es un relato autobiográfico. El autor habla de su infancia en la Hungría ocupada por el ejército hitleriano. Al hilo de la narración se refiere también a sucesos posteriores de su propia vida o de la de otras personas. Una idea interesante que aparece varias veces es cómo el destino está en manos inesperadas: la denuncia contra sus padres de un estafador, vista en su momento como una gran desgracia, provocó que sus padres fuesen recluidos en un campo de internamiento de la Gestapo y eso, dice, «nos ahorró, a cada uno a su manera, el destino común a todos los judíos de Berettyóújfalu: Auschwitz». O, por ejemplo, más adelante habla del tío Andor: «no era el orgullo de la familia; lo cierto es, sin embargo, que nos salvó la vida». En fin, buen libro que, aunque no aporta nada nuevo a tantísimos como hay sobre la misma cuestión, al menos tiene acentos de normalidad y habla sin adornos de acontecimientos reales.

György Konrád. Viaje de ida y vuelta (Elutazás és hazatéres Önéletrajzi regény, 2001). Madrid: Alianza, 2010; 209 pp.; col. Alianza Literaria; trad. de Adan Kovacsics; ISBN: 978-84-206-8431-4.

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viernes, 23 de abril de 2010

Lorenza Mazzetti
fue directora de cine en los años cincuenta y realizadora de la RAI posteriormente. También escribió algunos libros, entre los que destaca El cielo se cae, una novela basada en sus recuerdos de infancia, tal como ella misma cuenta en un pequeño apéndice.

Durante los años de la segunda Guerra Mundial, las pequeñas Penny y Baby viven con sus tíos y primos en una villa italiana. Penny es la narradora y habla de sus juegos de niños y de todo lo que ocurre a su alrededor. Su tío, un personaje distante y serio, pero amable, era Robert Einstein, primo de Albert Einstein.

Aunque la tragedia se vea venir, el relato tiene gracia porque se recoge bien el punto de vista de quien habla de lo que ve sin comprenderlo bien: sus interpretaciones de la vida de Jesucristo y de las enseñanzas católicas que recibía, los incomprensibles comportamientos de los adultos, el ir y venir de los soldados alemanes que ocupan la casa, etc.

Es central, y quizá sea el mejor momento de toda la historia, un sueño de la narradora con Jesucristo cuando Pilatos está juzgandole:

«Fui donde Pilatos y le dije: “¿No ves que están a punto de matar a Jesús, nuestro Señor?”, pero él seguía lavándose las manos. Entonces voy y le digo a Pilatos que es un sapo repugnante.
“No —dijo Jesús—, no debes llamarlo así”.
Pero yo fui donde Pilatos, que iba vestido de verde, y lo llamé sapo y también le saqué la lengua; pero él seguía lavándose las manos».

En el apéndice final la escritora señala que siente como una obligación moral la de dar testimonio y de hacer constar su privilegio de que «esta vida me fue regalada sólo porque yo era “de otra raza”», por apellidarse Mazzetti y no Einstein.

Lorenza Mazzetti. El cielo se cae (Il cielo cade, 1961). Cáceres: Periférica, 2010; 200 pp.; trad. de Francisco de Julio Carrobles; ISBN: 978-84-92865-03-1.

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jueves, 22 de abril de 2010

Ya que hablé hace unos días de Reencuentro he de mencionar también Paradero desconocido, de Catherine Kressman Taylor, una obra de ficción de 1938 que anunció el nazismo de una forma que, vista hoy, parece sorprendente (aunque no lo era para quien había leído con atención a Hitler y se lo había tomado en serio). También es un relato sobre una amistad traicionada: no sé hasta qué punto Uhlman se pudo inspirar en él para escribir Reencuentro.

Es una historia corta epistolar que presenta la correspondencia entre dos amigos a partir de 1932, cuando ambos se sienten muy próximos. Uno es un judío que vive en San Francisco, y el otro un alemán que ha regresado a Berlín después de vivir unos años en Estados Unidos. El primero, Max Eisenstein, pasó su juventud en Alemania y es ahora propietario de una galería de arte. El segundo es su socio Martin Schulse, que vuelve a vivir con su familia en Munich y, con el paso de los años, se hace nazi.

La narración es intensa y se puede leer de un tirón. Su fuerza está en lo bien que habla de amistad, en lo creíble que resulta la evolución de la historia, y en el duro desenlace. Y, también, en su capacidad de agitar al lector, a quien le hace plantearse indirectamente cuál cuál sería la respuesta de su conciencia, y cuál sería su comportamiento, en situaciones como las descritas, o en otras semejantes que puedan poner igualmente a prueba su integridad moral.

Catherine Kressmann Taylor. Paradero desconocido (Address Unknown, 1938). Barcelona: RBA, 2001, 2ª ed.; 76 pp.; trad. de Carmen Aguilar; ISBN 84-7901-684-1.

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jueves, 15 de abril de 2010

Veo una nueva edición de Reencuentro, de Fred Uhlman, uno de los mejores relatos sobre amistad juvenil que conozco.

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viernes, 26 de febrero de 2010

El último hermano,
de Nathacha Appanah, se desarrolla en la Isla Mauricio, en los años cuarenta. El narrador, Raj, es un hombre mayor y cansado que recuerda su infancia. Sus primeros años de vida los pasa en una plantación de caña de azúcar, en Mapou, hasta que sus dos hermanos fallecen trágicamente. Luego, él y sus padres se trasladan a vivir a Beau Bassin. Allí su padre trabaja como guardián en la prisión, donde también está un grupo de judíos europeos que no fueron aceptados en Palestina. Raj tiene nueve años entonces y, cuando pasa unos días en el hospital de la prisión, se hace amigo de David, un chico judío de diez años cuyo pelo rubio le fascina. Cuando un ciclón causa el caos en la isla y David escapa del campo, Raj lo esconde en su casa.

Buena historia, diferente a otras con tema parecido pues los escenarios son diferentes y la perspectiva del protagonista también dado que no sabe nada de nada ni de la segunda Guerra Mundial ni de los judíos. Por otra parte, aunque el episodio de la amistad con David es el central, la novela desarrolla también las condiciones extremas en las que vive Raj, debido sobre todo al comportamiento violento de su padre, aunque un tanto aliviadas por la figura bondadosa de la madre. La historia es fluida y está bien escrita, pero algunas expresiones aisladas suenan raras —«los ojos se le llenaron de lágrimas de forma asaz repentina»—, y otras un tanto cursis —«sus rizos dorados y su tacto sedoso me pertenecen eternamente»—. Por otra parte, los acentos dolientes del narrador sin la más mínima concesión al humor, que indudablemente son legítimos y posibles, acaban siendo un tanto agotadores y restan impacto a lo que cuenta: el narrador no conoce el consejo de Robert Bresson de producir emoción mediante una resistencia a la emoción.

Nathacha Appanah. El último hermano (Le dernier frère, 2007). Madrid: Alfaguara, 2010; 177 pp.; trad. de Ramón de España; ISBN: 978-84-204-7392-5.

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viernes, 7 de agosto de 2009

Después de los relatos mencionados ayer, da más idea del nivel de Irmgard Keun su novela, que también se podría llamar diario, Después de medianoche, publicada en Amsterdam en 1937 y ambientada en la Alemania nazi de los años previos. Para comentarla recupero y resumo una reseña que, hace unos años, hizo sobre ella Pedro Antonio Urbina en Aceprensa.

Su protagonista es «una chica de provincias, huérfana, que se marcha de Colonia —de la casa de su tía en la que vivía—, atemorizada por una acusación política de cuyas consecuencias se libra de modo inexplicable. En su lucha por lograr cierta seguridad e independencia, se establece en Francfort, en casa de su hermanastro escritor. Su novio en Colonia iba a poner un estanco para que pudieran vivir juntos; pero es apresado por falsas acusaciones políticas. Una vez libre, y los dos en Francfort, inician la huida a Suiza para crear una familia».

Como Keun había sufrido el secuestro de sus libros anteriores, en «Después de medianoche recoge el ambiente político social que es consecuencia del nazismo reinante, con esa ironía y ese humor crítico penetrantes, agudos e inteligentes, que motivaron la persecución policial de la escritora; recoge también la novela su autobiografía de aquellos momentos: sin duda su relación con Joseph Roth está disfrazada en el caos de sus vivas y expresionistas descripciones».

Además de su carácter de testimonio histórico, la obra de Keun «es una pieza literaria de primera categoría. La rabia ante la injusticia, la inseguridad, el miedo..., traen como consecuencia el desconcierto moral, las ganas desordenadas de vivir, el caos». Todo eso está en la misma estructura de la obra, «en el trazo breve y fuerte de sus muchos personajes, en la variedad de modos de decir, de hablar, hasta de la misma protagonista (recurso frecuente en la literatura alemana moderna): desde la torpeza casi necia de la chica de provincias (recurso magistral en Lenz), hasta la desenvoltura a la moda de la joven sola, siempre Irmgard Keun».

«A veces, la prosa de la autora tiene aliento fuertemente lírico, y hay párrafos de una gran sensibilidad que parecen poemas. Así acaba este libro: "El banco es sumamente duro e incómodo, pero tú estás conmigo. Y ahora vamos a dormir. Cuando nos despertemos, necesitaremos mucha energía. Aún hay estrellas que brillan detrás de espesas nieblas. Mañana, Dios mío, envía un poco de sol"».

Irmgard Keun. Después de medianoche (Nach Mitternacht, 1937). Barcelona: Minúscula, 2001; 162 pp.; col. Alexanderplatz; trad. de Carmen Gauger; ISBN: 84-95587-06-8.

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miércoles, 13 de agosto de 2008

Ludwig Bemelmans
fue un buen pintor que publicó en 1939 un álbum infantil que le hizo famoso: Madeline, que años después tuvo varias secuelas muy populares.

Además escribió un relato titulado El Danubio azul, publicado no hace mucho en español, cuyo título se refiere a una cervecería de Ratisbona durante la segunda guerra mundial. El que fuera dueño de la cervecería, Anton Fisher, vive con sus hermanas y una sobrina en una isla del Danubio que no pertenece a nadie. En medio de la cobardía de la gente que se inhibe, Anton mantiene un largo pulso con los jefes nazis locales. El relato es serio pero tiene acentos tragicómicos y, sin ser extraordinario, está bien. Cuenta con varias láminas de ambiente pintadas por el autor.

Ludwig Bemelmans. El Danubio azul (The Blue Danube, 1945). Barcelona: Barataria, 2006; 197 pp.; trad. de Deborah Bonner y Mariano López Carrillo; ISBN: 84-95764-44-X.

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jueves, 19 de junio de 2008

Como mencioné hace unos días indirectamente a Primo Levi, recupero un comentario que preparé hace tiempo acerca de Si esto es un hombre.

En ese relato testimonial Primo Levi justifica dejar por escrito el testimonio del horror de su vida en el campo de concentración porque, dice, «si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también». Y porque narrar lo ocurrido es la mejor forma de combatir una ideología, el nazismo, que «es producto de un concepto del mundo llevado hasta sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa», y Levi sabe que «mientras el concepto susbsiste las consecuencias nos amenazan».

Se puede destacar que, por encima del tono desesperanzado, brillan las luces de la amistad, como la de Alberto, en quien Levi afirma que «siempre vi, y todavía veo en él, la rara figura del hombre fuerte y apacible contra quien se rompen las armas de la noche». O la de Lorenzo «a quien debo el estar hoy vivo; y no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo; algo difícilmente definible, una remota posibilidad de bondad, debido a la cual merecía la pena salvarse». (...) «Gracias a Lorenzo no me olvidé yo mismo de que era un hombre».

Primo Levi. Si esto es un hombre (Se questo è un homo, 1958). Barcelona: El Aleph, 2002; 352 pp.; col. Ediciones de bolsillo; trad. de Pilar Gómez Bedate; ISBN: 84-7669-525-X.

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viernes, 6 de junio de 2008

El comprador de aniversarios,
de Adolfo García Ortega, es un relato más, pero un buen relato, acerca de la barbarie nazi. A partir de la breve mención que Primo Levi hace en La tregua de un niño de tres años llamado Hurbinek, el narrador compone un mosaico de historias y reflexiones. En cortas escenas sucesivas que saltan atrás y adelante, alterna hechos reales con otros imaginados, datos históricos y testimonios ciertos con suposiciones y con posibilidades futuras no cumplidas.

Por delante del lector desfilan la vida de los padres de Hurbinek, los comportamientos y los testimonios de quienes acompañaban a Levi y a Hurbinek en el mismo barracón de Auschwitz, momentos de la vida previa y posterior del mismo Primo Levi, reflexiones y recuerdos del narrador encamado en un hospital de Frankfurt debido a un accidente de tráfico, descripciones de las torturas en los campos de concentración, comentarios a los experimentos de Mengele, sueños de Walter Benjamin...

La narración, bien escrita y estructurada con cuidado, puede llamarse posmoderna por la cantidad de referencias literarias que contiene, y también por convertir en el centro de todo al propio narrador, a su horror ante las crueldades cometidas con los niños y a su cambio interior después de su accidente. El mismo título se refiere a su deseo literario de que los niños fallecidos pudieran volver a celebrar sus cumpleaños. Para muchos lectores sonará todo conocido y artificioso y, lógicamente, sin la fuerza de los testimonios directos. No hay referencias positivas ni negativas a Dios o a cuestiones religiosas, lo que siempre choca en un relato de situaciones tan extremas.

Sea como sea, en una sociedad como la nuestra no está de más volver a poner delante de muchos lectores esta clase de crueldades: «Es fácil matar a un niño, es más fácil aún matar a miles de niños, pero no es nada fácil eliminar la memoria de los niños, cuando son masacrados. No sé la razón, a veces creo que es porque las vidas de los niños muertos son vidas no vividas que han de cumplir su existencia como fábula, en una especie de limbo sin tiempo ubicado en la historia, y cuya presencia irredenta vuelve para cobrarse una venganza justa. Si de verdad creyera en los fantasmas, sólo creería en los fantasmas de los niños masacrados».

Adolfo García Ortega. El comprador de aniversarios (2008). Barcelona: Seix Barral, 2008; 245 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1248-2.

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miércoles, 27 de febrero de 2008

Nueva edición de Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr, una excelente historia situada en  los años de ascenso del nazismo, que presenta el mundo interior de la pequeña protagonista de modo convincente.

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jueves, 20 de diciembre de 2007

Igual que, como ya dije, no me gustó El niño con el pijama de rayas, tampoco me ha gustado La ladrona de libros, de Markus Zusak, aunque este segundo libro sea mucho mejor y contenga personajes tan atractivos como Hans Hubermann. Así como en el primer caso me pareció que literariamente no merecía mucha atención y me desagradó su planteamiento comercial, en el segundo tal vez mi rechazo comenzó en que no me atrajo nada la voz narrativa de la muerte, tan teatral: hay relatos que no necesitan adornos ni gracietas.

A mí me parece que, a realidades tan duras, lo mejor es acercarse de frente, con testimonios reales. Así, relatos de campos de concentración que recuerdo ahora son los de Si esto es un hombre, de Primo Levi, o El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl; o Treblinka, que recompuso a base de testimonios Jean-François Steiner, hoy fuera del mercado; otros relatos testimoniales citados en la web son el Diario de Ana Frank, El pianista del gueto de Varsovia, Maus; otros, con protagonistas niños, basados en testimonios de supervivientes y de los que iré colgando reseñas en el futuro son Una isla entre las ruinas, de Iuri Orlev; Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr; Un saco de canicas, de Joseph Joffo; Sin destino, de Imre Kertész; Malka Mai, de Mirjam Pressler...

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jueves, 15 de noviembre de 2007

El otro día cité, de paso, el Diario de Ana Frank, así que aprovecho la ocasión tanto para colgar la ficha correspondiente como para decir lo poco que me ha gustado la vendidísima El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. Al margen de su escasa calidad, es que acerca de la vida y la muerte en los campos de concentración nazis he leído tantos testimonios reales y poderosos que una novela tan comercial y artificial como la de Boyne me parece casi ofensiva.

John Boyne. El niño con el pijama de rayas (Boy in the striped pyjamas, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; 224 pp.; trad. de Gemma Rovira; ISBN: 978-84-9838-079-8.

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viernes, 25 de mayo de 2007

Joe Kubert
, uno de los grandes dibujantes de cómic de las últimas décadas, comparte con Maurice Sendak y Art Spiegelman el origen judío polaco. En Yossel, una novela gráfica sobre la rebelión del gueto de Varsovia, en la segunda Guerra Mundial, ha dejado más pruebas de su talento como dibujante.

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domingo, 6 de mayo de 2007

Principios de los años treinta, un pueblecito alemán. Un joven profesor, entusiasmado por las ideas del momento, «hizo que se levantara un “árbol de mayo” y compuso una especie de plegaria como símbolo de la fuerza vital que constantemente se renueva. Aquel árbol debía representar el inicio de la restauración de la religión germánica (...). Con la misma intención, organizó además las fiestas del solsticio de verano, siempre como retorno a la santa naturaleza y a los orígenes propios y en polémica con las ideas de pecado y redención que, como sabíamos, habían sido introducidas e impuestas por las creencias extranjeras de judíos y romanos».

Joseph Ratzinger. Mi vida - Recuerdos (1927-1977)  (Aus meinem Leben Erinnerugen 1927-1977, 1997). Madrid: Encuentro, 1997; 133 pp.; trad. de Carlos d´Ors Führer; ISBN: 84-7490-766-7.

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viernes, 21 de julio de 2006

En el libro citado días atrás, La Rosa Blanca, se hace referencia también a Wilm Hosenfeld, el capitán alemán que salvó al protagonista de El pianista del gueto de Varsovia, el extraordinario y conmovedor relato de Wladyslaw Szpilman. De allí tomo un texto de una carta que escribe a su esposa: «Lo que aquí, en Varsovia, está sucediendo con los judíos no te lo puedes ni imaginar. Desde que hay hombres sobre la Tierra no ha habido nada igual. Es como para perder la fe y la esperanza. ¡Qué bajo hemos caído! (...) Es un mundo sin Dios, sin responsabilidad moral».

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viernes, 30 de junio de 2006

En la ficha sobre Roberto Innocenti, en el comentario a su álbum Rosa Blanca, mencionaba el movimiento estudiantil de resistencia contra Hitler que homenajeaba el ilustrador italiano, cuyo nombre fue «La Rosa Blanca». El libro La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler, de José M. García Pelegrín, es un buen reportaje acerca del grupo, de las vidas de sus componentes y de sus escritos, que al exiliado Thomas Mann le hicieron llorar de emoción pues son un testimonio de que el nacionalsocialismo no había conseguido adormecer la conciencia de todos los alemanes. Así, en la sexta Hoja, incitando a la rebelión, decían: «El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual. Estudiantes: ¡nos mira el pueblo alemán! De nosotros espera, como en 1813, cuando arrojó de sí el terror napoleónico, que del mismo modo arrojemos el terror nacionalsocialista en 1943». Y, quien desee seguir el hilo, tiene otro acercamiento a la cuestión en la reciente película Sophie Scholl.

José M. García Pelegrín. La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler (2006). Madrid: LibrosLibres, 2006; 200 pp.; ISBN: 84-96088-46-4.

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viernes, 5 de mayo de 2006

Un relato de cómic llamado a durar es, sin duda, Maus, de Art Spiegelman, una obra en la que su autor conjuga una implicación personal total con una cierta distancia emocional. Esta es una de las claves de su éxito aunque, por supuesto, no la única.

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lunes, 26 de septiembre de 2005

La historia de Erika
trata sobre un suceso trágico más de la segunda Guerra Mundial que aquí viene contado por la propia protagonista: una mujer que, siendo un bebé, fue arrojada por su madre del tren que la llevaba a un campo de concentración. La emotividad del relato viene subrayada por las poderosas ilustraciones de Roberto Innocenti, de grandísima calidad como siempre. Ahora bien, no estamos ante un álbum sino ante un texto ilustrado y, con esa perspectiva, queda lejos del ya clásico Rosa Blanca.

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