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Notas del archivo 'Guerra civil española' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 20 de noviembre de 2016

Me ha gustado leer Algunos hombres buenos: historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil, de Octavio Ruiz-Manjón. Son breves semblanzas de personas de distinto tipo, unos más conocidos que otros, todos ellos buenos ejemplos de gente que, decía Julián Marías, «conservaron la cordura, el sentido moral, la capacidad de juicio», durante un tiempo de locura. Los biografiados son: Antonio Escobar, Julián Besteiro, Melchor Rodríguez, Juan Peset, Manuel de Irujo, Julián Marías, Mercedes Sanz-Bachiller, Luis Lucía, Marcelino Olaechea, Manuel de Falla, Ramón Rubio, Ricardo Amor, Antonio Machado, Miguel de Unamuno.

En el colofón afirma el autor: «estos hombres y mujeres cabales, como nos gusta llamarlos, tuvieron responsabilidades diversas durante aquellos años de enfrentamiento fratricida. Algunos, como Besteiro, estuvieron muy cerca de los círculos más altos del poder, aunque prefirieran mantenerse al margen de ellos. Otros, como Manuel de Falla, parecieron vivir enclaustrados mientras la gran tragedia se desataba a su alrededor. Todos ellos, en cualquier caso, se negaron a dejarse arrastrar por el odio que parecía dominarlo todo. Cada uno mantuvo sus lealtades, pero todos supieron ver las injusticias y pasiones que se escondían en la falsa lógica de un enfrentamiento civil. Por otra parte, procuraron mantener esas actitudes frente a la barbarie, aunque, como ninguno de ellos fue un superhéroe de cómic, no dejaron de afrontar momentos de desfallecimiento».

Octavio Ruiz-Manjón. Algunos hombres buenos: historias de mujeres y hombres que pusieron la justicia por encima de las ideologías durante la Guerra Civil (2016). Barcelona: Espasa, 2016; 250 pp.; ISBN: 978-84-670-4668-7. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 10 de agosto de 2016

El niño y el pueblo perdido, de Pere Marti i Bertran, es un relato cortito cuyo narrador es un niño llamado Cayetano que, cuando estalló la guerra civil española, vivía en La Fatarella, Tarragona. Habla de lo que notaba entonces a su alrededor, cuenta que cuando las tropas de la República recuperaron La Fatarella e instalaron cerca un pueblo camuflado, él iba con su madre allí, pues la contrataron para que lavase, zurciese y planchase la ropa de las tropas.

Un último capítulo corre a cargo del mismo Cayetano pero cuando ya tiene ochenta años. Un apéndice histórico da cuenta de los hechos sucedidos en La Fatarella y su entorno, y añade algunos datos sobre varias personas que aparecen en el relato. Es un acierto el tono del narrador: claro, sereno, agradecido a quien se portó bien con él. Termina diciendo que fue un niño que «creció más deprisa de la cuenta, pero feliz al fin y al cabo»…

Pere Marti i Bertran. El niño y el pueblo perdido (2016). Barcelona: Ediciones del Serbal, 2016; 60 pp.; ilust. de Joan Miró Oró; ISBN: 978-84-7628-889-4. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 8 de abril de 2011

Por su singularidad y por la fecha de su publicación, me ha interesado El barranco, de Nivaria Tejera, escritora nacida en Cuba en 1930, que pasó su infancia en Tenerife y que, años más tarde volvió a Cuba, para luego exiliarse en París en 1965. En su relato narra sus recuerdos de infancia durante la guerra civil española, marcados por el encarcelamiento de su padre, las visitas que ella y su familia le hicieron a la cárcel, su posterior liberación y su regreso a prisión.

No es una novela más de las que se han apuntado a una moda reciente pues se publicó en francés en 1958. Tampoco, aunque resulte dolorosa, tiene acentos revanchistas: el principal interés de la narradora es dejar constancia de su sufrimiento y su desorientación cuando su mundo se derrumbó. Lo mejor son los tramos puramente narrativos, que avanzan por medio de frases cortas y tajantes, y algunos tramos poéticos que responden a momentos de fiebre de la niña o que intentan recoger su desconcierto confuso. Suenan excesivos algunos barroquismos y no encajan del todo algunas consideraciones discursivas que, precisamente por ser presentadas como cosas que la protagonista no entiende del todo, tendrían más verosimilitud si únicamente fueran alusiones al paso.

Nivaria Tejera. El barranco (1958). Córdoba: El Olivo azul, 2010; 125 pp.; col. Narrativas; ISBN: 978-84-92698-11-0.

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jueves, 3 de septiembre de 2009

Calix,
de Sergio Lechuga, es una novela centrada en si el santo Cáliz de Valencia, que llegó a esa ciudad después de un periplo de siglos por Aragón y Cataluña, es el mismo cáliz que usó Jesucristo en la última Cena: el Grial. Según indica el autor, en un apéndice final donde aclara qué hay de cierto y qué no en su relato, tal cosa no se puede probar afirmativamente, aunque algunos indicios sean sugerentes, pero tampoco se puede probar lo contrario.

Pocas semanas después de la muerte de Franco, un funcionario jubilado de nombre Antolín Alfonso, pone por escrito un episodio que protagonizó: el año 1940 trabajó en una investigación sobre si el santo Cáliz de Valencia era o no el Grial, pues Himmler iba a viajar a España para buscarlo; de paso cuenta que, con ocasión de aquel encargo, pudo al fin averiguar qué había pasado con su padre durante la guerra y conoció a la que sería su mujer. En algunos capítulos intercalados, a ese argumento se suman episodios del posible itinerario del cáliz: su envío desde Roma, su recepción en Huesca, su paso por san Juan de la Peña, su rotura durante una ceremonia siglos después, etc.

Relato bien escrito, con personajes creíbles, diálogos buenos y descripciones escasas. Es un acierto que el narrador sea un tanto disperso a la hora de entrar en materia, pues eso justifica sus digresiones, que así sirven para presentar al lector una equilibrada reconstrucción de algunas vidas en la España de la inmediata posguerra. También lo es que las maniobras de los funcionarios que simpatizaban con los nazis se vayan mostrando por medio de breves comunicaciones internas de carácter oficial: si algo es confuso mejor que sea corto. La segunda línea de la novela, aunque tenga escenas con fuerza que algunos lectores apreciarán, en mi opinión es innecesaria. El desenlace resulta suficiente pero no del todo satisfactorio pues el narrador pierde algo la claridad que siempre tuvo.

Sergio Lechuga Quijada. Calix (2009). Barcelona: Planeta, 2009; 461 pp.; col. Planeta Testimonio; ISBN: 978-84-08-08692-5.

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miércoles, 30 de enero de 2008

En La gloria de los niños, de Luis Mateo Díez, se cuenta que, por encargo de su padre, Pulgar debe buscar a sus hermanos pequeños, perdidos tras el bombardeo de la ciudad, y cómo, en su búsqueda, entra en contacto con personajes variados. La novela ha recibido elogiosas críticas, a las que me sumo porque me interesa el tema de la guerra civil, porque Pulgar resulta convincente y muy atractivo, y porque comparto la defensa «de la pureza y energía de la inocencia infantil» que respira la historia. Dicho esto, pienso que la voluntad literaria del autor, aun cuando da lugar a pasajes muy logrados, deja una impresión de rebuscamiento artificioso.

Luis Mateo Díez. La gloria de los niños (2007). Madrid: Alfaguara, 2007; 227 pp.; ISBN: 84-204-7030-9.

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viernes, 28 de diciembre de 2007

Haber mencionado días atrás El maestro Juan Martínez que estaba allí da la oportunidad de recordar otro libro de Manuel Chaves Nogales: A sangre y fuego, nueve intensos relatos sobre la guerra civil española protagonizados por gente de uno y otro lado. En su momento Pedro de Miguel escribía en Aceprensa que «pocas novelas o cuentos llegan a la altura literaria (y también habría que decir moral) de estas nueve historias. (...) Manuel Chaves describe con espléndida prosa la sinrazón de toda guerra civil y el sufrimiento de quienes quisieran ser fieles a sus propias convicciones sin atender a la dictadura de otros. Siempre alguno de sus personajes se esfuerza en no perder la cordura y a veces se rebela hasta el heroísmo, independientemente de sus ideas. Entonces se constata la fragilidad de la justicia, de la honestidad y de la misericordia en un momento en el que priman la sangre y el fuego».

Manuel Chaves Nogales. A sangre y fuego (1937). Madrid: Espasa, 2006; 256 pp.; ISBN: 978-84-670-2066-0.

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martes, 2 de octubre de 2007

Un buen librito, de hace tiempo, sobre la figura del Cid: El juglar del Cid, de Joaquín Aguirre Bellver. De este autor, fallecido hace poco, hay también unas memorias de infancia, muy bien escritas, acerca de sus años en Madrid durante la guerra civil española: La mirada de un niño. Es un relato que suma otra perspectiva de la misma época y situación sobre la que tratan El otro árbol de Guernica, Incierta gloria, Un adolescente en la retaguardia, Los cipreses creen en Dios y su continuación Un millón de muertos... Y habrá más.

Joaquín Aguirre Bellver. La mirada de un niño. Novela memoria de la guerra civil (2006). Madrid: Ciudadela, 2006; 222 pp.; ISBN: 84-935173-4-8.

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jueves, 1 de marzo de 2007

Una novela que aclara, un poco, cómo acabó llegando la guerra civil española es Los cipreses creen en Dios, de José María Gironella. Ambientada en Gerona, desde abril de 1931 hasta finales de julio de 1936, los protagonistas principales son la familia Alvear: el padre, Matías, la madre, Carmen, el mayor, Ignacio, el siguiente, César, y la pequeña, Pilar. La narración está focalizada en Ignacio, personaje que va recibiendo todas las impresiones y valorándolas: primero en los tres cursos que pasa en el seminario, luego cuando trabaja en el Banco Arús y estudia por las tardes, y se va vinculando, de uno u otro modo, a toda clase de tipos humanos. El autor procura exponer equilibradamente las cosas y construir cuidadosamente su trama, de modo que los distintos personajes conserven su individualidad pero representen las tendencias políticas y los estratos sociales de la época. Se muestra el envenenamiento de la convivencia debido, también, a que «los rencores políticos se unían a los rencores personales», y se muestra el peso que acaban teniendo las acciones más pequeñas: como afirma el relojero que aprendió en su oficio, también el lector acaba dándose cuenta de «que las ruedas pequeñas son tan importantes como las grandes».

José María Gironella. Los cipreses creen en Dios (1953). Barcelona: Planeta, 2003; 911 pp.; col. Autores españoles e hispanoamericanos; ISBN: 84-08-04728-0.

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miércoles, 9 de agosto de 2006

Tiene una gran fuerza la narración de Plácido Gil titulada Un adolescente en la retaguardia - Memorias de la Guerra Civil (1936-1939). El autor, actualmente monje benedictino en la abadía de Leyre, Navarra, tenía 15 años el 18 de julio de 1936 y entonces era novicio en el Monasterio de El Pueyo, Barbastro. Tras el asesinato de todos los monjes, él trabajó primero en los comedores de los milicianos en Barbastro; luego se trasladó a Caspe, donde también fue camarero en el casino, centro de operaciones de los anarquistas y republicanos; después vivió en Poal, un pueblo leridano, con una familia que le acogió; finalmente, al terminar la guerra, pudo regresar a su casa de Lumbier, Navarra, donde le creían muerto.

El autor explica en el prólogo que sólo pretende narrar lo que vivió y que no es su intención realizar juicios políticos. Así actúa en su relato, que respira la veracidad de quien cuenta las cosas tal como las siente y las ve, y de quien no esconde la ignorancia que tenía entonces de las realidades del mundo en el que vivía. Además, aunque la historia está bien escrita, su fuerza se deriva de que no hay propósitos de armarla ni de darle color literario; incluso cabría señalar que la bondad y la fe del narrador, así como la distancia de los hechos, le llevan a mirarlo todo con altura infrecuente.

Plácido Gil. Un adolescente en la retaguardia – Memorias de la Guerra Civil (1936-1939) (2006). Madrid: Encuentro, 2006; 213 pp.; col. Memorias; ISBN: 84-7490-778-0.

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viernes, 18 de noviembre de 2005

Me ha impresionado Incierta gloria, de Joan Sales, una novela que tenía en lista desde hace años y que por fin he podido leer ahora. Quizá le sobren unas decenas de páginas en la última parte pero, en cualquier caso, esa es una objeción menor. Es una gran novela sobre la guerra civil española, la mejor de las que yo conozco, pero es mucho más que eso. Está muy bien escrita, hace pensar, abre horizontes... Algunas reflexiones de sus extravagantes y neurasténicos personajes pueden sorprender pero nunca son banales y tienen la cualidad de iluminar algunos comportamientos. Por ejemplo, este comentario del estrafalario Solerás: «Los escépticos tienen la obligación de no creer en nada. Pero creen en sí mismos, en la propia importancia; y Satanás, que tiene sentido del humor, les ha colgado el monigote. Un pequeño infierno portátil engastado donde no se lo ven. Y no me refiero solamente a los escépticos negros; también hay los escépticos color de rosa, que son aún más formidables. Son tan angelicales que no creen en el infierno; ¡lirios de inocencia! (...) No creen en eso ¡y lo llevan pegado por detrás!».

Joan Sales. Incierta gloria (1956). Barcelona: Planeta, 2005; 704 pp.; col. Autores españoles e hispanoamericanos; trad. de Carlos Pujol; ISBN: 84-08-05562-3.

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viernes, 22 de abril de 2005

A propósito del aniversario de la muerte de Cervantes, una recomendación diferente: El otro árbol de Guernica (1967), de Luis de Castresana. En esta novela sobre un grupo de chicos vascos enviados a Francia y Bélgica durante la guerra civil española, una de las mejores que se han escrito en castellano sobre niños, se nos cuenta cómo el protagonista, Santiago Celaya, madura en circunstancias difíciles y amplía «paulatinamente, casi insensiblemente, su campo geográfico emocional», gracias también a la lectura de una versión adaptada de El Quijote, que cambia su vida y activa su futura vocación literaria. Ya se ve que las adaptaciones pueden cumplir muy bien su función.

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