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Notas del archivo 'Álbumes (satíricos)' :: bienvenidosalafiesta ::    
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martes, 21 de noviembre de 2017

La portada de Los problemas de Pingüino, de Lane Smith y Jory John, atrae porque no tiene título, que va en la contraportada, y en ella sólo vemos caras de pingüinos mirando de frente menos uno que mira de lado a su compañero; también porque el mismo Pingüino intenta desanimarnos al principio para que no leamos el libro. Empieza la historia con el protagonista despertándose y diciendo «¡Aaah! ¡Qué temprano es! / Tengo el pico helado»; a continuación vemos sus actividades de un día completo; al final exclama: «Tengo el pico helado. Qué temprano anochece». Son graciosas sus andanzas, sus quejas y sus dudas existenciales: «Parezco tonto cuando voy andando», tiene deseos de volar, una morsa con la que charla intenta que vea la belleza de la vida… Cada una de las ilustraciones es un pequeño episodio y, poco a poco, van añadiéndose colores: la luz del cielo, el azul de la superficie y el negro del fondo del mar… Álbum amable de los que puede hacer que un lector pequeño, o no tan pequeño, reflexione sobre los motivos por los que es gruñón y quejica, y piense también un poco por qué no se siente alegre y agradecido cuando debería estarlo.

Lane Smith. Los problemas de Pingüino (Penquin Problems, 2016). Texto de Jory John. Barcelona: Alba, 2017; 32 pp.; trad. de Concha Cardeñoso; ISBN: 978-84-9065-336-4. [Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 8 de junio de 2016

El armario chino, es otro álbum singular de Javier Sáez Castán, en el que la sofisticación aparente sirve para vestir un concepto que parece fácil de comprender pero que, como vemos alrededor, no es tan fácil de aplicar.

Se puede leer empezando por el armario rojo que vemos en portada o por el armario azul que vemos en la otra portada. En cada caso seguiremos la narración en viñetas que corre por la parte inferior del álbum —toda ella en rojo o en azul excepto el armario rojo o azul— y no haremos caso de las imágenes que se ven, al revés, en la parte superior de las páginas. El relato es igual en ambos casos: un matrimonio al lado del fuego de la chimenea que se pregunta por el niño al que vemos en la viñeta contigua, en una habitación en la que está el armario chino de la portada. Todo lo que ocurre es observado por un gato negro. Ambas narraciones con imágenes se abren con un mismo texto de 1911 en el que algunas letras, que van en un caso en azul y en el otro en rojo, y que no se distinguen del todo bien, componen dos mensajes para que un lector paciente los reconstruya.

La historia es enigmática en apariencia pero luego es sencilla. Por un lado, habla de esos mundos propios en los que un niño se puede introducir —el armario sólo se abre por dentro—, que pueden alarmar a los padres cuando comprueban que luego el niño no sale como ellos pensaban que debía salir. Por otro, hace pensar en el hecho de que la narración es exactamente igual en ambos casos y, sin embargo, los adultos no perciben esa uniformidad, que no les preocupa, pero la diferencia de color sí la notan y sí que les inquieta.

Javier Sáez Castán. El armario chino (2016). Barcelona: Ekaré, 2016; 40 pp.; ISBN: 978-84-944291-5-6. [Vista del libro en amazon.es]

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martes, 15 de marzo de 2016

En La princesa rebelde, de Sara Ogilvie y Anna Kemp, la protagonista es la princesa Susana, que se muere de aburrimiento hasta que llega un príncipe y se va con él. Pero el príncipe pretende que se comporte como siempre lo han hecho las princesas hasta que aparece un dragón y entonces la princesa ve su oportunidad.

Sir Nenúfar, de las mismas autoras, tiene como heroína a un rana diminuta y pecosa que deseaba que la llamaran Sir Nenúfar, la rana valerosa. Lee un día la historia de una rana que había sido convertida en príncipe gracias al beso de una princesa, ya suponemos cuál, por lo que sale a buscarla. Pero, cuando la encuentra, las cosas no salen como pensaba sino, incluso, mejor.

Los dos álbumes tienen rasgos parecidos, como es lógico. Las imágenes son simpáticas y su estilo recuerda, por momentos, el de Tony Ross o el de Quentin Blake. El texto, en verso, tiene momentos divertidos. Ambas historias están construidas a la contra de relatos tradicionales, y están bien, pero, a estas alturas, las princesas rebeldes están muy vistas y resultan ya cansinas; en cambio, las ranas inconformistas son menos frecuentes y, tal vez por eso, el de sir Nenúfar es un relato mejor.

Sara Ogilvie. La princesa rebelde (The Worst Princess, 2013). Texto de Anna Kemp, Barcelona: Blume, 2013; 29 pp.; trad. de Cristina Rodríguez Fisher; ISBN: 978-84-9801-704-5. [Vista del álbum en amazon.es]
Sara Ogilvie. Sir Nenúfar (Sir Lilipad, 2015). Texto de Anna Kemp. Barcelona: Blume, 2015; 30 pp.; trad. de Cristina Rodríguez Fischer; ISBN: 978-84-9801-865-3. [
Vista del álbum en amazon.es]

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miércoles, 30 de abril de 2014

Un álbum-cómic excelente: Lección de pesca, un relato escrito en 1963 por Heinrich Böll e ilustrado por Émile Bravo. Una verdadera lección: tanto si atendemos a la historia como si lo hacemos a su confección gráfica.
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martes, 2 de octubre de 2012

En el último Ilustratour descubrí que el único álbum ilustrado danés moderno publicado en castellano es Finn Herman, de Mats Letén y Hanne Bartholin. En él vemos a una señora de alta sociedad cuyo animal de compañía es un cocodrilo llamado Finn Herman. Cuando lo saca a pasear, la señora todo el tiempo teme que otros animales lo molesten: un pato, un gato, un perro, un niño, un elefante, etc.

La composición del álbum es excelente: las ilustraciones transmiten bien las actitudes de los personajes y la secuencia de los sucesivos episodios está bien narrada, a veces con páginas cortadas o desplegables, que sirven para mostrar el momento previo y el posterior a cada incidente. Junto con Hipersúper Jezabel, ¡Un huevo con sorpresa!, o Yo quiero mi gorro, Finn Herman forma parte de un grupo, no muy nutrido, de álbumes de humor sarcástico y contundente, contra quienes piensan en los niños como seres angelicales, o contra la visión cándida de la vida que respira el chiste, que yo leí a Terry Pratchett, del pueblo indígena que no tenía en su vocabulario la palabra «enemigo», pues usaba una que significaba «amigo que no conocemos», pero del que tristemente no queda ya nadie. Ese tipo de humor.

Hanne Bartholin. Finn Herman (2001). Texto de Mats Letén. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2009; 36 pp., con algunas desplegables; trad. de Blanca Ortiz Ostalé; ISBN: 978-84-92412-38-9.

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lunes, 1 de octubre de 2012

Trasladar una obra conseguida en un medio —teatro, novela, relato corto, cine, etc.— a otro medio nunca es satisfactorio del todo. De álbumes como Donde viven los monstruos y Jumanji, por ejemplo, se han hecho películas que, por más que respeten la idea nuclear del original, acusan que los álbumes en sí mismos son perfectos y, por tanto, nada se puede hacer ya para mejorarlos, por más que se puedan expandir sus argumentos o dar soluciones imaginativas a muchas cosas, o lo que sea.

Otras situaciones se dan cuando el contenido fundamental de un relato, al pasar del original al cine, cambia por completo. Así sucedió con Shrek, de William Steig, al ser filmada por Dreamworks. En este caso el álbum —más bien un relato ilustrado, como es habitual en Steig, que pone imágenes encima o debajo del texto—, habla de un ser repulsivo, y encantado de serlo, que busca una princesa repulsiva como él: el narrador termina diciendo que «vivieron para siempre hediondamente, asustando a todos aquellos que se rieran de sus cuerpos apestosos».

En la presentación de una nueva edición de Shrek se define al protagonista como un «ogro contracultural» pues, ciertamente, su historia parece ir contra muchas convenciones (siempre y cuando pensemos en convenciones de hace tiempo, las de los editores y lectores ya mayores, y no en muchas convenciones actuales). En cualquier caso, al margen de la relativa originalidad que tuvo el personaje dentro de la LIJ, conviene advertir que Steig respeta las convenciones narrativas de este tipo de historias al pie de la letra; que al invertir todos los rasgos, y no sólo algunos, hace que la ironía pueda ser descodificada fácilmente por cualquier lector; que la insistencia exagerada en comportamientos que nadie querría tener cerca —como el de que Shrek disfruta soltando «apestosos gases»—, indica que la intención del autor es, justamente, la de hacer reír al lector niño y no tanto hacer que se cuestione nada. Total, no sé si llamar a Shrek contracultural es forzar demasiado la interpretación.

William Steig. ¡Shrek! (1990). Barcelona: Ediciones B, 2001; 32 pp.; trad. de Elena de la Vara; ISBN: 84-666-0258-5. Nueva edición en Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2012; col. Álbumes ilustrados; trad. de Elena del Amo; ISBN: 978-84-96509-61-0.

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lunes, 25 de mayo de 2009

El contador de cuentos,
un relato de Saki en formato de álbum ilustrado por Alba Marina Rivera, narra un viaje en tren en el que comparten apartamento dos niñas y un niño, su tía, y un viajero silencioso que, harto de la historia sobre una niña buena que la la tía intenta contarles a sus sobrinos, sin éxito, la desafía e inicia él otro relato. El texto es inteligentemente irónico respecto a la educación formalista de la época victoriana o eduardiana (la ironía de un cuento actual del mismo tipo debería ir contra la educación permisivista de ahora, supongo). Así, cuando el viajero habla de que su protagonista va a ser una niña «horriblemente» buena, sus oyentes se dan cuenta de que ahí se ha producido «una innovación digna de elogio», una variación notable respecto a los cuentos de la tía. (El lector que conozca Hipersúper Jezabel pensará que, tal vez, tenga su origen en esta historia: al menos eso se me ha ocurrido a mí).

Que las cosas se cuenten desde la perspectiva conjunta de los niños, haciendo notar sus reacciones de hastío ante un cuento igual a los que siempre les cuentan y las de sorpresa y animación ante las novedades que introduce la historia del viajero, es un buen recurso para inducir en el lector un pensamiento global de «así reaccionan los niños». Es ajustado a la historia el formato del álbum, apaisado como un vagón de ferrocarril, y le añade un atractivo (inicial) y una cierta originalidad el que venga dentro de un estuche. Las ilustraciones recogen bien el clima del relato, el paso de los niños del aburrimiento a la expectación, el hartazgo y el deseo de provocación del viajero y el enfado de la tía.

Alba Marina Rivera. El contador de cuentos (1914). Texto de Saki. Barcellona: Ekaré, 2008; 30 pp.; trad. de Verónica Canales y Juan Gabriel López Guix; ISBN: 978-84-936504-3-8.

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lunes, 10 de noviembre de 2008

Negros y blancos
es un álbum protagonizado por elefantes que David Mckee publicó antes de crear a Elmer. La historia comienza diciendo que, «Hace ya mucho tiempo, todos los elefantes del mundo eran negros o blancos». Ambos bandos estaban enfrentados y vivían uno a cada lado de la selva. Los elefantes que querían la paz se internaron en la selva y los demás pelearon entre sí hasta que no quedó ninguno vivo...

Ilustraciones a doble página con los elefantes negros a la izquierda y los blancos a la derecha. El texto que las acompaña va en franjas blancas en la parte inferior. Resultan graciosas y trágicas a la vez las ilustraciones de los elefantes que convierten sus trompas en armas. Es un buen ejemplo de relato circular que juega con efectos de oposición tanto argumentales como gráficos. El final irónico, comparable por ejemplo al del álbum de Ralph Steadman titulado El puente, revela desconfianza en la capacidad humana de vivir sin acabar encontrando motivos para el enfrentamiento.

David Mckee. Negros y blancos (Tusk Tusk, 1978). Madrid: Anaya, 2008; 30 pp.; col. Sopa de cuentos, primeros lectores; trad. de Juan Ramón Azaola; ISBN 978-84-667-7646-2.

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lunes, 15 de octubre de 2007

Entre los álbumes de Tony Ross que conozco, el que más me sigue gustando es Hipersúper Jezabel. En una entrevista de hace pocos meses en CLIJ él mismo da las razones de su eficacia: «un libro tiene que tener un buen principio y un final todavía mejor. Debe empezar con algo interesante que está pasando y terminar con un bombazo».

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martes, 11 de septiembre de 2007

Nueva edición también de Ningún beso para mamá, otro clásico de Tomi Ungerer. La edición original tenía una cubierta como la de la edición inglesa de la derecha, muy distinta de la que acaba de publicar Anaya dentro de la colección Sopa de libros, como se puede ver en la ficha del autor. También el diseño del interior del libro, de la primera edición, era más acertado. En cualquier caso, es un minirelato con magníficas ilustraciones y texto certero (al menos para mí, sé que hay quienes no piensan igual).

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lunes, 10 de septiembre de 2007

Nueva edición de Los tres bandidos, un clásico de Tomi Ungerer, un ilustrador de los que conjugan talento gráfico con ironía.

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lunes, 12 de marzo de 2007

De John Burningham, uno de los grandes autores de álbumes ilustrados, no se han editado en España algunos importantes como Mr. Gumpy´s Outing (1970) y Come away from the water, Shirley (1977). Sí hay otros, muy buenos también, y a ellos se ha sumado ahora Eduardo, el niño más terrible del mundo. El argumento, como es característico del autor, contiene un mensaje no para niños sino para educadores: cuando todo el mundo le reprocha cosas a Eduardo se hace peor y peor, y cuando luego todos elogian algo de Eduardo, incluso equivocadamente, Eduardo se hace mejor y mejor. Hasta la mitad, en las páginas izquierdas se ve a Eduardo y en las derechas a distintos adultos que le increpan por algo; en la otra mitad es al revés: en la derecha se van viendo adultos que alaban a Eduardo. Tanto los dibujos coloreados sobre fondo blanco como la secuencia de ilustraciones se distinguen por su claridad narrativa: algo propio del autor y que también es toda una lección, pero esta vez para editores y autores de álbumes.

John Burningham. Eduardo, el niño más terrible del mundo (Edward, the Horriblest Boy in the Whole Wide World, 2006). Vigo: Faktoría K de Libros, 2006; 32 pp.; trad. de María Fe González; ISBN: 84-934713-9-9.

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lunes, 7 de marzo de 2005

Recientemente se ha publicado un álbum con texto de Jörg Steiner e ilustrado por Jörg Müller titulado El Gran Gris. Es el segundo de Müller que se publica en España y, aunque no es de los mejores y además no será popular pues resulta incómodo para muchos, da idea de su categoría como ilustrador. En la ficha se contiene la información de otros álbumes suyos, dos de los cuales pretenden lo mismo que un álbum citado días atrás, Window, de Jeannie Baker: mostrar la transformación inexorable de paisajes urbanos y rurales, no siempre para mejor.

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