bienvenidos a la fiesta
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jueves, 4 de octubre de 2012

Después del citado ayer, otro libro que da idea de la facilidad con la que Michael Grant puede armar historias complicadas es Olvidados, la primera novela de una serie de seis libros de fantasía y ciencia-ficción de los que se han publicado los cinco primeros en los EE.UU. (El título original es Gone: no sé si Olvidados responderá a lo que narran las otras novelas).

En el pueblo californiano de Perdido Beach y sus alrededores ocurre algo extraño: desaparecen repentinamente todos los mayores de quince años y los chicos que quedan intentan organizarse. Hay varios grupos: uno, en torno al sensato Sam Temple; otro, en torno a Orc, el matón; otro, en torno a Caine Soren, un chico de un colegio cercano que se hace con el dominio de la situación. Pronto se descubre que hay quienes tienen poderes especiales. La situación se deteriora cuando los servicios de control y policía, creados por los mismos chavales, se comportan de modo salvaje. Además, hay un hilo argumental aparte que sigue a una chica que ha tenido un accidente y que, como consecuencia, descubre que puede curar las heridas con sólo tocarlas y que hay un ser misterioso que controla a unos coyotes que le obedecen.

Los relatos son largos —en este tipo de sagas no se considera que la buena literatura, entre otras cosas, debe hacer corta una historia larga, sino todo lo contrario—, y los personajes y las derivaciones son muchas. No faltan las referencias a películas, canciones y libros. Todo acaba siendo desbordante, aunque la narración es clara y la acción corre rápido hacia delante, con buenos diálogos, observaciones escuetas, y continuos momentos de tensión (el autor es experto en esto y se nota: en este sentido la novela gana por goleada a las distopías citadas en notas anteriores). Como a la edad de quince años se desaparece, se usa el recurso de que cada capítulo indica el tiempo que falta para que desaparezcan tanto Sam como Caine, que han nacido casi al mismo tiempo.

Algunos comentarios han comparado esta novela con El Señor de las moscas. Sin duda, el arranque y el planteamiento inicial recuerdan un poco a esa novela, pero (dejando de lado la fuerte componente fantástica) eso pronto deja paso a una situación muy distinta: no estamos ante una novela seria que provoca la reflexión y hace notar el horror, sino ante una novela de entretenimiento que recurre a presentar niños que maltratan e incluso matan a otros niños, aparte de que haya momentos macabros y sucedan más cosas desagradables (y, según he leído aquí, parece que, al avanzar la serie, todo va enrareciéndose más). Por tanto, igual que a varias distopías citadas semanas atrás, por mi parte colocaría Olvidados en una categoría particular de novelas abyectas. No deberíamos necesitar muchas más experiencias de las que ya tenemos para comprender que trivializar la violencia y convertirla en espectáculo engendra violencia, y más aún cuando hablamos de ficciones que tratan sobre escolares y que se dirigen a escolares.

Michael Grant. Olvidados (Gone, 2008). Barcelona: Molino, 2012; 509 pp.; trad. de Raquel Herrera; ISBN: 978-84-2720-211-5.
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miércoles, 3 de octubre de 2012

Michael Grant es un autor con gran dominio de los resortes que hay que pulsar para crear relatos de fantasía y ciencia-ficción. Se puede comprobar en La llamada, primera novela de una serie titulada Los magníficos 12, un relato cómico con multitud de referencias a otros relatos que puede agradar a quienes sean adictos a este subgénero. El héroe es un chico de doce años llamado Mack MacAvoy. Estudia en el colegio Richard Gere de Arizona e intenta pasar inadvertido, pero tiene multitud de fobias y miedos, aunque no está entre ellas la de asustarse ante los abusones, una gran ventaja. Un día, en su casa, se le aparece un tipo rarísimo que le dice que ha de viajar para encontrar a otros once personajes que, con él, son los únicos que pueden salvar el mundo de la gran amenaza de la Reina Pálida. Luego, ese día tiene también un incidente con los matones del colegio. Ahí comienza la historia de Mack. Y, a todo esto, en capítulos alternos hay otro relato que se supone que se desarrolla mucho tiempo atrás.

La narración tiene un ritmo trepidante y momentos divertidos, aunque sea todo absurdo de principio a fin, casi una parodia de una parodia. El autor es consciente de lo que hace y, por ejemplo, cuando a Mack le dan la instrucción de que vaya a algún lugar que no se sabe cuál es y que busque a alguien que no se sabe quién es y, lógicamente, pregunta: «¿Te das cuenta de que lo que me estás diciendo no tiene ningún sentido?», su interlocultora le responde: «Sí, lo sé. Pero, para serte sincera, nada de esto tiene ni pies ni cabeza». También son muchas las alusiones tecnológicas con las que un lector joven conecta con facilidad. Así, cuando Mack intenta buscar y no encuentra en Google ciertas palabras raras que oye, se dice: «Era deprimente. Si Google no tenía la respuesta, ¿cómo iba a descubrirlo Mack?». O bien, cuando a Mack cuando se le aparece un golem que le dice que le sustituirá en su casa mientras él viaja por el mundo, se pregunta: «¿Esto es real o se ha estropeado el sistema operativo del Universo? ¿Es esto el equivalente en la vida real a un fallo del antivirus? ¿Me he perdido alguna actualización de software importante? Si es eso, ¿hay alguna manera de que pueda reiniciarme?». Bien, mi sistema operativo aún no está tan mal como para leer más libros de la serie.

Michael Grant. Los magníficos 12. La llamada (The Magnificent 12: The Call, 2010). Madrid: Hidra, 2011; 262 pp.; trad. de Marta Morros Serret; ISBN: 978-84-92939-63-6.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
Con Tom Trueheart y el País de los Mitos y las Leyendas termina la serie donde Ian Beck mezcla multitud de historias: para ciertos lectores puede ser excesivo, pero parte de su encanto está en ver cómo el autor integra bien tantas referencias, sus seguidores lo disfrutarán y, para ciertos lectores, puede ser un empujoncito más para conocer otros relatos.
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jueves, 10 de marzo de 2011
A un amigo mío le gusta repetir la broma de que las preguntas básicas en la vida son tres: quiénes somos, de dónde venimos, y dónde vamos… a comer. Este humor es el típico de Terry Pratchett —y no me extrañaría nada que la frase viniera de alguno de sus libros aunque mi amigo no haya leído a Pratchett nunca—, como se puede comprobar una vez más en El asombroso Mauricio y sus roedores sabios. Este libro, el más asequible (para todos los públicos) de la serie del Mundodisco, recibió hace años el premio Carnegie al mejor libro infantil inglés: una forma de reconocer (y aprovechar) la popularidad y el talento de Pratchett puesto que se apoya en muchos relatos infantiles clásicos para construir ese relato, no porque el libro sea más infantil que otros suyos.
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
Hace pocos meses se publicó Johnny y la bomba, de Terry Pratchett, el tercer libro de la trilogía de Johnny Maxwell: el primero fue Sólo tú puedes salvar a la humanidad y el segundo, no traducido al castellano, que yo sepa, fue Johnny and the Dead.
El protagonista es un chico tímido —«era un perdedor. (...) Titubeaba. Decía mmm a todas horas»—, pero a cuyo alrededor pasan cosas, y en sus aventuras le acompañan unos compañeros con apariencias de delincuentes o de colgados, y que también tienen sus problemas. A través de un juego de ordenador, en el primer libro entra en contacto con unos alienígenas. En el segundo libro descubre que puede comunicarse con los espíritus del cementerio de la ciudad, a punto de ser demolido. En el tercero, por medio de un carrito de cachivaches de una vagabunda, viaja en el tiempo hacia un día del año 1941 en el que los alemanes están a punto de bombardear su ciudad.
Las historias no están bien armadas del todo a pesar de que Pratchett hila los hechos y elude las dificultades propias de un relato que se desarrolla en mundos alternativos, con la soltura que se le supone. Lo importante, para sus seguidores, son las muchas descripciones breves ingeniosas y los diálogos chispeantes. Por ejemplo: en la primera novela se dice que Bigmac, uno de los amigos de Johnny, «siempre llevaba botas militares y pantalones de camuflaje. Con esa vestimenta, se le veía a dos kilómetros de distancia»; y en la tercera se dice que Bigmac «no era un delincuente, simplemente solía estar cerca cuando se cometía un delito».
Una muestra de la inteligente ironía de Pratchett, tomada de la primera novela, está cuando La Capitana, la jefa de los extraterrestres, oye a Johnny mencionar la palabra «sexista» y le pregunta qué significa. Y Johnny responde:
«—Sólo significa que es preciso tratar a las personas como personas, como seres humanos. Se trata de no dar por sentado que existen determinadas cosas que las chicas no saben o no pueden hacer. En la escuela tuvimos una charla sobre todo eso. En realidad, hay montones de cosas que la mayor parte de las chicas no saben hacer, pero lo correcto es fingir que sí pueden, para que muchas más lo consigan. De eso se trata.
—Entonces, presumiblemente habrá cosas que los chicos no sepan hacer, ¿no?
—Oh, desde luego, pero siempre serán cosas de chicas —dijo Johnny».
Terry Pratchett. Sólo tú puedes salvar a la humanidad (Only You Can Save the Mankind, 1992). Madrid: Alfaguara, 1998; 184 pp.; col. Infantil-Juvenil; trad. de Miguel Martínez-Lage; ISBN: 84-204-4840-0.
Terry Pratchett. Johnny and the Dead (1993). Corgi Childrens, 2004; 199 pp.; ISBN-13: 978-0552551069.
Terry Pratchett. Johnny y la bomba (Johnny and the Bomb, 1996). Barcelona: Timunmas, 2010; 235 pp.; trad. de Albert Vitó i Godina; ISBN: 978-84-480-3826-7.
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jueves, 3 de junio de 2010
En su momento leí Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, y ahora he leído En llamas, la continuación de la historia.
En la primera se presenta una sociedad dictatorial futura donde, anualmente, son seleccionados por sorteo un chico y una chica de cada uno de los doce estados para luchar entre sí hasta que sólo quede uno vivo; esto tiene lugar en un estadio un tanto especial —con bosques y lagos y todo tipo de escenarios— desde donde los combates son retransmitidos en directo a todo el país; la protagonista y narradora, Kaniss, se presenta por su estado para sustituir a su hermana pequeña, que había sido la elegida. En la continuación, después de una introducción algo más larga, los protagonistas vuelven al estadio para competir de nuevo a muerte, pero la rebelión contra el poder está en marcha y Katniss, sin ella saberlo, se ha convertido en la bandera de los rebeldes, digamos que parece anunciarse como un nuevo Espartaco.
Como bastantes escritores que han tenido éxito en las últimas décadas, también en este caso la autora fue durante años guionista de programas televisivos: una experiencia que, sin duda, facilita el trabajo de confeccionar novelas que lleguen bien a los lectores jóvenes. Las dos son narraciones absorbentes y bien construidas, que tocan muchas teclas apropiadas para conectar con el público: elección de los rasgos de los distintos protagonistas, enamoramientos cruzados, presentación de chicas con grandes habilidades físicas para la lucha, gran atención a cuestiones de vestuario y maquillaje, etc. Pero, como ya comenté en Novelas inquietantes o sociedad inquietante, son relatos que me parecen morbosos y socialmente dañinos pues pienso que la representación en ficciones de los programas televisivos que juegan con la curiosidad acerca de las vidas de otras personas, o de los espectáculos del tipo que sea donde se producen accidentes terribles y muertes, les da carta de normalidad y facilita más todavía su aceptación social.
Una especie de prueba de que también se busca eso está en que quienes los escriben, o los publican, o los elogian, no dan explicaciones sencillas y directas, que todos podríamos entender aunque no compartiéramos, del tipo «escribo, (o publico, o leo) novelas así porque son las que me gustan», o «porque quiero ganar dinero» en el caso de los autores y editores. Por el contrario, las explicaciones que abundan contienen coartadas educativo-culturales-morales, como, por ejemplo, «son novelas que reflexionan sobre la injusticia, pues en ellas los pobres son los oprimidos y la chica lucha por salvar a su hermana pequeña y a su familia», o «son una forma inteligente de acercar a la juventud a los viejos mitos griegos, como el del Minotauro», o «qué instructivos relatos para que los lectores jóvenes se den cuenta de la crueldad inhumana del Circo Romano y así nunca se vuelva a repetir», etc.
Suzanne Collins. Los juegos del hambre (The Hunger’s Games, 2008). Barcelona: Círculo de lectores, 2009; 379 pp.; trad. de Pilar Ramírez Tello; ISBN: 978-84-672-3563-0.
Suzanne Collins. En llamas (Catching Fire, 2009). Barcelona: Molino, 2010; 487 pp.; trad. de Pilar Ramírez Tello; ISBN: 978-84-2720-000-5.

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jueves, 19 de noviembre de 2009
Como, dentro de dos o tres meses según he leído, se estrenará una película sobre la serie de Rick Riordan titulada Percy Jackson y los dioses del Olimpo, he leído la primera novela, El ladrón del rayo, y me he conformado con echar un vistazo muy rápido a las dos siguientes. Quien esté más interesado, puede consultar la gran información que viene al respecto en Wikipedia: un recurso últimamente habitual para la promoción de libros y películas.
La idea básica de la serie es que los dioses griegos siguen jugando un papel en nuestro mundo, visitando la tierra y teniendo hijos e hijas con los seres humanos. Como Norteamérica es hoy el centro de la civilización occidental, algo así como lo que fue la Antigua Grecia (algo que afirma la novela y que no me voy a poner a discutir ahora), el Monte Olimpo está situado encima del Empire State mientras el Hades está debajo de Los Ángeles (con esto seguro que algunos estarán más de acuerdo). La primera novela comienza cuando Percy, un chico disléxico y con graves problemas de comportamiento en los muchos colegios por los que ha pasado, descubre que todo tiene una explicación más sencilla: su desconocido padre fue, en realidad, Poseidón (lo que obviamente le dará una especial habilidad para entenderse con seres marinos). Es llevado primero a un campamento especial para chicos como él y, dadas sus cualidades, es enviado luego a descubrir quién ha robado el rayo de Zeus, que está enfadado por la cuestión y a punto de desencadenar una guerra entre los dioses. En su empresa le ayudarán Grover, un joven sátiro, y Annabeth, hija de Atenea (y, por tanto, peleona y muy capaz).
Es una gran idea la de que los protagonistas semi-dioses sean chicos discapacitados y es una buena explicación la que da la novela de que tal cosa sucede porque su lenguaje natural es el antiguo griego. La novela es divertida (si a uno le divierten estas cosas y no se toma muy en serio a los dioses griegos), usa mucho lenguaje de argot y muchas admiraciones y expresiones equivalentes a los rayos y estrellitas de los cómic —«¡Zaca!», «¡Tracazás!», etc.—. Está inteligentemente construida, por medio de continuos diálogos donde cada dios o diosa habla como se le supone, más o menos, y donde se van colocando todo tipo de explicaciones. La habilidad del autor está, también, en que todo se presta extraordinariamente bien a una película de acción al uso, con persecuciones, rayos varios, explosiones, toda clase de escenarios y de posibilidades.
Es dudoso que una novela como esta sea un buen instrumento para familiarizar a los lectores con el mundo clásico, aunque hay profesores que consiguen maravillas y nunca se sabe. Para dar idea de lo anterior, dos ejemplos. Uno, la escena de la entrada de los protagonistas en el Hades, donde tienen una charla con Caronte, un negro alto y elegante con el pelo teñido de rubio, que, cuando se despiden, le dice a Percy: «Te desearía suerte, chaval. Pero es que ahí abajo no hay ninguna. Pero, oye, no te olvides de comentar lo de mi aumento (de sueldo)». Otro, que da idea de los acentos del protagonista y narrador, es cuando tiene que saltar al vacío, al final de un capítulo y, al comienzo del siguiente, dice: «Me gustaría contarte que tuve una profunda revelación durante mi caída, que acepté mi propia mortalidad, que me reí en la cara de la muerte, etcétera. Pero mi único pensamiento era: ¡Aaaaaaahhhhhhhh!».
Rick Riordan. El ladrón del rayo (The Lightning Thief, 2005). Barcelona: Salamandra, 2006; 285 pp.; col. Percy Jackson y los dioses del Olimpo; trad. de Libertad Aguilera Ballester; ISBN: 84-9838-039-1.
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miércoles, 11 de febrero de 2009
Hace unos meses comenté Tobi Lolness, La huida de Tobi, de Timothée de Fombelle. La segunda parte, Los ojos de Elisha, comienza cuando, después de pasar dos años con el pueblo de la hierba, Tobi vuelve al árbol: sus padres siguen prisioneros a la espera de que su padre revele por fin su descubrimiento a Jo Mich; y Elisha está en manos de Leo Blue, el amigo de la infancia de Tobi, a la espera de que acceda a casarse con él. Tobi se une a los leñadores que dirige Nils Amen y busca la forma de liberar a sus padres, de encontrar a Elisha, y de salvar el árbol.
No insistiré ni en el atractivo y las cualidades de la historia, ni en los defectos a los que me referí al comentar la primera parte, pues lo mismo se puede decir esta vez. Sí apunto tres rasgos del humor y la poesía de la narración que contribuyen al tirón del relato.
Uno, cuando se nos cuenta que la madre de Tobi, Maya, tejía calcetines para los guardias, se nos habla de una satisfactoria minirepresalia que los héroes cautivos toman contra sus carceleros: «En apariencia, esos calcetines parecían abrigar mucho, pero Maya había inventado para ellos el punto llamado “corriente de aire”, que dajaba pasar el frío y la humedad y retenía la transpiración. Gracias a ella, los pies de los guardias siempre estaban helados y olían a queso».
Otro, la complejidad y variedad de la historia hacen olvidar al lector que los personajes y los escenarios son muy, muy pequeños (bueno, también el narrador a veces parece olvidarse), pero hay oportunas alusiones a la cuestión que lo recuerdan y que tienen una gracia particular: así, cuando después de algún tiempo se recorta contra la puerta de los prisioneros el corpulento Jo Mitch, se comenta que «vestía la misma ropa de siempre, cuando había engordado un gramo».
Y otro más es que hay pequeñas y sencillas descripciones que, a la vez que llegan al corazón, tienen un toque bromista. Un ejemplo es cuando se habla de que una fiesta es un misterio que no depende de la voluntad y, a continuación, el narrador enumera «los mil y un ingredientes que vuelven una comida maravillosa: unos padres, unos abuelos, una niña, un amigo al que se creía perdido, buen pan, personas ausentes en quienes se piensa, una reconciliación, fuego en la chimenea, alguien que creía que iba a pasar la Navidad solo, nieve en la ventana, la fragilidad de la dicha, la belleza de Mia, vino dulce, recuerdos comunes y morcilla».
Timothée de Fombelle. Tobi Lolness. Los ojos de Elisha (Tobie Lolness. Les yeux d’Elisha, 2007). Barcelona: Salamandra, 2008; 350 pp.; ilust. de François Place; trad. de Teresa Clavell Lledó; ISBN: 978-84-9838-187-0.
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miércoles, 5 de diciembre de 2007
He leído con atención y gusto La huida de Tobi, la primera parte de Tobi Lolness, de Timothée de Fombelle. A la espera de saber cómo termina la historia, que continúa en un segundo volumen que ha sido publicado ya en Francia, me ha dejado el sabor agridulce de una oportunidad perdida: la de haber sido no un buen libro sino un libro magnífico.
El protagonista es un chico de trece años que mide un milímetro y medio, lo habitual entre la gente de su pueblo, que habita en un árbol enorme. La historia comienza cuando lo están persiguiendo árbol abajo y sus padres están en prisión. Junto con su amiga Elisha, Tobi intentará rescatarlos.
Sintéticamente las cualidades son: planteamiento original, protagonistas atractivos, elementos clásicos de una novela de aventuras, narración que va dejando capítulos en punta y da ganas de saber qué viene después, descripciones buenas, ilustraciones de François Place supersugerentes... Y, también resumidamente, los defectos son: el narrador es a veces impreciso y a veces parece improvisar sobre la marcha cualidades del héroe para resolver una situación, en ocasiones lanza ironías de trazos muy gruesos contra los malos, hay pasajes poco logrados que desentonan mucho de otros —como la historia de Lapa y su padre Gus Alzan, el jefe de la prisión en la que entran Tobi y Elisha—, hay malvados que son clichés, tienen también mucho de cliché algunos paralelismos con nuestro mundo, hay didactismos innecesarios...
Estamos lejos, por tanto, de Los incursores de Mary Norton,El éxodo de los gnomos de Terry Pratchett, por elegir dos series que recrean mundos habitados por seres pequeñitos, una con aires realistas y literariamente coherente, y otra con acentos de broma irónica.
Timothée de Fombelle. Tobi Lolness. La huida de Tobi (Tobie Lolness. La vie suspendue, 2006). Barcelona: Salamandra, 2007; 316 pp.; trad. de Teresa Clavell Lledó; ISBN: 978-84-9838-125-2.
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martes, 21 de agosto de 2007
Hace unos meses falleció Lloyd Alexander, autor de las Crónicas de Prydain y de otros relatos de fantasía que no han sido traducidos al castellano. Tal vez ahora...
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miércoles, 25 de julio de 2007
Una reseña (demasiado rápida) sobre Harry Potter and the Deathly Hallows. Y la misma, resumida, en Aceprensa. Dentro de unos días la integraré en la ficha completa de J. K. Rowling. Algunas ideas en relación con la crítica de un libro así están en la nota que salió en su momento sobre Harry Potter and the Half-Blood Prince.
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viernes, 26 de enero de 2007
Un apéndice al comentario de ayer.
Cuando leí este texto de Philip Pullman:
«La penitencia y absolución preventivas eran unas doctrinas que (...) implicaban realizar penitencia por un pecado aún no cometido, una penitencia intensa y ferviente acompañada por castigos corporales y flagelación que tenía por objeto acumular una especie de cuenta de crédito. Cuando la penitencia había alcanzado el nivel adecuado en relación con un determinado pecado, al penitente se le concedía la absolución por adelantado, aunque tal vez nunca cometiera tal pecado. A veces era preciso matar a alguien, por poner un ejemplo, y esa acción resultaba mucho menos ingrata para el asesino si lo ejecutaba en estado de gracia».
...me vino a la cabeza este otro de Terry Pratchett, tomado de Mort, cuando habla de las «uvas reanuales» y el narrador explica que
«reciben el nombre de reanuales aquellas plantas que crecen hacia atrás en el tiempo. Se siembran este año y crecen el año pasado». Y sigue: «Los cultivadores de reanuales eran, por lo general, hombres corpulentos y serios, muy dados a la introspección y al análisis exhaustivo del calendario. Un agricultor que se olvida de sembrar semillas normales sólo pierde la cosecha, mientras que quien se olvida de sembrar las semillas de una cosecha que ya ha sido recogida doce meses antes, se arriesga a poner en peligro toda la estructura de la causalidad, por no mencionar que es una vergüenza enorme para él».
El segundo es gracioso. La solemnidad del primero lo vuelve ridículo.
Philip Pullman. El catalejo lacado (The Amber Spyglass, 2001). Barcelona: Ediciones B, 2001; 444 pp.; col. La escritura desatada; trad. Dolors Gallart y Camila Batlles; ISBN: 84-406-9947-6.
Terry Pratchett. Mort (1987). Barcelona: Plaza & Janes, 1998, 2ª impr.; 320 pp.; col. Los Jet; trad. de Cristina Macía, con la colaboración de Celia Filipetto; ISBN: 84-01-47941-X.
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jueves, 25 de enero de 2007
Siempre me ha parecido más prudente hablar de libros que de autores, también porque hasta los mejores escritores a veces se columpian. Para mí es el caso de Philip Pullman con su jaleada trilogía La Materia Oscura. A pesar de sus méritos literarios es una obra muy descompensada y lastrada por los prejuicios del autor. Es, también, un ejemplo de manual de cómo hay misiones que nunca se le pueden encargar a un relato (supuestamente) infantil-juvenil —es todo demasiado complejo—, o a una novela de fantasía —todo acaba siendo ridículo—, o a una novela extensa —un relato corto sugiere pero uno largo se atasca—. Para quien eso no le baste, el comentario extenso que va con esta nota desarrolla esas opiniones.
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viernes, 19 de enero de 2007
He leído (rápido) Panteón, de Laura Gallego, la última entrega de las Memorias de Idhún. Reafirmo mi juicio anterior sobre la saga: éxito muy por encima de sus méritos, realización muy por debajo de la capacidad de la autora. A eso añado algo en lo que no había reparado antes: a pocas novelas como a estas se las puede llamar con tanta propiedad culebrones, por motivos argumentales y por multitud de frases tipo «la hoguera del fuego de tus ojos». Además, por el modo en que se presentan las relaciones amorosas y sexuales entre adolescentes, también son un buen ejemplo de lo apuntado en la nota que titulé «Simuladores de vuelo engañosos».
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jueves, 5 de octubre de 2006
Otra serie deudora del Mabinogion: The Dark is Rising, título de uno de los libros y de una pentalogía firmada por Susan Cooper. Debo indicar que, cuando preparé la primera edición de Bienvenidos a la Fiesta, tenía esta serie en las listas de libros que debía leer, pero no encontré una traducción al castellano y lo dejé. Pero hace dos meses, después de haber publicado la edición reciente de BF, he sabido que se había editado en España el año 2002. Quizá de más nivel literario que las Crónicas de Prydain en algunos tramos, no tiene su tirón aventurero y es bastante inferior en atractivo: el conflicto cósmico es excesivo para mi gusto.
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miércoles, 27 de septiembre de 2006

Una serie de relatos de literatura fantástica deudores del Mabinogion son las CRÓNICAS DE PRYDAIN, de Lloyd Alexander.

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miércoles, 1 de febrero de 2006
Aunque Diana Wynne Jones me parece la mejor escritora actual de fantasía no me ha convencido con su libro más reciente, La conspiración de Merlín. Está bien escrita y bien armada pero está pasada de vueltas —argumento enrevesado, muchos personajes, demasiadas idas y venidas entre mundos alternativos, etc.—, como comprobará quien haya leído su excelente serie de Los mundos de Chrestomanci. En cualquier caso, tanto este libro de Diana Wynne Jones, como el de Walter Moers mencionado ayer o el de Susanna Clarke de días atrás, son útiles para notar la diferencia que hay entre buenos escritores y escritores apresurados; entre ficciones que intentan contar bien una historia sin más y otras que intentan darte lecciones.
Diana Wynne Jones. La conspiración del Merlín (The Merlin Conspiracy, 2005). Barcelona: Roca Editorial, 2005; 411 pp.; trad. de Camila Batlles; ISBN: 84-96284-57-3.
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martes, 19 de julio de 2005

Un libro infantil-juvenil se dirige a niños y jóvenes. Por eso, una buena opción es acentuar mucho lo narrativo (igual que otra puede ser subrayar el humor). Otra, es centrar el interés en la evolución y las cualidades del personaje central (igual que otra puede ser centrarlo en un argumento interesante). Y otra, como una gran mayoría de los lectores leen personajes más que historias, es presentar sus aventuras con formato de serie (de igual modo que hay autores que, por principio, renuncian a escribir series).
Por eso, intentar desmerecer los libros de Harry Potter comparándolos con El señor de los anillos es como hacer de menos un partido de fútbol juvenil comparándolo con uno de primera división. Querer hacerlo poniendo a Rowling al nivel de Roald Dahl es como esperar que un pivot poderoso de 2,20 juegue como un base rápido de 1,90. Decir que las Crónicas de Narnia son mejores literariamente a causa de sus argumentos más variados y de sus descripciones de más calidad, es como decir que el tenis en tierra batida es mejor que el tenis en pista rápida. Reprocharle a Rowling que los seis libros publicados tengan la misma estructura es como afirmar que lo malo de las carreras de 1.500 metros es que todas tienen 1.500 metros.
Por tanto, la crítica de un libro infantil ha de considerar qué resultados consigue ese libro con sus destinatarios. Ha de dejarse guiar por el texto mismo y no intentar aplicarle los propios prejuicios y criticar lo que no contiene ni ha querido contener nunca. Ha de ponerlo al lado de los libros semejantes a él, tanto en el tiempo en que fueron escritos como en la estructura elegida por sus autores.

Con esas ideas de fondo, aquí están una crítica de Harry Potter and the Half-Blood Prince, Harry Potter y el príncipe mestizo, y una ficha completa de J. K. Rowling.

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miércoles, 22 de junio de 2005
El amuleto de Samarkanda, de Jonathan Stroud, es un relato bien escrito, divertido, intrigante... Desde algunos puntos de vista, es de lo mejor que he leído en la estela de Harry Potter. Pero lo cierto es que los préstamos de obras anteriores son tantísimos que todo parece ser un ensamblaje de piezas, un ensamblaje muy bueno, eso sí. La novedad está en un toque posmoderno realmente sabroso: las notas a pie de página a cargo de uno de los narradores tienen verdadera gracia y funcionan francamente bien.
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miércoles, 8 de junio de 2005
Una saga más de aventuras fantásticas, de las muchas que nos invaden en los últimos tiempos detrás de la estela de Harry Potter, es la firmada por Suzanne Collins, cuyos dos primeros libros son Gregor: La profecía del Gris y Gregor: La profecía de la Destrucción. Son como esas películas de acción que repiten lo ya conocido pero que, como vienen filmadas por un buen director y están realizadas con profesionalidad, se dejan ver y, además, siempre contienen algún hallazgo novedoso (en este caso, por ejemplo, que las cucarachas sean unos seres nobles aunque no muy listos)... Eso sí, vale la pena tomar nota de la decisión moral que toma un protagonista de once años que, aunque todo parecía empujarle a lo contrario, decide no matar una rata recién nacida: porque es «el peor acto de maldad que existe. O sea, quiero decir, si eres capaz de matar un bebé, ¿de qué no serás capaz ya entonces?». Vales muchísimo, chaval.
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lunes, 7 de febrero de 2005
Uno de los libros juveniles estrella de las navidades del año 2004 fue Eragon, de Christopher Paolini, que llegó precedido de un éxito masivo en los EE.UU. En su contra tiene no pocos defectos literarios y de construcción que lo hacen un producto inconsistente y superficial. A su favor juega que su autor lo escribió con sólo quince años y que tiene ritmo y engancha. Sin duda, puede conectar con los sueños de aventura de muchos adolescentes aunque a cualquier lector experto, y esto muchas veces tiene que ver poco con la edad, se le caiga de las manos.
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