bienvenidos a la fiesta
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domingo, 27 de febrero de 2011
Entre las manifestaciones de independencia intelectual de Hannah Arendt, aparte de que fumaba puros en público, vaya escándalo, estuvo también su rechazo a ser alineada dentro de los movimientos feministas de su época.
Así, escribía en una carta de 1970: «En junio regreso a Nueva York, donde he de perder tiempo en doctorados honoris causa, de los cuales he recibido cinco este año —una inflación debida al movimiento feminista totalmente enloquecido. El año que viene probablemente les tocará a los homosexuales».
Y, en otra ocasión, respecto al diálogo con sus estudiantes, decía: «estas chicas talentosas lo tienen difícil, tanto más cuanto menos se muestran dispuestas a reflexionar en serio sobre las cuestiones de la mujer, que han sido bastante desordenadas entre otras cosas por el movimiento feminista. Aquí toda esta tontería vuelve a ponerse en marcha en relación con los movimientos de liberación, y las estudiantes te preguntan cómo se hace para seguir siendo queridas por los hombres. Entonces, cuando les dices que cocinando bien, que el trabajo no deshonra, etcétera, se quedan pasmadas».
En fin, siempre hay cosas de sentido común que, cuando las dice alguien no sospechoso, suenan mejor.
Teresa Gutiérrez de Cabiedes. El hechizo de la comprensión: vida y obra de Hannah Arendt (2009). Madrid: Encuentro, 2009; 454 pp.; prólogo de Alejandro Llano; ISBN: 978-84-9920-002-6.
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domingo, 16 de agosto de 2009
Me ha gustado Bambi contra Godzilla, comentarios de David Mamet sobre distintos aspectos del mundo del cine, donde dice lo que piensa sin cortarse. Como ejemplo, véanse unos párrafos del capítulo «Mujeres, escribir para ellas», que arreglo y recorto un poco: «La falta de sentimentalismo es un mérito en un escritor y distingue a los simplemente buenos de los que tienen algo que decir de verdad. No hace falta [que los escritores se vistan de profetas] para recordarnos las creencias populares de nuestros tiempos: la publicidad ya se ocupa de eso bastante bien. El verdadero escritor no debe escribir lo aceptable, sino lo que es verdad». Eso se aplica, en particular, a la representación de las mujeres en las ficciones de hoy: «la mojigatería política y la emancipación política de las mujeres ha dado lugar a una avalancha de literatura insustancial. (...) Las clases bajas de hoy parecen disfrutar con las representaciones de las mujeres como víctimas sexuales (abusos, violación, acoso); las clases más altas, como víctimas del matrimonio. (...) Sin embargo, la verdadera representación de mujeres tiene en cuenta dos cosas: en qué se parecen las mujeres a los hombres y en qué se diferencian. Porque decir que todas las personas son iguales no equivale a decir que son idénticas, y confundir lo político con lo práctico nos llevó a barbaridades como el programa de autobuses escolares para la promoción de la integración racial de los años setenta y la teoría literaria feminista. (...) Tennessee Williams, Truman Capote, Noël Coward crearon personajes femeninos que eran fantasías masculinas concebidas por hombres homosexuales. Muy agradables, desde luego, pero poco acertadas». En definitiva, dice Mamet, «apliquemos a la literatura (donde las cuestiones de gusto pueden, disons le mot, corromperse con una hipocresía inducida a través de la educación) los mismos criterios que aplicamos a las obras del mundo del espectáculo. En este último hacemos nuestras elecciones verdaderas y sin trabas basándonos en el contenido y el valor, no en la política».
David Mamet. Bambi contra Godzilla (Bambi vs. Godzilla: On the Nature, Purpose, and Practice of the Movie Business, 2006). Barcelona: Alba, 2008; 315 pp.; trad. de Carlos Milla e Isabel Ferrer; ISBN: 978-84-8428-389-8.
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viernes, 23 de noviembre de 2007
Anne Elliot y el capitán Harville discuten sobre si los sentimientos de los hombres o de las mujeres son más o menos fuertes. El capitán invoca en su favor el testimonio de los libros acerca de la ligereza femenina, y Anne replica: «Si no le importa, es mejor no citar ejemplos de los libros. Los hombres han tenido todas las posibilidades de contar su historia y nosotros ninguna. La educación siempre ha estado en sus manos, mucho más que en las nuestras; la pluma siempre ha sido de ustedes. No admitiré que los libros sean prueba de nada». Sin duda, los libros de la propia Jane Austen no servirían de argumento al capitán Harville.
Jane Austen. Persuasión (Persuasion, 1818). Madrid: Cátedra, 2003; 330 pp.; col. Letras universales; edición de Pilar Hidalgo, trad. de Juan Jesús Zaro; ISBN: 84-376-2062-7.
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jueves, 30 de marzo de 2006
La fascinación de las novelas de Jane Austen y de George Eliot está en con qué perspicacia e inteligencia nos presentan, desde dentro, los entresijos de unas maneras de ver y juzgar el mundo con unas perspectivas característicamente femeninas. De la primera decidí no seleccionar ninguna obra para Bienvenidos a la Fiesta, aunque tentado estuve, y estoy, de incluir Orgullo y prejuicio. De Eliot sí elegí El molino sobre el Floss, por ser un relato sobre la infancia de dos hermanos, pero sin duda es más poderosa Middlemarch, un prodigio de novela. Cientos de libros después sigo viendo esas novelas a siglos-luz de distancia del noventa y nueve por cien de las novelitas de asuntos femeninos de ahora. Y me alegra comprobar que las chicas listas que conozco también.
Actualización: incluyo a Jane Austen el 18.XII.2008.
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viernes, 29 de julio de 2005
Cuenta Edith Stein en su impresionante autobiografía de infancia y juventud, Estrellas amarillas, que tres amigas de juventud compartían con ella la preocupación por la cuestión femenina y se planteaban «la doble vocación». Ellas sostenían la necesidad de renunciar a la profesión debido a la maternidad y sólo Edith Stein sostenía que por nada del mundo renunciaría a su profesión. Al final, cuenta, «las tres se casaron y a pesar de ello ejercieron su profesión. Únicamente yo no me casé, pero también soy la única que hice un compromiso por el cual hubiera sacrificado con toda la alegría cualquier profesión». Ya se ve que la historia nunca está escrita.
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miércoles, 25 de mayo de 2005
Según parece, Hannah Arendt se opuso inquebrantablemente a ciertas dimensiones sociales del movimiento de liberación de la mujer. «En una ocasión, durante una discusión pública de Women´s Liberation, escribió: "La cuestión real a preguntar es: ¿qué perdemos si ganamos?"».
Elisabeth Young-Bruehl. Hannah Arendt.
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miércoles, 18 de mayo de 2005
Otra cita de George Eliot en Middlemarch: «El problema de la mujer, ante el que el señor Brooke se sentía completamente desconcertado, apenas podía ser menos complicado que el de la rotación de un sólido irregular».
George Eliot. Middlemarch. Un estudio de vida en provincias (Middlemarch. A Study of Provincial Life, 1872). Barcelona: Alba Editorial, 2000; 890 pp.; col. Clásica Maior; trad. de José Luis López Muñoz; ISBN: 84-84280195.
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jueves, 12 de mayo de 2005
«Nunca pienso en el feminismo, es decir, nunca pienso que haya cualidades específicamente masculinas o femeninas. Supongo que yo divido a la gente en dos grupos, los fastidiosos y los no fastidiosos, sin considerar su sexo. Sí, y también existen los medianamente fastidiosos y los rara vez fastidiosos».
Flannery O´Connor. El hábito de ser.
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