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Notas del archivo 'Educación (desde abajo)' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
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jueves, 10 de junio de 2010

Recientemente ha fallecido Alan Sillitoe, el autor de La soledad del corredor de fondo, un buen relato corto parcialmente semejante a El guardián entre el centenoun chico listo que, desde un reformatorio, nos habla de la vida tal como él la ve; un chico también que no sólo ve al educador en un bando opuesto al suyo sino que aprecia con claridad que no se mueve por ayudarle seriamente a él, sino por motivos egoístas...

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jueves, 18 de marzo de 2010

Creo que hace años leí un libro de Forrest Carter titulado La estrella de los cheroquis, y ahora lo he vuelto a leer en una edición titulada Montañas como islas. Digo esto porque algunas cosas me han sonado a conocidas pero, sea como sea, es seguro que no tomé notas entonces y que no me gustó tanto como ahora. Y lo digo también porque no sé la razón, en ambos casos, de no conservar en castellano el título original: La educación de Pequeño Árbol, que da más idea de su carácter de novela de aprendizaje. Es un relato con defectos, sí, pero con un gran encanto: se comprende bien su popularidad.

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miércoles, 13 de junio de 2007

Cuenta también Astrid Lindgren que «“¡Domínate y sigue!” eran las palabras de nuestra madre cuando uno se ponía a pensar en las musarañas mientras enjuagaba algo en el fregadero o en una tina, porque desde luego [cuando éramos niños] también nos hacían ayudar en la casa. Una frase así no se olvida: “¡Domínate y sigue!” No sé cuántas veces me la repetí yo, cuando deseaba rehuir un trabajo desagradable que, sin embargo, tenía que hacerse».

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martes, 29 de mayo de 2007

En sus memorias, Astrid Lindgren, una de las más importantes escritoras infantiles del siglo XX, recuerda su infancia y a sus padres con gozo: «Era bonito ser niño allí, y bonito, sobre todo, ser hijo de Samuel August y Hanna. ¿Por qué era tan bonito? He pensado con frecuencia en ello, y creo que ya tengo la respuesta. Tuvimos dos cosas que hicieron de nuestra niñez lo que afortunadamente fue: sensación de seguridad, y libertad. Nos sentíamos seguros junto a unos padres que tanto se querían y que siempre tenían tiempo para nosotros, cuando les necesitábamos, pero que por lo demás nos dejaban jugar y retozar libremente por el maravilloso lugar que Näs representaba para unos chiquillos. Desde luego éramos educados con disciplina y en el temor de Dios, como requerían las costumbres, pero en nuestros juegos disfrutábamos de una libertad estupenda, y nadie nos vigilaba. Y nosotros no cesábamos de jugar y jugar, rayando casi en el milagro que no nos matásemos».

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sábado, 26 de mayo de 2007

Luigi Giussani: «Sólo una época de discípulos puede dar una época de genios, puesto que sólo el que es primeramente capaz de escuchar y comprender crece en una madurez personal que le hará después capaz de juzgar y afrontar la realidad, hasta —eventualmente— abandonar lo que le había alimentado».

Luigi Giussani. Educar es un riesgo.

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martes, 14 de febrero de 2006

En Calvin y Hobbes:

Hobbes dice: —¿No se supone que deberías estar haciendo los deberes?
Calvin contesta: —No pienso hacerlos. Los deberes son malos para mi amor propio.
Hobbes se sorprende: —¿Ah, sí?
Y Calvin responde: —¡Claro! ¡Hacen que me dé cuenta que no sé muchas cosas! ¡Tanto énfasis en las respuestas correctas hace que me sienta mal cuando me equivoco!
Luego continúa: —Así que, en vez de intentar aprender, prefiero aceptarme tal como soy.
Hobbes se asombra: —¿Tu amor propio se refuerza siendo un ignorante?
Calvin matiza: —¡Por favor! ¡Se dice —informativamente reducido»!

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viernes, 3 de febrero de 2006

Las tensiones interiores de Daniel el Mochuelo, el protagonista de El camino, de Miguel Delibes, como las dudas que a veces tienen Scout y Jem Finch sobre su padre en Matar un ruiseñor, Harper Lee, subrayan que la calidad de cualquier educación no se mide por hacerlo bien a juicio de uno mismo, sino también según el juicio de los hijos, el actual y el futuro.

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viernes, 14 de octubre de 2005

Hace unos días citaba, de paso, La muerte de Ivan Ilich, de León Tolstoi. Del autor ruso, en la línea de los relatos que hablen de padres e hijos, se puede recordar Infancia, adolescencia y juventud, donde también se revela el dolor de un hijo al ver el comportamiento inmoral de su padre.

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viernes, 16 de septiembre de 2005

A la hora de pensar en las relaciones entre padres e hijos con frecuencia recuerdo el comentario de Teddy, un chico listísimo protagonista de un relato de J. D. Salinger, cuando dice que sí, que se lleva bien con sus padres, que quiere que «disfruten mientras vivan, porque les gusta pasarlo bien... Pero ellos no me quieren a mí ni a Booper, que es mi hermana, de ese mismo modo. Lo que quiero decir es que no pueden querernos tal como somos. Parece que no pueden querernos si no intentan cambiarnos un poquito. Quieren sus motivos para querernos tanto como nos quieren a nosotros, y a veces más. Así no es tan bueno».

Jerome David Salinger. Teddy, en Nueve cuentos.

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viernes, 22 de julio de 2005

Uno de los libros más inteligentes y conmovedores y bien escritos de los últimos años, de los que yo he leído, es Verde agua, de Marisa Madieri. También en él podemos ver a un padre observado por su hija, como decía días atrás de Matar un ruiseñor (Harper Lee), pero en este caso bajo una luz poco favorable, aunque sobre todo lo que aquí destaca es la mirada de amor y agradecimiento de una hija hacia su madre, como la elección del título refleja.

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viernes, 15 de julio de 2005

Hay quienes opinan que la distancia entre los sexos se da, sobre todo, entre padres e hijas, que la causa de tantos desastres vitales posteriores está en que muchas chicas han crecido sin un modelo paterno apropiado. No es el caso de Matar un ruiseñor, de Harper Lee, donde la narradora Scout Finch observa con admiración y cada vez mayor respeto a su padre, cuya categoría se refuerza no sólo por lo que los hijos ven sino por lo que afirman sobre él otros adultos que los niños respetan.

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sábado, 25 de junio de 2005

Una educación que dice muchas cosas de cómo ir pero no dice nada de a dónde ir acaba siendo mareante. En una tira de Calvin y Hobbes la profesora dice: «si no hay preguntas pasaremos a la siguiente lección»; y Calvin levanta la mano: «Yo tengo una»; «muy bien, Calvin. ¿Cuál es?», contesta la profesora; y Calvin pregunta: «¿Cuál es el sentido de la existencia humana?»; a lo que la profesora replica: «me refería a preguntas sobre la lección de hoy»; y Calvin apostilla: «Oh. Francamente, me gustaría averiguarlo antes de seguir malgastando energía».

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viernes, 15 de abril de 2005

El singular Lemony Snicket, en uno de los libros de UNA SERIE DE CATASTRÓFICAS DESDICHAS, El aserradero lúgubre, dice lo siguiente sobre la autoestima: «A menudo, cuando los niños tienen problemas, oiréis decir a la gente que todo se debe a su baja autoestima. (...) En la mayoría de los casos, sin embargo, meterse en problemas no tiene nada que ver con la baja autoestima. Suele tener mucho más que ver con lo que está ocasionando el problema —un monstruo, un conductor de autobús, una piel de plátano, unas abejas asesinas, el director de la escuela— que con lo que pienses de ti mismo».

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