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Notas del archivo 'Novelas «históricas»' :: bienvenidosalafiesta ::    
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domingo, 13 de noviembre de 2016

El caballero de El Dorado,
del escritor colombiano Germán Arciniegas, es una rica semblanza literaria de la vida y personalidad asombrosas de Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador de Nueva Granada, hoy Colombia. Es una descripción magnífica —sin duda imaginativa y algo barroca, pero bien apoyada en los documentos conocidos— de los ambientes y las gentes de la conquista y después, pasadas unas décadas, de los primeros pasos de la vida en la colonia, cuando Quesada, después de un tiempo en Europa, tiene un talante muy distinto, un poco de caballero andante…

Puede dar una idea del lenguaje y del estilo un párrafo sobre un momento crítico de una expedición frustrante. Indica el narrador cómo Quesada, «mirando en torno solo encuentra ojos que denuncian la fatiga y la fiebre; soldados de barba inmunda y revueltos cabellos, que con trajes desgarrados parecen una corte de mendigos azarosos; ilusos de ayer que han perdido la esperanza; compañeros leales que primero tuvieron fe en El Dorado y ahora, ya en derrota, melancólicos, la ponen en Dios y en Santa María».

El autor, aparte de contar las andanzas de su héroe, habla también de sus familiares, de otros dos Quesadas del siglo XVI: de Gaspar Quesada, «que sale de Andalucía en la expedición de Magallanes justamente cuando Gonzalo tendría veinte años» y que fue uno de los que se rebelaron contra Magallanes; de Alonso Quesada, «que saldrá de la Mancha muerto ya Gonzalo», cuya vida, conjetura el autor, «la escribirá un letrado que, si no consigue embarcarse con rumbo a América, no habrá de ser por falta de voluntad. Este letrado será don Miguel de Cervantes».

Al paso, el narrador se refiere a contemporáneos de Gonzalo Quesada y, por ejemplo, compara los comportamientos de los reyes indígenas ante la sed de oro de los españoles: en México, Moctezuma y Cuauhtemotzin ante Cortés; en Perú, Atahualpa frente a Pizarro; Caupolicán en Chile y Sacresaxigua frente a Quesada. Al final, dirá que «ningún conquistador pasó los trabajos que Quesada pasó. Ninguno fue tan duramente mordido por el desencanto y las tristezas. Ninguno murió más pobremente, ni más viejo y sufrido, a la sombra de tejas que no fueron suyas. Pero ¿qué significan todas estas vanidades? Gonzalo dijo: “Espero la resurrección de los muertos”. Y su epitafio está cumplido. Reverdece su vida en la de Don Quijote, que nunca habrá de marchitarse».

Germán Arciniegas. El caballero de El Dorado (1969). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1969; 244 pp.; col. Cimas de América.

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jueves, 22 de septiembre de 2016

Otra novela clásica que no había leído hasta este verano pasado: Eugenia Grandet, la novela más popular de Honoré de Balzac. Forma parte de La comedia humana, pero es una narración completa en sí misma, y se suele decir que, después de El avaro, de Molière, en ella figura el avaro más famoso de la literatura.

Se sitúa en la época de la restauración borbónica y se centra en el tío Grandet, un bodeguero provinciano que se hace muy rico gracias a su habilidad y a su dureza. Vive con su mujer, su hija Eugenia, y una fidelísima criada. Eugenia es una chica que vive recluida e ignorante de los manejos de su padre, y que tiene varios pretendientes que buscan, tanto ellos como sus familias, acceder a su futura fortuna. Ella no les hace mucho caso hasta que, un día, llega a su casa, desde París, su primo Charles y ambos se enamoran. Pero, debido a las noticias que le llegan acerca del padre de Charles, el tío Grandet se opone rotundamente a la relación y a cualquier futuro compromiso.

Los dos primeros tercios de la narración muestran el aumento progresivo de la avaricia, y de la habilidad sin escrúpulos para los negocios, de Grandet. Así, al principio se habla de que «financieramente hablando, el señor Grandet tenía algo del tigre y de la boa; sabía tenderse en el suelo, encogerse, observar largo rato su presa, arrojándosele encima, después abría las fauces de su bolsa, engullía una carga de escudos y se acostaba tranquilamente, como la serpiente para digerir, impasible, frío, metódico». Hacia la mitad de la historia Eugenia empieza a mirar a su padre con otros ojos y, poco a poco, el relato mostrará la evolución de su carácter. Al final el narrador dirá que, a pesar de «las mezquindades de su educación y de su vida primera», fue una mujer que demostró una singular grandeza de alma.

Honoré de Balzac. Eugenia Grandet (Eugénie Grandet, 1833). Madrid: Siruela, 2010; 232 pp.; col. Tiempo de clásicos; trad. de Mauro Armiño; ISBN: 978-8498413762. [Vista del libro en amazon.es]

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viernes, 13 de septiembre de 2013

He leído este verano Mil soles espléndidos, de Khaled Hosseini, una novela que tenía en mis listas desde que se publicó. Igual que Cometas en el cielo, su argumento repasa la historia reciente de Afganistán pero, en vez de ser un relato de padre e hijo, es de madres e hijas. Su título se debe a unos versos de un poema sobre Kabul escrito en el siglo diecisiete: «Eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas, o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras sus muros».

El arco temporal va de comienzos de los años sesenta hasta el año 2003. Empieza con la historia de Mariam, una harami, una hija ilegítima de un hombre de negocios con una de sus criadas, a quien, con quince años, la casan con Rashid, viudo, treinta años mayor que ella, un hombre cuya brusquedad se acentúa cuando Mariam pierde a su hijo. La segunda parte se centra en Leila, una niña vecina de Mariam y Rashid, culta y con unos padres amables a los que pierde durante la guerra civil que vive Afganistán cuando ella tiene poco más de quince años: Rashid le salva la vida y le pide que se case con él, cosa que acepta pues está embarazada. La tercera parte es la vida de ambas ya con Rashid: al principio su relación entre ellas es muy difícil pero, poco a poco, va siendo de amistad y ayuda frente al comportamiento cada vez más cerril y violento de Rashid.

Al autor le interesa esta vez no tanto repasar los dolorosos acontecimientos de las últimas décadas como poner de manifiesto las duras condiciones de vida de muchas mujeres en su país y, en esas condiciones, hacer notar cómo es su abnegación como madres, dispuestas a cualquier cosa por sus hijos, la que al final sostiene a su pueblo: ellas son los mil soles espléndidos de los que hablaba el poeta. En esta dirección la novela consigue de lleno su objetivo: las peripecias de las protagonistas conmueven al lector y le hacen comprender algo más el mundo, mentalmente tan lejano, de muchos de sus personajes. El autor hace hábiles alusiones o referencias al mundo norteamericano, unas ocasionales y otras explícitas: por ejemplo, el padre de Laila tiene un libro favorito: «la historia de un viejo pescador llamado Santiago que atrapaba un enorme pez. Pero cuando volvía a la orilla con su bote, no quedaba nada del pez capturado, pues se lo habían comido los tiburones» (tal vez otra metáfora de un país desgarrado).

Khaled Hosseini. Mil soles espléndidos (A Thousand Splendid Suns, 2007). Barcelona: Salamandra, 2007; 378 pp.; trad. de Gema Moral Bartolomé; ISBN: 978-8467230093.

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jueves, 5 de septiembre de 2013

Los héroes son mentira, de Rosa Huertas, tal vez debería titularse Los héroes no son mentira, pues esa es la idea que transmite, además de ser el encabezamiento de uno de los capítulos. El padre de Rosa —la narradora—, enfermo de gravedad, rememora la dura experiencia de la guerra de Ifni (1957-58), en la que fue teniente de infantería, y la relación que tuvo con Pelargón, su asistente, que murió en una acción heroica sin ningún reconocimiento oficial. Tras fallecer, la narradora se reúne con Rafita Jiménez, el mejor amigo de Pelargón, y completa su conocimiento de la historia.

Relato con un argumento que tiene interés en sí mismo y también porque pone delante de los lectores actuales una época y unos acontecimientos olvidados. Se combinan bien la mezcla de situaciones —la inquietud por el padre enfermo y su atención, los acontecimientos de aquella guerra, las gestiones de la narradora para completar la información que le falta—. Se usan dos registros: el sobrio y directo del padre cuando habla del pasado, y el más rebuscado y cálido de la hija cuando reflexiona sobre su padre y concluye que «nada es como nos contaron, empiezo a verlo ahora, a la vuelta del camino. Ni siquiera mi padre es como yo creía».

Rosa Huertas. Los héroes son mentira (2013). Zaragoza: Edelvives, 2013; 229 pp.; col. Alandar; ISBN: 978-84-263-8682-3.

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viernes, 16 de agosto de 2013

Estos meses atrás leí HHhH, sobre un episodio de la segunda Guerra Mundial, y En la corte del lobo, sobre la figura de Thomas Cromwell. Son dos novelas «históricas» muy distintas, no sólo en las épocas y escenarios, sino sobre todo en los enfoques. Esta reseña de la novela de Laurent Binet y esta otra de la de Hilary Mantel, reflejan bien los rasgos y los méritos de cada una. A ellas añadiría dos comentarios.

En HHhH la presencia tan abrumadora del autor-narrador a lo largo del relato acaba resultando incómoda, e incluso muy incómoda: no creo que a la mayoría de los lectores les interesen tanto sus peripecias y, aunque tal vez el autor no lo pretenda, suena tremendamente vanidoso. Además, no veo esa forma de narrar como una muestra de originalidad sino, mientras no se demuestre lo contrario, como una muestra de incapacidad de articular un buen relato.

Al leer En la corte del lobo en bastantes momentos tuve la sensación de que muchos pensamientos y acciones, de Cromwell sobre todo, se adaptan mucho a los gustos y las expectativas del lector actual. Esto no es necesariamente un demérito para un novelista pero tuve la sensación de que la autora no cumplía sus propias exigencias según unas declaraciones suyas que le leí hace unas semanas.

En los dos casos ni conozco del todo los hechos históricos ni he leído los relatos con tanto cuidado como se requeriría para darle un apoyo más fuerte a esas opiniones. Sea como sea, son dos buenas novelas.

Lauren Binet. HHhH (2010). Barcelona: Seix Barral, 2011; 391 pp.; trad. de Adolfo García Ortega; ISBN: 978-84-322-0932-1.
Hilary Mantel. En la corte del rey lobo (Wolf Hall, 2009). Barcelona: Booket, 2012; 752 pp.; col. Booket Logista; trad. de José Manuel Álvarez Flórez; ISBN: 978-8423323456.

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viernes, 14 de diciembre de 2012

Me recomendaron también hace poco Silencio, la novela más famosa de Shûsaku Endô, un autor del que no había leído antes nada.

Consta de un prólogo y diez capítulos. En el prólogo se cuenta que, en 1587, con el cambio del gobernador de Japón, se inició la persecución del cristianismo; luego, que en 1614 se decretó la expulsión de todos los misioneros aunque quedaron algunos ocultos; y, finalmente, que en 1637 se aprobó el plan de mandar tres sacerdotes jóvenes cuyo periplo comienza por Goa y Macao. Los cuatro primeros capítulos son las cartas de uno de ellos, Sebastián Rodrigo, donde narra los preparativos de su partida, su contacto en Macao con un extraño japonés llamado Kichijiro, y su llegada al pueblo costero de Tomogi, que resulta ser cristiano. Los siguientes, ya en tercera persona pero desde la perspectiva del personaje, se dedican a los avatares trágicos de su vida desde que lo capturan. El último capítulo, trozos de diarios de un agente holandés y de un funcionario, termina con la muerte de Rodrigo en 1660.

Intensísima narración que desea entrar en la piel del protagonista, en sus ideales y esperanzas del comienzo, y en sus crecientes dudas y temores según avanza su historia. Estos últimos se centran no en el miedo físico al sufrimiento sino en «esa sensación de que Dios sigue cruzado de brazos ante los gemidos de los hombres, de que sigue en silencio». Esto va en aumento, según avanza la novela, debido a que la táctica del señor feudal de Chikugo, el cortés y cruel Inoue, se centra en buscar que apostaten los misioneros para conseguir así que lo haga la gente: con ese motivo se suceden las torturas a otros, que los misioneros han de presenciar, y que, supuestamente, terminarían si ellos pisan públicamente las figuras de Jesucristo y la Virgen que les muestran. La novela no intenta resolver nada, sino sólo plantear el conflicto con enorme fuerza y dejar tiritando al lector.

Shûsaku Endô. Silencio (Chinmoku, 1966). Barcelona: Edhasa, 1988; 204 pp.; trad. de Jaime Fernández y José Vara; ISBN: 84-350-0540-2. Nueva edición, que no conozco, en 2009, 256 pp.; col. Narrativas Historicas; ISBN: 978-8435062077.

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viernes, 29 de abril de 2011

Maravillas del crepúsculo
es un nuevo libro del islandés Sjón, que no tiene la contundente concisión y la claridad narrativa de El zorro ártico, pero que sí es una historia poco habitual y contada con un lenguaje rico. Su protagonista y, en bastantes tramos, narrador es Jónas Pálmason el Erudito, un personaje inspirado en la figura real del islandés Jón Guðmundsson el Erudito (1574-1658). Acusado de brujería, debido a sus actuaciones como curandero, exorcista y naturalista, es desterrado a la isla de Björn el del Oro en 1635. Allí reflexiona, recuerda sus actividades pasadas, y emprende un viaje a Copenhague, para conocer al sabio danés Ole Worm, y luego vuelve a Islandia con la esperanza de ser rehabilitado. Además, el libro tiene una Obertura, que narra de forma chocante la rebelión de Lucifer contra Dios, y, en medio de la narración, se intercalan voces como de diccionario, de plantas y animales, redactadas por el mismo Jónas.

Seguir la historia no es fácil. Tal vez parte de las dificultades se deban a cuestiones de lenguaje, como la imposibilidad de trasladar la belleza poética de muchos sonidos onomatopéyicos de animales y pájaros que aparecen en el texto. Otras se deben a que los vaivenes atrás y adelante no siempre son claros, a que son poco comunes muchas expresiones e imágenes, y, al menos para ciertos lectores, a que no son pocas las descripciones repugnantes, por más que muchas sean excelentes («apestaba como el eructo de la tráquea de un muerto»). Pero, sobre todo, es difícil conectar con el relato cuando no se comprenden bien la cultura y, en particular, la religiosidad de un protagonista luterano que conserva creencias católicas entremezcladas con un gran bagaje de relatos paganos anteriores. Al leer el libro he recordado que Christopher Dawson decía que «las sagas nórdicas son productos de la Cristiandad medieval en la misma medida que lo son las canciones de gesta, y que estamos en deuda con los clérigos y escuelas de la Islandia cristiana por haber conservado la rica tradición nórdica de mitología, poesía y sagas».

Con todo, aunque el libro sea un tanto extraño y no fácil de leer, lo cierto es que Jónas Pálmason es un personaje difícil de olvidar, que la narración tiene intensidad, y que algunos episodios son extraordinarios, como el del enfrentamiento del protagonista con un aparecido al que persigue y exorciza, o el de la presencia, y luego el fin trágico, de los balleneros vascuences que acudían anualmente a Islandia.

Sjón. Maravillas del crepúsculo (Rökkurbýsnir, 2008). Madrid: Nórdica, 2011; 213 pp.; col. Letrasnórdicas; trad. de Enrique Bernárdez; ISBN: 978-84-92683-38-3. [Vista del libro en amazon.es]
Christopher Dawson. «La segunda “Edad Oscura” y la conversión del Norte», en La religión y el origen de la cultura occidental (Religion and the Rise of the Western Culture, 1950). Madrid: Encuentro, 1995; 228 pp.; col. Ensayos; trad. de Elena Vela; ISBN: 84-7490-374-2. Nueva edición el año 2010; 256 pp.; prólogo de José Andrés Gallego; ISBN: 978-84-9920-026-2. [Vista del libro en amazon.es]

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Lautaro
,
de Fernando Alegría, es una novela histórica chilena basada en el poema épico La Araucana. Está magníficamente pintado el enfrentamiento entre los dos protagonistas, el español Pedro de Valdivia y el chileno Lautaro, dos «hombres que no temieron a la muerte».

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Enriquillo
,
de Manuel de Jesús Galván, y El esclavo de Atila de Géza Gárdonyi, son novelas antiguas que podemos llamar históricas por los dos motivos: por la fecha de su publicación y porque sus autores intentaron recordar épocas pasadas de sus propios países, la República dominicana y Hungría.

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viernes, 16 de octubre de 2009

Las confesiones de un italiano,
de Ippolito Nievo, es un novelón decimonónico que Claudio Magris en su breve prólogo dice que puede rivalizar con Los novios, comparación que a mí me cuesta trabajo aceptar aunque sin duda es mucho más prudente hacer caso a Magris. Yo la he leído con gusto pero también con esfuerzo (y en algunos momentos muy rápido) pues es en exceso prolija y no distingue bien lo importante de lo secundario: son muchos los personajes y las digresiones; y a veces me han cansado los acentos folletinescos y moralizantes.

El narrador, un noble veneciano llamado Carlo Altoviti, cuenta su vida desde 1780 hasta 1855, y en ella entreteje lo que le sucede a él —peripecias familiares, amores, ascenso social, etc.— con los acontecimientos históricos que vive —invasión napoleónica, revoluciones, etc.—. Uno de los hilos conductores de su argumento son los vaivenes de su amor por Pisana, un personaje impredecible y desesperante, de valor incalculable para quienes disfrutan con las novelas románticas.
La grandeza del libro, dice Magris, «radica en su totalidad, en la presencia simultánea de una fortísima pasión y de una ecuanimidad épica ante las figuras y los acontecimientos». Y, desde luego, el hecho de que su autor la compusiese con menos de treinta años dice mucho de su talento.

Dos de las digresiones interesantes del narrador (otras no lo son tanto), muy aprovechables si la despojamos de su tono lastimero y exhortativo, son estas:

—«No me parece bajo ningún aspecto conveniente ni beneficioso permitir a los niños esa libertad infantil que excita los sentidos antes incluso que los sentimientos, poniendo en peligro la euritmia moral para toda la vida. (...) Safo y Aspasia pertenecen a la historia y no a los mitos griegos; y son dos tipos de esas almas capaces de grandes pasiones pero no de grandes afectos, como hay tantos en nuestros días por la licencia sensual que impide a los chiquillos ser inocentes antes aún de que puedan sentirse culpables».

—«Las circunstancias de la infancia, aunque no gobiernan el tenor entero de la vida, informan al menos a menudo a su manera las opiniones que, formadas en otro tiempo, se convierten para siempre en los acicates de nuestras obras. Por eso velad por los niños, amigos míos; velad siempre por los niños, si queréis hacer unos hombres de ellos. Que sus pequeñas pasiones no adquieran una mala costumbre; que una imprudente condescendencia, o una dureza excesiva, o una criminal negligencia no les hagan confundir lo justo con lo placentero, y lo abominable con lo que desagrada. Ayudadlos, sostenedlos, guiadlos. Preparadles a conciencia las ocasiones de encontrar hermosa, santa y agradable la virtud, y el vicio desagradable y feo. Una pequeña experiencia positiva a los nueve años es preferible a un curso de moral a los veinte».

Ippolito Nievo. Las confesiones de un italiano (Le confessioni di un italiano, 1867). Barcelona: Acantilado, 2008; 1104 pp.; trad. de José Ramón Monreal; ISBN: 978-84-96834-80-4.

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viernes, 23 de mayo de 2008

Lo esencial en las novelas históricas «no es la documentación histórica sino la reconstrucción de un marco histórico desde una perspectiva nostálgica», dice Carlos García Gual. En ellas al lector se le invita «a reconsiderar una cierta época y a revalorizar intelectual y sentimentalmente ciertos hechos o figuras del pasado que dramatiza». Y, «si este género falsea siempre la psicología de sus personajes, modernizándola», lo hace mucho más cuando usa la fórmula autobiográfica, que potencia más aún la radical ambigüedad.

Pensaba eso al leer Un sepulcro en el cielo, un relato de Vintila Horia en el cual El Greco cuenta su vida: sus amores, sus relaciones con Felipe II, Miguel de Cervantes, Benvenuto Cellini y otros; sus pensamientos acerca del momento histórico que le tocó vivir... Es una novela verdaderamente rica e interesante, que da idea del poder literario y de los conocimientos de su autor, pero también un ejemplo de sobreinterpretación: el personaje se ve a sí mismo y a su época por encima de sus posibilidades de comprensión. Por ejemplo, poco después del hundimiento de la Armada Invencible, un personaje le dice al Greco, a propósito de su cuadro más famoso: «Este cuadro no es el entierro del señor de Orgaz sino del proyecto universal de España. Lo que los dos sanos llevan a la tumba no es el cuerpo de un ser humano, sino el peso, vencido por la vida, de una conquista que hubiera cambiado la luz del mundo y hasta sus entrañas». Demasiado, pienso yo. Con todo, es una novela valiosa y que me ha interesado.

Carlos García Gual. «Luces y sombras. Novela histórica y biografía apologética», Sobre el descrédito de la literatura y otros avisos humanistas (1999). Barcelona: Península, 1999; 319 pp.; col. Ficciones; ISBN: 84-8307-192-4.
Vintila Horia. Un sepulcro en el cielo (1987). Barcelona: Planeta, 1987; 277 pp.; col. Narrativa; ISBN: 84-320-7190-0.

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jueves, 13 de marzo de 2008

He leído en los últimos meses la Trilogía polaca de Henry Sienkiewicz, unas novelas que hace años estuve a punto de leer en una vieja edición de bolsillo, lo que finalmente no hice porque su aspecto me desanimó. Ahora, en una nueva edición, sí he atacado las tres novelas y, a pesar de sus excesos, me han gustado por su interés aventurero: aunque hace mucho que haya dejado de ser un lector como el que fui, está bien volver a dejarse llevar por un relato de rivalidades y duelos, y de intrigas y batallas decimonónicas. Eso sí, ahora veo con claridad cuánta es la huella de un autor y su época en una novela histórica: durante la lectura pensé muchas veces en cómo no son los personajes quienes hablan sino Sienkiewicz, igual que no son los personajes del siglo de oro español quienes hablan en las novelas de Alatriste sino Arturo Pérez Reverte. Igual que ahora nos parece, y está, desfasada la visión romántica y nacionalista del primero, seguramente dentro de un tiempo nos parecerá igualmente fuera de lugar la visión cínica y desencantada del segundo.

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viernes, 27 de abril de 2007

Un libro distinto a lo habitual, una especie de ensayo biográfico, que se tituló en castellano El Bajísimo. San Francisco de Asís, de Christian Bobin. A pesar de lo que puede sugerir ese título, el Bajísimo es Dios, según se indica cuando se cuenta el cambio de vida de San Francisco de Asís: «Ni Dios padre con sus tambores, ni el Altísimo con su voz de rayo. Sólo el Bajísimo que susurra al oído del durmiente, que habla como sólo él puede hablar: en voz muy baja. Un jirón de sueño. El piar de un gorrión. Y eso basta para que Francisco renuncie a sus conquistas y regrese a su país. Unas palabras llenas de sombra pueden cambiar la vida».

Christian Bobin. El Bajísimo. San Francisco de Asís (Le Très-Bas, 1992). Barcelona: Thassàlia, 1997; 118 pp.; col. El imaginario; traducción de Manuel Serrat Crespo; ISBN 84-8237-082-0.

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jueves, 28 de diciembre de 2006

En el origen de relatos de lucha por la libertad como los mencionados, semanas atrás, Los cuarenta días del Musa Dagh de Franz Werfel y los de Yaşar Kemal, se puede colocar la narración de Iván Vazov de la rebelión búlgara del siglo XIX titulada Bajo el yugo, novela que no está en el mercado ahora mismo.

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jueves, 16 de noviembre de 2006

No he leido nada del reciente premio Nobel, Orhan Pamuk. Sí he leído cosas de la masacre de los armenios durante los años de la primera Guerra Mundial y una extensa y poderosa novela sobre la cuestión, en la que se cuenta el episodio de la rebelión de cinco mil campesinos atrincherados en el Musa Dagh, el Monte de Moisés: Los cuarenta días del Musa Dagh, de Franz Werfel.

Franz Werfel. Los cuarenta días del Musa Dagh (Die Vierzig Tage des Musa Dagh, 1933). Barcelona: Losada, 2003; 838 pp.; trad. de Nora Gutmann; ISBN: 84-932916-8-4.

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jueves, 6 de julio de 2006

La cita de Lincoln del pasado domingo no fue casualidad sino una preparación del terreno para comentar Ángeles Asesinos, la extraordinaria novela sobre la Guerra Civil norteamericana de Michael Shaara. Más madera para los que, como Lincoln y el coronel Chamberlain, piensen que la libertad no es sólo una palabra. Gran acierto la ilustración de portada de Howard Pyle.

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domingo, 17 de julio de 2005

En novelas como por ejemplo las que componen El Círculo del crepúsculo, de Ralph Isau, por decir las últimas de esa clase que recuerdo, se hacen afirmaciones sobre personajes históricos, o se les atribuyen declaraciones e intenciones que quien ha leído algo de historia sabe que no son ciertas. Por supuesto, cualquier lector de ficción no debería ignorar que si algún hecho histórico se mete dentro de la ficción, esa historia debe considerarse ficción, y más aún si como, en esos casos, en los relatos hay una clara componente no-realista. Pero un inevitable resultado de lo anterior es que algunas personas acaban teniendo una percepción equivocada de lo que sucedió. Aunque la situación parece diferente hoy, debido a que las ficciones estúpidas y mentirosas son demasiadas, merece la pena recordar lo que decía Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo: que debido a ficciones e informaciones falsas que se propagaron durante décadas, la opinión pública centroeuropea llegó a tener una percepción equivocada sobre los judíos que favoreció el crecimiento del antisemitismo y la posterior llegada del nazismo. Las mentiras, también las frívolas, no son inocentes.

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lunes, 11 de julio de 2005

Ahora que se ha vuelto a poner de moda San Benito se puede recordar Ciudadelas de Dios, una novela sobre su figura, quizá la mejor de las que firmó el prolífico Louis de Wohl, un maestro en entretejer aventuras en escenarios históricos dominados por la figura de grandes santos que hábilmente siempre aparecen al fondo de los cuadros novelescos que pinta.

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miércoles, 15 de junio de 2005

El año del Quijote ha traído, entre otras cosas, la nueva edición de una biografía novelada de Cervantes escrita por María Teresa León, titulada El soldado que nos enseñó a hablar. Es sencilla e imaginativa, y está escrita con un lenguaje rico y un estilo ágil. La disfrutarán, sobre todo, quienes ya conozcan El Quijote.

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viernes, 11 de febrero de 2005

En el mercado español hay ahora varios libros de Franz Werfel, uno de los mejores escritores austríacos de entreguerras. Entre otros, Una letra femenina azul pálido (Anagrama, 1994), una excelente novela psicológica y social cortita que se desarrolla en la Viena de 1935. Y, también, el popular y sorprendente La canción de Bernadette, un relato apropiado para mencionar justamente hoy.

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