Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas del archivo 'Sentimentalismo' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
domingo, 10 de agosto de 2014

Robert Spaemann:
«Uno no puede perdonarse a sí mismo. A veces alguien me dice: “No me lo puedo perdonar”. Aunque sea un giro lingüístico común, se trata de una expresión insensata. Dependo del perdón de otro, pero no puedo exigirle que me perdone. Toda culpa me lleva a la situación de depender del perdón [de otro].

Si he ofendido a otra persona, sería una desvergüenza explicarle que ya me he perdonado esa ofensa que le hice. Hoy está muy extendida esa desvergüenza, que suele expresarse diciendo: “Es que soy así. Has de tomarme como soy”. Esto quiere decir: me tienes que tomar como un pedazo de naturaleza, que es lo que soy. Un recurso habitual de algunos predicadores es: “Dios nos acepta como somos”. No encuentro nada de eso en el Evangelio. Jesús más bien nos exige: “¡Sed otros, convertíos, volveos de otro modo!” Jesús no dice: Dios os toma como sois y en todo caso llegaréis al Cielo».

Robert Spaemann. Sobre Dios y el mundo. Una autobiografía dialogada (Über Gott und die Welt. Eine Autobiographie in Gesprächen, 2012). Madrid: Palabra, 2014; 396 pp.; col. Biblioteca Palabra; trad. de José María Barrio Maestre y Ricardo Barrio Moreno; ISBN: 978-84-9061-034-3. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
Eliot-AdamBede.jpg
sábado, 17 de junio de 2006

George Eliot:
 «La naturaleza tiene realmente su propio lenguaje y no es mentirosa; pero todavía no conocemos las complicaciones de su sintaxis y al leer apresuradamente podemos entender una cosa distinta por completo de lo que dice en realidad. Las pestañas largas y negras son realmente muy bellas, y es difícil que exista algo más delicado. Resulta difícil no imaginarse que debajo de unos ojos hermosos, provistos de largas pestañas, no haya un alma noble y tierna; pero la experiencia me ha demostrado que, en realidad, la mujer que posea estos bellos detalles puede tener un carácter falso y sentirse inclinada a la mentira, al fingimiento e incluso ser estúpida. Pero si como reacción recurro a unos ojos de pez, puedo sorprenderme al hallar un resultado similar. Y así, se acaba sospechando que no existe una relación directa entre las pestañas y la moral, o que las pestañas pueden expresar el carácter de la abuela de uno, cosa que nos importa muy poco».

George Eliot. Adam Bede (1859). Madrid: Ediciones del Bronce, 2000; 558 pp.; col. Clásicos del Bronce; trad. de Manuel Vallvé; ISBN: 84-8453-032-9.

Enviar Imprimir
domingo, 26 de junio de 2005

Existe una visión optimista, común en la LIJ, que implícitamente sostiene que con los niños y los jóvenes bastan los buenos sentimientos. Obviamente, parece mejor tener buenas intenciones que tenerlas malas. Pero si ninguna persona sensata daría su aprobación a un libro que sostuviese que maltratar a los niños está bien, cualquier persona sensata sabe también que para un niño puede ser muy dañina la indulgencia y la bondadosidad de padres y abuelitas. Al peligro cierto del sentimentalismo bondadoso sin claridad de ideas se le puede aplicar otro comentario del personaje de Salinger, Holden Caulfield, acerca de alguien que desea sinceramente ayudarle: «No es que fuera mala persona. Pero es que no hace falta ser mala persona para destrozarle a uno. Puedes ser una persona estupenda y dejar a un tío deshecho». Y, en casos extremos, podemos encontrar personas que se apoyan en la bondad de sus motivos para justificar la tortura o el engaño o, incluso, el matar por afecto.

Enviar Imprimir
Martel#001.jpg
miércoles, 6 de abril de 2005

Cuando veo el sentimentalismo que tantas veces asoma en historias de animales o el uso indebido de metáforas como «la libertad de los pájaros», «la fidelidad de los perros» o «el egoísmo de los erizos», recuerdo enseguida Vida de Pi, de Yann Martel, una inteligente y divertida novela donde queda claro que una vida instintiva no es una vida moral.

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo