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Notas del archivo 'Thrillers' :: bienvenidosalafiesta ::    
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DavidsonKolima.jpg
viernes, 21 de abril de 2017

Lo he pasado bien leyendo Bajo los montes de Kolima, un thriller de Lionel Davidson con un elogiosísimo prólogo de Philip Pullman que, al menos en mi opinión, mejor es leerlo al final pues, en caso contrario, el lector esperará más de lo que la novela ofrece.

El héroe es un científico de origen indio-canadiense llamado Johnny Porter con un talento excepcional para los idiomas y para muchas otras cosas. Debe ir a un ultrasecreto instituto científico de Siberia donde su anciano director, que le conoció hace años, desea transmitirle algo antes de fallecer. Para eso ha de llegar hasta el pueblo más cercano e instalarse allí sin despertar sospechas. A lo largo del viaje hasta su meta ha de cambiar de identidad varias veces y ha de desempeñar distintos trabajos para borrar su rastro. Una vez en el pueblo, ha de buscarse la vida para poder entrar en las instalaciones y charlar con la persona que le ha llamado. También ha de preparar las cosas para poder huir llegado el momento.

Lo importante de la novela, la clave de su atractivo, es que se cuenta muy bien todo el proceso de acercamiento de Porter al pueblo, todos los pasos que da para trabajar allí como camionero y ganarse la confianza de las personas clave. Por supuesto, Porter tiene unas habilidades técnicas y una inventiva más que sobresalientes; no le faltan prudencia y previsión; cae muy bien a las mujeres que se cruzan en su camino; y no se inmuta si es necesario llevar las cosas al extremo. A muchos lectores no les importará que sea un héroe tan poco convincente como es habitual en el género; en cambio valorarán lo bien que se describen todos los pormenores de ambiente —como, por ejemplo, su trabajo con los bobik, unos fantásticos coches todoterreno para el hielo—, y cómo todas las piezas van encajando perfectamente.

Tienen poco interés, sin embargo, los secretos científicos (más bien de ciencia-ficción y no muy claros); es muy fácil el tramo que se supondría más difícil (la entrada en la base científica y el contacto con su director). Pero estos dos aspectos más flojos argumentalmente llegan cuando el lector está metido de lleno en el relato que, además, termina con una persecución muy tensa en la que, por fin, Porter tiene un rival a su altura. Las cualidades del relato, su estructura clásica de búsqueda tan bien organizada, explican que Pullman lo califique como «el mejor thriller que he leído en mi vida»..., a lo que habría que añadir un «si te gustan esta clase de novelas» con un héroe a lo James Bond.

Lionel Davidson. Bajo los Montes de Kolima (Kolymsky Heights, 1994). Barcelona: Salamandra, 2016; 539 pp.; col. Salamandra Black; trad. de Cristina Martín Sanz; ISBN: 978-84-16237-17-3. [Vista del libro en amazon.es]

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MallorquiFuriaCr.JPG
jueves, 18 de febrero de 2016

La contracubierta de Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal, de César Mallorquí, pone sobre aviso: el relato está dedicado a las víctimas de los asesinatos en el instituto Columbine, hace unos años. El lector esperará, y encontrará, por tanto, una trama semejante a lo que ocurrió allí: un grupo de chicos violentos (en este caso pronazis) que irrumpirán, disparando, en un instituto de secundaria. Un chico superdotado, al que le gusta pasar inadvertido y gran aficionado a los cómics, percibe y termina sabiendo las razones del comportamiento de un profesor que irrita muchísimo a los alumnos y, antes de que suceda, también intuye algo raro en el cabecilla de la agresión.

Como es de esperar del autor, la narración está bien construida, bien escrita, y atrapa el interés. El narrador hace algunas apostillas a lo que va sucediendo para señalar los errores que cometieron algunos personajes y que se fueron sumando hasta el trágico final. Son certeras las descripciones de muchos personajes con dos excepciones. Una, la del héroe, asombrosamente perspicaz aunque sea tan atractivo. Otra, el individuo al que se culpabiliza sin atenuantes: el padre del chico que se vuelve loco, un militar autoritario, en su casa y en la educación de su hijo, hasta extremos enfermizos. Este segundo es un cliché muy recargado y, parcialmente al menos, se ha quedado algo antiguo ya.

César Mallorquí. Las fabulosas aventuras del Profesor Furia y Mr. Cristal (2015). Barcelona: Edebé, 2015; 271 pp.; col. Periscopio; ISBN: 978-84-683-1953-7. [Vista del libro en amazon.es]

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DobbsHouseCards.JPG
viernes, 12 de febrero de 2016

Una novela que me recomendaron y que yo no recomendaría jamás: House of Cards, un libro inspirado en la vida política inglesa escrito por Michael Dobbs, que fue jefe de gabinete de Margaret Thatcher varias legislaturas. Se divide en tres partes: Barajar, Cortar, Repartir. Trata de las maniobras de un político inglés entre bastidores para llegar a ser Primer Ministro. Quien recuerde la vida política inglesa posterior a Thatcher puede pensar en que algunos personajes se parecen a personas concretas de aquel tiempo.

Novela de las que te pueden hacer peor persona debido al cinismo inclemente que respiran las actuaciones del protagonista y de casi todos sus colegas. Leerla, como yo lo he hecho, casi en paralelo con esta biografía de Lenin, es revelador. En la reseña que puse a ese libro hay una cita semejante a esta: «Mi viejo ayudante (…) me dijo lo siguiente: “Si tienes que infligir dolor, asegúrate de que sea insoportable y abrumador, que quien lo sufra sepa que siempre le harás más daño del que él te pueda hacer a ti”. El ayudante hablaba de perros salvajes, por supuesto. Pero ha resultado también una buena lección en política».

Aquí está una reseña.

Una explicación de mi desagrado está en Libros como amigos: «Las experiencias de lectura en las que nos hacemos acompañar por un autor implícito con mal carácter, que forma deseos y proyectos sádicos, brutales, injustos o meramente displicentes y sensibleros, son particularmente negativas»...

A quien desee tener una visión crítica y certera, pero al mismo tiempo amable, de las interioridades de la política británica, vale la pena buscar la serie de la BBC, y los libros correspondientes, de Jonathan Lynn y Anthony Jay, de los que hablo brevemente en Políticos hocicones

Michael Dobbs. House of Cards (1989). Barcelona: Alba, 447 pp.; col. Contemporánea; trad. de Patricia Antón; ISBN: 978-84-9065-046-2. [
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DazieriNoestasolo.JPG
viernes, 29 de enero de 2016

Esta es una reseña completa de No está solo, un buen thriller firmado por Sandrone Dazieri. En ella se resume bien su argumento: la desaparición de un niño provoca una investigación, en paralelo con las pesquisas oficiales, conducida por una joven y competente policía que está de baja, y a la que ayuda un tipo singular que había estado secuestrado varios años en el pasado. En esa reseña se indican los principales puntos de apoyo de la novela: las personalidades complejas de los protagonistas y el creciente temor que inspira el desconocido enemigo contra el que luchan. Y se menciona el gran mérito del autor: que controla en todo momento una narración larga y enredada con varios giros inesperados, así como el de que crea un oponente al que los héroes y los lectores acaban teniéndole verdadero miedo. Tiene, para mi gusto, un defecto que, realmente, tiene poca importancia —dado el género y dado que, si una novela puede atraparte mucho, acabas perdonándoselo todo—, y es que, después de una trama original, me hubiera gustado una explicación última que también lo fuera y no me recordara una famosa película de hace años...

Sandrone Dazieri. No está solo (Uccidi il padre, 2014). Madrid: Alfaguara, 2015; 552 pp.; col. Alfaguara negra; trad. de Xavier González Rovira; ISBN: 978-8420410784. [
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GrishamHerencia.JPG
viernes, 1 de mayo de 2015

La herencia me ha gustado más que todos los libros que ha venido publicando John Grisham en los últimos años. En él vuelve a los escenarios y personajes de su primera novela, Tiempo de matar, aunque no es necesario conocerla para seguir esta otra historia bien. La acción se desarrolla unas décadas después de lo sucedido entonces y plantea el conflicto derivado de que un hombre rico se suicida y deja su herencia, casi íntegra, a la mujer negra que le cuidó los dos últimos años.

El comienzo es espectacular y el desarrollo de la trama, con enfrentamientos de distinto tipo fuera y dentro de los tribunales, es sobresaliente. Grisham habla de un mundo que conoce bien y cuenta cuenta las cosas con soltura y sin derivaciones innecesarias. Si al comentar Los litigantes dije que había sido calificada de gran comeback, mucho más cabe decir en este caso. El paso del tiempo también suaviza las cosas: el narrador trata con afecto incluso a los personajes más turbios.

John Grisham. La herencia (Sycamore Row, 2014). Barcelona: Plaza & Janés, 2014; 571 pp; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-01-34303-2. [Vista del libro en amazon.es]

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ForsythLista.JPG
viernes, 5 de septiembre de 2014

El argumento básico de La lista, de Frederick Forsyth, es que hay un tipo de origen pakistaní, al que se conoce como el Predicador, que lanza mensajes incendiarios en la red llamando a realizar atentados terroristas, y el gobierno norteamericano pide a Kit Carson, el Rastreador, que dé con él. Lo interesante, como suele ocurrir en los thrillers del autor, son dos cosas: que todo se narra con claridad y agilidad, sin absurdas concesiones y sin los clichés descriptivos que vemos en otros autores; y que hay mucha información, bien dosificada y a la vez abundante, sobre cómo funcionan el espionaje y sus tapaderas gubernamentales, siempre con la necesaria salvedad de que tenemos delante una novela.

Lo interesante también, a otro nivel, es la inmoralidad de muchos planteamientos subyacentes: por supuesto los de los terroristas, o los de unos piratas somalíes que también intervienen en la historia, que el narrador ya se encarga de subrayar, pero también los de los distintos gobiernos, y sus funcionarios, a la hora de llevar a cabo las operaciones antiterroristas que el narrador cuenta con admiración. Es significativo que, al final, la única barrera para no terminar con el asunto rápidamente, pues sería fácil abatir al terrorista con un dron, es que junto a él hay un agente israelí y, si él también muriera, eso causaría graves problemas diplomáticos e impediría futuras colaboraciones del mismo tipo.

Frederick Forsyth. La lista (The Kill List, 2013). Barcelona: Plaza & Janés, 2014; 331 pp.; trad. de Luis Murillo Fort; ISBN: 978-84-01-34209-7. [Vista del libro en amazon.es]

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GrishamEstafador.JPG
viernes, 28 de marzo de 2014

Ya que contrasté brevemente, hace unos días, dos thrillers de John Le Carré, menciono ahora dos de John Grisham. Me gustó, como dije, Los litigantes, porque tiene las cualidades narrativas que se le suponen al autor y porque allí se movía en un terreno que domina del todo. En cambio, me ha parecido bastante floja  El estafador, primero, porque no me acaba de convencer que Grisham use la voz narrativa de un abogado negro, y, sobre todo, porque la segunda parte del relato es tan hollywoodiense que no hay por donde agarrarla. Su protagonista es Malcolm Bannister, un abogado negro de cuarenta y pocos años, condenado injustamente y que lleva varios años en la cárcel. Cuando fallece asesinado un juez federal y él sabe quien fue, decide llegar a un acuerdo con el FBI: darles el nombre del culpable a cambio de libertad, cambio de identidad, y acogerse al plan de testigos protegidos. Así lo hace pero, cuando sale, las cosas empiezan a desarrollarse de un modo que el FBI no espera pero los lectores que conocen a Grisham, o que se han fijado bien en el título, sí.

La primera parte, una descripción de muchos aspectos del sistema penal norteamericano, es excelente. La segunda, donde se detallan las maniobras de Bannister y sus amigos para que se cumpla la justicia tal como ellos la entienden, y también los pormenores del asesinato del juez federal, es excesiva, se mire como se mire. Además, decía Grisham en una entrevista de hace poco que su mujer se reía de él cuando intentaba escribir escenas de amor y/o sexo, un consejo sabio que no ha seguido: ha preferido que su héroe, un modelo de racionalidad y equilibrio en la primera parte, se comporte como un adolescente en celo en la segunda. Supongo que es el precio que algunos escritores pagan (y gustosamente casi con seguridad) por tener el ojo puesto en la película posterior. En fin, aquí tenemos un ejemplo más de las malas consecuencias que trae no cumplir el sabio escolio de Nicolás Gómez Dávila acerca de que «los defectos del artista que se resigna a sus cualidades acaban volviéndose invisibles».

John Grisham. El estafador (The Racketeer, 2012). Barcelona: Plaza & Janés, 2013; 394 pp.; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-01-35460-1.

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LeCarreUnaVD.JPG
viernes, 21 de marzo de 2014

No soy un lector habitual de John Le Carré. Leí sus primeras novelas y, no hace mucho, leí El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2001), una novela que no me gustó, a pesar de que tenga diálogos excelentes, de que bastantes tramos de la historia sean buenos, y de que su denuncia de los abusos de las farmacéuticas en África, con el consentimiento de los gobiernos occidentales, dé de lleno en el blanco. Pero la novela es muy hollywoodiense al definir a los personajes, algunas de las relaciones que mantienen entre sí resultan poco creíbles, hay pasos de la historia que no encajan bien, y el autor se alarga y se atasca mezclando de modo innecesario muchas cosas distintas.

La misma tesis, de la integridad por parte de quienes ocupan puestos intermedios para, desde sus lugares, ofrecer resistencia contra operaciones canallescas alentadas o consentidas por altos cargos de los gobiernos a los que sirven, en nombre de razones de Estado, se defiende en Una verdad delicada. Pero, esta vez, la novela está bien equilibrada. En ella se cuenta una operación antiterrorista extraña, que tuvo lugar el año 2008 en Gibraltar y que fue pilotada por un alto cargo del Foreign Office. Pasado el tiempo, ese alto cargo y otro diplomático que supo de ella, unidos al jefe de los comandos que la llevó a cabo, se proponen sacar a la luz las irregularidades que hubo. La narración es clara y los acontecimientos van comprendiéndose según los mismos protagonistas se aclaran con qué ocurrió. Los personajes son creíbles y el único cuya caricatura es exagerada —una multimillonaria norteamericana— tiene un escaso papel.

John Le Carré. Una verdad delicada (A Delictate Truth, 2013). Barcelona: Plaza & Janés, 2013; 359 pp.; trad. de Carlos Milla Soler; ISBN: 978-8401354793.

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GrishamLitigantes.JPG
viernes, 1 de febrero de 2013

Los litigantes,
de John Grisham, no aporta nada nuevo a quien ha leído otras novelas del autor pero algunos de sus entusiastas la han calificado de gran comeback. La razón es que se centra por completo en el mundo que Grisham mejor conoce y usa el hilo argumental que tan buenos resultados le ha dado siempre: un joven abogado que hace lo que cree correcto y, entonces, a la vez que su vida familiar mejora, triunfa en su trabajo.

Chicago. David Zinc, joven prometedor que trabaja desde hace cinco años en el inmenso y poderoso bufete de Rogan Rothberg, se siente mal un día, cuando está entrando en el edificio. Así que, en vez de seguir su rutina, huye a un bar cercano donde se emborracha, lo que al fin le conduce, inesperadamente, al miserable bufete de Finley & Figgs. Después de pensarlo, ya sobrio, decide unirse a los dos socios, un tanto colgados, y, así, termina en medio de una demanda imprudente que habían presentado contra una gran empresa farmacéutica. Además, otros casos que van llegándole le proporcionan la satisfacción de poder defender a quienes más lo necesitan.

Todo está bien contado. Hay buenas descripciones de algunos personajes patéticos, momentos de tensión conseguidos, y escenas emocionales bienintencionadas menos logradas. Al paso, quedan retratados aspectos críticos de la vida social norteamericana: la gran cantidad de gente que cree «que todos los problemas y misterios de la vida pueden solucionarse con unas pocas sesiones de terapia»; la forma de actuar de abogados varias veces divorciados que actúan como grandes expertos en crisis matrimoniales; o, al presentar las actuaciones de quienes trafican en los pasillos del Congreso y del Senado, el narrador introduce un paréntesis donde se pregunta «¿hay alguna otra democracia que tenga una lista de lobistas?».

En particular está bien cómo, en el interior del juicio principal acerca de la bondad o maldad de un medicamento, hay unas cuantas páginas que, sin ser relevantes para el desenlace, son una poderosa denuncia de la forma de actuar de algunas grandes farmacéuticas. En concreto, a lo largo del interrogatorio al vicepresidente de la empresa demandada, se detalla cómo actúan al realizar las pruebas preliminares de algunos medicamentos. Estas nunca tienen lugar en los EE.UU. sino que se llevan a países como Nicaragua, Mongolia, Kenia, etc., donde las compañías no temen las demandas y donde pueden, a cambio de poco dinero, tratar a seres humanos como cobayas: la parte más seria del interrogatorio se centra en una píldora abortiva, probada en chicas menores de catorce años con el resultado de once muertes.

John Grisham. Los litigantes (The Litigators, 2011). Barcelona: Plaza Janés, 2012; 494 pp.; trad. de Fernando Garí Puig; ISBN: 978-84-01-35356-7.

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viernes, 9 de marzo de 2012

El núcleo de La confesión, de John Grisham, es que un chico negro, acusado de un crimen que no cometió, está esperando ya el día de su ejecución. Los protagonistas principales son su abogado, que lo intenta todo para evitarlo, y un pastor luterano de otro estado, que conoce al tipo que cometió el crimen y viaja con él a Texas para que confiese. Es un relato largo pues Grisham, un buen narrador, no sintetiza nada y multiplica personajes y escenarios relacionados con el caso. La maldad y corrupción de algunos personajes quedan claras pronto —el narrador puede llamar imbécil a un tipo nada más presentarlo— pero no así de otros, de quienes se nos cuenta bien por qué han llegado a ser delincuentes —«el sistema de justicia para menores solo es un caldo de cultivo de delincuentes profesionales», dice un tipo con una tristísima historia—.

El interés principal del autor es provocar indignación en el lector no sólo contra la pena de muerte sino contra el sistema que lo regula en algunos estados, y contra los circos mediático y político que le rodean. Como es lógico, sus personajes no intentan dar argumentos razonados —más allá de alguna declaración del tipo «muy enfermo tiene que estar el mundo para que matemos a alguien partiendo del supuesto de que tenemos derecho a matarlo»—, sino presentar sus puntos de vista. Lo que sí se aprecia es que, si el policía corrupto inventa pruebas para cargarse de razón o el político venal actúa de acuerdo con los vaivenes de la opinión pública, los abogados de la defensa no dudan tampoco en poner cualquier medio que se les ocurra para vencer en el caso, y quienes protestan justamente contra la injusticia no se plantean siquiera mínimamente si están recurriendo o no a medios injustos. Ninguno parece haber aprendido, como Frodo, la lección de que si usas las armas del enemigo tú mismo eres el enemigo.

John Grisham. La confesión (The Confession, 2010). Barcelona: Plaza & Janés, 2011; 502 pp.; trad. de Jofre Homedes Beutnagel; ISBN: 978-84-01-33961-5.

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jueves, 20 de octubre de 2011

En mi recuerdo de joven lector de thrillers ocupa un lugar especial Alistair Maclean, un autor cuyas mejores novelas fueron las primeras, las ambientadas en la segunda Guerra Mundial. También en mi recuerdo Maclean ha quedado como un escritor con un talento narrativo y una sabiduría literaria muy por encima de muchos otros autores del género. Viene esto a cuento de que acabo de ver que, hace no mucho, se publicó una nueva edición de Los cañones de Navarone, una de las más populares.

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jueves, 15 de septiembre de 2011

Cobra,
de Frederick Forsyth, es un thriller en el que un personaje particularmente bien preparado, por encargo del presidente de los Estados Unidos urde un plan para proporcionar un golpe mortal al tráfico de drogas. Durante varios meses recluta los hombres y da los pasos previos para, llegado el momento, actuar por sorpresa sobre los barcos y aviones que trasladan la droga y provocar una gran confusión entre los traficantes.

Como se podría esperar, lo mejor de la novela es la maestría de Forsyth para contar las cosas: da mucha información de forma ordenada y sintética, alterna escenarios y cambia de personajes con fluidez, huye de los excesos descriptivos y de (casi) cualquier exageración, y trufa su narración de las frases contundentes propias del género —como la de que sólo puedes mantener un secreto entre tres hombres si dos de ellos están muertos, o la de que hay pilotos viejos y hay pilotos osados pero no hay pilotos viejos osados—.

Pero son una verdadera lástima el comienzo empalagoso y adulador hacia Obama y su mujer; la hollywodiense y ridícula presentación del jefe antidroga, Jack Deveraux o Cobra, y el jefe de los narcotraficantes, Diego Esteban o Don, como piadosos católicos y despiadados asesinos; y esto alcanza lo vergonzoso en el inverosímil desenlace, con un encuentro entre los dos que comienza con Don esperando, rezando de rodillas en la discreta y vigiladísima iglesia del pueblo, a su archirrival, que se sienta en el banco de delante de la iglesia del pueblo para charlar un rato como quien no quiere la cosa.

Frederick Forsyth. Cobra (The Cobra, 2010). Barcelona: Plaza & Janés, 2011; 366 pp.; trad. de Alberto Coscarelli; ISBN: 978-84-01-39088-3.

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ForsythAfgano.jpg
miércoles, 7 de febrero de 2007

El afgano,
de Frederick Forsyth, es una lección que da un maestro (a tantos aprendices poco competentes), de cómo debe ser un thriller: soltura narrativa, ritmo rápido, ironía medida, dominio de la materia, información precisa, ningún desparrame lírico, apuesta mundial en juego... y, cómo no, buenos y malos bien definidos. Vale, hay un evidente tufillo probritánico, hay una sobrevaloración de lo bien que funcionan algunos servicios secretos..., y, sobre todo, la inmoralidad de fondo de muchas acciones no sólo ni se plantea sino que se da por buena. En cualquier caso, los mismos o parecidos defectos encontramos en la prensa de todos los días, pero el relato de Forsyth tiene más enjundia y proporciona más información fiable que la inmensa mayoría de los reportajes periodísticos sobre Al Qaida.

Frederick Forsyth. El afgano (The Afghan, 2006). Barcelona: Mondadori, 2006; 334 pp.; trad. de Anuvela; ISBN: 84-01-33604-X.

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Ambler.jpg
jueves, 8 de diciembre de 2005

Se suele decir que La máscara de Dimitros, de Eric Ambler, es el mejor relato en su género. Su protagonista es Charles Latimer, un novelista inglés que, en la Turquía de Kemal Ataturk, puede ver el cuerpo sin vida de Dimitrios Makropoulos, un tipo con una vida pasada singular: asesinatos, magnicidios, tráfico de blancas y de drogas, etc. Decide reconstruirla visitando los lugares donde actuó: Grecia, Bulgaria, París..., pero las cosas se van complicando.

La novela tiene cualidades sobresalientes: cuidadas descripciones de ambientes, tramos de prosa excelente, un conseguido modo indirecto de ir ofreciendo las informaciones tanto al protagonista como al lector de modo a que a los dos se les conduce al mismo paso. Entre sus defectos están el que no queda claro por qué Latimer continúa de lío en lío, que algunos personajes de los primeros capítulos desaparecen, que a veces el argumento avanza con cartas y largas conversaciones... Pero, con todo, el relato interesa y, como ya subrayé al comentar Motivo de alarma, Ambler remacha su idea: «Buenos Negocios y Malos Negocios eran el fundamento de la nueva teología».

Eric Ambler. La máscara de Dimitros (A Coffin for Dimitrios, 1939). Barcelona: El Aleph, 2002; 383 pp.; col. Clásicos Gimlet; trad. de Ana Goldar; ISBN: 84-95808-88-9.


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jueves, 1 de diciembre de 2005

Según cuenta él mismo, Graham Greene redactó El agente confidencial con rapidez, con deseos de ganar dinero, a la vez que por las tardes escribía con más calma la que sería su mejor novela: El poder y la gloria.

Un profesor de lenguas románicas, llamado D., llega a Inglaterra para conseguir un importante contrato de carbón, del cual podía depender el destino de su país, asolado en ese momento por una guerra civil. Una vez allí le comienzan a pasar cosas extrañas y no se sabe bien quién trabaja para quién. Lo mejor del relato es la forma en que se dibuja el clima de desconfianza en torno al protagonista, sus aires escépticos y su progresiva consciencia de las consecuencias inesperadas y trágicas que tienen sus acciones, incluso sus acciones bondadosas. Con una perspectiva distinta de la que usa Conrad en El agente secreto, aquí Greene pone de manifiesto algunos problemas morales a los que cualquier agente secreto que se precie acabará enfrentándose.

Graham Greene. El agente confidencial (The Confidential Agent, 1939). Madrid: Alianza, 1990; 245 pp.; col. El libro de bolsillo, sección Literatura; trad. de Barbara McShane y Javier Alfaya; ISBN: 84-206-0156-X.

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jueves, 24 de noviembre de 2005

El agente secreto,
firmado por William Somerset Maugham, es otro «thriller» clásico. Son varios episodios protagonizados por un escritor llamado Ashenden, que acepta trabajar como agente secreto al servicio de Su Majestad en los años anteriores a la segunda Guerra Mundial, y que viaja por el mundo con misiones variadas.

Abundan los personajes curiosos en esta narración aristocrático-humorística, en la que se introducen relatos dentro del relato que se alejan del hilo principal. No es una novela excepcional pero es fácil ver cómo, sobre la personalidad de Ashenden, se modelarán futuros agentes secretos.

Así, cuando es reclutado, su jefe le advierte con claridad: «Hay una cosa que debe tener en cuenta antes de empezar su trabajo. Si lo hace usted bien, nadie le dará las gracias, y si necesita usted ayuda, nadie se la proporcionará. ¿Está usted de acuerdo?» Naturalmente, Ashenden lo está.

Su visión de la jugada es la de un humorista consciente de que su papel es el de «una pequeña ruedecilla que formaba parte de una vasta y complicada maquinaria, y no podía nunca ver por sí mismo un desarrollo completo»; entiende que un principio fundamental «(y muy bueno, tanto en la vida como en el Servicio Secreto) era decir de la verdad todo lo más que buenamente pudiera decirse». Su jefe un día le dice: «Usted mira esto como un juego de ajedrez y no parece experimentar sentimientos ni por una ni por otra parte. No lo comprendo bien, pero reconozco que para ciertas clases de cometidos es precisamente lo que se necesita».

El narrador también dibuja bien el modo de ser del jefe, R., un tipo sarcástico que «no tenía ninguna facilidad en ver el aspecto cómico de una broma a su costa. Para ser capaz de esto es imprescindible saber mirar dentro de uno y ser al mismo tiempo actor y espectador de la comedia humana, y R. era ante todo un soldado, y a buen seguro consideraría la introspección como antipatriótica».

William Somerset Maugham. El agente secreto (Ashenden or the British Agent, 1928). Barcelona: Ediciones G.P., 1970; 306 pp.; trad. de R. García Adamuz; agotado.

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jueves, 17 de noviembre de 2005

Distinta de la versión cinematográfica posterior que haría Hitchcock, Los 39 escalones es una novela cortita que su autor, John Buchan, escribió para entretenerse durante una enfermedad. En su dedicatoria menciona su entusiasmo por las novelas baratas de aventuras, que describe como una clase de «relato en el que los incidentes desafían a las probabilidades y rozan los límites de lo imposible».

Cuando, en 1914, Richard Hannay, 37 años, está en Londres aburriéndose, un desconocido le aborda, le cuenta los planes para una conspiración y le pide ayuda. Hannay se la ofrece pero, poco después y sin más ni más, el hombre aparece muerto en su apartamento. Como todo le incrimina decide huir e intentar desenmascarar él la trama que le había revelado el asesinado. Con la policía y los conspiradores en los talones logra ir evadiéndolos por los los pelos y, por fin, entra en contacto con un alto funcionario de toda confianza, sir Walter Bullivant.

Muchos libros posteriores se inspirarán en la novela de Buchan: un formidable arranque, un personaje-narrador bienhumorado y metido involuntariamente dentro de un enorme lío del que acaba saliendo gracias a sus recursos, un argumento de persecución donde lo que importa es el ritmo imparable que no deja tiempo para pensar. Y el lector se deja llevar aunque note los defectos: las casualidades son muchas; los malvados no están bien dibujados; no queda del todo claro qué pretenden los alemanes y por qué es tan importante una futura visita de un cónsul; hay algunos comentarios antisemitas que obedecen a que la novela fue redactada en la época de la revolución rusa, cuando se habían difundido masivamente los «protocolos de los sabios de Sión» y muchos veían una conspiración de origen judío detrás de todo lo que sucedía.

En novelas posteriores, Greenmantle, 1916, y Mr Standfast, 1919, Buchan hará trabajar a su protagonista en el servicio de inteligencia durante la primera Guerra Mundial y le podremos ver como un tipo enérgico y decidido, escalador de montañas y capaz de descifrar difíciles claves.

Además, dejará escrita una divertida novelita infantil de fantasía titulada El bastón mágico.

John Buchan. Los 39 escalones (Thirty Nine Steps, 1915). Barcelona: Bruguera, 1982; 59 pp.; col. Club del Misterio; trad. de María Teresa Segur; ISBN: 84-02-09025-7; agotado.

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ConradAgente.JPG
jueves, 10 de noviembre de 2005

Pocos años después de que Robert Erskine Childers escribiera El enigma de las arenas, Joseph Conrad publicó El agente secreto, otra novela fundacional de los thriller de espías. Un agente secreto al servicio de los rusos está felizmente casado con una buena mujer que no sabe nada de sus ocupaciones: ambos habían construido su vida, nos dice Conrad, absteniéndose «de ir al fondo de los hechos y las motivaciones». Conrad se centra en la psicología de los personajes y habla de la imposibilidad de llevar una vida doble sin conflictos, de cómo no se puede separar lo público y lo privado, de cómo hay secretos que terminan destruyendo a quien los lleva... El autor no alcanza esta vez el nivel de sus otras obras, pero si su éxito popular con esta historia es escaso eso se debe no tanto a que su final es amargo como a que ninguno de sus personajes es realmente amable.

Además, al margen del interés que tiene la novela en sí misma, dan idea del talante de Conrad unas palabras que puso en el prólogo que escribió en 1920 para esta historia. En él explica que algunos revolucionarios le habían preguntado cómo había conseguido conocerles tan bien, y Conrad dice que «tuve esta opinión por un gran cumplido, pues es un hecho cierto que mi trato con ellos había sido incluso inferior al del omnisciente amigo que me ofreció la primera sugerencia para escribir la novela. No me cabe duda, sin embargo, de que, por momentos, mientras escribía este libro, me convertí en revolucionario radical; no diré que mi convicción fuera más sólida que la suya, pero sí que me animaba un propósito indiscutiblemente más firme de lo que ninguno de ellos hubiera tenido jamás. No pretendo con esto alardear. Sencillamente me empleé a fondo en la tarea. Siempre me he empleado a fondo en la composición de mis libros. Me he rendido completamente a ellos. Y tampoco esta afirmación contiene alarde de ninguna clase. No podría haberlo hecho de otra manera. Me habría aburrido demasiado y nadie me hubiese creído».

Joseph Conrad. El agente secreto (The Secret Agent; a Simple Tale, 1906-1907). Madrid: Anaya, 2000; 304 pp.; col. Tus libros; ilust. de Tino Gatagán; trad. de Fernando Santos; apéndice de Constantino Bértolo; ISBN: 84-207-0026-6. Otra edición en Madrid: Alianza, 2008; col. El Libro de Bolsillo; trad. de Alberto Martínez Adell; ISBN: 978-8420657882.
Tomo las frases del segundo párrafo de la nota, del libro Nota del autor: los prólogos de Conrad a sus obras (Conrad’s Prefaces to His Works, 1937). Segovia: La Uña Rota, 2013; 237 pp.; traducciones de Catalina Martínez Muñoz, Eugenia Vázquez Nacarino y Miguel Martínez-Lage; con un ensayo de Edward Garnett; ISBN: 978-84-95291-27-1.

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jueves, 3 de noviembre de 2005

Los amantes de los thrillers deben conocer El enigma de las arenas, de Robert Erskine Childers, el primero en su género. A pesar de que sus descripciones pueden resultar algo arduas, son magníficos el despliegue de la intriga y la descripción y evolución de los personajes. En el arranque, una referencia que reconocerán los seguidores de Kipling: «He leído historias de hombres (...) que tomaban como norma el vestirse formalmente para la cena con el fin de mantener su pundonor y no sumirse en la barbarie». Y en el interior una lección útil para espías primerizos: «Es curioso cómo compensa decir la verdad en esto del espionaje, comentó Davies, pensativo».

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jueves, 27 de octubre de 2005

No creo que a El espía, de Fenimore Cooper, se le pueda calificar exactamente como el primer thriller, aunque ciertamente trata de un personaje que, durante la guerra de independencia norteamericana, pasa información de un lado al otro. Es un espía fiel, un hombre que se mueve por patriotismo, que sabe que su trabajo quedará sin reconocimiento público, y que incluso renunciará a cualquier compensación económica privada. En cualquier caso, se le puede conceder el primer puesto cronológico entre las novelas con esa clase de protagonista, de las que iré mencionando algunas en las próximas semanas.

Fenimore Cooper. El espía (The Spy, 1821); Madrid: Círculo de amigos de la Historia, 1971; 351 pp.; ISBN: 84-225-2991-2; agotado.

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miércoles, 27 de julio de 2005

Eric Ambler,
cuya mejor y más conocida novela fue La máscara de Dimitros, está considerado el inventor de la novela de suspense y espionaje. Quien no le haya leído antes puede apreciar su pericia y su originalidad en Motivo de alarma, una historia realista sobre cómo un tipo cualquiera puede terminar en medio de un complicado enredo, con un argumento bien entretejido con los sucesos políticos del momento, en ese caso los de una Europa convulsa y al borde de la guerra.

Después de un corto pero magistral e inquietante prólogo, la intriga está estructurada en tres partes. En la Inglaterra de 1937, el ingeniero Nicky Marlow se queda sin trabajo y su novia le presiona para que opte a trabajar en la empresa de armamento Spartacus en Italia y por un año. Ya en Milán se le acercan personajes extraños que le hacen caer en la cuenta de que maneja una información valiosa para los servicios de espionaje, de que su predecesor no falleció en un accidente sino asesinado, de que aunque quiera no puede limitarse a cumplir su trabajo sin más... Finalmente debe huir de Italia pasándose a Yugoslavia, una última parte más floja en la que decae la tensión.

Con la voz del mismo Marlow tiempo después, Ambler cuenta las cosas con ritmo vivo pero tranquilo, es conciso en las descripciones y ataca cada capítulo con la nota justa, presenta personajes creíbles y no intenta que sus héroes sean unos genios. Destaca lo bien que se plantean las autoexcusas del protagonista: «...mi participación en el soborno se redujo meramente a consentir. A esta gente no la corrompí yo; ya estaba corrompida». Y que intenta justificarse con un «alguien tiene que hacerlo» cuando le hablan de que las balas que su empresa fabrica «un buen día pueden introducirse en los cuerpos de sus propios compatriotas».

Eric Ambler. Motivo de alarma (Cause for Alarm, 1938). Barcelona: El Aleph, 2005; 368 pp.; col. Clásicos Gimlet; trad. de M. Pais; ISBN: 84-7669-682-5.

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domingo, 19 de junio de 2005

Un thriller tiene tanto más tirón cuanto más está en juego en su argumento. Así, salvar al mundo de un inminente holocausto nuclear engancha más que la historia de un grupo de ladrones que intentan saquear un banco cualquiera. Una parte del éxito de El código Da Vinci, como el de otros libros en su estela esotérica, está en que funciona como una respuesta más a la pregunta que más inquietudes ha levantado a lo largo de la historia y que ya Jesucristo mismo formuló a sus Apóstoles: «¿Quién dice la gente que soy yo?».

Pero la novela de Dan Brown es una buena prueba de la inteligente afirmación de Wallace Stevens: elegir «un tema grandioso no es garantía de un efecto grandioso sino, más probablemente, de lo contrario». En fin, para quien tenga interés en ahondar en la cuestión de fondo, aparte de acudir a las fuentes, al Nuevo Testamento, un buen libro puede ser el de Bernard Sesboüé titulado Imágenes deformadas de Jesús (Jésus Christ à la image des hommes, 1977); Bilbao: Mensajero, 1999; 237 pp.; trad. de Juan Antonio Irazabal; ISBN: 84-271-2209-8.

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