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Notas del archivo 'Ilustradores clásicos' :: bienvenidosalafiesta ::    
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sábado, 19 de diciembre de 2015

Vladimir Lébedev fue un pintor soviético que ilustró muchos libros infantiles con un estilo que alguien definió como «expresionismo colorista-popular». De su figura se habla en el Catálogo de la exposición Vladímir Lébedev (1891-1967), que tuvo lugar en varios museos españoles el año 2012.

En él, aparte de la reproducción de todas las piezas de la exposición y de un aparato bibliográfico extenso, se contienen una biografía suya contra el telón de fondo de su época, comentarios extensos acerca de sus caricaturas y carteles, y una explicación de su contribución a los libros ilustrados infantiles. En este último apartado se hace referencia, sobre todo, a sus colaboraciones con Samuel Marshak, y se reproduce un álbum suyo titulado Las aventuras de Chuch-Lo, el espantapájaros.

Se detallan la influencia que tuvieron en Lebedev las vanguardias francesas y el cine y el cómic norteamericano. Se comentan su sentido de la composición, su querencia por el collage, su atención al uso de las distintas tipografías, y su talento para sacar el máximo partido a las limitaciones técnicas. En sus figuras, algo estáticas pero presentadas con agilidad y habilidad de caricaturista, captaba con pocos trazos lo esencial y prestaba particular atención a su vestuario.

En el catálogo no hay muchas opiniones de Lebedev en relación al régimen en el que tuvo que vivir más allá de un párrafo en el que surfea como puede una ola imposible: «La concepción del mundo de cada artista soviético debe basarse en el marxismo, una concepción que no es negada en absoluto por esa necesidad individual de un enfoque personal del dibujo que se está haciendo».

Catálogo de la exposición Vladímir Lébedev (1891-1967), que tuvo lugar en el Museu Fundación Juan March, Palma de Mallorca, del 22 de febrero al 26 de mayo de 2012, y en el Museo de Arte Abstracto Español, Cuenca, del 15 de junio al 9 de septiembre de 2012. Madrid: Fundación Juan March, 2012; 276 pp.; textos de Masha Koval, Nicoletta Mister, Carlos Pérez y Françoise Lévèque, y otros del mismo Lébedev y de autores de su época; ISBN: 978-84-7075-598-9.

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martes, 5 de enero de 2010

Como los libros citados ayer son todos ingleses y norteamericanos no viene mal recordar a ilustradores centroeuropeos de comienzos del siglo XX, de los que creo que no se ha editado nunca nada en España, y que también pusieron las bases de los modernos álbumes ilustrados: Gertrud Caspari y Ernst Kreidolf.

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martes, 22 de diciembre de 2009

Dos ilustradores importantes para la historia de la literatura infantil en España: Apel.les Mestres y Joan Junceda.

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martes, 23 de diciembre de 2008

El primer autor que concibe y publica libros que enseñan acompañando el texto con imágenes: Comenius. Uno de los primeros narradores con imágenes: William Hogarth. Uno de los primeros teóricos de la narración con imágenes y texto: Rodolphe Töpffer.

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El poetastro (1842). Daumier.
martes, 17 de julio de 2007

Muchos ilustradores de ahora tienen a sus predecesores más ilustres entre los grandes caricaturistas de la vida política y social del XIX. Entre ellos, en Francia sobresalieron J. J. Grandville y Honoré Daumier.

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Snap the whip (1872). Winslow Homer.
martes, 5 de junio de 2007

Winslow Homer
fue un gran acuarelista norteamericano con un talento particular para captar escenas de vida al aire libre llenas de movimiento y dinamismo. No fue un ilustrador de libros infantiles pero su influencia en ilustradores posteriores será grande, y la identificación de su obra con el mundo de niños y jóvenes que refleja la literatura popular norteamericana merece ser tenida en cuenta. Como explica Robert Hughes, una «idealización de la infancia recorrió América en la década de 1870, en gran medida como reacción contra la guerra. La pintura norteamericana se inundó de pequeños rubicundos comiendo arándanos, y de sus hermanos mayores, vestidos con harapos extrayendo savia de arce o desollando mapaches. Los niños de Homer, aunque sensibleros en ocasiones, son mejores; están emparentados con los que aparecen en libros como Mujercitas, de Louise May Alcott, y Tom Sawyer, de Mark Twain. Son la América potencial, la cepa de la que brotará una vida renovada en la posguerra: joven, fuerte, de ingenio rápido y sin ostentación. Reflexionan, son serios, encarnan el sentido más profundo de la infancia».

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano.

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martes, 1 de mayo de 2007

Cuelgo hoy las fichas de dos ilustradores-dibujantes históricamente importantes para la literatura infantil: el inglés George Cruikshank y el norteamericano Garth Williams.

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martes, 13 de marzo de 2007

Además de un gran ilustrador, el norteamericano Frederick Stuart Church fue un paisajista excepcional. Obtuvo un gran éxito de crítica y público, en 1857, con su óleo Niágara, de 107 por 229 cm, «una pintura sobre la fuerza (...) [en la que] no aparece ni una sola persona y las obras del hombre parecen bastante insignificantes. (...) En las cataratas, subraya la pintura, no te comunicas con los demás turistas, te ves confrontado a la creación de Dios y, a través de ella, a su mente. El arco iris sugiere una América prístina que se eleva de la catarata, una promesa de la renovación americana en marcha. La equivalencia del Niágara con el diluvio indicaba una negación de la caída, una especie de bautismo cósmico: temas poderosos y recurrentes para los americanos del XIX». Pero si la pintura ya no es lo que era, cuanto más la de paisajes...

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano.

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En Los pequeños lobos de mar, Anatole France.
Ilust. de Maurice Boutet de Monvel.
miércoles, 28 de febrero de 2007

Al hablar de Boutet de Monvel mencioné Nuestros niños, de Anatole France, unos relatos con gracia pero que, sobre todo, revelan el talento del ilustrador francés para dar vida en el papel a niños normales de su época.

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Humpty Dumpty, 1921.
Ilust. de Maxfield Parrish.
miércoles, 14 de febrero de 2007

Otro ilustrador extraordinariamente popular en los Estados Unidos, alumno de Howard Pyle, coetáneo de N. C. Wyeth y contemporáneo de Rockwell, fue Maxfield Parrish. Reproducciones de sus ilustraciones decoraron miles de casas durante décadas. Los mundos de fantasía pintados con suntuosidad y brillante colorido que vendrían después, en novelas y películas, le deben mucho. También puso imágenes a relatos infantiles y a «nursery rhymes» clásicas.

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miércoles, 31 de enero de 2007

Otro clásico ilustrador inglés al que no hay que perder de vista: E. H. Shepard. Con las imágenes que puso a  Winnie the Pooh (a la derecha, y cuya reseña introduciré más adelante), a El dragón perezoso y a una de las primeras ediciones de El viento en los sauces, estableció un nuevo estándar en la ilustración de los libros infantiles.

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Reading House,
«Literary Digest», 1922.
martes, 23 de enero de 2007

Ya que salió el otro día Frederic Remington, ahora le toca el turno a Norman Rockwell, otro de los ilustradores norteamericanos de referencia del siglo XX, que se ve que no cae muy bien a Robert Hughes:

«Su obra se dirigía a su vasta audiencia a través de la reproducción. Sus imágenes no tienen superficie. Su minuciosa verosimilitud, así como la exageración de cada guiño, ceño fruncido, sonrisa o mueca de los rostros de sus personajes tiene la claridad narrativa carente de profundidad de la televisión [claridad narrativa sí, carencia de profundidad según]. Ofrecía una Arcadia [como Pollock un barullo, si vamos a eso]. En la América de Rockwell [y en el mundo en el que yo crecí], los ancianos no eran arrojados como vegetales paralíticos e incontinentes a asilos por sus hijos, sino que se quedaban en casa, respetados, tomando el sol en el porche, con sus mejillas sonrosadas y eternamente activos [pocos, pero los hay; en cualquier caso, esta última frase es la exageración de quien sabe que sus afirmaciones anteriores están forzadas]. Los chicos no tomaban éxtasis [claro, no había] ni las chicas se quedaban embarazadas [entonces pasaba mucho menos y, ¿por qué había de pintar justamente eso?]; robaban manzanas, pero rezaban una oración antes de las comidas [así sucedía muchas veces]. El gran hecho social era la continuidad de la familia [y menos mal, se puede decir]. Se trataba de un mundo ajeno a la duda, la violencia o la avaricia [el mundo que pintaba Rockwell sí, era una mezcla entre el que conocía y el que deseaba; hay relatos que hablan no de lo que los hombres son sino de lo que los hombres sueñan, decía Stevenson, y todos los necesitamos]. (...) Norman Rockwell era más hogareño que la tarta de manzana, más americano que la bandera, más amable y positivo que papá, y esto era lo que quería el público americano a principios de los años cincuenta [¿y?]».

Con todo, el libro en el que Hughes dice lo anterior, al que volveré, es magnífico. Aprendí mucho con él y sus juicios me parecen acertados casi siempre.

Robert Hughes. Visiones de América: la historia épica del arte norteamericano (American Visions: The Epic History of Art in America, 1997). Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2001; 652 pp.; trad. de Vicente Campos; ISBN: 84-8109-344-0.

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The Last Stand, 1900. Frederic Remington.
miércoles, 10 de enero de 2007

En la introducción a Heridas bajo la lluvia, de Stephen Crane, se cuenta una historia cuyo protagonista fue el pintor, escultor y dibujante Frederic Remington. Cuando estaba cubriendo la guerra de Cuba entre EE.UU. y España, y propuso volver a casa, su jefe, Randolph Hearst, le contestó: «Permanezca en La Habana. Usted ponga las imágenes, que yo pondré la guerra». Al margen de lo anterior, muchos no saben que John Ford tomó muchas escenas de sus películas del trabajo que hiciera Remington, una referencia ineludible a la hora de imaginarnos el Oeste norteamericano.


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miércoles, 30 de agosto de 2006

Junto con Kate Greenaway y Walter Crane, el otro ilustrador inglés del XIX que pone las bases de la futura ilustración de libros infantiles es Randolph Caldecott. No conozco ningún libro en castellano con ilustraciones suyas. A la derecha, una que corresponde a La casa que Jack construyó.

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martes, 15 de agosto de 2006

En el mundo de la literatura infantil, y no sólo en él, Walter Crane es uno de los ilustradores decimonónicos de referencia. A la derecha, una de sus ilustraciones en color para Caperucita.

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jueves, 27 de julio de 2006

El mes pasado mencioné a Aubrey Beardsley con ocasión de un libro de Roger Lancelyn Green. De su vida se habla un poco en la biografía de Joseph Pearce sobre Oscar Wilde, su amigo desde 1891, y allí se indica la probabilidad de que, debido a su influencia, el estilo de Beardsley se volviera más satírico y siniestro. Lo cierto es que su aparición pública en 1893 fue comparada con la de William Blake poco más de un siglo antes y que durante unos años fue la bandera gráfica del «decadentismo» inglés. Además, el hecho de que muriera con veinticinco años, así como su conversión al catolicismo pocos años antes de su muerte, y después de haber hecho algunas ilustraciones que habían causado escándalo, contribuyeron a darle una influencia desproporcionada para su juventud.

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martes, 23 de mayo de 2006

Otra ilustradora norteamericana, deudora de Pyle y Wyeth, que puso imágenes a muchos clásicos y que ha quedado asociada con imágenes de niños encantadores, fue Jessie Wilcox Smith.

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martes, 16 de mayo de 2006

Uno de los discípulos más populares de Pyle fue N. C. Wyeth, a quien le debemos buena parte de las ilustraciones clásicas de muchos libros de aventuras, algunas recuperadas para el mercado español por Valdemar.

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martes, 9 de mayo de 2006

Otro ilustrador histórico sobre cuya obra pictórica no conozco ningún libro en español, aunque sí haya libros clásicos de aventuras ilustrados y escritos por él, es Howard Pyle. La imaginería del cine clásico de aventuras beberá mucho de su obra y de la de otros grandes ilustradores que fueron sus alumnos.

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martes, 2 de mayo de 2006

Algunas de las mejores imágenes de vida familiar las debemos a Carl Larsson. Y también es una pena no poder encontrar ahora, en español, un libro con todas ellas.

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martes, 25 de abril de 2006

Arthur Rackham
es otro ilustrador de referencia. Igual que comentaba cómo Gustave Doré acierta de lleno en algunas ocasiones y fracasa, en otras, cuando su estilo teatral no refleja el espíritu del texto, también el estilo de Rackham es perfecto muchas veces y no es el mejor en otras: sus ilustraciones con siluetas son magníficas, su acierto para ilustrar algunas historias fantásticas es total..., pero a pesar de su deje irónico, a veces es «blando». A uno le sobra y al otro le falta fuerza. Y es que forma y fondo van siempre ligados.

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miércoles, 5 de abril de 2006

Uno de los ilustradores decimonónicos de referencia es Gustave DORÉ. Es impresionante la fuerza de sus imágenes, por ejemplo cuando ilustra obras como El Quijote o El barón de Munchausen o los Cuentos de PERRAULT... Sin embargo, su espectacular teatralidad, certera en novelas de fantasía, juega en su contra cuando pone imágenes a obras como La Biblia: las ilustraciones son técnicamente tan buenas como siempre..., pero no sólo no capturan sino que incluso deforman el espíritu del texto. Lo comenta de paso Chesterton en uno de sus artículos, no recuerdo dónde, y tiene razón.

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