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Notas del archivo 'Periodistas' :: bienvenidosalafiesta ::    
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jueves, 15 de mayo de 2014

Otro buen artículo recogido en Retratos y encuentros que sirve para explicar el periodismo literario de no-ficción que practicó Gay Talese es «Orígenes de un escritor de no ficción», un texto donde rememora el nacimiento de su vocación profesional particular.

Indica que, cuando era estudiante de periodismo, veía que sus profesores «tenían pareceres muy definidos sobre lo que constituía una “noticia” y cómo presentar la información noticiosa. Las “cinco Ws”: who, what, when, where, why [quién, qué, cuándo, dónde, por qué] eran las preguntas que para ellos debían responderse de manera sucinta e impersonal en los primeros párrafos de un artículo. Como yo a veces me resistía a esa fórmula y trataba en cambio de comunicar la noticia a través de la experiencia personal del individuo más afectado por ella (influenciado sin duda más por los escritores de ficción que más me gustaba leer que por los adeptos a la ficción “objetiva”), nunca fui el preferido del profesorado». Dice que actuaba entonces así, no porque fuera un estudiante rebelde, sino porque se sentía indeciso «sobre quién y qué era importante».

Hace una distinción entre curiosidad y fisgoneo y se manifiesta a favor de la primera y en contra del segundo. «El fisgoneo representa principalmente los intereses de los espíritus mezquinos, el talante de picaflor de los periodistas sensacionalistas y hasta de escritores y biógrafos establecidos que no desperdician ninguna oportunidad de empequeñecer a los grandes nombres, de hacer público el desliz verbal de un personaje, de armar un escándalo por cualquier retozo sexual suyo, así no tenga ninguna relevancia en la actividad política o de servicio público del personaje en cuestión». En cambio, la curiosidad según Talese se asienta sobre otro talante: «Nunca escribí sobre nadie por quien no sintiera un grado considerable de respeto, respeto que es manifiesto en los trabajos que me tomo en mi escritura y en tratar de entender y expresar sus puntos de vista y las fuerzas históricas y sociales que conformaron su carácter, o falta de carácter».

Gay Talese. Retratos y encuentros (Portrais and Encounters, artículos escritos entre 1961 y 2003). Madrid: Alfaguara, 2010; 348 pp.; trad. de Carlos José Restrepo; ISBN: 978-84-204-0602-2.

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jueves, 17 de abril de 2014

Se suele decir que uno de los mejores artículos de Gay Talese, contenido en Retratos y encuentros, es «Frank Sinatra está resfriado». Es bueno, sí, pero no es el que representa mejor el estilo que Talese reclama como propio y el que afirma que le gusta más: el de hablar de los perdedores o de la gente que desempeña trabajos ocultos o menos reconocidos. En esta dirección, del mismo libro yo escogería «Dos malas noticias», un artículo gracioso centrado sobre todo en un redactor de obituarios llamado Alden Whitman, pero que, de paso, menciona rasgos propios de quienes hacen ese trabajo en los periódicos.

Así, habla del «astigmatismo ocupacional que aqueja a muchos redactores de obituarios», que les hace pensar que «si han escrito o leído por anticipado la necrológica de alguien, acaban por pensar que dicha persona murió también por anticipado»; o que, «después de escribir una muy buena necrológica anticipada, su orgullo de autor es tanto que no ve la hora de que esa persona caiga muerta para poder contemplar su obra maestra en letras de molde». Más adelante indica que lo anterior puede deberse a que hubo una época en la que «los editores no les pagaban a sus escritores de necrológicas, contratados con frecuencia a destajo, hasta que el sujeto del óbito no hubiera fallecido; o, como solían formularlo en esos tiempos, no hubiera “entregado el alma”, “pasado a mejor vida” o “dejado este mundo”». Incluso sucedía de vez en cuando, sigue, que «durante la espera, en Noticias Locales hacían la que ellos llamaban una porra macabra, en la que cada cual ponía cinco o diez dólares y le apostaba a la persona de la lista de necrológicas anticipadas que creía que iba a morir primero».

En el texto Talese comenta el trabajo del señor De Vaulchier, un bibliotecario investigador jubilado que fue una especie de lector profesional e las páginas de obituarios de los diarios del área metropolitana de Nueva York, que concluyó que «si se ha de creer únicamente lo que sale en el Times, entonces los individuos con la más alta tasa de mortalidad son los presidentes de juntas directivas»; y señala que, en ese mismo periódico, «los almirantes suelen ser objeto de necrológicas más largas que los generales, que a los arquitectos les va mejor que a los ingenieros, que a los pintores les va mejor que a los demás artistas y que siempre parecen morirse en Woodstock, Nueva York. Las mujeres y los negros casi nunca parece que se mueran».

Gay Talese. Retratos y encuentros (Portrais and Encounters, artículos escritos entre 1961 y 2003). Madrid: Alfaguara, 2010; 348 pp.; trad. de Carlos José Restrepo; ISBN: 978-84-204-0602-2.

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jueves, 7 de noviembre de 2013

El silencio del héroe es una antología de los artículos deportivos del escritor norteamericano Gay Talese, algunos ya recogidos en recopilaciones anteriores. El libro está dividido en seis bloques (aunque uno sólo contiene un texto sobre Mohamed Ali) prologados por el antólogo, Michael Rosenwald, y titulados: «El deporte según Gay», «El bateador .200», «El perdedor», «Historias con nombres auténticos», «El más grande», «Prórroga». Predominan los dedicados al boxeo. Un buen comentario de Rosenwald es el de que lo que Talese hacía en sus textos «era, simplemente, mirar donde los demás reporteros no miraban: en los rincones, en las sombras» pues, en efecto, algunos se fijan en lo que nadie se fija: en un árbitro de boxeo que ha elegido ser un solitario, en el cronometrador de los combates del Madison Square Garden, en un médico que estudia los comportamientos de los deportistas, etc.

Uno magnífico es «Un hombre receloso en el rincón del campeón», escrito en el New York Times en 1962. En él retrata a Cus D’Amato, el manager del boxeador Floyd Patterson. Cuando habla de su juventud en el ejército dice que, «para que la muerte no fuera algo que temer, sino algo bienvenido, D’Amato procuraba que su vida fuera lo más deprimente posible. Se afeitaba sólo con agua fría. Dormía en el suelo de los barracones. Se pasaba horas en posición de firmes». O que, cuando hablaba con boxeadores jóvenes, les decía: «el miedo es natural. Es normal. El miedo es tu amigo. Cuando un ciervo camina por el bosque, tiene miedo; es la manera que tiene la naturaleza de mantener al ciervo alerta, porque entre los árboles podría haber un tigre. Sin miedo no sobreviviríamos».

Pero tal vez el mejor sea el que titula el libro: «El silencio del héroe», publicado en Esquire en 1966. Es un artículo elegíaco sobre Joe DiMaggio, la gran leyenda del béisbol que cuando «anotó en cincuenta y seis partidos seguidos se convirtió en el hombre más querido de los Estados Unidos». El texto arranca cuando DiMaggio tiene 51 años y lleva una vida discreta, para luego recordar algunos momentos de su carrera. En uno de sus comentarios Rosenwald subraya un momento notable del artículo: cuando cuenta que DiMaggio llevaba ya un tiempo retirado pero, «durante una exhibición antes del partido del Día de los Veteranos en el Yankee Stadium, DiMaggio bateó un lanzamiento y lo mandó a los asientos de la zona izquierda del campo, y de repente miles de personas se pusieron en pie de un salto, como locos, gritando de alegría: el gran DiMaggio había vuelto; volvían a ser jóvenes; era ayer».

Gay Talese. El silencio del héroe (The Silent Season of a Hero, 2010). Madrid : Alfaguara, 2013; 348 pp.; trad. de Damià Alou; ISBN: 978-84-204-1460-7.

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domingo, 20 de enero de 2013

Hiroshima, de John Hersey, fue un largo reportaje que su autor publicó, en el The New Yorker, en 1946,  acerca de seis personas que sobrevivieron a la bomba atómica: una oficinista de una fábrica, el director de un hospital privado, una mujer viuda de un sastre, un jesuita alemán, un joven médico y un pastor metodista. En 1985 le añadió un capítulo, titulado en castellano «Las secuelas del desastre», contando la vida posterior de aquellas personas. Está considerado como una de las grandes piezas periodísticas del siglo veinte: la claridad y la serenidad de la narración contribuye a que todo el horror de lo sucedido produzca un gran impacto en el lector. Además de que sea un libro valioso que merece ser conocido, lo recuerdo ahora para contrastar el modo cuidadoso y respetuoso que utiliza Hersey para contar una situación trágica, con el de la fabulación contenida en El violonchelista de Sarajevo (que, por otra parte, como dije, es un relato ameno e interesante).

John Hersey. Hiroshima (1946-1985). Madrid: Turner, 2002; 187 pp.; col. Armas y Letras; trad. de Juan Gabriel Vasquez; ISBN: 84-7506-537-6. Nueva edición en Debolsillo, 2009; 192 pp.; col. Ensayo; ISBN: 978-8483468548. Nueva edición en Madrid: Debate, 2015; 192 pp.; col. Debate; ISBN: 978-8499925172. [Vista de esta edición en amazon.es]

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viernes, 22 de agosto de 2008

En El honor perdido de Katharina Blum, con acentos explicativos y una poderosa ironía, Heinrich Böll narra los acontecimientos que condujeron a que Katharina Blum, una chica que trabajaba en el hogar de los señores Blorna, asesinara al periodista Werner Tötges.

El narrador tiene la intención de mostrar cómo la prensa sensacionalista, el PERIÓDICO, siempre citado con mayúsculas, puede arruinar la vida de una persona. De paso, se revelan las complicidades hipócritas que lo permiten.

Aunque la novela esté un tanto anticuada y tenga un explícito carácter panfletario, ha quedado como un clásico acerca del tema y es también una muestra de la fuerza narrativa del autor.

Un ejemplo de actuación periodística malévola:

«Ella se limitó a decir:
--¿Por qué ha tenido que terminar así?
Pero el PERIÓDICO lo transformó en la frase: “Era inevitable que algún día terminaría así”.
La explicación que dio el periodista a este pequeño cambio en la declaración fue la siguiente:
—Como reportero estoy acostumbrado a ayudar a las personas con dificultades de expresión».

Heinrich Böll. El honor perdido de Katharina Blum o Cómo surge la violencia y a dónde puede conducir (Die verlorene Eher der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann, 1974). Madrid: Espasa Calpe, 1995; 176 pp.; col. Grandes de Bolsillo; trad. de María Teresa Chiclana Otal; ISBN: 8423991229.

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viernes, 12 de enero de 2007

En su momento me interesó y me pareció valiosa la novela gráfica de Joe Sacco sobre Palestina, una especie de reportaje periodístico realizado durante los meses que pasó allí el autor, entre 1991 y 1992. A pesar de su notable y consciente sesgo, y aunque no me sirvió para entender más lo que sucede, sí me pareció útil para comprender algo mejor el sufrimiento de algunas personas y también me pareció una buena prueba, como intenta el autor, de la fuerza particular del cómic como medio expresivo. Eso sí, no me acaba de gustar que Sacco se dibuje a sí mismo y aparezca continuamente: prefiero el periodista que se mimetiza y que renuncia «a los discutibles y narcisistas beneficios de la hipervisibilidad», el periodista que «da la espalda a la pantalla» y se plantea narrar como «una acción de retaguardia», al modo que reclama Ryszard Kapuściński.

Joe Sacco. Palestina: en la franja de Gaza (Palestine, 1993). Barcelona: Planeta-DeAgostini, 2002; 285 pp.; col. Trazado; trad. de Roberto Rodríguez; ISBN: 84-395-9551-4.
Ryszard Kapuściński. Los cínicos no sirven para este oficio: sobre el buen periodismo (Il cinico non è adatto a questo mestiere. Conversazioni sul buon giornalismo, 2000). Barcelona: Anagrama, 2005; 128 pp.; col. Compactos Anagrama; edición de Maria Nadotti; trad. de Xavier González Rovira; ISBN: 84-339-6796-7.

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viernes, 10 de noviembre de 2006

A propósito del «si Dios quiere» de ayer recuerdo que, hace algún tiempo, en una entrevista que me hacían vi que la periodista tomaba notas aceleradamente mientras yo hablaba y temblé por el resultado. Pero mis temores respecto a su profesionalidad eran infundados pues al día siguiente comprobé que todo estaba muy bien, con una curiosa diferencia: donde yo había dicho «gracias a Dios» en el texto ponía «por fortuna». Tiempo después, leyendo al plasta pero a veces ingenioso Samuel Butler en Erewhon, descubrí una fórmula útil para futuras ocasiones: «Por suerte, la providencia estaba de mi lado...». O, también: «Providencialmente, la suerte me acompañó...».

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domingo, 9 de julio de 2006

Andréi Tarkovski:
«El problema de la palabra presente o ausente se encuentra reiteradamente en mis películas. Eso es así porque la palabra, ese don que hemos recibido, tiene un poder absolutamente extraordinario: puede convertirse en fuente de acciones hermosas o perversas. Pero hoy ha perdido casi todo su valor. El mundo está lleno de charlatanes. En eso que llamamos información, de la que decimos estar necesitados —la radio y la televisión—, en los comentarios continuos, en la infinidad de periódicos, en todo eso podemos echar en falta un punto de vista fundamental. Muchos suponen que el hombre debe saber toda suerte de cosas, tener todo tipo de información, pero en verdad no tiene de ello ninguna necesidad desde el punto de vista del conocimiento, son perfectamente inútiles. Pero moriremos atormentados por el ruido de este parloteo informativo».

Rafael Llano. Andréi Tarkovski: vida y obra, volumen 2.

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sábado, 5 de noviembre de 2005

«Creo que están muy equivocados los que dicen que se debería animar a los colegiales a leer periódicos. Casi todo lo que un chico lea en ellos en su adolescencia antes de que cumpla los veinte se habrá descubierto que se interpretó mal y se dio énfasis a lo que no debía, si no se descubre que el hecho en sí también fue falso, y la mayor parte de aquello habrá perdido toda su importancia. Casi todo lo que recuerde tendrá que olvidarlo, y probablemente habrá adquirido un gusto incurable por la vulgaridad y el sensacionalismo y el hábito fatal de saltar de un párrafo a otro para ver que se ha divorciado una actriz en California, que ha descarrilado un tren en Francia y que han nacido cuatrillizos en Nueva Zelanda».

C. S. Lewis. Cautivado por la alegría (Surprised by Joy, 1955). Madrid: Encuentro, 2002; 192 pp.; col. Biografías; trad. de María Mercedes Lucini; ISBN: 84-7490-662-8.

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martes, 19 de abril de 2005

En El escándalo del padre Brown dice Chesterton que «la verdad está todavía a media hora detrás de la calumnia, y nadie puede estar cierto de cuándo y dónde la alcanzará». El relato habla de cómo «la locuacidad de los periódicos y la ansiedad de los enemigos» propaga la primera versión de una historia incluso antes de que el periodista la mandase. Y, aunque fue instantáneamente corregida y desmentida por el mismo periodista en el segundo mensaje, estableciendo cómo acabó realmente la historia, eso de ningún modo mató aquella primera versión.

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viernes, 18 de marzo de 2005

El narrador: «La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua».

Don Quijote de la Mancha. Capítulo X, 2ª parte.

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