Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico. Google recibe información sobre su uso de este sitio web. Si utiliza este sitio web, se sobreentiende que acepta el uso de cookies. Entendido | Más información
Notas del archivo 'Sociedad' :: bienvenidosalafiesta ::    
bienvenidos a la fiesta
Archivo por temas:
sábado, 25 de noviembre de 2017

Algunas citas sobre comprensión de la vida y de la gente que Simon Leys recoge en Ideas ajenas:

—«Entre dos hombres sin experiencia de Dios, aquel que le niega es quizá quien se encuentra más cerca de él». Simone Weil.

—«El éxito es una desgracia necesaria de la existencia humana, pero sólo a los muy desgraciados les llega pronto». Anthony Trollope.

—«Una regla de la Providencia divina es que alcancemos el éxito a través del fracaso». Newman.

—«El azar es el dios de los imbéciles». Bernanos.

—«El pasado no ha muerto, ni siquiera ha pasado». Faulkner.

—«Hace falta ser miembro del servicio de inteligencia para creer tal cosa; ningún hombre normal puede ser tan estúpido». Orwell.

Simon Leys. Ideas Ajenas (Les idées des autres, 2005). Salamanca: Editorial Confluencias, 2015; 141 pp.; trad. de José Miguel Parra y de Teresa Lanero; ISBN: 978-84-943830-5-2. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
GonzalezAnaMArtEtica.jpg
jueves, 13 de abril de 2017

En una de las entradas recogidas en Un largo etcétera, titulada «Ritmos», se habla de que tanto el comienzo del curso académico como el comienzo del año natural «juegan juntos a crear los ritmos de los años, como en un poema el ritmo del verso y el de la frase, distintos y entrecruzados gracias a los encabalgamientos. Otros ritmos de la vida que encuentran correspondencias con los del poema son los ritos (el puente de la Inmaculada, la Navidad, el Miércoles de Ceniza, la salida procesional de todos los años, Pentecostés, la operación salida, etc.), que harían las veces de rima. Y los aniversarios íntimos, rimas internas. Los cumpleaños funcionan de un modo parecido a la cesura y ya sabemos que “sin cesura ni censura / no hay buena literatura”. Todos los hitos, todos, sirven para darle ritmo a este poema que es la vida, ninguno está de más, que la rutina es resistente y las arritmias vienen solas».

Pues bien: buena parte de los ritos y ritmos básicos de la tierra en la que vivo vienen dados por la Semana Santa. Es un tiempo para pensar, entre otras cosas, esta, tomada de La articulación ética de la vida social: «en general, religión, piedad, veneración son virtudes que se alimentan de la conciencia de deudas imposibles de pagar según justicia. En diversos lugares Platón se hace eco de la naturaleza peculiar de los deberes religiosos, y concretamente del valor simbólico de lo ritual, con el que expresamos la insuficiencia de nuestros esfuerzos éticos, por necesarios que estos sean. (…) Reconocer esa clase de deudas es una forma de reconocer la precariedad de nuestra naturaleza, una forma de religarnos, vincularnos con nuestro origen, una forma de reconocernos necesitados de sentido. Todo ello enriquece nuestra vida personal y social, en modos imposibles de suplir por otros medios».

Enrique García-Máiguez. Un largo etcétera [Rayos y truenos, 2011-2016] (2017). Sevilla: Númenor, 2017; 174 pp.; col. Cuadernos de poesía; ISBN: 978-84-944305-2-7. [Vista del libro en amazon.es]
Ana Marta González. La articulación ética de la vida social (2016). Granada: Comares, 2016; 83 pp.; ISBN: 978-84-9045387-2. [Vista del libro en amazon.es]

Enviar Imprimir
domingo, 24 de agosto de 2014

E. F. Schumacher: las condiciones actuales de trabajo a muchos los sentencian, «a pasar su vida laboral de un modo en el que no hay incentivos dignos de tenerse en cuenta, en el que no se estimula el perfeccionamiento de uno mismo, en el que no hay oportunidad de progreso, en el que no existe elemento alguno de Belleza, Verdad o Bondad. El objetivo básico del industrialismo moderno no es hacer gratificante el trabajo, sino aumentar la productividad; y el logro del que más orgulloso se siente es el ahorro de trabajo, con lo que a éste se le imprime el sello de indeseable. Pero lo que no es deseable no puede conferir dignidad, de tal modo que la vida laboral de un trabajador es una vida sin dignidad. El resultado, y no es de extrañar que así sea, es un espíritu de triste irresponsabilidad que se niega a ser amortiguado por nuevos aumentos salariales, pero que muchas veces sólo se ve estimulado por ellos».

E. F. Schumacher. El buen trabajo (Good Work, 1979). Madrid: Debate, 1980; 190 pp.; col. Debate Ensayo; trad. de Fernando Villaverde Landa; ISBN: 84-7444-030-0.


Enviar Imprimir
jueves, 9 de octubre de 2008

Incluyo en la página breves fichas de dos personajes que, además de su importancia por otras razones, tuvieron un peso particular en la historia de la literatura infantil: Thomas Bewick y William Morris. Del segundo señalo una observación interesante que le dedica Chesterton en Varied Types: por un lado, dice ahí que debemos estarle muy agradecidos por su empeño en embellecer las vidas cotidianas y en reconocer, y hacer que todos reconozcan, la belleza de todos los oficios; por otro, explica que sus limitaciones derivaban de que, aunque buscaba reformar la vida moderna, la odiaba en vez de amarla: con toda su salud y su energía, dice Chesterton, Morris no tuvo el valor supremo de hacer frente a la fealdad de las cosas, no se dio cuenta de que si la Bella se hubiera comportado como él frente a la Bestia, el cuento habría tenido un final bien distinto.

Enviar Imprimir
domingo, 8 de junio de 2008

Michael Ende: El predicador clama: «¡El dinero lo puede todo! Une a las personas a través del acto de dar y tomar, puede transformar todo en todo, espíritu en materia y materia en espíritu, convierte piedras en pan y crea valores de la nada, se autofecunda eternamente, ¡es todopoderoso, es la forma bajo la que dios está entre nosotros, es dios! Donde todos se enriquecen con todos, ¡se vuelven ricos todos al final! ¡Y donde todos se hacen ricos a costa de todos, nadie paga los gastos! ¡Milagro de milagros! Y si preguntáis, queridos creyentes, ¿de dónde viene toda esta riqueza? Yo os lo digo: ¡viene de su propio beneficio futuro! Su propio provecho futuro es lo que disfrutamos ahora. Cuanto más tengamos ahora, mayor será el beneficio futuro, y cuanto mayor sea el beneficio futuro, más tendremos ahora. De esta manera somos nuestros propios acreedores y nuestros propios deudores para siempre, y nosotros nos perdonamos nuestras deudas, ¡amén!»

Michael Ende. El espejo en el espejo. Un laberinto (Der Spiegel im Spiegel: ein Labyrinth, 1984). Madrid: Alfaguara, 1986; 261 pp.; ilust. de Edgar Ende; trad. de Anton y Genoveva Dieterich; ISBN: 84-204-2541-9.

Enviar Imprimir
domingo, 13 de abril de 2008

Octubre de 1956. En la época en la que Nicolae Steindhart trabaja de ordenanza en el Ministerio de Industria, observa el silencio que hay en los despachos mientras se mueve de un lugar a otro, y dice: «La gente se calla, todos meten las narices en los legajos y en los papeles. No se miran unos a otros. Pero se siente algo. Un silencio cargado, como en El silencio del mar, el gran libro de Vercors (en el que se ve que la dignidad no es una palabra vacía, en el que se canta la poesía del comportamiento —existe una poesía del comportamiento: fíjate en la epopeya de Roldán, fíjate en César, cuya última preocupación, herido de muerte, es cubrirse los pies con la toga—, en el que padre e hija no hablan con el invasor, por muy honrado que este sea, por muy simpático que les parezca, por mucho que lo sientan o por mucho que les cueste)».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

Enviar Imprimir
domingo, 6 de abril de 2008

Anotación de Nicolae Steindhart fechada en 1971:

«No lo sabía —la respuesta de aquellos a los que se les habla de tortura, de los campos de concentración, de las cárceles, de las confesiones forzadas de los acusados, de los internamientos de políticos en manicomios—, no es una disculpa válida. Nadie está obligado a inventar la pólvora o a descubrir la teoría cuántica. Pero, por otra parte, una inteligencia elemental es un deber. Sobre todo para un cristiano, que tiene que estar siempre alerta ante las tentaciones. Y la estupidez es una tentación. Y no sólo para un cristiano. Y esto a causa de una constatación experimental objetiva: nadie sabe nada, pero todo el mundo lo sabe todo.

La ignorancia, la estupidez, el paso a ciegas por la vida y por las cosas, o el paso indiferente son cosa del diablo. El samaritano no ha sido sólo bueno; también ha estado atento: ha sabido ver».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca, Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

Enviar Imprimir
domingo, 16 de marzo de 2008

Un comentario de un amigo de Nicolae Steindhart, fechado en 1937, en París, «sobre tres fenómenos de nuestro tiempo: la invasión vertical de los bárbaros (...), el reino de los imbéciles, la traición de los hombres honrados.

El primero: no es una invasión de bárbaros de otros continentes, sino de sinvergüenzas, una invasión de abajo a arriba. Estos bárbaros ocupan los cargos directivos.

El segundo: los estúpidos y los incultos han llegado al poder —en el sentido más categórico— y, a pesar de todas las leyes económicas y de todas las reglas políticas, hacen majaderías, como idiotas que son.

El tercero: en lugar de oponerse, la gente honrada adopta expectativas benévolas, hacen como que no ven y como que no oyen; en resumidas cuentas, son unos traidores. No cumplen con su deber. Los imparciales y los ingenuos toman nota y callan. Son los más culpables».

Nicolae Steinhardt. El diario de la felicidad (Jurnalul Fericirii, 1991). Salamanca: Sígueme, 2007; 634 pp.; trad. de Viorica Patea, Fernando Sánchez Miret y George Ardeleanu; ISBN: 978-84-301-1658-4.

Enviar Imprimir
MacIntyreTV.jpg
domingo, 23 de diciembre de 2007

Alistair MacIntyre: «Siempre es peligroso hacer paralelismos históricos entre un período y otro; entre los más engañosos de tales paralelismos están los que se han hecho entre nuestra propia época en Europa y Norteamérica y el Imperio romano en decadencia hacia la Edad Oscura. No obstante, hay ciertos paralelos. Se dio un giro crucial en la antigüedad cuando hombres y mujeres de buena voluntad abandonaron la tarea de defender el imperium y dejaron de identificar la continuidad de la comunidad civil y moral con el mantenimiento de ese imperium. En su lugar se pusieron a buscar, a menudo sin darse cuenta completamente de lo que estaban haciendo, la construcción de nuevas formas de comunidad dentro de las cuales pudiera continuar la vida moral de tal modo que moralidad y civilidad sobrevivieran a las épocas de barbarie y oscuridad que se avecinaban. Si mi visión del estado actual de la moral es correcta, debemos concluir también que hemos alcanzado ese punto crítico. Lo que importa ahora es la construcción de formas locales de comunidad, dentro de las cuales la civilidad la vida moral y la vida intelectual puedan sostenerse a través de las nuevas edades oscuras que caen ya sobre nosotros. Y si la tradición de las virtudes fue capaz de sobrevivir a los horrores de las edades oscuras pasadas, no estamos enteramente faltos de esperanza. Sin embargo, en nuestra época los bárbaros no esperan al otro lado de las fronteras, sino que llevan gobernándonos algún tiempo. Y nuestra falta de conciencia de ello constituye parte de nuestra difícil situación. No estamos esperando a Godot sino a otro, sin duda muy diferente, San Benito».

Alasdair MacIntyre. Tras la virtud (After virtue, 1984). Barcelona: Crítica, 2004, 2ª impr.; 352 pp.; col. Biblioteca de bolsillo; trad. de Amelia Valcárcel; ISBN (10): 84-8432-170-3.

Enviar Imprimir
sábado, 21 de abril de 2007

En el capítulo IX de Un puente sobre el Drina, cuando comienza el año 1878, se introduce un personaje que dominará buena parte de la narración hasta el final: Alí-Hodja, un hombre joven y sanguíneo en aquella fecha, descendiente de quienes cuidaron la Hostería de Piedra durante siglos. Cuando, años adelante, la construcción del ferrocarril reduce mucho el tráfico a través del puente de piedra y acelera las vidas de la gente que le rodea, él «respondía malhumorado, a los que se felicitaban por la velocidad con que ahora podían zanjar sus asuntos, calculando las economías de tiempo y de dinero logradas, que lo que cuenta no es el tiempo que el hombre economiza, sino cómo emplea el tiempo economizado: si lo emplea para hacer el mal, valdría más que no dispusiese de él. Trataba de probar que lo principal no es ir deprisa, sino saber adónde se va y por qué, concluyendo que la velocidad no significa siempre una ventaja.

—Si vas al infierno, vale más que vayas despacio —decía, con amargura, a un joven comerciante—. Eres un imbécil si crees que el alemán ha gastado dinero y ha introducido máquinas solamente para que puedas viajar y resolver tus asuntos más deprisa. Tú ves únicamente que te desplazas, pero no te preguntas lo que la máquina arrastra consigo, aparte de ti y de tus semejantes. Eso no puede entrarte en la cabeza. Viaja, viaja por donde quieras, pero me temo que ese viaje puede proporcionarte uno de estos días alguna amarga decepción. Llegará el momento en que los alemanes te transportarán allá donde tú no querías ir y donde nunca habrías podido imaginar que podrías ir».

Ivo Andrić. Un puente sobre el Drina.

Enviar Imprimir
sábado, 13 de enero de 2007

Al comienzo de Virtud en la guerra, uno de los relatos de Heridas bajo la lluvia, se cuenta que un tipo deja el ejército y es contratado por la Standard Oil. Y el narrador sigue: «La compañía Standard Oil se diferencia del gobierno de los Estados Unidos en que comprende la importancia del servicio inteligente y leal de un buen hombre y casi siempre se asegura de recompensarlo a costa de otros incapaces. Esta curiosa práctica no emana precisamente de una vocación caritativa de la Standard Oil, en cuyos sentimientos no se podría abrir una veta ni usando cincel y martillo. Sencillamente, la compañía Standard Oil sabe más que el gobierno de los Estados Unidos y hace uso de la virtud siempre que esa virtud le beneficie».

Stephen Crane. Heridas bajo la lluvia.

Enviar Imprimir
domingo, 1 de octubre de 2006

Cuando veo las campañas de prevención del SIDA, o cuando leo muchas declaraciones al respecto, me viene a la cabeza el estadístico animoso que se ahogó queriendo vadear un río de un metro veinte de profundidad media. Pero pienso que, al menos, el estadístico era honrado y se ahogó él mismo, mientras que ahora son muchos los que nos azuzan, diciéndonos a todos: nada, tranquilos, lanzaos, lanzaos, la profundidad media sólo es de un metro veinte…

Enviar Imprimir
jueves, 24 de agosto de 2006

Siempre que se habla de superhéroes, de cómic y de cine, oigo en el fondo de mi mente a Tina Turner cantando «We don’t need another hero», una consideración que comparto, quizá porque ya he conocido suficientes. Y pienso también en cómo, al poner a personajes como Bilbo y Frodo frente a superhéroes como Aragorn o Boromir, Tolkien ha contribuido a redefinir el concepto de héroe: personajes involucrados a su pesar en aventuras que preferirían no correr, tipos que no intervienen en las grandes batallas y cuyas hazañas son acciones menores cuya trascendencia futura es desconocida, gente que prefiere la vida ordinaria pero cumple con su obligación cuando llega el momento...

Enviar Imprimir
domingo, 4 de junio de 2006

Y, en relación a lo de ayer, no está de más recordar que «atacar cosas caducas y anticuadas no supone ningún coraje, no supone más que el que se necesita para agredir a la propia abuela. El hombre realmente valiente es aquel que desafía tiranías jóvenes».

G. K. Chesterton. «El miedo al pasado», en Lo que está mal en el mundo.

Enviar Imprimir
sábado, 13 de mayo de 2006

Rafael Alvira: «En toda sociedad moralmente inmadura se da un paralelismo frecuente entre las costumbres de los niños y las de los mayores. Estos abandonan pronto a las otras personas en las relaciones conyugales y contractuales diversas, se cansan de ellas, se sienten decepcionados. No les cansa la relación —pues firman nuevos contratos y se casan de nuevo— sino el “objeto” de ella, la persona o la cosa concreta».

Rafael Alvira. Filosofía de la vida cotidiana (1999). Madrid: Rialp, 2005, 3ª impr.; 112 pp.; col. Vértice; ISBN: 84-321-3264-0.

Enviar Imprimir
sábado, 18 de marzo de 2006

Peter Drucker: «El prototipo de la organización moderna es la orquesta sinfónica. (...) La orquesta funciona porque sus doscientos cincuenta músicos tienen la misma partitura, todos subordinan su especialidad a la tarea común y todos tocan sólo una pieza de música en un momento dado».

Peter F. Drucker. «La sociedad de las organizaciones», en La sociedad poscapitalista.

Enviar Imprimir
MannMM.jpg
domingo, 29 de enero de 2006

Una clave para la lectura de La montaña mágica, de Thomas Mann, la da su autor en este texto: «El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades —pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo—, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo. Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, aunque la época no pueda dar una respuesta satisfactoria a la pregunta "¿para qué?", se requiere bien una independencia y una pureza moral que son raras y propias de una naturaleza heroica, o bien una particular fortaleza de carácter. Hans Castorp no poseía ni lo uno ni lo otro, y no era, por tanto, más que un hombre mediocre, eso sí, en uno de los sentidos más honrosos del término».

Thomas Mann. La montaña mágica (Der Zauberberg, 1924). Barcelona: Edhasa, 2005; 933 pp.; col. Edhasa Literaria; trad. de Isabel García Adánez; ISBN: 84-350-0891-6.

Enviar Imprimir
viernes, 11 de noviembre de 2005

Entre otras observaciones jugosas que se contienen en El telón, es luminosa la explicación que da Milan Kundera de la importancia que tuvo Adalbert Stifter y su novela Nachtsommer, que hace tiempo fue publicada en castellano con el título El veranillo de San Martín. Explica Kundera que Stifter puso de manifiesto con ella «el significado existencial de la burocracia» cincuenta años antes que lo hiciera Max Weber, el que pasa por ser el descubridor de la grieta cuyas dimensiones hizo notar Franz Kafka en sus tres grandes novelas, «tres variantes de la misma situación: el hombre entra en conflicto no con otro hombre, sino con un mundo transformado en una inmensa administración. En la primera novela (escrita en 1912), el hombre se llama Karl Rossmann y el mundo es América. En la segunda (1917), el hombre se llama Joseph K. y el mundo es un enorme tribunal que le acusa. En la tercera (1922), el hombre se llama K. y el mundo es una aldea dominada por un castillo».

Milan Kundera. El telón: ensayo en siete partes (Le Rideau. Essai en sept parties, 2005). Barcelona: Tusquets, 2005; 202 pp.; col. Esenciales; trad. de Beatriz de Moura; ISBN: 84-8310-411-3.

Enviar Imprimir
sábado, 4 de junio de 2005

La literatura y el cine populares enfocan lo espectacular: procuran sobre todo atender a lo extraordinario y no les importa ocultar la parte aburrida de la realidad. Por eso son engañosos: no nos decepcionan cuando los leemos o los vemos sino que nos decepcionan cuando debemos dejarlos y enfrentarnos a lo cotidiano. Por eso podemos decir que actúan como una droga. Por otra parte, es interesante caer en la cuenta de lo que significa la expresión aburrido: en el aburrimiento suelen caer quienes tienen sus capacidades infrautilizadas, quienes no se plantean desafíos personales, quienes han crecido acostumbrados a diversiones inconsistentes.

Enviar Imprimir
jueves, 10 de marzo de 2005

Cuando leo algunas etiquetas de vinos suelo pensar que, quizá, la primera del género la escribió un guasón y, como hubo tipos que se la creyeron, el guasón y sus amigos siguieron desarrollando esa clase de textos y, poco a poco, tanto el repertorio de bobadas como el de gente que se las creen ha ido en aumento. Algo así como lo que cuenta Andersen en El traje nuevo del emperador: los sastres-embaucadores dijeron que sólo ven el traje los tontos o los que no son dignos de su cargo; el ministro pensó «como tonto no soy, si digo no que lo veo es que no soy digno…, por tanto hay que elogiar el traje». Y unos se lo creen o hacen que se lo creen y muchos lo elogian o hacen que lo elogian y los inocentes se parten de risa.

Enviar Imprimir
publicidad   política de privacidad   aviso legal   desarrollo